ACLARACIONES DE VERDADES A MEDIAS - PARTE 1


En el caso de las cuestiones religiosas que atañen a la espiritualidad, la información que es sesgada, es una realidad a medias y una verdad parcial. Históricamente se ha transmitido este tipo de información sin mala fe y sin mala intención, ya que hay cierto grado de inocencia, debido a que corresponde a verdades pero las mismas son incompletas. Por ejemplo, se dice que el Hijo de Dios fue engendrado pero que no fue creado. En su encarnación como ser humano, el Hijo es engendrado por medio del Espíritu Santo de Dios Padre. Sin embargo, también el Hijo en la condición de humano, tiene la preexistencia como Dios Hijo. Según la Cronología Bíblica, Deidad y la Dilatría, literaturas del Neobiblismo, se aclara que el Hijo fue la primera creación del Padre (Colosenses 1.17 al 18), el principio de la creación de Dios (Apocalipsis 3.14). Es el alfa y la omega, el principio y el fin (Apocalipsis 1.8), desde que es el primogénito de la creación (Colosenses 1.15, Hebreos 1.6), hasta que sus enemigos sean puestos por estrados de sus pies (Salmos 110.1, Hebreos 10.13) y el mismo Hijo entonces se sujete al Padre, para que Dios Padre tenga la primacía sobre todo eternamente (1 Corintios 15.28).


Por esta razón el Hijo si es primero y último, principio y fin, desde que fue creado hasta el inicio del reino eterno de su Padre. Esta primacía del Padre es en el sentido de autoridad, preeminencia y supremacía, pero en relación con el Hijo, cuando se le llama el primogénito se refiere a que es el primero de las creaturas (Apocalipsis 22.13) de la creación del Padre, hecho superior al séquito celestial: “Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque ¿á cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré á él Padre, Y él me será á mí hijo?” (Hebreos 1.4 al 5 – \RVR1909). Hecho significa que Dios hizo a su Hijo en la primera creación, superior a sus propios compañeros de la compañía de ángeles del séquito celestial (Hebreos 1.9), ya que el Padre hace a su Hijo de su misma esencia y sustancia (Hebreos 1.3), con la capacidad de colaborar seguidamente con la creación: “Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho” (Juan 1.2 al 3 – \RVR1909).


Además dice lo siguiente: “En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció” (Juan 1.10 – \RVR1909). Esta expresión “el mundo fué hecho por él” significa que el Hijo participa en la creación de los cielos, que llamamos el primero y el segundo cielo. En el caso de la expresión “En el mundo estaba”, la explicación tiene dos tiempos. El primero en el Edén, cuando el Hijo acompaña al Padre: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra” (Génesis 1.26 – \RVR1909). Luego resulta que el Hijo de Dios o Dios Hijo se paseaba en el huerto del Edén: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme” (Génesis 3.8 al 10 – \RVR1909).


El segundo tiempo se presenta al nacer el Hijo como ser humano: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1.14 – \RVR1909). El Hijo es el unigénito del Padre, porque es único al ser creado y al ser engendrado, superior al séquito celestial y a los seres humanos. Dios Padre es Espíritu de Energía Eterna o Poder Supremo, que aunque no es materia como la conocemos, tiene la esencia y sustancia de crear y que comparte con su Hijo, por lo tanto, la esencia y sustancia de Dios es la capacidad y facultad que solo Dios tiene para crear. El séquito celestial de Ángeles no puede crear como si puede el Hijo que lo hace con el Padre: “En estos porstreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia…” (Hebreos 1.2 al 3 – \RVR1909).


La segunda creación fue la del séquito celestial y la tercera creación corresponde a la de Adán y Eva. Los ángeles ya existían en el orden establecido previamente a la creación del ser humano y del cosmos: “¿Dónde estabas cuando yo fundaba la tierra?… Cuando las estrellas todas del alba alababan, Y se regocijaban todos los hijos de Dios?” (Job 38.4 al 7 – \RVR1909). En el caso del Hijo de Dios como Logos o Verbo, además del sentido de la acción de la palabra, es la razón o principio racional del universo, que tiene el fundamento y lógica de la creación, tanto como razón de existir y ser del Hijo, como la razón de existir y ser del ser humano. Todo esto representa un diseño y orden divino. El mismo corresponde a un proceso creciente y gradual, que es anunciado proféticamente en pasajes como el de Isaías 6.1 al 8, 7.14, 53.2 al 9, Miqueas 5.2, Zacarías 9.9, Salmos 22.18 y Daniel 7.13 al 14.


Dios Padre siempre ha existido, es el único Eterno, porque de ninguna manera tiene principio ni tampoco un fin (Deuteronomio 33.27). La Biblia dice: “He aquí, Dios es grande, y nosotros no le conocemos; Ni se puede rastrear el número de sus años” (Job 36.26 – \RVR1909). Existe por sí mismo: “… Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo” (Isaías 44.24 – \RVR1909), ya que su existencia no depende de nada ni de nadie más: “Antes que naciesen los montes Y formases la tierra y el mundo, Y desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmos 90.2 – \RVR1909). Dios Padre existe antes de crear a su Hijo y desde antes de crear el espacio, materia y tiempo. Su Hijo existe desde antes de la creación del séquito celestial y de la creación del ser humano, su hábitat terrenal y el cosmos que le rodea: “El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él” (Colosenses 1.15 al 16 – \RVR1909). El Hijo como alfa y omega si tiene principio y fin, primero y postrero, con la identidad propia y limitaciones que Dios quiso darle, a diferencia del Padre que de ninguna manera tiene principio ni tiene fin, y tampoco depende de nada ni de nadie más.


El servicio y vida auténtica, genuina y sincera ante Jesucristo, en una relación directa, íntima y personal con Nuestro Señor, determina y posibilita comprender y entender a cabalidad el aprendizaje y enseñanza de la palabra de Dios. La verdadera herejía es la ignorancia, peor aún, morir como hereje es morir ignorante, o sea, carecer del conocimiento y sabiduría de Dios hasta el último momento de la vida: “Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza” (Efesios 4.18 al 19 – \RVR1909). Lo que pasa es que todos pecaron, cuando peca Eva también peca Adán, el pecado entra al mundo con la transgresión de Adán. ¿Cuál sería la posible reacción de fidelidad y lealtad de Adán? Primeramente, Eva tiene la opción de una segunda oportunidad sobre la base de la misericordia de Dios.


Si Adán conserva, mantiene y preserva en su mente y corazón el mandamiento y voluntad de Dios, le permite corregir a Eva en el proceder, por consiguiente pedir a Dios el perdón de ambos, como una sola unidad de los dos en pareja indivisible. Entonces, la muerte no hubiera pasado a todos los hombres, con el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios, por la dureza de corazón, con la pérdida del sentido de la conciencia y la desvergüenza para cometer toda clase de impureza. La Biblia dice: “Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios á los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo” (Romanos 5.15 – \RVR1909). Ahora entendemos la grandeza de la excelencia de Dios en amor, compasión, misericordia y perdón al enviar a su Hijo Jesucristo como Salvador del pecado. El ser humano es responsable de sus propias decisiones, con todo y consecuencias visibles en el resultado de sus acciones, actos o hechos.


Dios es Justo y Santo, de manera que hace justicia: “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3.24 – \RVR1909). En el tiempo de Dios en su momento se establece el Camino de Cristo, el árbol de la vida. Las Escrituras afirman lo siguiente: “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca... Porque él dijo, y fué hecho; El mandó, y existió” (Salmos 33.6 al 9 – \RVR1909). Dios es fuente de la existencia y vida, realiza la creación con su palabra. Así envía a su Hijo como acción y palabra de vida en el mundo (Juan 1.14). Aquí es donde el Hijo es engendrado y viene como ser humano, o sea, Dios Hijo encarna para estar y habitar con nosotros. El Hijo con su ejemplo y modelo de vida en obediencia al Padre, le da la adoración, alabanza, gloria y honra a Dios. Precisamente Dios crea la existencia de su Hijo y al séquito celestial porque es un Dios glorioso, digno de adoración, alabanza, gloria y honra: “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (Isaías 43.7 – \RVR1909). Además de ser digno de respeto y reverencia como nuestro Creador.


Dios es uno frente a los dioses falsos e ídolos: “… á ti harán reverencia, y á ti suplicarán, diciendo: Cierto, en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios. Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas. Confusos y avergonzados serán todos ellos; irán con afrenta todos los fabricadores de imágenes” (Isaías 45.14 al 16 – \RVR1909). Dios Padre en relación con su Hijo tienen una pluralidad, al parecer la terminación de Elohim es plural. La Dilatría trata de la doble adoración simultánea a Dios Padre y a su Hijo. Entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de Dios Padre, solamente el Hijo es persona: “Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” (1 Pedro 1.10 al 11 – \RVR60). El Hijo es persona al encarnar como ser humano.


El Espíritu Santo de ninguna manera es persona y tampoco es un Dios separado: “Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí” (Juan 15.26 – \RVR1909), sino que el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios Padre: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad? Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios” (Hechos 5.3 al 4 – \RVR1909). También está escrito: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 14.26 – \RVR1909). El Espíritu Santo de Dios Padre, es el mismo Espíritu que actúa en acción y poder, así como en el Hijo también en todos los creyentes: “Y pondré dentro de vosotros mi espíritu, y haré que andéis en mis mandamientos, y guardéis mis derechos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36.27 – \RVR1909). Además se dice: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno violare el templo de Dios, Dios destruirá al tal: porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3.16 al 17 – \RVR1909).


Jesucristo es persona en relación con la humanidad al llamarse el Hijo del hombre: “Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo: Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20.27 al 28 – \RVR1909). Además dice lo siguiente: “Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día. Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame” (Lucas 9.22 al 23 – \RVR1909). Dios Padre tiene atributos, características y cualidades como Dios, que de ninguna manera son de persona humana, solamente Dios Hijo fue humano entre nosotros. Si alguno piensa que Dios Padre tiene carácter y personalidad, esto no hace que sea una persona física como el ser humano que es persona, el individuo de la especie humana. La Biblia nunca menciona que exista “persona divina”, solamente persona física en relación con Jesús (1 Pedro 1.10 al 11).


Los atributos de Dios Padre no son de persona común, porque son exclusivos como Dios, por ejemplo, es el Eterno Omnisciente, Omnipotente y Omnipresente, también es Inmutable porque nunca deja de ser Justo, Perfecto y Santo, existe por sí mismo y es suficientemente en todo, como Auto-existente, Creador, Inmaterial, Increado, Proveedor (Provisor y Sustentador), Soberano y Todopoderoso. Dios es Amor y es Espíritu, ya que no es físico, es Inmaterial, porque está escrito que nadie lo ha visto ni puede ser visto por humano alguno, ya que es invisible, las características de la boca de Dios, la espalda de Dios, la mano de Dios, los oídos de Dios, los ojos de Dios, el rostro de Dios, son solo comparaciones humanas para entender sus acciones, igual que las cualidades de bien, como las siguientes: bueno, benevolente, bondadoso, compasivo, fiel y misericordioso, que encontramos en su Hijo, como la imagen visible del Padre: “En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados: El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura” (Colosenses 1.14 al 15 – \RVR1909). El mismo Espíritu Santo de Dios Padre actúa en su Hijo: “Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14.23 al 24 – \RVR1909).


El paráclito es el envío del Espíritu Santo para consolar a los fieles, este consuelo es necesario desde un principio de la comunidad de fe del Camino, que es Jesucristo, porque aborrecieron a los creyentes sin causa o motivo alguno, así le sucede a Cristo: “No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos, Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo. Porque no hablan paz; Y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas” (Salmos 35.19 al 20 – \RVR60). También dice: “Hanse aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; Hanse fortalecido mis enemigos, los que me destruyen sin por qué: He venido pues á pagar lo que no he tomado” (Salmos 69.4 – \RVR1909). Jesús dijo lo siguiente: “Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron. Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí” (Juan 15.25 al 26 – \RVR1909).


Jesucristo es verdaderamente Dios Hijo, ya sea creado, engendrado o ambos, tiene un principio. Antes del Hijo solamente existía Dios, que le llamamos Padre a partir de la existencia de su Hijo. El evangelio de Marcos que es considerado el primero cronológicamente dice lo siguiente: “PRINCIPIO del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (Marcos 1.1 – \RVR1909). Las religiones que se hacen llamar monoteístas, tienen la creencia en un solo Dios, pero no aceptan ni reconocen a Jesucristo como Dios Hijo. En el caso del fraccionamiento cristiano, entre congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, de ninguna manera son monoteístas porque se reconoce a Jesucristo como el Hijo de Dios Padre. Somos creados con el fin, propósito y sentido de adorar, alabar, glorificar y honrar al Hijo de Dios por determinación de Dios Padre (Mateo 14.33, 28.9 y 28.17). Jesucristo dijo: “Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (Juan 6.44 al 46 – \RVR1909).


Dios Padre y su Hijo están unidos y son uno en propósito y sentido, pero el Padre es el Ser Supremo, de manera que Dios Padre es superior: “Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14.28 – \RVR1909). Por lo tanto, son dos seres, el Poder Superior o ser Supremo y su Hijo, que por ninguna causa, motivo o razón es un politeísmo, porque esta creencia se refiere a varios dioses falsos e ídolos. Esto no tiene nada que ver con la Dilatría, que es la doble adoración simultánea y exclusiva a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. En relación con el Espíritu Santo de ninguna manera es un Dios aparte, sino que es el Espíritu Santo de Dios Padre, conocido como el Espíritu de Dios.


El Espíritu Santo procede de Dios Padre, porque es parte de su energía, fuerza y poder. Dios comparte su esencia y sustancia con su Hijo, pero manteniendo su particularidad en autoridad y poder, porque el Padre es Todopoderoso y el Hijo también, la diferencia es que el Padre depende de sí mismo, mientras que el Hijo depende absolutamente del Padre, al igual que toda la creación celestial y terrenal depende de Dios Padre el Creador. Esto se representa con un símbolo de la dependencia de comunión y vida eterna con Dios: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias. Al que venciere, daré á comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios” (Apocalipsis 2.7 – \RVR1909). Además: “Yo soy Alpha y Omega, principio y fin, el primero y el postrero. Bienaventurados los que guardan sus mandamientos, para que su potencia sea en el árbol de la vida, y que entren por las puertas en la ciudad” (Apocalipsis 22.13 – \RVR1909). Este árbol de la vida significa la vida eterna mediante Jesucristo, que fue enviado del Padre, con la redención y restauración del ser humano creyente y practicante:


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas” (Juan 3.16 – \RVR1909).

La causa de la creación es para la exaltación y reconocimiento de la autoridad del Hijo de Dios, establecida por Dios Padre al crear y luego engendrar a su Hijo: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo” (Juan 17.24 – \RVR1909). El motivo de ser engendrado es para la obra redentora y salvífica del pecado, para ser justificados, santificados y glorificados en Cristo Jesús: “Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1.19 al 20 – \RVR1909). Dios Hijo es como su Padre, salvo las limitaciones que el Padre quiso establecer. Cuando la Escritura dice que Dios es uno solo o único se refiere frente a los dioses falsos y sus ídolos: “¿Quién como tú, Jehová, entre los dioses? ¿Quién como tú, magnífico en santidad, Terrible en loores, hacedor de maravillas?” (Éxodo 15.11 – \RVR1909).


La respuesta de quién como tú, Jehová, es su Hijo, identificado y manifestado como el ángel de Dios o el ángel de Jehová, que fue el arcángel Miguel que significa ¿Quién como Dios? El enviado y mensajero directo de Dios Padre, sentado ahora a la diestra de Dios hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies. El mismo Dios Hijo fue llamado el Hijo de Dios entre los ángeles del Séquito celestial. Primeramente la Biblia dice: “Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, Y tu verdad está en torno de ti” (Salmos 89.8 – \RVR1909). Los ejércitos son el séquito celestial, el jefe y principal es el arcángel Miguel (Apocalipsis 12.7), que es como se le conocía a Cristo Jesús el Mesías y Salvador, antes de ser enviado a la obra redentora, para rescate y restauración. Así del cielo como de la tierra, en el sentido de los ángeles indecisos como seres humanos. El salmo anterior menciona que la verdad está en torno del Padre, luego Jesucristo dice: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también á mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto” (Juan 14.6 al 7 – \RVR1909). ¿Por qué dice le habéis visto? Luego se aclara lo siguiente:


“¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré” (Juan 14.10 al 13 – \RVR1909).

Solamente dos ángeles son llamados por su nombre en toda la Biblia, a saber, el arcángel Miguel y el ángel Gabriel. En el caso del ángel caído y rebelde, era bello o hermoso portador de luz, igual a todo el séquito celestial, ninguno era mayor o superior al otro. Porque únicamente el Hijo de Dios es superior a todo el séquito celestial: “He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él” (Éxodo 23.20 al 21 – \RVR1909). Acerca del Hijo como el ángel de Dios o ángel de Jehová, se explica complementado con las literaturas de Cronología bíblica, Deidad y Dilatría, entre las citas bíblicas se encuentran las siguientes: en Génesis 18.22 con la visita a Abraham junto con dos ángeles más, en Éxodo 3 se manifiesta en la zarza ardiente, en Josué 5 ante Gedeón, en el libro de Daniel 3.25 en el horno ardiente de fuego. El término ángel de origen griego indica enviado o mensajero y es masculino, no es un término machista ni sexista, sino que los seres humanos siempre que visualizaron una aparición o manifestación de un ángel, fue apreciado como varón - ángel. Otras citas son las siguientes: Génesis 22.11 al 12 y 16, 31.11 y 13, Jueces 13.21 al 22.


Los ángeles son seres servidores espirituales: “Pues, ¿á cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate á mi diestra, Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus administradores, enviados para servicio á favor de los que serán herederos de salud?” (Hebreos 1.13 al 14 – \RVR1909), que no tienen sexo porque son asexuados: “Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo” (Mateo 22.30 – \RVR1909). El sexo surge en la creación de Adán y Eva para su procreación, o en el caso de macho y hembra ente los animales para su reproducción. Ya había un propósito y gracia dada en Cristo Jesús, antes de la creación de los tiempos de los siglos terrenales a partir de Adán y Eva (2 Timoteo 1.9). Este principio de los siglos es cuando se consolida la existencia de los tres cielos o los cielos de Dios, el primero el planeta tierra y su atmósfera, el segundo es el cosmos de todo el universo, el tercero al habitación de Dios.


La eternidad no tiene tiempo de comparación, ya que es ácrona y el tiempo no existe. La creación de espacio, materia y tiempo como la conocemos es a partir de la creación del planeta Tierra y todo su entorno del espacio y los astros, que se conoce como la fundación del mundo (1 Pedro 1.19 al 20). La Biblia dice: “Para la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no puede mentir, prometió antes de los tiempos de los siglos” (Tito 1.2 – \RVR1909). Dios no puede mentir porque es contrario a su forma de ser, esencia, naturaleza y sustancia de energía eterna, un tipo de energía divina incorpórea, que es exclusiva u única de puro Amor y Espíritu de Deidad de Dios (inmaterial e intangible). En el Hijo si habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2.9). La Biblia nunca dice que el Hijo sea coeterno con el Padre, todo lo contrario dice que el Hijo es el alfa y la omega, principio y fin, primero y postrero o último, en comparación con su etapa del plan de salvación, entre el momento en que fue creado, vino engendrado y vendrá por segunda vez en la resurrección de los muertos y el juicio final.


Jesucristo vino a rescatar y restaurar lo que se había perdido, ya sea en el cielo o en la tierra. A prevalecer la paz entre los ángeles fieles y leales con los ángeles de la incertidumbre e indecisión, que de ninguna manera se unieron a la tercer parte del séquito celestial de ángeles caídos por rebelión, pero quedaron con una indecisión al respecto de tomar bando o de aceptar el reclutamiento. Si alguno no cree que los seres humanos sean ángeles indecisos que vienen a este mundo a tomar una decisión definitiva, en relación con la aceptación, identificación y reconocimiento de la autoridad del Hijo de Dios, en adoración, alabanza, gloria y honra, entonces reciba la enseñanza de ángeles indecisos como una analogía, figura literaria o metáfora, que tiene una representación, significado y simbología. En el caso de las muchas parábolas, tómese el caso de los ángeles indecisos encarnados como seres humanos, en parábola de ejemplo y explicación, para encontrar la lógica y sentido de la razón de existir y ser de la humanidad. Hasta que se arrepienta, convierta y resarza el daño, el último justo en completar la cantidad total de ángeles creados y que integraban la totalidad del séquito celestial.


El Hijo encarnado es cien por ciento humano, para darnos ejemplo y ser modelo de vida, por esta razón le dice al Padre en oración: “Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado. Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” (Juan 17.3 al 5 – \RVR1909). La expresión “con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” se refiere a la condición de Dios Hijo. Su agonía en el huerto de Getsemaní era totalmente humano: “Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22:44 – \RVR1909). La humanidad le da sus propias restricciones y limitaciones como ser humano, que depende absolutamente del poder de Dios, el Espíritu Santo de Dios Padre, para hacer la obra de Dios. Ya desde antes, en su preexistencia, el Hijo no tiene la eternidad de ser sin principio ni fin, tampoco es auto-existente, porque depende del Padre en el momento de su creación.


El Hijo si es mutable como se demuestra en los siguientes pasajes: “Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho” (Génesis 6.6 al 7 – \RVR1909). El Padre es inmutable: “Dios no es hombre, para que mienta; Ni hijo de hombre para que se arrepienta: El dijo, ¿y no hará?; Habló, ¿y no lo ejecutará?” (Números 23.19 – \RVR1909). Así como en los seres humanos la madre y el padre heredan características a los hijos, pero son individuos con sus propias identidades que los caracterizan como diferentes. El Hijo de Dios fue creado por el Padre con su misma esencia, sustancia y naturaleza pero con las restricciones que el padre le quiso dar: “Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14.28 – \RVR1909). Otro pasaje dice: “Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad; Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros; y me sereís testigos en Jerusalem, en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hechos 1.7 al 8 – \RVR1909).


Se menciona la sola potestad del Padre y se dice de Espíritu Santo como una virtud que es fuerza y poder: “Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva... Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?” (Marcos 5.27 al 30 – \RVR1909). Es la misma virtud de autoridad y poder con la que el Padre actuaba y movía el surgimiento de la creación en Génesis 1.1 al 2. Este principio de la creación del planeta Tierra y todo su entorno cosmológico, es donde el Verbo está presente solidario con la creación del Padre: “EN el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1.1 al 4 – \RVR1909). El Hijo es la Luz que había sido creada por el Padre, también el séquito celestial son los portadores de luz, que junto con el Hijo están representados en el primer día de creación, antes del día cuarto cuando se crea el sol, la luna y las estrellas del universo (Génesis 1.3 al 19).


Por último, se reitera que el Hijo encarnado es totalmente humano y se llama así mismo como Hijo de hombre. La Biblia dice: “El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen” (Hebreos 5.7 al 9 – \RVR1909). El Hijo si tiene inmutable un sacerdocio que intercede por siempre: “Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: Por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime de los cielos” (Hebreos 7.24 al 26 – \RVR1909).


A los ángeles del séquito celestial no se les puede adorar, solo al Hijo de Dios o Dios Hijo: “Yo Juan soy el que ha oído y visto estas cosas. Y después que hube oído y visto, me postré para adorar delante de los pies del ángel que me mostraba estas cosas. Y él me dijo: Mira que no lo hagas: porque yo soy siervo contigo, y con tus hermanos los profetas, y con los que guardan las palabras de este libro. Adora á Dios” (Apocalipsis 22.8 al 9 – \RVR1909). Por lo logrado por el Hijo en comprobación y demostración de obediencia, sometimiento y sujeción a la voluntad del Padre. Así es como el Hijo recibe finalmente el reino eterno de Dios Padre, cuando los enemigos son puestos por estrado de sus pies. El libro del profeta Daniel lo anuncia con anticipación (Daniel 7.13 al 14). La Biblia dice lo siguiente:


“Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.8 al 11 – \RVR1909).