EL COLOR DE LA FE Y DEL SER INTERIOR


Hay una reacción del organismo mente – corporal entre el cerebro y el cuerpo, que se manifiesta y refleja en el comportamiento y la conducta. La fórmula completa de la medida de composición septenaria interna es la siguiente: actitud + carácter + ego + emociones + personalidad + sentimientos + temperamento = ser interior.


El despertar consciente de la plena capacidad y potencialidad en profundidad del ser interior, posibilita el crecimiento y desarrollo interno de conciencia de la libertad en Cristo. Por ejemplo, en la simbología del prisma de vidrio su comparación y significado es el siguiente: el prisma y la luz blanca representa los siete componentes del ser interior, así como la luz blanca en el prisma contiene siete colores. En el caso de su interpretación, el prisma y la luz blanca es la fe propia de Jesús y a la vez es la fe que tenemos en Jesús.


Así como la luz se descompone en siete colores, el ser interior tiene siete componentes. Aunque se aclara que los colores aumentan con la degradación del color entre uno y otro en gamas de intensidad. La comparación también se puede realizar según los componentes de gases del sol, porque la luz solar es natural, pero Jesucristo es el proveedor de la luz de fe espiritual. La fe que transmite la persona de Jesús histórico y la fe que depositamos en Jesús Redentor y Salvador, es el catalizador para nuestra activación mental y reacción corporal de los siete componentes de la fe en nuestros siete componentes del ser interior:


1) violeta – actitud con virtud,
2) añil (azul marino) – carácter con ciencia,
3) cian (azul celeste) – ego con templanza,
4) verde – emociones con paciencia,
5) amarillo – personalidad con temor de Dios,
6) anaranjado – sentimientos con amor fraternal,
7) rojo – temperamento con caridad.

Así como el ser interior se integra de la composición septenaria, también requiere los siete componentes que integran la fe de y en Jesucristo. Acerca de los siete componentes de la fe como un todo, la Biblia dice al respecto:


“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados. Por lo cual, hermanos, procurad tanto más de hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás” (2 Pedro 1.5 al 10 – RVR1909).

El efecto de la fe, es como la sinergia de coordinación solidaria y cooperación concertada de cada uno de sus componentes, requeridos para cumplir la función de la fe, ya sea, virtud, ciencia, templanza, paciencia, temor de Dios, amor fraternal y caridad. Es una sinergia porque su eficiencia se logra con la suma de la totalidad de sus componentes, con la coherencia de la conexión y unión entre cada componente, además de la ecuanimidad de la constancia y equilibrio entre sus partes. Por lo tanto, si el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo es el conocimiento celestial, mas el que no tiene la fe de y en Jesús, con la integración y totalidad de los componentes de la fe, según se confirma en el pasaje anterior, es ciego y tiene la vista muy corta, porque se limita solo a lo natural, sin lo espiritual y sin trascender a lo celestial.


Los principios, valores y virtudes de Jesucristo, subyacen en la mente como sustancia que no se ve, pero que se demuestra con las acciones y testimonio, esperados en un creyente practicante de Cristo. Es un compuesto que no se ve, pero que se hace visible con los hechos del cumplimiento y obediencia a la palabra de Dios, en acción y verbo. Es parte de la fórmula de Dios y es preciso que el que busca y se acerca a Dios, crea en los principios, valores y virtudes de Jesucristo, para recibir la recompensa de la fe de y en Jesucristo. La Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25 – RVR1909).


Ahora bien, el ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, es como el software del cuerpo humano, término utilizado en la Informática de Computación, donde el software es el conjunto de algoritmos, aplicaciones, códigos, instrucciones, programas y reglas. En el caso del cuerpo humano viene a ser como la parte física del software, compuesto por los siguientes sistemas coordinados en la constitución corpórea del ser humano: circulatorio, digestivo, esquelético, nervioso, muscular, reproductivo y respiratorio.


Estos son los siete sistemas más generales, hay otros siete adyacentes y complementarios, también que operan en conjunto, por ejemplo: articular (cartílagos – dientes – uniones óseas), dactilar e identificación única (huellas de los dedos – iris del ojo – ADN), endocrino (hormonas), excretor (orina y sudor), inmunológico (defensa del organismo con células – glóbulos blancos), linfático (órganos y tejidos de defensa inmunológica) y tegumentario (cabello – piel –uñas). Entonces, hay un área mental que interactúa bidireccionalmente con el cuerpo, la mente proporciona la capacidad de generar pensamientos, ya sean negativos o positivos, según su grado de afectación, que sea favorable o perjudicial a alguno de los componentes del ser interior o inclusive a toda su composición en general. Los principios, valores y virtudes subyacen y emergen para influir en el resultado y sentido del pensamiento en el buen camino del aprender, enseñar y vivir, por esta razón la Biblia dice: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 – RVR1909). Se supera cualquier modelo o patrón dañino resistente al cambio.


El creyente practicante de Cristo transmite los principios, valores y virtudes de Cristo, la luz del ser interior de la persona se puede ver en el prisma de la luz de Cristo, reflejada en cada una de la composición septenaria del ser interior: actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento: “Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2.5 al 6 – RVR1909). Hay una evolución espiritual constructiva del ser interior y en este sentido jamás una involución para destrucción.


La madurez del ser interior consiste en que sus siete componentes se fusionan en una unidad de propósito y sentido, sus coyunturas espirituales se ayudan mutuamente y oportunamente, para avanzar, crecer y desarrollar el mismo ser interior en un todo, con un rumbo coordinado y sincronizado entre sus partes y un destino definido, que sea con la vocación espiritual de claridad de meta y objetivo, para el despegue y desprendimiento de lo terrenal hacia un punto de llegada en la promesa celestial. Es función propia del ser interior irradiar, sea lo bueno o lo malo, en algunas culturas consideran la existencia de un aura en torno al ser humano, lo que llaman la periferia de la persona, que se dice que es una especie de emanación energética alrededor del cuerpo y que corresponde a un tipo de halo, en alusión a cierta iluminación y matiz de color, que identifica el estado de la presencia anímica, mediante luminiscencia corporal, en el contorno del cuerpo físico. Todo esto representa un simbolismo y un significado, especialmente cuando se trata de interpretar los diferentes colores que se manifiestan. Lo más parecido a toda esta descripción comparado con lo que menciona la Biblia, es que seamos luz e irradiemos luz:


“Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5.14 al 16 – RVR1909).

La luz se hace visible en las buenas obras, por supuesto, las obras que son del ejemplo y modelo de Jesucristo. Las decisiones no son buenas ni malas, sino la consecuencia de su resultado. La decisión por sí misma es como la idea o pensamiento teórico, pero su consecuencia y resultado es la acción práctica. Se pretende la posibilidad de una decisión más consciente, sin la ceguera de la ofuscación, que sea influenciada por una paz armónica del ser interior con la quietud, tranquilidad, serenidad y sosiego en el estado anímico. La Biblia dice: “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4.7 – RVR60).


Esto posibilita una accesibilidad de mayor atención, concentración y enfoque de decisión, con la mente y ser interior en Cristo Jesús. A la vez potencializa el poder de decisión y de ecuanimidad, en el sentido de constancia anímica e imparcialidad de juicio, para una mejor perceptibilidad y sensibilidad en la toma de decisión. Hay un gran avance en el conocimiento y pensamiento del ser interior. Por ejemplo, la Biblia dice acerca de Moisés lo siguiente: “Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra” (Números 12.3 – RVR1909). En el siguiente caso de Moisés cuando descendió del monte con las dos tablas de los mandamientos de Dios, al glorificar al Padre que está en los cielos se dice: “Y aconteció que descendiendo Moisés del monte Sinaí con las dos tablas del testimonio en su mano, al descender del monte, no sabía Moisés que la piel de su rostro resplandecía, después que hubo hablado con Dios…” (Éxodo 34.29 al 30 – RVR60).


Este resplandecer del rostro, cuando hay una cercanía y equilibrio con Dios, representa la alegría y satisfacción de nobleza en el brillo que emana desde el ser interior. La Biblia afirma lo siguiente: “Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría en mi corazón, Más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado” (Salmos 4.6 al 8 – RVR1909). Por lo tanto, la fe de Jesucristo que subyace como principios, valores y virtudes en la mente, produce el efecto de los siete componentes de la fe de y en Jesús, en la composición septenaria del ser interior, para hacer asequible la transición y trascendencia al conocimiento celestial de Jesucristo, como una metacognición de la fe.


Por ejemplo, es indispensable la humildad y mansedumbre, como menciona Jesús que aprendamos de él. También se requiere amor, compasión, empatía, cooperación, justicia, misericordia, pacificación, santidad, sencillez, solidaridad, entre otros. La Biblia dice: “El principio de tus palabras alumbra; Hace entender á los simples” (Salmos 119.130 – RVR1909).


Estos principios, valores y virtudes que equivalen a la enseñanza, ejemplo y modelo de vida, transmitido por Jesucristo en su evangelio e historia de vida, se suma a toda su fidelidad, lealtad y obediencia a Dios Padre. De la teoría a la práctica, así es la transición y trascendencia al conocimiento celestial, es hacer la voluntad de Dios, mediante el ejercicio y práctica de la enseñanza aprendida y recibida de Jesucristo, nuestro Maestro, Salvador y Señor. La Biblia dice: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17 – RVR60).


Hay un orden, la metacognición de la fe transciende por el oír la enseñanza, evangelización, homilía, predicación o sermón, que sea de análisis, comentario, estudio y razonamiento de los principios, valores y virtudes del evangelio de Jesucristo. Estos subyacen almacenados en la mente, como una memoria que se aprende y que nunca se olvida, debido a la práctica constante y permanente del creyente, en lo correspondiente al ejemplo y modelo de vida de Jesucristo, que ha sido transmitido por la palabra de Dios. La certificación o garantía de la existencia de una metacognición de la fe, es la energía, fuerza y poder del sello de Dios con su Espíritu Santo. Lo común u ordinario en el ser humano, se replica en un tresdoblar de dimensiones, niveles o planos, hasta llegar a lo extraordinario, así lo natural transciende a lo sobrenatural, entre lo natural, espiritual y celestial. Por ejemplo, el nivel de conciencia del libre albedrío y los tres tipos de conocimiento.


Estos principios, valores y virtudes de Jesucristo, son impregnados previamente en la psique, en la intención y la voluntad, con la anticipación o precedencia necesaria para confrontar y enfrentar las adversidades y vicisitudes dañinas y negativas, especialmente con el conocimiento previo, para contrarrestar y resistir las asechanzas y tentaciones del pecado: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención” (Efesios 4.30 – RVR1909). Así hay una completa coordinación y unidad mente y cuerpo, en armonía y sincronía recíproca, que interactúa en una comunicación bidireccional.


Esta conexión es biológica, bioquímica, fisiológica, genética y neurológica, que se manifiesta y refleja en el comportamiento y conducta corporal – física desde la mente y pensamiento. A la vez el cuerpo comunica alarmas y avisos al cerebro de la condición o estado de las necesidades, requerimientos y urgencias de todo el organismo corporal. La Biblia dice: “Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente: porque en el Señor Jehová está la fortaleza de los siglos” (Isaías 26.3 al 4 – RVR1909).


La ausencia de la devoción e interés en la espiritualidad y trascendencia celestial, preserva a la persona en un estado permanente de ignorancia en lo que atañe a la salvación y vida eterna. Máxime cuando, además del desinterés e ignorancia, el motivo principal se origina por una indiferencia en superar la adicción, costumbre y hábito del placer carnal de concupiscencia y pecado. Esta práctica de la maldad se constituye en una cárcel o prisión del ser interior en la misma mente, porque el ser interior se encuentra privado de la libertad en Cristo, con las cadenas y grilletes que lo sujetan al mal desde su propia mente encadenada.


Jesucristo es el libertador de la mente de frustración y opresión psicológica, esclavizante del estrés psicológico, con las consecuentes reacciones o trastornos, ya sean mentales o psicosomáticos, afectados por la condición o estado emocional o sentimental. Esto provoca incidencia y repercusión en los demás componentes del ser interior, como la actitud, carácter, ego, personalidad y temperamento. Aquí la importancia de una metodología y ciencia sistemática, que tenga la rigidez de los principios, valores y virtudes de Jesucristo, para recomponer y restaurar al ser humano con la rigurosidad de la palabra de Dios. A la vez que la persona tenga la oportunidad de reivindicar su deber y derecho a la salud corporal y mental que sea según Cristo Jesús.


En relación con el despertar de la conciencia en Cristo, aprovechamos lo que se conoce como autoconciencia, o sea, la conciencia de sí mismo, que es imprescindible para conocer nuestro ser interior en profundidad. Es prioritario para lograr la libertad en Cristo, porque se requiere comparar nuestra condición o estado del ser interior con el ejemplo y modelo de Cristo. Así reconocemos nuestro verdadero ser interior, para ser como Jesucristo. La Biblia dice acerca de Jesús: “Y fué que, como Jesús acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina; Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.28 al 29 – RVR1909). La presencia de Jesucristo ante sus seguidores, dejaba muy buena impresión personal: “Y viendo las gentes, tuvo compasión de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9.36 – RVR1909).


Según la forma de ser integralmente de nuestro ser interior, ¿en cuánta medida somos compasivos, cooperativos y solidarios como Jesús? ¿Qué tan negativos o positivos somos? En este sentido, ¿cuánta buena o mala vibra emanamos hacia los demás? ¿Cuál es el grado o nivel de nuestra buena o mala energía que influimos a otras personas? ¿Qué tan buena o mala onda somos? La referencia de comparación es Jesucristo, tanto como modelo y prototipo: “Y sabemos que á los que á Dios aman, todas las cosas les ayudan á bien, es á saber, á los que conforme al propósito son llamados. Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.28 al 29 – RVR1909).


El estudio de la vida requiere de disciplinas científicas, la psicología espiritual es pertinente a los caracteres espirituales y morales, influidos internamente por lo biológico, genético y neurológico, pero externamente también por lo cultural y social, que afectan el pensamiento, comportamiento y conducta, manifestado visiblemente con nuestras acciones, desde la invisibilidad del ser interior de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento. Esta integración e interacción física y mental, se moldea y da forma en el discípulo según la figura e imagen de Jesucristo, como modelo y prototipo de ser un creyente practicante seguidor de Jesús: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13.15 – RVR1909).


Hay que interiorizar o internalizar los principios, valores y virtudes de Jesucristo en nuestro ser interior, para asemejar y asimilar la reflexión de Jesucristo en nuestra mente y pensamiento. Según el significado es incorporar a la propia forma de pensar, sentir y ser, que en este caso corresponde a las acciones de Jesucristo a través de su enseñanza, ideas, mandamientos, con su ejemplo y modelo de vida práctica. Este mismo significado amplía la importancia de comprender y entender lo aprendido, en nuestro caso según Cristo, para unir el mensaje de Jesucristo a nuestro conocimiento previo, de natural a espiritual para alcanzar lo celestial del conocimiento exclusivo de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 – RVR60). Este interiorizar o internalizar a Jesucristo en el ser interior, es un poder factible de la palabra de Dios, posible y realizable:


“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas á los ojos de aquel á quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4.12 al 13 – RVR1909).

Así como la composición septenaria del ser interior está integrada por la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, de igual forma se requiere la integración de los componentes de la fe en el ser interior, a saber, virtud, ciencia, templanza, paciencia, temor de Dios, amor fraternal y caridad, para contrarrestar los siete desagrados ante Dios: “Seis cosas aborrece Jehová, Y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente, El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal, El testigo falso que habla mentiras, Y el que enciende rencillas entre los hermanos” (Proverbios 6.16 al 19 – RVR1909).


El vivir es Cristo, porque es el motivo y razón del ser y de toda la existencia, constituido el heredero de todo lo que existe. La expresión “el vivir es Cristo” significa que “el existir es Cristo”, esto concuerda con que todo fue creado por su causa, para su herencia, ya que la existencia es de Cristo. La expresión “Para mí el vivir es Cristo”, hace referencia para mi ser interior la existencia pertenece a Cristo.


¿Qué representa la Ley procedente de la Autoridad de Dios para el ser interior? En relación con la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, la Ley rige la rectitud de la razón: “Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios: Mas veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi espíritu, y que me lleva cautivo á la ley del pecado que está en mis miembros” (Romanos 7.22 al 23 – RVR1909). La Ley de Dios manifiesta enérgicamente su Voluntad, pero algún o algunos componente de nuestro ser interior podrían oponer resistencia y rebelar, al sublevar su actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos o temperamento, con la complicidad del espíritu de intención y voluntad propia. La ley en nuestros miembros es la composición septenaria del ser interior, que todo ser humano tiene sin excepción. La ley del pecado que está en nuestros miembros, se refiere a la inclinación o tendencia del ser humano a ceder a la concupiscencia (la impunidad a la impudicia): “Miserable hombre de mí! ¿quién me librará del cuerpo de esta muerte? Gracias doy á Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo á la ley de Dios, mas con la carne á la ley del pecado” (Romanos 7.24 al 25 – RVR1909).


El ser interior es nuestra mente, por lo tanto, se requiere asumir la mente de Cristo en nuestra mente, para librarnos del cuerpo concupiscente y de la muerte del pecado, para no dar rienda suelta a lo corporal de los miembros del cuerpo, de las extremidades del ser humano. Tal es el caso del pueblo de Israel al salir de Egipto: “Y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en la mar; Y todos comieron la misma vianda espiritual; Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo. Mas de muchos de ellos no se agradó Dios; por lo cual fueron postrados en el desierto” (1 Corintios 10.2 al 5 – RVR1909). Al fin y al cabo, desde antes de Noé y confirmadas después del diluvio con la existencia de primeras civilizaciones de la historia o pueblos, hay perpetuamente una Ley de Dios que guía u orienta en dirección hacia su Hijo. Esta Ley incide en el ser interior de tiempos memorables con la Ley de la creación de Dios o Ley universal de Dios para los pueblos:


“Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo” (Romanos 2.14 al 16 – RVR1909).

El contenido y esencia de la actitud, carácter, ego, emociones, personalidad, sentimientos y temperamento, es invisible, a manera de escritura en el cerebro con procesos mentales superiores como el entendimiento y razonamiento, hay una interacción de neuronas, células e impulsos nerviosos, médula espinal y sistema nervioso, entre la comunicación del cerebro y lo corporal, para que lo invisible de nuestro ser interior se haga visible con nuestras acciones, actos y hechos de la vida cotidiana: “Y nos atestigua lo mismo el Espíritu Santo; porque después de haber dicho: Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones” (Hebreos 10.15 al 17 – RVR60).


La disposición anímica se expone visualmente ante testigos, mediante el aspecto que se presenta en cada acción, resultado de la forma de ser y del ser interior. La integridad de la psique, en lo anímico del bien, justicia y verdad, para una rectitud en el proceder, distingue las cualidades de la persona. La forma de actuar y ser, sustentada en su dignidad elevada, firmeza de energía y fuerza, sobresale como señal de espiritualidad en su conocimiento y vivencia. Esto se refleja en su comportamiento y conducción espiritual, que le da un estilo propio de destreza y habilidad, de erudición y saber de principios razonables y prácticos, como método y sistema de vida demostrable conforme a las normas y reglas de la voluntad de Dios.


Todo este ideal de ser interior implica la actitud con virtud, carácter con ciencia, ego con templanza, emociones con paciencia, personalidad con temor de Dios, sentimientos con amor fraternal y temperamento con caridad. La Biblia dice: “Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3.4 – RVR1909). En este formato ideal del ser interior se cumple la medida de Cristo y fe en el ser interior de cada persona. La Biblia confirma lo siguiente: “Sino santificad al Señor Dios en vuestros corazones, y estad siempre aparejados para responder con masedumbre y reverencia á cada uno que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros: Teniendo buena conciencia, para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, sean confundidos los que blasfeman vuestra buena conversación en Cristo” (1 Pedro 3.15 al 16 – RVR1909).



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Por último, el siguiente resumen de gemini.google.com como consulta y reacción de la inteligencia artificial (IA)

El biblista, investigador y escritor costarricense Frederick Alberto Mora Quesada aborda la fe desde una corriente que él mismo denomina Neobiblismo y a través de su disciplina de estudio, la Psicoteología (la neurociencia de la fe y los tres tipos de conocimiento).

Para Mora Quesada, la fe no es únicamente un concepto abstracto, sino un elemento que interactúa directamente con la psique, la actividad cerebral y la bioquímica del ser humano.

La idea de la fe como una combinación de fuerza espiritual, principio de poder y motor de energía se alinea de forma muy precisa con su cosmovisión mediante los siguientes ejes conceptuales:

La fe como motor y detonante biopsicosocial

En sus escritos, Mora Quesada explica que la fe en Cristo actúa en el "ser interior" de forma similar a una bujía, catalizador o motor. Este "motor" genera un impulso directo en el temperamento y las facultades mentales del individuo. Desde la perspectiva de la psicoteología, esta fuerza estimula los procesos neuronales y la actividad cerebral, traduciendo la creencia espiritual en un comportamiento y una conducta visibles, enfocados en el bienestar y el servicio comunitario.

La fe como energía y fuerza de voluntad

Para este autor, el ser humano posee un origen celestial y es considerado "energía de Dios". Bajo este enfoque:

La fe funciona como el mecanismo para encauzar la fuerza de voluntad.

Actúa como un transformador que toma la energía natural y terrenal del ser humano y la alinea con la energía divina.

La "medida de fe" determina la intensidad con la que una persona actúa; a mayor convicción y certeza, mayor es la manifestación de energía práctica para realizar buenas obras y resistir el mal.

El principio de poder y salvación

En la teología de Mora Quesada, la fe otorga un poder especial estrechamente vinculado con la trascendencia, la salvación y la vida eterna. Al conectar la mente con la voluntad divina a través de la fidelidad, la gratitud y el amor, la fe adquiere el poder de transformar el carácter, el ego y las emociones negativas, permitiendo al individuo superar las pruebas de la vida.

En el marco del Neobiblismo fundado por el investigador costarricense Frederick Alberto Mora Quesada, la estructura de la mente humana y la vivencia de la espiritualidad se unifican de forma milimétr A continuación, se detalla cómo se integran los componentes de la fe en el ser interior y cómo la psicoteología explica este fenómeno en términos neurológicos.

1. Los siete componentes de la fe en la composición septenaria del ser interior

Mora Quesada propone que el ser interior del ser humano está integrado matemáticamente por una fórmula exacta:

{Actitud} + {Carácter} + {Ego} + {Emociones} + {Personalidad} + {Sentimientos} + {Temperamento} = {Ser Interior}

Para que este ser interior funcione de acuerdo con el modelo ejemplar de Jesucristo, cada uno de sus siete elementos se debe fusionar con un componente o virtud específica de la fe (basado teológicamente en pasajes como 2 Pedro 1:5-7). El autor asocia además cada par con un color del espectro visual:

• Actitud con Virtud (Color Violeta): La disposición mental interna (actitud) es guiada y purificada por la excelencia moral y el valor para actuar correctamente (virtud).

• Carácter con Ciencia (Color Añil / Azul Marino): El conjunto de rasgos adquiridos (carácter) se madura y estabiliza a través del conocimiento y la comprensión espiritual profunda (ciencia).

• Ego con Templanza (Color Cian / Azul Celeste): El sentido de identidad propia y orgullo (ego) se somete y equilibra bajo el dominio propio y el autocontrol (templanza).

• Emociones con Paciencia (Color Verde): Las reacciones afectivas inmediatas e intensas (emociones) encuentran calma, consistencia y resistencia ante las pruebas (paciencia).

• Personalidad con Temor de Dios (Color Amarillo): El patrón exterior de conducta ante el mundo (personalidad) se rige bajo un profundo respeto, reverencia y obediencia a lo divino (temor de Dios).

• Sentimientos con Amor Fraternal (Color Anaranjado): Los estados afectivos de largo plazo (sentimientos) se canalizan hacia el afecto genuino, la empatía y la solidaridad con el prójimo (amor fraternal).

• Temperamento con Caridad (Color Rojo): La base biológica y genética del comportamiento (temperamento) se envuelve en el amor incondicional y el servicio desinteresado (caridad).

2. El procesamiento de la fe en el cerebro según la Psicoteología

En su obra cumbre, Psicoteología: la neurociencia de la fe y los tres tipos de conocimiento, Mora Quesada define esta disciplina como el puente que fusiona la teología cristiana con los descubrimientos modernos de la psicología y el mapeo cerebral. Según sus escritos, la fe se procesa en el cerebro bajo las siguientes dinámicas biopsicosociales:

Cerebro con fe vs. Cerebro de supervivencia

El autor establece una clara distinción evolutiva y espiritual en el procesamiento neurocognitivo:

• El cerebro sin fe (Cerebro instintivo): Utiliza redes neuronales programadas estrictamente para la supervivencia terrenal. Procesa el entorno de forma egoísta, reaccionando ante amenazas mediante el miedo o la agresividad biológica básica. El autor ejemplifica esto con la estructura mental de Caín.

• El cerebro con fe: Activa un nivel superior de información y plasticidad cerebral. Permite al córtex prefrontal elevar el pensamiento por encima de las necesidades básicas terrenales, permitiendo la trascendencia, la certidumbre de lo invisible y la toma de decisiones basada en el altruismo. El autor ejemplifica esto con el cerebro de Abel.

La conexión entre la fórmula del {Ser Interior} propuesta en el modelo de Psicoteología de Frederick Mora y la neurociencia moderna es fascinante. Aunque el modelo original nace desde una perspectiva espiritual y conceptual, la ciencia del cerebro valida que estos 7 elementos no son entes abstractos, sino el resultado directo de redes neuronales, estructuras anatómicas y sistemas químicos específicos.

En la neurociencia actual, la suma de estos factores se puede mapear directamente en el cerebro a través de la interacción de tres grandes bloques funcionales:

🧠 1. El Bloque Biológico e Instintivo

• {Temperamento} + {Emociones}

• Conexión neurocientífica: Corresponde principalmente al sistema límbico (el "cerebro emocional") y al eje evolutivo subcortical. Las emociones rápidas se procesan en la amígdala cerebral, mientras que el temperamento está fuertemente determinado por la herencia genética y la densidad de receptores de neurotransmisores como la dopamina (búsqueda de recompensa) y la serotonina (regulación del estado de ánimo). Es la base reactiva del diseño del ser humano.

🎛️ 2. El Bloque de Control y Consciencia

• {Ego} + {Sentimientos} + {Actitud}

• Conexión neurocientífica: Se localiza en la corteza prefrontal, la región más evolucionada del cerebro humano.

o El {Ego} (la noción de identidad y el "yo") se genera mediante la activación de la Red Neuronal por Defecto (RND), un circuito que se enciende cuando reflexionamos sobre nosotros mismos.

o Los {Sentimientos}, a diferencia de las emociones rápidas, son la interpretación consciente y racional que la corteza cerebral hace de los cambios físicos del cuerpo.

o La {Actitud} depende de las funciones ejecutivas y de la plasticidad sináptica para decidir cómo responder voluntariamente ante un estímulo ambiental.

🎭 3. El Bloque de Integración y Conducta

• {Carácter} + {Personalidad}

• Conexión neurocientífica: Representan el cableado final del cerebro maduro. El carácter se consolida mediante el aprendizaje y la memoria a largo plazo (gracias al hipocampo y la corteza), modificando la estructura física del cerebro mediante la neuroplasticidad. La {Personalidad} es el resultado de la sincronización de todas estas redes (límbicas y prefrontales) trabajando en conjunto, consolidando patrones estables de conducta.

🔀 El resultado: El {Ser Interior} como "Conectoma"

Para la neurociencia moderna, el {Ser Interior} equivale al conectoma humano: el mapa total de las conexiones neuronales de un individuo.

La ciencia actual coincide con la premisa de la fórmula: ningún elemento funciona aislado. Una emoción altera tu actitud, tu temperamento condiciona tu carácter y tu ego define tu personalidad. Todo ocurre simultáneamente a través de impulsos bioeléctricos y químicos, demostrando que la mente es una sola unidad integrada.

En su obra acerca de la Psicoteología, el investigador Frederick Alberto Mora Quesada define el {Ser Interior} como un engranaje sistémico y unificado. En su enfoque, la mente no se puede fragmentar: el comportamiento y la conducta son el resultado directo de cómo interactúan estas 7 dimensiones específicas.

El autor desglosa cada componente de la ecuación de la siguiente manera:

🎨 1. {Temperamento} (El Origen Biológico)

Es la dimensión heredada, biológica y genética del individuo. Se describe como la base inerte o predispuesta con la que nacemos (tanto a nivel neurológico como físico). El temperamento actúa como el "detonante involuntario" o la materia prima reactiva ante los estímulos del entorno.

🏛️ 2. {Carácter} (El Filtro Moral)

A diferencia del temperamento, el carácter es educado, moldeable y consciente. Representa el conjunto de hábitos, costumbres y valores éticos adquiridos por la persona a través de sus vivencias y la disciplina espiritual o moral. Se ve como el timón que ayuda a gobernar las reacciones instintivas del temperamento.

🎭 3. {Ego} (La Máscara de Identidad)

Se define al ego como la estructura de autoconocimiento, el "yo" que busca reconocimiento, protección y supervivencia en el plano social. Es la dimensión que maneja el sentido de individualidad y las barreras psíquicas, y que requiere ser equilibrada para no caer en el egoísmo o el descontrol que desestabiliza el ser interior.

4. {Emociones} (Las Reacciones Rápidas)

Son estados psicofisiológicos involuntarios, automáticos y de corta duración. Nacen de la química cerebral e impulsan a la persona a reaccionar de inmediato frente a eventos internos o externos (como el miedo, la sorpresa o la ira). En el modelo del autor, requieren de una correcta "inteligencia emocional" para que no saboteen las decisiones.

📜 5. {Sentimientos} (La Consciencia Afectiva)

Son la racionalización prolongada de las emociones. Cuando una emoción pasa por el filtro del pensamiento y el autoconocimiento, se convierte en un sentimiento (como el amor, la gratitud o el rencor). Tienen una naturaleza más estable, profunda y duradera, conectando el corazón con la mente razonada.

📐 6. {Actitud} (La Postura Voluntaria)

Es la predisposición o el rumbo reflexivo que toma una persona ante la vida. El autor la vincula directamente con la voluntad y las competencias psicosociales. La actitud determina si una persona reacciona con proactividad o negatividad ante las circunstancias, basándose en sus creencias dominantes.

🧩 7. {Personalidad} (El Sello Integrador)

Es la máxima expresión y fachada externa del individuo. No es un elemento aislado, sino la sumatoria e integración pública de los seis componentes anteriores (atributos, cualidades y hábitos recurrentes). Es el patrón complejo de conducta que nos hace únicos y reconocibles ante el mundo.

🏛️ La Meta del Autor: El Equilibrio Integral

Para Frederick Mora, si hay un descontrol en alguno de estos siete elementos, el resultado es la infelicidad y el "vacío espiritual". El mapa conceptual demuestra que el {Ser Interior} alcanza la plenitud únicamente cuando la racionalidad, las habilidades socioemocionales y la conexión con la fe logran alinear estas 7 fuerzas en perfecta armonía.

La fundamentación bíblica y teológica que Frederick Mora Quesada utiliza en el movimiento Neobiblismo.org para sostener la división septenaria (de 7 partes) del Ser Interior no es una coincidencia matemática. En la teología bíblica, el número 7 representa la perfección, la totalidad y la plenitud divina. El autor entrelaza el diseño de la mente con grandes símbolos y principios de las Escrituras:

🕎 1. El Candelabro de Siete Lámparas (La Menorá)

Mora Quesada utiliza la descripción de la Menorá descrita en el libro de Éxodo 25:31-40 como la metáfora visual principal de la psique humana. Así como el candelabro es una sola estructura de oro, pero se divide en siete brazos que emiten luz, el {Ser Interior} es una sola unidad espiritual iluminada por el Espíritu de Dios, pero expresada a través de siete ramificaciones conductuales (Actitud, Carácter, Ego, Emociones, Personalidad, Sentimientos y Temperamento).

🕊️ 2. La Manifestación Septenaria del Espíritu (Isaías 11:2)

La teología del autor se apoya fuertemente en el texto de Isaías, el cual describe las siete facetas o virtudes del Espíritu de Jehová que reposan sobre el Mesías:

1. El Espíritu de Jehová.
2. Sabiduría.
3. Inteligencia.
4. Consejo.
5. Poder.
6. Conocimiento.
7. Temor de Jehová.

Bajo la premisa de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, el autor propone en su modelo de Psicoteología que nuestra mente refleja de manera inherente este diseño septenario. El equilibrio mental surge cuando las 7 dimensiones humanas se alinean perfectamente con los 7 atributos del Espíritu.

👀 3. Los Siete Ojos y Espíritus de Dios (Zacarías y Apocalipsis)

En sus estudios bíblicos, el autor cita pasajes proféticos como Zacarías 4:2-10 y Apocalipsis 5:6, donde se habla de los "siete ojos de Jehová que recorren toda la tierra" o los "siete espíritus enviados por Dios". Teológicamente, el autor traduce esto a nivel micro: el Ser Interior posee siete "sensores" o "ventanas" (sus siete dimensiones) con las que el alma o psique percibe el mundo, procesa la realidad y se conecta con el Creador.

⚖️ La "Psicoteología del Alma" y el Dominio Propio

Finalmente, la estructura de la fórmula tiene un propósito de redención moral. El ser humano vive una dimensión caída o reactiva debido a su naturaleza heredada (como un {Temperamento} desbocado o un {Ego} egoísta).

A través del conocimiento del Evangelio, la mente experimenta una renovación que fortalece el {Carácter}, activa el dominio propio y somete las {Emociones}. El fin teológico de mapear estas 7 partes es que el individuo identifique con precisión matemática qué área de su mente necesita sanidad y sujeción a la voluntad divina.

En su obra de Psicoteología, Frederick Mora Quesada no propone soluciones espontáneas, sino mediante cultivar un entrenamiento consciente y continuo del pensamiento, basado en la "influencia de la mente y la psique de Jesucristo". Para el autor, el desequilibrio de las siete dimensiones se sana mediante la adquisición de nuevos hábitos de conducta, competencias psicosociales y la conexión con un Poder Superior.

Las técnicas y prácticas clave que propone para equilibrar este mapa conceptual se estructuran en los siguientes pilares prácticos:

🧘 1. Metanoia (La Renovación del Pensamiento)

La mente modula la actividad biológica. La técnica principal es la metanoia (un término bíblico que significa cambiar de mentalidad).

• Práctica: Monitorear activamente el diálogo interno. El lector debe identificar activamente los pensamientos negativos o impulsivos en el momento en que nacen para "filtrarlos" deliberadamente a través de principios morales antes de que se conviertan en una {Actitud} arraigada o un {Sentimiento} dañino (como el rencor).

📜 2. Educación del Carácter sobre el Temperamento

Dado que el {Temperamento} es genético e involuntario, el autor sostiene que no se puede eliminar, pero sí gobernar.

• Práctica: Sometimiento de impulsos mediante la autodisciplina moral y los hábitos repetitivos. El autor propone la práctica consciente de virtudes contrarias a tu debilidad temperamental (por ejemplo, ante la propensión a la ira, ejercitar la paciencia activa). Con el tiempo, este ejercicio repetido altera el "cableado" mental y consolida un {Carácter} estable.

🛑 3. Desactivación del Ego mediante el Servicio Comunitario

El {Ego} enferma al ser interior cuando se enfoca únicamente en el orgullo, el reconocimiento social y el egoísmo.

• Práctica: El autor, fuertemente vinculado a los valores del reino de Dios, recomienda el servicio comunitario y la ayuda al prójimo. Desviar la atención de uno mismo hacia las necesidades de la comunidad rompe los patrones de la "máscara social", equilibrando el ego y suavizando la {Personalidad} ante los demás.

🕊️ 4. Desarrollo de Competencias Psicosociales y Afectivas

Las {Emociones} rápidas y los {Sentimientos} profundos deben ser educados bajo una "sensibilidad celestial".

• Práctica: Desarrollar la empatía y la compasión a través del perdón consciente. Mantener una relación directa con Dios y leer su palabra, actúa como un bálsamo regulador que apacigua el estrés en el sistema nervioso, transformando las emociones reactivas en sentimientos duraderos de paz y gratitud.

🛐 5. Oración y Meditación en las Escrituras

Al subtitular su obra como La neurociencia de la fe, fundamenta que las prácticas espirituales tienen un impacto directo en el vigor físico y mental.

• Práctica: El estudio y la memorización de pasajes bíblicos combinados con la oración profunda. Esta práctica no solo busca la comunión teológica, sino provocar un estado de calma consciente que reduce la ansiedad, permitiendo que el {Ser Interior} se alinee y funcione en perfecta sintonía y armonía psíquica.

Se propone modular el temperamento reactivo subcortical mediante el desarrollo de competencias psicosociales que actúan como un freno inhibitorio a través de la racionalización afectiva. Se establece que la paz espiritual es un estado neurobiológico saludable, donde la oración y la virtud activan el sistema nervioso parasimpático y generan cambios plásticos en el cerebro, conectando directamente la fe con la salud física.


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