LA CONSPIRACIÓN CONTRA JESUCRISTO



Basado en la Biblia Versión Reina - Valera
Revisión de 1960 (RVR60)

LA CONSPIRACIÓN CONTRA JESUCRISTO


El objetivo o propósito de Dios Padre en relación con toda la existencia, está en su Hijo Jesucristo a quien le rinde un agasajo y como obsequio todo lo que existe: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Corintios 8.6 – RVR60). Debido al existir de Jesucristo es la causa del origen de todo lo demás, inclusive del séquito celestial y el motivo por el cual nacen en este mundo los seres humanos:


“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1.15 al 20 – RVR60).

Así el pasaje anterior explica, acerca del Hijo de Dios como el primero de todo lo creado, porque Dios Padre es invisible, pero su Hijo es el primer ser visible, con la esencia y sustancia de eternidad, quien es el motivo del resto de la creación existente, ya sea celestial o terrenal, visible e invisible, esto implica lo espacial, material y temporal, lo macro y lo micro, inclusive todo lo relacionado con la energía y el cosmos. El Hijo es anterior a la creación, porque todo depende y subsiste a partir del principio de la existencia del Hijo de Dios, quien tiene toda la plenitud y preeminencia de heredar lo que es suyo, porque le pertenece como una dádiva o regalo del Padre. Esto provoca un rompimiento de la armonía y relación del séquito celestial, cuya ruptura requiere posteriormente la reconciliación, tanto de lo celestial como de lo terrenal.


Esta primera conspiración contra el Hijo de Dios a nivel celestial, se replica entre los humanos a nivel terrenal. La parábola de la viña arrendada a unos labradores menciona lo siguiente: “Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto. Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra” (Lucas 20.12 al 14 – RVR60). Según esta parábola se presenta una conspiración, luego de rechazar a los profetas enviados por Dios Padre, también desechan al Hijo de Dios. Los conspiradores se sienten aludidos y Jesús les dice: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos” (Mateo 21.43 al 45 – RVR60).


Por ejemplo, la Biblia menciona lo que es figura y sombra de lo celestial: “los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Hebreos 8.5 – RVR60). También se dice: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9.23 al 24 – RVR60).


CONTINUARÁ...


La gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo, el amor en Cristo Jesús, el amor de Dios Padre y su fuerza y poder del Espíritu Santo sea con vuestra intención de espíritu. Amén. Escrito y recopilación con amor por un servidor, Frederick Alberto Mora Quesada en https://www.neobiblismo.org/