La personalidad de los Discípulos de Jesucristo


La persona de Jesucristo posibilita un ejemplo y modelo de vida para sus seguidores, especialmente en la práctica como Discípulos, debido a la combinación de la enseñanza con el ejercicio de sus hechos o vivencias.


1) El conocimiento e inteligencia esencial de la persona

El conocimiento e inteligencia esencial de la persona


Las relaciones humanas como disciplina además de estudiar las actitudes, actividades e interrelaciones resultantes del trato entre personas, estudian el comportamiento y conducta, tanto del individuo como de la colectividad de los diversos grupos sociales. Entre sus elementos y valores están, la cortesía, equidad, humildad, integridad, lealtad, respeto y solidaridad. Esto es equivalente a los principios, valores y virtudes propuestos por Dios en su palabra, transmitidos y vividos por Jesucristo con el ejemplo de vida. Este conocimiento e inteligencia es esencial para la relación y convivio de las personas en armonía y comunión personal y social. Por ejemplo, la honradez es un principio de vida o una regla de la vida, porque el ser humano requiere limitaciones y regulaciones para una mejor convivencia. Las normas como reglas establecidas por los humanos, son definidas por una legislación acorde a la zona geográfica mundial y según sus costumbres y cultura. Además influenciadas por las corrientes de pensamiento conservadores o liberales. Algunas normas o reglas son de acatamiento obligatorio cultural, étnico, legal o social. La presunción de la norma es la de establecer en buen orden, pero este hacer normal, implica el riesgo de normalizar acciones o actos contrarios a la voluntad de Dios.


El control de las acciones de nuestro pensamiento está en función de conocernos a nosotros mismos: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos á Jehová” (Lamentaciones 3.40 – RVR1909). Escudriñar nuestro camino, es averiguar y examinar con cuidado y detenimiento nuestros pasos en el caminar de la vida: “Consideré mis caminos, Y torné mis pies á tus testimonios. Apresuréme, y no me retardé En guardar tus mandamientos” (Salmos 119.59 al 60 – RVR1909). Las decisiones del presente influyen en las consecuencias del futuro: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no estribes en tu prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas. No seas sabio en tu opinión: Teme á Jehová, y apártate del mal” (Proverbios 3.5 al 7 – RVR1909). Las decisiones determinan la acción y reacción de nuestra vida: “Encomienda a Jehová tu camino, Y espera en él; y él hará. Y exhibirá tu justicia como la luz, Y tus derechos como el medio día. Calla á Jehová, y espera en él: No te alteres con motivo del que prospera en su camino, Por el hombre que hace maldades. Déjate de la ira, y depón el enojo: No te excites en manera alguna á hacer lo malo” (Salmos 37.5 al 8 – RVR1909).


Dios establece a su Hijo Jesucristo como referente para comparar nuestro caminar: “Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe; probaos á vosotros mismos. ¿No os conocéis á vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados” (2 Corintios 13.5 – RVR1909). El ejemplo y modelo de vida se fundamenta en las enseñanzas y mensaje de Jesucristo. El ser humano es un ser integral, el resultado de su formación de carácter y personalidad, está en función de su dependencia de tomar en cuenta a Jesucristo para sus decisiones. Jesús dijo: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8.32 – RVR1909). Jesucristo mismo es la verdad establecida por Dios Padre, para que el ser humano tenga un camino a seguir, siga su discipulado y sus pasos, a manera de un Prototipo, en el sentido de ejemplo y modelo más perfecto. Practicar las obras de Jesucristo hace libre a la persona, se adquiere la moderación y orientación para la forma de comportarse o conducirse en la vida hacia lo que es cierto, o sea, en dirección de encontrar o hallar con seguridad la verdad de Jesucristo. Esto se manifiesta mediante el control o moderación de la dureza o flexibilidad del temperamento: “El que tarde se aira, es grande de entendimiento: Mas el corto de espíritu engrandece el desatino” (Proverbios 14.29 – RVR1909). En relación con la intención de la persona, así es su atino o desatino en dar en el punto de descubrir a Jesucristo como el conocimiento proveniente de Dios: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 – RVR1909).


Se dice acerca de la empatía como la capacidad de comprender y entender las emociones y sentimientos de los demás, mediante un proceso de identificación con cada persona. Así es la comunión y relación con Jesucristo, en este caso viene a ser un tipo de empatía espiritual, cuando al caminar se hace con las sandalias de Jesucristo, con la misma percepción y visión del Maestro por Excelencia. Ser y tener la libertad cognoscitiva de Jesucristo consiste en ser libre de la práctica del pecado, libre del desenfreno en el comportamiento y la conducta. Es la libertad de la verdadera justicia y rectitud mostrada por Jesucristo en la vida cotidiana. Jesús dijo: “Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más” (Juan 8.10 al 11 – RVR1909). Antes de Jesucristo éramos pecadores, después de Jesucristo el pecado jamás prevalecerá: “Pues que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también estad armados del mismo pensamiento: que el que ha padecido en la carne, cesó de pecado; Para que ya el tiempo que queda en carne, viva, no á las concupiscencias de los hombres, sino á la voluntad de Dios” (1 Pedro 4.1 al 2 – RVR1909).


Jesucristo vence el pecado como ser humano para establecer un legado y precedente, de manera que también el ser humano, a pesar de su humanidad puede empoderarse del Espíritu Santo contra el pecado: “Enséñame á hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios: Tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud” (Salmos 143.10 – RVR1909). Las concupiscencias del ser humano, se fomenta con los apetitos y deseos desordenados de placeres deshonestos y terrenales, para satisfacer los caprichos, gustos, ostentaciones, preferencias, seducciones y tentaciones, sublevados socialmente contra la voluntad de Dios: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada” (1 Corintios 6.12 – RVR1909). Ante Dios hay inconveniencia en condiciones y prácticas aceptadas como lícitas socialmente: “Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica” (1 Corintios 10.23 – RVR1909). Aquí es donde la conveniencia para edificación requiere de carácter y personalidad para resistir el mal y hacer el bien, el ser de forma integral necesita principios y valores enfocados en Jesucristo, que sean envolventes y vinculantes en sus propias actitudes, ánimo, características, cualidades, emociones, habilidades, hábitos, intenciones, motivaciones, opiniones, sentimientos, servicio y voluntad. Esto define e identifica a un genuino y verdadero discípulo, predispuesto para una excelente reacción de comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo: “Y no os conforméis a este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.2 – RVR1909).


Entre los principios y valores está la resiliencia considerada como la capacidad de resistir y superar la adversidad, además de la adaptación a las circunstancias difíciles. También la convivencia social con inteligencia, o sea, una vida inteligente, en el sentido integral de las capacidades y comportamientos actitudinales, emocionales y sociales, tanto colectivamente como individual. A manera de una inteligencia individual en función de la inteligencia colectiva. La Biblia dice: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza, y la caridad, estas tres: empero la mayor de ellas es la caridad” (1 Corintios 13.13 – RVR1909). Jesucristo representa la energía pura del amor y caridad: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35 – RVR1909). Este amor es un ingrediente incluido en los principios y valores como el amor de Dios, caridad, compasión, comprensión, consagración, consideración, cooperación, cortesía, empatía, equidad, esperanza, fe, humildad, integridad, justicia, lealtad, mansedumbre, misericordia, paciencia, paz, respeto, santidad y solidaridad. Mediante Jesucristo se logra una verdadera libertad de conocimiento, entendimiento e inteligencia: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no volváis otra vez á ser presos en el yugo de servidumbre” (Gálatas 5.1 – RVR1909). Este yugo de esclavitud o servidumbre representa la ignorancia e imposibilidad de reconocer el desconocimiento, especialmente de los principios y valores representados en Jesucristo. Este tipo de prisión se refiere a la ceguera espiritual: “Dejadlos: son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15.14 – RVR1909).


Las relaciones humanas están afectadas por los conflictos humanos, su conexión o interrelación de correspondencia está alterada por las relaciones adictivas, agresivas, dependientes, desconfiadas, despreciativas, frustradas, inseguras, irritables, mezquinas, nocivas, prepotentes y tóxicas. Desde el principio Caín mata a su hermano Abel. La siguiente respuesta de Caín, refleja su actitud, carácter y personalidad: “Y Jehová dijo á Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé; ¿soy yo guarda de mi hermano?” (Génesis 4.9 – RVR1909). ¿Por qué mata Caín a su hermano Abel? La Biblia dice: “Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros. No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3.11 al 12 – RVR1909). ¿Cuáles son las obras de Jesucristo que el ser humano requiere? La Biblia dice: “Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.29 al 32 – RVR1909).


Dios se desagrada de la personalidad de Caín: “Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante. Entonces Jehová dijo á Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué se ha inmutado tu rostro? Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado?…, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.5 al 7 – RVR1909). Así es la vida, cuando se viaja en un automóvil, el conductor tiene el compromiso práctico y responsable de conducir a la defensiva. Esto significa la imperante necesidad de prevenir accidentes, cuando se conduce con la prioridad de una buena actitud, calma y cortesía, para estar alertas y atentos, observar y prever las acciones y movimientos de los demás conductores. En la vida es indispensable para una mejor convivencia, los principios, valores y virtudes, especialmente por causa de las normas en la regulación del comportamiento y la conducta del ser humano. Vivir a la defensiva, es vivir con autoconocimiento y atemperación, en lo que llaman las habilidades blandas. El conocimiento de sí mismo para superación, es alcanzar la conciencia de sus propios impulsos, con la consecuencia de mejorar su actuación y facilitar el llevarse bien con los demás. Esto implica la capacidad de suavizar las emociones y sentimientos para ser mejor persona, la aptitud de acomodar, adaptar, ajustar y arreglar las destrezas y habilidades propias, en función de una adecuada relación interpersonal o social, hasta lograr la excelencia en la convivencia con el prójimo y trascender a la espiritualidad de Jesucristo.


En relación con lo que llaman habilidades blandas, la expresión, palabra o término “blandas”, hace alusión a ser apacible o dócil, de carácter agradable, amable, dulce, suave y tranquilo. En cierta ocasión Esteban, el diácono, evangelista y primer mártir, menciona lo siguiente: “Duros de cerviz, é incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros” (Hechos 7.51 – RVR1909). La Biblia hace referencia a dureza en relación con la cerviz y el corazón. El profeta Ezequiel explica lo siguiente: “Y díjome: Hijo del hombre, yo te envío á los hijos de Israel, á gentes rebeldes que se rebelaron contra mí: ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día. Yo pues te envío á hijos de duro rostro y de empedernido corazón; y les dirás: Así ha dicho el Señor Jehová. Acaso ellos escuchen; y si no escucharen, (porque son una rebelde familia,) siempre conocerán que hubo profeta entre ellos” (Ezequiel 2.3 al 5 – RVR1909). Las habilidades blandas son las aptitudes y capacidades dispuestas para la humildad y mansedumbre según la propuesta de Jesucristo: “… aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón…” (Mateo 11.29 – RVR1909). Esto posibilita ciertas características y cualidades en los rasgos del carácter y la personalidad, a la vez la factibilidad de la adquisición de principios, valores y virtudes esenciales promovidos por Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida cotidiana. Finalmente mediante la experiencia y práctica constante, se demuestra las habilidades blandas a través del comportamiento, la conducta, la relación y trato hacia los demás.


La capacidad de saber escuchar con la debida atención para obedecer, es semejante a la comparación de bajar y doblar la cerviz o nuca (parte dorsal del cuello). La dureza de cerviz está más asociada a la altivez, engreimiento, prepotencia, soberbia y vanidad. También la dureza de corazón tiene cierta relación con la inflexibilidad del temperamento, la duda e indecisión al obedecer a Dios Padre, tal es el caso de cierto rey: “Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en altivez, fué depuesto del trono de su reino, y traspasaron de él la gloria” (Daniel 5.20 – RVR1909). La definición acerca de competencias o habilidades blandas o suaves, es de un tiempo más reciente, pero lo que se trata de explicar con esta definición ha existido desde que existe el ser humano. Igualmente en la actualidad se le denomina como inteligencia emocional e inteligencia social, cierto comportamiento y conducta que siempre ha existido. Desde el relato de Adán y Eva se ha manifestado la importancia del compromiso y responsabilidad de nuestros actos, las causas y su efecto, las consecuencias de nuestras acciones y las reacciones. La palabra de Dios ha enseñado y promovido los principios, valores y virtudes para una convivencia entre seres humanos. Este aprendizaje es útil en el centro de formación educativa, desde el punto de vista comunitario, en la organización laboral, núcleo familiar y demás entornos o factores externos de cada persona en el diario vivir. Desde la niñez es necesario este tipo de instrucción, para cuando se llegue a la juventud o adultez no se aparte de estos principios y valores: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 – RVR1909).


La temática del trabajo en equipo fue demostrada por Jesucristo al establecer un grupo de discipulado, durante tres años y seis meses imparte su enseñanza y mensaje como Maestro y Mentor al grupo. Luego una vez capacitados los envía en grupos de dos discípulos, con la misión de llevar las buenas nuevas de salvación, la evangelización y predicación de los valores del reino de Dios. Obsérvese en el siguiente pasaje, que algunos de sus discípulos son iletrados en términos académicos, pero se reconoce el aprendizaje del conocimiento transmitido por Jesucristo: “Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocían que habían estado con Jesús” (Hechos 4.13 – RVR1909). Los discípulos tienen la motivación suficiente para desempeñar su misión, además del amor y don de servicio, la capacidad de enfrentar la adversidad y de mantener su enfoque en lo importante que es Cristo. Las habilidades de idoneidad, con buena aptitud, disposición y suficiencia, en la Biblia son llamadas muchas veces como dones o talentos, por ejemplo el siguiente pasaje: “De manera que, teniendo diferentes dones según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme á la medida de la fe; ó si ministerio, en servir; ó el que enseña, en doctrina; El que exhorta, en exhortar; el que reparte, hágalo en simplicidad; el que preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría” (Romanos 12.6 al 8 – RVR1909).


Jesucristo es la autoridad determinada por Dios Padre para transmitir formalmente y oficialmente el conocimiento celestial. Esta transmisión de conocimiento es una comunicación entre el Padre y el ser humano mediante Jesucristo: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). El conocimiento celestial implica la inteligencia de la acción efectiva de comprender y entender cómo administrar y ejercer el conocimiento esencial de la vida de forma práctica. Lo emotivo es la sensibilidad a las emociones, lo sensual se refiere a las sensaciones de los sentidos, tanto lo emotivo como lo sensual y todo lo relacionado con las emociones y sentimientos requiere de la inteligencia, para reconocimiento de sí mismo y comprensión de las emociones y sentimientos de los demás. La Biblia dice: “… Amarás á tu prójimo como á ti mismo...” (Marcos 12.31 – RVR1909). A nivel de actitud, emoción y sentimiento, se requiere comprender y entender al prójimo como se comprende y entiende la persona así mismo. La inteligencia consiste en la facultad y virtud de entender y comprender su propio ánimo e intención, la introspección (relacionado con nuestro modo de pensar y sentir), para la determinación de la voluntad hacia un determinado fin, con la cautela al actuar y hablar en su interacción respetuosa con otras personas. Ayudado tanto por las habilidades y hábitos del propio carácter y personalidad. En otras palabras, la inteligencia es el manejo de la información contenida en el conocimiento, es la aplicación o ejecución del aprovechamiento y utilidad de este tipo de conocimiento, en la convivencia cotidiana con los demás.


La desventaja del ser humano estriba en el punto de vista ciego, que es la privación de ciertas percepciones actitudinales, donde la persona es inconsciente de su comportamiento o conducta, pero las demás personas a su alrededor observan y perciben dicha situación: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo! ¡Ay de los sabios en sus ojos, y de los que son prudentes delante de sí mismos!” (Isaías 5.20 al 21 – RVR1909). Algunos factores perjudiciales en el punto de vista ciego, están la apatía, conformismo, despreocupación, ignorancia, indecisión, indiferencia y negligencia. Se requiere un análisis detenido y minucioso, conocimiento de la realidad personal, meditación y razonamiento, para lograr un equilibrio en lo emocional, espiritual, físico, intelectual y social. La Biblia dice: “… Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares…” (Génesis 19.17 – RVR1909). Este escape por la vida se posibilita con las autonomías de la persona, mediante Jesucristo en la relación íntima y personal con Dios: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí” (Juan 6.45 – RVR1909). Las autonomías de la persona son las siguientes:
📕 📗 📙 Autoconcepto.
📕 📗 📙 Autoconciencia.
📕 📗 📙 Autoconfianza.
📕 📗 📙 Autoconocimiento.
📕 📗 📙 Autocontrol.
📕 📗 📙 Autocrítica.
📕 📗 📙 Autoestima.
📕 📗 📙 Autoevaluación.
📕 📗 📙 Automotivación.
📕 📗 📙 Autopercepción.
📕 📗 📙 Autorrealización.
📕 📗 📙 Autorreflexión.
📕 📗 📙 Autorregulación.
📕 📗 📙 Autorrenovación.
📕 📗 📙 Autosuperación.
📕 📗 📙 Autotrascendencia.


Esta autonomía de escapar por la propia vida, sin mirar atrás y sin detenerse, es necesaria para conocerse a sí mismo, realizar un análisis de sí, evaluar sus propias aptitudes y conocimientos, valorarse con el aprecio y consideración que se tiene de sí mismo, examinarse a uno mismo, diagnosticar y evaluar para mejorar, impulsarse y motivarse para una realización a plenitud en todos las expectativas, objetivos, metas, planes y proyectos. Además de meditar y reflexionar acerca de sí mismo, en relación con los puntos débiles y fuertes, para superación consciente, según el razonamiento de las opciones y oportunidades. El adquirir la capacidad de control y dominio sobre uno mismo, del cumplimiento de la misión y visión personal frente al entorno de la realidad. Acerca de esta autonomía personal, la Biblia dice lo siguiente: “De manera que, cada uno de nosotros dará á Dios razón de sí” (Romanos 14.12 – RVR1909). Cada persona tiene que asumir su propio compromiso y responsabilidad, nadie rendirá cuentas por uno ante Dios Padre y el Señor Jesucristo. Por esta razón, cada quien tiene que preocuparse por su propia vida, perseverar hasta el fin, persistir con constancia en mejorar como persona para ser del agrado de Dios.


Ninguno podrá alegar desconocimiento: “… aun sin hacerlo á sabiendas, es culpable, y llevará su pecado” (Levíticos 5.17 – RVR1909). Tampoco ninguno tiene potestad de culpar a otro por sus propios actos: “… cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24.16 – RVR1909). Cada quien será responsable de sus acciones: “Si fueres sabio, para ti lo serás: Mas si fueres escarnecedor, pagarás tú solo” (Proverbios 9.12 – RVR1909). Nuestras conversaciones, opiniones y palabras se tomarán en cuenta ante Dios: “Mas yo os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mateo 12.36 al 37 – RVR1909). Esto es común en nuestro tiempo, cuando en las redes sociales se desenfrena la crítica destructiva y voraz, se vuelve una anarquía o desorden incontrolado de las emociones y sentimientos, tanto en lo verbal como en lo visual: “Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5.28 – RVR1909). Esto aplica tanto en hombres como en mujeres, cuando se presentan fotos o imágenes con desnudez insinuante y provocativa, dañina, impropia e inconveniente, con gestos de exhibicionismo de contenido erótico y sexual.


Estos casos mencionados en el párrafo anterior, conforme a la teoría de la actitud, cuando el ser humano presenta una predisposición de reacción, ya sea negativa o positiva, ante determinadas situaciones de su entorno, según el resultado del comportamiento y conducta, se presentan las actitudes definidas de acuerdo con las consecuencias de sus acciones. Por esta razón las actitudes podrían ser agresivas, asertivas, denigrantes, desacertadas, ofensivas, entre otros. En el caso denigrante es cuando se desacredita con insultos y juzgamiento despectivo. Continuando con la teoría, hay un problema de comunicación con varios de los factores mentales, donde se imposibilita la aceptación o entendimiento claro del mensaje, por causa de los complejos, orgullo, miedos, preconceptos, prejuicios, prepotencia, soberbia, temores, timidez, entre otros. Es necesario apropiar los principios y valores como personales, sin embargo, el fundamento de tener los valores primero que los sentimientos, a tal grado de menospreciar las emociones y sentimientos como sin importancia ni valor, está en contra del equilibro integral propio de la composición del ser humano. Equilibrar las características y cualidades proactivas y reactivas, es congruente e integral al ser, en relación con las actitudes, deseos, emociones, habilidades, hábitos, intereses, pensamientos, sentimientos y voluntades. Sumado al resultado del comportamiento y la conducta.


El equilibrio consiste en que tanto nuestra área corporal de influencia proactiva, en la anticipación a los acontecimientos, junto con nuestra área reactiva, de reacción estimulada por lo emocional o sentimental, sean dirigidas hacia el control de Jesucristo y mediante su guía se nos posibilite tomar las mejores decisiones, con las previsiones del caso para prevenir consecuencias presentes y futuras. Esto se logra plenamente si somos verdaderos discípulos de Jesucristo, con su ayuda podemos adquirir el carácter y personalidad de los discípulos, así equilibrar los impulsos con los principios, valores y virtudes transmitidos por Jesucristo. De manera que se tiene la comunicación e información suficiente para deliberar y razonar previamente, antes de actuar o tomar decisiones precipitadas e impulsivas. En este caso como se dice, los principios fluyen de adentro hacia afuera, con una interdependencia recíproca con otras personas para evitar agredir u ofender a otros. Jesucristo enseña: “Mas lo que sale de la boca, del corazón sale; y esto contamina al hombre. Porque del corazón salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias” (Mateo 15.18 al 19 – RVR1909). En este sentido los Salmos indican lo siguiente: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti; Y no quites de mí tu santo espíritu. Vuélveme el gozo de tu salud” (Salmos 51.10 al 12 – RVR1909).


2) El ser y la personalidad

El ser y la personalidad


La personalidad es el conjunto de las características y cualidades propias de cada persona que la distingue de las demás. La misma influye directamente en las funciones vitales de la salud corporal y mental, debido al estilo o modo de vida funcional y saludable, según la particularidad de cada persona, e influye también en la salvación personal de las promesas espirituales de vida eterna. El alma humana es esencialmente persona y vida, es decir, el ser humano como alma viviente es la combinación de una persona con vida. Desde la concepción, fecundación o procreación se constituye un integrante de la especie humana, tanto desde el punto de vista biológico y por la condición como alma viviente. Inclusive en el proceso de gestación a nivel de la combinación natural del ADN de los progenitores, la formación genética y fisiológica contiene un tipo de forma corporal en desarrollo, iniciado con la concepción. Existen muchos tipos de cuerpos, uno es el cuerpo del cigoto, otro el cuerpo del embrión y otro el cuerpo del feto, pero corresponden a un solo proceso corporal. Así como en la simiente vegetal, uno es el cuerpo de la semilla y otro es el cuerpo de la planta y otro es el cuerpo del árbol, de principio a fin corresponde a un solo proceso: “Y lo que siembras, no siembras el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, acaso de trigo, ó de otro grano: Mas Dios le da el cuerpo como quiso, y a cada simiente su propio cuerpo” (1 Corintios 15.37 al 38 - RVR1909). Hay diferentes tipos de cuerpos y tipos de energía presentes en los cuerpos, con la función de realizar el cambio y la transformación.


El inicio de la concepción genera el crecimiento y desarrollo de una memoria energética microscópica, así como a nivel celular y neuronal hay almacenamiento y transmisión de información. Esta memoria energética es indispensable para la formación del ser humano, en su paso de cigoto, embrión y feto, su función posibilita la determinación de las características y cualidades fisiológicas, pero también la facultad de trascender la personalidad manifestada en el transcurso de la vida sucesiva, fuera del vientre de la madre. Ejemplo presentado en Juan el Bautista y en Jesús: “Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena del Espíritu Santo, Y exclamó a gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? Porque he aquí, como llegó la voz de tu salutación á mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre” (Lucas1.41 al 44 – RVR1909). Se presenta una manifestación de emociones y sentimientos en Juan el Bautista desde el vientre, cuando su madre Elisabet tiene apenas seis meses de embarazo: “Y he aquí, Elisabet tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril” (Lucas 1.36 – RVR1909).


La energía es fuerza y poder para producir un efecto, a nivel de memoria energética en la formación del cigoto, embrión y feto, hay un proceso de crecimiento, desarrollo, nutrición y reproducción, con la contribución de los genes. Ahora bien, en el caso de la energía como alma viviente, es la fuerza de inteligencia, sensibilidad y voluntad que involucra las emociones y sentimientos inherentes al ser humano. Todo esto es innato, o sea, desarrollado y formado antes del nacimiento de la persona y su composición inicial, biológica, genética y fisiológica, tiene componentes previos utilizados en la formación de las neuronas. Se mezcla la forma de energía de la materia del ser vivo, con el componente inmaterial de lo que no es físico sino espiritual, por ejemplo, la intención y motivo que se trae al nacer y manifestado con las reacciones posteriores en la niñez.


Un claro ejemplo es la presencia del amor o su ausencia en el desamor, visible en el egoísmo, la envidia, el odio, el resentimiento y la venganza. La memoria energética no transmite por heredad genética la simiente del bien o del mal, sino una especie de código común para cada ser humano en formación, originado y transmitido genéticamente de forma connatural (congénito), desde el principio con Adán y Eva (causa desencadenante), y con el contenido de la duda e indecisión al obedecer a Dios. Por esta razón desde la niñez se requiere instrucción de la palabra de Dios: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que toda espada de dos filos: y que alcanza hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4.12 – RVR1909). El ser humano es un ser de vida integral en lo corporal y en lo mental, el corazón representa la manifestación de sus emociones y sentimientos generados por sus pensamientos e intenciones.


Existen distintas formas de energía transformables, o sea, energías con la posibilidad de cambiar a otro tipo de energía. El espíritu es la energía o fuerza vital, asociado a la fuerza de voluntad, conocido como el principio generador de la intención y motivación personal. Este tipo de energía nos anima e infunde esfuerzo y vigor, para contribuir con el proceso mental de activar y concienciar a la persona en sus actividades cotidianas. Así como es el espíritu energético de la persona así es su intención y motivación. El componente material de apoyo utilizado por el espíritu de vida es el aire u oxígeno, junto con la función de respiración del ser humano, además de la oxigenación que bombea el corazón a todo el cuerpo con la sangre rica en oxígeno. El espíritu como energía puede llegar a la impureza o a la santificación, además de consagración para honrar a Dios el creador. Por ejemplo, Jesucristo preexistía antes de ser enviado por Dios Padre en su primera venida, con anticipación era anunciado proféticamente acerca de su misión encomendada, su intención personal (Espíritu de Cristo) sirve de inspiración para otros que siguen su ejemplo de vida: “Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas. De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir á vosotros, han inquirido y diligentemente buscado. Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir á Cristo, y las glorias después de ellas” (1 Pedro 1.9 al 11 – RVR1909).


Dios Padre delega en Jesucristo toda la potestad, para libertar al ser humano de la naturaleza de la duda e indecisión congénita al obedecer a Dios, contenida dentro de la esencia caracterizada de forma o manera particular, según el aspecto de la personalidad de cada individuo, y que depende de los factores afectivos, característicos, emocionales y sentimentales con lo cual se le puede conocer, determinar o identificar, en su ser y en el reaccionar. Hay diferencia entre el concepto o noción de espíritu y espiritualidad. El ser humano por naturaleza tiene la energía e intención del espíritu, con las funciones mentales del intelecto y de la racionalidad, pero con estas funciones solamente se adquiere conocimiento que atañe a la vida natural, en el sentido de las cuestiones de ocupación y subsistencia, como de agricultura, alimentación, arte, ciencia, comercio, comunidad local, cultura, deportes, educación, economía, emprendimiento, esparcimiento, estudio laboral, profesional y técnico, familia, financiamiento, industria, negocio, política, salubridad, sociedad en general, tecnología y trabajo. Estos elementos están contenidos básicamente en cada gobierno, población y territorio de las naciones a nivel mundial.


En el caso de la espiritualidad corresponde a la persona desapegada a lo material y terrenal, mediante la consagración y santificación, entendida en las cuestiones de Dios, practicante de los principios y valores del evangelio y reino de Dios, además de ser una persona portadora del conocimiento espiritual, culta y educada en la lectura de la palabra de Dios, que reconoce la excelencia y superioridad de la Sagrada Escritura, sensible en ayudar a los demás y experta en el ejercicio de la religión pura y sin mancha, en hacer el bien y la justicia, apartado de la maldad y del pecado: “La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo” (Santiago 1.27 – RVR1909). Especialmente en nuestro contexto, la espiritualidad es el paso previo para trascender al conocimiento celestial de Jesucristo. Por cierto, más que una importancia eclesiástica o religiosa, la espiritualidad es seguir y servir a Jesucristo como el camino para la salvación y vida eterna. Es demostrar con acciones la fidelidad de auténtico o genuino discípulo de Jesucristo, en relación con su ejemplo, mensaje y modelo de vida. La palabra de Dios dice acerca de Jesucristo:


“Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.34 al 38 – RVR1909).

En relación con la constitución del ser humano, en su composición corporal, propiedades eléctricas, físicas y magnéticas, se contienen elementos esenciales compuestos por los átomos y las moléculas, para los procesamientos químicos del organismo natural, y con fuerzas de enlace químico y de atracción. Semejante a los procesos en lo corporal, así sucede en lo espiritual, a través del ejemplo y la práctica, se irradia y propaga un efecto que influencia en la conducta y comportamiento de otros, también mediante el estímulo y la reacción de la inteligencia emocional y social, además de la impresión anímica o psíquica determinada por los sentimientos. La integración de la persona abarca los aspectos anatómicos, biológicos y psicológicos, que inclusive en algunos casos se podría presentar una alteración y patología anatómica, por causa de las acciones y reacciones de las emociones y sentimientos. Por consiguiente, puede resultar en una alteración psicológica, por la condición, comportamiento y estado de la conciencia. Por esta razón, según la gravedad y deficiencia orgánica, a nivel de psiquiatría se ayuda con tratamientos químicos de los medicamentos.


Esto significa que hay una complementariedad, integración y relación entre lo corporal y lo espiritual, o sea, entre el cuerpo, comportamiento y conducta. El alma humana es la persona con vida, que se compone del cuerpo y espíritu de vida, en otras palabras de cuerpo con las funciones de la respiración y de la mente. Pero la espiritualidad viene a ser la forma de conducirse y comportarse, con la dirección y guía de Dios, para cumplir su obediencia sin duda ni indecisión: “Así ha dicho Jehová, Redentor tuyo, el Santo de Israel: Yo Jehová Dios tuyo, que te enseña provechosamente, que te encamina por el camino que andas” (Isaías 48.17 – RVR1909).


Otra analogía o relación de semejanza entre lo corporal y lo espiritual, atañe a la capacidad o cualidad de cambio. Por ejemplo, el metabolismo del conjunto de reacciones bioquímicas y procesos fisicoquímicos a nivel celular y en el organismo en general, presentan la posibilidad de cambiar químicamente la esencia o naturaleza de ciertas sustancias, con procesos acoplados que utilizan la energía. En el caso de lo espiritual se requiere para el cambio de la persona, los procesos interrelacionados de arrepentimiento, conversión y resarcimiento, mediante las acciones de consagración y santificación. Esto contribuye a contrarrestar o al menos mitigar moralmente, el orgullo y la soberbia, resultado de la duda e indecisión al obedecer a Dios. Lo cual se arrastra genéticamente por generaciones en la memoria energética heredada desde Adán y Eva, nuestro origen en la especie humana: “Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos los vivientes” (Génesis 3.20 – RVR1909).


Este es nuestro origen o principio como linaje humano o conjunto de todos los descendientes de Adán y Eva: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay,… pues él da a todos vida, y respiración, y todas las cosas; Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la faz de la tierra…” (Hechos 17.24 al 26 – RVR1909). La pregunta es: ¿fueron creados Adán y Eva con la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios? Para encontrar una respuesta se necesita analizar el antes y el después de Adán y Eva. Antes fueron creados a imagen de Dios: “Y crió Dios al hombre á su imagen, á imagen de Dios los crió; varón y hembra los crió” (Génesis 1.27; 9.6 – RVR1909). Posteriormente en la genética se transmiten los genes encargados del envejecimiento, entonces los descendientes de Adán pasan a ser a su imagen mortal, en lugar de la imagen eterna de Dios: “Y vivió Adam ciento y treinta años, y engendró un hijo á su semejanza, conforme á su imagen, y llamó su nombre Seth” (Génesis 5.3 – RVR1909). El resto de la creación sufre también el envejecimiento:


“Dije: Dios mío, no me cortes en el medio de mis días: Por generación de generaciones son tus años. Tú fundaste la tierra antiguamente, Y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán, y tú permanecerás; Y todos ellos como un vestido se envejecerán; Como una ropa de vestir los mudarás, y serán mudados: Mas tú eres el mismo, Y tus años no se acabarán. Los hijos de tus siervos habitarán, Y su simiente será afirmada delante de ti” (Salmos 102. 24 al 28 – RVR1909).


La imagen de Dios es su eternidad y se hace una referencia a su semejanza: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza” (Génesis 1.26 – RVR1909). La alusión a la semejanza se refiere a la santidad porque Dios es Santo: “Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación: Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1.14 al 16 – RVR1909). La ignorancia de la voluntad de Dios es duda e indecisión a su obediencia. En el caso de Adán y Eva dejaron de ser libres y perfectos de la culpa, o sea, cometen voluntariamente la desobediencia ante Dios, por causa de la duda e indecisión de obedecer. La aquiescencia es el consentimiento y conformidad sufrido entre Adán y Eva, antes de comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, se relajan y tranquilos desafían la voluntad de Dios, alegando que la fidelidad y obediencia a Dios es una decisión personal, sin importar las consecuencias, en lugar de tener una firme decisión de obedecer a Dios sin ningún tipo de duda. Por ejemplo, Jesucristo dijo: “Mas yo os digo, que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5.28 – RVR1909).


Así fue el caso de Adán y Eva, el comer del fruto fue cuestión de tiempo, la disposición ya estaba en la mente y voluntad, nuevamente reiteramos, el corazón representa la manifestación de sus emociones y sentimientos generados por sus pensamientos e intenciones: “Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también á su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3.6 – RVR1909). Adán y Eva pierden la virtud especial de estar y ser dedicados a Dios, porque toman su propio camino sin santidad, ejercen su derecho al libre albedrío, y se apartan de los deberes y obligaciones de la relación con Dios. Su castigo es transmitir genéticamente los genes del envejecimiento, debido a la mortalidad, pero con las aspiraciones de su dependencia a Dios para llegar a recibir vida eterna, mediante la santificación de la espiritualidad a través de Jesucristo: “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor” (Efesios 1.3 al 4 – RVR1909). Para volver a restaurar la semejanza en santidad del ser humano con Dios, es requisito indispensable cumplir con la palabra de Dios: “Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en temor de Dios” (2 Corintios 7.1 – RVR1909).


3) El temperamento con la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios

El temperamento con la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios


La duda es un estado mental de la persona frente a una propuesta contraria a su propio deseo, ligada a la indecisión, máxime cuando se tiene con indiferencia la conveniencia o inconveniencia a la hora de tomar una decisión. El problema en relación con la obediencia a Dios, se presenta cuando el ser humano contrario a la fidelidad o lealtad, determina que es un dilema el obedecer a Dios, o sea, que la decisión no es conveniente para sus propios intereses, porque tendría que renunciar a su propia voluntad y someterse a la voluntad de Dios. Se tiene a las dos premisas de desobedecer u obedecer como similares, donde la persona concluye que le da igual la consecuencia o resultado de ambas, pero sin dar importancia a la obediencia. La verdadera disyuntiva está en el resultado de la decisión de obedecer a Dios como excluyente del desenlace de la desobediencia.


Aunque existe la posibilidad del libre albedrío para la toma de cualquier decisión, Dios no acepta la duda ni la indecisión como pretexto, sino solamente el hacer su voluntad, por esta razón Dios ofrece promesas de salvación y vida eterna, para incentivar y motivar la fidelidad a su obediencia. La resolución o decisión de la duda de obedecer a Dios es impostergable, como el supuesto de tomar una determinación en el momento de la agonía antes de morir. Estas personas viven sin discernir o distinguir la diferencia, entre vivir desobedientes u obedientes a Dios, envejecen sin un cambio o transformación de conciencia y sin propensión de sujeción a la voluntad de Dios. Por ejemplo, hay actos vergonzosos cometidos por personas sin sentir o tener vergüenza, contrarios al decoro, honestidad, honor, honra, prestigio y pudor, por ser acciones contra la integridad de la persona ante Dios, sin embargo, algunos cometen actos repudiables sin ningún tipo de vergüenza: “¿Qué fruto, pues, tenías de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? Porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.21 al 23 - RVR1909).


Tener por fruto la santificación es un requisito indispensable para ser semejantes a Dios y lograr ser a su imagen con la finalidad de la vida eterna. La predisposición y tendencia biológica del temperamento tiene una causa física (propiedades de la energía y de la materia) y un efecto en las facultades mentales, además de un origen divino y una finalidad espiritual. El temperamento es portador de un código energético como parte de la memoria energética intrínseca en todo ser humano. Este código es el elemento o esencia activador del conocimiento celestial, camuflado o enmascarado como la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios. La historia de la humanidad muestra como Dios se comunica con el ser humano de muchas formas: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.1 al 2 – RVR1909). En los últimos tiempos determina en Jesucristo toda la potestad de ser la luz que ilumina la duda e indecisión para la obediencia a Dios:


“El que cree en el Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo: el que no cree á Dios, le ha hecho mentiroso; porque no ha creído en el testimonio que Dios ha testificado de su Hijo. Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas he escrito á vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si demandáremos alguna cosa conforme á su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5.10 al 14 – RVR1909).

La falta de confianza y seguridad en Dios provoca la dureza del corazón en el sentido simbólico y está asociado a la falta de flexibilidad del temperamento. Los químicos cerebrales (neurotransmisores) tienen relación con los pensamientos y sentimientos, nuevamente se afirma que el corazón representa la manifestación de las emociones y sentimientos generados por los pensamientos e intenciones, así el temperamento es definido por la genética y cierto grado de estimulación energética, que es representado por la dureza de corazón o un corazón de piedra. Impera la nulidad de cambio por medio de las acciones, hay dificultad de control, tampoco aprendizaje o educación, sino heredad biológica, de origen genético no modificable. La única alternativa detonante de incitar una irradiación de luz, que estimule energéticamente un cambio y modificación del temperamento, para superar la duda e indecisión de obedecer a Dios, es mediante Jesucristo: “Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza” (Efesios 4.17 al 19 – RVR1909).


Este sentido está vinculado a la comprensión y entendimiento del conocimiento celestial, transmitido por Jesucristo para auxiliar a quienes están en la ignorancia, del conocimiento de Dios Padre, porque el entenebrecimiento se relaciona con la ausencia de la luz de Jesucristo, en los temperamentos duros de piedra aferrados a la duda e indecisión de obedecer a Dios: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.12 – RVR1909). Mientras las personas permanezcan en tinieblas estarán sin comprensión de la luz de Jesucristo: “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron” (Juan 1.4 al 5 – RVR1909).


Si el temperamento es heredado e innato, genéticamente sin la posibilidad de modificar, sin poder cambiar por el ambiente o el hábitat, es biológico sin la capacidad de aprendizaje o educación, además de difícil de controlar, entonces únicamente el poder de Dios puede guiar a la persona, porque para Dios no hay nada imposible, es factible cambiar, modificar o transformar: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – RVR1909). En la actualidad las personas buscan mejorar y dar un mayor sentido a su vida cotidiana, por medio del conocimiento de las virtudes y de la expresión temperamental, enfocado más hacia un temperamento espiritual: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, gente santa, pueblo adquirido, para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). Otros sistemas que influyen en el comportamiento y la conducta están el sistema Endocrino, relacionado con las glándulas y las hormonas, además del sistema nervioso, que contribuyen para el funcionamiento fisiológico adecuado del organismo y todo lo referente a los procesos corporales.


4) El Origen del bien y del mal

El origen del egoísmo, la envidia y el odio


El egoísmo es un extremo y aparente amor de sí mismo, mediante el pensamiento enfocado solamente en su propio agrado, complacencia, gusto o voluntad. La envidia es un sentimiento de dolor y tristeza de una persona, por causa del bien ajeno, o sea, debido al bienestar y felicidad de otra persona. El egoísmo sumado a la envidia genera el odio o aversión hasta llegar a la repugnancia y deseo del mal hacia una persona. Analicemos las pistas de la Biblia acerca del origen del bien y del mal, los indicios del hilo conductor están repartidos en varios pasajes bíblicos para la averiguación y demostración de este origen. Iniciemos con la siguiente afirmación de la energía y santidad de Dios en la creación: “¿A qué pues me haréis semejante, ó seré asimilado? Dice el Santo. Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién crió estas cosas: él saca por cuenta su ejército: á todas llama por sus nombres; ninguna faltará: tal es la grandeza de su fuerza, y su poder y virtud” (Isaías 40.25 al 26 – RVR1909).


En el principio únicamente existía la energía creadora, y la forma corporal de la energía creadora era la energía misma, con su propia mente, pensamientos e intenciones, con deseos, emociones y sentimientos. La particularidad de esta energía es el amor invisible, manifestado posteriormente en forma visible mediante Jesucristo: “El que no ama, no conoce á Dios; porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió á su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no que nosotros hayamos amado á Dios, sino que él nos amó á nosotros, y ha enviado á su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4.8 al 10 – RVR1909). En el caso de la energía creadora de Dios Padre y su poder para actuar es su Espíritu Santo: “Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.24 – RVR1909). La energía de Dios es el origen del principio, luego con la creación surge la materia o forma de energía con los atributos de relación con el espacio, masa y tiempo: “Por la fe entendemos haber sido compuestos los siglos por la palabra de Dios, siendo hecho lo que se ve, de lo que no se veía” (Hebreos 11.3 – RVR1909).


La energía de Dios o Espíritu de Dios transmite el conocimiento necesario para alumbrar el entendimiento: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos” (Efesios 1.17 al 18 – RVR1909). Este pasaje menciona a Dios como el Padre, por cierto, el libro de Job mucho antes de la primera venida de Jesucristo, hace referencia a la expresión “los hijos de Dios”: “Y un día vinieron los hijos de Dios á presentarse delante de Jehová, entre los cuales vino también Satán. Y dijo Jehová a Satán: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satán á Jehová, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella. Y Jehová dijo á Satán: ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?” (Job 1.6 al 8 y 2.1 al 3 – RVR1909).


La mención de apartado de mal hace alusión a la santidad. Precisamente en relación con adorar a Dios en espíritu y en verdad, se requiere el alumbramiento de los ojos del entendimiento, así como dice Job: span>“Y respondió Job á Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin ciencia? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; Cosas que me eran ocultas, y que no las sabía. Oye te ruego, y hablaré; Te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento En el polvo y en la ceniza” (Job 42.1 al 6 – RVR1909). Job dice: “Mas ahora mis ojos te ven…” Estos ojos son los de la comprensión y entendimiento, porque Dios es invisible: “Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo; En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados: El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura” (Colosenses 1.13 al 15 – RVR1909), nadie le ha visto: “A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1.18 – RVR1909).


Jesucristo asegura que nadie ha visto al Padre: “Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer” (Juan 5.37 – RVR1909). También en otro pasaje se indica la siguiente similitud: “No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (Juan 6.46 – RVR1909). Pero si Dios es invisible como Jesucristo ha visto al Padre. Lo que pasa es que Jesucristo vino a dar a conocer al Padre, por ejemplo, en amor, compasión, fe, justicia, misericordia, paz y santidad:


“Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras” (Juan 14.8 al 11 – RVR1909).

La misma creación demuestra y es prueba de la existencia de Dios como creador: “Porque las cosas invisibles de él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas, de modo que son inexcusables” (Romanos 1.20 – RVR1909). Entonces, si Dios es el creador del ser humano, ¿quién es el responsable del bien y del mal? El responsable es el mismo ser humano al tomar sus propias decisiones por medio del libre albedrío, y sufre las consecuencias de sus acciones, congruente con el resultado de la causa y efecto, lo conocido como causalidad. La consecuencia establece una relación entre la conducta y los principios de la persona. Dios realiza la creación del ser humano con su constitución innata del temperamento, con una conexión o enlace de éste con la personalidad, debido a la dependencia que tienen entre sí. También se ha mencionado entre las funciones del temperamento, la portabilidad de la duda e indecisión al obedecer a Dios, que a pesar de ser una patología por perturbar o trastornar el sentido del entendimiento o la razón capaz de discernir, es finalmente el ser humano quien ejerce sus decisiones.


Por lo tanto, la duda e indecisión al obedecer a Dios, aunque sea connatural (congénita), es neutral en relación con la transmisión del bien y del mal. La duda e indecisión no es buena o mala en sí misma, sino que es afectada por la influencia, que es un poder generador de la acción y efecto de influir en la voluntad, o sea, producir ciertos efectos buenos o malos en el pensamiento y las acciones de la persona. Esta influencia sí procede del bien o del mal, por ejemplo, tenemos el siguiente caso: “Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (Hechos 13.8 al 10 – RVR1909). Al parecer el tipo de influencia nos lleva a actuar como hijos de Dios o hijos del diablo. Ya desde el libro de Génesis al principio menciona a los hijos de Dios: “Y acaeció que, cuando comenzaron los hombres á multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas. Viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomáronse mujeres, escogiendo entre todas. Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne: mas serán sus días ciento y veinte años” (Génesis 6.1 al 3 – RVR1909).


Los hijos de Dios eran las personas influenciadas y practicantes del bien, viendo la apariencia de hermosura física de las personas influenciadas por el mal, se mezclaron para aparear incitados por la lascivia y sensualidad, impulsados más como instinto animal e irreflexivo (carnales), en lugar de unidos por Dios en un acto de procreación matrimonial (espirituales). El medio de influencia del mal es la apariencia, engaño y la mentira:


“Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle entonces: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, que es Dios. Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amaríais: porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió. ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje? porque no podéis oír mi palabra. Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8.41 al 44 – RVR1909).

Desde un principio Caín es injusto y mata a su hermano Abel. En Caín prevalece el egoísmo, la envidia y el odio, fortalecidos por el orgullo y la soberbia. Tanto Abel como Caín actúan sin predisposición al bien o el mal, sino que son sometidos a la influencia del bien y del mal. Por otra parte, cada uno tiene su propio temperamento, que a manera de caballo de Troya es portador de la Duda e indecisión al obedecer a Dios. Hasta aquí, no hay falta ni pecado, sino semejantes a un árbol que con sus frutos se da a conocer la clase de árbol, así en la práctica del bien: “Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él. Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.7 al 8 – RVR1909).


Es fundamental identificar el estado, condición o momento, cuando se cumple en una persona la expresión de que el pecado está por entrar en la puerta. Esto es la influencia que incide o induce, llamada comúnmente como tentación previa al pecado. La duda e indecisión de ninguna manera es pecado, tampoco la tentación, ésta última aprovecha la propia concupiscencia o deseo de ambición y codicia de cada persona. La concupiscencia es semejante a una debilidad personal, por donde se podría filtrar la tentación para ocasionar el daño del pecado. La concupiscencia es como la última frontera para hacer frente contra el pecado, por lo tanto, es en la concupiscencia donde de ninguna manera se puede dar cabida o lugar al pecado. La decisión cuyo resultado es cometer bien o mal contra uno mismo o contra el prójimo, determina e identifica a quienes actúan como hijos, ya sea de Dios o del diablo: “En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios. Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros. No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3.10 al 12 – RVR1909).


5) El amor, la justicia y el temor de Dios

El amor, la justicia y el temor de Dios


El amor, la justicia y el temor de Dios Padre, siendo invisible, se manifiestan y hace visible a través de su Hijo, quien representa la misma sustancia o esencia del Padre: “Dios,… En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia… Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1.1 al 4 – RVR1909).


El libro de Éxodo menciona el Ángel con el nombre de Dios (el subrayado es nuestro): “He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él (Éxodo 23.20 al 21 – RVR1909). Dios Padre permite recibir la alabanza, gloria y honra solamente a través de su Hijo, de ninguna manera hay otro Dios Padre diferente, ni dará la alabanza y gloria a otro Dios que no sea su propio Hijo, a quien ha escogido: “He aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio á las gentes… Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42.1 y 8 – RVR1909). El profeta Oseas hace mención de la situación del pueblo y de cómo su patriarca Jacob realiza la hazaña de luchar con el ángel: “Pleito tiene Jehová con Judá para visitar á Jacob… En el vientre tomó por el calcañar á su hermano, y con su fortaleza venció al ángel… y prevaleció;… Tú pues, conviértete á tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre” (Oseas 12.3 al 7 – RVR1909). A Dios Padre nadie le puede ver, sin embargo, al Hijo en el caso de Jacob le ve cara a cara en su lucha con el ángel: “… porque has peleado con Dios… Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre?... Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel, porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma” (Génesis 32.28 al 30 – RVR1909).


También a Moisés se le presenta el ángel con el nombre de Dios: “… Y apareciósele el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró… Y viendo Jehová que iba á ver, llamóle Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí” (Éxodo 3.1 al 4 – RVR1909). Esto se explica en Hechos de los apóstoles: “Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sinaí, con fuego de llama de una zarza… A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza… Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte…” (Hechos 7.30, 35 y 38 – RVR1909).


Este ángel lleva el nombre de Dios porque en Éxodo dice: “Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara, como habla cualquiera á su compañero…” (Éxodo 33.11 – RVR1909). Así el Hijo lleva el nombre del Padre. El profeta Zacarías menciona lo siguiente: “Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias á aquel ángel que hablaba conmigo” (Zacarías 1.12 al 13 – RVR1909). El ángel de Jehová es único, es su propio Hijo y quien representa al Padre, tanto en el séquito celestial como entre los seres humanos, ya que podemos ver al Hijo, que habla con el ser humano cara a cara, pero al Padre nadie le puede ver y sobrevivir: “Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33.20 al 23 – RVR1909).


La Biblia dice: “A Dios nadie le vió jamás…” (Juan 1.18). Además se dice: “Ninguno vió jamás á Dios…” (1 Juan 4.12). La representación del Hijo está definida por un tiempo determinado: “Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad… el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.24 al 28 – RVR1909). La Biblia confirma la presencia del ángel de Jehová en la salida de Egipto y su representación en nombre del Padre: “Y El ángel de Jehová subió de Gilgal á Bochim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado á vuestros padres; y dije: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros” (Jueces 2.1 – RVR1909). Según otro pasaje bíblico el ángel de Dios es el ángel de Jehová que el ser humano puede ver sin morir:


“Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. Y extendiendo el ángel de Jehová el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de delante de él. Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto el ángel de Jehová cara á cara. Y Jehová le dijo: Paz á ti; no tengas temor, no morirás” (Jueces 6.20 al 23 – RVR1909).

La ventaja de la gran cantidad de libros de la Biblia, es la posibilidad de estudiar e investigar la palabra de Dios con profundidad del pensamiento, esto nos permite encontrar pistas y unir eslabones, para entrelazar un hilo conductor de la trama bíblica. Entonces, por consiguiente, es inevitable la mención textual de los versículos para encadenar un argumento, como dice las mismas Escrituras: “¿A quién se enseñará ciencia, ó á quién se hará entender doctrina? ¿A los quitados de la leche? ¿á los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá: … La palabra pues de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá…” (Isaías 28.9 al 13 – RVR1909).


Observemos algunos detalles acerca del tema analizado y presentado a los padres de Samsón: “A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido: mas concebirás y parirás un hijo” (Jueces 13.3 – RVR1909). El ángel de Jehová aparece a la madre de Samsón antes de quedar embarazada y ella describe algunas características acerca del ángel: “Y la mujer vino y contólo á su marido, diciendo: Un varón de Dios vino á mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre” (Jueces 13.6 – RVR1909). Ahora veamos lo interesante acerca del nombre cuando Manoa, padre de Samsón, dialoga con el ángel: “Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?” (Jueces 13.17 al 18 – RVR1909). El nombre del ángel de Jehová es oculto, luego Manoa declara que ha visto a Dios: “Y el ángel de Jehová no tornó á aparecer á Manoa ni á su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa á su mujer: Ciertamente moriremos, porque á Dios hemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto” (Jueces 13.21 al 23 – RVR1909).


El nombre oculto es el nombre de Dios Padre (YHVH, relacionado con existencia o ser), que es compartido con su Hijo, por esta razón Manoa y la mujer ven al ángel de Jehová como ver a Dios, pero es Dios el Hijo. Así está escrito en los Salmos acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: Vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la maldad: Por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de gozo sobre tus compañeros” (Salmos 45.6 al 7 – RVR1909). Dios es Padre debido a la existencia de su Hijo, así en cada época de espacio y tiempo su Hijo se manifiesta relacionado como el ángel de Jehová, o como el principal del séquito celestial, o sea, el arcángel Miguel, y como Jesucristo mesías y salvador. Esto significa que a través del Hijo: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5.8 – RVR1909), es que se cumple que Dios sea Padre mediante la obediencia y sujeción de su Hijo ejemplar y modelo de vida. Tal es el caso del amor, justicia y temor de Dios. Así es que encontramos en Isaías: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Principe de paz” (Isaías 9.6 – RVR1909).


Desde el primer libro de la Biblia, el Génesis, se hace mención de lo que venimos tratando. Por ejemplo, el caso del ángel de Jehová y Agar, quien servía en la casa de Abraham: “Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre… Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered” (Génesis 16.10 al 14 – RVR1909). Otro ejemplo, es del ángel de Jehová y Abraham, en el caso de su hijo Isaac:


“Entonces el ángel de Jehová le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios… Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar…” (Génesis 22.11 al 18 – RVR1909).

Finalmente se hace mención del caso de Jacob: “Y díjome el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo digo: Heme aquí… Yo soy el Dios de Beth-el, donde tú ungiste el título, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete á la tierra de tu naturaleza” (Génesis 31.11 al 13 – RVR1909).


6) La teoría del paradigma y la percepción

La teoría del paradigma y la percepción


Las teorías filosóficas y religiosas en lo concerniente al misterio, mito o lo sagrado, surgen de la especulación, mediante la observación atenta y la investigación minuciosa, con la aplicación y desarrollo del pensamiento profundo, tanto en el escrutinio de conjeturas, creencias o supuestos. Hay una presunción y vanidad infundada: “Porque habiendo conocido á Dios, no le glorificaron como á Dios, ni dieron gracias; antes se desvanecieron en sus discursos, y el necio corazón de ellos fue entenebrecido. Diciéndose ser sabios, se hicieron fatuos” (Romanos 1.21 al 22 – RVR1909). Esta profundidad del pensamiento se genera de acuerdo con la capacidad del mismo ser humano, sin ser necesariamente consecuente con el pensamiento o mentalidad de Jesucristo, según su transmisión del conocimiento celestial: "Mirad que ninguno os engañe por filosofías y vanas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los elementos del mundo, y no según Cristo: Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente” (Colosenses 2.8 al 9 - RVR1909).


Las sutilezas son conceptos vanos e impresionables para quienes desconocen la preeminencia de Cristo: “Y en él estáis cumplidos, el cual es la cabeza de todo principado y potestad” (Colosenses 2.10 – RVR1909), porque son conceptos construidos sin el fundamento de Cristo, por consiguiente sin exactitud y profundidad en el conocimiento enviado directamente de Dios Padre, a través de Jesucristo. Solamente con base en la capacidad humana de formular conceptos fundamentados en sus propias creencias e hipótesis: “Los cuales mudaron la verdad de Dios en mentira, honrando y sirviendo á las criaturas antes que al Criador, el cual es bendito por los siglos. Amén” (Romanos 1.25 – RVR1909). Estas teorías la humanidad las asume como ejemplos o modelos, aunque sea fuera de Cristo, ya que el ser humano por sí mismo, debido a su autonomía de entendimiento, ejerce su argumento particular por su propia cuenta o razón, con el comentario, interpretación u opinión, sin tomar en cuenta a Jesucristo. Las consecuencias son el carecer de la capacidad o posibilidad de comprobar o examinar la realidad o verdad celestial del testimonio de Cristo, una justificación y prueba de la verdad, verificable con la exactitud de la fuente o procedencia directa de Dios, según el pensamiento de los discípulos de Jesucristo: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 - RVR1909).


En otras palabras, el ser humano da por sentado o supone un razonamiento hipotético, como una verdad absoluta, a pesar de la limitación humana de basarse en la percepción de sus sentidos, para justificar una creencia como verdadera. Recibir la comprensión del conocimiento espiritual restringido por el alcance de la percepción natural, en lugar de la intervención del conocimiento celestial provisto por Jesucristo, se queda en un radio de acción o influencia exclusivamente en lo natural, sin poder trascender a lo espiritual: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.14 - RVR1909).


Por lo tanto, si hay restricción para acceder al conocimiento espiritual, con más dificultad se podría tener acceso al celestial, porque se le imposibilita a los seres humanos el identificar y reconocer con claridad a Jesucristo, su ejemplo, legado y modelo de vida cotidiana. Esta imposibilidad humana es causada por la influencia de los paradigmas de cada persona, con sus propias percepciones de la vida y filosofías de convivencia, arrastrados mayormente por las corrientes masivas junto con los demás integrantes de la sociedad: “Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte” (Proverbios 14.12 y 16.25 – RVR1909). El verdadero protagonista de la vida es Jesucristo, quien es digno del primer plano de admiración y seguimiento, el primer lugar y la prioridad de nuestra atención, con toda la alabanza, gloria y honra: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). ¿Cómo se puede incorporar a la personalidad humana la experiencia vivida por Jesucristo aquí en el planeta Tierra? Hay una gran diferencia entre ser un observador de la teoría de sus enseñanzas o un verdadero practicante de la vivencia de Jesucristo.


Desde el principio en la creación ocurre un ardid, o sea, un artificio para lograr el engaño y la mentira en Adán y Eva: “Mas temo que como la serpiente engañó á Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo” (2 Corintios 11.3 – RVR1909). La simplicidad implica sinceridad libre de fingimiento, sin apariencia o simulación, sin el artilugio de la trampa, para burlar o perjudicar con hacer creer lo que no es verdad. Así surgen una infinidad de creencias y doctrinas eclesiásticas que ocultan u opacan la gloria de Jesucristo. La muchas enseñanzas sin trascendencia y contrarias a resaltar la misión y vida ejemplar de Jesucristo, como modelo de la cotidianidad. El engaño y mentira de vivir una vida sin Cristo y aún así pretender cumplir con una vida para Dios Padre: “Nadie os engañe con palabras vanas; porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia. No seáis pues aparceros con ellos; Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz” (Efesios 5.6 al 8 – RVR1909).


¿Cuál es el engaño y mentira? Hacer creer una postura sesgada como una verdad a medias, es una falacia elaborada con astucia como palabra de Dios, con un rumbo torcido y cortado al establecido verdaderamente por Dios: “… ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto? Y la mujer respondió á la serpiente:… dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis. Entonces la serpiente dijo á la mujer: No moriréis” (Génesis 3.1 al 4 - RVR1909). ¿En pos de quién va la humanidad, a quién siguen con gran devoción en el primer lugar? Porque si no es a Jesucristo establecido por Dios Padre, entonces es en vano: “Que decían en alta voz: El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza. Y oí á toda criatura que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y que está en el mar, y todas las cosas que en ellos están, diciendo: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la bendición, y la honra, y la gloria, y el poder, para siempre jamás” (Apocalipsis 5.12 al 13 – RVR1909).


La serpiente desempeña una actuación y papel de hipocresía, inclusive con la apariencia de un ser de confianza y justicia, igual sus servidores: “Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras” (2 Corintios 11.15 – RVR1909). Esto no representa la obra auténtica o genuina de Jesucristo, sino un ministerio de falsos servidores para su propio beneficio e intereses mezquinos: “Porque los tales no sirven al Señor nuestro Jesucristo, sino á sus vientres; y con suaves palabras y bendiciones engañan los corazones de los simples” (Romanos 15.18 – RVR1909). En este caso los simples se refieren a quienes con la mentira se dejan engañar, por aquellos que son enemigos del sacrificio de Cristo: “Cuyo fin será perdición, cuyo dios es el vientre, y su gloria es en confusión; que sienten lo terreno” (Filipenses 3.19 – RVR1909).


Hay una coherencia entre la hipocresía descrita desde el principio con la serpiente, Adán y Eva, en relación con los que aparentan ser servidores de Cristo y no lo son: “Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste,… Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.13 al 15 – RVR1909). Adán y Eva en un principio conocen solamente el bien, la serpiente astuta representa en cierta forma el mal y la muerte. Esta serpiente en específico tiene un interés de que Adán y Eva pasen a conocer el mal y por consiguiente como consecuencia la muerte. Hay un complot, confabulación o conspiración entre la simiente de origen o procedencia de la serpiente, o sea, de quienes cultivan y cosechan la semilla del mal, contra la simiente de Cristo, sin embargo, Jesucristo con el bien vence el mal y la muerte:


“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo. Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre. Porque ciertamente no tomó á los ángeles, sino á la simiente de Abraham tomó. Por lo cual, debía ser en todo semejante á los hermanos, para venir á ser misericordioso y fiel Pontífice en lo que es para con Dios, para expiar los pecados del pueblo” (Hebreos 2.14 al 17 – RVR1909).

El principio del Génesis muestra el anuncio de enemistad entre la mujer y la serpiente, entre sus simientes, y las heridas en la cabeza y el calcañar o talón. ¿Qué significa esta simbología? Al parecer una serpiente aún con herida en la cabeza, conserva su capacidad de reflejo o reacción motriz, inclusive mantiene sus acciones motoras muchas horas después de su muerte, por ejemplo la reacción automática de morder como mecanismo reflejo. Resulta que Jesucristo es herido de muerte en el sacrificio en la cruz, representado por la herida en el calcañar o talón, sin embargo, con su muerte venció a la muerte misma a través de la resurrección: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15.20 al 22 – RVR1909). Jesucristo con su hazaña, establece un punto de partida histórico y profético, de tal manera que la cronología histórica de la humanidad se señala desde un antes de Cristo o un después de Cristo. Esto significa que Jesucristo sobresale por encima de cualquier gobernante, principal o príncipe de este mundo: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria: La que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2.7 al 8 – RVR1909).


La cabeza de la serpiente representa cierta autoridad del mal, encabezado por los gobernantes y principales, tanto políticamente como religiosos: “Asistieron los reyes de la tierra, Y los príncipes se juntaron en uno Contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel, Para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho. Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra” (Hechos 4.26 al 29 – RVR1909). Nótese como la expresión: “para hacer lo que tu mano y tu consejo habían antes determinado que había de ser hecho” concuerda con el anuncio desde el principio del Génesis acerca de la enemistad entre la mujer y la serpiente, entre sus simientes, y las heridas en la cabeza y el calcañar o talón. Jesucristo con su acto de sacrificio en la cruz vence el mal y hiere la cabeza de la serpiente: “Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo” (Colosenses 2.15 – RVR1909). Pero cuál es el significado de la herida en la serpiente, específicamente en la cabeza, esto es, el nombre de Jesucristo recibe toda la potestad, pasa a ser la autoridad y la cabeza del ángulo principal de la edificación de Dios:


“Y aconteció al día siguiente, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas; Y Anás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal; Y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto? Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel: Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho á un hombre enfermo, de qué manera éste haya sido sanado, Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, al que vosotros crucificasteis y Dios le resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano. Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.5 al 12 – RVR1909).


Obsérvese como la serpiente aún con la herida en la cabeza, conserva su capacidad de reflejo o reacción, inclusive de morder e inyectar su veneno, al parecer similar a una serpiente decapitada y muerta, que mantiene sus acciones motoras por varias horas. Así menciona Pablo o la escuela paulina en la segunda epístola a Timoteo: “Pero tú has comprendido mi doctrina, instrucción , intento, fe, largura de ánimo, caridad, paciencia, Persecuciones, aflicciones, cuales me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra, cuales persecuciones he sufrido; y de todas me ha librado el Señor. Y también todos los que quieren vivir píamente en Cristo Jesús, padecerán persecución” (2 Timoteo 3.10 al 12 – RVR1909).


7) El ego humano frente al Dios Yo Soy

El ego humano frente al Dios Yo Soy


El ego humano involucra la personalidad, compuesto por el carácter y el temperamento, influenciados por los hábitos cotidianos, cuyo resultado se refleja en el comportamiento y la conducta. El temperamento es biológico y genético, por consiguiente se nace con el mismo de forma innata, por esta razón su estabilidad la hace prácticamente sin posibilidad de modificación, aunque al parecer tiene cierto grado controlable. La formación del ser humano surge de una memoria energética microscópica, con el contenido del genoma y los genes necesarios para definir los caracteres hereditarios de todo el organismo. El temperamento es la parte biológica y genética determinante para la forma de ser de la persona, pero tiene su particularidad de invariabilidad, ya que presenta la dificultad de variación mediante el aprendizaje y la educación, salvo el poder activo de la fe en Dios, para iluminar el conocimiento de la certeza, confianza y decisión al obedecer a Dios: “Empero sin fe es imposible agradar á Dios; porque es menester que el que á Dios se allega, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11.6 – RVR1909).


Este temperamento desde Adán y Eva es el portador del código energético de la duda e indecisión al obedecer a Dios, hasta que brota o emana la chispa de iluminación de fe entre el desconocimiento, la comprensión y el entendimiento. Es como un momento ¡eureka!, en relación con la obediencia a Dios, de manera que su activación es por medio del poder de Dios: “Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios” (1 Corintios 2.5 – RVR1909). Este poder de Dios despierta con claridad un conocimiento evidente y seguro, sin incertidumbre, porque el descubrimiento ¡eureka!, del conocimiento escondido, ignorado u oculto, viene a ser la inspiración de Dios para reconocer a Jesucristo en la obediencia a Dios:


“Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: á Jesús, el hijo de José, de Nazaret. Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven y ve. Jesús vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: He aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño. Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera te vi. Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. Respondió Jesús y díjole: ¿Por qué te dije, te vi debajo de la higuera, crees? cosas mayores que éstas verás” (Juan 1.45 al 50 – RVR1909).

El ego es el “yo” de una persona y puede ser afectado por la afectividad o capacidad de vivir las emociones y los sentimientos, además del coraje, o sea, la decisión valiente para enfrentar determinada situación, y de la susceptibilidad, que es la capacidad de recibir impresión o de sentirse ofendido. También el ego depende de la intención y motivación para actuar, según la interioridad de su pensamiento. El ego de cada persona es la autenticidad de su propia realidad, es un proceso de madurez hasta alcanzar buen juicio y sensatez, mientras tanto durante el proceso el ego es un espejismo, viene a ser el “yo soy el espejismo que soy”. El ego de cada persona es un espejismo porque depende del verdadero Oasis establecido por Dios Padre. Este Oasis proveedor del agua de vida es Jesucristo. En cierta ocasión Dios dice: “Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3.14 – RVR1909).


Dios tiene existencia propia y por siempre, o sea, Dios existe por sí mismo, mientras que la existencia del ser humano depende de Dios. El ego humano se conoce a sí mismo en la medida que conoce a Jesucristo, a quién Dios Padre ha establecido para que el ser humano reciba vida eterna. Dios es el Ser Supremo y los seres humanos que logran la madurez del ego semejante al de Jesucristo, llegan a ser los súbditos, sujetos a la autoridad designada por Dios, para estar con la obligación y sometimiento de obedecer, de manera que se subordine el buen juicio y la sensatez de la obstinación del temperamento. Así se cumple la redención de Jesucristo sobre el género humano con su pasión, muerte y resurrección: “Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre” (Juan 8.28 al 29 – RVR1909).


El corazón duro o de piedra del ego humano, es el temperamento, pero se presenta un conflicto en cada persona entre el escepticismo y la empatía para dar forma a un equilibrio en la conciencia racional. Por ejemplo, todas las características mencionadas en lo biológico, bioquímico, fisiológico, genético y demás funciones relacionadas con lo corporal y el espíritu, son parte del ser humano actual, igual como en Adán y Eva hace alrededor de seis mil años. Eva para darse cuenta de su propia realidad, sufre de escepticismo, el conocimiento cierto, completo y verdadero es la obediencia a la voluntad de Dios, sin embargo, Eva se deja llevar por la duda e indecisión al obedecer a Dios. La reacción de Adán, aunque se inclina a la falta de fe, debido a su propio temperamento, actúa con empatía, en el sentido de la identificación con Eva. Hay una realidad imperante que es hacer la voluntad de Dios, pero tanto Adán como Eva siguen su realidad personal con el uso de su propio libre albedrío. El ego nadie se lo quita de encima, ni se puede esquivar o evadir.


La voz de la serpiente fue el cuestionamiento detonante. La curiosidad de Eva era un deseo de averiguar y saber con su facultad de analizar, observar, pensar y reflexionar. El temperamento es una especie de terquedad o testarudez, por este motivo la comparación con la dureza de corazón, donde se requiere el equilibrio de la empatía, para la capacidad de la persona de comprender las emociones y tener identificación con los demás, así como dice Pablo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11.1 – RVR1909). También está escrito: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo” (Filipenses 3.17 – RVR1909).


La fe es certeza, confianza y seguridad, especialmente al obedecer a Dios, contrario a la duda e indecisión. Abel presenta una ofrenda a Dios, nótese como se menciona que Dios se agrada de Abel, a saber, de su actitud y personalidad: “… Y miró Jehová con agrado á Abel y á su ofrenda” (Génesis 4.4 – RVR1909). La ofrenda de Abel el justo, representa la fe de certeza, confianza y seguridad al obedecer a Dios: “Por la fe Abel ofreció á Dios mayor sacrificio que Caín, por la cual alcanzó testimonio de que era justo,…” (Hebreos 11.4 – RVR1909). ¿Cómo se demuestra la estima y reconocimiento de Dios por la actitud y personalidad? Un pasaje bíblico dice: “Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adam, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí” (Oseas 6.6 al 7 – RVR1909). Este conocimiento pertenece a Dios sin límite alguno, por esta razón Dios es el “YO SOY EL QUE SOY”, porque el conocimiento de Dios es completo, perfecto, pleno y total, mientras que el ser humano tiene un conocimiento muy limitado, incompleto e imperfecto, es nada sin el conocimiento, energía, memoria, protección y respaldo de Dios.


Los principios y valores como la fe, justicia y misericordia no tienen cabida en lo que llaman un mal temperamento, porque requiere un corazón contrito y humillado para cambiar ante Dios: “Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmos 51.16 al 17 – RVR1909). Así las actitudes y personalidad en general es indispensable para el agrado de Dios: “… porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7 – RVR1909). El ego humano es característico y propio del individuo, en el buen sentido de la palabra, es domable o indomable según cada caso particular. La sociedad moldea el individuo con sus preconceptos y prejuicios en contra de la fidelidad y obediencia a Dios. La tendencia del ser humano es promover una aparente fe, pero ciega, por beneficio y conveniencia personal, por ejemplo, las luchas de poder, ya sea económico, militar, político y territorial.


En el caso de la fe y la abundancia de creencias se incluye el poder religioso, por consiguiente sus luchas y rivalidades por cuestiones de confesiones de fe, sustentadas en sus propias creencias incuestionables: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriéis, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3.14 al 16 – RVR1909). Esto significa que aunque el ego humano es individual, se puede dar un ego colectivo de acuerdo con la cultura social. La sabiduría que desciende de lo alto es la sabiduría del Dios YO SOY, sin embargo, el ser humano se fascina por la egolatría del acumulamiento y adquisición de bienes y servicios, derroche, enriquecimiento, entretenimiento, exceso de placer y vicio, fama, lucro, lujo, lujuria, prestigio, reconocimiento, status social y vanidad, convertidos en ídolos culturales y sociales. Su valor práctico no está en Dios, tampoco su tesoro o valor más apreciado es Dios.


Mientras tanto, la sabiduría del Dios YO SOY, de ninguna manera es egoísta, sino es el compartir del amor y servicio demostrado y visible en Jesucristo: “Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz” (Santiago 3.17 al 18 – RVR1909). Esto significa que el enfoque principal, el norte o dirección y guía, el rumbo del camino y conducta propuesta para seguir las acciones, la orientación primordial, es Jesucristo mismo, elegido y designado por Dios Padre. El ego colectivo de la cultura social, tiene su propia personalidad, sumida en las guerras sin sentido y luchas de poder, por cuestión de satisfacer sus deleites:


“¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4.1 al 3 – RVR1909).

La paz interior del ser humano depende completamente del ego y la personalidad, el egocentrismo es la disposición anímica o psíquica de priorizar sus propios intereses como centro, donde se direccionan todas las actividades personales. Pero resulta que es Dios Padre el creador de todo lo existente, quien determina en la persona de Jesucristo como el cristocentrismo, o sea, el centro de todas las actividades personales del ser humano. Lo que pasa es que el mundo vive su propia realidad, según su propio pensamiento y acciones, mientras que la realidad divina establecida por Dios Padre es muy diferente a la humana, quienes han establecido su propio camino contrario al de Dios. Es decir, la persona de Jesucristo es el modelo a seguir en su personalidad, por su carácter, temperamento y hábitos practicados en su cotidianidad, ejemplarizados en los evangelios según Mateo, Marcos, Lucas y Juan.


Ahora bien, la personalidad es el carácter y temperamento, pero todo el conjunto del ego o ser yo, incluye, actitudes, ahínco, anhelos, aptitud adquirida o natural, arrepentimiento, aspiraciones, atributos, comportamientos, comprensión, comunión, conductas, conocimiento, conversión, consagración, creencias, cualidades, culto, deberes, deseos, dignidad, disciplina, emociones, entendimiento, esencia, hábitos, intenciones, madurez, motivaciones, obligaciones, potencialidad, preferencias, principios, propósitos, resarcimiento, responsabilidades, santificación, sentido, sentimientos, valores, vigor, virtud y voluntad. Por esta razón, el ego no está completo a cabalidad ni a plenitud, sino que es un proceso de toda la vida, hasta el último aliento o suspiro, para dar cuentas a Dios de todo este conjunto que nos caracteriza como ser.


El que ignora la integración de todo esto en el ser de Cristo, y vive sin conciencia integral de todo esto en su propia vida, en realidad no sabe para que existe, como dice la Biblia: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21 – RVR1909). Ganancia cuando el proceso de Cristo en el ego o ser de cada quien se completa según la referencia en Cristo: “Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.13 – RVR1909). Dios Padre con la creación del ser humano es quien determina su constitución corporal, mental y espiritual, esto de ninguna manera es determinación eclesiástica o religiosa, sino es decisión y potestad de Dios al hacer la composición y forma del ser humano en la creación, así como el alfarero y el barro: “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros” (Isaías 64.8 – RVR1909).


Por lo tanto, en relación con el ego humano frente al Dios YO SOY, es por medio de Jesucristo que el ego y la personalidad son transformados, inclusive la dureza del temperamento, para traer iluminación a la duda e indecisión al obedecer a Dios. Así como el ser humano en su formación pasa por el proceso de cigoto, embrión y feto, también puede trascender en un proceso de lo natural, espiritual a lo celestial. Dios Padre ha sido, es y será por siempre; su imagen es la eternidad y su semejanza es la santidad, aunque es invisible y nadie ha visto a Dios, su carácter es manifestado en la persona de Jesucristo su Hijo, para ejemplo y modelo de vida cotidiana en la relación de convivencia entre seres humanos. Jesucristo es la santidad de la presencia de Dios Padre, su historia y vida es épica, por lo extraordinario, pero única porque es el mismo Dios Hijo hecho humano y enviado directamente de Dios Padre. Jesucristo es histórico y digno de que todo ser humano, sin excepción, lo analice, estudie e investigue, para educación y aprendizaje de vida en toda civilización, cultura y nación. Los indicios bíblicos e históricos que conducen para averiguar su vida, son indispensables para seguir sus pasos.


Dios Padre no ha establecido la honra para ningún otro que no sea Jesucristo, porque nadie ha dejado huella y rastro como Jesucristo que nunca cometió injusticia ni pecado: “He aquí te he purificado, y no como á plata; hete escogido en horno de aflicción. Por mí, por amor de mí lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré á otro” (Isaías 48.10 al 11 – RVR1909). Jesucristo vino a restaurar al ser humano a la imagen y semejanza de Dios, para que el ser humano sea un ser puro, santo, sin impurezas y sin iniquidad, con una conexión de comunión con la guía directa de Dios, porque es por la decisión, determinación y responsabilidad del Padre:


“Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida. De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: Y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación” (Juan 5.22 al 29 – RVR1909).

Hacer el bien, no es simplemente cuestión de confesiones de fe, listas de creencias o dogmas, sino que hacer el bien implica integralmente todo el ego y personalidad, con el carácter y temperamento, acciones, actitudes, comportamiento, conducta, emociones, hábitos, intenciones, pensamiento, principios, sentimientos, virtudes y valores semejantes a los ejercidos y practicados por Jesucristo con su vida ejemplar.


8) El libre albedrío humano frente a la voluntad de Dios

El libre albedrío humano frente a la voluntad de Dios


El libre albedrío humano es posterior, primeramente existe solo la voluntad de Dios: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.15 al 17 – RVR1909). Hasta aquí había solamente el mandamiento o mandato de Dios, la única elección u opción del ser humano es obedecer con gratitud. Dios ordena el hacer su voluntad, mientras tanto, el libre albedrío humano se introduce hasta que la serpiente astuta lleva a cabo su malvado plan y trama perturbadora: “Empero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo á la mujer:… Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3.1 y 5 – RVR1909).


La astucia y estrategia de la serpiente para hacer prevalecer la desobediencia y rebeldía, es introducir el surgimiento del libre albedrío como mentira para engañar al ser humano y facultar su justificación del libertinaje y posibilidad de hacer lo que se quiera, inclusive contrario a la voluntad de Dios su Creador. El testimonio de Eva es que la serpiente la engañó: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3.13 – RVR1909). Se impone la decisión y voluntad propia del ser humano con el irrespeto a Dios y a su voluntad. La serpiente actúa según una intención previa e instinto dañino manifestado en su precedente, ya iniciado anteriormente con la rebelión del ángel caído y seguido con la influencia ejercida en Adán y Eva, porque el primer pecado existente por parte del ángel caído fue invalidar y rechazar la autoridad del Hijo de Dios, acreditada y delegada por Dios Padre. Divagaron en la interpretación de la justicia en lugar de practicar realmente la verdadera justicia de Dios.


El destino del ser humano era hacer la voluntad fiel y leal ante Dios, como un único camino de obediencia, pero el ser humano es portador de la rebeldía del temperamento, por su contenido de duda e indecisión al obedecer a Dios. El escenario del Edén sin la serpiente, está libre de la influencia e intervención de la misma, entonces el ser humano conservaría permanentemente su condición ante Dios, o sea, sin comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. La serpiente es la causa provocadora del actuar del ser humano, en relación con comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Dios en su amor y misericordia planta este árbol con el propósito de dar otra oportunidad de perdón a la serpiente, y que esta última pudiera rectificar y resarcir el daño de la rebelión de los ángeles caídos representados en esta serpiente.


En este caso, la serpiente no aprovecha la segunda oportunidad, para rectificar y resarcir su primera experiencia de rebelión dentro del séquito celestial. Tuvo la opción de reconocer su propia limitación y ser, con la corrección de retornar a un estado anterior, y transformar su precedente en una absoluta subordinación de obediencia ante Dios. Esto hubiera demostrado un cambio y sus consecuencias. Por otra parte, se presenta esta vez ante los seres humanos y sostiene su empeño del legado de confusión, desobediencia y rebeldía ante el Creador. En cierta ocasión Jesucristo dijo: “Y les dijo: Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo” (Lucas 10.18 – RVR1909). Desde un principio hay un anuncio del conflicto entre la simiente de la serpiente y la simiente que es Cristo, con referencia a la crucifixión, muerte y resurrección: “… ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.15 – RVR1909). Resulta que en el amor y la misericordia de Dios, la serpiente tuvo una segunda oportunidad para rectificar y resarcir el daño de la desobediencia y rebeldía ante Dios, pero su afán, empeño y obstinación fue mantener su infidelidad y la muerte del que muere. Jesucristo vino a terminar con la muerte, a través de la obediencia fiel a Dios:


“Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora. Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez. Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Ángel le ha hablado. Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros. Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo. Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir” (Juan 12.26 al 33 – RVR1909).

La perspicacia es una visualización con profundidad intensa, así es la comprensión y entendimiento en la inmersión de la sabiduría del conocimiento profundo. La sabiduría de Jesucristo nos posibilita lograr un alcance del conocimiento celestial, donde el ser humano con su sola condición natural de ninguna manera puede llegar. ¿Pero cuál es la razón de todo lo existente? La respuesta es el amor de Dios. La versión de la Biblia, Reina – Valera revisión del año 1909, en Génesis 3.17 menciona acerca del amor lo siguiente: “Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste á la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo, No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida” (Génesis 3.17 – RVR1909). La maldición consiste en la pérdida de la autoridad de Adán sobre el jardín del Edén y por consiguiente su expulsión a labrar la tierra fuera del Edén. El árbol de la vida presente en el Edén representa la sabiduría de Jesucristo, correspondiente al alimento celestial, el reconocimiento y dedicación de la vida plenamente a Jesucristo. El ser humano es sentenciado a sobrevivir con el alimento natural, pero por amor al mismo ser humano, Dios deja la posibilidad de un camino hacia el alimento espiritual al que las personas pueden tener accesibilidad, para aspirar a comer del árbol de la vida y vivir para siempre: “Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3.24 – RVR1909).


Estos querubines forman parte del séquito celestial, quienes acompañan a Dios. Entonces surge la siguiente pregunta: ¿Hay un plural de Dios en las siguientes palabras? Hagamos a nuestra: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza” (Génesis 1.26 – RVR1909). Es como uno de nos: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre” (Génesis 3.22 – RVR1909). Descendamos y confundamos: “Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un lenguaje: y han comenzado á obrar, y nada les retraerá ahora de lo que han pensado hacer. Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguajes, para que ninguno entienda el habla de su compañero” (Génesis 11.6 al 7 – RVR1909). La pluralidad de Dios se explica de la siguiente manera: en el principio existe solamente la energía de Dios, lo corporal de Dios es su propia energía, con atributos o cualidades, mente, pensamientos, sabiduría y voluntad. Dios crea un ser celestial de luz para su compañía al que llama su Hijo, entonces ahora existen Dios Padre y Dios Hijo, pero el Padre es mayor que el Hijo. Jesucristo dijo: “Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14.28 – RVR1909).


También Jesucristo dijo: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. Empero del día y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo” (Mateo 24.35 al 36 – RVR1909). Otro evangelio menciona: “Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13.32 – RVR1909). El Hijo es mayor que todo el séquito celestial: “Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque ¿á cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré á él Padre, Y él me será á mí hijo? Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1.4 al 6 – RVR1909). El Hijo es el primogénito, es el primero y el principio. Dios Padre ungió a su Hijo más que al resto del séquito celestial: “Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Vara de equidad la vara de tu reino; Has amado la justicia y aborrecido la maldad; Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que á tus compañeros” (Hebreos 1.8 al 9 – RVR1909).


Entonces al principio existe únicamente Dios, luego su Hijo, pero Dios Padre en su sola potestad y voluntad, le rinde un obsequio, para homenaje y reconocimiento de su Hijo, que es la creación, inclusive el séquito celestial y posteriormente el ser humano. El séquito celestial tiene que reconocer la autoridad y potestad de Dios Hijo, según la disposición del Padre. Encontramos una analogía o comparación en el caso de José y Faraón: “Y dijo Faraón á sus siervos: ¿Hemos de hallar otro hombre como éste, en quien haya espíritu de Dios? Y dijo Faraón á José: Pues que Dios te ha hecho saber todo esto, no hay entendido ni sabio como tú: Tú serás sobre mi casa, y por tu dicho se gobernará todo mi pueblo: solamente en el trono seré yo mayor que tú” (Génesis 41.38 al 40 – RVR1909). Así como este ejemplo, el Padre es mayor que el Hijo, pero el Padre le concede al Hijo la autoridad y potestad, hasta que el Hijo mismo se sujetará por completo al Padre:


“Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad. Porque es menester que él reine, hasta poner á todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será deshecho, será la muerte. Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas á él, claro está exceptuando aquel que sujetó á él todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.24 al 28 – RVR1909).

Al parecer se dice que entre el séquito celestial por cuestiones de deseos de preferencia y de recibir adulación y pleitesía, surge un adversario en contra del Hijo de Dios. Hay otro pasaje de la Biblia acerca de un rey de Tiro que sirve como analogía o comparación: “Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad” (Ezequiel 28.14 al 15 – RVR1909). Se considera este texto referente a ciertos reyes como alusivo al inicio de los ángeles caídos, quienes se decidieron seguir a otro en su rebelión:


“¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto á las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, á los lados del aquilón; Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 13.12 al 14 – RVR1909).

Los pasajes mencionados anteriormente se refieren a reyes de la tierra, aunque para algunos sirven como pistas del origen de los ángeles caídos. Entonces al principio existe únicamente Dios, luego su Hijo, seguidamente el séquito celestial. Dentro de este séquito surge una rebelión donde parte se mantiene fiel al Hijo de Dios y parte se une al ángel adversario y rebelde. También se cree acerca de otra parte del sequito celestial como los indecisos de seguir fieles o de unirse a la rebelión, estos son todos los seres humanos enviados a nuestro planeta para tomar dicha decisión. De manera cíclica se replica en Caín, con la manifestación del egoísmo, la envidia y el odio, quien toma su decisión en pos de la rebeldía contra Dios y mata a su hermano Abel. Sin embargo, la actitud y personalidad de Abel antes de morir, es de fe y justicia en alabanza y adoración a Dios. Precisamente el Hijo de Dios viene en rescate de los suyos que le pertenecen, con el ejemplo de obediencia hacia Dios: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen” (Hebreos 5.8 al 9 – RVR1909). En esta decisión por parte de los seres humanos indecisos, desempeña un papel muy importante el libre albedrío humano frente a la voluntad de Dios. Esto significa que así como Jesucristo renuncia a su propio libre albedrío, para hacer solamente la voluntad de Dios, también el ser humano tiene que renunciar a su propio libre albedrío, o sea, renunciar a hacer lo que quiera, sino reconocer como suyo el libre albedrío de Jesucristo, al hacer solo la voluntad de Dios, porque de ninguna manera hay otro camino, verdad y vida que no sea Jesucristo:


“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús. El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.5 al 11 – RVR1909).

9) El explorador bíblico y la potencia

El explorador bíblico y la potencia


La potencia es la capacidad de llegar a ser, según las facultades mentales del entendimiento, memoria y voluntad, para ejecutar una acción y producir un efecto. En el caso de explorar es averiguar con perseverancia y persistencia hasta llegar al fondo o profundidad de un determinado conocimiento. Para explorar bíblicamente el alcance o límite de la exploración del conocimiento es lo celestial. En una retrospectiva hasta el origen de Dios Hijo, encontramos al Hijo como el punto de partida entre el antes y el después de la creación. Jesucristo testifica personalmente lo siguiente: “Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” (Juan 17.4 al 5 – RVR1909). Del Hijo se dice ser el principio: “Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1.8, 21.6 – RVR1909). El Hijo es el principio del origen, por ser el primero: “Que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último…” (Apocalipsis 1.11, 22.13 – RVR1909).


El Hijo es el principio de la creación: “… He aquí dice el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios” (Apocalipsis 3.14 – RVR1909). El Hijo vive por los siglos de los siglos pero tiene principio: “… No temas: yo soy el primero y el último; Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte” (Apocalipsis 1.17 al 18 – RVR1909). El Hijo fue muerto y resucitado para ascender a los cielos, aunque era Dios Hijo, fue engendrado y enviado a vivir entre los seres humanos: “Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud” (Colosenses 1.17 al 20 – RVR1909). Fue Dios Padre quien dispuso que su Hijo tuviera toda la plenitud, por lo cual Dios Padre unge al Hijo: “Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;… Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,…” (Hebreos 1.8 al 9 – RVR1909).


Así como en la rebelión los ángeles caídos se unen en contra del Hijo de Dios, otro grupo se mantiene fiel y leal al Hijo. Se aclara que el siguiente pasaje corresponde a un lenguaje simbólico, en alusión al imperio romano y su persecución a los creyentes en Cristo (la simiente), pero sirve para darse una idea de lo sucedido con los ángeles caídos: “Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo. Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12.7 al 9 – RVR1909). ¿Cómo ser un explorador bíblico y averiguar con diligencia, para encontrar el poder de la respuesta en la palabra escrita de Dios? En relación con la fidelidad, lealtad o rebelión: ¿Cuál era el propósito de lo sucedido con un sector de los ángeles que tuvieron duda e indecisión al obedecer a Dios?


Una creencia popular antigua dice que los ángeles con duda e indecisos vienen a nacer como seres humanos, así tienen la oportunidad para tomar una decisión definitiva. De la misma manera el Hijo con su ejemplo y modelo de vida, al nacer, morir y resucitar, reconcilia tanto a los de la tierra como a los del cielo: “Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos” (Colosenses 1.20 – RVR1909). Aparentemente esta reconciliación se refiere a los que eran suyos, o sea la parte del séquito celestial con la duda e indecisión al obedecer a Dios, pero que finalmente se deciden por obedecer con fidelidad y lealtad a Dios:


“He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, y guardaron tu palabra. Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos los recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste. Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son” (Juan 17.6 al 9 – RVR1909).

Pero la Biblia dice que el Hijo de ninguna manera vino a salvar a los ángeles caídos que ya habían tomado su decisión: “Porque si Dios no perdonó á los ángeles que habían pecado, sino que habiéndolos despeñado en el infierno con cadenas de oscuridad, los entregó para ser reservados al juicio” (2 Pedro 2.4 – RVR1909). Por esta razón vino semejante a un humano que son los portadores de la duda e indecisión al obedecer a Dios: “Porque si la palabra dicha por los ángeles fué firme, y toda rebelión y desobediencia recibió justa paga de retribución” (Hebreos 2.2 – RVR1909). Además: “Porque no sujetó á los ángeles el mundo venidero, del cual hablamos” (Hebreos 2.5 – RVR1909). Y acerca del Hijo en forma de humano:


“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, á aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar á la gloria á muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos” (Hebreos 2.9 al 10 – RVR1909).

La rebelión de los ángeles caídos irrespeta la autoridad y reconocimiento de la superioridad del Hijo de Dios y su principado, mientras tanto el Hijo, a pesar de su posición de principal por encima del séquito celestial, viene a este mundo para ejemplo a demostrar su total respeto a la autoridad de su Padre, como el único Dios verdadero: “Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios” (Juan 20.16 al 17 – RVR1909). Algunos consideran que el siguiente pasaje trata del Hijo, pero en realidad es el Padre, quien es invisible y tiene el trono de reinado, para honra y gloria por siempre: “Por tanto, al Rey de siglos, inmortal, invisible, al solo sabio Dios sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (1 Timoteo 1.17 – RVR1909).


Jesucristo como Dios Hijo, nunca pretende tomar el lugar del Padre, todo lo contrario, le rinde la adoración, alabanza, fidelidad, gloria, honra, lealtad y obediencia a su Padre en toda circunstancia, lugar y tiempo, tanto como Dios y como humano. Asimismo, el séquito celestial fue creado para rendir homenaje y reconocimiento al Hijo, pero el ángel caído se resiste a esta obediencia y subordinación. Se cumple la siguiente parábola, tanto a nivel del cielo como de la tierra: “… Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré mi hijo amado: quizás cando á éste vieren, tendrán respeto. Mas los labradores, viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle para que la heredad sea nuestra…” (Lucas 20.9 al 19 – RVR1909). Cuando el séquito celestial transgrede su propósito por el que existen, surge la misma interrogante de la parábola: ¿Qué se hará con los que tienen duda e indecisión al obedecer? Hay una pista al respecto, en el caso del profeta Jeremías de quien Dios dice: “Antes que te formase en el vientre te conocí…” (Jeremías 1.5 – RVR1909). Otro pasaje menciona: “Porque á los que antes conoció, también predestinó para que fuesen hechos conformes á la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.29 – RVR1909).


En relación con este último pasaje hay una comparación con el siguiente: “Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15.49 – RVR1909). Dios desde la creación conoce a todos los integrantes del séquito celestial, inclusive los fieles, los indecisos y los rebeldes. Todos tienen preexistencia con cuerpo celestial, luego en el orden surge el cuerpo animal o terrenal en los seres humanos mediante Adán y Eva, con la aspiración de retornar a un cuerpo espiritual, por consiguiente celestial. El orden de estas fases es primero lo celestial, luego lo natural o terrenal, seguidamente lo espiritual y por último el retorno a lo celestial. Dios conoce a los suyos: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor á los que son suyos;...” (2 Timoteo 2.19 – RVR1909). Dios conoce a los suyos, a partir de su Hijo y del séquito celestial. La Biblia dice: “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo,…” (Efesios 1.3 al 4 – RVR1909).


En el caso de Dios, antes de ser Padre debido a la creación de su Hijo, en ese momento es la única energía existente, con su forma corporal de Espíritu y luz eterna, de manera que Dios es el Eterno, en el sentido de que no tiene principio ni tendrá fin. Dios tiene entendimiento, mente y su propio designio, pensamiento o propósito. Además de sus atributos, carácter, características, cualidades, y voluntad. Dios es energía con su fuerza y poder, por esta razón está escrito: “Dios es Espíritu…” (Juan 4.24 – RVR1909). Dios es luz: “Y este es el mensaje que oímos de él, y os anunciamos: Que Dios es luz, y en él no hay ningunas tinieblas” (1 Juan 1.5 – RVR1909). El mismo Espíritu y luz es su forma corporal, por este motivo Dios Padre es invisible y su Hijo es su imagen visible: “El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura” (Colosenses 1.15 – RVR1909). Por ejemplo: “… Dios es amor” (1 Juan 4.8 – RVR1909). El amor es invisible, pero se hizo visible en la obra y vida de las acciones y hechos de Jesucristo.


Dios es luz, pero una luz inaccesible que solo Jesucristo puede acceder, porque los seres humanos no han visto ni pueden ver: “La cual á su tiempo mostrará el Bienaventurado y solo Poderoso, Rey de reyes, y Señor de señores; Quien sólo tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; á quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver; al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén” (1 Timoteo 6.15 al 16 – RVR1909). Dios Padre es luz inaccesible, no obstante, el Hijo de Dios, como verbo o potencia de la palabra de Dios, puede acceder al Padre: “El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1.3 – RVR1909). Por lo tanto, si Dios Padre es luz, también su Hijo es luz: “Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo” (Juan 1.9 – RVR1909). Jesucristo mismo dijo: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo:…” (Juan 8.12 – RVR1909).


Hay una pista en alusión o referencia a la creación del Hijo de Dios, y a la creación de los seres portadores de luz o séquito celestial, en el mismo orden, que es cuando en el primer día se crea la luz: “Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz. Y vió Dios que la luz era buena: y apartó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios á la luz Día, y á las tinieblas llamó Noche: y fué la tarde y la mañana un día” (Génesis 1.3 al 5 – RVR1909), pero es hasta el cuarto día cuando se menciona al sol, la luna y las estrellas: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas… Y fué la tarde y la mañana el día cuarto” (Génesis 1.16 al 19 – RVR1909). Este caso es semejante en la analogía o comparación, igual al realizado en la referencia a los reyes, donde se insinúa el caso indirectamente del origen de rebeldía de los ángeles caídos o del Lucero querubín portador de luz (Ezequiel 28.14 al 15, Isaías 13.12 al 14 – RVR1909). Este ser de luz es conocido comúnmente como Lucifer o Luzbel. La Biblia contiene muchos simbolismos, para representar conceptos, creencias, situaciones o sucesos: “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero” (1 Tesalonicenses 4.16 – RVR1909).


El pasaje anterior menciona la segunda venida del Señor, pero menciona al Señor Jesucristo con voz de arcángel. Precisamente en la preexistencia de Cristo se presenta como el principal ante el séquito celestial, quien era conocido como el arcángel Miguel: “Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando sobre el cuerpo de Moisés, no se atrevió á usar de juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda” (Judas 9 – RVR1909). Ahora, comparemos este pasaje con otro del profeta Zacarías: “Y mostróme á Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba á su mano derecha para serle adversario. Y dijo Jehová á Satán: Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido á Jerusalem, te reprenda. ¿No es éste tizón arrebatado del incendio?” (Zacarías 3.1 al 2 – RVR1909). En este caso Jehová Hijo remite la reprensión a la autoridad de Jehová Padre. El nombre de Dios, en cualquier idioma hace referencia a la Existencia y al Ser, pero hay un plural que también encontramos en otro pasaje: “Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos” (Génesis 19.24 – RVR1909). Entre un dios falso y otro dios falso, se dice dioses, pero en relación con el verdadero en plural se dice Dios, con referencia a Dios Padre y Dios Hijo: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1.1 al 2 – RVR1909).


Una vez creado Dios Hijo o el Hijo de Dios, que es lo mismo, Dios Padre le ofrece un obsequio en su honor y reconocimiento, a saber, el séquito celestial y posteriormente el ser humano: “Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue criado por él y para él” (Colosenses 1.16 – RVR1909). Además toda la creación se constituye en su heredad de primogénito: “En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.2 – RVR1909). El Hijo recibe la preferencia y el primer lugar: “Pues, ¿á cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate á mi diestra, Hasta que ponga á tus enemigos por estrado de tus pies?” (Hebreos 1.13 – RVR1909). La potencia de la fortaleza de Dios Padre opera y manifiesta la supremacía de su Hijo sobre la creación:


“Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole á su diestra en los cielos, Sobre todo principado y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero: Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas á la iglesia, La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos” (Efesios 1.19 al 23 – RVR1909).

La resurrección de entre los muertos de Cristo, es diferente a la de Lázaro, porque Jesucristo resucita con cuerpo trasformado, es el primero de todos los que resucitarán para salvación y vida eterna, es la única resurrección que ha ascendido a los cielos y el único ser con la autoridad y potestad de estar a la diestra de Dios Padre. Además es el único que ha recibido un nombre sobre todo nombre, y el único digno de recibir alabanza y adoración, inclusive de rodillas por ser el Señor: “… Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.9 al 11 – RVR1909). El Hijo es el único Señor, tanto de los muertos como de los vivos, ya que todos comparecerán ante el tribunal de Cristo: “Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven… porque todos hemos de estar ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que á mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará á Dios” (Romanos 14.9 al 11 – RVR1909).


¿Qué pasó con un sector del séquito celestial semejante al acontecimiento actual en toda la humanidad? Lo que pasó fue el rechazo a reconocer el lugar correspondiente al Hijo de Dios, así en la actualidad se antepone y dan importancia a todo lo demás en lugar del Señor Jesucristo, su discipulado y evangelio. Todo esto se ha transformado en los nuevos dioses e ídolos para la humanidad: las creencias y dogmas, la corrupción y las luchas de poder, los entretenimientos y estilos de vida, el expansionismo militar y territorial, la fama y el poder económico, las culturas y filosofías, las civilizaciones y guerras, el libertinaje desenfrenado de los gustos y preferencias, los modelos y modos de vida, lo político anarquista, autoritarismo, dictatorial y el totalitarismo, las reglas eclesiásticas y la religión, el status académico, científico, intelectual, profesional y social, la sabiduría humana y la tecnología, la avaricia, codicia, egoísmo, envidia, lascivia, lucro, odio, opulencia y vanidad, son cortinas de humo, distractores que ocasionan ruido, para desvirtuar la atención, enfoque y concentración en la preeminencia, supremacía y lo más preciado por excelencia y valía de Jesucristo: “Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar. Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.27 al 29 – RVR1909).


Ahora bien, el mundo va tras sus dioses e ídolos, en lugar de seguir en pos del maestro y mentor Jesucristo, quien con su vida como humano, demuestra el amor y la factibilidad de una absoluta obediencia al Padre como el Dios único y verdadero, en reconocimiento de su sola autoridad y potestad: “Acerca, pues, de las viandas que son sacrificadas á los ídolos, sabemos que el ídolo nada es en el mundo, y que no hay más de un Dios. Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él” (1 Corintios 8.4 al 6 – RVR1909). En esto consiste la exploración bíblica y la potencia, en trascender y lograr una proyección hacia la vida venidera, desapegarse de este mundo y de lo terrenal, con la potencia de la palabra de Dios y su fortaleza: “Puestos los ojos en el autor y consumador de la fe, en Jesús; el cual, habiéndole sido propuesto gozo, sufrió la cruz, menospreciando la vergüenza, y sentóse á la diestra del trono de Dios” (Hebreos 12.2 – RVR1909).


10) El afecto y el estado de ánimo

El afecto y el estado de ánimo


El afecto y el estado de ánimo se combinan como principios de la actividad humana, para emprender acciones con el espíritu energizante e irradiar influencia optimista y positiva, mediante la inclinación y tendencia a los aspectos más favorables. La Biblia dice: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo; más vence con el bien el mal” (Romanos 12.20 al 21 – RVR1909). Jesucristo establece un precedente cuando da su vida por amor, no solamente a sus amigos sino también a sus enemigos. Jesucristo vino a servir y de ninguna manera pretende servirse en detrimento de los demás, sino para establecer un ejemplo y modelo de servicio para el bien común. Dios en su afecto y ánimo envía a su propio Hijo para traer la enseñanza y mensaje, con la finalidad de generar y fomentar una educación y formación en el ser humano, práctico y útil para las actividades de convivencia en la cotidianidad o diario vivir, y trampolín para la aspiración a una vida eterna: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios” (Juan 3.16 al 18 – RVR1909).


>

¿Cómo comprender y lograr entender al Hijo primogénito y a la vez unigénito? Hemos mencionado a Dios Padre como la energía única al principio de todo lo existente, es la energía creadora del espacio y del tiempo, como decían algunos:


“… y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los términos de la habitación de ellos; Para que buscasen á Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros: Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de éste somos también. Siendo pues linaje de Dios, no hemos de estimar la Divinidad ser semejante á oro, ó á plata, ó á piedra, escultura de artificio ó de imaginación de hombres” (Hechos 17.26 al 29 – RVR1909).

Obsérvese la diferencia entre estar apegado a lo terrenal, con los pies puestos en lo material, o ser parte de la energía de Dios y moverse en su energía, porque en él vivimos, nos movemos y somos. El afecto y el estado de ánimo involucran las emociones y sentimientos, según la condición de equilibrio y salud mental. A su vez atañe a las intenciones y a la voluntad. El ser humano es un ser integral, pero divaga y se desplaza sin dirección, orientación, propósito o rumbo determinado, su intelecto se limita a la competitividad y desempeño de supervivencia humana. Se dice que tanto las emociones individuales o colectivas en sociedad, requiere de una inteligencia para las reacciones y reflejos de un comportamiento y conducta adecuados y moderados. Por esta razón, en relación con lo que atañe a la vida eterna, el ser humano tiene una dependencia de la Inteligencia de Dios Padre, mediante su energía mental a través de la mente de su Hijo Jesucristo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR1909). El pasaje anterior hace referencia a una instrucción divina, porque ¿Quién instruyó al Señor Jesucristo en su preexistencia? Jesús dijo:


“Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y el que oyere mis palabras, y no las creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero. Porque yo no he hablado de mi mismo; mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo” (Juan 12.46 al 50 – RVR1909).

Esta conexión, contacto y relación directa de Jesucristo como Hijo con su Padre, lo hace ser el único o unigénito. La inteligencia transmitida por Jesucristo tiene relación con el poder de elección, se dice que quien tiene el conocimiento tiene el poder, pero trasladémonos a la época de Adán y Eva, donde se presenta el árbol de la ciencia del bien y del mal. Eva tiene duda e indecisión al obedecer a Dios, función del temperamento. Dios les da instrucciones o mandamiento, de comer de cualquier árbol, excepto del árbol de la ciencia del bien y del mal. Entre todas las opciones, en su facultad y libertad de elegir, resulta que tanto Adán como Eva escogen la opción censurada o prohibida. El conocimiento es la instrucción o mandamiento de Dios, conocida por Adán y Eva, pero la inteligencia viene a ser la capacidad de procesar la información y determinar la mejor aplicación o elección. En este caso corresponde a la fidelidad o lealtad a la obediencia a Dios. El árbol de la vida, reiteradamente hemos confirmado su referencia a Jesucristo, por consiguiente la inteligencia de Jesucristo demostrada con la praxis de sus enseñanzas. Una vez realizada la infracción por parte de Adán y Eva, se posibilita su comparación del antes y después de la desobediencia y rebeldía, de manera que se amplía el panorama para distinguir entre el bien y el mal. Por lo tanto, se confirma la existencia de una especie de inteligencia emocional y social, pero entre todos los conceptos presentados al respecto, la mejor concepción construida con la práctica, es la expuesta por Jesucristo mismo, con su ejemplo y modelo de vida.


El afecto y ánimo es decidido y resuelto, no duda ni vacila, puede ayudar en lo temperamental. La historia de la humanidad titubea entre sus propios ídolos y dioses falsos, frente al Dios verdadero. Así dijo Josué: “Y si mal os parece servir á Jehová, escogeos hoy á quién sirváis; si á los dioses á quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron de esotra parte del río, ó á los dioses de los Amorrheos en cuya tierra habitáis: que yo y mi casa serviremos á Jehová” (Josué 24.15 – RVR1909). Ante los dioses falsos, Dios es único y no hay otro Dios: “Por tanto tú te has engrandecido, Jehová Dios: por cuanto no hay como tú, ni hay Dios fuera de ti, conforme á todo lo que hemos oído con nuestros oídos” (2 Samuel 7.22 – RVR1909). Dios permite y posibilita un homenaje solamente a su propio Hijo: “Y ahora, reyes, entended: Admitid corrección, jueces de la tierra. Servid á Jehová con temor, Y alegraos con temblor. Besad al Hijo, porque no se enoje, y perezcáis en el camino, Cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían” (Salmos 2.10 al 12 – RVR1909). Toda la creación fue establecida por Dios como herencia para su Hijo: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra” (Salmos 2.7 al 8 – RVR1909). El Padre se acompañaba de su Hijo en la creación: “… ¿Quién afirmó todos los términos de la tierra? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si sabes?” (Proverbios 30.4 – RVR1909). Hay una analogía en Proverbios para comparar al Hijo con la inteligencia y sabiduría:


“Yo, la sabiduría, habito con la discreción, Y hallo la ciencia de los consejos… Conmigo está el consejo y el ser; Yo soy la inteligencia; mía es la fortaleza… Jehová me poseía en el principio de su camino, Ya de antiguo, antes de sus obras. Eternamente tuve el principado, desde el principio, Antes de la tierra. Antes de los abismos fuí engendrada; Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas… Cuando establecía los fundamentos de la tierra; Con él estaba yo ordenándolo todo; Y fuí su delicia todos los días, Teniendo solaz delante de él en todo tiempo” (Proverbios 8.12 al 30 – RVR1909).

Recordemos que al Hijo se le identifica como la acción, palabra o verbo: “En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció… Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1.10 y 14 – RVR1909). También al Hijo se le asocia con la vida eterna, y gracias a que existe el Hijo es que a Dios se le puede llamar el Padre:


“Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos mirado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida; (Porque la vida fué manifestada, y vimos, y testificamos, y os anunciamos aquella vida eterna, la cual estaba con el Padre, y nos ha aparecido;) Lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros: y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo” (1 Juan 1.1 al 3 – RVR1909).

11) La intención, motivación y voluntad

La intención, motivación y voluntad


La intención, motivación y voluntad se entrelazan para construir una conexión y correspondencia en la relación entre el ser humano y Jesucristo. Además para edificar e infundir los sentimientos de piedad y virtud necesarios en el discipulado. ¿Cómo saber si el vínculo de unión en este enlace es auténtico o genuino? Esto se define tanto por la influencia como por la procedencia. Dios Padre establece en su Hijo Jesucristo una luz para iluminación del camino. El salmista dice lo siguiente: “Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán; Me conducirán al monte de tu santidad, Y a tus tabernáculos” (Salmos 43.3 – RVR1909). ¿Cómo identificar la luz verdadera que lleva a la santidad? Porque las mismas escrituras advierten lo siguiente: “Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz” (2 Corintios 11.14 – RVR1909). Se ha mencionado que la Biblia contiene muchos símbolos con sus correspondientes significados, por ejemplo, Jesucristo comparó su cuerpo como templo. Observemos un mismo mensaje transmitido por Jesús y dos interpretaciones, a saber, el edificio del templo o el cuerpo de Jesús, según lo interprete el receptor:


“Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto? Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fue este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás? Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho” (Juan 2.18 al 22 – RVR1909).

Analicemos el influjo de la transmisión del mensaje y su interpretación, según la situación de la influencia y de la procedencia. Antes tómese en cuenta que un estado consciente es aquel donde se piensa, quiere, siente y obra con conocimiento de lo que se hace. Necesariamente la Biblia se explica por sí misma y se requiere transcribir el texto del pasaje para comprender el trasfondo del mensaje. El auditorio o conjunto de oyentes se compone de personas adversas o a favor del mensaje y de Jesucristo. Se cumple en unos y en otros lo siguiente:


“Que si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto: En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios. Porque no nos predicamos á nosotros mismos, sino á Jesucristo, el Señor; y nosotros vuestros siervos por Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4.3 al 6 – RVR1909).

El ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad de sus acciones y dejar de culpar a Dios. Según el pasaje mencionado anteriormente es el dios de este mundo, quien ciega los entendimientos de los incrédulos, pero conforme a la propia incredulidad del ser humano como veremos a continuación, debido a la confusión por el engaño y mentira que prevalece en quienes no creen en Jesucristo, o en quienes distorsionan la creencia a su propia conveniencia e interés particular. En el análisis anterior, el mensaje transmitido por Jesucristo acerca de su cuerpo como templo y en referencia a la resurrección, es el mismo mensaje para todos los oyentes, pero quienes piden señal se quedan sin comprensión, ni entendimiento, porque reciben la resurrección como un supuesto fraude, según se presentan ante Pilato: “Y el siguiente día, que es después de la preparación, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariseos á Pilato, Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el día tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero” (Mateo 27.62 al 64 – RVR1909).


Mientras tanto, los discípulos con un mismo acontecimiento de la resurrección, confirman la veracidad de las Escrituras y la vigencia del mensaje de Jesucristo. Esto es demostración de la influencia y de la procedencia. Jesucristo de ninguna manera fue un engañador, como se aseveró en contra de él, sino que los mismos seres humanos se engañaron a sí mismos, para su propio perjuicio espiritual y moral, aunque muchas veces reciban beneficio económico y material por su proceder, tal es el caso de los mercaderes del templo. El templo se supone es un lugar exclusivo para determinado fin, para una intención, motivación y voluntad específica. Así también es el destino y propósito del cuerpo humano en relación con la adoración, consagración, santificación y servicio al Señor Jesucristo. Lo que pasa es que convirtieron el sistema del templo en un negocio particular para una vida de lucro, opulencia y vanidad, de manera que rechazaron el mensaje. Jesús dijo (el subrayado es nuestro):


“Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella, Diciendo: ¡Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación. Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendían y compraban en él. Diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oración es; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y enseñaba cada día en el templo; mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle. Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole” (Lucas 19.41 al 48 – RVR1909).

La intención, motivación y voluntad es imprescindible para llegar a ser una persona, con el cuerpo en condición de templo del Espíritu Santo. Precisamente para ser salvo de las corrientes y modas de las masas humanas, con la aspiración de recibir la resurrección para vida eterna, es imposible abstenerse, decidir o privarse de ser una persona que sea templo del Espíritu Santo. El ser templo del Espíritu Santo es requisito indispensable, de lo contrario su omisión se considera como blasfemia contra el Espíritu Santo. Jesucristo dijo al respecto: “Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, mas está expuesto á eterno juicio. Porque decían: Tiene espíritu inmundo” (Marcos 3.29 al 30 – RVR1909). En otro pasaje Jesús menciona lo siguiente: “Y si por espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios… Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero” (Mateo 12.28 y 32 – RVR1909).


Jesucristo en su primera venida, proclamó ser el camino, la verdad y la vida (Juan 14.6), su resurrección representa la vida eterna que nos confirma como hechos a imagen de Dios, su cuerpo como templo nos hace semejantes a Dios en el caso de la santidad: “Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos á Jesús mora en vosotros, el que levantó á Cristo Jesús de los muertos, vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros” (Romanos 8.11 – RVR1909). Además dice la palabra de Dios: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6.19 – RVR1909). En la palabra encontramos que las personas son el templo del Dios viviente, porque Dios mismo habita y anda entre ellos: “¿Y qué concierto el templo de Dios con los ídolos? porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré en ellos; y seré el Dios de ellos, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6.16 – RVR1909). El ser humano recibe de Dios Padre la promesa de ser a su imagen, mediante la resurrección con cuerpo transformado y la vida eterna. A través del Hijo de Dios o Dios Hijo, que es lo mismo, el ser humano obtiene la semejanza en la santificación, experimentada por Jesucristo, que siendo en forma humana fue obediente al Padre e hizo su voluntad hasta la muerte: “Porque mejor es que padezcáis haciendo bien, si la voluntad de Dios así lo quiere, que haciendo mal. Porque también Cristo padeció una vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos á Dios, siendo á la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 Pedro 3.17 al 18).


La santidad se obtiene mediante la vivencia del cuerpo como templo del Espíritu Santo, es el ejercicio y práctica de la obra del Espíritu Santo en la persona, por consiguiente la ausencia o negación del ser como templo, trae la consecuencia de la exclusión de la promesa de vida eterna, ya que los incrédulos en la condición de incredulidad se quedan sin recibir el sello del Espíritu Santo: “Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios; El cual también nos ha sellado, y dado la prenda del Espíritu en nuestros corazones” (2 Corintios 1.21 al 22 – RVR1909). Además dice: “… de que Dios os haya escogido desde el principio para salud, por la santificación del Espíritu y fe de la verdad” (2 Tesalonicenses 2.13 – RVR1909). Otra consulta podría ser: ¿Cómo logramos reconocer si hay consciencia o inconsciencia de que nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Hay un pasaje que nos invita a comprobar y reconocer nuestra propia valoración: “Examinaos á vosotros mismos si estáis en fe; probaos á vosotros mismos. ¿No os conocéis á vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros? si ya no sois reprobados. Mas espero que conoceréis que nosotros no somos reprobados” (2 Corintios 13.5 al 6 – RVR1909).


En el siguiente pasaje hay una explicación combinada muy clara acerca de la interrelación entre la intención, motivación y voluntad:


“Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios. Mas vosotros no estáis en la carne, sino en el espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, el tal no es de él” (Romanos 8.5 al 9 – RVR1909).

Finalmente, como hemos mencionado en otras ocasiones, Jesucristo vino enviado del Padre y a la vez por su propia voluntad en forma de ser humano, para demostrar que la humanidad tiene capacidad de ser fiel y obediente a Dios. Esta humanidad implica la intención, motivación y voluntad para obedecer, así como Jesucristo en su misma semejanza de humanidad y santidad: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2.20 – RVR1909).


12) La virtud: los principios y valores

La virtud: los principios y valores en el transcurso de la vida


La virtud es Jesucristo mismo, porque el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo representa la virtud, así como lo dispuso Dios Padre: “… para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). Se dice que la virtud es el poder o potestad de actuar con rectitud, además de la fuerza necesaria para provocar inevitablemente un efecto eficaz, que conserva o restablece un bienestar integral, la paz y serenidad espiritual, por consiguiente el sosiego corporal y mental. La virtud es la disponibilidad habitual y voluntaria de actuar conforme a los principios y valores, que son de gran valor y vigor para la convivencia cotidiana entre seres humanos. Jesucristo es la virtud como guía, referencia o regla para la conducta y comportamiento. La sociedad en general asume como propios la autoría, definición y legislación de los principios y valores, pero en realidad el Autor de los principios y valores es Dios Padre, el Creador de todo lo existente, manifestado mediante su Hijo. Se advierte que el siguiente análisis es fuerte, porque las Sagradas Escrituras dicen: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR1909).


Para iniciar hay un pasaje mencionado por Jesucristo, donde se entremezcla conceptualmente y se resume con acierto la realidad eclesiástica de toda su historia, tanto antigua, colonial, medieval y primitiva, como contemporánea. El común histórico es el credo religioso y el conjunto de integrantes que lo profesan. La vida histórica de la iglesia ha lidiado paralelamente con la sociedad civil no confesional. El pasaje es algo extenso, pero su transcripción es fundamental, para captar integralmente la idea transmitida por el texto y la interpretación que hacemos en el contexto actual. El pasaje inicia con el texto a continuación: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 6.13 al 14 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo nos invita a entrar por la puerta estrecha, pero resulta que él mismo es la puerta como en otra ocasión manifiesta: “Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo…” (Juan 10.9 – RVR1909). Somos parte del mundo, y vivimos en un mismo planeta, donde no podemos vivir aislados de una sociedad corrupta y descompuesta en todos sus ámbitos, justificada con el pretexto del status social y la supervivencia, la sociedad se ha descarrilado de la verdad de Cristo, se ha desviado del camino y desbocado con ceguera, guiando a las masas humanas cegadas hacia el precipicio, por ejemplo, mediante la dominación histórica, el expansionismo ideológico y territorial, la explotación y robo de la riqueza local o nativa de los pueblos, las guerras genocidas y masacres humanas. El equivalente a la trata de personas, al lucro y la usura en perjuicio de los más desposeídos. Los principios y valores que llevan a la vida eterna son los de Jesucristo, por este motivo ante Dios el Padre, solo Jesucristo basta y sobra, es el camino, la verdad y la vida. Las prácticas injustas del mismo ser humano ocasiona la generación de ocupaciones deshonestas, por falta de una distribución de la riqueza de forma más equitativa y las oportunidades de fuentes de trabajos dignos y honrados.


A continuación con el pasaje en análisis se dice: “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces” (Mateo 7.15 – RVR1909). El sistema eclesiástico y religioso, debido al crecimiento de la iglesia y la imperante necesidad de regular sus actividades, implementa e impone reglas internas de la iglesia, basadas en creencias, dogmas, estatutos y toda la legislación eclesiástica. Esto es el fraccionamiento cristiano, llámese congregación, denominación, iglesia o religión, que han opacado a Jesucristo con sus propias listas de enseñanzas para alcanzar la salvación, enseñanzas basadas en meras interpretaciones y teorías, determinadas e identificadas para su propio grupo como únicas y verdaderas. Esto sucede a nivel grupal e institucional, porque la organización en sí sustituye la infalibilidad, preeminencia y supremacía de Jesucristo. Se deposita la confianza en un líder o jerarquía de líderes, quienes toman las decisiones y reemplazan el sentido de la vida de Jesucristo. Aún sus líderes tienen una gran oratoria y convencimiento para arrastrar e impresionar a las masas humanas, pero de ninguna manera reflejan o representan el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.


El interés de estos líderes es el crecimiento del volumen de miembros integrantes de su respectivo grupo eclesiástico, en lugar del servicio fiel a Cristo, es la oportunidad de ver la iglesia como un negocio familiar o personal, como fuente de trabajo y subsistencia asalariada, económica, financiera y presupuestaria. Abunda la capacidad de inventar creencias que remplazan a Cristo en su importancia, prioridad y único medio de salvación y vida eterna establecido por Dios Padre. Esto refuerza la dependencia absoluta a las directrices eclesiásticas para alcanzar dicha salvación. Aunque la Biblia dice acerca de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 – RVR1909). Se mantiene a los asistentes a la iglesia, congregados o feligreses de manera cautiva, con la creencia de que están en una organización indispensable y única para recibir la salvación y vida eterna. Se vuelven obreros ilegítimos, solamente por amor al dinero y sin vocación de fidelidad y servicio a Jesús, llegan a ser seudo-cristianos pero de ninguna manera discípulos auténticos de Jesucristo. Su misión es formar la iglesia con la prioridad de la institucionalización, en el sentido de la actividad económica y de socialización, durante un tiempo establecido y específico de liturgia y de reunión, una o más veces por semana, antes de la armonía y comunión como una forma de vida en comunidad de fe en el diario vivir, específicamente en el bien común y la ayuda solidaria al más necesitado todos los días de la semana, tanto en lo espiritual como en lo material. Basta analizar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, para hacer conciencia de la acción de Jesucristo, su enseñanza, mensaje, parábolas, consolidado y respaldado en la práctica y vivencia de sus hechos.


Si Jesucristo es nuestra referencia, es la razón de ser de todo lo existente, es la cabeza de la iglesia, es la medida o regla que nos une en una misma creencia, es la sana doctrina, es el maestro o mentor y nosotros el discipulado, es el estándar o vínculo común para todos, entonces, ¿por qué cada día se fundan y surgen nuevas iglesias de denominaciones con creencias muy diferentes entre sí? Seguidamente el pasaje en estudio menciona: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16 al 20 – RVR1909). Los frutos son el resultado o la evidencia de un verdadero arrepentimiento, conversión y resarcimiento. Se insta como requisito el ser una persona templo del Espíritu Santo, pues resulta que los frutos del Espíritu son los principios y valores de la caridad, el gozo, la paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza (Gálatas 5.22 al 23).


La Biblia dice: “Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1.8 al 9 – RVR1909). A esto se suma el amor, compasión, esperanza, fe, justicia, paciencia, misericordia y demás características o cualidades demostradas por Jesucristo. Por ejemplo, la Biblia dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14 – RVR1909). Cada una de estas palabras tiene un gran significado, y su aplicación es muy amplia en todas las áreas de nuestra vida, por ejemplo, templanza quiere decir constancia, estabilidad, firmeza y dominio propio, tiene que ver con la altivez, el enojo, y la ira, es decir el dominio del carácter y el control posible del temperamento con la mediación de Jesucristo e intervención de Dios Padre: “Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.24 al 25 – RVR1909).


En relación con este análisis hay un pasaje que hace alusión a los principios y valores:


“Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; Y en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad” (2 Pedro 1.2 al 7 – RVR1909).

¿Qué tiene que ver las virtudes, como los principios y valores, para la salvación y vida eterna? A esto le sumamos la idiosincrasia de la persona en su combinación de carácter y temperamento. En el caso del temperamento, el mismo es semejante a un chip biológico o circuito integrado biológico, que no cambia en todo el transcurso de la vida del ser humano, solamente por medio de la intervención de Dios para realizar un cambio, conocido como nacer de nuevo: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros” (Romanos 15.13 al 14 – RVR1909). El algoritmo viene a ser el arrepentimiento, conversión y resarcimiento de la vieja mentalidad del ser humano, reflejada en sus conductas y comportamientos a través del don del Espíritu Santo: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…” (Efesios 1.17 al 19 – RVR1909).


Las virtudes como los principios y valores, tienen influencia sobre las actitudes, características, convivencia, costumbres, cualidades, cultura, educación, emociones, habilidades, hábitos, prácticas y sentimientos, adecuados para el diario vivir y que en su conjunto aportan la calidad de la espiritualidad de la persona. Esto atañe a las acciones y obra de Jesucristo en su ejemplo y modelo según su demostración y práctica durante su vida. El texto en análisis continúa con el siguiente pasaje: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR1909).


Jesucristo representa una forma de vida, una relación de convivencia en armonía con Dios el Padre y con el prójimo, o sea, con las personas a nuestro alrededor. El ser humano al formar parte de un grupo eclesiástico o religioso, se rige por las creencias, doctrinas y dogmas establecidos en su respectiva organización, sea independiente o afiliada a una casa o sede matriz, sea una congregación o una denominación. Sin embargo, a pesar de estas circunstancias donde la persona se identifica como cristiano, es su compromiso primario ante Dios, el ser un discípulo de Jesucristo en la práctica del ejemplo y modelo de vida de Jesús, coherente y congruente a sus principios y valores con la cotidianidad, de lo contrario las personas se catalogan como hacedores de maldad desconocidas por Jesucristo.


13) Los atributos o cualidades

Los atributos o cualidades


Los atributos o cualidades de Dios influyen en la forma o manera de ser de la persona y está relacionado con la esencia del ser en Cristo Jesús Señor nuestro. Esta esencia hace alusión a lo inherente, por ser inseparable, también a lo innato, porque es connatural, o sea, nacido con el mismo ser de forma intrínseca desde lo más interno. La Biblia dice: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8.35 al 37 – RVR1909). Es una esencia inmanente por la inherencia al ser y por estar unida de modo inseparable a la existencia: “Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8.38 al 39 – RVR1909).


Algunas personas con la iniciativa propia desde la niñez, descubren y observan en todo el transcurso de su vida, la imperante búsqueda y necesidad sobrenatural de amar y obedecer a Dios, aún perdura hasta en su longevidad. Esta relación la encontramos entre Dios Padre y su Hijo: “Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él… Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2.40 y 52 – RVR1909). En este caso Jesús aclara y menciona lo siguiente:


“Estas cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti; Como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna á todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado. Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” (Juan 17.1 al 5 – RVR1909).

Dios antes de Moisés se manifiesta como Dios Omnipotente, pero después de Moisés se da a conocer con el nombre de Yahvé o Jehová: “Habló todavía Dios á Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ; Y aparecí á Abraham, á Isaac y á Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me notifiqué á ellos” (Éxodo 6.2 al 3 – RVR1909). Por esta razón desde el libro de Génesis, el autor escribe el nombre Jehová, por ejemplo en el pasaje de Génesis 4.26, cuando a Set le nace un hijo por nombre de Enós, entonces las personas empiezan a invocar el nombre de Jehová. En realidad antes de Moisés Dios se da a conocer como Dios Omnipotente.


El nombre de Dios es un tetragrámaton representado con las siguientes letras: YHVH, que se asocia con el significado de Ser o hacer que exista: “Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé? Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3.13 al 14 – RVR1909). Para lograr su pronunciación fue necesario agregarle vocales, quedando Yahveh o la forma latinizada Jehovah, de donde provienen las trascripciones al castellano de Yahvé o Jehová: “Oh Jehová, Señor nuestro, ¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra, Que has puesto tu gloria sobre los cielos!” (Salmos 8.1 – RVR1909). Otro pasaje dice: “Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (Salmos 83.18 – RVR1909). También dice: “Alabad, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito, Desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová” (Salmos 113.1 al 3 – RVR1909). Y dice: “Oh Jehová, eterno es tu nombre; Tu memoria, oh Jehová para generación y generación” (Salmos 135.13 – RVR1909). Por cuestiones del idioma, la preferencia es utilizar como fuente las consonantes YHVH, para representar en castellano Yahvé del nombre de Dios Yahveh. También se presenta la transliteración de fuente JHWH y el resultado como Jehowah, aunque en el idioma inglés utilizan Yahweh del tetragrámaton YHWH.


En todo caso a Dios se le llama Señor (Génesis 15.2 y 8; Éxodo 23.17 y 34.23), y Padre: “Tú empero eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, é Israel no nos conoce: tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre” (Isaías 63.16 – RVR1909) y “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros” (Isaías 64.8 – RVR1909). Jesucristo lo confirma: “Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Lucas 11.2 – RVR1909). Dios Padre es el Ser Supremo, que no tiene superior en su orden (1 Crónicas 29.11 al 12). Es el Todopoderoso (Génesis 17.1), que existe por sí mismo como Dios Eterno (Génesis 21.33; Job 36.26), y es el Creador de todas las cosas que existen (Génesis 1.1; Hechos 17.24). Desde el principio de la creación Dios se ha manifestado como Padre, prueba de esto es que el evangelio de Lucas declara a Adán como hijo de Dios (Lucas 3.38). Este pueblo de hijos de Dios son los que se mezclaron con mujeres de los hombres que no clamaban a Dios (Génesis 6.1 al 5). Pero Noe halló gracia ante los ojos de Jehová y era varón justo, perfecto en sus generaciones que caminó con la voluntad de Dios (Génesis 6.8 al 9). En Job también se habla de hijos de Dios, quienes se presentan delante de Jehová (Job 2.1).


Se acostumbra en la Biblia acompañar el Nombre de Dios con alguna de las siguientes cualidades: Alto o Altísimo, Bandera o Estandarte, Justo o Justicia, Pacificador o Paz, Pastor, Proveedor, Sanador y Viviente (Génesis 14.18 al 20 y 22.13 al 14; Éxodo 15.26 y 17.15; Josué 3.10; Jueces 6.24; Salmos 23.1; Jeremías 23.6). Se le conoce como Jehová de los ejércitos y el Santo de Israel: “Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54.5 - RVR1909 y 1.4, 5.24; Oseas 12.6). Entre sus atributos están los siguientes: Celoso (Éxodo 34.14; Deuteronomio 6.14 al 15), Eterno (Deuteronomio 33.27), Inescrutable (Job. 5.8 al 9; Romanos 11.33), Inmutable (Hebreos 6.17 al 18), Invisible (Romanos 1.20; Colosenses 1.15; 1 Timoteo 1.17; Hebreos 11.27), Justo (Éxodo 9.27; Deuteronomio 32.3 al 4; 2 Crónicas 12.6; Esdras 9.15), Misericordioso (Éxodo 34.6; Deuteronomio 4.31; 2 Crónicas 30.9; Salmos 86.15 y 145.17; Jeremías 3.12), Omnipotente (Génesis 35.11 y 43.14; Salmos 91.1; Ezequiel 10.5), y Santo (Levíticos 11.44 al 45, 19.2 y 21.8; Josué 24.19; Isaías 5.16 y 43.15). Dios es Espíritu (Juan 4.24), sin embargo, para que la humanidad entienda mejor a Dios, se le han dado características físicas similares a las del ser humano, entre algunas están: ojos y oídos (Salmos 11.4 y 34.15), brazos, manos y rostro (Salmos 89.13 al 14 y 119.73).


El Padre posibilita en su Hijo de la plenitud de sus atributos y poder. En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad y es cabeza de todo principado y potestad (Colosenses 2.9 al 10), porque el Hijo es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1.15; 2 Corintios 4.4) y el primogénito de toda creación, por cuando agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1.15 al 19). Del Hijo recibimos su semejanza en la humanidad corporal, pero del Padre podríamos ser semejantes en su eternidad, mediante la promesa de salvación y vida eterna, porque el Padre es invisible (1 Timoteo 1.17), pero su Hijo le ha dado a conocer. Dios comparte la gloria con su Hijo, a quien exaltó cuando no quiso dar la gloria a nadie más sino a su propio Hijo. En el nombre de Jesús se dobla toda rodilla y toda lengua confiesa a Jesucristo como el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2.9 al 11). Esto lo encontramos en el libro del profeta Isaías, donde se declara frente a los ídolos de Babilonia que no hay más Dios que él, no hay otro Dios y nada semejante a él (Isaías 45.20 al 23 y 46.9). En el contexto de los falsos dioses, Dios anunció su mensajero, su siervo en quien tiene contentamiento, puso sobre él su Espíritu para que trajera justicia a las naciones (Isaías 42.1 al 8), este es su Hijo Jesús a quien Dios glorificó (Hechos 3.13), porque había prometido que no le daría su gloria a nadie más que no sea su mensajero y siervo escogido, ni le daría su alabanza a esculturas: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes; Para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel á los presos, y de casas de prisión á los que están de asiento en tinieblas. Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42.6 al 8 – RVR1909).


Es así como en el evangelio de Juan encontramos que Cristo es glorificado por su Padre (Juan 8.54), o sea, glorificar es hacer digno de alabanza y honor. A su vez el Padre es glorificado en Jesucristo (Juan 13.31 al 32). Esto fue testificado cuando se oyó desde el cielo la voz del Padre confirmando la glorificación del nombre (Juan 12.28 al 30). Esta virtud de Cristo de exaltar al Padre y por el mérito de hacer la obra recibida por la encomienda de Dios, entonces su Padre también le glorifica al lado suyo (Juan 17.1 y 4 al 5). En el Apocalipsis se hace referencia del Señor Jesucristo como el que ha de venir Todopoderoso (Apocalipsis 1.8). También se dice que es digno de alabanza, fortaleza, gloria, honra, poder, riquezas y sabiduría, por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5.12 al 13). Jesús prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28.20), esto es omnipresencia. Además el Hijo es engrandecido y exaltado por el Padre como Salvador (Hechos 5.31), de manera que siendo Dios Hijo llega a ser engrandecido como Dios Salvador (Tito 2.13). También está presente la omnisciencia en el Hijo de Dios, porque conoce los pensamientos de las personas (Mateo 12.25; Juan 2.24 al 25 y 16.30).


Hay una unicidad de Dios frente a los dioses. El Dios Creador es único frente a los dioses de los pueblos politeístas. En su sola potestad no tiene igual. Antes de él no fue formado otro ni después de él habrá otro igual, existía antes que hubiera día y lo que hace no hay quien lo estorbe (Isaías 43.10 al 13). En el cuarto día de la creación hizo el sol, la luna y las estrellas, de manera que es superior a los astros adorados mediante la idolatría y es más grande que todos los dioses imaginarios de las gentes y pueblos (Éxodo 18.11; Salmos 95.3 y 96.5). Es abominación servir a dioses ajenos e inclinarse ante ellos (Levítico 26.1), ya sea al sol, la luna, a todo el ejército del cielo (Deuteronomio 17.2 al 5) o a los signos del zodíaco (2 Reyes 23.5). El ser humano se olvidó de su Creador, se inclinó y rindió culto a las criaturas, a pesar de conocer a Dios, su eterno poder y deidad, claramente visibles desde la creación del mundo por medio de las cosas hechas (Romanos 1.20 al 25). Dios es único (Deuteronomio 6.4; Isaías 45.5 al 6; Santiago 2.19), porque absolutamente nada puede sustituir su preeminencia y supremacía, su grado supremo en superioridad jerárquica, por esta razón Jesús manifestó el mandamiento de amar a Dios en primer lugar, con todo el corazón, fuerzas, mente y vida (Marcos 12.28 al 34). La unicidad de Dios es frente a estos dioses paganos, por lo tanto, no hay más que un Dios: “… Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él” (1 Corintios 8.4 al 6 - RVR1909).


Jesucristo representa el carácter del Padre, en la autoridad, energía, fuerza y poder. La pluralidad de Dios “Elohim” (Dioses) frente a su Hijo la encontramos desde el principio de la creación cuando Dios dijo: “… Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza;…” (Génesis 1.26 – RVR1909). También está en el pasaje de la construcción de una ciudad con la torre de Babel cuando Jehová dijo: “… Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas,…” (Génesis 11.6 al 7 – RVR1909). Esta relación entre Padre e Hijo es un diteísmo claramente señalado en muchos pasajes de las Sagradas Escrituras. En la carta a los Hebreos nos dice lo siguiente del Hijo comparado con su Padre:


“El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas, Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque ¿á cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré á él Padre, Y él me será á mí hijo?” (Hebreos 1.3 al 5 – RVR1909).

El Hijo es superior a los ángeles porque Dios es su Padre. La explicación de esto se encuentra al inicio del evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1.1 al 2 – RVR1909), que parafraseamos así: la Palabra o Verbo (que es el Hijo) es un Dios que está con Dios (el Padre), o sea el Hijo era en el principio con el Padre. Además se manifiesta: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad… A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1.14 y 18 – RVR1909).


Dios Hijo es el que fue manifestado en carne y recibido arriba en gloria: “Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria” (1 Timoteo 3.16 – RVR1909). Otro pasaje en la carta a los Hebreos llama al Hijo como Dios y menciona que fue ungido por su Dios (el Padre): “Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Vara de equidad la vara de tu reino; Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que á tus compañeros” (Hebreos 1.8 al 9 – RVR1909). Este texto hace alusión a Salmos 45.6 al 7. Dios Padre ha exaltado a su Hijo Jesús con su diestra: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2.32 al 33 – RVR1909). Otro pasaje confirma: “El Dios de nuestros padres levantó á Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole de un madero. A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen” (Hechos 5.30 al 32 – RVR1909). Esteban lleno del Espíritu Santo, viendo en dirección al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su diestra: “Más él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba a la diestra de Dios, Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios” (Hechos 7.55 al 56 – RVR1909).


Cristo Jesús antes de ser enviado por su Padre y estando en forma de Dios, no se aferró a mantenerse como Dios, sino que se despojó a sí mismo y vino como ser humano en carne:


“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús: El cual, siendo en forma de Dios, no tuvo por usurpación ser igual á Dios: Sin embargo, se anonadó á sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante á los hombres; Y hallado en la condición como hombre, se humilló á sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.5 al 11 – RVR1909).

Luego Jesucristo volvió al cielo de Dios y se sentó a la diestra de su Padre hasta poner a sus enemigos por estrado de sus pies: “Jehová dijo á mi Señor: Siéntate a mi diestra, En tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmos 110.1 – RVR1909; Hechos 2.34 al 36; Colosenses 3.1; Hebreos 1.13, 8.1 y 10.12 al 13), así es como se sentó al lado del Padre en su trono (Apocalipsis 3.21). Antes de subir confesó que iba a su Dios y Padre: “… Subo a mi Padre y á vuestro Padre, a mi Dios y á vuestro Dios” (Juan 20.17 - RVR1909). Por lo tanto, el Hijo no es el mismo Dios con el Padre, sino que el Padre es Dios de su Hijo (Marcos 15.34; 1 Pedro 1.3; Apocalipsis 1.1 y 3.12). La unidad del Hijo y del Padre es en el mismo amor, carácter, propósito y sentido, porque hay una unanimidad de Dios con su Hijo. Jesús dijo que nadie había visto al Padre, salvo él mismo: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (Juan 6.45 al 46 – RVR1909) y los ángeles que están en el cielo (Mateo 18.10). Por medio del Hijo es que conocemos al Padre. A Dios nadie le vio jamás (Juan 1.18). A través de Jesús histórico con los hechos de su vida, por su demostración de tener a Dios Padre en su corazón, hace visible ante la humanidad al Padre, en su forma de ser:


“… ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14.7 al 13 - RVR1909).

La unanimidad del Hijo con su Padre es en amor, gracia, misericordia, paz, propósito, unidad y verdad: “Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Juan 3 – RVR1909). El Padre y el Hijo son de un mismo parecer:


“Yo y el Padre una cosa somos. Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle. Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreáis? Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois? Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada); ¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10.30 al 38 – RVR1909).

También nosotros es necesario que seamos unánimes con la esencia o ser divino (deidad), en sus características y cualidades, en perfecto amor y unidad: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros” (Juan 17.11 – RVR1909). En resumen, tenemos el siguiente pasaje con la combinación de toda esta explicación:


“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste; Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestarélo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17.20 al 26 – RVR1909).

No obstante, hay diferencias entre el Hijo y el Padre, porque Dios es mayor que su Hijo. El Padre es la cabeza de Cristo (1 Corintios 11.3). Jesucristo admitió la potestad del Padre (Mateo 20.23 y 24.36; Hechos 1.7), confirma que su Padre es mayor que él: “Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14.28 – RVR1909), inclusive el Hijo se sujetará al Padre, para que Dios Padre prevalezca sobre todo: “Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas á él, claro está exceptuado aquel que sujetó á él todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.27 al 28 – RVR1909). Otra expresión del Hijo demuestra que está sujeto al Padre, por ejemplo: “…porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió” (Juan 8.42 – RVR1909). Además cuando ora al Padre para que pase de él la copa, pero no conforme a su propia voluntad sino de acuerdo a la voluntad del Padre (Lucas 22.41 al 42), y hace lo agradable al Padre:


“Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo. Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre” (Juan 8.25 al 29 – RVR1909).

Otro texto resumen de esta explicación es el siguiente, porque Jesús dice que no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre así hará igualmente:


“Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida. Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida. De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre” (Juan 5.19 al 30 – RVR1909).

Jesucristo es el Hijo de Dios o Dios Hijo. Jesús es el Hijo de Dios Padre (Juan 1.49) y Jesús mismo lo afirma (Lucas 22.70 al 71; Juan 10.36, 11.4 y 19.7). Y es el mediador entre Dios Padre y los seres humanos (1 Timoteo 2.5). Es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3.16 al 18), el Verbo que fue hecho carne, habitó entre nosotros y vimos su gloria como del unigénito del Padre (Juan 1.14). Fue profetizado (Génesis 49.10; Isaías 7.14) y cuando llegó el cumplimiento del tiempo, el Padre envió a su Hijo (Juan 8.42; Gálatas 4.4). Es el Mesías (Juan 4.25 al 26), reconocido como el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16.16). Hay una preexistencia y deidad del Hijo de Dios, por esta razón se cree en la preexistencia del Hijo de Dios (Juan 8.58). Fue creado por Dios el Padre y engendrado en la virgen María (Salmos 2.7; Hechos 13.33; Lucas 1.30 al 31; Hebreos 1.5 al 6 y 5.5). Este también es un ser con esencia divina en forma de Dios (Filipenses 2.5 al 6). El Padre constituyó al Hijo como heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Hebreos 1.1 al 2). Es el principio de la creación (Apocalipsis 3.14). Se hace alusión a él cuando Dios en el primer día hizo la luz (Génesis 1.3; 2 Corintios 4.6), ya que Juan lo relaciona con la luz (Juan 1.4 al 9, 3.19 al 21), y Jesús mismo se hace llamar la luz (Juan 8.12, 9.5, 12.35 y 46). Nótese en el primer capítulo de Génesis que la luz del sol, la luna y las estrellas fue creada hasta el día cuarto y no el primer día (Génesis 1.14 al 19).


El Hijo estaba con el Padre cuando se afirmó todos los términos de la tierra (Proverbios 30.4): “Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1.9 al 11 – RVR1909). En el principio el Hijo veía como bueno cada día de creación y el avance de la misma, especialmente el acabado de cada cosa creada (Génesis 1.4, 10, 12, 18, 21, 25 y 31). Jesús era la Palabra o que acompañaba al Padre ordenándolo todo, el libro de Proverbios lo personifica en la sabiduría (Proverbios 8.22 al 30). Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada se hubiera hecho (Juan 1.3), porque en él fueron creadas todas las cosas, todo fue creado por medio de él y para él, es antes de todas las cosas de la creación, y todas las cosas en él subsisten (Colosenses 1.16 al 18), porque el Padre amó al Hijo desde antes de la fundación del mundo (Juan 17.24).


El apóstol Pablo en el saludo de todas sus cartas menciona a Dios el Padre y al Señor Jesucristo por aparte, esto corrobora que de ninguna manera son el mismo (Romanos 1.1 al 7; 1 Corintios 1.1 al 9; 2 Corintios 1.1 al 3; Gálatas 1.1 al 5; Efesios 1.1 al 5; Filipenses 1.1 al 2; Colosenses 1.1 al 3; 1 Tesalonicenses 1.1 al 3; 2 Tesalonicenses 1.1 al 2, 12 y 2.16; 1 Timoteo 1.1 al 2; 2 Timoteo 1.1 al 2; Tito 1.1 al 4; Filemón 1.1 al 3). Tanto el Padre como el Hijo, cada uno tiene vida en sí mismo (Juan 5.26), sin embargo, así como se menciona el árbol de la vida en Génesis y en Apocalipsis, siempre hay dependencia en relación con la eternidad y existencia hacia el Padre, quien no tiene ni principio ni fin (Job 36.26; Salmos 90.2), a diferencia del Hijo quien fue el principio de la creación de Dios (Apocalipsis 3.14). El Padre es Espíritu (Juan 4.24), el espíritu no tiene carne ni huesos (Lucas 24.39). Jesús tanto en su preexistencia como en su vida sobre la tierra tuvo cuerpo, ya que existe cuerpo celestial y cuerpo terrenal (1 Corintios 15.39 al 40). Jesucristo vino a este mundo, tanto como persona y con aflicciones personales (1 Pedro 1.10 al 11), en carne humana (Juan 1.14; Hebreos 5.7; 1 Juan 4.2), y engendrado en la virgen María, de manera que María es madre de Dios Hijo y no del Padre. Jesucristo fue realmente enviado por el Padre (Juan 17.1 al 8), y cuando estuvo aquí en la tierra verdaderamente él hablaba y oraba con su Padre.


Otra diferencia es que el Padre no se arrepiente (Números 23.19; 1 Samuel 15.29), mientras que el Hijo se arrepiente de haber contribuido en la creación del ser humano (Génesis 6.1 al 8), debido a la maldad de los varones del pueblo de Dios que se mezclaron con las mujeres paganas de la tierra. También la Biblia habla de un Jehová que menciona el nombre de otro Jehová: “Y mostróme á Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba á su mano derecha para serle adversario. Y dijo Jehová á Satán: Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido á Jerusalem, te reprenda…” (Zacarías 3.1 al 2 - RVR1909). Se menciona que Moisés habló cara a cara con Jehová (Éxodo 33.11; Números 12.5 al 8; Deuteronomio 34.10), pero a través de Jehová Hijo que era el mensajero y ángel de Jehová Padre (Hechos 7.30 y 35 al 38). Lo mismo sucedió con Abraham cuando le apareció Jehová Hijo con dos ángeles más, previo a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra (Génesis 18.1 al 2, 16 al 33 y 19.1). En tiempo de Moisés los hombres vieron la gloria, la grandeza y aún oyeron la voz de en medio del fuego, y pudieron seguir vivos (Deuteronomio 5.24 al 27), sin embargo, ningún ser humano (1 Timoteo 6.16), ni el mismo Moisés podía ver el rostro de Jehová Padre:


“Y Jehová dijo á Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. El entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria. Y respondióle: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me vera hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33.17 al 23 – RVR1909).

14) Las actitudes y el carácter

Las actitudes y el carácter


Las actitudes se relacionan con el carácter, en el sentido de actuar con una disposición anímica de buen juicio y madurez, ecuanimidad, equilibrio, prudencia y sensatez, influenciada por la combinación de conocimiento y experiencia, frente a las circunstancias y vicisitudes, ya sean adversas o favorables de la vida cotidiana. Jesucristo dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 – RVR1909). Además en las actitudes podría afectar negativamente, la realidad de las cargas acumuladas de adversidad enfrentadas en el momento, y la desesperación de una solución sin resolver. Por ejemplo, como síntomas del acoso y hostigamiento escolar o laboral, se presenta la alteración del ánimo en forma extrema y la consecuente provocación de cólera, despecho, enojo, resentimiento y venganza. También las actitudes reciben influencia de los propios preconceptos o prejuicios, en relación con la concepción de afecto, aprecio y consideración de la valoración de sí mismo, por ejemplo, una autoestima baja.


La experiencia de vida o experticia, sumado al conocimiento, principios y valores, posibilita como consecuencia el ser educado y culto, en el saber actuar, comportarse y vivir, para afinar, desarrollar y perfeccionar las facultades del intelecto, moralidad y sentimiento. La persona adquiere una distinción, prestigio y reconocimiento en la forma de ser, además del dominio y superación en el afecto y la sensibilidad, con la finalidad de dejar la mejor imagen e impresión de conducta y comportamiento, y sirve como señal de ejemplo y testimonio de modelo de vida en la convivencia con los demás, a partir de la intención y reacción de sus emociones, sentimientos y vivencias: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas. Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos” (Santiago 1.19 al 22 – RVR1909).


Hay una variada clasificación de los tipos de actitudes, pero por lo general se espera una postura de la actitud erguida y con la frente en alto, sin ceder o rebajar a una actitud impulsiva, instintiva y perjudicial, sin conciencia, ni reflexión. La actitud es tomar una posición frente a cualquier obstáculo o situación de manera enérgica, fuerte, optimista, segura y valiente. Así como hay amor y su ausencia en el desamor, hay antivalores y valores, la antítesis de las actitudes son su escases, de manera que se podría decir que a una persona le falta actitud. Sin embargo, debido a la cantidad de tipos de actitudes, preferimos agrupar en las convenientes e inconvenientes, beneficiosas o perjudiciales, negativas o positivas, por consiguiente en buenas o malas. En resumen, las actitudes son como una medida para identificar la acción o reacción de la persona, según su propio catálogo de creencias y valores mentales, afectadas por un estímulo o motivación, y como resultado genera una emoción o sentimiento en un sentido específico. La Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25 – RVR1909).


También intervienen factores hereditarios como lo biológico o genético, por ejemplo, el comúnmente berrinche propio de algunos infantes, en su coraje o enojo particular que los caracteriza desde su nacimiento. Afecta también la interacción con el aprendizaje, hábitat, medio ambiente y los hábitos frecuentes acostumbrados, valga la redundancia, por ejemplo, la meditación, oración y reflexión diaria en el mensaje de Jesucristo. Por esta razón se afirma una relación entre actitud y carácter, debido a su capacidad de modificación con el espacio y el tiempo, conforme el avance de la edad en la persona, su aprendizaje y experiencia de vida, especialmente si su proyección y visualización de la vida está puesta en Dios: “Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40.31 – RVR1909). La Biblia dice: “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sofonías 2.3 – RVR1909).


Las actitudes y el carácter coinciden de forma sincronizada e integralmente, en relación con la consagración y santidad, cuando la enseñanza o mensaje de Jesucristo permea y toma el control de nuestro temperamento, para mejorar nuestra personalidad gobernada por Jesucristo: “Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra” (Mateo 5.39 – RVR1909). El temperamento es la medida de reaccionar y ser, en el caso de Jesucristo es amor, luz y servicio. No se trata de cualquier luz, sino la luz de Dios, o sea, la luz del quinto elemento, correspondiente a la luz divina de la creación del agua, aire, fuego y tierra. Esta luz corresponde al primer día de creación: “Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz” (Génesis 1.3 – RVR1909), por consiguiente es la luz de la iluminación de Dios, diferente a la luz generada por el sol creado en el cuarto día de la creación:


“Y dijo Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años; Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas. Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno. Y fué la tarde y la mañana el día cuarto” (Génesis 1.14 al 19 – RVR1909).

La diferenciación entre la luz de la dirección e iluminación de Dios con la lumbrera del Sol, nos sirve de comparación para comprender la diferencia, entre el órgano del corazón y su dureza en el temperamento. La Biblia dice: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad? El que anda en integridad, y obra justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no detrae con su lengua, Ni hace mal á su prójimo, Ni contra su prójimo acoge oprobio alguno” (Salmos 15.1 al 3 – RVR1909). Otro pasaje dice: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – RVR1909). El corazón representa tanto las actitudes, como las emociones y sentimientos. La dureza del temperamento es el centro motriz determinante del grado de flexibilidad, para ceder anímicamente con facilidad o dificultad la dirección e iluminación de Dios, en las mismas actitudes, emociones y sentimientos. Esto es comparable con el corazón de piedra cuando prevalece la obstinación o terquedad, a pesar de la facultad o posibilidad de dictaminar con el razonamiento. Aquí es donde se acciona la fe de y en Jesucristo para tomar control del temperamento, porque solamente Dios puede cambiar la dureza del corazón, mediante el perdón en Cristo: “Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.31 al 32 – RVR1909).


Muchas personas aparentan ser amables, bondadosas, comprensivas, generosas, humildes, sencillas, solidarias, hasta desenmascarar su verdadero carácter y sus auténticas actitudes, emociones, intenciones, planes, propósitos y sentimientos ocultos: “… Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras. Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón” (Jeremías 18.11 al 12 – RVR1909). El carácter está relacionado con lo característico de la persona que le permite una identidad propia, reconocida especialmente por su comportamiento y expresión, de manera que se comprueba ser la misma persona que dice ser: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado” (Gálatas 6.7 al 9 – RVR1909). Lamentablemente desde reyes hasta el pueblo se endurecieron a la voz de Dios:


“De veinte y un años era Sedecías cuando comenzó á reinar, y once años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová. Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse á Jehová el Dios de Israel. Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominaciones de las gentes, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalem. Y Jehová el Dios de sus padres envió á ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo, y que no hubo remedio” (2 Crónicas 36.11 al 16 – RVR1909).

Por la obstinación y rebeldía del ser humano, Dios es Amor en su misericordia, pero también Fuego Consumidor del pecado e injusticia, porque el ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad, esto implica sus actitudes, carácter, emociones, sentimientos y personalidad en general:


“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos. La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo. Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes. Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual vamos á Dios agradándole con temor y reverencia; Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12.25 al 29 – RVR1909).

15) Las emociones y sentimientos

Las emociones y sentimientos


La Biblia contiene textos claves o llaves para abrir la comprensión y el entendimiento, por ejemplo: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24.16 – RVR1909). En reiteradas menciones hemos confirmado acerca de la transmisión de la simiente del bien y del mal en cada ser humano, como aprendido e influenciado por ciertos factores externos a cada persona. La Biblia dice: “Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos… éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá” (Ezequiel 18.14 y 17 – RVR1909). La maldad de ninguna manera procede, previamente al nacimiento de un humano, ni se trae desde su nacimiento, sino la Biblia manifiesta el inicio del mal desde la juventud: “…porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud…” (Génesis 8.21 – RVR1909); juventud entendida desde la pubertad en su transición entre la niñez y la condición de adulto joven.


En esta etapa mayormente se manifiesta la aptitud, ya sea por disposición natural o adquirida, para ejercer diversas tareas en la vida. Aunque muchas veces en lugar de idoneidad se aprenden malas costumbres y el vicio de las corrientes sociales. El hecho de la existencia de maldad en los padres en el momento de la concepción: “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.5 – RVR1909), jamás representa el engendrar o procrear la maldad en el cigoto, embrión o feto, todo lo contrario, cada ser humano en gestación es posesión de Dios y digno de formación a plenitud de sus órganos, riñones y corazón, con su significado y simbolismo, conductual, espiritual y psicofisiológico o de psicología fisiológica (mi embrión vieron tus ojos, ¿el embrión ve los ojos de Dios o los ojos de Dios ven al embrión?):


“Porque tú poseiste mis riñones; Cubrísteme en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras: Estoy maravillado, Y mi alma lo conoce mucho. No fué encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fuí formado, Y compaginado en lo más bajo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas. Así que ¡cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos! ¡Cuán multiplicadas son sus cuentas!” (Salmos 139.13 al 17 – RVR1909).

Un recién nacido ni sabe ni tiene bien o mal, sino conforme crece y se desenvuelve con su entorno, adquiere la influencia en un sentido u otro, según su propia responsabilidad al asumir las consecuencias de sus acciones, decisiones y reacciones, conforme a su concientización. De forma innata, o sea, connatural el ser humano es portador de la duda e indecisión congénita al obedecer a Dios. Esto es propio de la naturaleza del humano desde su nacimiento, pero la duda e indecisión es neutra, en el sentido de intermedia entre el bien y el mal. El bien es caliente, el mal es frío, en la duda e indecisión hay tibieza: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.15 al 16 – RVR1909). Esta expulsión se presenta en quienes camuflan la mentira en apariencia de verdad, en la inducción de tener por cierto lo que no es, y la indiferencia en ver lo verdadero. A esto le llamamos el temperamento con la patología de la duda e indecisión al obedecer a Dios. La Biblia lo representa en la dureza de corazón o el corazón duro de piedra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17.9 al 10 – RVR1909). Jesucristo es ejemplo y modelo para seguir su camino y hacer sus obras, en reconocimiento de la decisión de obedecer a Dios Padre. La inclinación y tendencia por naturaleza del ser humano en la práctica del mal, es en relación con la edad y su medio donde convive, pero a partir de su discernimiento del bien y del mal, la toma de decisiones y sus hechos.


Los riñones figuradamente se comparan con la pasión de las actitudes, emociones y sentimientos. Es una vehemencia, movida con eficacia, ímpetu y fuerza, capaz de perturbar el estado de ánimo y de nublar la reflexión, inclusive trastornar la buena disposición y orden de las ideas razonadas, por consiguiente alterar el dominio de la voluntad. Lo que popularmente se conoce como actuar con el hígado, vendría a ser actuar con los riñones, hasta perder la paz y la tranquilidad, por ejemplo, los celos, envidia, odio, rencor, resentimiento y venganza. Inclusive cometer injusticias donde no hay marcha atrás, una vez llegado el reconocimiento y reflexión de lo actuado o dicho. Aquí es cuando se requieren las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo en nosotros, porque ya nuestro Señor Salvador hizo un solo sacrificio, con todo su corazón y riñones para mostrar un Camino de ejemplo y modelo de vida cotidiana. Esto incluye amor, bondad, compasión, dignificación, generosidad, misericordia, respeto, solidaridad y tolerancia. El corazón también representa la conexión del pensamiento en las actitudes, emociones y sentimientos. Es la parte conocida como psicofisiología y psicología fisiológica, en ambos sentidos, al parecer también llamada neurociencia cognitiva, relacionada con el comportamiento y la conducta corporal, según la relación con el cerebro del individuo.


En otro apartado entre los artículos de fe del Neobiblismo la hemos llamado La Psicoteología por su relación con el cerebro del individuo y su manifestación colectiva en lo social, con su componente de espiritualidad en la búsqueda del auxilio o favor de Dios, ya que el ser humano también por lo general y por naturaleza tiende a ser religioso. La Psicoteología está entre los escritos más interesantes del Neobiblismo, por la innovación del conocimiento celestial transmitido solo por Jesucristo, según la determinación de Dios Padre de establecer a su Hijo como el centro de la ley y la profecía, útil para el diario vivir o vida cotidiana, por ejemplo, en lo que atañe a las actitudes, emociones y sentimientos necesarios para la salvación y vida eterna, según el ejemplo de vida en Jesucristo:


“Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo. De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como á espirituales, sino como á carnales, como á niños en Cristo. Os dí á beber leche, y no vianda: porque aun no podíais, ni aun podéis ahora; Porque todavía sois carnales: pues habiendo entre vosotros celos, y contiendas, y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo cierto soy de Pablo; y el otro: Yo de Apolos; ¿no sois carnales?” (1 Corintios 2.16 al 3.4 – RVR1909).

El pasaje anterior corresponde al fraccionamiento cristiano, con actitudes, emociones y sentimientos ajenos a la mente y pensamiento de Cristo. La cognición tiene un significado relacionado con el conocer y por consiguiente su efecto, con la ayuda de la percepción y del paradigma propio de cada persona. Es una sensación de conocimiento interno, cuyo resultado está basado en la impresión obtenida mediante los sentidos y el ejemplo y modelo asumido por cada quien, en nuestro caso tomamos como medida, parámetro y referencia a Jesucristo. Si alguno es un cristiano que considera como meras o simples las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo, sin importancia de ejemplo y modelo de vida cotidiana, necesaria para la salvación y vida eterna, porque valora solamente las creencias que le han inculcado, entonces está confundido, desorientado y equivocado al respecto, ignora las Sagradas Escrituras y el Poder de Dios. Es un cristiano guiado por su temperamento duro y entenebrecido, sumido en interminables listas de creencias vanas, sin sentido para la vida en Cristo, largas confesiones de fe y dogmas, que se quedan solamente en ordenanzas de fe congregacionales, denominacionales y eclesiásticas, que nunca logran cambiar el carácter del creyente, menos la personalidad en forma integral, las personas se quedan estacionadas y estancadas, muy distantes de lo que es ser verdaderos discípulos de Jesucristo.


El que lee, lea entre líneas y profundice la palabra de Dios. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre creyentes y cristianos? (Santiago 4.1 al 3). Se codicia y se envidia pero lo del mundo, en lugar de una codicia y envidia de hacer fielmente la obediencia y voluntad de Dios, con toda la confianza y seguridad, según el ejemplo y modelo de Jesucristo. Nuestra atención y amor está más distraído y entregado a lo eclesiástico, en la competencia y lucha en el fraccionamiento cristiano, que en Jesucristo mismo. Somos realmente verdaderos religiosos más que discípulos de Jesucristo:


“Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo: Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error: Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo; Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor. Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido. Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así á Cristo: Si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error; Y a renovarnos en el espíritu de vuestra mente, Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad. Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; Ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.13 al 32 – RVR1909).

16) El comportamiento y la conducta

El comportamiento y la conducta


El comportamiento y la conducta es el resultado integral de la personalidad con todos sus atributos o cualidades, actitudes y carácter, emociones, hábitos, sentimientos y temperamento. El comportamiento tiene relación con las reacciones distintivas de la persona a determinada situación y la conducta es la dirección o rumbo a dichas reacciones, según el estímulo de la propia personalidad. Esto identifica la peculiaridad o rasgo de cada quien en sus actuaciones. El ser humano para ser íntegro ante Dios, requiere ser una persona intachable y recta, en todos sus aspectos o partes que abarcan completamente su personalidad. Ser limpio y puro se logra mediante la condición de consagración, dedicación y santificación ante Dios, según el ejemplo y modelo de vida de y en Jesucristo. La Biblia representa esta condición con el proceso completo de arrepentimiento, conversión, nacer de nuevo y el resarcimiento. El ser humano es perfectible para completar el requisito establecido por Dios: “Y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.13 al 14 – RVR1909). Por ejemplo, en cierta ocasión Dios hace referencia de un personaje bíblico conocido como Job: “… ¿No has considerado á mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?” (Job 1.8 – RVR1909).


Dios hace referencia de Job y lo compara con la población mundial, porque al decir en la tierra, se relaciona con la sociedad en general. Históricamente la sociedad se ha distraído y ocupado en la adquisición de bienes materiales, justificado en la necesidad de familia, supervivencia y trabajo, por este motivo las fuentes de trabajo están enfocadas en la competitividad, fama, enriquecimiento y luchas de poder, máxime con el aumento de población y la necesidad de alimentación, bienes y servicios. Algunos ya tienen su recompensa mediante el lucro, opulencia y usura, para disfrutar del enriquecimiento exacerbado en esta vida. Los discípulos asombrados preguntan a Jesucristo: “Mas sus discípulos, oyendo estas cosas, se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo?” (Mateo 19.25 – RVR1909). Mientras tanto, otros afectados por el sistema de empobrecimiento, luchan aparentemente por las causas justas, pero mediante prácticas injustas del armamentismo, guerras, pleitos y muertes. La Biblia dice: “Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán á muchos. Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24.11 al 13 – RVR1909).


Otros fomentan y participan en lo que se ha llamado la cultura de la muerte. Inclusive la esclavitud a través de la trata de comercio y tráfico de seres humanos o de sustancias adictivas de toxicomanía. También en otro momento le preguntan a Jesús: “Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Porfiad a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13.23 al 24 – RVR1909). Lo que es imposible según la mentalidad del comportamiento y conducta de la sociedad, para Dios todo es posible. El desafuero y predominio de la violencia contra las buenas costumbres, jamás quedarán impunes ante la Soberanía y Supremacía de los juicios y valores de Dios. El ser humano tarde o temprano asumirá la responsabilidad y dará cuentas a Dios de sus actos polutivos: la arrogancia, avaricia, codicia, egoísmo, intolerancia, lujuria, odio, orgullo, perversión, presunción, rencor, soberbia, vanidad, vicio y el desenfreno aberrante por los gustos y preferencias, que son contrarios al orden y voluntad establecidos por Dios. En relación con estas desviaciones del camino de valores de Dios, acerca del comportamiento y la conducta, la Biblia dice: “Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad, Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno, Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios; Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita” (2 Timoteo 3.2 al 5 – RVR1909).


El comportamiento y la conducta para algunos atañen al cumplimiento de sus listas de creencias eclesiásticas, máxime en el fraccionamiento cristiano con sus decenas o cientos de discrepancias dogmáticas y doctrinales, confesiones y profesiones de fe congregacionales, denominacionales y religiosas, pero nunca se superan ni llegan a ser mejores personas. Prevalecen las costumbres, cultura, hábitos y tradiciones, sustentadas en las convicciones y creencias del proselitismo ideológico y religioso. Jesús dijo: “Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.20 al 23 – RVR1909).


El ser humano se encuentra a la deriva, entre la dirección y rumbo establecido por Dios, su trayectoria y el destino real consecuente con su propia forma de ser y sus actos, la combinación y fusión de perfección y rectitud, temor de Dios y separación del mal, se cumple únicamente con la integración de consagración, dedicación y santificación de la personalidad del ser humano. De este rumbo o sentido de la vida depende la brújula energética de cada persona venida al mundo, determinante en la dirección del camino a seguir, específicamente de acuerdo con la conducción propuesta en las acciones cotidianas. Es una forma de control energético, porque esta brújula energética es la energía que integra los atributos o cualidades, actitudes y carácter, emociones, hábitos, sentimientos y temperamento, por esta razón Jesucristo dijo: “…aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón;… ” (Mateo 11.29 – RVR1909). Además Jesús representa su personalidad de mansedumbre y humildad con el acto simbólico de lavar los pies de sus discípulos (el subrayado es nuestro): “Vosotros me llamáis, Maestro, y, Señor: y decís bien; porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavar los pies los unos á los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el apóstol es mayor que el que le envió. Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis” (Juan 13.13 al 17 – RVR1909).


Acerca de la brújula energética para el resultado del comportamiento y la conducta, la orientación como guía y referencia es la Persona de Jesucristo, nuestro Maestro y Señor, establecido por Dios Padre como el ejemplo y modelo de verdadera perfección y rectitud, temor de Dios y separación del mal, Jesús dice: “… Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). Cuando Dios hace mención de Job, indica que no hay otro como él en la tierra. Así es Jesucristo histórico, como ejemplo y modelo de vida cotidiana para toda la humanidad. Ahora, en estos últimos tiempos Dios nos habla con el ejemplo y testimonio de vida de su Hijo Jesucristo (Hebreos 1.1 al 2). En otras épocas se presentó el ejemplo o testimonio de vida ante la sociedad y civilizaciones en general, por medio de la fe de Abel, Enoc, Noé, Abraham, Sara, Isaac, Jacob, José, Moisés, entre otros (Hebreos 11.4 al 27):


“Conforme á la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan á entender que buscan una patria. Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenían tiempo para volverse: Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad” (Hebreos 11.13 al 16 – RVR1909).

Pero se consideraban peregrinos y advenedizos sobre la tierra, o sea, de paso temporal sin apego a lo terrenal, sino con la mirada puesta en lo celestial, la recompensa y el reconocimiento de la vida eterna. Tal es el caso de Moisés, quien la Escritura Sagrada indica lo siguiente: “Por fe Moisés, hecho ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón; Escogiendo antes ser afligido con el pueblo de Dios, que gozar de comodidades temporales de pecado. Teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los Egipcios; porque miraba á la remuneración. Por fe dejó á Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible” (Hebreos 11.24 al 27 – RVR1909). Según este pasaje Moisés prefiere ser afligido que gozar de las comodidades temporales, porque considera una mayor riqueza en sufrir el vituperio, o sea, la afrenta y deshonra de los ignorantes, a la manera del sufrimiento infligido a Cristo, antes que el disfrute de los tesoros de este mundo, porque su verdadera remuneración estaba puesta en ver por fe al Invisible, para salvación y recompensa de la vida eterna. Recordemos como Jesucristo solicita al Padre el perdón de sus adversarios, porque no saben lo que hacen, ya sea por causa de altivez, confusión, desobediencia, doble moral, duda, escepticismo, ignorancia o incredulidad.


“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á ti mismo. Y había también sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebraicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDIOS. Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á ti mismo y á nosotros” (Lucas 23.34 al 39 – RVR1909).

Las mismas leyes civiles establecen que nadie puede alegar desconocimiento de la misma ley, a la hora de rendir cuentas por causa de algún tipo de infracción a la ley. En el caso de la obediencia a la voluntad de Dios, los seres humanos muy convenientemente desplazan y omiten a Dios, para hacer imperar sus propios beneficios, deseos e interés mezquino, en evidente contradicción y desafío descarado a lo establecido por Dios. En Job se dice lo siguiente: “Y respondió Job á Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin ciencia? Por tanto yo denunciaba lo que no entendía; Cosas que me eran ocultas, y que no las sabía. Oye, te ruego, y hablaré: Te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento En el polvo y en la ceniza” (Job 42.1 al 6 – RVR1909). Job, con todo y su perfección y rectitud, temor de Dios y separación del mal, argumenta sin entender claramente, a pesar del conocimiento oculto y sin saber conscientemente a plenitud, pero llegado el momento con firmeza y seguridad reconoce su incierto conocimiento, en un conocimiento claro y completo en Dios. Job cumple con un proceso de llegar a plenitud al conocimiento de Dios, también manifiesta en forma recíproca como ningún pensamiento humano, ni se escapa ni se esconde de la presencia de Dios, tampoco el comportamiento o la conducta de cada quien. Así el salmo indica lo siguiente:


“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme, Has entendido desde lejos mis pensamientos. Mi senda y mi acostarme has rodeado, Y estás impuesto en todos mis caminos. Pues aun no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. Detrás y delante me guarneciste, Y sobre mí pusiste tu mano. Más maravillosa es la ciencia que mi capacidad; Alta es, no puedo comprenderla. ¿Adónde me iré de tu espíritu? ¿Y adónde huiré de tu presencia? Si subiere á los cielos, allí estás tú: Y si en abismo hiciere mi estrado, he aquí allí tú estás” (Salmos 139.1 al 8 – RVR1909).

17) El conflicto y las pruebas de la vida

El conflicto y las pruebas de la vida


El ser humano tiene la tendencia de vanagloriarse, o sea, jactarse de su actuar y valer por sus propios méritos y grandes logros. El conflicto precisamente nace del choque o colisión de derechos pretendidos por el ser humano, en su propia imaginación, sean derechos bien o mal fundamentados, pero creídos como válidos o verdaderos según su conveniencia e interés. Además de la construcción de sus conceptos y creencias personales, que se establecen formalmente para acatamiento de ciertos grupos o de la sociedad en general. Así surgen las guerras y luchas de poder sin sentido, porque la pretensión es la supremacía y el dominio comercial, económico, étnico, idiomático o lingüístico, militar, monetario, religioso, tecnológico y territorial. El dominante predominio cultural de avasallar a otros, con la dependencia por los bienes y servicios, en el caso de la competitividad y del enriquecimiento. Se provoca una adicción y esclavitud, considerada como indispensable para lograr lo que llaman la buena vida del acumulamiento, lujo, opulencia, ostentación y vanidad. La vida es considerada como superficial y a quienes la viven como personas superficiales. También esta vida se estima como final o última, sin importar una vida más allá de la presente, por consiguiente se desprecia la existencia de una resurrección. Se tiene en poco el ejemplo de Cristo en su obra de humildad, mansedumbre y sencillez, según su legado de obediencia a Dios para vida eterna. Impera en una sociedad sin Dios, la altivez, arrogancia, orgullo, prepotencia y soberbia, de la irracionalidad de una vida intensamente visceral, con emociones y sentimientos que surgen desde lo más profundo del propio capricho y terquedad de desobedecer a Dios. La Biblia dice:


“¿Y por qué nosotros peligramos á toda hora? Sí, por la gloria que en orden á vosotros tengo en Cristo Jesús Señor nuestro, cada día muero. Si como hombre batallé en Efeso contra las bestias, ¿qué me aprovecha? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos. No erréis: las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen á Dios: para vergüenza vuestra hablo” (1 Corintios 15.30 al 34 – RVR1909).

Se menciona en el pasaje anterior que algunos no conocen a Dios, o que es lo mismo, no tienen el conocimiento celestial de Dios. Más adelante veremos en otro pasaje, como Jesús amonesta a Pedro en este sentido. Porque este discípulo trata de persuadir a Jesús para que no enfrente el conflicto y las pruebas de esta vida, apegado solamente a lo terrenal. Jesús reacciona y menciona a Satanás, como sinónimo de adversidad, y lo relaciona con la conciencia de las cuestiones de los seres humanos, pero con la inconsciencia y desconocimiento de las de Dios. Pedro al tratar de convencer a Jesús, desconoce con este acto el plan y propósito celestial de Dios Padre, se encuentra en una condición de quienes no se dan cuenta del alcance de sus acciones y propuestas, incongruente con la voluntad de Dios Padre el Creador.


En relación con el conflicto y las pruebas de la vida, anteriormente mencionamos el tema de la teoría del paradigma y la percepción. Entonces, ¿En pos de quien va la humanidad, a quién siguen con gran devoción en el primer lugar? Si no es a Jesucristo, es en vano. Si es a otro ser humano se llama antropocentrismo. Si es en pos de Jesucristo, el estudio de su obra y vida es la cristología y a Jesús como el Mesías celestial, Salvador y Señor es un cristocentrismo. La sociedad en general está evocada a la vida cotidiana del afán de una vida sin Cristo, quien verdaderamente le da sentido a la vida eterna. La sociedad se desinteresa de luchar por alcanzar o lograr una vida venidera que sea para vida eterna. Está aturdida y desorientada, con mucho ruido distractor, cortinas de humo que confunden y desvían de la verdadera atención en Jesucristo. La vida llamada muchas veces como vida secular, es un camuflaje para desechar la mención del nombre de Jesucristo, de manera que por lo general el mundo se avergüenza de hablar de Jesucristo, especialmente se descarta una vida entregada y de servicio al Hijo de Dios. En cierta ocasión Jesús dijo:


“Y comenzó á enseñarles, que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días. Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reprender. Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres. Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia” (Marcos 8.31 al 9.1 – RVR1909).

¿De qué le sirve al ser humano ganar todo el mundo si pierde la posibilidad de la vida eterna? Tampoco la vida eterna se compra con riquezas. Entonces, ¿qué significa tomar la cruz, negarse a sí mismo y seguir a Jesucristo? Primeramente, llegar a un acuerdo con Cristo, en otras palabras tomar una decisión y renunciar al desacuerdo, o sea, reconocer con sumo grado y respeto la dignidad, santidad y virtud de Jesucristo con exclusividad. Por ejemplo, en el mundo cristiano se inculcan muchas devociones: actos litúrgicos y celebraciones, creencias, días de la semana, imágenes, libros sagrados, líderes religiosos, personajes bíblicos o eclesiásticos. En este caso se presenta un conflicto cuando se sustituye la dedicación y el reconocimiento a la exclusividad de Jesucristo, por otro tipo de devoción al que se tiene fervor y manifestación externa de los sentimientos. Tomar la cruz de Cristo es que cualquier tipo de devoción sea solamente a Jesucristo, ya sea, por advocación, invocación o por vocación es a nuestro Señor, para gloria y honra de Dios Padre.


Aceptar el sufrimiento de Jesucristo en la lucha contra la corrupción y el pecado, es aceptar y reconocer sus principios y valores. No nos engañemos, el mundo estaría mejor si practicara y reconociera las enseñanzas y mensaje a plenitud de Jesucristo. La lucha por la defensa de los derechos de las causas consideradas como justas, son las de Jesucristo, demostrada con su muerte y resurrección, muchas veces la justicia humana es contraria y subversiva a la justicia de Dios. El enriquecimiento material de algunos significa que hay escases y empobrecimiento en otros. Este desequilibrio de ausencia del bien común y de la vida en comunidad, demostrado y practicado por Jesucristo, hace que impere un ateísmo entre los extremos. Sin tomar en cuenta a Dios, la violencia genera más violencia. La Biblia dice: “Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan que he menester; No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? O no sea que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30.8 al 9 – RVR1909).


El conflicto de subsistencia y las pruebas de la vida en lo material, es el siguiente: ¿Cómo podría la población mundial, actualmente con casi alrededor de ocho mil millones de personas, tener lo indispensable para subsistir? Además de la cooperación y solidaridad en la generación de fuentes de trabajo honesto y honrado. Entre los medios necesarios se encuentra la práctica del tributo a Dios o diezmo solidario. De manera que cada individuo de la población mundial, en la medida de lo posible, comparta de forma independiente y personal, la ayuda directa de la décima parte de sus ingresos permanentes. Así toda la población se ayuda mutuamente entre sí, en forma recíproca con cualquier conocido, familiar o vecino, que requiera de la asistencia alimentaria o económica, por encontrarse en la condición de entre los más necesitados. Es una práctica semanal, quincenal o mensual, en conformidad con la frecuencia o regularidad de los ingresos percibidos. La idea es que todos vivamos con lo necesario, sin llegar a los extremos de la miseria, con personas habitantes de calle o familias en extremo empobrecimiento. Aún quienes reciben la ayuda pueden apartar la décima parte del ingreso recibido para compartir con otros. Esto es semejante, en forma de analogía, al organizar una comida comunitaria o fraternal, donde todos los asistentes traen alguna colaboración de alimento preparado. Al final la comida compartida alcanza para todos los presentes y hasta sobra para llevar al domicilio de cada uno. Esta idea la establece Dios desde tiempos de la tribu de Leví, en el pueblo de Israel, porque los levitas participaban del servicio a Dios sin ser propietarios de tierras o terratenientes, como en el resto de las once tribus, donde se repartieron las tierras para trabajar y vivir. Los levitas solamente poseían pequeñas porciones de tierra exclusivamente para el domicilio.


Otro tipo de conflicto, en relación con la espiritualidad, es la escogencia o selección de alguna de las muchas organizaciones existentes, ya sean, congregacionales, denominacionales o eclesiásticas para participar o pertenecer fielmente. En el mundo todas estas organizaciones son necesarias para dar a conocer a Cristo. Cada agrupación es útil como primer paso en la transición de lo natural a lo espiritual, hasta completar el proceso de llegar al conocimiento celestial. Aunque advertimos acerca del fraccionamiento cristiano, con sus múltiples confesiones de fe, creencias y dogmas, muchas veces conflictivas, controversiales, discrepantes, disonantes y polémicas, con confabulación, complot e intriga. A pesar de esto, se considera su existencia como necesaria para llevar la palabra de Dios a todas partes, tener grupos y lugares físicos de congregación o reunión, una forma organizada de socializar espiritualmente y tener comunión con otras personas afines al cristianismo, promover el evangelio hasta lo último del planeta y dar a conocer a Jesucristo a todas las naciones, practicar el simbolismo del bautismo en la aceptación de Cristo como Señor y único Salvador, analizar y estudiar periódicamente la palabra de Dios en comunidad. Además de otras actividades relacionadas con el quehacer y movimiento eclesiástico. La distribución y publicación de literatura afín y la programación de información en sitios web.


También las organizaciones de grupos congregacionales, eclesiásticas y denominacionales, son necesarias para tener el apoyo de otras personas, a la hora de enfrentar el conflicto y las pruebas que ofrece el diario vivir, las comúnmente vicisitudes de la vida, tanto adversas como de prosperidad espiritual, sin olvidar la práctica de la consideración, empatía, equidad, justicia, respeto, solidaridad y transparencia, de forma clara, cristalina, limpia y pura. El establecimiento de grupos de estudio bíblico local, posibilita mejorar el comportamiento y conducta de sus integrantes. Esto contribuye a mejorar la sociedad, con el ejemplo, modelo y testimonio de vida en comunidad espiritual, contrario a las malas costumbres y los vicios. Lo que comúnmente se llama vida de mundanalidad, del mundo humano más que del mundo de Cristo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1 Juan 1.15 al 17 – RVR1909).


La divulgación, promoción y práctica de los principios y valores de Jesucristo, permite a sus seguidores ser mejores personas, aunque parezca utopía la perfección de las personas. Jesús con su vida como humano demostró la capacidad y posibilidad de que otros humanos practiquen su enseñanza y mensaje, para caminar en obediencia en el proceso de la perfección en la cotidianidad. La historia cristiana del pasado, con sus guerras y masacres religiosas, de ninguna manera representa el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo y la superación de las pruebas de la vida. Jesús dijo a sus adversarios, los que no creían en él:


“Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados: porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo. Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre” (Juan 8.23 al 29 – RVR1909).

18) La comunión y el respeto a la autoridad de Dios

La comunión y el respeto a la autoridad de Dios


La participación de lo común entre seres humanos, además de su función de respiración y los componentes del aire, está la importancia de la tierra donde la vida se desarrolla. Especialmente porque según el Génesis, fuimos creados y formados de la tierra y a la tierra volvemos en el proceso posterior a la muerte: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (Génesis 3.19 – RVR1909). Además se dice: “Y el polvo se torne á la tierra, como era, y el espíritu se vuelva á Dios que lo dió” (Eclesiastés 12.7 – RVR1909). El ser humano cuando muere exhala su último hálito de vida, que es el espíritu de vida, al expeler, o sea, expulsar su aire de sus pulmones y del estómago. Esta expresión también la encontramos en Génesis, al decir: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente” (Génesis 2.7 – RVR1909). La esencia del ser humano en su función corporal y psíquica, en relación con sus funciones biológicas y fisiológicas, depende del fruto de la tierra y de su respiración, para el proceso de vida natural.


El enfoque del propósito y sentido de la vida está en el conocimiento y sabiduría celestial de Dios Padre, quien envía en su representación a su Hijo Jesucristo, para testificar y transmitir este conocimiento y sabiduría celestial, que esclarece mediante la iluminación del verdadero propósito y sentido de la vida que nos acerca al Padre: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). El propósito y sentido de esta vida es la transición de lo natural a lo espiritual, para trascender finalmente a lo celestial, sin el apego a lo material y terrenal, que enceguece y nubla una forma de vida en Cristo: “Puestos los ojos en al autor y consumador de la fe, en Jesús…” (Hebreos 12.2 – RVR1909). Además: “Si habéis pues resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado á la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3.1 al 2 – RVR1909). El ser humano confunde el propósito y sentido de la vida, la humanidad se encuentra desorientada y sin rumbo, absorbida con los siguientes factores que alteran o distorsionan su diario vivir:


1) Una vida inmersa en el mundo de las conjeturas, creencias, interpretaciones, opiniones, supuestos y teorías, que excluyen el verdadero discipulado en Jesucristo.


2) Las costumbres, gustos, modas, preferencias y tradiciones contrarias a la voluntad de Dios.


3) Las confabulaciones, conflictos y conspiraciones de las luchas de poder, desenfrenadas y dominadas por la avaricia, codicia, egoísmo y envidia del mundo.


4) El afán, ansiedad, apariencia, consumismo, depresión, estrés, frustración, lucro, lujo, opulencia, ostentamiento y vanidad.


5) Los extremismos del enriquecimiento degenerado y la miseria discriminatoria y marginada.


Jesucristo es la cautela, discernimiento y prudencia, que con su ejemplo y modelo de vida, transmite las enseñanzas y mensaje suficiente para proceder en el diario vivir, con la cotidianidad necesaria para la salvación y vida eterna. La demostración de vida comunitaria a favor del bien común, con la ayuda mutua, cooperación, servicio comunitario, solidaridad, subsidiaridad y voluntariado, tomando en cuenta la dirección de Dios, mediante la obra del discipulado de Jesucristo y la acción de energía o poder del Espíritu Santo, contribuyen a una mejor relación de convivencia entre seres humanos. Las opciones de albergues comunitarios, altruismo, bancos de alimentos, becas estudiantiles, brigadas solidarias, centros de atención nutricional infantiles, comedores estudiantiles, comisiones o comitivas de ayuda social, comités comunitarios, donaciones o donativos por amor y caridad, escuelas de educación primaria y técnica gratuita, filantropía, fundaciones altruistas, guarderías de cuido infantil, instituciones sociales, ofrendas alimentarias o económicas para los empobrecidos, organizaciones u organismos sin fines de lucro, recolectas de fondos para causas específicas sociales, salones comunitarios, sitios de acopio de materiales reciclables, tributo a Dios o diezmo solidario, sirven para equilibrar entre los que más tienen y los que más necesitan, especialmente cuando entre los habitantes, hay porcentajes de población que se encuentran en desempleo y sin remuneración.


El designio establecido por Dios Padre para el ser humano, es que Jesucristo sea el enfoque para las cuestiones de trascendencia entre lo natural, espiritual y celestial. En el principio se altera la armonía, comunión, equilibrio y unidad, tanto en los seres angelicales como posteriormente en los seres humanos. La Biblia contiene algunas llaves para descubrir este principio y posibilitar una idea del suceso acontecido en el origen del bien y del mal. Dios Padre es el Creador de todo lo existente, inclusive del séquito celestial que le acompaña, y se dice que una de sus criaturas primeramente es portador de luz y luego se vuelve su adversario como el ángel caído. Para el análisis respectivo se requiere considerar primeramente a Dios, como el creador del poder de decisión en todos los seres existentes, previo a la existencia del bien o del mal. Es Dios quien establece en sus criaturas la capacidad de tomar decisiones, lo que pasa es que muchas veces la decisión es consecuente de luchas de poder. Por ejemplo, el dominio económico, militar, político, religioso y territorial, las guerras de la colonización, con agresión, explotación, invasión geográfica y violencia.


Una decisión puede ser antecedente de una lucha de poder, máxime cuando se trata del ser humano y su afán por el enriquecimiento, fama, pleitesía, prestigio y reconocimiento, generadores de acumulamiento, egoísmo, envidia y odio, especialmente cuando esto surge reforzado por la arrogancia, orgullo y soberbia de quienes dirigen y gobiernan, tanto en el caso particular de sus propias vidas como individuos o a una colectividad como la sociedad. Por lo general se concluye en enojo, ira, resentimiento y venganza, ya sea del individuo o de la manifestación de los pueblos. Esto se presenta en el ángel caído: “¡Cómo caiste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas las gentes. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo, en lo alto junto á las estrellas de Dios ensalzaré mi solio, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del aquilón; Sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14.12 al 14 – RVR1909). Mi solio se refiere a la semejanza a Dios en el trono en la perpetuidad de autoridad, gobierno y poder, en lugar de la semejanza a Dios en la consagración y santidad, para la conservación de la perfección. Esto se demuestra cuando dicho ángel caído, en lugar de un arrepentimiento, conversión y resarcimiento genuino, influye primeramente en Adán y Eva: “Mas temo que como la serpiente engaño á Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo” (2 Corintios 11.3 – RVR1909) y luego en Caín, quien mata a su hermano Abel: “Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.8 – RVR1909).


La decisión es solamente una decisión, su implicación en bien o mal la determina la consecuencia de la decisión, por esta razón el conocimiento aporta las herramientas teóricas necesarias para tomar una decisión; y la sabiduría provee la capacidad de aprovechar o utilizar dicho conocimiento a la hora de tomar una decisión en la experiencia de la práctica. Por consiguiente conocimiento y sabiduría van de la mano e interactúan entre sí. Por lo tanto, Dios de ninguna manera establece el defecto, imperfección o pecado en su creación, sino la facultad del poder de decisión de su creación, con la capacidad de cada quien de asumir sus propias consecuencias y responsabilidades de sus acciones. Jesucristo dijo:


“Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas. Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16.13 al 15 – RVR1909).

Si Dios es el creador del poder de decisión en todos los seres creados, tanto los seres angelicales, como seres humanos, entonces ¿Cuándo y con quienes surge la función del temperamento? El pasaje mencionado anteriormente indica que Dios conoce nuestros corazones. La dureza o flexibilidad de corazón es determinado por el temperamento, que contiene un dispositivo de código energético inactivo en la memoria energética del temperamento. El mismo se activa solamente por disposición del llamado de Dios, por esta razón está escrito que si oyereis hoy su voz no endurezcáis vuestros corazones (el subrayado es nuestro):


“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones Como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, Donde me tentaron vuestros padres; me probaron, Y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me enemisté con esta generación, Y dije: Siempre divagan ellos de corazón, Y no han conocido mis caminos. Juré, pues, en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que en ninguno de vosotros haya corazón con engaño de pecado: Antes exhortaos los unos á los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos. Mas ¿con cuáles estuvo enojado cuarenta años? ¿No fué con los que pecaron, cuyos cuerpos cayeron en el desierto? ¿Y á quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino á aquellos que no obedecieron? Y vemos que no pudieron entrar á causa de incredulidad (Hebreos 3.7 al 19 – RVR1909).

La fe de y en Jesucristo es el detonante para activar el código energético de la memoria energética del temperamento, este reposo que se hace alusión en el pasaje anterior es Jesucristo mismo como el Conocimiento Celestial, quien es la llave del corazón y del reino: “He aquí, yo estoy á la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere la puerta, entraré á él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, yo le daré que se siente conmigo en mi trono; así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice á las iglesias” (Apocalipsis 3.20 al 22 – RVR1909). Tanto Dios Padre como nuestro Señor Jesucristo su Hijo Amado, son respetuosos de la capacidad de poder de decisión de los seres creados, por este motivo a pesar de tanta corrupción, destrucción y maldad, la humanidad continúa existiendo en espera de mejores decisiones. Pero si el ser humano persiste en evadir su responsabilidad de escuchar a Jesucristo, y en mantener cerrada la puerta, entonces se finalizarán las oportunidades a las que se tiene la opción de acceder, entre tanto oyere su voz sin endurecer su corazón:


“Mas la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo á Cristo:) O, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para volver á traer á Cristo de los muertos.) Mas ¿qué dice? Cercana está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe, la cual predicamos: Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud” (Romanos 10.6 al 10 – RVR1909).

Adán y Eva eran portadores del poder de decisión, pero simultáneamente contenían el temperamento con la patología de la duda e indecisión connatural (congénita) al obedecer a Dios. Así es genéticamente en toda la existencia de la humanidad, la duda e indecisión al obedecer a Dios, es propia de la naturaleza del ser humano desde su formación en la concepción y gestación. Esto de ninguna manera significa que al dar origen a un nuevo ser, el mismo sea portador del bien y del mal, sino que la duda e indecisión se lleva consigo para que se cumpla y manifieste el llamado de Dios: “Que nos salvó y llamó con vocación santa, no conforme á nuestras obras, mas según el intento suyo y gracia, la cual nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, Mas ahora es manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte, y sacó á la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1.9 al 10 – RVR1909). Se dice en este pasaje que nos es dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. Recordemos que Jesucristo fue engendrado por obra del Espíritu Santo en esta vida, pero ya preexistía en la vida anterior como jefe de ángeles e Hijo primogénito y unigénito de la creación de Dios Padre.


Así la humanidad viene a esta vida por primera vez encarnada como ser humano y está establecido que muere una vez y después el juicio final: “Y de la manera que está establecido á los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (Hebreos 9.27 – RVR1909). También hay un componente energético, de la memoria energética del ser humano que tiene preexistencia, similar al caso de Jesucristo, pero en relación con los ángeles indecisos. La Biblia dice:


“Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz: Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo; En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados: El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura. Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos” (Colosenses 1.12 al 20 – RVR1909).

Otro pasaje hace alusión y referencia tanto de lo que está en los cielos como lo que está en la tierra:


“Que sobreabundó en nosotros en toda sabiduría é inteligencia; Descubriéndonos el misterio de su voluntad, según su beneplácito, que se había propuesto en sí mismo, De reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra: En él digo, en quien asimismo tuvimos suerte, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad, Para que seamos para alabanza de su gloria, nosotros que antes esperamos en Cristo” (Efesios 1.8 al 12 – RVR1909).

La idea de que los seres humanos tienen un antecedente como procedencia de entre los ángeles indecisos, es una creencia de conocimiento antiguo, extra o fuera de la Biblia, pero con mucho sentido en la explicación del propósito de la existencia del ser humano, posterior a los ángeles caídos, para oportunidad de los ángeles indecisos de tomar su propia decisión en la tierra.


Jesucristo dijo: “Y les dijo: Yo veía á Satanás, como un rayo, que caía del cielo” (Lucas 10.18 – RVR1909). Se cree que la tercera parte de ángeles se decidieron arrastrar y caer por el ángel que los lideraba en la rebelión “Y su cola arrastraba la tercera parte de las estrellas del cielo, y las echó en tierra” (Apocalipsis 12.4 – RVR1909). La Biblia menciona otro grupo de ángeles fieles en su decisión de seguir a Dios, que liderados por el jefe de ángeles batallaron contra el ángel caído y los ángeles que le seguían: “Y fué hecha una grande batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles lidiaban contra el dragón; y lidiaba el dragón y sus ángeles. Y no prevalecieron, ni su lugar fué más hallado en el cielo. Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12.7 al 9 – RVR1909). Entendemos que hay decididos en ambos bandos, el bien y el mal, cuando se menciona la acción de engañar, se refiere al grupo de los que están indecisos, desde Adán y Eva hasta nuestros días y los que faltan por venir: “Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis acerca de vosotros mismos arrogantes: que el endurecimiento en parte ha acontecido en Israel, hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles” (Romanos 11.25 – RVR1909). La expresión hasta que haya entrado la plenitud, significa que todavía falta completarse en número la cantidad de indecisos, además acerca de la arrogancia, se dice que fue determinante en la decisión del ángel caído:


“En Edén, en el huerto de Dios estuviste: toda piedra preciosa fué tu vestidura; el sardio, topacio, diamante, crisólito, onique, y berilo, el zafiro, carbunclo, y esmeralda, y oro, los primores de tus tamboriles y pífanos estuvieron apercibidos para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, cubridor: y yo te puse; en el santo monte de Dios estuviste; en medio de piedras de fuego has andado. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tu contratación fuiste lleno de iniquidad, y pecaste: por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín cubridor. Enaltecióse tu corazón á causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría á causa de tu resplandor: yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti” (Ezequiel 28.13 al 17 – RVR1909).

En el pasaje anterior se realiza una analogía o comparación de un rey con el ángel caído, también se menciona el enaltecimiento del corazón, y como escenario el Edén, el huerto de Dios. El Árbol de la Decisión es el mismo Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal presente en el Edén: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás; Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.15 al 17 – RVR1909). La decisión es simplemente una decisión, su resultado es la consecuencia de bien y de mal, según sea congruente con la voluntad de Dios, o sea, se requiere primeramente conocer que la voluntad de Dios es buena, justa y santa, de manera que su infracción establece el mal proceder, el comportamiento y conducción de las acciones. Jesucristo es la verdad que nos hace libres: “Y decía Jesús á los Judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará” (Juan 8.31 al 32 – RVR1909). Jesucristo es representado con el Árbol de la Vida y la posibilidad de vivir para siempre, o sea la vida eterna:


“Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre: Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3.22 al 24 – RVR1909).

19) El arrepentimiento, conversión y resarcimiento

El arrepentimiento, conversión y resarcimiento


El arrepentimiento, conversión y resarcimiento son condiciones de un mismo proceso, a la vez son requisitos indispensables entre sí para posibilitar la función de armonía, equilibrio y sensatez en la relación de obediencia a Dios. Por ejemplo, sin arrepentimiento no hay conversión y sin conversión no existe el arrepentimiento. El resarcimiento es el resultado de la combinación de arrepentimiento y conversión. Jesucristo dijo: “No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13.3 y 5 – RVR1909). El primer paso del arrepentimiento es enfrentar la duda e indecisión al obedecer a Dios, duda e indecisión de la que somos portadores. La escusa o pretexto de que cada quien toma su decisión personal o propia cuando quiera, pretende justificar y posponer una decisión para otra ocasión. Algunos alegan arrepentirse en la vejez o en el momento antes de morir. Estos argumentos son engañosos para evadir el compromiso y responsabilidad ante la obediencia a Dios. Otra disculpa injustificada es decir y hacer valer las creencias propias o religiosas, como absolutas, suficientes y únicas, sin importar si son contrarias a Jesucristo, solamente basadas en respetar y que le respeten sus creencias personales. Jesús dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.38 – RVR1909).


En todo momento la voluntad de Dios es buena, justa y santa, la cual de ninguna manera podemos rechazar y continuar impunes. La Biblia dice: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado” (Gálatas 6.7 al 9 – RVR1909). La contrición es el arrepentimiento de la persona por ser quien es y por ofender a Dios: “… fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios,... Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable…” (2 Corintios 7.9 al 10 – RVR1909). El arrepentimiento es un sentimiento de dolor anímico, la persona lucha contra su propia resistencia temperamental, hasta lograr las acciones correctivas, para consecuentemente enmendar el daño a través del resarcimiento. ¿De qué se requiere el arrepentimiento del ser humano por ser quien es? Con las acciones, comportamiento y conducta se promueve el irrespeto y odio a Dios. Además del fundamento de doctrinas y sistemas contrarios a la voluntad de Dios. Las culturas, economías, ideologías, políticas, sociedades y universidades que niegan la autoridad y reconocimiento a Jesucristo.


El ser humano discrimina, excluye y margina la voluntad de Dios, se encuentra enfocado en el conocimiento natural, cuando cambia o muta al conocimiento espiritual, se queda enfrascado en una mezcla entre lo natural y espiritual, con toda la atención e interés, sin poder trascender finalmente a lo celestial. La Biblia dice: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3.14 al 16 – RVR1909). El arrepentimiento, conversión y resarcimiento para cumplir a plenitud su efecto, además de su transición del conocimiento natural al espiritual, se ayuda con trascender al conocimiento celestial, mediante Jesucristo, representado con el árbol de la vida en el Edén.


El Edén muestra tres tipos de conocimiento, figurativo o simbólico representado en los árboles, a saber: los árboles del huerto, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal: “Y había Jehová Dios plantado un huerto en Edén al oriente, y puso allí al hombre que había formado. Y había Jehová Dios hecho nacer de la tierra todo árbol delicioso á la vista, y bueno para comer: también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de ciencia del bien y del mal” (Génesis 2.8 al 9 – RVR1909). En el principio del Edén el conocimiento natural se manifiesta cuando Dios dice: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto comerás” (Génesis 2.15 al 16 – RVR1909). El conocimiento espiritual en el Edén se muestra de la siguiente manera: “Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás. Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; haréle ayuda idónea para él” (Génesis 2.17 al 18 – RVR1909). El conocimiento celestial en el Edén se menciona así: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre: Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” (Génesis 3.22 al 24 – RVR1909).


La segunda venida de Jesucristo completa el juicio inicial, una vez completado el juicio inicial se presenta seguidamente el juicio final. En todo este proceso el juicio empieza desde el acontecimiento del ángel caído, por cierto, un ser celestial, que arrastra según se dice la tercera parte de seres angelicales. Luego se replica la misma situación con el caso de Adán y Eva con el resto de seres humanos, debido a la influencia en el Edén por parte del ángel caído. El motivo de la existencia de la humanidad, es ofrecer una posibilidad a los ángeles indecisos de venir a encarnar como seres terrenales, para tomar una decisión en fidelidad o lealtad al Creador, o de rebeldía tras el ángel caído. Los seres humanos tienen un orden, donde primeramente se manifiesta lo natural, para pasar seguidamente por lo espiritual y finalmente llegar nuevamente a lo celestial, así retornar o volver a ser como eran al principio de todos los tiempos en el séquito celestial:


“Así también está escrito: Fué hecho el primer hombre Adam en ánima viviente; el postrer Adam en espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial. Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15.45 al 50 – RVR1909).

Por medio de Adán y Eva se transfiere y transmite el gen del envejecimiento y muerte. Esta muerte es como un dormir sin sueños y su período dura entre un cerrar y un abrir de ojos: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 15.20 al 23). Jesucristo es el único en resucitar y ascender a los cielos con cuerpo trasformado. Jesús dice que los resucitados serán como ángeles:


“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento: Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo y de la resurrección de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento: Porque no pueden ya más morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurrección. Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, mas de vivos: porque todos viven á él” (Lucas 20.34 al 38 – RVR1909).

Toda la historia de la existencia y la humanidad está presente en la memoria de Dios, quien se representa como el Libro Supremo, y también la memoria de cada persona es un libro, con el registro de los recuerdos privados y públicos: “Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras” (Apocalipsis 20.12 – RVR1909). La característica o cualidad descriptiva de los muertos grandes y pequeños, significa que después de que se complete el juicio inicial, entonces se procede al juicio final, donde los seres humanos resucitan con el mismo cuerpo que tenían cuando murieron. Estas personas de ninguna manera tendrán parte en la vida eterna, porque resucitan con el mismo cuerpo corruptible, para el juicio final y para la condenación de sufrir la segunda muerte para siempre: “Esto empero digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15.50 – RVR1909). El grado de dolor y castigo en el lago de fuego y azufre, al consumir su existencia, será en relación con el grado de contaminación, corrupción, maldad, pecado y vicio, que tanto corporal, como mental, tenía la persona en el momento de morir. Su castigo final es el dolor consciente de la exclusión de las promesas de salvación y vida eterna: “Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos” (Lucas 13.28 – RVR1909). El dolor llega al máximo cuando la persona en el juicio final observe a sus seres apreciados y parientes cercanos en su misma condición de castigo y condena.


Tanto en la primera resurrección para vida eterna, como en la segunda resurrección de los que son condenados, cada quien se enterará de cómo fue conocido en vida ante Dios: “Ahora vemos por espejo, en obscuridad; mas entonces veremos cara á cara: ahora conozco en parte; mas entonces conoceré como soy conocido” (1 Corintios 13.12 – RVR1909). La resurrección con cuerpo trasformado semejante a los seres angelicales, es solamente para quienes tienen parte en la primera resurrección de salvación y vida eterna: “Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado” (1 Corintios 13.10 – RVR1909), que corresponde a la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo: “Mas los otros muertos no tornaron á vivir hasta que sean cumplidos mil años. Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad en éstos; antes serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años” (Apocalipsis 20.5 al 6 – RVR1909). Esto de mil años significa que es en el tiempo de Dios: “Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos. Mas, oh amados, no ignoréis esta una cosa: que un día delante del Señor es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3.7 al 8 – RVR1909). El espacio y tiempo como lo conocemos actualmente, existen solamente en esta vida, la siguiente vida es eterna en el tiempo de Dios. En el caso de la referencia al Libro Supremo como la memoria de Dios, está escrito lo siguiente: “Para que buscasen á Dios, si en alguna manera, palpando, le hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros: Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de éste somos también” (Hechos 17.27 al 28 – RVR1909).


Esta vida conocida como la vida presente corresponde al juicio inicial:


“No obstante, reinó la muerte desde Adam hasta Moisés, aun en los que no pecaron á la manera de la rebelión de Adam; el cual es figura del que había de venir. Mas no como el delito, tal fué el don: porque si por el delito de aquel uno murieron los muchos, mucho más abundó la gracia de Dios á los muchos, y el don por la gracia de un hombre, Jesucristo. Ni tampoco de la manera que por un pecado, así también el don: porque el juicio á la verdad vino de un pecado para condenación, mas la gracia vino de muchos delitos para justificación. Porque, si por un delito reinó la muerte por uno, mucho más reinarán en vida por un Jesucristo los que reciben la abundancia de gracia, y del don de la justicia” (Romanos 5.14 al 17 – RVR1909).

Este juicio inicial es también conocido como el juicio previo, donde los justos presentan por fe la demostración de su inocencia y justicia, a través de los hechos de su vida diaria, sus acciones, actitudes, actos, atributos, carácter, cualidades, comportamiento, conducta, discipulado, ejemplo, emociones, hábitos, personalidad, principios, sentimientos, temperamento, valores, virtudes y voluntad. Por lo tanto, el juicio inicial es en vida: “Pero si alguno padece como Cristiano, no se avergüence; antes glorifique á Dios en esta parte. Porque es tiempo de que el juicio comience de la casa de Dios: y si primero comienza por nosotros, ¿qué será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y si el justo con dificultad se salva; ¿á dónde aparecerá el infiel y el pecador? Y por eso los que son afligidos según la voluntad de Dios, encomiéndenle sus almas, como á fiel Criador, haciendo bien” (1 Pedro 4.16 al 19 – RVR1909).


Cuando aparezca el Señor Jesús en su segunda venida, quienes están vivos en el momento, confirmarán su condición o estado ante Dios: “Y ahora, hijitos, perseverad en él; para que cuando apareciere, tengamos confianza, y no seamos confundidos de él en su venida. Si sabéis que él es justo, sabed también que cualquiera que hace justicia, es nacido de él” (1 Juan 2.28 al 29 – RVR1909). Las personas que se encuentran preparadas para recibir y encontrarse con el Señor son transformados corporalmente, aunque primeramente resucitan los que han muerto con la misma preparación, o sea, los que duermen en el Señor:


“He aquí, os digo un misterio: Todos ciertamente no dormiremos, mas todos seremos transformados. En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15.51 al 55 – RVR1909).

Jesucristo hace mención de los tibios, que vienen a ser los indecisos: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.15 al 16 – RVR1909). Los calientes y los fríos han tomado una decisión y son conscientes de sus consecuencias, mientras los mediocres se paralizan al ser tibios, se quedan sin movimiento en la energía, fuerza o poder de su ejercicio de decisión. Por ejemplo, tanto los ángeles que se quedan sin decisión, como los ángeles indecisos que se adhieren a los ángeles caídos, sufren la misma sentencia determinada por Dios, donde ya no hay más que decidir. Además lo tibio es mezclar lo caliente con frío que igualmente representa la muerte espiritual. La segunda muerte y final es el mismo lago de fuego y azufre: “… el lago ardiendo con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 20.14 y 21.8 – RVR1909). Cuando la Biblia menciona el castigo eterno o por siempre, se refiere a su procedencia, ya que procede del Dios Eterno, según su palabra. Así Dios retribuye a cada quien según los frutos y obras cotidianas, cuando rindan cuentas de sus acciones. Pareciera que lo tibio mezcla lo profano con lo santo:


“Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.19 al 23 – RVR1909)

20) La estabilidad, madurez y perseverancia

La estabilidad, madurez y perseverancia


En el principio existe la armonía y comunión con Dios, un orden perfecto entre los seres celestiales con su Creador, pero sucede una separación que requiere la estabilidad de volver a la posición de equilibrio inicial: “En el principio crió Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la haz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz” (Génesis 1.1 al 3 – RVR1909). El orden es primero, luego se presenta la alteración con el desorden, pero ¿por qué además de desordenada, se dice que la tierra estaba vacía? Este vacío tiene un simbolismo, en algunos casos representa la ausencia de Dios en la vida de la persona. En este caso significa la inmadurez por presuntuosidad, vanagloria del alto concepto por cierta belleza o cualidad y jactancia por el propio actuar o valer. Por ejemplo, la actuación presentada con el ángel caído:


“Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste criado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tu contratación fuiste lleno de iniquidad, y pecaste: por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín cubridor. Enaltecióse tu corazón á causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría á causa de tu resplandor: yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti” (Ezequiel 28.15 al 17 – RVR1909).

La alusión anterior al ángel caído comparada con ciertos reyes, nos ofrece la oportunidad de una idea o pista de lo sucedido en el principio. Continuando con las analogías o comparaciones, como hemos mencionado en otra ocasión, los seres angelicales solamente ejercen su capacidad de decisión, el resultado de este poder de decisión define el bien o mal como consecuencia. Entonces, ¿cuál es el factor influyente o predominante entre los demás ángeles arrastrados por el ángel caído? Otra analogía o comparación nos aclara, acerca de la envidia (el subrayado es nuestro):


“Hízose, pues, hermoso en su grandeza con la extensión de sus ramas; porque su raíz estaba junto á muchas aguas. Los cedros no lo cubrieron en el huerto de Dios: las hayas no fueron semejantes á sus ramas, ni los castaños fueron semejantes á sus ramos: ningún árbol en el huerto de Dios fué semejante á él en su hermosura. Hícelo hermoso con la multitud de sus ramas; y todos los árboles de Edén, que estaban en el huerto de Dios, tuvieron de él envidia. Por tanto, así dijo el Señor Jehová: Por cuanto te encumbraste en altura, y puso su cumbre entre densas ramas, y su corazón se elevó con su altura” (Ezequiel 31.7 al 10 – RVR1909).

Estas afirmaciones de ninguna manera son categóricas o concluyentes, pero aportan una analogía o comparación para sugerir una posible razón de lo sucedido. Además de explicar la posibilidad del motivo desencadenante en el origen o principio, lo cual concuerda con otro apartado donde se analiza el origen del bien y del mal, como la combinación entre egoísmo, envidia y odio. En todo caso los ángeles con decisión firme, ya tenían su convicción fuertemente adherida, mientras tanto, los ángeles indecisos al encarnar como seres humanos, tienen todavía la oportunidad de estabilizar su condición, en el sentido de volver a la posición de equilibrio inicial, en armonía y comunión con Dios. Hay una analogía de un adagio de conocimiento antiguo, donde se nos compara como chispas desprendidas de la luz de Dios, y en retorno para fusionar nuevamente con la Luz Suprema. La Biblia dice: “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2 Corintios 4.6 – RVR1909). El proceso inevitable es la maduración y perseverancia para lograr la estabilidad a plenitud. La Biblia recomienda ser inocentes en la malicia como infantes, pero perfectos en el sentido: “Hermanos, no seáis niños en el sentido, sino sed niños en la malicia: empero perfectos en el sentido” (1 Corintios 14.20 – RVR1909). Esta perfección en el sentido representa lograr una madurez en el juicio o modo de pensar, según el grado de conocimiento, entendimiento y razón capaz de discernir. La madurez está relacionada con la cautela, cortesía, paciencia, pacificación, prudencia, recato y sensatez, además de la decencia, honestidad, modestia y pudor. La perfección en los justos viene a ser como la luz de la aurora: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad: No saben en qué tropiezan” (Proverbios 4.18 al 19 – RVR1909).


La Biblia indica a Jesucristo como la dimensión, medida, modelo, molde, parámetro y referencia, de la estabilidad de madurez y perseverancia: “Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.13 – RVR1909). Jesucristo con su muerte en la cruz, vence con el bien al mal, y expone públicamente la altivez, arrogancia, inmadurez y prepotencia de quienes le condenan y matan, ya sea en relación con el mal ejemplo de los ángeles que cayeron o los seres humanos que en su indecisión, se deciden por rechazar y dar muerte a Jesús: “Rayendo la cédula de los ritos que nos era contraria, que era contra nosotros, quitándola de en medio y enclavándola en la cruz; Y despojando los principados y las potestades, sacólos á la vergüenza en público, triunfando de ellos en sí mismo” (Colosenses 2.14 al 15 – RVR1909). El conjunto de estabilidad, madurez y perseverancia se le llama sabiduría y es indispensable para la perfección: “Para que vuestra fe no esté fundada en sabiduría de hombres, mas en poder de Dios. Empero hablamos sabiduría de Dios entre perfectos; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que se deshacen” (1 Corintios 2.5 al 6 – RVR1909). La estabilidad de madurez y perseverancia está basada en Jesucristo, para que sea en el poder de Dios: “Mas nosotros predicamos á Cristo crucificado, á los Judíos ciertamente tropezadero, y á los Gentiles locura; Empero á los llamados, así Judíos como Griegos, Cristo potencia de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.23 al 24 – RVR1909).


La estabilidad de madurez y perseverancia contribuye con el proceso de perfección, porque el ser humano es imperfecto pero es perfectible en Jesucristo: “Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante, Prosigo al blanco, al premio de la soberana vocación de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos: y si otra cosa sentís, esto también os revelará Dios” (Filipenses 3.13 al 15 – RVR1909). Ser estable o la estabilidad es necesaria para conservar o mantener un equilibrio, con la madurez se logra una mejora continua o permanente, la perseverancia posibilita llegar hasta el final con la constancia suficiente: “Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24.13 – RVR1909). Algunos seres humanos ni con la longevidad maduran como mejores personas, toda la vida son groseras, iracundas, irrespetuosas, sarcásticas y violentas, actúan siempre con doble intención o mala fe, de ninguna manera reflejan la madurez en Cristo: “Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia” (Efesios 4.31 – RVR1909). También la Biblia dice: “Mas ahora, dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, maledicencia, torpes palabras de vuestra boca. No mintáis los unos á los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, Y revestídoos del nuevo, el cual por el conocimiento es renovado conforme a la imagen del que lo crió” (Colosenses 3.8 al 10 – RVR1909).


Nuestra insistencia en relatar lo acontecido al ángel caído, sirve para tomar conciencia de aprender de los antecedentes bíblicos, por ejemplo, el valor de la esperanza y de la paciencia, porque todo lo transmitido en la Biblia ha sido un ejemplo útil para la posteridad: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Mas el Dios de la paciencia y de la consolación os dé que entre vosotros seáis unánimes según Cristo Jesús” (Romanos 15.4 al 5 – RVR1909). La perseverancia del propósito por la perfección sí es factible y realizable entre los seres humanos: “Sabiendo que la prueba de vuestra fe obra paciencia. Mas tenga la paciencia perfecta su obra, para que seáis perfectos y cabales, sin faltar en alguna cosa” (Santiago 1.3 al 4 – RVR1909). El pretexto de una vida sin posibilidad de perfección, es injustificable en quienes pretenden excusar su impotencia de perfeccionar su vida en Jesucristo. Esto se dice y hace para eludir o evadir cualquier compromiso, dificultad, fidelidad, obligación y responsabilidad ante Dios, máxime cuando predomina en la persona la inestabilidad, inmadurez e inconstancia, en la relación de armonía, comunión y confianza con Dios Padre, mediante su Hijo amado Jesucristo, nuestro Salvador y Señor.


Por lo tanto, la estabilidad, madurez y perseverancia, están relacionadas en su conjunto como un verdadero proceso de perfección, sumado a la esperanza y paciencia. Tal perfección de ninguna manera fue demostrada por el ángel caído, pero Jesucristo vino a este mundo a hacer posible como ser humano, la capacidad de lograr esta perfección para ejemplo y modelo, siendo fiel y obediente, para gloria y honra de Dios Padre: “Por lo cual Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, Y no toquéis lo inmundo; Y yo os recibiré, Y seré á vosotros Padre, Y vosotros me seréis á mí hijos é hijas, dice el Señor Todopoderoso. Así que, amados, pues tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de carne y de espíritu, perfeccionando la santificación en temor de Dios” (2 Corintios 6.17 al 7.1 – RVR1909).


21) La dignidad íntegra de la persona

La dignidad íntegra de la persona


La dignidad íntegra de la persona está relacionada con hacerse merecedor de una retribución, como resultado del mérito de las acciones para lograr el aprecio y recompensa, por ejemplo, la fidelidad y lealtad a Dios, tanto fidelidad porque es el Ser Supremo como la lealtad a su intención, plan y voluntad. Esta fidelidad y lealtad a Dios es de su agrado, de manera que la persona logra congraciar, al recibir el afecto, benevolencia y simpatía de Dios Padre. Prevalece la gracia divina y en el ser humano lo imperativo del deber por mandato divino. Hay una gratitud mutua o recíproca, por lo tanto, predomina la obediencia a la voluntad de Dios, un acuerdo o pacto entre las partes: “Y el Dios de paz que sacó de los muertos á nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del testamento eterno, Os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (Hebreos 13.20 al 21 – RVR1909). Esta dignidad es íntegra en la persona cuando la dignidad se combina con la rectitud, para que sea intachable, sin defecto, falta o imperfección: “Para que sean confirmados vuestros corazones en santidad, irreprensibles delante de Dios y nuestro Padre, para la venida de nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos” (1 Tesalonicenses 3.13 – RVR1909). Ser irreprensible es que no merece reprensión, o sea, amonestación y corrección por lo dicho o hecho. De esta manera seguir a Jesucristo e imitar su ejemplo y modelo de vida, en consagración y santificación, posibilita una vida de perfección en Dios, debido a la formación en la decencia. El ser decente es la calidad de la dignidad en los actos y palabras, calidad en el sentido de la excelencia. La dignidad íntegra de Jesucristo es lo más sublime que esta humanidad en su historia ha logrado presenciar.


La dignidad íntegra existe desde el origen o principio, pero la Biblia advierte de la irrupción de ángeles sin conservar la dignidad íntegra: “Y á los ángeles que no guardaron su dignidad, mas dejaron su habitación, los ha reservado debajo de oscuridad en prisiones eternas hasta el juicio del gran día” (Judas 1.6 – RVR1909). Por esta razón, Jesucristo vino a este mundo a demostrar su propio ejemplo, en el ejercicio de hacer la voluntad del Padre con dignidad íntegra. Los ángeles caídos dejaron su lugar y parte con Dios, abandonaron su destino y servicio a Dios, su morada permanente con su Creador. Al parecer la causa está identificada con el engaño y la mentira, implicado por el orgullo, soberbia y vanagloria, por esta razón los ángeles que cayeron, los absorbió la desgracia, porque atrajeron a sí lo contrario a la gracia de Dios. ¿Por qué los ángeles no guardaron su dignidad? Alguna idea o pista de lo sucedido a los ángeles caídos está en el siguiente ejemplo: “Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah)” (Salmos 4.2 – RVR1909). Así como el ser humano voltea la honra en infamia y ama la vanidad y la mentira, los ángeles caídos abandonan la gloria y honra a su Creador, se envuelven en un complot de engaño, aman más lo falso y vano que la verdad de Dios. Mientras tanto, Jesucristo en este mundo se ofrece como ejemplo de mantener la supremacía del Padre, al ensalzar en primer lugar a Dios Padre, con toda la adoración, alabanza, gloria y honra.


El ángel caído tuvo un deseo intenso por ser admirado y considerado, opacando la Supremacía de su Creador. Este ángel se dejó llevar por su ficción fantasiosa e ilusión vana de subsistir por sí mismo, fuera y sin Dios, lo mismo trata de infiltrar en la ideología, idiosincrasia, mente y pensamiento de las civilizaciones, culturas y sociedades en general, para que vivan sin Dios, deslumbrados por el acumulamiento, adulación, ambición, avaricia, codicia, enriquecimiento, fama, gala, gobiernos dictatoriales, grandeza, luchas de poder, lucro, lujo, nepotismo, opulencia, ostentamiento, pleitesía, plutocracia, prestigio, privilegio, reconocimiento, status social, usura, vanagloria y vanidad, en contraste con la injusticia de los que viven en empobrecimiento y miseria, con muchas necesidades de subsistencia. La Biblia dice: “Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras” (Mateo 16.26 al 27 – RVR1909).


La Biblia dice: “Bienaventurado el hombre que puso á Jehová por su confianza, Y no mira á los soberbios, ni á los que declinan á la mentira” (Salmos 40.4 – RVR1909). Una falacia divulgada en las sociedades, es aquella que intenta inducir a otros a vivir sin Cristo, con la presunción de que a pesar de una vida sin Cristo, igual se recibirá salvación y vida eterna por otros medios, fuera del establecido por Dios Padre. Jesucristo es el mediador entre Dios Padre y el ser humano en general: “Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador; El cual quiere que todos los hombres sean salvos, y que vengan al conocimiento de la verdad. Porque hay un Dios, asimismo un mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre; El cual se dió a sí mismo en precio del rescate por todos, para testimonio en sus tiempos” (1 Timoteo 2.3 al 6 – RVR1909). Recordemos que el ángel caído tuvo la oportunidad en el Edén, de enmendar o rectificar su decisión de adversidad a Dios, pero confirma su determinación al influenciar en Adán y Eva, a comer del árbol de la ciencia del bien y del mal, su acción es con maldad y vileza a través del engaño despreciable e indigno: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3.13 – RVR1909).


Adán y Eva, además de su capacidad de poder de decisión, hacen uso de su facultad de cuestionar e investigar, pero afectados por su temperamento, en lo relacionado a la duda e indecisión al obedecer a Dios. Lo que pasa es que la influencia recibida de su entorno, como parámetros de referencia a la hora de tomar una decisión, es de mal proceder porque interviene la manipulación y el engaño del ángel caído. Esto significa que el discernimiento y criterio propio de la persona, es indispensable cuando tiene la mirada puesta en Jesucristo, para gloria y honra de Dios Padre:


“Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida” (Juan 6.43 al 48 – RVR1909).

Hay un pasaje donde se indica al obrero como digno de su salario: “Porque la Escritura dice: No embozarás al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su jornal” (1 Timoteo 5.18 – RVR1909). Todo ser humano requiere un desempeño, labor, ocupación o trabajo para dignificar su subsistencia, porque es fundamental su alimentación: “… porque el obrero digno es de su alimento” (Mateo 10.10 – RVR1909). Después de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo, para preservar la vida natural, espiritual y celestial, el ser humano requiere el trabajo para sobrevivir o la remuneración salarial del trabajo, para adquirir sus necesidades básicas de subsistencia, porque el trabajo mismo es creación de Dios y dignifica al ser humano: “En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (Génesis 3.19 – RVR1909). Algunos desordenadamente dejaron de trabajar, porque creyeron con la inminente segunda venida de nuestro Señor Jesucristo, que ya no había más que hacer sino esperar el regreso del Señor: “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16 al 17 – RVR1909). Esto se rectifica en la segunda carta de Tesalonicenses:


“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos: porque no anduvimos desordenadamente entre vosotros, Ni comimos el pan de ninguno de balde; antes, obrando con trabajo y fatiga de noche y de día, por no ser gravosos á ninguno de vosotros; No porque no tuviésemos potestad, sino por daros en nosotros un dechado, para que nos imitaseis. Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear. Y á los tales requerimos y rogamos por nuestro Señor Jesucristo, que, trabajando con reposo, coman su pan. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien” (2 Tesalonicenses 3.7 al 13 – RVR1909).

Además del trabajo establecido por Dios para dignificar al ser humano, Dios determina a los empleadores o patronos de los obreros, el respeto de un día a la semana para descanso o reposo de sus trabajadores: “Seis días trabajarás y harás toda tu obra: Mas el séptimo es reposo á Jehová tu Dios: ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni tu peregrino que está dentro de tus puertas: porque descanse tu siervo y tu sierva como tú” (Deuteronomio 5.13 al 14 – RVR1909). Según las leyes laborales o hasta religiosas propias de cada país, este día libre de descanso podría ser viernes, sábado o domingo. En algunos casos se determina a convenir entre el empleador y el trabajador. El problema de la población es el desempleo y la falta de remuneración, esto implica escases en la solvencia suficiente para la manutención y de la familia. También afecta el empleo que llaman informal, con nada o mínimos beneficios o garantías sociales, como el seguro de salud, la jubilación o pensión por invalidez, vejez o fallecimiento con beneficiario familiar. Esto depende de muchos factores involucrados en la consecución de trabajo, según la zona geográfica mundial y recursos de cada nación. Por lo tanto, como hemos visto, tanto el trabajo como un día de descanso a la semana son establecidos por Dios. Esto es importante para contribuir con la dignificación del ser humano, especialmente para la supervivencia en lo que atañe a lo natural, pero en aspectos espirituales y celestiales, la dignidad íntegra de la persona, contribuye a su condición o estado de ser irreprensible, sin reprensión, o sea, sin merecer amonestación y corrección, por su camino de perfección, al decidir y practicar a cabalidad el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.


22) La responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios

La responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios


La responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios tiene un orden jerárquico y supremo, en relación con el orden y la diversidad de grados establecidos en este orden, desde lo natural hasta lo celestial, sin superioridad en su línea, es Jesucristo el principal después del Padre, de manera que únicamente el Padre es superior en esencia:


“Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1.1 al 3 – RVR1909).

Hemos mencionado en otra ocasión el significado de la expresión: “Y la tierra estaba desordenada y vacía”. Entonces: ¿Qué representa “… y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía…” (Génesis 1.2 – RVR1909).


La existencia está determinada en tres dimensiones: natural, espiritual y celestial: “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15.46 al 49 – RVR1909). La tierra desordenada y vacía, es un simbolismo de la ausencia o falta de respeto a la autoridad establecida por Dios, situación presentada con los ángeles caídos, además entre los seres humanos, aquellos que son incrédulos, inmersos en las tinieblas, figura de confusión, desconocimiento y máxima ignorancia. En el caso de Jesucristo, siempre será representación de la Luz: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.12 – RVR1909).


El origen de la existencia se inicia con la energía, fuerza y poder del Amor de Dios Padre, que es el mover del Espíritu de Dios, demostrado cuando se acompaña por primera vez con su propio Hijo, a quien establece como el primero y principio, tanto de la Creación como de la Resurrección: “Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos” (Colosenses 1.17 al 20 – RVR1909). Luego en el fin del orden, cuando termine todo sistema corrupto, reinará la incorrupción por completo, entonces el Hijo entregará el reino a Dios Padre y se cumplirá lo siguiente: “Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad… Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.22 al 24 y 28 – RVR1909).


El Hijo aprueba o da por bueno cada segmento de la creación del Padre: “Y vió Dios que la luz era buena…” (Génesis 1.4 – RVR1909, 1.10, 1.12, 1.18, 1.21, 1.25, 1.31), sin embargo, el Hijo se arrepiente del comportamiento y conducta del ser humano, al ver la práctica de maldad entre las personas: “Y vió Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho. Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová” (Génesis 6.5 al 8 – RVR1909). Recordemos que el Hijo es el ejemplo supremo de fidelidad y lealtad a la voluntad del Padre. Jesucristo tiene la primacía en la dignidad íntegra, es lo más sublime que esta humanidad en su historia ha logrado presenciar. Así en la época de Noe la maldad en el planeta es purificada con agua mediante el diluvio, posteriormente el Hijo escucha a Abraham, cuando él intercede por los justos de las ciudades de Gomorra y Sodoma, antes de recibir con fuego, el castigo más severo. Esta fue una lección de ejemplo y escarmiento, de manera que la humanidad aprenda y evite el mismo camino, para que asuma su responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios. No obstante, la historia de la humanidad demuestra una incompetencia para administrar y gobernar la creación, impera la anarquía, confusión, desconcierto y desorden:


“Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo á Abraham lo que voy á hacer, Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra? Porque yo lo he conocido, sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he. Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová. Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos” (Génesis 18.16 al 26 – RVR1909).

Dios Padre ha establecido a Jesucristo como el Juez, para realizar el juicio a las naciones, para que todos honren al Hijo como honran al Padre:


“Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida. De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre” (Juan 5.22 al 30 – RVR1909).

El sentido común de convivencia humana para mantener el orden, es la existencia de la normalización del comportamiento y conducta. Aunque aparentemente la dirección y regulación de Dios, al posibilitar en el Edén toda clase de árboles para alimentación, además del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, pareciera que ofrece al ser humano el libre albedrío de elección, porque podría escoger si come del árbol de la ciencia. Esta libertad de ninguna manera es un libertinaje de desenfreno, porque tampoco implica que el ser humano realice lo que quiera indiscriminadamente, o sea, sin diferenciar o distinguir su responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios. La voluntad de Dios es clara al decir: “Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.17 – RVR1909). El verdadero poder de decisión está en hacer prioritariamente la voluntad de Dios, el verdadero libre albedrío es el libre albedrío de Jesucristo, que consisten en negar su propia voluntad y hacer la voluntad del Padre, asumir el compromiso y responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios:


“¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz. ¿De dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y gerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 3.13 al 4.4 – RVR1909).

Este compromiso y responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios, depende del grado de amor o caridad que se tenga a Dios, a uno mismo y a quienes están a nuestro alrededor. ¿Cómo explicar el amor real que no se quede en lo abstracto? La confianza plena en los planes y propósitos de Dios, la resignación a su voluntad, la esperanza y paciencia puesta en lo conocido como el tiempo de Dios, la lucha decidida por obedecer fiel y leal a Dios, la entrega completa a la dedicación y servicio a Dios, la adhesión, adoración, apego, aprecio, devoción, estima, pasión, predilección o preferencia a Dios: “Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12.30 al 31 – RVR1909). Se dice que la cantidad de población mundial se acerca alrededor de los ocho mil millones de personas, además se considera que solamente entre dos o tres personas de cada ocho, se hacen llamar cristianos, pero es una minoría muy escasa los verdaderos practicantes como discípulos de Jesucristo, o sea, los seguidores que cumplen a cabalidad el siguiente texto de las Sagradas Escrituras:


“Empero procurad los mejores dones; mas aun yo os muestro un camino más excelente. Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve. La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. La caridad nunca deja de ser: mas las profecías se han de acabar, y cesarán las lenguas, y la ciencia ha de ser quitada” (1 Corintios 12.31 al 13.8 – RVR1909).

23) El empoderamiento de la espiritualidad y santidad

El empoderamiento de la espiritualidad y santidad


El empoderamiento de la espiritualidad es la trascendencia de lo natural a lo espiritual, a través de la ceguera espiritual a la vista espiritual, de las tinieblas a la luz y de la muerte en vida a la vida espiritual. Este análisis se requiere en profundidad, porque implica simbología y su respectiva interpretación. Para empezar el símbolo de amanecer y la luz de la aurora, es un principio o primer tiempo entre la oscuridad y la luz, que va en aumento hasta que el día esclarece por completo: “Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto. El camino de los impíos es como la oscuridad: No saben en qué tropiezan” (Proverbios 4.18 al 19 – RVR1909). En términos espirituales, el desconocimiento o ignorancia de en qué se tropieza, es como caminar con la ausencia de fe, compasión o piedad, además de vivir sin el amor y respeto a la consagración, dedicación y santidad del Espíritu Santo. Esta forma de vida comparada con la oscuridad, significa la falta de conciencia de rebasar o sobrepasar a otro nivel de conocimiento, porque no saben en qué tropiezan: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR1909). Mientras tanto, la senda del justo, aunque es un camino más estrecho, va en aumento al escalonar el avance de la conciencia, para advertir y considerar la realidad del conocimiento espiritual.


El empoderamiento es apropiar con fuerza y poder una vida regida, conducida, dirigida y guiada por el Espíritu Santo. La vida del ser humano es como un desierto y el caminar es como internar en un espejismo o un oasis, entre más se desapega del espejismo natural, más se acerca y accede a la realidad del oasis espiritual. Jesucristo dijo: “Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed; Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” (Juan 4.13 al 14 – RVR1909). Tanto la condición de espejismo como de oasis se encuentra en la mente de cada persona: “Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz” (Romanos 8.5 al 6 – RVR1909). La razón de ser de un oasis es el agua, así Jesucristo menciona acerca del agua que nos provee, como fuente de agua para vida eterna. ¿Cuál es esta agua? Otro pasaje nos aclara al respecto: “Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre. (Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él: pues aun no había venido el Espíritu Santo; porque Jesús no estaba aún glorificado)” (Juan 7.37 al 39 – RVR1909).


Otra simbología para empoderamiento de la espiritualidad es rumiar la palabra de Dios, pensar con detenimiento, madurez, meditación y reflexión. El análisis y estudio con profundidad de ninguna manera se resume en cierta cantidad de credo y dogma, esto sería inmersión en un espejismo, porque la Biblia es amplia y extensa para sintetizar en unos pocos renglones. Rumiar las Sagradas Escrituras es desmenuzar, masticar y saborear con el paladar: “De todo mal camino contuve mis pies, Para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios; Porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son á mi paladar tus palabras! Más que la miel á mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia: Por tanto he aborrecido todo camino de mentira” (Salmos 119.101 al 104 – RVR1909). Este paladar representa afición, apreciación, discernimiento, gusto, hábito, sabor y sensibilidad, por la lectura y práctica de la palabra de Dios, para alimento espiritual que fortalezca contra la ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia: “Toda Escritura es inspirada divinamente y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instituir en justicia, Para que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente instruído para toda buena obra” (2 Timoteo 3.16 al 17 – RVR1909). Aborrecer todo camino de mentira, es el desagrado, incompatibilidad, oposición y resistencia a consentir el espejismo, de la fantasía e ilusión de todo lo que ofrece este mundo, contrario a la voluntad de Dios, por ejemplo, el apego a lo carnal, material y terrenal del pecado. Tal es el caso desenfrenado del alcoholismo, lascivia, lujuria y placer, adverso a la santidad, porque vivir en deleites aunque hay vida corporal, hay muerte espiritual: “Pero la que vive en delicias, viviendo está muerta” (1 Timoteo 5.6 – RVR1909).


El símbolo de estar dormido o muerto en vida, se relaciona con ser o vivir en tinieblas, porque este tipo de oscuridad imposibilita ver espiritualmente, hasta llegar a la ceguera espiritual, esta es otra reflexión profunda figurativamente:


“Porque en otro tiempo erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor: andad como hijos de luz, (Porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia, y verdad;) Aprobando lo que es agradable al Señor. Y no comuniquéis con las obras infructuosas de las tinieblas; sino antes bien redargüidlas. Porque torpe cosa es aun hablar de lo que ellos hacen en oculto. Mas todas las cosas cuando son redargüidas, son manifestadas por la luz; porque lo que manifiesta todo, la luz es. Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo” (Efesios 5.8 al 14 – RVR1909).

En cierta ocasión los principales de los ancianos y los sacerdotes, consultan a Jesús acerca de la autoridad con la que él ejerce, entonces también Jesucristo les responde de la siguiente manera: “El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo; porque todos tienen á Juan por profeta. Y respondiendo á Jesús, dijeron: No sabemos. Y él también les dijo: Ni yo os digo con qué autoridad hago esto” (Mateo 21.25 al 27 – RVR1909). Estas personas analizan las implicaciones de sus posibles respuestas, sin embargo, para evadir un compromiso y reconocimiento responsable de la autoridad del Padre en su Hijo Jesucristo, alegan desconocer acertadamente una respuesta. Cuando mencionan que no saben la respuesta es una falsedad, porque sí saben la respuesta, además se falta a la verdad con esta clase de aseveración, porque estas personas conscientemente saben que no es cierto lo que dicen, sino que actúan con astucia, malicia, perversión y sagacidad.


La sociedad actual tiene el gusto y preferencia de justificar su propia forma de vida, ajena a la disposición y voluntad de Dios, porque el ser humano tiende a camuflar o disfrazar el mal, para hacer pasar como bien: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5.20 – RVR1909). También dice la Biblia: “Hay camino que al hombre parece derecho; Empero su fin son caminos de muerte” (Proverbios 14.12 y 16.25 – RVR1909). Lo que pasa es que hay ceguera en el entendimiento de quienes son incrédulos: “En los cuales el dios de este siglo cegó los entendimientos de los incrédulos, para que no les resplandezca la lumbre del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4.4 – RVR1909). El empoderamiento de la espiritualidad, se cumple cuando la persona en forma autónoma o independiente, se fortalece con el poder de Dios mediante su Espíritu, se apropia y toma la espiritualidad, para enfrentar las adicciones, corrientes, filosofías, hábitos, modas y tendencias de este mundo, que son contrarias al poder del Espíritu Santo. La libertad del ser humano de ninguna manera justifica el libertinaje: “Y esto erais algunos: mas ya sois lavados, mas ya sois santificados, mas ya sois justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, mas yo no me meteré debajo de potestad de nada” (1 Corintios 6.11 al 12 – RVR1909). El verdadero empoderamiento es el que para nada avergüenza, cuando nos presentemos ante Dios a rendir cuentas de nuestra vida auténtica o genuina: “Por lo cual alzad las manos caídas y las rodillas paralizadas; Y haced derechos pasos a vuestros pies, porque lo que es cojo no salga fuera de camino, antes sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.12 al 14 – RVR1909).


El empoderamiento de la espiritualidad requiere la iluminación de los ojos del entendimiento, mediante el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, a través de la adquisición de conocimiento con espíritu de sabiduría y de revelación:


“Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, por la operación de la potencia de su fortaleza, La cual obró en Cristo, resucitándole de los muertos, y colocándole á su diestra en los cielos, Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero” (Efesios 1.17 al 21 – RVR1909).

24) La distorsión, distractores y ruido

La distorsión, distractores y ruido


La distorsión es una alteración de la percepción que afecta la interpretación de la forma de ser, el comportamiento y la conducta. Los distractores y ruido, atraen la atención de la persona, con pérdida de la concentración y enfoque, provocan admiración, confusión e interés, pero desvían a la persona y la desubica con desorientación. La percepción contribuye con los sentidos en la interpretación de las sensaciones. En este sentido la humanidad se encuentra a la deriva y sin rumbo fijo, en relación con la enseñanza y mensaje de Jesucristo. El ser humano es fácilmente impresionable, se cautiva, deslumbra y fascina con lo que es suntuoso, o sea, costoso en valor monetario y lujoso, de grandiosidad y magnificencia. Por ejemplo, el siguiente caso del templo en tiempos de Jesús: “Y a unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída” (Lucas 21.5 al 6 – RVR1909). Puede ser grandes edificaciones y estructuras de las ciudades: “Y saliendo del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Y Jesús respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada” (Marcos 13.1 al 2 – RVR1909).


¿Cuál es el conjunto de la distorsión, distractores y ruido, que enfrenta la humanidad hasta nuestros días? Estos en términos de la relación natural - espiritual, se comprenden en todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde los privilegios o status de las posiciones laborales o sociales, hasta los bienes, servicios y vestimentas de las clases adineradas, dominio y poder económico, explotación empresarial, gubernamental, militar, político y religioso. Por ejemplo, dar los sobros a Dios a pesar de las grandes riquezas:


“Y mirando, vió á los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. Y vió también una viuda pobrecilla, que echaba allí dos blancas. Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó más que todos: Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios; mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenía. Y a unos que decían del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: Estas cosas que veis, días vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruída” (Lucas 21.1 al 6 – RVR1909).

Esta distorsión, distractores y ruido se pueden presentar de forma involuntaria o voluntaria, consciente o inconsciente, externa o interna, por aprendizaje, sistemático, por iniciativa colectiva o individual. Basta analizar y pensar en las causas que nos alejan o distancia del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Por ejemplo, en lo que algunos llaman las élites, en relación con las minorías sociales con las altas capacidades e ingresos, además de ocupar puestos de fama, fortuna, poder y la explotación de los recursos minerales y naturales de cada país. También los salarios abusivos y privilegiados en ciertos puestos de la función pública, el favorecimiento y enriquecimiento con los fondos públicos del estado, sea en forma ilícita o lícita. Lo que dicen de la distribución de mayor riqueza en manos de pocas personas. La Biblia dice: “Porque si en vuestra congregación entra un hombre con anillo de oro, y de preciosa ropa, y también entra un pobre con vestidura vil, Y tuviereis respeto al que trae la vestidura preciosa, y le dijereis: Siéntate tú aquí en buen lugar: y dijereis al pobre: Estáte tú allí en pie; ó siéntate aquí debajo de mi estrado: ¿No juzguáis en vosotros mismos, y venís á ser jueces de pensamientos malos?” (Santiago 2.2 al 4 – RVR1909). Todas estas acciones y pensamientos malos son una distorsión, distractores y ruido, los cuales apegan y estancan a cada persona a una superficialidad y temporalidad en este mundo, con la afectación de su porvenir en relación con la vida eterna, la vida del ser humano después de su muerte: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en la incertidumbre de las riquezas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia de que gocemos: Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, que con facilidad comuniquen; Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano á la vida eterna” (1 Timoteo 6.17 al 19 – RVR1909). Y a los empobrecidos por los sistemas corruptos de la administración de este mundo, la Biblia dice: “Hermanos míos amados, oid: ¿No ha elegido Dios los pobres de este mundo, ricos en fe, y herederos del reino que ha prometido á los que le aman?” (Santiago 2.5 – RVR1909).


La riqueza está en la fe en y de Jesucristo, ninguna condición de adinerado o de empobrecido es causa de salvación o vida eterna, ni uno ni otro justifica la eternidad con Dios. La Biblia dice: “Dos cosas te he demandado; No me las niegues antes que muera. Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan que he menester; No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? O no sea que siendo pobre, hurte, Y blasfeme el nombre de mi Dios” (Proverbios 30.7 al 9 – RVR1909). Tanto el adinerado como el empobrecido dependen de Dios para su salvación y vida eterna: “De más estima es la buena fama que las muchas riquezas; Y la buena gracia más que la plata y el oro. El rico y el pobre se encontraron: A todos ellos hizo Jehová. El avisado ve el mal, y escóndese: Mas los simples pasan, y reciben el daño. Riquezas, y honra, y vida, Son la remuneración de la humildad y del temor de Jehová” (Proverbios 22.1 al 4 – RVR1909). Hay una interferencia del amor al dinero que provoca la distorsión, distractores y ruido, como se indica en el siguiente pasaje acerca del provecho desmedido del beneficio y ganancia, inclusive llegar al extremo de la organización criminal:


“Porfías de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que tienen la piedad por granjería: apártate de los tales. Empero grande granjería es la piedad con contentamiento. Porque nada hemos traído á este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y con qué cubrirnos, seamos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse, caen en tentación y lazo, y en muchas codicias locas y dañosas, que hunden á los hombres en perdición y muerte. Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores. Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre” (1 Timoteo 6.5 al 11 – RVR1909).

El derecho al trabajo es un derecho divino, establecido como origen y principio desde el inicio: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y le puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2.15 – RVR1909). Dios es el autor y creador del trabajo, la verdadera reivindicación de la justicia del ser humano es hacer de forma auténtica o genuina la voluntad de Dios. No nos engañemos con el mal llamado supuestos defensores de los derechos avanzados, aparentemente que no son estancados o retrógradas, sin embargo, como ha sido la historia de la humanidad, promueven eliminar la diferencia de la pobreza y la riqueza, por medio de la anarquía y violencia. Por el contrario, se requiere hacer imperar o prevalecer el amor y respeto a la voluntad de Dios, quien es el verdadero dueño, no solo de las naciones sino del universo y de todo lo existente, quien controla la muerte y vida en sus propias manos, imparte justicia y reconoce la obra de Jesucristo practicada en cada justo para vida eterna. Dios Padre rectifica al ser humano cuando este último y en forma reiterada, deja de asumir su propia responsabilidad. Esto se demuestra en los sucesos acontecidos en la historia de la humanidad, para corrección del ser humano, aunque pareciera que el mismo nunca aprende ni escarmienta, a pesar de la disciplina y formación:


“Jehová mata, y él da vida: El hace descender al sepulcro, y hace subir. Jehová empobrece, y él enriquece: Abate, y ensalza. El levanta del polvo al pobre, Y al menesteroso ensalza del estiércol, Para asentarlo con los príncipes; Y hace que tengan por heredad asiento de honra: Porque de Jehová son las columnas de la tierra, Y él asentó sobre ellas el mundo. El guarda los pies de sus santos, Mas los impíos perecen en tinieblas; Porque nadie será fuerte por su fuerza. Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios, Y sobre ellos tronará desde los cielos: Jehová juzgará los términos de la tierra, Y dará fortaleza á su Rey, Y ensalzará el cuerno de su Mesías” (1 Samuel 2.6 al 10 – RVR1909).

Todo lo que pasa en el mundo en función del empobrecimiento y enriquecimiento, ya sea para favorecer a unos y perjudicar a otros, corresponde a una voraz distorsión, distractores y ruido, que consume y destruye rápidamente y dirige a la humanidad al vacío del despeñadero. El imperante desenfreno en la contaminación ambiental, armamentismo, explotación industrial y tecnológica, justificado en la urgente necesidad de fuentes de trabajo para una sobrepoblación mundial, crea una cortina de humo o nube, sumado al ruido suficiente, como para desvirtuar la atención de las personas, tergiversar su sentido de la vida y distraer su enfoque del amor y servicio a Dios Padre, obstruir la aceptación y reconocimiento hacia su Hijo Jesucristo. El tiempo del fin del sistema, se caracteriza en la época actual de la Edad del Calentamiento Global. Los discípulos preguntan a Jesús: “Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mateo 24.3 – RVR1909). En la actualidad algunos alegan que la maldad siempre ha existido y es la misma, pero que ahora hay una mayor divulgación de la transmisión de los medios de comunicación. La realidad es que la maldad sí ha aumentado, se ha fomentado la cultura del dinero y de la muerte, precisamente el amor, caridad y felicidad no está ni en el dinero ni en la muerte: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.12 al 14 – RVR1909).


La sociedad mundial, su administración y gobierno se encubre en la luz por apariencia, pero su legislación se despreocupa por lo espiritual, porque se trata de cimentar, estabilizar, fortalecer y lograr solidez solamente en lo natural, sin tomar en cuenta rotundamente lo espiritual, por consiguiente, con mayor repudio a lo celestial. Este sistema social con sus propias leyes se esfuerza por sustituir a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, inclusive promueven la eliminación de Dios en todas sus conversaciones e instituciones, sean privadas o públicas. La Biblia menciona a los que se hacen pasar por luz, pero son falsos y fraudulentos: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, trasfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras” (2 Corintios 11.13 al 15 – RVR1909). Los mismos fariseos, a pesar de ser estudiosos e instruidos en las cuestiones de Dios, son avaros y se burlan de Jesucristo, aunque los seres humanos estimen como sublime, ante Dios es abominación: “Ningún siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir á Dios y á las riquezas. Y oían también todas estas cosas los Fariseos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. Y díjoles: Vosotros sois los que os justificáis á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16.13 al 15 – RVR1909).


Despreciar a Jesucristo es una consecuencia de vivir en el lujo y opulencia de la riqueza, cuando Jesús con su vida demostró humildad, sencillez y vivir con lo necesario. El problema del enriquecimiento es el afán y ansiedad por la acumulación, contrario a lo no excesivo, moderado, sobrio, sin adornos superfluos. Otro problema está en la avaricia que también es idolatría, la codicia, egoísmo y envidia, la obsesión y perturbación por incrementar la cuenta bancaria o monetaria, con abuso excesivo e ilimitado de lo que a otros les falta, o sea, debido a que al rico le sobra es lo que a otros necesitados les falta. Esto resta importancia al bien común, la equidad y justicia en la distribución de la riqueza. Los adinerados tienen la posibilidad de la adquisición de activos, artículos, bienes, medios de transporte, muebles, posesiones, propiedades, tratamientos, viajes, entre otros, que a veces son innecesarios o están de más, para elevar la apariencia de status sobre los que no tienen. Se provoca cada vez más una brecha y perpetuidad de la existencia entre adinerados y empobrecidos. Hay una lógica o sentido común en todo esto, por ejemplo, el siguiente caso de Zaqueo: “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto” (Lucas 19.8 – RVR1909). Así como el ser humano fue creado con el poder de decisión, también fue constituido con el poder del amor, que lamentablemente muchos portan pero nunca desarrollan y menos ejercen.


Lo que pasa es que en el enriquecimiento, con o sin intención alguna, en el proceso se arriesga o expone a cometer injustica y hasta defraudar a otros. Además, mientras los ricos gastan en cuestiones innecesarias, por exceso de abundancia, hay gente que muere de hambre por ser desposeídos de su subsistencia básica, especialmente quienes están sin abrigo y sin techo, quienes habitan en las calles, cuarterías, hacinamientos, precarios, refugios o tugurios, en extrema pobreza y miseria, con frío, enfermedad, hambre, sin ningún tipo de seguridad o en inmigración. ¡Sálvanos Dios, con la compasión y misericordia de la benignidad!: “Y alzando él los ojos á sus discípulos, decía: Bienaventurados vosotros los pobres; porque vuestro es el reino de Dios. Bienaventurados los que ahora tenéis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis... Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis” (Lucas 6.20 al 21 y 24 al 25 – RVR1909).


La distorsión, distractores y ruido es todo aquello que nos separa del enfoque en Jesucristo, cuyo financiamiento es el dinero como el dios de este mundo, la sociedad del mundo entre más dinero quiere y tiene, más comete acciones contrarias a la moral, mayor corrupción y criminalidad, más adicciones y drogadicción, gastos excesivos innecesarios, como el consumismo compulsivo, más se explota al trabajador con salarios bajos y jornadas extenuantes hasta agotar las fuerzas, para obtener mayores ganancias y utilidades, más trata de personas y esclavitud infrahumana, más explotación de los recursos minerales y naturales, más contaminación y calentamiento global, sin amor, respeto y temor alguno a Dios y a su Creación. Más endeudamiento, más usura, más naciones y países empobrecidos, mientras que otros se vuelven colonialistas modernos e imperialistas. El robo descarado de activos, materias primas y recursos públicos a nivel local o entre naciones y países. Hay una saciedad hasta el hartazgo de ambición, aunque irrefrenable, porque entre más se tiene más se quiere. La biblia dice acerca del enriquecimiento, ya sea ilícito o lícito, pero igualmente desmesurado:


“Ea ya ahora, oh ricos, llorad aullando por vuestras miserias que os vendrán. Vuestras riquezas están podridas: vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están corrompidos de orín; y su orín os será en testimonio, y comerá del todo vuestras carnes como fuego. Os habéis allegado tesoro para en los postreros días. He aquí, el jornal de los obreros que han segado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado de vosotros, clama; y los clamores de los que habían segado, han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis cebado vuestros corazones como en el día de sacrificios. Habéis condenado y muerto al justo; y él no os resiste” (Santiago 5.1 al 6 – RVR1909).

Otra distorsión, distractores y ruido son las corrientes filosóficas, costumbres, culturas, entretenimientos, espectáculos, estilos de vida, gustos, hábitos, ideologías, ídolos, modas, mundanalidad, ocupaciones, populismo, preferencias, religiones, tendencias y tradiciones: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4 – RVR1909). La amistad al mundo se refiere a todo lo que resta el primer lugar de Dios Padre y su Hijo Jesucristo, porque suprime la verdadera adoración, alabanza, gloria y honra. Inclusive se requiere renunciar a estas causas, para verdaderamente tomar la cruz de Cristo, seguir sus pasos como discípulo y practicante. Por esta razón Jesucristo dice lo siguiente al joven rico:


“El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús, mirando alrededor, dice á sus discípulos: ¡Cuán dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán dificil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse?” (Marcos 10.20 al 26 – RVR1909).

Cuando hay tanta interferencia e irrupción, que se interpone entre el ser humano, la comunicación y relación con Dios Padre, por la mediación directa de su Hijo Jesucristo, entonces es válida la pregunta: ¿Y quién podrá salvarse? Pero, la crucifixión, resurrección y ascensión de Jesucristo de ninguna manera fue en vano, porque nos ha dejado al Espíritu Santo para continuar su acción y obra. Observemos en el siguiente caso una analogía entre los habitantes de una ciudad con el conocimiento natural, que escuchaban a Simón el mago, que seguidamente representan el conocimiento espiritual, cuando escuchan a Felipe con el anuncio del evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, también Simón el mago cree y se bautiza, aunque permanece apegado a lo natural en amargura y maldad, luego tanto Felipe, como Pedro y Juan, simbolizan el conocimiento celestial, al compartir el poder del Espíritu Santo con las personas de la ciudad, tanto con hombres como con las mujeres:


“Y había un hombre llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algún grande: Al cual oían todos atentamente desde al más pequeño hasta el más grande, diciendo: Este es la gran virtud de Dios. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los había embelesado mucho tiempo. Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. El mismo Simón creyó también entonces, y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían, estaba atónito. Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oído que Samaria había recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan: Los cuales venidos, oraron por ellos, para que recibiesen el Espíritu Santo; (Porque aun no había descendido sobre ninguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.) Entonces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo. Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero. No tienes tú parte ni suerte en este negocio; porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón. Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho, venga sobre mí” (Hechos 8.9 al 24 – RVR1909).

25) La declaración, dedicación y reconocimiento a Jesucristo

La declaración, dedicación y reconocimiento a Jesucristo


La declaración, dedicación y reconocimiento, además de conceptos teóricos indispensables entre los seguidores de Jesucristo, son válidos en la medida de su aplicación o puesta en práctica, para identificar y ser en la realidad discípulos de Jesucristo. Estos conceptos aunque tienen un significado aparentemente básico, requieren de cierta complejidad para ser demostrados en el diario vivir. Primeramente, creer en Jesucristo es confesar con la expresión o palabras sin avergonzar: “Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10.9 al 11 – RVR1909). Mencionar de boca el nombre de Jesucristo, requiere en la persona una congruencia de su propio comportamiento, comparado con el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Aquí está la complejidad, y para algunos no les importa excluir a Jesucristo de sus vidas, para rehuir al compromiso y responsabilidad de sus propios actos. Cuando una persona habla de Jesucristo, implica en esta persona, cierta autoridad de dominio y respaldo en la materia temática, tanto de la enseñanza como de la vivencia de Jesucristo. Esto se podría considerar como el conocimiento de causa, cuando se sabe con certeza el motivo y razón, justificativo de las acciones cristianas. Por lo tanto, es necesaria la experiencia, un apoyo práctico de la vivencia de ejercer la enseñanza y mensaje de Jesús. En el caso de hacerse llamar cristiano, tiene sentido el dominio de la materia educativa y formativa impartida por Jesucristo, sus discípulos aprendieron de Jesús durante tres años y seis meses, semejante a una escuela donde Jesucristo es el consejero, guía, maestro o mentor, con las advertencias suficientes para el comportamiento y conducta de la vida.


Para esclarecer se realiza un análisis desmenuzado del concepto de declaración a Jesucristo: el fraccionamiento cristiano histórico, representa una ruptura conceptual, en la opinión, relación y significado que se tiene de Cristo. La división congregacional, denominacional, eclesiástica y religiosa, ha creado un innumerable fraccionamiento de conceptos, creencias, dogmas y reglas, que son infalibles y supremas a lo interno de cada grupo u organización. Esta supremacía de creencias consuelan a los creyentes, como poseedores del medio para salvación y vida eterna, aunque involuntario o voluntario, consciente o inconsciente, con estos credos o creencias sustituyen el verdadero enfoque en Cristo. Las divisiones se gestan y nacen inicialmente como órdenes religiosas, monásticas y congregaciones religiosas, con la virtud a través de reglas de vida morales y prácticas, contrastada con el poder religioso terrenal. También los llamados reformadores y la contrarreforma, defensores de sus respectivas doctrinas, fundamentos, puntos de fe o tesis.


Hay personas acostumbradas con la presunción de un énfasis de cristianismo sin Cristo, porque divagan en una inmensidad de temas variados, sin conversar o mencionar el nombre de Jesucristo, o de sus enseñanzas, evangelio y mensaje directo. Estas personas se hacen llamar cristianos pero se avergüenzan de su mención. Jesucristo dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.38 – RVR1909). La persona considerada discípulo de Jesucristo, que externa públicamente ante otras personas oyentes o testigos, el criterio, discernimiento u opinión personal acerca de su creencia en Jesucristo, hace constar además de lo que se piensa de Jesucristo, su absoluta devoción en forma exclusiva, su afiliación y seguimiento a la comunidad, escuela y doctrina de Jesucristo. Se puede observar a continuación los muchos elementos aglutinados adecuadamente para una organización eclesiástica eficiente y multitudinaria. Es importante diferenciar entre el grupo comunitario de fe y discipulado establecido por Jesús, contrastado con la institucionalidad eclesiástica surgida posteriormente, debido a la necesidad de regulación, administrativa, animadora, archivística, caritativa, comunicativa, congregacional, constructiva, controladora, coordinadora, costumbres, crecimiento, creencias, diaconado, diplomacia, dirección, documental, dogmática, económica, episcopal, evaluación, evangelística, feligresía, financiera, imperial, jurídica, jurisprudencia, laboral, magisterial, militante, ministerial, monástica, operacional, orden litúrgico, organizacional, planificación, predicadora, presupuestaria, recaudación, reglamentaria, religiosa, ritual, sacerdotal, salarial, supervisión, tradicional y voluntariado.


Todas estas actividades presentan una iglesia estable y sólida en términos de organización, pero se vuelve un sistema exorbitante, excesivamente grande y robusto, donde se pierde de vista a Jesucristo como el centro del organismo eclesiástico, especialmente la pérdida de la declaración, dedicación y reconocimiento de la autoridad y exclusividad de Cristo. Ciertamente se requiere el reconocimiento de que fuimos pecadores, porque Jesucristo siempre dijo: “Ve y no peque más”. Es necesario reconocer la obra salvadora de Jesús, al morir en la cruz para perdón de nuestros pecados, pero que Jesucristo sea reconocido como el único salvador personal y quien solamente nos ofrece el medio para vida eterna. La historia del ordenamiento, organización y regulación demuestra el surgimiento de declaraciones, dedicaciones y reconocimientos contrarios a Cristo, pero considerados verdaderos y procedentes de Dios, aunque se hayan establecido como mentiras camufladas de verdad. Por ejemplo, todo lo que reemplaza o sustituye a Cristo con la religión, a través de la adoración, advocación, alabanza, arrodillamiento, consagración, creencia, culto, devoción, invocación, liturgia, oraciones, plegarias, reglamentación, ritos, santificación, signos, súplicas y veneración: “No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad. ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiesa al Hijo tiene también al Padre” (1 Juan 2.21 al 23 - RVR1909).


Negar a Cristo, es negar el primer lugar o supremacía de Cristo en todo, es despreciar su única mediación, es creer y practicar otros medios alternativos para llegar al Padre en lugar de Cristo, es depositar la confianza y fe en amuletos, artilugios, fetiches, personas o seres angelicales, es la divinización de las dignidades eclesiásticas, sus acuerdos, credos, creencias, documentos, dogmas, ideas o hasta ideologías, establecidas como iguales o superiores a Cristo o en su representación. Existe una apologética y endiosamiento en defensa a lo eclesiástico, como sumo medio de salvación y vida eterna, aunque sean decretos establecidos por la iglesia, con un desenfoque del principal que es Cristo. La Biblia dice: “Profésanse conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra” (Tito 1.16 – RVR1909). Se profesa conocer a Dios, pero con los hechos se vive en desobediencia, así es negar la obra de Cristo, se hace vana la muerte y resurrección de Jesucristo, porque el ser humano continúa habituado al pecado, justificado en que somos pecadores, se considera basto y suficiente la asistencia a la iglesia, para cumplir con las normas, preceptos y reglas eclesiásticas, aunque se viva en pecado: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por el pecado, Sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar á los adversarios” (Hebreos 10.26 al 27 – RVR1909).


Esta clase de pecado se refiere al reiterativo, aquel pecado repetido, porque se vuelve a practicar con frecuencia. Así en lo eclesiástico se crearon instrumentos para mantener al feligrés en comunión con la iglesia, aunque transgreda la palabra de Dios, puede ejercer la opción de la penitencia durante la vida, o la posibilidad de la indulgencia en el transcurso de la muerte. Además como última instancia o recurso podría purgar sus pecados, para recibir salvación y vida eterna. Así de fácil, sin necesidad del sacrificio y derramamiento de la sangre de Cristo: “¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10.29 – RVR1909). Históricamente se ha mezclado a conveniencia la intensidad de luz con la oscuridad, para resurgir un tipo de contraste de tinieblas, gris claro como la neblina o la niebla, de gran confusión e ignorancia, donde de ninguna manera se reconoce la autoridad de Jesucristo:


“Teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón: Los cuales después que perdieron el sentido de la conciencia, se entregaron á la desvergüenza para cometer con avidez toda suerte de impureza. Mas vosotros no habéis aprendido así á Cristo: Si empero lo habéis oído, y habéis sido por él enseñados, como la verdad está en Jesús, A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error; Y a renovarnos en el espíritu de vuestra mente, Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad” (Efesios 4.18 al 24 – RVR1909).

26) La perversidad diversa: arrogancia, desvergüenza e insolencia ante Jesucristo

La perversidad diversa: arrogancia, desvergüenza e insolencia ante Jesucristo


La perversidad diversa es el mayor grado de corrupción y maldad, del modo habitual de conducirse y proceder del ser humano. La gravedad se debe a la ausencia de identificación con Jesucristo, tanto a nivel colectivo como individual. La maldad se ha multiplicado y ha alcanzado dimensiones de calidades, costumbres y cualidades, que han dado forma al carácter distintivo de las personas, pueblos y hasta naciones. Estas prácticas han sido tan habituales y de conocimiento público, que han adquirido fuerza e inherencia de norma o precepto, inclusive hasta con justificación y respaldo legal o militar. La Biblia dice: “Teniendo apariencia de piedad, mas habiendo negado la eficacia de ella: y á éstos evita. Porque de éstos son los que se entran por las casas, y llevan cautivas las mujercillas cargadas de pecados, llevadas de diversas concupiscencias; Que siempre aprenden, y nunca pueden acabar de llegar al conocimiento de la verdad” (2 Timoteo 3.5 al 7 – RVR1909). Hay una confrontación entre la sociedad civil mundial natural y el ámbito espiritual, límite para la trascendencia a la dimensión celestial. Las personas, pueblos y naciones presentan una apariencia de piedad, pero con sus hechos históricos han negado su eficacia, por ejemplo, la aniquilación, conquistas, exterminios, genocidios, guerras, masacres, que en nada representan a Jesucristo, su enseñanza, mensaje y vida.


La sociedad siempre aprende con la historia y nunca llega al conocimiento de la verdad (celestial), porque reiteradamente comete las mismas aniquilaciones, conquistas, exterminios, genocidios, guerras y masacres. Estos nunca aprenden la sana doctrina, porque la sana doctrina es el mismo Jesucristo.


Dimensiones de Conocimiento


La figura anterior muestra las tres dimensiones de conocimiento, a saber, la base inferior es la dimensión natural, el escalón intermedio como la dimensión espiritual y el área superior como la dimensión de conocimiento celestial. El pasaje mencionado describe la cautividad del pecado, como la diversidad de concupiscencias. Lo diverso significa los distintos, muchos y variados apetitos y deseos desordenados de placeres deshonestos y terrenales. El ser humano incluye una constitución física, mental y social - emocional. Estos componentes estructuran la dimensión natural de la persona, las cuales encontramos recomendaciones, en un análisis y estudio en profundidad de los cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, donde se transmiten las enseñanzas y mensaje de Jesucristo, para trascender de lo natural a lo espiritual, por consiguiente con la finalidad de la dimensión celestial: “Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios” (Romanos 8.21 – RVR1909).


El desacato e incumplimiento del evangelio de Jesucristo, es la arrogancia, desvergüenza e insolencia del ser humano en general, impera la justificación y tolerancia a la práctica contraria a Cristo: “Esto también sepas, que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos: Que habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, detractores, desobedientes á los padres, ingratos, sin santidad, Sin afecto, desleales, calumniadores, destemplados, crueles, aborrecedores de lo bueno, Traidores, arrebatados, hinchados, amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3.1 al 4 – RVR1909). La arrogancia de la persona sin Cristo, es la altivez y orgullo de una vida autosuficiente e independiente de Jesucristo, la desvergüenza es la descarada reiteración de faltas a la moral, hábitos deshonestos, malas costumbres, sin pudor, pecados y vicios degenerados y nocivos, pero muchas veces legalizados, aunque sin valor alguno contra los apetitos y deseos carnales del pecado:


“Pues si sois muertos con Cristo cuanto á los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivieseis al mundo, os sometéis á ordenanzas, Tales como, No manejes, ni gustes, ni aun toques, (Las cuales cosas son todas para destrucción en el uso mismo), en conformidad á mandamientos y doctrinas de hombres? Tales cosas tienen á la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, y humildad, y en duro trato del cuerpo; no en alguna honra para el saciar de la carne” (Colosenses 2.20 al 23 – RVR1909).

Se dice que la población mundial se acerca alrededor de ocho mil millones de personas, de las cuales se considera que solamente entre dos a tres de cada ocho personas, son las que se hacen llamar cristianos. Esto equivale entre dos mil y tres mil millones, pero la mayoría siguen a Jesucristo a través de los dictados de la religión, con su propia legislación. La sociedad civil tiene sus normas, reglas y leyes propias, así cada religión, sea cristiana o sin ser cristiana, tiene también establecidas sus normas, reglas y leyes religiosas. En relación con la vida eterna, el mundo ofrece falsas esperanzas y promesas, a pesar de las supuestas buenas intenciones, porque lo que hay que esperar y las verdaderas promesas son las de Jesucristo: “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme á la carne, mas conforme al espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8.1 al 2 – RVR1909). La religión cristiana es necesaria para la evangelización y mostrar a Jesucristo ante el mundo: “El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2.6 – RVR1909).


Jesucristo de ninguna manera vino con la finalidad de llevarnos a una religión, porque a quien nos lleva en consagración y santidad, es a Dios el Padre: “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). Históricamente la ambición y luchas de poder, tanto del mundo como de la religión han obstruido la justicia y obra de Jesucristo, sus acciones y luchas de autoridad jerárquica, en nada se parecen al amor, humildad, mansedumbre y servicio de Cristo, una verdadera vida de servicio comunitario y social, sin ningún tipo de práctica de corrupción, maldad, pecado o vicio. Aún así, en la actualidad, la humanidad y sus respectivas naciones, dan su vida por amor al consumismo desenfrenado, al dinero, al expansionismo militar y territorial, a la patria, al poder, a la riqueza, entre otros, en lugar de dar su vida en amor y servicio a Jesucristo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los ojos, y la soberbia de la vida, no es del Padre, mas es del mundo. Y el mundo se pasa, y su concupiscencia; mas el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre” (1 Juan 2.15 al 17 – RVR1909).


El pecado está en aquel que sabe hacer lo bueno, pero se queda sin hacer el bien, sin hacer la voluntad de Dios practicada por Jesucristo: “Y no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es un vapor que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quisiere, y si viviéremos, haremos esto ó aquello. Mas ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala. El pecado, pues, está en aquel que sabe hacer lo bueno, y no lo hace” (Santiago 4.14 al 17 – RVR1909). La inmediatez impera en la sociedad, el supuesto éxito inmediato en el enriquecimiento, progreso y prosperidad, deslumbra, esclaviza y ocupa al mundo entero, de manera que excluyen a Jesucristo de sus vidas. Por otra parte, en el otro extremo de la población, el empobrecimiento, escases, necesidad, trae consigo la angustia, ansiedad y sufrimiento, que ofusca a un razonamiento sin lucidez. La persona se estanca y paraliza mentalmente, sin saber qué hacer, tener hambre y ver los hijos sin que comer, el desempleo, no tener donde vivir, un techo donde guarecer, vivir en la calle, caminar grandes distancias y recorrer zonas peligrosas, debido a la migración humana en busca de trabajo y un mejor porvenir, familiar y personal. Este extremo también ocupa a la gente en desesperación, de manera que no se tiene espacio ni tiempo para Jesucristo.


¿Cómo ocuparse de Jesucristo en las buenas y en las malas? Hay culturas, sociedades y naciones que conforme están mejor económicamente, financieramente y laboralmente, menos sienten o tienen necesidad de Jesucristo. En estos países las infraestructuras utilizadas como iglesias, están disminuyendo, eliminando o transformando en locales comerciales. Otras culturas, sociedades o naciones, arruinadas y endeudadas por la esclavitud de la usura, y por el robo de su riqueza mineral y natural, absorbidos por la corrupción, decadencia, inseguridad ciudadana, salubridad y social, pobreza extrema, tráfico de mercancías y trata de personas, también tienen la ausencia de disposición a amar y servir a Jesucristo. Entonces, ni la riqueza ni la pobreza es escusa, ni generan en la persona un interés genuino de aprender, practicar y seguir a Jesucristo. Se requiere entre seres humanos, el equilibrio de entender y conocer a Dios, según su voluntad de hacer justicia y misericordia. La Biblia dice: “Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio, y justicia en la tierra: porque estas cosas quiero, dice Jehová” (Jeremías 9.23 al 24 – RVR1909).


La vida es corta, pasajera, superficial y temporal, entender y conocer a Dios, es prioritario para aprovechar el poco tiempo de vida. Tener un alto concepto de Jesucristo, es lo que vale la pena en esta brevedad de la vida. Presumir o vanagloriarse de lo académico, científico, intelectual o profesional, por encima de Jesucristo mismo. Quizás por la acumulación de posesiones y riquezas. Tal vez por el éxito alcanzado a través de la fama, gloria, prestigio o status social. Posiblemente al destacar o sobresalir como artista, cantante, comerciante, conferencista, deportista, desarrollador de software, empresario, motivador, músico, político, presentador de internet o de televisión, por ser un distinguido religioso o tecnólogo. También por causa de ser un conocido guerrero, líder del ejército o soldado. Pero de qué sirve honrarse a sí mismo o jactarse, por una vida de lujo, opulencia y vanidad, si el disfrute de los deseos y placeres es por un período específico de muy poca duración, mientras que mediante Jesucristo se podría aspirar a una vida eterna: “Porque ¿quién te distingue? ¿ó qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿de qué te glorías como si no hubieras recibido?” (1 Corintios 4.7 – RVR1909). Así como la persona viene a esta vida sin nada igual se va: “Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano” (Eclesiastés 5.15 – RVR1909). Esto significa que a manos vacías nos vamos de este mundo, por más que se haya acumulado: “Porque nada hemos traído á este mundo, y sin duda nada podremos sacar” (1 Timoteo 6.7 – RVR1909).


La persona cree tener el poder absoluto y son consideradas dioses o ídolos del mundo: “Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Apocalipsis 3.17 – RVR1909). Todo ser humano por más presunción es un desventurado si vive sin Dios: “Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años; repósate, come, bebe, huélgate. Y díjole Dios: Necio, esta noche vuelven á pedir tu alma; y lo que has prevenido, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios” (Lucas 12.19 al 21 – RVR1909), mientras tanto, aquellos que tienen a Jesucristo en la mente y el corazón, aman y hacen la obediencia a la voluntad de Dios Padre, estos tienen la mejor promesa celestial de vida eterna; siempre y cuando, vivan sin el atrevimiento del acto temerario de la deshonra e irrespeto a Jesucristo, quien es la verdad de acción, palabra o verbo de Dios:


“Conforme á la fe murieron todos éstos sin haber recibido las promesas, sino mirándolas de lejos, y creyéndolas, y saludándolas, y confesando que eran peregrinos y advenedizos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan á entender que buscan una patria. Que si se acordaran de aquella de donde salieron, cierto tenían tiempo para volverse: Empero deseaban la mejor, es á saber, la celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos: porque les había aparejado ciudad” (Hebreos 11.13 al 16 – RVR1909).

27) La fidelidad y lealtad a Jesucristo en la Edad del Calentamiento Global

La fidelidad y lealtad a Jesucristo en la Edad del Calentamiento Global


El tiempo después de Cristo se divide en dos tiempos: el tiempo de la apostasía y el tiempo del fin. La apostasía se caracteriza por el anticristianismo o los movimientos y fuerzas contrarias a Cristo (anticristos), por ejemplo, la persecución y muerte de los seguidores de Jesucristo, quien dijo lo siguiente a los fieles y leales a su causa: “Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros” (Mateo 5.10 al 12 – RVR1909). Obsérvese como Jesucristo menciona que esta persecución es basada en la mentira. También pareciera la existencia de una reacción contraria a Jesucristo debido a un desconocimiento hacia Dios Padre:


“Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. Acordaos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si á mí mé han perseguido, también á vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra. Mas todo esto os harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado” (Juan 15.18 al 21 – RVR1909).

El tiempo del fin es la etapa previa a la segunda venida de Jesucristo. En el caso del anuncio en el primer siglo, acerca de la inminente segunda venida de Jesucristo, a pesar de esta inminencia, ha sido imprescindible la etapa de la apostasía: “Y como hubieron anunciado el evangelio á aquella ciudad, y enseñado á muchos, volvieron á Listra, y á Iconio, y á Antioquía, Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles á que permaneciesen en la fe, y que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios” (Hechos 14.21 al 22 – RVR1909). Estas tribulaciones ya han sido cumplidas en todo el trascurso del tiempo de la apostasía, por esta razón previo a la segunda venida de Jesucristo es necesario y requerimiento dicha apostasía: “No os engañe nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2.3 – RVR1909). Debido a que la apostasía y la manifestación del hombre de pecado e hijo de perdición, es posterior a la primera venida de Jesucristo, entonces corresponde al surgir de un pensamiento y sentimiento anticristo, por parte de los seres humanos en su conjunto, esto significa que se trata de un sistema anticristiano, como se analiza más adelante.


Algunos seguidores de Jesucristo del primer siglo, cayeron en desempleo, desocupación y hasta vagancia, por la espera inminente de la segunda venida de Jesucristo en cualquier momento: “Porque aun estando con vosotros, os denunciábamos esto: Que si alguno no quisiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que andan algunos entre vosotros fuera de orden, no trabajando en nada, sino ocupados en curiosear” (2 Tesalonicenses 3.10 al 11 – RVR1909). Otros daban la segunda venida de Jesucristo como tardada: “El Señor no tarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche…” (2 Pedro 2.9 al 10 – RVR1909). Mientras tanto, otros alegaban que la resurrección esperada ya había pasado: “Y la palabra de ellos carcomerá como gangrena: de los cuales es Himeneo y Fileto; Que se han descaminado de la verdad, diciendo que la resurrección es ya hecha, y trastornan la fe de algunos” (2 Timoteo 2.17 al 18 – RVR1909).


En todo caso desde el primer siglo se espera la segunda venida de Jesucristo de forma repentina y sorpresiva en cualquier momento. Porque el Señor vendrá como ladrón en la noche sin avisar:


“Empero acerca de los tiempos y de los momentos, no tenéis, hermanos, necesidad de que yo os escriba: Porque vosotros sabéis bien, que el día del Señor vendrá así como ladrón de noche, Que cuando dirán, Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción de repente, como los dolores á la mujer preñada; y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sobrecoja como ladrón; Porque todos vosotros sois hijos de luz, é hijos del día; no somos de la noche, ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás; antes velemos y seamos sobrios” (1 Tesalonicenses 5.1 al 6 – RVR1909).

¿Cuál es esta paz y seguridad que dirán antes de la destrucción repentina? La Biblia dice que a la segunda venida de Jesucristo los habitantes del planeta viven una vida cotidiana con toda normalidad, como si no estuviera pasando ningún tipo de gravedad mundial:


“Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos. Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos: Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará” (Lucas 17.26 al 30 – RVR1909).

¿Entonces, cuál es la relación que se hace cuando digan paz y seguridad? La respuesta hace referencia a la Edad del Calentamiento Global. La disminución del ozono y el agujero en el mismo se está regenerando, con la posibilidad de estabilidad a las condiciones del siglo pasado. La paz y seguridad está en función de un máximo de un grado adicional a la temperatura promedio del planeta. Es un margen de sostenibilidad para la conservación al límite del tope permisible. Mientras la temperatura atmosférica terrestre se conserve y mantenga, el ser humano dirá paz y seguridad. Lo grave del asunto es que la realidad es otra, cuando la temperatura se incremente en el umbral superior a un grado adicional, hasta dos grados o dramáticamente tres grados, se vendrá una destrucción repentina a nivel mundial. Una analogía al respecto a manera de figura o simbología es que a la segunda venida de Jesucristo se le compara con un rayo: “Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día” (Lucas 17.24 – RVR1909). Además se dice lo siguiente:


“Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, Y con todo engaño de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean á la mentira; Para que sean condenados todos los que no creyeron á la verdad, antes consintieron á la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2.8 al 12 – RVR1909).

Este resplandor es una luz muy fuerte, que podría representar la gloria, honra y nobleza de Jesucristo, pero en términos de significado tendría relación con la intensidad de los rayos ultravioleta, las altas temperaturas por efecto invernadero, el calentamiento y aumento del nivel de los océanos, con la consecuencia de grandes oleajes, inundaciones y afectación de las costas. En general tiene relación con el cambio climático, la reacción en cadena y la afectación catastrófica a todo el sistema ecológico y medio ambiente global. El engaño y mentira es la negación de la existencia de un Creador y de una creación dañada con el cambio climático. Tomar el lugar de Dios para disponer como Dios del destino y rumbo de la humanidad con la negación del calentamiento global. La ejecución de una operación contraria a Jesucristo y adversa a Dios Padre, con un sistema inicuo que prioriza y endiosa el enriquecimiento industrial, con la gran potencia, señales y milagros de progreso económico, generación de riqueza y consumismo exacerbado. Donde el dios del mundo es la acumulación y generación de dinero sin importar el daño a la flora, fauna y naturaleza en general. Cuando se salga de control el calentamiento global solamente dependeremos de Dios para subsistir, a pesar de la arrogancia y prepotencia del ser humano, su administración y gobierno del planeta.


La Biblia contiene expresiones y palabras claves en todo el conjunto de su literatura, las cuales actúan como llaves para abrir la puerta del conocimiento en su mayor plenitud de comprensión y entendimiento. Dios dice: “Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová…” (Jeremías 9.24 – RVR1909). Se requiere entender y conocer a Dios, pero Jesucristo dice a algunos: “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos…” (Juan 4.22 – RVR1909). Hay quienes adoran pero en realidad están sin conciencia de lo que adoran. La mujer samaritana responde a Jesús: “Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas. Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo” (Juan 4.25 al 26 – RVR1909). Según este testimonio de la mujer, tenían la creencia de que Cristo les declararía todas las cosas. Jesucristo dice: “Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. ¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?” (Lucas 12.54 al 56 – RVR1909).


Jesucristo menciona el desconocimiento de algunos en reconocer las señales de los tiempos, en alusión a los tiempos del fin. Los discípulos le preguntan: “Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él los discípulos aparte, diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del mundo?” (Mateo 24.3 – RVR1909). En relación con la venida de nuestro Señor Jesucristo y el fin del mundo, Jesús dice: “Por tanto, también vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensáis” (Mateo 24.44 – RVR1909). Las personas no saben el momento de la segunda venida de Jesucristo, ni piensan en este acontecimiento, porque se quedan sin estar preparados para el recibimiento, precisamente estar apercibido es prepararse y disponer lo necesario para dicha preparación. Además cuando no se piensa en determinada situación se requiere advertir, tomar conciencia y darse cuenta. Jesucristo lo confirma: “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir” (Mateo 25.13 – RVR1909). Velar incluye observar atentamente, cuidar con detalle y esmero, estar a la expectativa de lo que acontezca.


Una de las señales principales es la siguiente: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.14 – RVR1909). Esta predicción se cumple con la invención tecnológica de las telecomunicaciones, iniciada con la radio, seguida de la televisión, satélites de comunicaciones y finalmente con internet. El evangelio del reino ha sido predicado en todo el mundo, esta parte está en cumplimiento, delimitado por la expresión a todos los gentiles: “… hasta que haya entrado la plenitud de los Gentiles” (Romanos 11.25 – RVR1909). ¿Cuándo se cumple la totalidad o plenitud de los gentiles? Jesucristo dijo: “… hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos” (Lucas 21.24 – RVR1909). Este tiempo lo decide y determina Dios Padre en su sola potestad: “Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13.32 – RVR1909). La predicción inicial se cumple con la invención tecnológica de las telecomunicaciones, la siguiente predicción se traslapa y se lleva a cabo con la Edad del Calentamiento Global: “Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido de la mar y de las ondas: Secándose los hombres á causa del temor y expectación de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas” (Lucas 21.25 al 26 – RVR1909).


El significado de secar es extraer la humedad debido al aire o calor, especialmente con la vaporización o efecto invernadero, por consiguiente la pérdida del equilibrio con el cambio climático. Esto provoca en los seres humanos gran temor y expectación, por lo que sobreviene a la redondez de la tierra o atmósfera terrestre, relacionado con la parte gaseosa de la tierra. La venida del tiempo del fin se cumple con la predicación del evangelio del reino en todo el mundo, hasta la entrada de la plenitud de los gentiles. Esta predicación a todo el mundo se ayuda con la innovación de las tecnologías, radio, televisión, satélites de comunicación e internet. Además se traslapa con la predicción de la Edad del Calentamiento Global, desde la reducción de la capa de ozono y el agujero en la misma, hasta nuestros tiempos con el desarrollo de la tercera revolución industrial. El aumento del dióxido de carbono, trae consigo la consecuencia de mayor retención de calor atmosférico y sobrecalentamiento global, aunado al aumento de población y la necesidad de explotación, extracción y producción industrial. La Edad del Calentamiento Global se inicia con la reducción de la capa de ozono y el proceso de formación de un agujero en la misma.


La problemática en el ozono tiende a regenerar, pero el aumento de población y de la tercera revolución industrial contemporánea son inevitables, por consiguiente, la generación en aumento del dióxido de carbono, con la consecuencia de mayor retención de calor atmosférico y sobrecalentamiento global. El efecto del deshielo de glaciares se encuentra en un proceso irreversible, es cuestión de tiempo, con la consecuencia del aumento en el nivel de los océanos. Esto se agrava con el calentamiento del agua, el calentamiento solar influye en la temperatura atmosférica y la generación de fuertes vientos, como grandes olas del mar manifestados como ondas y oscilaciones, ya sean atmosféricas o marinas. Se incrementa el riesgo en las costas y en las ciudades costeras. Hay un aumento en el nivel, sonido y ondas del mar, que causan mucha confusión entre seres humanos. A esta problemática se suma el constante incremento de la contaminación ambiental y la posibilidad de afectar las fuentes de agua potable. Además de la acostumbrada contaminación por el uso de combustibles fósiles y los crecientes incendios forestales, por consiguiente la amenaza latente del deterioro para los océanos y la vida marina.


La combinación de aumento en la ciencia, industria y tecnología, fue anunciado por el profeta Daniel, para el tiempo del fin: “Tú empero Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin: pasarán muchos, y multiplicaráse la ciencia” (Daniel 12.4 – RVR1909). Esta es la tercera y última revolución industrial, porque concuerda con el tiempo del fin del sistema de gobierno humano, debido a que adversan la administración del planeta como si fueran dioses contra el Dios Creador: “Mas el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemadas. Pues como todas estas cosas han de ser deshechas, ¿qué tales conviene que vosotros seáis en santas y pías conversaciones, Esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos siendo encendidos serán deshechos, y los elementos siendo abrasados, se fundirán?” (2 Pedro 3.10 al 12 – RVR1909). La angustia de los seres humanos por la confusión del sonido del mar y de las ondas, se debe al rozamiento de las ondas con la superficie del agua o con el gas de la atmósfera, provocando un aumento de la transformación en calor.


La propagación del sonido es mayor por las altas temperaturas del mar, esta es la causa del estruendo y retumbo, confusión y bullicio percibido por la población mundial: “En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15.52 – RVR1909). Este estruendo y retumbo anunciará la venida del Señor: “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes á recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16 al 17 – RVR1909). Mediante la misma tecnología de televisión e internet, tanto del lado de oriente del planeta como del lado de occidente: “Porque como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del hombre” (Mateo 24.27 – RVR1909), el mundo presenciará el acontecimiento final y serán testigos de lo sucedido: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén” (Apocalipsis 1.7 – RVR1909). Esta es la importancia de conservar o mantener la fidelidad y lealtad a Jesucristo en la Edad del Calentamiento Global: “Porque es justo para con Dios pagar con tribulación á los que os atribulan; Y á vosotros, que sois atribulados, dar reposo con nosotros, cuando se manifestará el Señor Jesús del cielo con los ángeles de su potencia, En llama de fuego, para dar el pago á los que no conocieron á Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1.6 al 8 – RVR1909).


El tiempo del fin se inicia con el siglo veinte en el año 1900, con el auge, desarrollo y crecimiento de la tecnología hasta nuestros días, especialmente con la invención de la radio, televisión, satélites de comunicaciones e internet, estos medios son importantes para que se cumpla la siguiente escritura: “Y a todas las gentes conviene que el evangelio sea predicado antes” (Marcos 13.10 – RVR1909). En este mismo siglo se traslapa el inicio de la Edad del Calentamiento Global, con la reducción del ozono y el descubrimiento de un agujero en el mismo. Aunque el ozono se regenera el calentamiento global sigue su curso. La Biblia misma menciona a los que destruyen el planeta: “Y se han airado las naciones, y tu ira es venida, y el tiempo de los muertos, para que sean juzgados, y para que des el galardón á tus siervos los profetas, y á los santos, y á los que temen tu nombre, á los pequeñitos y á los grandes, y para que destruyas los que destruyen la tierra” (Apocalipsis 11.18 – RVR1909). El siglo veinte ofrece la combinación de la tecnología y las comunicaciones, a saber, las telecomunicaciones con la industria, de manera que dan forma a la tercera revolución industrial, por consiguiente la continuación y reforzamiento del calentamiento global. El siglo veintiuno destaca por la digitalización mundial y el desarrollo de la inteligencia artificial, además del incremento de la ciencia.


Previo a las predicciones anteriores en alusión al inicio de 1900 con el tiempo del fin, al llegar el siglo veinte, antes se vive la época o período de la apostasía, entre el siglo primero y el siglo diecinueve:


“Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación. Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios; Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua: Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3.3 al 7 – RVR1909).

Esta apostasía corresponde a una forma de vida del ser humano, a la vez una filosofía de vida, donde se presenta un tipo de ignorancia a conveniencia, o sea, voluntaria, porque fingen ser desentendidos. Al término del tiempo se finaliza con la perdición de los hombres impíos: “Y dijo: Anda, Daniel, que estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del cumplimiento. Muchos serán limpios, y emblanquecidos, y purificados; mas los impíos obrarán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero entenderán los entendidos” (Daniel 12.9 al 10 – RVR1909). Esta época o período de apostasía es la rebeldía de la impiedad, en alzada y rebelión contra la autoridad de Dios, sin amor ni respeto a la consagración y santidad a Jesucristo, en absoluto abandono, deserción, negación, renuncia, repudio y traición hacia el ejemplo y modelo de vida de Jesús: “No os engañe nadie en ninguna manera; porque no vendrá sin que venga antes la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, Oponiéndose, y levantándose contra todo lo que se llama Dios, ó que se adora; tanto que se asiente en el templo de Dios como Dios, haciéndose parecer Dios” (2 Tesalonicenses 2.3 al 4 – RVR1909). Desde el primer siglo hasta nuestros días se ha manifestado por dos mil años, un sistema reinante contrario a la creencia y práctica de Jesucristo, que aprisiona y asesina a sus seguidores, inclusive el ser humano a llevado al mundo a una primera y a una segunda guerra mundial, ejerciendo un dominio e imponiendo su propia voluntad como si fuera la misma voluntad de Dios.


La apostasía inicia en el primer siglo con el mártir Esteban: “Y apedrearon á Esteban, invocando él y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió” (Hechos 7.59 al 60 – RVR1909). Durante todo el período previo al tiempo del fin se mantuvo caracterizado por la persecución y muerte de los seguidores de Jesucristo: “Otros experimentaron vituperios y azotes; y á más de esto prisiones y cárceles; Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos á cuchillo; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; De los cuales el mundo no era digno; perdidos por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra” (Hebreos 11.36 al 38 – RVR1909). En la segunda carta a los Tesalonicenses se hace mención de este sistema apóstata, dictatorial, imperial y opresor, donde prescinden de Jesucristo y no quieren formar parte con él: “¿No os acordáis que cuando estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que impide, para que á su tiempo se manifieste. Porque ya está obrando el misterio de iniquidad: solamente espera hasta que sea quitado de en medio el que ahora impide” (2 Tesalonicenses 2.5 al 7 – RVR1909). Aquí el autor de la segunda carta a los Tesalonicenses hace una alusión en forma indirecta del Imperio Romano, que en código y lenguaje se describe y menciona en el escrito del Apocalipsis o Revelación. La solución sería la inminente segunda venida de Jesucristo, para detener o suspender la imposición de persecución y muerte a sus seguidores.


Lo lamentable del caso es que el Imperio Romano a pesar de su cristianización, posteriormente como organización religiosa, también practica la persecución y muerte de sus oponentes. Se ven envueltos en una maraña de engaño y mentira, a través de la llamada guerra santa e inquisición, practicando como anticristos un sistema contrario a Cristo. Esto equivale a una lamentable mancha en la historia eclesiástica, que será olvidada solamente con la segunda venida de Jesucristo, para pagar a cada uno según sus acciones:


“Y entonces será manifestado aquel inicuo, al cual el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; A aquel inicuo, cuyo advenimiento es según operación de Satanás, con grande potencia, y señales, y milagros mentirosos, Y con todo engaño de iniquidad en los que perecen; por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por tanto, pues, les envía Dios operación de error, para que crean á la mentira; Para que sean condenados todos los que no creyeron á la verdad, antes consintieron á la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2.8 al 12 – RVR1909).

Luego la iglesia deja de perseguir y matar a quienes llama como herejes, pero surgen doctrinas y naciones contrarias a Cristo, que continúa la aprensión, persecución y muerte de cristianos hasta nuestros días. Este sistema previo al tiempo del fin representa las políticas del ser humano, en el armamentismo, contaminación, consumismo, endeudamiento económico, esclavitud, explotación, gobiernos dictatoriales, industrialización, militarización, usura bancaria o hasta fanatismo religioso, que se imponen en beneficio de unos y perjuicio de otros, ya sean a nivel interno de una cultura, etnia, nación o a nivel internacional. Se hace mayormente visible cuando se asesinan a quienes se oponen al sistema. El Apocalipsis o Revelación es un claro ejemplo de un código o lenguaje en clave, para describir indirectamente los alcances del imperio romano opresor en la persecución y muerte de los cristianos: “Y cuando él abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido muertos por la palabra de Dios y por el testimonio que ellos tenían. Y clamaban en alta voz diciendo: ¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre de los que moran en la tierra? Y les fueron dadas sendas ropas blancas, y fuéles dicho que reposasen todavía un poco de tiempo, hasta que se completaran sus consiervos y sus hermanos, que también habían de ser muertos como ellos” (Apocalipsis 6.9 al 11 – RVR1909). Qué horror en pleno siglo veintiuno como se matan entre seres humanos sin el mínimo respeto y temor a Dios, son humanos y se consideran o creen con la potestad de ser como Dios. Este odio y rivalidad a nivel civil, militar y religioso, y viceversa, como entre los mismos religiosos, muchas veces es por acatar órdenes superiores o por iniciativa de cada individuo, para según estos defender sus propias luchas de poder.


También en la colonización y conquista en el continente Americano y otras latitudes del planeta, inclusive los mismos colonos llamados cristianos o naciones llamadas cristianas. En todo caso la segunda de Tesalonicenses hace alusión o referencia a un sistema, con la criminalidad de matar a su prójimo, por cualquier justificación o pretexto y con la impunidad de sus actos, excluyendo el ejemplo, enseñanza, mensaje y modelo de vida de Jesucristo. Esta impunidad llega hasta que Dios mismo tome medidas finales al respecto, como dice el profeta Sofonías: “Por tanto, esperadme, dice Jehová, al día que me levantaré al despojo: porque mi determinación es reunir las gentes, juntar los reinos, para derramar sobre ellos mi enojo, todo el furor de mi ira; porque del fuego de mi celo será consumida toda la tierra” (Sofonías 3.8 – RVR1909). Por esta razón, Dios que es Amor, también retribuye con castigo al que hace lo malo, porque Dios también es Justo y hace justicia como fuego consumidor: “Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual vamos á Dios agradándole con temor y reverencia; Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12.28 al 29 – RVR1909).


El ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad como administrador y mayordomo, porque por su infidelidad y negligencia, además de destruir a quienes están a su alrededor, destruye el planeta mismo con su contaminación y corrupción en todos los ámbitos. El Apocalipsis entre su simbología menciona, que por causa del calor, los seres humanos en lugar de convertirse a Dios para clamar auxilio, dar la gloria y honra a Dios, proceden a blasfemar contra Dios por el excesivo calor: “Y oí á otro del altar, que decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos. Y el cuarto ángel derramó su copa sobre el sol; y le fué dado quemar á los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el grande calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene potestad sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria” (Apocalipsis 16.7 al 9 – RVR1909). Finalmente, algunos piensan que el mal está en otros y muy lejos de sus vidas, porque están a la espera de la llegada de un ser anticristo mundial, pero no se dan cuenta que el mal está en la cotidianidad del día a día, en nuestros corazones si hacemos lo contrario de Cristo: “Hijitos, ya es el último tiempo: y como vosotros habéis oído que el anticristo ha de venir, así también al presente han comenzado á ser muchos anticristos; por lo cual sabemos que es el último tiempo” (1 Juan 2.18 – RVR1909).


28) Volver al sentido común y comunitario de Jesucristo

Volver al sentido común y comunitario de Jesucristo


Jesucristo transmite su enseñanza en parábolas, con un mensaje en el formato de contenido figurado, mediante la literatura de los evangelios con las analogías y comparaciones necesarias se deduce las verdades importantes de la vida cotidiana. Por ejemplo, Jesús dijo: “Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15.13 – RVR1909). Se compara a las personas con las plantas y la consecuencia de no ser cultivado por el Padre celestial. Hay un simbolismo y un significado correspondiente, la expresión de plantar podría significar una relación directa y personal en el trato entre el ser humano y Dios Padre, además congruente al significado de cultivar, hay una posibilidad de ejercitar la inteligencia espiritual para que se perfeccione. La Biblia explica: “Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual. Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.12 al 14 – RVR1909). Una es la intención del mundo según el intelecto de la sabiduría humana, otra es la transformación espiritual a través del conocimiento celestial trasmitido por Jesucristo, enviado directo de Dios Padre: “Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.25 – RVR1909).


Aclaremos este simbolismo, en cierta ocasión le preguntan al Maestro acerca del motivo del mensaje en parábolas: “Quien tiene oídos para oir, oiga. Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido. Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13.9 al 13 – RVR1909). Las personas que comprenden las ideas transmitidas por Jesús, logran saber su significado. La acción de comprender implica tener la idea clara del mensaje recibido, con la capacidad de identificar lo que el mensaje representa. Por esta razón algunos oyentes se ofenden del mensaje de Jesús: “Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?” (Mateo 15.12 – RVR1909). Los fariseos comprenden el mensaje y se ofenden, o sea, interpretan el mensaje adecuadamente, de manera que el significado del mensaje es comprensible porque queda claro. Lo que pasa es que los fariseos comprenden pero de ninguna manera entienden. La acción de comprender y entender es muy similar, inclusive son sinónimos, sin embargo, entender tiene un grado avanzado o superior a comprender, porque entender está relacionado con obedecer: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2.18 – RVR1909). Comprender la teoría de la fe requiere entender las obras de Jesucristo demostrado con el ejemplo y práctica.


Los fariseos desaprobaron las obras de Jesucristo, comprendían el mensaje pero nunca lo obedecían: “Entonces habló Jesús á las gentes y á sus discípulos, Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos: Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad lo y haced lo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen” (Mateo 23.1 al 3 – RVR1909). Los escribas y fariseos comprenden que existen, pero nunca entienden que existen para amar y servir a Jesucristo. Se cumple la moraleja del epitafio que dice: “Aquí yace uno que no supo para que vivía”. Entender el sentido común de la vida, es entender a Jesucristo. Moisés entiende la ley y la profecía en Jesucristo: “Y enviará á Jesucristo, que os fué antes anunciado: Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo. Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare. Y será, que cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Hechos 3.20 al 23 – RVR1909). Volvemos a la parábola de la planta que no es plantada por Dios Padre Celestial, entonces es desarraigada, o sea, no basta con ser oyente, sino que se requiere ser un eficiente y fiel escucha de Jesucristo, para obedecer decididamente el mensaje de la voluntad de Dios Padre, porque Jesucristo además de Hijo, es el mensajero principal de Dios Padre y es el jefe del Séquito Celestial de los seres celestiales que son decididos a obedecer fieles y leales por siempre a Dios Padre, en cualquier circunstancia de la existencia dentro del espacio y tiempo de Dios.


¿Quiénes entienden o se quedan sin entendimiento entre las gentes y los discípulos de Jesucristo? Es un asunto de cada persona, la posibilidad de alcanzar la capacidad de crear y hacer auto conciencia, según el interés de cada quien en conocer el sentido común de Jesucristo, cuya causa atenuante se reduce en la decisión o determinación en firme al obedecer a Dios, demostrado por cada persona con los atestados de vivencia cotidiana, las acciones, actos, comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de vida en Cristo:


“Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo. ¿Comenzamos otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros? Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres; Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 2.17 al 3.3 – RVR1909).

Para continuar con la simbología y su significado, todo ser humano sin excepción nace con la característica y cualidad corporal y fisiológica, de tres componentes o dispositivos biológicos y genéticos que regulan el funcionamiento de ciertos procesos orgánicos, a saber, un cronómetro interno de vida, un chip de temperamento vivencial y una brújula de orientación o sentido de la vida. Todo esto atañe a un análisis vinculado a lo científico y a la medicina, para mitigar las enfermedades y preservar la salud, esto afecta en el comportamiento y conducta de la persona, en su decadencia o en la superación, tanto en el aspecto natural, espiritual y celestial. Así como una embarcación naufraga o pierde su rumbo debido a la corriente, marejada o viento. Pero en el orden establecido para los terrenales, primero es lo natural, luego lo espiritual y por último lo celestial, aunque corresponde a un ciclo originado desde lo celestial, con los ángeles indecisos cuando se presenta la caída de los ángeles. Lo natural está asociado al cronómetro interno de vida, lo espiritual al chip de temperamento vivencial y lo celestial a la brújula de orientación o sentido de la vida. Aunque estos componentes o dispositivos biológicos y genéticos se traen de nacimiento, en forma innata, se conservan activos y funcionales, según las oportunidades, particularidades y vivencias de cada ser humano. Inclusive podría afectar la zona geográfica terrestre, las costumbres, creencias, cultura, doctrinas, economía, educación, entretenimiento, filosofías, información, mitos, modas, religión, tecnología, telecomunicaciones y tradiciones.


Algunos en su propia creencia, prefieren definir la muerte como consecuencia del pecado y como un accidente espontáneo y sorpresivo inevitable de la vida, a manera de un temporizador de vida donde el tiempo está definido y establecido desde el inicio del nacimiento. El entendimiento de un cronómetro tiene la activación del tiempo inicial pero indefinido, porque la finalización del tiempo no se establece desde el inicio, sino que se requiere una nueva acción para detener el tiempo, en este caso es solamente Dios Padre quien tiene el control en sus manos, del cronómetro interno de vida de cada persona. Por ejemplo, Jesucristo en mención de ciertos acontecimientos dice que únicamente lo sabe Dios Padre en su sola potestad, así es el momento de la muerte de cada persona: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Marcos 13.31 al 33 – RVR1909). Se espera el tiempo del fin como acontecimiento determinante de la segunda venida de Jesucristo, pero la realidad es que el tiempo del fin hace alusión a una situación global, mientras que la muerte es el tiempo del fin para cada persona en un sentido de individual en lugar de colectivo. Paralelamente el pasaje mencionado anteriormente indicaba lo sucedido en la destrucción de Jerusalén y del Templo, alrededor del año 70 después de Jesucristo, debido a las diferencias discutidas por los especialistas en relación con el conteo del año cero o inicio real de la primera década de la era cristiana.


El sentido común y comunitario de Jesucristo tiene su fundamento con base en la habilidad del compartir en el bien común, asociado a la cooperación, equidad, justicia, servicio voluntario, solidaridad y subsidiariedad, por ejemplo, los bancos de distribución de alimentos y las brigadas o misiones de auxilio médico debido a las emergencias sanitarias. Este compartir en la actualidad se explica con lo que llaman el empoderamiento de la resiliencia, o sea, asumir con flexibilidad situaciones difíciles y sobreponerse con superación y trabajo a las mismas, a través de resistir sin ruptura de la honestidad y honradez. Esta situación se presenta especialmente cuando la persona se encuentra en la condición de desfavorecido, en el caso de escasos recursos económicos o laborales, que le perjudican por causa de una mala distribución equitativa y justa de la riqueza. Un factor influyente es el desempleo o desocupación laboral sin remuneración ganancial o salarial.


Jesucristo comparte su conocimiento, enseñanza y mensaje para provocar el amor de Dios, compasión, humildad, justicia, mansedumbre, misericordia, paz y santidad. Este sentido común y comunitario promovido y propuesto con la guía de Jesucristo, mediante la autoridad de Dios, la influencia del Espíritu Santo y el conocimiento celestial transmitido por Jesucristo, se menciona desde el primer siglo de la era cristiana:


“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes; Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón, Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2.42 al 47 – RVR1909).

El factor de comunión y unidad manifestado por la comunidad de fe del primer siglo de la era cristiana, tiene su legado, cimiento y trascendencia en la enseñanza y mensaje de Jesucristo:


“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes. Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos. Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades ó casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido, Y lo ponían á los pies de los apóstoles; y era repartido á cada uno según que había menester” (Hechos 4.32 al 35 – RVR1909).

En este sentido común y comunitario transmitido por Jesucristo, entra en función el componente o dispositivo biológico y genético del temperamento. El mismo lo comparamos figuradamente con un chip de temperamento vivencial, para hacer prevalecer el carácter, personalidad y temple necesarios, con el esfuerzo y fortaleza de la perseverancia constante y firmeza hasta el fin. El temperamento se trae estable y permanente de nacimiento, sin posibilidad de modificar o variar, solamente con la ayuda de Dios Padre mediante su Hijo Jesucristo se podría cambiar, inclusive algunas personas conservan igual su temperamento desde que nacen hasta que mueren. La palabra menciona los frutos del Espíritu Santo, indispensables en la espiritualidad para trascender a lo celestial: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5.22 al 23 – RVR1909). La rigidez de la ley del temperamento no prevalecerá contra la influencia e intervención del Espíritu de Dios Padre. Este cambio de temperamento requiere una conversión o reversión de pensamiento, de terrenal a celestial, para semejar a la mente de Cristo: “Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.15 al 16 – RVR1909).


La brújula de orientación o sentido de la vida es la guía de Jesucristo que tiene la persona, para no perder el norte, ni perder el rumbo, para no desviarse del Camino de Jesucristo. Esta brújula es Jesucristo mismo, o sea, la brújula más que espiritual, es celestial, porque el enfoque está centralizado en Jesucristo. Todo ser humano tiene la oportunidad de esta brújula de orientación o sentido de la vida, lo que pasa es que hay muchos distractores y ruido que alteran este enfoque y hay pérdida del rumbo y salida del camino. ¿Qué pasa con aquellos que nunca han escuchado de la existencia de Jesucristo? Ningún ser humano desde la existencia histórica de la humanidad terrenal, puede alegar desconocimiento y tratar de justificar lo injustificable, porque el origen de la indecisión de cada ser viene desde la caída de los ángeles. El ejemplo y modelo de vida es Jesucristo, en su primera venida a este mundo, Jesucristo ya tenía preexistencia. Así también preexistía todo ser humano, porque en la historia de la humanidad encontramos quienes sin salirse del camino de Dios, hacen su voluntad y agradan a su Creador. El propósito de la existencia del ser humano, es dar una segunda oportunidad a todos los seres celestiales indecisos en aquella rebelión contra el Creador, por parte de los ángeles que cayeron. Además de los caídos estaban los que se mantuvieron fieles y leales a Dios, pero entre los indecisos están los seres humanos. Ejemplos, como Abel decidido a obedecer a Dios, en el caso de Caín quien decide seguir al adversario y el mal. Otro ejemplo es Enoc: “De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y á todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas 1.14 al 15 – RVR1909).


El conocedor desde el origen de los tiempos entiende el anuncio profético acerca de Jesucristo, quien es el Enviado, Mesías y Salvador: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida: Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.13 al 15 – RVR1909). Algunos podrían extrañar nuestra afirmación en otra ocasión, de que el adversario y rebelde ángel caído, líder de otros ángeles que también cayeron y fueron arrastrados, tuvo su segunda oportunidad de rectificar su yerro, que fue una equivocación más por descuido, por arrogancia y enaltecimiento, además de la ambición de aspirar un lugar superior sin respetar la autoridad de Dios Padre, contrario a lo demostrado por la obediencia, subordinación y sujeción de Jesucristo. Pero este ángel caído tuvo su segunda oportunidad en el Edén, cuando pudo dialogar con Adán y Eva e inducirlos hacia el bien, o sea, la decisión firme de hacer la voluntad de Dios. Lamentablemente, en forma obstinada, persiste en inducir al error, a la confusión, engaño y mentira. Adán y Eva hacen uso de su facultad de analizar, cuestionar e investigar, pero se dejan llevar por su duda e indecisión al obedecer a Dios, ejercen su capacidad de la toma de decisión.


El árbol de la ciencia del bien y del mal, a manera de figura literaria o simbología, representa también las opciones de elección, a las que tuvo alcance Adán y Eva, no obstante, hay otro árbol de la vida que representa a Jesucristo, como esa brújula de orientación o sentido de la vida, para no perder el norte, el rumbo o el camino de Cristo, para salvación y vida eterna. Este mundo ofrece mucha distracción y ruido, la mayor bendición y prosperidad, es estar algún día con nuestro Señor Jesucristo en la vida eterna. Lo realmente sobrenatural de la vida actual es el amor incondicional hacia Jesucristo, ese amor que nos atrae y mueve para estar con el Señor, nuestro Salvador. Que el día de nuestra muerte corporal o fisiológica, sea un cerrar y abrir de ojos para subir con cuerpo transformado, como los ángeles decididos, al encuentro con la segunda venida de Jesucristo, acompañado de aquellos ángeles que se mantuvieron fieles y leales a la causa de Dios Padre, el Creador. Y así estemos con nuestro Señor por siempre y para siempre, antes y después, principio y fin: “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero? ¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén” (Romanos 11.34 al 36 – RVR1909).


29) El acompañamiento celestial

El acompañamiento celestial


El acompañamiento celestial fortalece y refuerza en cada persona, la confianza, esperanza, fe y seguridad en Jesucristo, quien es la mayor riqueza que podría experimentar un ser humano: “A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria: El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesús: En lo cual aun trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente” (Colosenses 1.27 al 29 – RVR1909). Jesucristo afirma este acompañamiento por siempre: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28.20 – RVR1909). La sabiduría de Jesucristo corresponde a un conocimiento celestial en profundidad, a tal grado y nivel que su transmisión requiere el Espíritu Santo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos; Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14.15 al 17 – RVR1909).


Este empoderamiento en el Espíritu Santo, la cual obra mediante la operación de Jesucristo con toda sabiduría poderosamente, de ninguna manera se adquiere con dinero como hace mención Simón el que ejerció las artes mágicas: “Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero” (Hechos 8.18 al 20 – RVR1909). La verdadera riqueza consiste en el empoderamiento en el conocimiento y sabiduría de Jesucristo a través del Espíritu Santo, que no se compra con dinero, sino que se empodera con el hacer la voluntad de Dios Padre. Todo este proceso es el acompañamiento celestial:


“Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 14.22 al 26 – RVR1909).

Se dice acerca de los seres humanos que unos nacen para ser líderes y otros nacen para ser seguidores. Esta afirmación es cierta en la medida de que el líder es Jesucristo y los seguidores son aquellos que siguen a Jesucristo. También se dice que un líder ve más allá, Jesucristo sobre todo ser humano que haya existido en la historia de la humanidad, tiene la exclusividad y ventaja de recibir y transmitir un conocimiento celestial directamente de Dios Padre. Esto hace a Jesucristo el líder absoluto, único y verdadero. El Señor Jesucristo dice en la Escritura:


“Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, pero claramente os anunciaré del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo, que yo rogaré al Padre por vosotros; Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios” (Juan 16.25 al 30 – RVR1909).

Jesucristo es la explicación de por qué el ser humano aprende directamente de Dios Padre. La autoridad y potestad delegada por Dios para transmitir el conocimiento celestial está en Jesucristo:


“Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida. Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5.19 al 23 – RVR1909).

El acompañamiento celestial ofrece al ser humano un aprendizaje continuo para mejorar continuamente como persona. Jesucristo como Prototipo es el perfecto ejemplo y modelo de vida en sus atributos, características, cualidades, principios, valores y virtudes: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13.15 – RVR1909). También los seguidores de Jesucristo son llamados a mostrarse como ejemplos de comportamiento y conducta: “Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, Palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros” (Tito 2.7 al 8 – RVR1909). Si en Jesucristo encontramos un Prototipo único, en sus seguidores vemos un estereotipo en el buen sentido de la palabra: “Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron á mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía” (Hechos 11.26 – RVR1909). Esta diferenciación social de llamar cristianos a los seguidores de Cristo, es una observación de terceras personas que en Antioquía llama con esta denominación o nombre de cristianos, a manera de un estereotipo, sin embargo, a lo interno de la comunidad de fe se hacen llamar discípulos de Jesucristo, por su ejemplo y testimonio de vida que los diferencia.


Este tipo de estereotipo de los cristianos presenta un equilibrio de actitud pasional, entre lo anímico, emocional y sentimental, con la realidad de su estilo o forma de vida, por esta razón Pablo en su defensa les llama el Camino: “Esto empero te confieso, que conforme á aquel Camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan. Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres” (Hechos 24.14 al 16 – RVR1909). Los discípulos de Jesucristo son el Camino, porque siguen a Jesucristo el Camino: “Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2.5 al 6 – RVR1909). El término estereotipo no tiene nada de despectivo ni peyorativo, al contrario es dejar una imagen o impresión fuerte o sólida, en el concepto de los demás: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11.1 – RVR1909). También se dice: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo” (Filipenses 3.17 – RVR1909).


El ejemplo y modelo siempre es con referencia en Jesucristo, la sinergia o acción conjunta para un fin común está entre Jesucristo y cada persona individualmente, manifestada en un caminar o vivir una forma de vida. En este caminar se conjugan los elementos de lo afectivo, cognitivo y conductual, porque es fundamental el conocimiento o información que recibimos, nuestra actitud al momento de procesar los datos, enseñanza o mensaje, manifestado en nuestras emociones y sentimientos, y finalmente reflejado en nuestros actos o acciones cotidianas, tal es el caso de los discípulos de Jesucristo: “Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan. Y comenzó á hablar confiadamente en la sinagoga: al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios” (Hechos 18.24 al 26 – RVR1909).


El pasaje anterior menciona la capacidad de elocuencia, empoderamiento en las Escrituras, instrucción en el camino del Señor, fervor y diligencia en la enseñanza y oratoria. Esta capacidad requiere el estudio e investigación en profundidad de la palabra de Dios, con pensamiento analítico y sentido crítico. El control y dominio de la dimensión emocional se expresa en la relación social con los demás, los valores intrínsecos arraigados profundamente tienen una coherencia de integridad de adentro hacia lo externo, demostrados visiblemente en la vida cotidiana. A esto le llamamos una vida de integridad consciente, en armonía y congruencia con los principios, valores y virtudes. La interioridad del amor y servicio, fluye significativamente en ayudar a quienes están a su alrededor, porque con el bien común y recíproco se posibilita el compromiso y responsabilidad social ante Dios. Tener el pensamiento claro del rumbo a seguir, el respeto a la autoridad y voluntad de Dios, nos proyecta de esta vida terrenal a la promesa de vida eterna, en la dimensión del ámbito celestial. Para comprender el entorno es necesario comprenderse a sí mismo desde adentro hacia afuera, porque para amar al prójimo se requiere primeramente amarse a sí mismo.


Una espiritualidad elevada se refiere a estar por encima de la dimensión o plano natural, para trascender hacia lo celestial. La naturaleza humana por sí misma tiene imposibilidad de trascender, sino es por medio del don del Espíritu Santo. A manera de una analogía en el caminar, se requiere muchas veces de la protección atmosférica de un paraguas o una sombrilla, ya sea para la lluvia o para el sol. Así como se despliega un paraguas para la protección corporal, el Espíritu nos cubre y protege para la renovación en nuestra dimensión espiritual: “Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3.16 al 19 – RVR1909).


La vida en última instancia es la vida celestial, a través de una comprensión profunda del propósito de Jesucristo, nos aclara el compromiso y entendimiento que tenemos con el poder de ayuda que nos brinda nuestro Señor: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4.18 – RVR1909). De igual manera nos consolidamos con la constante y permanente reiteración de nuestro compromiso con Dios. Jesucristo puede cambiar y llevar la naturaleza humana a una dirección espiritual y de trascendencia celestial, es realmente la fuente de vida abundante que nos eleva e inspira a lo intemporal, o sea, a lo que no es meramente temporal de este mundo. Porque se recibe el conocimiento necesario para un enfoque, fortaleza y renovación personal; por medio de las Escrituras se recibe un sistema de valores para meditación y reflexión frecuente. Así mejorar constante y permanentemente como persona, para poder luchar en el Camino del Señor por la salvación y vida eterna, de manera que la persona sea librada de la adversidad y maldad: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4.18 – RVR1909).


30) El conocimiento actitudinal y el desarrollo personal

El conocimiento actitudinal y el desarrollo personal


El conocimiento actitudinal es básico para lograr el equilibrio personal, por consiguiente un balance social entre las interrelaciones de los diversos sectores sociales. La armonía y estabilidad personal se refleja en la relación social con los demás. Los patrones de comportamiento y conducta tienen un estándar definido por la palabra de Dios, la cual no cambia sino que permanece para siempre, como un modelo o referencia de vida: “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmos 19.8 al 9 – RVR1909). El aprendizaje, enseñanza y práctica de la creencia de las actitudes, normas, principios, valores y virtudes, tiene la preponderancia en el designio de la voluntad de Dios. De esto depende el desarrollo y proceder de cada persona, según el saber del conocimiento de la palabra de Dios. La fuente original o primaria de conocimiento es la que procede directamente de Dios, porque es quien verdaderamente conoce y hace, tanto para formación como información mediante su Hijo Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mateo 24.35 – RVR1909). Por esta razón se cumple el sentido de la vida en la existencia del Ser de Dios: “Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3.14 – RVR1909).


En relación con el conocimiento actitudinal podemos analizar, comentar y opinar acerca del siguiente pasaje: “Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las gentes, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman” (Jeremías 10.2 – RVR1909). La actitud principal es prestar atención e interés preeminentemente a las directrices y recomendaciones de Dios. Las gentes trazan sus propios caminos y tienen sus propios temores, guiados y llevados por su propia imaginación, mientras tanto Dios es el poseedor de la validez del argumento, evidencia, disertación y fundamento acertado. El ser humano muchas veces se basa en su propia dialéctica e intuición, máxime por su conciencia de lo apropiado, conveniente y oportuno según su experiencia del pasado. Pero el panorama amplio del conocimiento acerca el presente y el futuro le corresponde solamente a Dios, siendo el ser humano limitado en este aspecto. Dios dice en su palabra: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar” (2 Crónicas 7.13 al 15 – RVR1909).


El conocimiento actitudinal es humillarse en la invocación, oración y búsqueda de la presencia de Dios, con la finalidad de la conversión de los malos caminos, con un verdadero arrepentimiento de corrección y resarcimiento, para caminar con fidelidad y lealtad en el camino del Señor. Esto es desaprender el camino de las gentes, es el distanciamiento social de la corrupción, maldad y perversión, para moderadamente vivir con cautela y precaución en consagración, humildad, mansedumbre, paz y santidad, especialmente en este tiempo del fin y de acuerdo con la Edad del Calentamiento Global. La teoría del conocimiento en el Neobiblismo, se compone de tres dimensiones o escalas superpuestas, el conocimiento base o básico es el natural, indispensable para la subsistencia en el ámbito material del mundo o terrenal. El siguiente nivel de conocimiento es para aquellos que trascienden a lo espiritual. El común o la generalidad de la gente es vivir inmersos en lo natural, de manera que trascienden a lo espiritual quienes muestran interés del aprendizaje, participación y práctica de lo espiritual. Este conocimiento espiritual corresponde a una transición para trascender al conocimiento celestial, representado en el conocimiento transmitido por Jesucristo. Aquí interviene el libre albedrío de Jesucristo, que es cuando el ser humano decide determinadamente seguir y ser como Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida.


Las capacidades actitudinales para el desarrollo personal se manifiesta desde el conocimiento natural, se fortalece, refuerza y sensibiliza con el conocimiento espiritual, y finalmente se perfecciona con el conocimiento celestial, tal es el caso de la actitud de Jesucristo ante el mundo y ante la vida cotidiana. Este proceso de conocimiento actitudinal crece y desarrolla durante toda la vida del ser humano, desde la niñez hasta su longevidad, según su capacidad y oportunidad de conciencia en esta materia. Aunque el mayor aprendizaje actitudinal es por la interacción y motivación social, es inevitable cierta predisposición y sesgo biológico, por ejemplo cierta caracterización natural de alegría, amargura o tristeza propia en la persona, o la actitud innata de extraversión e introversión en la personalidad. Sin embargo, aunque cada persona tiene su propio estilo de vida, gustos y preferencias, muchas veces predomina cierta influencia según el grado temperamental de cada uno. En este sentido la ventaja de la actitud de Jesucristo en nuestras vidas, es la asimilación, crecimiento y desarrollo personal, en fusión o unión a la naturaleza temperamental de Jesucristo, con dependencia a los factores afectivos, constitutivos y emocionales, según la esencia y substancia en Cristo. La Biblia dice lo siguiente:


“Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1.2 al 8 – RVR1909).

El desarrollo personal requiere la adaptación y preparación de la humanidad para hacer frente a los nuevos cambios presentados por la globalización y transculturación. Además de las crisis mundiales de toda índole y las anarquías sociales contrarias al agrado y voluntad de Dios. El tiempo de meditación y reflexión en la actualidad es oportuno, para hacer conciencia del rumbo que lleva el ser humano. Una vida eficaz y eficiente en el amor y servicio a Dios, se cumple mediante el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto, es necesaria la claridad y transparencia en la comunicación de la palabra de Dios, en la comunión y el flujo vertical de la comprensión y entendimiento entre lo celestial y el llamado individual a cada persona, tanto en cualquier ambiente o entorno cultural, geográfico y social. Cada individuo tiene sus propias características y cualidades que lo diferencian del resto, así es el resultado de su actitud, carácter y personalidad. El ser humano influencia a otros o es influenciado por sus semejantes, muchas veces trata de impresionar o es muy impresionable. Tal es el caso de la divulgación y proliferación de las costumbres y modas, según las aspiraciones, conveniencias, gustos, intereses y preferencias de cada uno. La idea es que la persona entregue sus capacidades, ego, hábitos personales, motivaciones y temperamento a los pies de Jesucristo como Guía, Maestro y Mentor.


Pero Jesucristo es el ejemplo y modelo de vida para estandarizar los principios, valores y virtudes comunes entre los seres humanos, sin distinción académica, cultural, étnica, geográfica, intelectual, nacional o social. Se dice acerca de la importancia inevitable de la aceptación, comprensión y participación para la insertación del individuo en los grupos sociales, como una necesidad imprescindible de la interacción social y las interrelaciones constantes y permanentes con otros individuos. También según el propio estilo de vida de cada persona, inclusive el status social de vida y las posibilidades económicas, financieras y presupuestales, de educación, subsistencia y trabajo. Por consiguiente todo esto afecta el comportamiento y conducta del ser humano. La vida no consiste en hacer lo que se quiera sin límites o restricción, debido a que nadie es dueño absoluto de lo corporal a manera de un libertinaje, de desenfreno en el comportamiento y la conducta. Esto es lo que ahora se llama los límites funcionales, personales y saludables, que implica el distanciamiento físico, basado en la cortesía mutua y respeto recíproco, siempre en el temor a Dios. Porque es esencial e indispensable, sin excepción, tomar en cuenta a Dios en todas las acciones y actividades del ser humano.


Esto implica la armonía en el trato amable, cordial y gentil con las demás personas, la equidad y justicia en la relación con el prójimo, la oportunidad y hasta privilegio de la posibilidad de colaborar, compartir, comprender, entender y solidarizarse con quienes están a nuestro alrededor, con una actitud optimista y positiva proyectada al bien común, la coherencia y consistencia de ser fiel y del sentimiento de lealtad a los principios, valores y virtudes de Jesucristo. Afianzar el vínculo con Dios a través de la honestidad, honradez y personalidad intachable, la rectitud en el proceder, el reconocimiento de las propias debilidades, defectos y limitaciones para corregir y perfeccionar en el conocimiento de Dios. Mejorar como persona representa el logro de adquirir, conservar y mantener un equilibrio en la psique, en relación con la mente y el pensamiento, en lo actitudinal, emocional y sentimental. Además se manifiesta en nuestro fondo y forma de externar nuestros comentarios y opiniones, según las creencias y expectativas, en este caso la conciencia y el control van de la mano, para un bienestar integral de la persona, por consiguiente de la colectividad, según el aporte en la medida de lo posible de cada individuo.


Hay una memoria genética que controla, perpetúa y protege el equilibrio de la existencia humana, relacionado con lo biológico y psicológico. La memoria genética tiene relación con la memoria energética, que tiene su origen para cada ser humano de manera individual, y data desde el comienzo de la creación del séquito celestial y la rebelión de los ángeles caídos. Esta memoria procede con los ángeles indecisos al obedecer a Dios, que nacen en este mundo y dan propósito a la existencia de la humanidad, ya sea al continuar con la indecisión durante la vida de humano o al tomar una decisión con determinación antes de finalizar su período de vida correspondiente. Esto encausa la intencionalidad, objetivos, orientación, metas, motivaciones y propósito del rumbo de cada persona. Lo que llaman la conciencia moral en la intuición del bien, al apropiar e interiorizar en profundidad los pensamientos con un cambio de actitud, emociones y sentimientos íntimos, adheridos y enlazados fuertemente en el corazón y la mente: “Hijo mío, no te olvides de mi ley; Y tu corazón guarde mis mandamientos: Porque largura de días, y años de vida Y paz te aumentarán. Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón” (Proverbios 3.1 al 3 – RVR1909).


El individuo entre más conozca a Dios como Ser Supremo, más consciente será de las razones del propósito de la existencia y el sentido de la vida, tanto en lo decisivo como en lo vital para la preparación de esta vida, en relación con la salvación y vida eterna. Las luchas de poder político y social, el deseo desenfrenado y vehemente por el derroche, despilfarro, enriquecimiento, lucro, lujo, opulencia, usura, vanagloria y vanidad, trae consigo la confusión, desconcierto y desorden del equilibrio de la armonía de convivencia en sociedad. Por otra parte, los abusos, excesos, libertinajes, lujurias y pecado en general, contribuye con el desequilibrio cotidiano de la vida. También la corrupción, injusticia e impunidad de la práctica de la maldad en el mundo, las acciones delictivas y los actos polutivos, debido a la falta generalizada de temor a Dios y de sometimiento a su voluntad divina. El predominio de la ignorancia, indecisión, indiferencia, indignidad, indisciplina e inmadurez, entre otros factores internos que influyen negativamente en la persona, en su armonía y relación con Dios. La sociedad con sentido en Dios Padre, se construye comunitariamente en el aprendizaje de las ideas y sabiduría de Jesucristo, quien fue enviado por el Padre para transmitir la enseñanza y mensaje para una mejor convivencia entre seres humanos.


En el individuo como es un ser integral, se involucra su conciencia, comprensión y entendimiento, pero también su carácter y personalidad. Por esta razón se insiste que la mayor evidencia de comportamiento y conducta congruente con la voluntad de Dios, es la capacidad de la persona de consagrar y santificar sus actitudes, características, cualidades, destrezas, emociones, habilidades y sentimientos, con el compromiso responsablemente al amor, obediencia y servicio a Dios. Que sea a través de Jesucristo el Hijo de Dios, que se conecten los individuos como un todo o una unidad, tanto espiritual y en lo social. El ser humano en su análisis y estudio del comportamiento y la conducta, establece ciertos códigos y normas morales, acerca de las acciones humanas, costumbres y hábitos relacionadas con el bien y el mal. La ética se define y determina con el análisis, meditación y reflexión del establecimiento de normas de la conducta y comportamiento de la persona en sociedad. Según cada época de la historia se agregan nuevos elementos de la forma de ser y pensamiento humano, artísticos, biológicos, deportivos, científicos, comerciales, culturales, ecológicos, económicos, educativos, financieros, intelectuales, laborales, legislativos, políticos, sociales, tecnológicos y teológicos.


Esto implica una normalización conscientemente establecida para el bienestar colectivo, aunque cada individuo tiene sus propias normas por costumbre, cultura y tradición, muchas veces según su propia disciplina, educación, higiene, respeto y responsabilidad personal, fomentada desde su crianza y niñez, transmitida por sus cuidadores, encargados o progenitores. La acción y reacción, causa y efecto, que posibilita el análisis y estudio de la ética y sus consecuencias, su definición y determinación, pretenden establecer ciertos principios, valores y virtudes humanas para una mejor convivencia. Sin embargo, el ingrediente principal, en la conceptualización, normalización y practicidad de lo correcto e incorrecto, de saber diferenciar entre el bien y el mal, es el amor, confianza y temor a Dios en todas las acciones, actividades y actos del ser humano. En este sentido es inválido alegar el desconocimiento en Jesucristo, enviado de Dios Padre, o alegar la ausencia o falta de lectura o incomprensión en su palabra, alegar la ceguera por obstinación, porfía, terquedad o testarudez en contra de la voluntad de Dios. ¿Quiénes son los que encubren u ocultan a Jesucristo ante la sociedad en general? ¿Quiénes se avergüenzan o indignan en glorificar, honrar, mencionar y reconocer a Jesucristo ante la sociedad?


La ética cristiana de ninguna manera es la ética de la religión, sino que son los principios, valores y virtudes de Jesucristo, de manera que no basta con conocerse bien así mismo, sino que es indispensable conocer a Jesucristo, independiente e indiferente de la cultura, sociedad o zona geográfica perteneciente. Jesucristo es el propósito y razón del ser de la humanidad, en un presente apegado a esta vida terrenal, pero consciente de la salvación y vida eterna en lo porvenir, después de esta vida en el mundo y las promesas de la eternidad. Según la comunicación y plan establecido por Dios Padre, este plan requiere un mayor conocimiento de Dios, para entender y comprender eficientemente a plenitud lo concerniente a su finalidad, intención, propósito y proyecto en beneficio del ser humano. En este caso el individuo necesita el mejoramiento personal de saber escuchar, especialmente el sentido fidedigno de la palabra de Dios, sin el orgullo, prepotencia o soberbia, que altera o cambia la esencia original del mensaje de Dios, en la comprensión y entendimiento de la persona. Una buena intención y sinceridad es saludable, porque posibilita una sanidad suficiente y congruente con la sana doctrina que es Jesucristo mismo, de manera que se consolide y fusione una iluminación del conocimiento en la persona con la luz del mensaje de Jesucristo.


31) Cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual

Cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual


En relación con las capacidades o habilidades cognitivas, se involucran procesos de información y mentales acerca del conocimiento. Hemos afirmado la existencia de tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial. Cada uno de estos engloba todos los demás conocimientos existentes afines a su dimensión correspondiente. En nuestro caso el análisis, estudio e investigación es sobre el énfasis de la atención y concentración de la actividad mental enfocada en Jesucristo. En su primera venida Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14.1 al 3 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo promete volver otra vez. En el caso de su segunda venida está la señal de la Edad del Calentamiento Global:


“El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, Y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. De Sión, perfección de hermosura, Ha Dios resplandecido. Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, Y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará á los cielos de arriba, Y á la tierra, para juzgar á su pueblo. Juntadme mis santos; Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y denunciarán los cielos su justicia; Porque Dios es el juez (Selah)” (Salmos 50.1 al 6 – RVR1909).

Se dice que la señal del calentamiento global llegó para quedarse y no hay marcha atrás. La expresión “Fuego consumirá delante de él” mencionada en el pasaje anterior de los Salmos, también se dice en el profeta Joel: “Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape. Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de á caballo correrán. Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte pueblo aparejado para la batalla” (Joel 2.3 al 5 – RVR1909). También el profeta Isaías realiza una mención similar: “Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que soldará Jehová la quebradura de su pueblo, y curará la llaga de su herida. He aquí que el nombre de Jehová viene de lejos: su rostro encendido, y grave de sufrir; sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume” (Isaías 30.26 al 27 – RVR1909).


Por lo tanto, conscientes de la presencia del calentamiento global como señal de los tiempos finales, la pregunta es la siguiente: ¿Cuál es la clave para el cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual? Pero ¿qué o quién determina esta clave? La clave es la preparación para la segunda venida de Jesucristo. De manera que es la condición de conocimiento que uno tiene sobre el cambio, disposición y mejora, requeridos para recibir a Jesucristo en su segunda venida. Lo que determina es el nivel necesario de preparación preventiva, para la espera o esperanza en la promesa de la segunda venida de Jesucristo. Es un estado de consciencia y ánimo de ser y tener la condición personal suficiente, para encontrarse con el Señor en su segunda venida. Es la certeza y seguridad de la posibilidad de alcanzar y lograr la participación de recibir la transformación corporal, para tener vida eterna con el Señor Jesucristo en su venida. La confianza y convicción de haber realizado o rectificado lo necesario para estar preparado, en el momento adecuado, oportuno y presente, en relación con la segunda venida del Señor Jesucristo. Es imprescindible una excelente forma o manera de ser, en todo lo relacionado a la actitud, carácter y personalidad en general, comparado con el ejemplo y modelo de vida en profundidad en Jesucristo. Además del predominio de una intención optimista y positiva con la mirada puesta en Jesús, como el Maestro y Mentor de nuestras vidas.


El mayor bien inmaterial y material ofrecido por Dios Padre para beneficio del ser humano, es la posibilidad de gozar la recompensa de estar corporalmente transformados al lado de su Hijo Jesucristo, a partir de su encuentro en la segunda venida del Señor. Este cumplimiento de cuerpo incorruptible para la vida eterna, es la culmine o clímax, de la relación espiritual con Jesucristo en el corazón y la mente de cada uno en la vida presente. Por esta razón cuando muere una persona en la paz de Cristo, se refiere a su condición del ánimo con sosiego y tranquilidad, mayormente del temperamento pacífico moldeado por Jesucristo, preparado con anticipación durante el trayecto de su vida cotidiana, para morir en cualquier momento con la paz y santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Precisamente a estos principios, valores y virtudes heredados por Jesucristo, la mayor de todas es el amor y caridad que son representados por la Persona y la Personalidad de Jesucristo. Esto significa que ante todo Jesucristo es primero: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba” (1 Corintios 3.11 al 13 – RVR1909).


Por cierto, según mencionamos acerca del calentamiento global, el pasaje mencionado anteriormente se reitera nuevamente la mención del fuego, pero el tema que nos atañe en este análisis es el amor y caridad representados por Jesucristo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve” (1 Corintios 13.1 al 3 – RVR1909). Ahora realicemos una dinámica de parafrasear el pasaje anterior y cambiar la palabra amor o caridad por el nombre de Jesucristo:


1) Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo A JESUCRISTO, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.


2) Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo A JESUCRISTO, nada soy.


3) Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo A JESUCRISTO, de nada me sirve.


La dinámica anterior es muy interesante para comprender y entender, la explicación de por qué a pesar de repartir todas las posesiones para dar de comer a los empobrecidos, si se hace sin el amor y la caridad, de nada nos sirve. En realidad el amor y la caridad es lo mismo que dar todo lo que tienes para alimentar al más desposeído y necesitado:


“Entonces Jesús mirándole, amóle, y díjole: Una cosa te falta: ve, vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenía muchas posesiones. Entonces Jesús, mirando alrededor, dice á sus discípulos: ¡Cuán dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesús respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán dificil es entrar en el reino de Dios, los que confían en las riquezas! Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse? Entonces Jesús mirándolos, dice: Para los hombres es imposible; mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios. Entonces Pedro comenzó á decirle: He aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido” (Marcos 10.21 al 28 – RVR1909).

¿Cómo comprender y entender toda esta dinámica? Jesús fue notable por su actividad y energía a favor de los más necesitados, entre los empobrecidos, enfermos y los sufridores por la falta del alimento, tanto espiritual como material, sin embargo, habla en contra de quienes no toman en cuenta a Dios en la vida cotidiana, de quienes se afanan y llenan de ansiedad y preocupación, debido a la desconfianza a Dios Padre. Lo mismo de quienes en el otro extremo se aferran al enriquecimiento, ya sea por acumulamiento, ambición, avaricia, codicia, envidia, lucro, opulencia, ostentación y vanidad. Lo que pasa es que según parafraseamos, en este caso el pasaje menciona el amor y caridad en referencia a Jesucristo: “Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve” (1 Corintios 13.3 – RVR1909). El sentido de este mensaje es el siguiente: Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo A JESUCRISTO, de nada me sirve. Esto es semejante a la sociedad que se avergüenza, descarta y desecha a Jesucristo en sus vidas. Aquella sociedad que discrimina y excluye a Jesucristo en su cotidianidad. Uno de nuestros lemas es el siguiente: Mejorar la actitud y la personalidad según el ejemplo y modelo de Jesucristo, nos hace sus discípulos. ¡Enamórate de Jesucristo con toda la pasión! ¡Sin ánimo de lucro ni proselitismo! El cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual, es tener a Jesucristo presente en toda circunstancia, lugar y momento, esto implica en todo el espacio y tiempo que abarca nuestras vidas. Significa esto que el propósito y sentido de la vida es vivir en, para y por Jesucristo. Así es, por esto hay que leer en profundidad la palabra de Dios: “Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios” (Mateo 22.29 – RVR1909).


El ejemplo y modelo de Jesucristo en la sensibilidad espiritual, incluye la amabilidad, apacibilidad, bondad, compasión, dadivosidad, fraternidad, generosidad, misericordia, solidaridad, ternura, entre otros, además del amor y caridad. Hay un pasaje que describe a Jesucristo en todos estos principios, valores y virtudes: “La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13.4 al 7 – RVR1909). Se insiste que el ejemplo y modelo rechazado por el mundo y la sociedad en general, es el de Jesucristo. En la historia de la humanidad han surgido decenas o cientos de filosofías y teorías, muchas de ellas o sus fundadores, gestores o promotores han prevalecido, especialmente se han vuelto famosas y reconocidas a nivel histórico y mundial. Pero al final se discrimina y excluye a Jesucristo, a quien el mundo no le da el debido reconocimiento, ni por respeto a la voluntad de Dios Padre.


¿Hasta qué grado, nivel o punto la humanidad está preparada para la segunda venida de Jesucristo? El distanciamiento por salud social a nivel mundial podría ser la antesala, de adquirir consciencia del respeto y temor a Dios en sociedad, además del reconocimiento del acercamiento al tiempo del fin y la pronta y más evidente e inminente segunda venida de Jesucristo. También reconocer la magnitud social de la discriminación y exclusión que se hace a Jesucristo y a la voluntad de Dios Padre. Esto inevitablemente requiere un cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual, volvernos a Dios por la posibilidad de futuras pandemias aún más contagiosas y graves, que atentan un desastre mundial, reforzado por la evolución y mutación de enfermedades afectadas por el calentamiento global. Este volverse a Dios por parte de la sociedad, sería muestra de mansedumbre y humildad para pedir auxilio, ayuda y clemencia en tiempos de crisis mundial. Jesucristo dijo:


“En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños. Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos. Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre; ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y aquel á quien el Hijo lo quisiere revelar. Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11.25 al 30 – RVR1909).

32) Trascendentalismo celestial y la combinación de intuición - razón

Trascendentalismo celestial y la combinación de intuición - razón


El trascendentalismo celestial es el amor, caridad y dadivosidad de Dios Padre mediante su Hijo Jesucristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.16 al 17 – RVR1909). Se identifica el amor y la caridad en la persona y personalidad de Jesucristo. Esto aclara que el amor y la caridad dejan de ser abstractos, para ser concretos y se hacen tangibles con el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Es posible precisar sin dejar ningún tipo de duda, los hechos, obra y vivencia histórica de Jesucristo, negar su evidente legado y trayectoria de vida, es renunciar al trascendentalismo celestial y su combinación de intuición – razón. Tener una percepción clara e inmediata del amor y caridad de Jesucristo, como si se tuviera a la vista, es también razonable, según el argumento justificador de la primera venida de Jesucristo, el motivo de su muerte y resurrección. El amor de Dios, a quien ningún ser humano en su condición o naturaleza puede ver, se hace visible mediante Jesucristo.


El estado natural de la humanidad le imposibilita el trascendentalismo celestial, aunque el ser humano se jacte grandemente por su propia sindéresis, o sea, su capacidad natural para juzgar rectamente. Pero en este aparente juzgar con rectitud hay una invisibilidad de Jesucristo, del amor y caridad que representa y trasciende. En otras palabras, en la limitación humana del conocimiento natural, de ninguna manera aplica el trascendentalismo celestial, sino es por medio de una condición espiritual en el ser humano. En reiteradas ocasiones hemos afirmado la necesidad imprescindible de la etapa de transición de la espiritualidad, como dimensión intermedia entre lo natural y lo celestial. La persona espiritual trasciende a lo celestial cuando supera sus propias construcciones de conceptos y creencias religiosas, que nublan u ofuscan visualizar con plenitud a Cristo, especialmente debido al fraccionamiento cristiano. La multitud de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, afirman poseer la doctrina o enseñanza sana, defienden ser dueños de la verdad absoluta y original, se encasillan en el pensamiento de que son los apologistas de sus iglesias y religiones. Además cada asociación, grupo u organización alega ser la iglesia única y verdadera sobre las demás.


El trascendentalismo celestial defiende que la prioridad, por encima de todo lo relacionado con lo eclesiástico es Jesucristo. En todo el mundo cristiano, sin distinción de las costumbres, creencias, reglas y tradiciones, la postura del trascendentalismo celestial, es que solamente Jesucristo es el principal y por quien se recibe la salvación y vida eterna. La preeminencia son los méritos de Jesucristo en todo, con base en su amor y caridad, que tanto la ética, intenciones, motivos y vida práctica están enfocados en Jesucristo. El conocimiento espiritual en el ámbito de su respectiva dimensión, incluye todos los conjuntos eclesiásticos formales e informales, sean improvisados u organizados, en clandestinidad, legalizados o reconocidos. Esto de acuerdo a la clasificación de iglesias antiguas, asociadas, autónomas, confederadas, confesionales, conservadoras, federadas, fundamentalistas, independientes, liberales, modernas, postmodernas, primitivas, reveladas o tradicionales. Toda esta agrupación de personas con sus conceptos, costumbres, doctrinas, dogmas, enseñanzas, instrucciones, liturgia, mensajes, normas, protocolos, recomendaciones, ritos y reglamentos, conforman lo que llamamos el conocimiento espiritual. Dentro de este tipo de conocimiento se presenta la posibilidad de trascender al conocimiento celestial. Por ejemplo, sin importar la afiliación congregacional, denominacional, eclesiástica o religiosa a la que se pertenece, se puede cumplir con el trascendentalismo celestial. Esto significa que en todos los grupos cristianos, hay personas sinceras en la obediencia fiel y leal al Señor Jesucristo, para la gloria y honra de Dios Padre.


Estas personas en la integración y participación de sus propias agrupaciones, como feligreses o miembros permanentes, tienen a Jesucristo en su prioridad de adoración, alabanza y servicio, es el centro de su atención, concentración y enfoque de sus respectivas vidas cotidianas. Para estas personas, Jesucristo es el Maestro y Mentor en su continuo aprendizaje, es la fuente de la enseñanza y mensaje, el ejemplo y modelo de vida, es quien les inspira los principios, valores y virtudes del diario vivir. A pesar de la diversidad de listas de credos, puntos o temas de fe establecidos en cada una de sus organizaciones, estas personas son practicantes y seguidoras de Jesucristo como sus discípulos genuinos, tienen la preeminencia en el Señor y el respeto a su supremacía. Jesucristo es su camino, verdad y vida, lo consideran como el único mediador entre Dios Padre y cada una de estas personas, que solamente a través de Jesucristo reciben la salvación y la vida eterna. Estas personas sienten que Jesucristo es quien les impulsa a la consagración, paz y santidad. También encuentran en Jesucristo el motivo para el ejercicio del amor, fe, justicia y misericordia. Estas personas son conscientes que en el Señor reciben el perdón de pecados, por su sangre la redención, limpieza y purificación. Por lo tanto, tienen a Jesucristo como la razón de ser de sus existencias, el propósito y sentido de sus vidas. En primer lugar en Jesucristo es que tienen puesta su comprensión, entendimiento y pensamiento. Estas personas se dejan moldear su temperamento mediante Jesucristo, dedican sus actitudes, carácter y personalidad al Señor Jesucristo, disponen todas sus aptitudes, destrezas, emociones, habilidades, hábitos, intelecto y sentimientos al servicio de nuestro Señor Jesucristo.


Hay acciones religiosas o sociales, donde se aparenta hacer una obra de Dios, pero en realidad se niega o rechaza la aceptación, autoridad o reconocimiento a Jesucristo: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, trasfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras” (2 Corintios 11.13 al 15 – RVR1909). El camuflaje y disfraz tiene relación con disimular o una simulación para presentar una apariencia falsa, encubrir con astucia la intención, evadir con desatención el conocimiento exacto, desfigurar, encubrir u ocultar lo real, para restar importancia o aparentar desconocimiento e ignorancia. También es hacer distinto o mezclar un conocimiento para que no se conozca como es realmente. Lo más grave es hacer una representación consciente o inconsciente con fingimiento o imitación fraudulenta de lo que no es en realidad. En el caso del pasaje es sustituir la figura o representación de Jesucristo con actos o actividades aparentemente de Dios, pero que se discrimina, excluye, margina u omite la dedicación y reconocimiento del nombre de Jesucristo: “Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.9 al 11 – RVR1909).


El trascendentalismo celestial es recurrir a la fuente directa de lo establecido por Dios Padre. Jesucristo cuando dice que gloria no recibe, se refiere a la sociedad en general que vive sin tomar en cuenta su nombre y palabra, a manera de una discriminación y exclusión hacia su persona: “Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?” (Juan 5.39 al 44 – RVR1909). El análisis y argumentación acerca de la importancia y relevancia de Jesucristo para nuestra vida en sociedad, conforme a la prudencia y la razón, impone el respeto y reverencia a la determinación de Dios Padre, en lo que atañe a su plan y voluntad. Las personas tienen que atender a las razones y obrar con buen sentido la aceptación del propósito de Jesucristo. Se requiere una ecuanimidad razonable, para tener un ánimo constante y permanente, además de una imparcialidad serena a la hora de ejercer un buen juicio crítico. Precisamente ser críticos en la opinión sobre la ausencia de Jesucristo, nos posibilita juzgar la importancia, necesidad y valor que tiene Cristo, para el rumbo que lleva la sociedad en este mundo, según la evidencia de su ejemplo y modelo de vida relatado como hechos históricos en los evangelios.


33) La concienciación de la conciencia

La concienciación de la conciencia


Existe la posibilidad de gozo perpetuo y una paz interior en cada persona, pero los sucesos en torno a la pandemia de virus mundial, alteran una angustia, ansiedad, depresión, estrés, frustración y preocupación generalizada, a falta de una vacuna preventiva o la ausencia de claridad en el tratamiento curativo adecuado. La incertidumbre acerca del futuro carcome la estabilidad anímica, emocional y sentimental en las personas, inclusive a nivel psicosomático, con afectación corporal de origen emocional. En la actualidad se lucha por una pronta y urgente convalecencia a nivel mundial, aunque al parecer el virus denominado Coronavirus COVID-19, llegó para quedarse con la posibilidad de volver a circular por el mundo. Esto es lo que llaman nuevas oleadas mundiales de pandemia en busca de personas vulnerables, especialmente quienes tienen mayores factores de riesgo. La observación generalizada de las personas es que la extensión mundial por el Coronavirus, sus consecuencias en la economía, educación, salubridad, laboral, turismo y social, nunca se había visto en la historia de la humanidad, salvo casos pasados focalizados en ámbitos regionales.


Debido a la agresividad de este virus, su rápido contagio, esparcimiento o propagación mundial, su gravedad letal, los casos de incubación, portación y contagio asintomático, el aislamiento social, distanciamiento por salud y la complejidad en la atención de los pacientes, agravado por el descalabro económico social y desempleo, se considera que la actitud, mentalidad y pensamiento humano, tiene un antes y un después de este tipo de virus. La humanidad se regirá por la nueva formalidad de ser y vivir, que incide directamente en la norma de comportamiento y conducta. El mundo no será el mismo, porque queda un trauma social por la experiencia o impresión emocional sufrida, más la posible paranoia social, debido al delirio psíquico del surgimiento de futuras oleadas de este virus o de otros nuevos de mayor mortalidad, peligro y resistencia. Esta situación del Coronavirus globalizado, deja un estigma psicosocial sumado al acontecimiento presente del calentamiento global. La Biblia dice:


“Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora. Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo? Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos” (Romanos 8.18 al 25 – RVR1909).

Esta clase de gemir se caracteriza por ser una expresión auditiva, distinguida con una pronunciación enfatizada en lástima de dolor y sufrimiento. Es un lamento o quejido de un sentimiento interior de gran aflicción. El planeta en sí y toda la humanidad están como en situación de labores de parto, posiblemente en el período final del alumbramiento. Para ser criaturas en condición de hijos celestiales, que con espera y paciencia se obtenga salvación y liberación, con un cambio de naturaleza corporal corruptible a la de hijos de Dios incorruptibles. La concienciación es la acción efectiva de concienciar, o sea, emerger en la persona la consciencia en una determinada realidad, donde la persona se vuelve consciente de un asunto, problema o situación específica, para aumentar su valor de comprensión y entendimiento sobre el mismo. La humanidad y el planeta en general gime a una, porque observa o presiente lo dicho por Jesucristo: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.12 al 14 – RVR1909).


El amor o caridad de muchos se enfriará o resfriará, por haberse multiplicado la maldad. La Biblia dice: “Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, porque no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia, á los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso” (Santiago 5.8 al 11 – RVR1909). La combinación del Coronavirus COVID-19 con el calentamiento global, en su conjunto forman un acontecimiento mundial nunca antes visto, sin precedentes sino del último tiempo, previo a esta situación el mundo estaba convulsionado revolucionariamente en trastornar con inmoralidad y libertinaje, la normalidad del orden de la vida colectiva y legal. Se cumple el siguiente pasaje bíblico: “Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3.3 al 4 – RVR1909).


La enfermedad COVID-19 es solamente un aviso y muestra del caos mundial, que podría ser de mayor desastre, el que se provocaría con el calentamiento global de cierta cantidad de grados superiores a los actuales. En el pasaje anterior la burla acerca de la segunda venida de Jesucristo por parte de escépticos e incrédulos, que ignoran voluntariamente a conveniencia, para amordazar su conciencia de manera que no reciban un conocimiento cierto, completo y verdadero, ni la suficiente justificación racional para creer a Jesucristo, se reitera con la burla acerca de la resurrección de los muertos: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos. Y así como oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos 17.30 al 32 – RVR1909). La forma adecuada de enfrentar el futuro y afrontar la dificultad, peligro y muerte, es la concientización y disciplina, la preparación en Dios Padre, con respeto y reverencia a su voluntad, su enseñanza y mensaje mediante Jesucristo. Se insiste enfáticamente que Jesucristo no es ninguna religión, por consiguiente ninguna religión es nuestro Señor Jesucristo.


En Lamentaciones encontramos lo siguiente: “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré. Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare. Bueno es esperar callando en la salud de Jehová” (Lamentaciones 3.22 al 26 – RVR1909). Es oportuno clamar a Dios en todo momento, solicitar fortaleza en oración y la concienciación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Pedir a Dios que los recuperados del Coronavirus COVID-19, de ninguna manera queden con algún daño pulmonar de consecuencias posteriores a corto, mediano o largo plazo. Tampoco en ningún otro órgano vital queden repercusiones o secuelas. Que Dios nos ilumine para una mejor preparación del tiempo del fin, que podamos reconocer las señales de los tiempos en Cristo Jesús. Dios nos libre en estas épocas de las manifestaciones con marchas a favor de la discriminación y exclusión de Jesucristo en la vida social, donde se promueve eliminar a Jesucristo de toda institución pública, de las universidades y de la educación en general, en países que se hacen llamar cristianos. Semejante a nivel de naciones de regímenes ateos, inclusive de grupos que quemaron Biblias en señal de protesta. La Biblia dice: “Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo, Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14.6 al 7 – RVR1909).


La muerte ronda por las calles y ciudades de este mundo, donde el planeta por completo está vinculado como una sola ciudad o civilización humana. Esta muerte que ronda es invisible, oculta y silenciosa, por ser microscópica, para identificar el foco de microbios en una superficie, se requiere la invención de un tipo de rociador de reacción química que la cambie de color. Dios nos puede ayudar con su energía, fuerza y poder de su Espíritu. La concienciación de la conciencia colectiva o individual es por medio del Espíritu Santo. ¿Qué ocurre en estos tiempos del fin? Jesucristo en relación con la energía, fuerza y poder del Espíritu Santo dice lo siguiente: “Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio: De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí; Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado” (Juan 16.8 al 11 – RVR1909). Hace alrededor de dos mil años no creyeron en Jesucristo, al día de hoy la sociedad mundial en general se avergüenza, niega y rechaza a Jesucristo. Muchos llamados cristianos siguen su propia religión cultural y social, pocos son los auténticos discípulos de Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida. No se trata de generalizar, pero es necesario para la sociedad recapacitar y reconocer, la práctica y seguimiento a Jesucristo histórico conforme a las Escrituras: “Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron” (Juan 19.33 al 37 – RVR1909).


La Escritura Sagrada ya había anunciado y profetizado a Jesucristo histórico:


“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53.3 al 7 – RVR1909).

El principal anuncio profético de Cristo fue comparado o relacionado con el cordero de pascua: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois sin levadura: porque nuestra pascua, que es Cristo, fué sacrificada por nosotros. Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5.6 al 8 – RVR1909). Este pasaje indica que nuestra pascua es Cristo, así que celebremos a Cristo en nuestras vidas sin malicia ni maldad, sino con sinceridad y verdad. Así dice la palabra de Dios:


“Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación: Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata; Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro: Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1.16 al 23 – RVR1909).

34) La disciplina y obediencia a Dios

La disciplina y obediencia a Dios


La medida de disciplina y obediencia a Dios en cada persona, es de acuerdo con su propia experiencia y vivencia de acontecimientos o sucesos aleccionadores. A la vez está relacionada con la magnanimidad alcanzada personalmente, o sea, la excelencia moral y elevada espiritualidad de una persona en Jesucristo, quien representa el conocimiento con sentido para el aprendizaje celestial. Hay situaciones que dejan un aprendizaje aleccionador, porque influyen una enseñanza e instrucción de cómo se tiene que actuar u obrar para el comportamiento y la conducta. El corazón y la mente son semejantes a un manual de disciplina personal, que sirve como diario o escrito por una persona sobre su propia vida: “Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo” (Romanos 2.15 al 16 – RVR1909). Es una especie de instructivo, normativo, procedimental y reglamentario del corazón y la mente, que es propio acerca de la manera o modo de hacer y ser en la obediencia y voluntad de Dios: “Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres; Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 3.2 al 3 – RVR1909).


La historia de la humanidad conserva las ideas generadas por diversos filósofos y pensadores de múltiples épocas y naciones. Estos pensadores por lo general son muy fieles a la disciplina impuesta por sí mismos, como potencialidad del intelecto. Además del esfuerzo empleado en desarrollar, cultivar, esclarecer y dilucidar cada ideal propuesto. Aprovechan la facilidad o habilidad de creatividad, ingenio e innovación para argumentar e interpretar diferentes teorías, inclusive muchas de estas se vuelven ideologías aceptadas y aprobadas mundialmente, según cada postura de pensamiento. Estos idealismos, ya sea por disposición adquirida o natural, posibilitan conveniente y eficientemente ciertas definiciones de estudio, como principio del conocimiento y el ser, basados en la aptitud de la inteligencia para idealizar, presente en cada uno de los autores. Pero en relación con la diferencia de estos creadores de ideales, con la enseñanza y mensaje de Jesucristo, es que ninguno transmite directamente la palabra de Dios, solamente el propio Hijo de Dios tiene un verdadero pensamiento consciente de la fuente o procedencia del conocimiento: “Mas de él sois vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, y justificación, y santificación, y redención: Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1.30 al 31 – RVR1909).


Jesucristo personalmente testificó lo siguiente: “Porque yo no he hablado de mí mismo; mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que, lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo” (Juan 12.49 al 50 – RVR1909). Jesucristo declara y explica con toda seguridad del conocimiento de la verdad, especialmente al conocer personalmente la causa, fuente, motivo, origen, principio y procedencia de todo lo existente. Este conocimiento de Jesucristo le permite y posibilita ser la autoridad reconocida por Dios Padre, como el Maestro, Mensajero y Mentor para la humanidad. De esto depende llenar nuestra mente del amor y caridad de la disciplina al obedecer a Dios. Inclusive la posibilidad de mentalizar en la toma de consciencia en Jesucristo, su práctica y teoría fundamentada en la palabra enviada directamente de Dios Padre. Por ejemplo, en forma de analogía o comparación simbólica, la Biblia dice: “Y vi los muertos, grandes y pequeños, que estaban delante de Dios; y los libros fueron abiertos: y otro libro fué abierto, el cual es de la vida: y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar dió los muertos que estaban en él; y la muerte y el infierno dieron los muertos que estaban en ellos; y fué hecho juicio de cada uno según sus obras” (Apocalipsis 20.12 al 13 – RVR1909). El libro de cada persona es su propia memoria, mente, pensamientos y recuerdos, de la que dará cuentas a Dios según el resultado de su comportamiento y conducta, conforme a sus acciones, actos y hechos de su vida cotidiana.


Una mente prodigiosa y sublime es aquella que se logra nivelar a la altura de Jesucristo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR1909). El grado de amor y caridad de cada persona varía según cada caso. ¿Cuánto ama cada individuo a Dios y cuál es su beneficio? Esto afecta la disciplina y obediencia a Dios individualmente, porque el amor y caridad es una acción de acercamiento a Dios, en la medida de su incremento así es mayor el conocimiento recíproco, o sea, en ambos sentidos: “Mas si alguno ama á Dios, el tal es conocido de él” (1 Corintios 8.3 – RVR1909). El verdadero amor y caridad se visualiza en Jesucristo, basta conocer sus acciones y hechos históricos, su ejemplo y modelo de vida: “Quien cuando le maldecían no retornaba maldición: cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2.23 – RVR1909). La disciplina y obediencia que tenemos a Dios, está en función de la capacidad y grado de amor, caridad y paz personal: “Sino el hombre del corazón que está encubierto, en incorruptible ornato de espíritu agradable y pacífico, lo cual es de grande estima delante de Dios” (1 Pedro 3.4 – RVR1909). Poseer una característica o cualidad en grado extraordinario es aquella comparable con la de Jesucristo, por ejemplo, la afabilidad tanto en lo que se expresa como en el trato a los demás, la calidad humana de la consecuencia o consistencia entre lo que se dice y se hace: “Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos” (Santiago 1.22 – RVR1909).


Todo esto tiene relación con la disciplina, que es educación, fuerza de voluntad, observancia, subordinación y sujeción en el comportamiento y conducta. En nuestro caso lo referente a la consagración y santidad de la obediencia a Dios: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad” (Juan 17.17 – RVR1909). Por lo tanto, es necesario que lo académico, intelectual y erudición en general, se combine con las experiencias vivenciales indisolubles del vivir en Cristo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y vivo, no ya yo, mas vive Cristo en mí: y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó, y se entregó á sí mismo por mí” (Gálatas 2.20 – RVR1909). Abordar con emprendimiento de hambre y sed de conocimiento espiritual y celestial, requiere la iniciativa propia e inagotable de la persistencia autodidáctica y empírica: “Y ninguno eneseñará á su prójimo, Ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce al Señor: Porque todos me conocerán, Desde el menor de ellos hasta el mayor. Porque seré propicio á sus injusticias, Y de sus pecados y de sus iniquidades no me acordaré más” (Hebreos 8.11 al 12 – RVR1909). Esto significa que cada persona en lo individual y mediante Jesucristo, requiere una relación directa y personal con Dios Padre, acciones decididas y firmeza de carácter. La Biblia dice: “No seáis como vuestros padres, a los cuales dieron voces los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos, y de vuestras malas obras: y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová” (Zacarías 1.4 – RVR1909).


Esta vinculación íntima con nuestro Señor, implica en cada uno disponer en su ser integral, el aspecto más favorable, optimista y positivo, en lo anímico, cotidiano, emocional, habitualidad, intelectual, sensibilidad y sentimental. En los principios, valores y virtudes de índole personal, pero congruentes con el bien común y comunitario, del amor, caridad, comprensión, esperanza, humildad, mansedumbre, respeto, solidaridad y temor a Dios, entre otros que dan origen a los principios, valores y virtudes comunitarias, para la armonía y convivencia en sociedad. ¿Qué relación tiene todo este análisis con la disciplina y obediencia a Dios? Precisamente la disciplina es el acatamiento con constancia y persistencia, de las disposiciones y órdenes de convivencia, bienestar, salud y salvación conforme a la autoridad de Dios. Por esta razón la obediencia a Dios tiene relación con las buenas costumbres, calidad y rigurosidad en el orden de vida espiritual y social, cortesía, educación, salubridad y sanidad. Si se estudia el libro de Génesis desde su inicio se encuentran los principios, valores y virtudes, originados directamente por Dios. El creador de las directrices, o sea, el conjunto de las instrucciones y normas generales para la convivencia, proceden de forma inmediata de Dios. Esto es lo que llamamos los principios, valores y virtudes del amor, compasión, fe, justicia, misericordia, pacificación, perdón, santidad y demás desarrollados en toda la Biblia, desde el Génesis hasta el Apocalipsis o Revelación. Dios es el fundador de las pautas a seguir para el comportamiento y conducta, o sea, las reglas determinantes para las acciones humanas, por ejemplo, la transmisión oral y posteriormente escrita de las diez reglas generales o diez mandamientos, explicado en los temas acerca del origen de los valores comunitarios, la ley moral como ley comunitaria y Jesús modelo de los valores comunitarios.


35) La sabiduría bíblica comparada con el Coronavirus COVID-19

La sabiduría bíblica comparada con el Coronavirus COVID-19


La sabiduría bíblica es un conocimiento en profundidad en la Biblia, con la finalidad de influir un buen juicio en la administración y gobierno, tanto colectivo como individual, reflejado en las acciones y hechos personales o sociales. La sabiduría incluye el conocimiento e información que facilita el poder de controlar mejor el bienestar común, el cuidado del medio ambiente y el entorno en general donde se convive, conforme al comportamiento y la conducta del ser humano. Una regla aplicada en el estudio bíblico dice: “Un texto, fuera de contexto, es un pretexto”. Se trata de explicar el texto explícito por bloques, mayormente con el énfasis en la escritura literal, en el sentido exacto de las palabras. El contexto es el texto posterior y previo al texto analizado o texto central en cuestión, porque se analiza el texto continuo como una sola unidad temática. Algunos relacionan el contexto con la época y situación histórica - social cuando se escribe el texto. También se considera como contexto la interpretación realizada por el lector, según su propia cultura, época y domicilio geográfico. Otras personas prefieren leer entre líneas o renglones, o sea, sobreentender para deducir y explicar el sentido, por ejemplo, el texto simbólico requiere de la interpretación, en relación con las figuras y sus significados. Toda la colección o conjunto de cartas y libros bíblicos, comprenden un mismo hilo conductor, con la coherencia y unidad de toda la Escritura Sagrada como un solo texto. En el caso del tema principal de la Biblia el hilo conductor es Jesucristo, el Mesías y Ungido prometido, tanto en relación con la ley y la profecía bíblica.


Hay quienes afirman la necesidad de comprender y entender el detrás del texto. El autor general es Dios, porque es su palabra, sin embargo, la misma no está exenta o no se exime de un ligero ingrediente de factor humano, debido al aporte propio de las ideas de quien dicta o escribe el texto. Además hay posibilidades de observaciones escritas posteriormente en los márgenes, agregados al texto original por parte de copistas, que copiaban los escritos antes de la invención de la imprenta. Si este fuera el caso, de ninguna manera se desautoriza la totalidad del contenido bíblico, porque dichas observaciones fueron para aclarar o mejorar la comprensión y entendimiento del texto. Al parecer un caso de estos es el siguiente pasaje: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno” (1 Juan 5.7 – RVR1909). Los especialistas tienen un debate acerca de la originalidad de este pasaje en los textos más antiguos. Esto no es motivo de escandalizarse, sino de tomar con calma y tranquilidad, pero en profundidad, el análisis, estudio e investigación de la palabra de Dios. Hay interpretación objetiva, sin parcializarse en el conocimiento individual o personal. También existe la posibilidad de una interpretación subjetiva, relacionada con un conocimiento interno de pensar o sentir del yo: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 Pedro 1.20 al 21 – RVR1909).


¿Cuál relación hay entre estos comentarios y el tema en cuestión? El tema de la sabiduría bíblica comparada con el Coronavirus COVID-19, podría tocar la sensibilidad de las personas, con base en pasajes bíblicos dispersos en toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis o Revelación. Este análisis requiere la mención de pasajes o versículos independientes de toda la Biblia, para justificar la causa o motivo del alegato, fundamentar citas bíblicas intercaladas de ejemplo y prueba.


Debido a la existencia de personas positivas en el Coronavirus COVID-19, pero que no presentan síntomas porque son asintomáticos, entonces se les ingresa en un confinamiento acondicionado especialmente. Este aislamiento social ha sido llamado “El Arca de Noé”. Esta relación tiene las siguientes cuatro semejanzas: la primer semejanza es que Noé se encierra con su familia en el arca para ser salvos: “Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es á saber, ocho personas fueron salvas por agua” (1 Pedro 3.20 – RVR1909).


La segunda semejanza es que el diluvio en tiempos de Noé fue un acontecimiento global en todo el mundo: “Estableceré mi pacto con vosotros, y no fenecerá ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta será la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y toda alma viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra” (Génesis 9.11 al 13). Después del diluvio el siguiente suceso global es el Coronavirus COVID-19, porque se ha expandido a todos los continentes del mundo, con excepción de la Antártida.


La tercer semejanza tiene relación con la condición de maldad del ser humano en su nivel más alto: “Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Y dijo Dios á Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia á causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra” (Génesis 6.11 al 13 – RVR1909). En la actualidad se ha corrompido la sociedad en el nivel nunca antes visto, porque el amor a Dios ha muerto en gran parte de la población mundial, se ha perdido el respeto y reverencia pública de obediencia a la voluntad de Dios. Inclusive su mayor símbolo natural de pacto con la humanidad, que es el arco formado en las nubes, como señal de convenio entre Dios y la tierra, se ha utilizado para fines de discriminación, negación y rechazo a la consagración, redención y santificación de Jesucristo.


En relación con la maldad y el amor de Dios o caridad, Jesucristo dijo que en los tiempos del fin, el amor o caridad de muchos se enfriará o resfriará: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.12 al 14 – RVR1909). Un resfriado implica un proceso inflamatorio de las vías respiratorias de la garganta y nariz, debido a la infección viral. El contagio, propagación o transmisión del Coronavirus es mediante el agua, mayor componente de la saliva. Resulta que hay una promesa de Dios acerca de que la humanidad no volverá a ser destruida con agua: “Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios; Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua: Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3.5 al 7 – RVR1909).


Parece ficción o novelesco relacionar las gotitas de saliva, transportadoras del Coronavirus COVID-19, con el tiempo del diluvio cuando fueron salvos por el arca de Noe, pero son pistas que nos dan una idea asociada a lo que está pasando, el mundo no será extinguido por agua sino que se menciona el fuego, más relacionado con el calentamiento global, cambio de clima y choque de todas las placas tectónicas a nivel mundial: “Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es. Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fué jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apocalipsis 16.17 al 18 – RVR1909). En todo caso, la situación actual de pandemia, se resuelve a nivel mundial con un tratamiento curativo y una vacuna preventiva, pero la realidad vivida es como una pesadilla, donde hay una angustia y opresión respiratoria por causa de un mal sueño, con mucha preocupación extremadamente intensa. La mayor pesadilla es el incremento del calentamiento global, porque los líderes de este mundo en la administración y gobierno de las naciones principales, priorizan la industrialización masiva como fuentes de trabajo, en apoyo directo al sector laboral y la generación de mayor empleo, pero con la afectación del medio ambiente que perjudica por igual a todos los seres humanos.


El pasaje anterior del Apocalipsis menciona el aire; este contiene entre sus componentes principales el oxigeno. La consecuencia más grave del Coronavirus COVID-19 es la sofocación y agresividad en los pulmones, inclusive el paciente llega a requerir respiración asistida, la infección microbiana e inflamación manifestada entre otras por la neumonía. En reiteradas ocasiones hemos mencionado que la Biblia tiene figuras y simbología con significado interpretativo, en este caso el Apocalipsis o Revelación está dirigido al Imperio Romano en los primeros siglos de nuestra era cristiana. Otros prefieren hacer una interpretación escatológica en relación con el futuro, del último período de la vida humana. Ningún ser humano tiene la garantía absoluta de determinar, identificar y definir los textos como literales o simbólicos, en este sentido nadie tiene la infalibilidad, salvo los presuntuosos religiosos que se encasillan herméticamente en su propia creencia y opinión, ya sea en contra o a favor de cada tesis. Por ejemplo, la Biblia dice:


“Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotea á orar, cerca de la hora de sexta; Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis; Y vió el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado á la tierra; En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común é inmunda he comido jamás. Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el cielo. Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron á la puerta” (Hechos 10.9 al 17 – RVR1909).

Algunos toman el pasaje anterior como literal, otros lo consideran simbólico. Las palabras de Pedro al respecto son las siguientes: “Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló á muchos que se habían juntado. Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable á un varón Judío juntarse ó llegarse á extranjero; mas me ha mostrado Dios que á ningún hombre llame común ó inmundo” (Hechos 10.25 al 28 – RVR1909). En esta línea entre lo literal y simbólico, el aire podría representar el espíritu de vida indispensable en todo ser humano para vivir, por consiguiente nuestra total dependencia a Dios: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente” (Génesis 2.7 – RVR1909). Cada ser humano es responsable de sí mismo, de su dependencia y relación con Dios. El gran temblor de tierra y terremoto tan grande, podría representar las consecuencias del calentamiento global y cambio de clima.


El ser humano es responsable de sus propias acciones, inclusive la crisis, medidas higiénicas y restricción sanitaria que estamos viviendo. Las situaciones globales, como el diluvio en tiempos del arca de Noé, diluvio histórico del que se menciona y registra en muchas culturas antiguas de la humanidad, la pandemia global del Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2, es solamente una alarma o aviso de la gravedad incontrolable que podría pasar, con el posible incremento del calentamiento global. ¿Qué se podrá improvisar de última hora cuando globalmente el mundo se esté quemando? ¿Será esta la idea de enviar un grupo de humanos al planeta Marte para que la humanidad se preserve?


La cuarta semejanza es la actitud negativa de algunos líderes mundiales, por la falta de formalidad y seriedad de aceptar y enfrentar la pandemia Coronavirus COVID-19. Lo mismo un ejemplo a manera de analogía o comparación del calentamiento global, es la estrategia de desentenderse o la indiferencia que hacen algunos líderes principales o presidentes, a la advertencia o llamado a acatar medidas de protección, semejante al caso omiso, hecho por el Faraón de Egipto en tiempos de Moisés:


“Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir á Israel? Yo no conozco á Jehová, ni tampoco dejaré ir á Israel. Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: iremos, pues, ahora camino de tres días por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios; porque no venga sobre nosotros con pestilencia ó con espada. Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? idos á vuestros cargos. Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos. Y mandó Faraón aquel mismo día á los cuadrilleros del pueblo que le tenían á su cargo, y á sus gobernadores, diciendo: De aquí adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como ayer y antes de ayer; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja: Y habéis de ponerles la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos y sacrificaremos á nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan á palabras de mentira. Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja. Id vosotros, y recoged paja donde la hallareis; que nada se disminuirá de vuestra tarea. Entonces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto á coger rastrojo en lugar de paja. Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja. Y azotaban á los capataces de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?” (Éxodo 5.2 al 14 – RVR1909).

En el caso del tipo de reacción del Faraón, Dios permitía que el Faraón endureciera su propio corazón, esto significa que el Faraón tenía su corazón agravado: “Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. Entonces Jehová dijo á Moisés: El corazón de Faraón esta agravado, que no quiere dejar ir al pueblo” (Éxodo 7.13 al 14 – RVR1909). ¿Qué significa un corazón agravado en quien gobierna? El corazón agravado en un gobernante es oprimir arbitrariamente, con un gobierno, imposición y mandato tiránico, con un afecto y pasión que domina su ánimo de forma abusiva, en su autoridad, fuerza y poder: “Y dile: Jehová el Dios de los Hebreos me ha enviado á ti, diciendo: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oir” (Éxodo 7.16 – RVR1909).


Por otra parte, el suceso del “heridor” que recorrió las calles o caminos de Egipto, en relación con la décima plaga, también tiene similitud con la actualidad, cuando las familias del pueblo de Israel fueron salvas, con la semejanza de un aislamiento social en sus respectivas casas: “Y Moisés convocó á todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadle en la sangre que estará en una jofaina, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en la jofaina; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo á los Egipcios; y como vera la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Éxodo 12.21 al 23 – RVR1909). Al principio el Faraón de Egipto, le resta importancia al aviso de las plagas, igual ahora en el caso del calentamiento global o del Coronavirus COVID-19, algunos presidentes endurecen sus corazones para creer a la advertencia: “¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Mas á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9.14 al 17 – RVR1909).


Semejante a la actualidad, Dios en el pasado establece un tipo de aislamiento para evitar alguna propagación de enfermedad: “Y Jehová habló á Moisés, diciendo: Manda á los hijos de Israel que echen del campo á todo leproso, y á todos los que padecen flujo de semen, y á todo contaminado sobre muerto: Así hombres como mujeres echaréis, fuera del campo los echaréis; porque no contaminen el campo de aquellos entre los cuales yo habito” (Números 5.1 al 3 – RVR1909). Esto es muy criticado por las personas que se oponen y resisten la Biblia como autoridad de Dios, alegando que es discriminación y marginación, sin considerar que la ciencia médica o la tecnología de la salud no estaba avanzada, ni existían los antibióticos para bacterias o los antivirales. Máxime cuando se trata de la menstruación de la mujer, lo que no valoran quienes critican, que es debido a un aislamiento social por medidas de higiene o distanciamiento por salud: “Y cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su carne, siete días estará apartada; y cualquiera que tocare en ella, será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre que ella se acostare mientras su separación, será inmundo: también todo aquello sobre que se sentare, será inmundo. Y cualquiera que tocare á su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la tarde” (Levíticos 15.19 al 21 – RVR1909). Esta práctica de ninguna manera era para discriminar, marginar u ofender a la mujer, sino para protegerla de la falta de castidad o continencia de los hombres, durante los días de menstruación de la mujer: “Y no llegarás á la mujer en el apartamiento de su inmundicia, para descubrir su desnudez” (Levítico 18.19 – RVR1909).


Después de las plagas y de la salida del pueblo de Israel de Egipto, Moisés canta lo siguiente (porción de los primeros dos versículos): “Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron: Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente, Echando en la mar al caballo y al que en él subía. Jehová es mi fortaleza, y mi canción, Y hame sido por salud: Este es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré” (Éxodo 15.1 al 2 – RVR1909).


Otro tema semejante de los que pueden resultar sensibles para los lectores, es relacionado con la alimentación. Cada persona come lo que quiera: “Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres” (Romanos 14.2 – RVR1909). Este es el conflicto sin fin entre quienes comen carne y los que son vegetarianos. Pero se recomienda que el animal que se come no haya muerto ahogado, como algunos que matan al animal con estiramiento del pescuezo, en lugar de desangrado: “Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: Que os abstengáis de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15.28 al 29 – RVR1909). En este pasaje también se menciona lo que llaman morcilla, que es sangre cocinada del animal. Además en tiempos antiguos sacrificaban animales a los dioses e ídolos falsos, entonces se recomienda comprar en la carnicería sin preguntar, acerca del motivo de la muerte del animal, ya sea sacrificado a un ídolo o ahogado:


“Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?” (1 Corintios 10.23 al 29 – RVR1909).

El punto es el siguiente, hay recomendaciones de salubridad por parte de Dios, porque conoce todos los daños y perjuicios de salud que podría enfrentar el ser humano, por esta razón menciona la prohibición de comer animal ahogado y sangre cocida o cocinada de animal. Pero en tiempos del arca de Noé menciona a los animales limpios o comestibles y a los animales inmundos o de otras funciones en la cadena alimenticia del mismo animal. También en funciones con el hábitat natural o medio ambiente. La Biblia dice al respecto:


“Y Jehová dijo á Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca porque á ti he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio te tomarás de siete en siete, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. También de las aves de los cielos de siete en siete, macho y hembra; para guardar en vida la casta sobre la faz de toda la tierra. Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra. E hizo Noé conforme á todo lo que le mandó Jehová” (Génesis 7.1 al 5 – RVR1909).

Hay diferencias entre los animales, algunos tienen más bacterias o parásitos entre su organismo, por esta razón hay carnes que tienen que estar muy bien cocidas o cocinadas, por ejemplo, la larva de un gusano intestinal conocida como triquinosis, en animales como el jabalí procedente de la caza en selvas o zonas boscosas. También hay malas referencias del hígado de cerdo domesticado, por causa de cierto virus. Además del resto de su cuerpo mal cocido o mal cocinado. Debido a las hambrunas de las poblaciones mundiales, se ha recurrido a la alimentación de animales silvestres o de otra índole avícola o marítima, pero de ninguna manera se comprende la alimentación por cuestiones de afrodisíaco, para estimular el apetito sexual, como se pretende con las aletas de tiburón y el desecho del resto del cuerpo de tiburón arrojado en los mismos mares y océanos. Tampoco se comprende la alimentación de animales salvajes o silvestres, por la costumbre o tradición de ostentación y alarde de opulencia de platillos costosos y exquisitos. Solamente porque se consideran comidas exóticas o extravagantes. Presumir que se digiere animales de fauna silvestre, solamente por apariencia y capacidad de pago, no tiene sentido porque es insalubre, con daño permanente a la salud. Al parecer es un asunto cultural, pero lo mismo aplica en animales domésticos como el gato y el perro.


La Biblia recomienda como guía o referencia todo el capítulo 11 de Levítico: “Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciéndoles: Hablad á los hijos de Israel, diciendo: Estos son los animales que comeréis de todos los animales que están sobre la tierra… Esta es la ley de los animales, y de las aves, y de todo ser viviente que se mueve en las aguas, y de todo animal que anda arrastrando sobre la tierra; Para hacer diferencia entre inmundo y limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer” (Levítico 11.1 al 47 – RVR1909). Lo mismo se explica en Deuteronomio 14.3 al 21. Debido a que estos pasajes son muy extensos solamente mencionamos sus citas bíblicas, tanto en Levítico capítulo 11 como de Deuteronomio capítulo 14, se encuentran las listas completas, de los animales comestibles y de los animales destinados para otras funciones.


36) El Coronavirus COVID-19 es una escalabilidad de lo natural a lo espiritual

El Coronavirus COVID-19 es una escalabilidad de lo natural a lo espiritual


La enfermedad COVID-19 es una escalabilidad de lo normal del sistema social natural, a la nueva normalización de la moderación del sistema de vida espiritual. El antiguo sistema social normalizado de convivencia, manifiesta un impasse por crisis de confusión ideológica y social, previamente al surgimiento de la pandemia COVID-19, que tanto nos golpea como una sola humanidad, sin ningún tipo de discriminación. Este tipo de virus existe en la naturaleza, pero ocurre lo que llaman un salto entre especies, de contagio entre su huésped original hacia el ser humano. Todo este proceso es natural. En reiteradas lecturas hemos aseverado la existencia de tres dimensiones: natural, espiritual y celestial. Por fin, todo el planeta tiene que convivir con normas comunes, por ejemplo, el aislamiento y distanciamiento físico – social. Inclusive la misma comunicación mediante plataformas sociales requiere mesura, sin el atrevimiento de las personas de agraviar y ofender a los demás, por lo menos o por mínimo temor a Dios, porque nadie está exento del contagio de esta enfermedad y todos necesitamos de Dios para preservar la salud. Este comedimiento de comentarios respetuosos en redes sociales, provee los buenos modales, compostura en la actitud y la cortesía. Ahora la peligrosidad de infección del virus, impone respeto y reverencia ante Dios, contra la altivez, jactancia y prepotencia del ser humano, en sus pretensiones de maltratar y ofender a su prójimo. El quedarse en casa también es una forma de cuidar, respetar y valorar a los demás, excepto la salida por causas impostergables y urgentes de subsistencia.


La tendencia social en la actualidad es la mejora individual de la actitud, emociones y sentimientos, para beneficio colectivo en el carácter y personalidad de la misma sociedad, sumado a la superación de las adversidades, dificultades, complicaciones, conflicto, pruebas de la vida y tropiezos, especialmente con el surgimiento de la pandemia. La persona que todavía con la situación actual, excluye a Dios de su vocabulario en tiempos de pandemia, tiene su corazón endurecido: “Antes exhortaos los unos á los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos” (Hebreos 3.13 al 16 – RVR1909). Mientras hay vida busquemos hoy mismo la voluntad de Dios, dejemos de provocar a Dios con nuestras acciones y actos llenos de blasfemia con la gravedad de la injuria. Se dice que esta pandemia del Coronavirus COVID-19 ha arrodillado a todo el mundo ante Dios, este es el momento de ejercer nuestro poder de decisión con toda firmeza y fuerza enfocados en Dios. La Biblia dice:


“Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, Como el día de Masa en el desierto; Donde me tentaron vuestros padres, Probáronme, y vieron mi obra. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo” (Salmos 95.6 al 11 – RVR1909).

El poder de decisión es una capacidad inherente al ser, de tal modo unido a su existencia sin la posibilidad de separar, con la finalidad de posibilitar la toma de elección o escogencia entre diferentes alternativas u opciones. El poder de decisión, está disponible para ser utilizado, pero cuando está inactivo o inerte, entonces es susceptible a la confusión y falta de certeza. Este poder de decisión coexiste con su contrapartida, que es la duda e indecisión a la causa, al ser consecuente y al deber de probidad, en el sentido del accionar o actuar el bien, bondad, honradez, integridad y rectitud de ánimo. Esta duda e indecisión está incorporada en el temperamento, máxime en relación con la obediencia a Dios. Las decisiones de ninguna manera son buenas o malas, sino el resultado de la decisión tiene sus consecuencias favorables o desfavorables, ya sea a corto, mediano o largo plazo. Todo ser humano tiene la voluntad natural de las decisiones cotidianas en su dimensión natural, para la subsistencia necesaria en la convivencia y el diario vivir, sin embargo, el poder de decisión tiene más relación con las decisiones de relevancia trascendental. Estas son las decisiones que atañen a la salvación del pecado y a la recompensa de la vida eterna.


Este poder de decisión que trasciende en el ser humano, tiene su precedente como resolución anterior en el caso del ángel caído, previo a la existencia de la humanidad. El ángel caído es el que arrastra a otros ángeles a su propia causa, pasa por una prueba como detonante o determinante de su decisión. El resultado es sufrir sus propias consecuencias. Los ángeles arrastrados son influenciables y se dejan doblegar ante el ángel caído, incumplen el principio, valor y principio del respeto, reverencia y sumisión al Creador, aunque Dios si es respetuoso de la decisión de cada una de sus creaciones o criaturas, pero cada quien es responsable de asumir sus propias consecuencias de sus decisiones. El proceso implicado reúne un orden establecido, entre la solvencia intrínseca de los principios, valores y virtudes arraigados, seguido del momento de la prueba para comprobar o verificar la consistencia o solidez de dicha solvencia intrínseca, para finalizar en el poder de decisión de la toma de elección o escogencia entre diferentes alternativas u opciones, con la preeminencia de la conservación y mantenimiento de los principios, valores y virtudes. El propósito de la creación es servir de prueba. La Biblia dice: “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?” (Job 7.17 al 18 – RVR1909).


La creación fue creada sin daño y sin imperfección, así como el Creador es Perfecto, pero toda criatura fue creada con la capacidad del poder de decisión. Nunca la creación tuvo defecto, sino que los ángeles hacen uso de su facultad y toman su propia decisión. La consecuencia o resultado de esta decisión es lo que calificamos o definimos como adversidad, rebeldía u oposición. También encontramos el resultado de los seres celestial, que según su poder de decisión se mantienen fieles y leales al Creador. La prueba es el detonante y motor del poder de decisión: “Jehová en el templo de su santidad: La silla de Jehová está en el cielo: Sus ojos ven, sus párpados examinan á los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo; Empero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece. Sobre los malos lloverá lazos; Fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos. Porque el justo Jehová ama la justicia: Al recto mirará su rostro” (Salmos 11.4 al 7 – RVR1909). La prueba hace evidente y patente lo auténtico, genuino y verdadero, porque muestra y sobresale lo mejor o peor de cada persona. Además se manifiesta en la firmeza o solidez de la actitud, carácter y personalidad.


El poder de decisión coexiste con el libre albedrío, ambos tienen relación con el término arbitrio o facultad de decidir o resolver para determinar una sentencia, con el debido conocimiento de causa. Esto se confunde muchas veces con el concepto y significado de la voluntad natural, que es la resolución de la intención personal, para elegir entre una o varias opciones. El libre albedrío está más relacionado con la justicia y el juez designado para resolver una duda, en términos espirituales y celestiales atañe a las cuestiones de salvación y vida eterna. Hasta aquí, hemos mencionado las expresiones libre albedrío, poder de decisión y voluntad natural, pero sumemos otras similares, la libertad de realizar las acciones o actuaciones con responsabilidad, y el libertinaje del desenfreno en la conducta. Así formamos una lista de palabras semejantes o que se relacionan entre sí, a saber, libertad, libertinaje, libre albedrío, poder de decisión y voluntad natural. El análisis se vuelve más complejo con la inclusión del texto de Salmos 58, donde surge la pregunta: ¿El ser humano nace o se hace malvado? Será acaso que hay personas predestinadas desde su nacimiento para la maldad. Nuestra posición y análisis en otras lecturas, se afirma que de ninguna manera se nace como portador del bien o del mal, o sea, nadie desde que nace es bueno o es malo, sin haber demostrado la toma de decisiones, por consiguiente el resultado de la consecuencia de su decisión. En Salmos 58 se menciona lo siguiente (el subrayado es nuestro):


“Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes con el corazón obráis iniquidades: Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira. Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: Son como áspide sordo que cierra su oído; Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Corránse como aguas que se van de suyo: En entesando sus saetas, luego sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe: Como el abortivo de mujer, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan las espinas, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Alegraráse el justo cuando viere la venganza: Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra” (Salmos 58.1 al 11 – RVR1909).

En Salmos 58 abunda el uso de simbología. También en muchas ocasiones hemos afirmado la insistente práctica bíblica de utilizar figuras literarias, símbolos y significados, que son claves o llaves para abrir la comprensión y el entendimiento. En el caso de enajenar es aturdir e interrumpir la quietud con la alteración del uso de la razón o de los sentidos. Descarriar es apartar del camino o de la conducta conveniente del deber. En ambos casos el ejemplo muestra la influencia externa del engaño y mentira, que por consiguiente perjudica al afectado. Tanto la matriz como el vientre, integran la fuente materna, con todo el proceso generador principal de la formación, desde el cigoto hasta el embrión, que luego pasa a denominarse feto. En estas condiciones de cigoto, embrión y feto, de ninguna manera hay impiedad. Lo mismo en las etapas siguientes de neonato al recién nacido, del período de lactancia en los bebés, infancia y niñez, antes de la etapa pre-juvenil. La impiedad surge desde la juventud (el subrayado es nuestro):


“Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. Y edificó Noé un altar á Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor de suavidad; y dijo Jehová en su corazón: No tornaré más á maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud: ni volveré más á destruir todo viviente, como he hecho. Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano é invierno, y día y noche, no cesarán” (Génesis 8.19 al 22 – RVR1909).

La impiedad es la ausencia de amor y respeto a lo sagrado, además de la carencia de sentimiento hacia el que padece o sufre desgracia. Esto es más posible en la condición cercana a la juventud, porque el intento del corazón del humano tiende a la maldad. Algunos consideran la existencia de un pecado original, pero si fuera así sería la indecisión de los ángeles que no tomaron partido, o sea, aquellos que no fueron arrastrados por el ángel caído, ni se mantuvieron fieles y leales a su Creador, sino que dudaron y vacilaron en la firmeza de obediencia y sujeción a Dios. Este tipo de indecisión ante Dios se manifiesta de forma generalizada en toda la humanidad actual, evidente en el comportamiento y conducta de las personas, salvo la excepción de ciertas minorías decididas a seguir fieles y leales a Jesucristo, quienes renunciaron a su propio libre albedrío para aceptar y reconocer como suyos el libre albedrío de Jesucristo, que dice a la humanidad (gentes): “Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. ¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?” (Lucas 12.54 al 56 - RVR1909).


Buscar, encontrar y observar, las explicaciones que ofrecen respuesta, a la causa, motivo, propósito o razón de esta pesadilla pandémica, es utilizar las herramientas o instrumentos espirituales de los anteojos y lupa de Jesucristo. Por cierto, en su misión y visión celestial, Jesucristo renuncia también a hacer su propia voluntad, para ejercer solamente la voluntad de Dios Padre: “Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y le apareció un ángel del cielo confortándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22.39 al 44 – RVR1909). Este es el libre albedrío de Jesucristo, renunciar a su propia determinación del albedrío para hacer solo la voluntad de Dios Padre. En el caso de la enseñanza y mensaje del evangelio transmitido directamente por Jesucristo, de ninguna manera es ideología, porque nunca fue las ideas propias de Jesucristo, sino que es la doctrina de instrucciones y procedimientos establecidos por Dios Padre.


Este tipo de enseñanza se compone de principios, valores y virtudes demostrados por Jesucristo con el ejemplo y modelo de vida cotidiana. Jesucristo menciona lo siguiente: “Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia” (Lucas 8.10 al 15 - RVR1909). En el transcurso del año 2019 y principios del 2020, se degeneró en demasía la sociedad contra los principios, valores y virtudes de Jesucristo, inclusive se realizaron manifestaciones y marchas, donde se deshonran símbolos de Dios Padre, el apoyo a las ideologías de muerte, la quema o rompimiento de Biblias, con las exigencias de excluir a Dios y de repudiar a Jesucristo con la corrupción y depravación. Ahora el aislamiento social y el distanciamiento por salud, posibilita la moderación y respeto de estas aglomeraciones y tumultos irreverentes.


Jesucristo fue muy claro, sin preocupación por la susceptibilidad de quienes penden su salvación y vida eterna. En su mensaje y palabra con autoridad, nunca titubea en dar a conocer el camino, en hacer saber la verdad y mostrar lo que realmente es vida. Hoy, el Coronavirus COVID-19 es el que domina por las calles y las ciudades. Dios ha impuesto su respeto y reverencia en todo el medio ambiente y la naturaleza en general. La restauración ecológica en el transcurso de esta pandemia, deja en evidencia y demuestra, que el mismo ser humano es el responsable del calentamiento global. Si el Coronavirus COVID-19 llega a ser como el virus del VIH/SIDA, que en cuarenta años todavía está sin tratamiento curativo o vacuna preventiva, tendremos que moderar nuestras vidas ante Dios por los próximos años. La sociedad en general de nuestros tiempos, que ha discriminado con su diario vivir y negado en su vocabulario, la dedicación, reconocimiento y santidad a nuestro Señor Jesucristo, entonces, tarde o temprano por la experiencia propia de las naciones, se comprueba y reafirma la existencia de los tiempos del fin. Por causa de la pandemia del Coronavirus COVID-19 se logra cautivar la atención mundial, para que surja un mayor interés hacia la vida espiritual y no tan solo apegada a lo pecaminoso y terrenal. Por medio del tiempo se logra confirmar si el ser humano con un cambio de normalización de vida, mejora el calentamiento global y cambio climático, para preservación del hábitat planetario, de lo contrario en lugar de una escalabilidad de lo normal del sistema social natural, a la nueva normalidad de la moderación del sistema de vida espiritual, vendrá la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo como un acontecimiento final de la escalabilidad del sistema espiritual al sistema de vida celestial.


37) El Coronavirus COVID-19 y el manejo de conflictos

El Coronavirus COVID-19 y el manejo de conflictos


El Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2 afecta la forma de vida e interacción social, por consiguiente la calidad y estilo de vida. Hay una controversia urgente y el inevitable manejo de conflictos entre la polaridad económica y de salubridad. La agresividad de este virus es su capacitad de camuflar y engañar con su estrategia asintomática, además del incremento de afectación con nuevos síntomas. Al parecer pueden surgir nuevos brotes desde lo interior de cada nación, al estilo del legendario “Caballo de Troya”, de forma camuflada, silenciosa y tomando por sorpresa a los habitantes. No existen fronteras ni muros que detengan la propagación del virus. Se dice que la nueva realidad mundial nos obliga a coexistir con el virus, además de la posibilidad de utilizar en cada temporada pandémica, las caretas transparentes, cubrebocas o su combinación de por vida. Se requiere una mayor conciencia de aprecio a la salud y la vida a nivel global, sumado a la creciente necesidad de bancos de alimentos gratuitos en todo el mundo. La nueva cultura global es la educación y fomento del compartir y donar. Ahora es más consecuente e imprescindible la práctica del altruismo y la filantropía para ayudar a los necesitados. La pandemia global del Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2, posiblemente se podría conservar por siempre como virus estacional, en el sentido de reaparecer cada año y provocar nuevas oleadas de circulación por el mundo, máxime con la migración laboral, turismo internacional y viajes por asuntos de negocios propios o trabajo asalariado, que son inevitables para la economía mundial. Además de los transportistas de alimentos, insumos, materias primas, mercancías y mobiliario en general, indispensables para la generación de comercio y empleo de cada nación.


El manejo de conflictos tiene relación con la capacidad de concertar o llegar a un acuerdo, donde se requiere la implementación de la administración, conducción y dirección en los desacuerdos entre personas. En el caso del manejo de conflictos a nivel social, implica una adaptación, ajuste o cambios, según las circunstancias, controversias y urgencias del momento, a través de las decisiones y medidas para bienestar y satisfacción del colectivo. Esto exige el control necesario frente a las amenazas del desempleo, catástrofes naturales, económicas de empobrecimiento, enfermedades sanitarias, escases alimentaria, falta de oportunidades educativas, seguridad ciudadana y social, entre otras que desafían el bienestar o vida de los involucrados. El mando encabezado para el manejo de conflictos, es la autoridad mediadora, poder convincente y expedito, o sea, pronto en la actuación y directriz consensuada entre sus integrantes. Prevalece el afecto, certeza, claridad, compromiso, comunicación, conciliación, condescendencia, confianza, cortesía, deferencia, diplomacia, equilibrio, experticia, formalidad, ingenio, integración, madurez, optimismo, persuasión, profesionalidad, razonabilidad, responsabilidad, seguridad, sensibilidad, seriedad y transparencia. También la flexibilidad, siempre y cuando sea sin temeridad. Además de una transmisión de la información confiable, creíble y veraz, búsqueda de la aptitud y compatibilidad de unir criterios. En un conflicto pueden intervenir las emociones, sentimientos y percepciones personales o entre personas, dentro de un grupo o entre grupos sociales, a lo interno de una nación o entre naciones.


El conflicto surge por la diferencia de análisis, opinión y pensamiento propio o en relación con los demás. Hay una diversidad de grados de conflictos y resoluciones según cada caso, pero en todos es indispensable su manejo con madurez y negociación, de la manera más efectiva y satisfactoria posible. El manejo de conflictos se hace indispensable para el diario vivir, porque la nueva normalidad de vida mundial, requiere el aislamiento y distanciamiento físico – social, de lo contrario si no hay un debido manejo de conflictos, estadísticamente el porcentaje de mortalidad oscila entre el cinco y el siete por ciento de la cantidad de contagios, excepto se cumpla responsablemente con las medidas sanitarias. ¿A cuál costo o precio de cantidad de vidas se pretende con el contagio colectivo provocado para la inmunidad de los habitantes? Aquí es donde se insiste en la importancia para los hábitos de la vida cotidiana, la disciplina de la personalidad, que abarcan el carácter y el temperamento. Se incluye las características de la idiosincrasia individual y social, para cumplir con las normas y protocolos sanitarios del aislamiento, distanciamiento y las buenas prácticas higiénicas. Además del sistema de principios, valores y virtudes determinantes para la calidad, estilo de vida saludable e interacción social sana. La influencia beneficiosa que se hace o se recibe, es bidireccional entre la colectividad, el individuo y viceversa.


La preparación para enfrentar las pandemias como la enfermedad COVID-19, incluye el área psicosocial en relación al comportamiento y la conducta, pero el componente psicológico del efecto de la pandemia, podría afectar en el individuo, la aflicción, angustia, ansiedad, claustrofobia, depresión, desánimo, desesperación, desmotivación, desmoralización, estrés, irritabilidad, miedo, temor, tensión, tristeza y violencia. La gobernabilidad del distanciamiento físico – social impone un crecimiento y fortalecimiento de la vida espiritual, la práctica del amor y el bien común: “Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad” (1 Juan 3.17 al 18 – RVR1909). Todo ser humano con ingresos fijos consolidados, puede compartir voluntariamente el tributo a Dios o diezmo solidario, para beneficio directo de quienes están a su alrededor, sin ningún tipo de ingreso de subsistencia. Este sistema posibilita un flujo directo de ayuda permanente entre el que tiene y el que no tiene nada, ya sean amistades, compañeros de estudio o trabajo, conocidos, familiares o vecinos. La nueva formalidad de vida con sus respectivos requisitos, que se han de ejecutar y observar responsablemente, posibilitan un aumento de la aceptación, amabilidad, austeridad, caridad, colaboración, compasión, consenso, cooperación, esperanza, generosidad, gratitud, humildad, modestia, misericordia, paciencia, pacificación, piedad, sencillez, solidaridad y voluntariedad.


Los valores comunitarios tienen su origen en Dios, como lo hemos demostrado bíblicamente en otras lecturas. La Biblia dice: “Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2.14 al 18 – RVR1909). Hay un debate acerca de la causa u origen de la imperante necesidad social de control y respeto total. Los acontecimientos sociales previos a la pandemia, manifiestan una anarquía y descontrol social, donde se requería una intervención divina. El conflicto humano contra la pandemia, posibilita en la humanidad un despertar de acercamiento hacia Dios. El enfoque de la accesibilidad, atención, cohesión, motivación, sentimientos, esfuerzo y unión con Dios Padre a través de su Hijo. Es hora de volver la vista hacia la sabiduría de Jesucristo el designado de Dios para el bienestar humano:


“¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz” (Santiago 3.13 al 18 – RVR1909).

El surgimiento de tipos de cepas con diferentes resistencias, requerirán nuevos tratamientos curativos y vacunas preventivas. Máxime la posibilidad de nuevas cepas o mutaciones de mayor peligrosidad. El manejo de conflictos en la apertura de la normalidad o según se le llama la desescalada, trae el debate de la preservación de la vida, entre la prioridad en la economía para la adquisición alimentaria y de servicios vitales, o la salud para evitar la enfermedad. Además entre el estilo de vida social antigua o la nueva moderación de vida espiritual, sin aglomeraciones festivas y de entretenimiento multitudinario. Lo que no es urgentemente necesario e impostergable para la subsistencia. Aunque la curva de contagio se aplane o baje, la cantidad de personas expuestas al virus, es mínimo en comparación a la totalidad de la población en cada país. Esto significa que tarde o temprano, habrá personas que por primera vez se exponen al contagio, con la posibilidad de nuevas oleadas que circulen en la interacción entre personas. Se vuelve un círculo vicioso interminable, en un tiempo indefinido y de contagio exponencial. Toda esta situación conmueve el corazón del ser humano hacia la oración, reflexión y súplica, mientras que otros han incrementado el delinquir con maldad y violencia, en claro desafío e irreverencia ante Dios. En cierta ocasión en el pasado dijo Dios lo siguiente: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar” (2 Crónicas 7.13 al 15 – RVR1909).


Es común en la dimensión natural una reacción secular del mundo con omisión de lo espiritual, por ejemplo, las expresiones ¡saldremos adelante!, ¡todo pasa! Mientras tanto en la dimensión espiritual las mismas expresiones son las siguientes: ¡saldremos adelante si Dios quiere o si Dios lo permite!, ¡todo pasa si Dios quiere o si Dios lo permite! La Biblia dice: “Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él. Mas no en todos hay esta ciencia: porque algunos con conciencia del ídolo hasta aquí, comen como sacrificado á ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada” (1 Corintios 8.5 al 7 – RVR1909). Es un asunto de conciencia, el Coronavirus COVID-19 es consecuencia de nuestras acciones y decisiones, especialmente la exclusión de aceptación, dedicación y reconocimiento a Jesucristo, según los especialistas en escatología debido al tiempo del fin. Al respecto hay abundancia de intérpretes, tanto de la ley como de la profecía. En nuestro caso resumimos como acontecimiento global la Edad del Calentamiento Global, seguido de la segunda venida de Jesucristo. Algunos inclusive científicos prominentes e investigadores, alegan que el Coronavirus COVID-19 es respuesta al mismo calentamiento global y al cambio climático.


Las siguientes palabras de Jesucristo se cumplen fielmente y finalmente mediante el Internet: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.14 – RVR1909). Ya tenemos el calentamiento global inevitable, en relación con el aumento de la industrialización para dar abasto a la creciente sobrepoblación, la afectación de los procesos naturales del agua, el deshielo en las regiones frías y periféricas glaciares, la falta de agua potable indispensables para el lavado necesario contra la pandemia COVID-19, las consecuencias de la afectación en el proceso planetario de polinización, el cambio climático, la contaminación ambiental, la deforestación y efecto invernadero. Ahora el auge del poder del Internet, como medio de subsistencia para el comercio en línea, educación virtual, gestiones y trámites bancarios, pago de servicios públicos, redes de comunicaciones, reuniones laborales, telemedicina y teletrabajo, televisión y videoconferencias. Toda esta importancia del Internet, sin importar el dispositivo utilizado, sean celulares, computación fija, portátil o tabletas, móviles, pantallas o satelitales, preparan el camino final iniciado por la radio y televisión tradicional, en la predicación de Jesucristo en todo el mundo, entonces vendrá el fin en su segunda venida y todo ojo le verá: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén” (Apocalipsis 1.7 – RVR1909).


Mantenemos cierta cautela o reserva de interpretación, cuando algunos asocian una gran tribulación con una hambruna mundial: “Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24.21 al 22 – RVR1909). La hambruna y otros acontecimientos mencionados por Jesucristo, los indica como principios de dolores: “Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principio de dolores” (Mateo 24.6 al 8 – RVR1909). En nuestro caso según el contexto vivido o situación contemporánea, preferimos las siguientes expresiones: ¡saldremos adelante porque en Jesucristo confiamos!, ¡todo pasa porque en Jesucristo confiamos! Esta expresión está más acorde en alusión a la segunda venida de Jesucristo, para el cumplimiento de la trascendencia de la dimensión espiritual a la dimensión celestial. En este caso, referente al tiempo del fin, la segunda venida de Jesucristo es el acontecimiento identificado como el fin, o sea, cuando se dice el tiempo del fin se refiere al tiempo de la segunda venida de Jesucristo, quien viene a cambiar y solucionar el sistema de vida con la resurrección y transformación a cuerpo celestial: “Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado” (1 Corintios 13.10 – RVR1909).


Los tiempos actuales obligan una nueva comprensión de la Biblia en la Edad del Calentamiento Global, esta es la época que nos corresponde vivir, nuestro énfasis es Jesucristo como el centro de la ley y de la profecía. Evadir nuestro compromiso y responsabilidad con Cristo es tener un síndrome del avestruz, como figura alegórica de ignorar y actuar con indiferencia a las señales en torno a la segunda venida de Jesucristo. No debemos, en el buen sentido del “deber”, esconder la cabeza como se dice simbólicamente del avestruz, para invisibilidad de la acción y exclusión del enfoque de la fe en Jesucristo. Todo lo contrario, hay que incluir y visibilizar a Cristo en la sociedad civil. La mayor figura pública que ha visto nacer la historia de la humanidad es Jesucristo, como mensajero y representante de Dios Padre el Creador. Esconder, ocultar o rehuir nuestro compromiso y responsabilidad con Cristo, es negar al Salvador designado por Dios Padre, como el enviado, mensajero y vocero de su palabra divina, es excluir al Padre mismo que le da la autoridad a su Hijo. Las excusas o pretextos sobrenaturales de noticia mundial, de ninguna manera justifican los distractores o ruido para distorsionar nuestro deber hacia Jesucristo.


Toda la descripción en el párrafo anterior, tiene relación con la negación de los conflictos, donde se tiene absoluta dependencia a la intervención de ayuda de Dios, por consiguiente se requiere una habilidad espiritual, para el manejo de conflictos y enfrentar la crisis cotidiana, de la gravedad pandémica. La tendencia actual en la sociedad es desasociar la relación entre espiritualidad y religión. La religiosidad del fanatismo, odio y rivalidad religiosa, denigra y desprestigia la verdadera religión de amar al necesitado, ayudar y proveer para el huérfano, la viuda, el hacer el bien y el evitar el mal: “Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo” (Santiago 1.26 al 27 – RVR1909). El manejo de conflictos entre lo espiritual, religioso y secular, establece a Cristo como iglesia en lugar de religión, o sea, Cristo es iglesia pero no es religión. La iglesia es la unidad de fe en Cristo, la iglesia tiene como vínculo común a Cristo, el bien común de la iglesia es Cristo. La iglesia sigue obediente a Cristo, los religiosos defienden y siguen fieles a su propia religión.


La iglesia que es Cristo está inmersa en el fraccionamiento cristiano, en otras palabras, Cristo es el mismo para todas las comunidades cristianas, congregaciones, denominaciones, iglesias asociadas, iglesias clandestinas, estatales o legalizadas, iglesias formales e informales, iglesias institucionales, iglesias no tradicionales y tradicionales y religiones cristianas. El ingrediente de la religión es humano, el ingrediente de la iglesia es Cristo. La religión se rige por sus propias normas y reglas, la iglesia se rige por los principios, valores y virtudes de Cristo. La doctrina de la religión la establecen sus líderes y concilios religiosos, la doctrina de Jesucristo es la palabra directa y voluntad de Dios Padre: “Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero: Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas á la iglesia, La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos” (Efesios 1.21 al 23 – RVR1909). Si existe un nivel más elevado de espiritualidad, el mismo es directamente la relación auténtica y personal con Jesucristo. La pandemia global del Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2 vino a quitar la religión a todo el mundo. La religión se puede ejercer sin Cristo, la iglesia se practica solo mediante Cristo.


La iglesia de ninguna manera es el edificio terrenal, la iglesia es el conjunto de practicantes y seguidores del ejemplo y modelo de vida de Cristo: “… así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo. Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo,... así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5.23 al 27 – RVR1909). Los templos y edificaciones eclesiásticas quedaron cerrados, ya sea voluntariamente o por órdenes sanitarias, inclusive en algunos casos clausuradas por mandato estatal, gubernamental o municipal. Mientras tanto en los comunitarios, congregantes, creyentes, integrantes y feligreses se fortalece y refuerza el sentido común y propósito de la vida en Cristo. Rebajar a Jesucristo a nivel de la religión, es igualar su preeminencia y trascendencia a cualquier tipo de religión. Esto es contraproducente a lo determinado y establecido por Dios Padre, contrario a su designio y voluntad. Jesucristo es exclusivo y único para todo ser humano.


Una simbología es el uso del cubrebocas generalizado en la mayoría de naciones a nivel mundial, tiene una representación de figura alegórica ante Dios, simboliza el respeto y reverencia ante la voluntad de Dios, especialmente en la aceptación, dedicación y reconocimiento de Jesucristo como la autoridad delegada por Dios Padre. Es tiempo de reformular y repensar nuestro comportamiento y conducta ante la voluntad celestial. La Biblia dice que calle delante de él toda la tierra:


“Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra. Oración de Habacuc profeta, sobre Sigionoth. Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí: Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia. Dios vendrá de Temán, Y el Santo del monte de Parán. (Selah.) Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza. Y el resplandor fué como la luz; Rayos brillantes salían de su mano; Y allí estaba escondida su fortaleza. Delante de su rostro iba mortandad, Y á sus pies salían carbones encendidos. Paróse, y midió la tierra: Miró, é hizo temblar las gentes; Y los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron á él. Sus caminos son eternos. He visto las tiendas de Cushán en aflicción; Las tiendas de la tierra de Madián temblaron. ¿Airóse Jehová contra los ríos? ¿Contra los ríos fué tu enojo? ¿Tu ira contra la mar, Cuando subiste sobre tus caballos, Y sobre tus carros de salud?” (Habacuc 2.20 al 3.8 – RVR1909).

38) Buscando la libertad en Jesucristo en los últimos tiempos

Buscando la libertad en Jesucristo en los últimos tiempos


En estos tiempos de pandemia vivimos la Época del Imperativo Moral que apunta urgentemente hacia una “Cristocracia”, en el sentido de la autoridad, control o sistema de Cristo en nuestras vidas, especialmente en relación con los principios del reino de los cielos o reino de Dios entre nosotros. Esto representa la transformación social a los principios, valores y virtudes de Jesucristo, quien representa el amor y justicia divina. Ninguno se equivoque, porque según la determinación de Dios Padre el centro de todo lo creado es Jesucristo. Dios ostenta el atributo y la autoridad de Creador y Supremo, aunque culturalmente algunos traten de negar su existencia y potestad, especialmente cuando se niegan los méritos de su Hijo. La verdadera apología o defensa es la que se hace para alabanza, exaltación y honra de Jesucristo. La sociedad por lo general vive solamente como habituada a este mundo, sin dar importancia a la vida venidera, acerca de la vida eterna para el servicio a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo. Hemos abandonado la verdadera libertad de amistad, confianza e intimidad con Jesucristo, pero ahora con la nueva normalidad social, prevalece el amor y el bien común promovido por Cristo. Su ejemplo y modelo de vida, demuestran que el Señor es nuestra gloria y digno de toda honra. Lo mejor que le puede pasar a un ser humano en este mundo, es llegar a ser amigo de Jesucristo, en su relación íntima y personal: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (Juan 15.12 al 15 – RVR1909).


La amistad sí existe con Jesucristo, así como Abraham se hizo amigo de Dios: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2.20 al 24 – RVR1909). Abraham es probado en su auténtica amistad con Dios, su confianza y seguridad en el amor y fe a Dios es confirmada. La fe se actúa y de ninguna manera es ciega, se piensa y se reflexiona, se perfecciona en Abraham mediante su demostración por las obras resultantes de la fe. Pero esta amistad de la fe de Abraham nunca será la misma amistad del mundo. La Biblia dice: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4- RVR1909). Según este análisis, ¿cuál es la relación actual de amistad, entre la sociedad mundial con Jesucristo? Máxime cuando Jesucristo mismo dice que él era desde antes de Abraham, por lo tanto, hace mención de su preexistencia: “Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8.58 – RVR1909). ¿Cuál es la observación del mundo contemporáneo a Jesucristo? La Biblia dice: “Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?” (Marcos 1.27 – RVR1909).


Entonces, ¿cuál es la relación actual del mundo con Jesucristo? La Biblia dice: “Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo” (Hebreos 1.1 al 2 – RVR1909). Queda demostrado con la evidencia de la enfermedad COVID-19, que la dirección conductual del mundo entero, tiene que replantear su relación con el Señor de Gloria y Honra. Los últimos años presentaron una diversidad de movimientos sociales, que la pandemia del virus COVID-19 fuerza a la moderación y sosiego. Ahora estamos en el movimiento dirigido por Dios el Creador y dueño de todo lo existente, porque la preeminencia actual es volver la mirada hacia su Hijo, a quien Dios establece como el heredero de todo: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra” (Salmos 2.7 al 8 – RVR1909). El Apocalipsis o Revelación dice lo siguiente: “… El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza” (Apocalipsis 5.12 – RVR1909). Después de la legalización en varios países del aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, llegó la pandemia del Coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2. Por ejemplo, Dios en su palabra prohíbe la fornicación: “Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios” (Hebreos 13.4 – RVR1909). La sociedad civil con su legislación ha deslucido y eliminado el atractivo del matrimonio, ahora la unión que antes se consideraba fuera del matrimonio, se ha legalizado e igualado al matrimonio, de tal manera que se formalizó la fornicación dando oficialidad y respaldo legal como matrimonio de igualdad civil. Lo mismo en el caso de la legalización del aborto.


Las llamadas conquistas o derechos sociales de los últimos años, donde se promueve que cada quien haga lo que quiera con su cuerpo, contrastan con lo espiritual, sin compromiso y responsabilidad ante Dios, de lo contrario estarían acorde con su palabra y voluntad. El mundo está muy confundido y desorientado ante Dios. El mal ejemplo de una legislación nacional lo sigue consecutivamente otras naciones. Semejante al mal ejemplo de algunas personas, lo siguen otros como sistemas de modas: “Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová” (Levítico 19.28 – RVR1909). Las corrientes del mundo están inmersas en ausencia de criticidad y desinformación, sin censura a las acciones y conductas impropias, indignas e infames, contrarias a la santidad suprema de Dios. La humanidad ha desafiado y retado a Dios, pero ha tenido que hincar su rodilla ante la pandemia que nos tiene sitiados, porque este virus nos ha cercado y cerrado todas las salidas. Esto requiere un análisis y pensamiento de fondo en profundidad, con un replanteamiento sobre nuevas bases del adoctrinamiento directo y original de Jesucristo. ¿Por qué socialmente se deshonra a Jesucristo y estamos al límite del tiempo de su segunda venida? Porque la humanidad ha sido probada reiteradamente en el transcurso de su historia, en espera de un auténtico y genuino arrepentimiento, conversión y resarcimiento, pero los humanos siguen sin un cambio consciente y verdadero. La pandemia COVID-19 o SARS-CoV-2 es una llamada de atención, para que el ser humano despierte del sueño de desobediencia, reaccione con rectificación de su conducta y reivindicación de su vida. Además que logre comprender y entender a plenitud su propósito esencial y vital, en su dimensión natural, espiritual y celestial en el hábitat del planeta, con la responsabilidad debida ante Dios. El mensaje recibido desde el medio ambiente, no es transmitido por la naturaleza creada, sino que es un aviso y advertencia directamente del Creador.


Dios no quiere la muerte espiritual del que muere en pecado: “Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertíos pues, y viviréis” (Ezequiel 18.32 – RVR1909). Ahora, Dios ha pasado por alto la actitud pecaminosa del mundo, en espera de una transformación de la forma o manera de ser: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17.30 al 31 – RVR1909). Se deshonra a Jesucristo cuando se desestima su ejemplo y lucha contra el pecado: “Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca” (1 Pedro 2.21 al 22 – RVR1909). Jesucristo ha demostrado como humano la obediencia incondicional a Dios Padre: “El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen” (Hebreos 5.7 al 9 – RVR1909).


Jesucristo nos liberta del pecado, por consiguiente de la muerte espiritual: “¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.21 al 23 – RVR1909). Esto significa que el ser humano en la dimensión natural, la práctica del pecado le impide trascender a la espiritual, porque por el pecado es muerto sin accesibilidad en términos espirituales:


“Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos” (Efesios 2.1 al 5 – RVR1909).

Por esta razón el que es solo natural, no entiende ni puede entender lo espiritual: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR1909). Lo que pasa es que glorificar y honrar a Jesucristo se hace sin practicar el pecado, porque la dimensión natural está apegada a lo terrenal, pero escalar a lo espiritual requiere alabanza, adoración, consagración, dedicación, exaltación, glorificación, honra, pacificación, reconocimiento y santificación: “Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios” (Romanos 8.5 al 8 – RVR1909). Jesucristo con su muerte en la crucifixión vence tanto al pecado como a la muerte:


“Empero vemos coronado de gloria y de honra, por el padecimiento de muerte, á aquel Jesús que es hecho un poco menor que los ángeles, para que por gracia de Dios gustase la muerte por todos. Porque convenía que aquel por cuya causa son todas las cosas, y por el cual todas las cosas subsisten, habiendo de llevar á la gloria á muchos hijos, hiciese consumado por aflicciones al autor de la salud de ellos. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos: por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Hebreos 1.9 al 11 – RVR1909).

Jesucristo fue claro al decir a las personas que no pecaran más: “Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más. Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.9 al 12 – RVR1909). También dice la Biblia: “Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado” (Juan 5.14 al 15 – RVR1909). Quien no comprende y entiende el fondo en profundidad de la enseñanza, mensaje y palabra de Dios, entonces ignora las Sagradas Escrituras y el poder de Dios. Porque el Padre es Dios de vivos y no de muertos, algunos habituados a esto, nacen, crecen, procrean y mueren sin ningún interés ni instrucción en realizar la lectura de la Biblia:


“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina. Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una” (Mateo 22.29 al 34 – RVR1909).

Así que el ser humano practicante del pecado, ya no tiene más excusa, frente a la demostración de Jesucristo como humano, en carne y sangre: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo, Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre” (Hebreos 2.14 al 15 – RVR1909). La evasión, indiferencia, negación y rechazo a Jesucristo, por medio de la práctica del pecado, es aborrecimiento, o sea, aversión, odio y repugnancia hacia Jesucristo y su Padre: “Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece, también á mi Padre aborrece” (Juan 15.22 al 23 – RVR1909). Así algunos cambian lo malo y lo hacen pasar por bueno, como está escrito: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5.20 – RVR1909). La auténtica y verdadera libertad es la que ofrece Jesucristo, el mundo se desboca en defensa por el libertinaje del desenfreno de la conducta, en el borde del despeñadero de la cultura de la muerte, en el precipicio de los tiempos del fin: “He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre; y el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor. Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes” (Isaías 13.9 al 11 – RVR1909; Mateo 24.29 al 30; Apocalipsis 6.12 al 17).


39) La meditación, oración y reflexión, como preparación para el tiempo del fin

La meditación, oración y reflexión, como preparación para el tiempo del fin


Las personas muchas veces planean sus vidas en relación con el domicilio, estudio, familia, ocupación, trabajo, vacaciones, entre otros. En el caso de lo espiritual proyectado a lo celestial, la preparación para el tiempo del fin, es determinante en la misión del propósito y razón de ser de la persona en la vida presente, con la visión puesta en la condición futura deseada en la vida eterna. El tiempo del fin para una persona puede ser su duración de vida o longevidad, pero se podría cumplir con el fin del sistema mundial a la segunda venida de Jesucristo. Esto es indispensable para tener una coherencia adecuada, conveniente y correcta, en la espiritualidad correspondiente del ser humano, en armonía, conexión y sintonía, frente a la comunicación con Jesucristo como mediador ante Dios Padre. La barrera psicológica afecta y altera la transmisión emisor – receptor, en la codificación y decodificación del mensaje entre la humanidad como creación y Dios como su Creador. Por ejemplo, el distractor y ruido provocado por las costumbres y construcciones culturales que distancian al ser humano de Dios. Algunos tienen la creencia de vivir por vivir, sin necesidad de consagración y santificación a Jesucristo, por consiguiente el pensamiento de que ser santo es imposible o una utopía irrealizable. Sus vidas tienen una visión limitada, sin provisión más allá de esta vida, sin anhelar la salvación y vida eterna. No creen en la acción divina inherente a la trayectoria de vida de la experiencia humana.


En la crisis actual de la pandemia, se muestra una diversidad de factores mentales en las personas, que les imposibilita la comprensión y entendimiento con claridad del conocimiento, idea y plan de Dios. En el caso de la bondad, generosidad y solidaridad se contrasta con la altivez, egoísmo y prepotencia, como barrera de espiritualidad en la comunicación con Dios. Las personas espirituales son sensibles y poco apegadas a lo material del beneficio propio, pero espléndidas en ayudar y compartir para el bien común. Estas personas son proactivas que también aplica en lo espiritual, tienen la capacidad de iniciativa de anticipar y reaccionar a los hechos, con compromiso, decisión y responsabilidad. Se considera la proactividad como la actitud de mejorar y superar constantemente, cuando se mide las consecuencias y se actúa con la disposición de enfrentar cualquier situación, para resolver y aportar soluciones eficientes. Hay una relación con encontrar el sentido a la vida activa en la colaboración, cooperación, solidaridad y voluntariedad. La barrera del ofuscamiento en la comunicación efectiva, se presenta cuando hay un incremento de incertidumbre y preocupación, debido a la confusión de las ideas por la oscuridad de la razón, con la consecuente desorientación, equivocación y turbación. Se manifiesta mayormente a través de la irresolución y perplejidad de la duda de lo que se debe hacer en una determinada situación.


Es fundamental en estos casos potencializar la capacidad de saber escuchar y hacer. A nivel colectivo se presenta lo socio – emocional, que integra lo físico – mental del individuo con otros individuos en el ámbito de la sociedad. Se involucra lo que llaman el aprendizaje, educación y mejora continua, en cada persona y en la sociedad en general. Aunque hay una autonomía e independencia en la comprensión, compromiso y responsabilidad del ser humano, cada persona tiene una interdependencia con los demás, de igualdad en la correspondencia y reciprocidad. Esto se demuestra con la situación de la pandemia del COVID-19, donde se utiliza el aislamiento, cubrebocas y distanciamiento para evitar esparcir el contagio entre personas. El Coronavirus no discrimina a nadie y nos hace más iguales a todos los seres humanos como nunca antes visto. Lo socio – emocional nos ayuda a ser personas más colaborativas, cooperativas y serviciales, en nuestras interacciones cotidianas con otras personas, donde se requiere una mayor comunicación empática, para comprender las emociones ajenas y una auténtica identificación con los demás.


Nos renovamos y volvemos a Dios con decisión y obediencia, con la meditación cotidiana y piadosa de las Sagradas Escrituras, como alimento espiritual para nuestras vidas. Las mismas representan un sistema de principios y valores que nos centran, enfocan y ubican en Jesucristo, para salvación y vida eterna. Hay un arrepentimiento, conversión y resarcimiento, para volvernos al amor, fidelidad, lealtad y servicio a nuestro Señor. La naturaleza humana se cambia a espiritual mediante Cristo, para llevarnos al camino del conocimiento celestial, como enviado de Dios Padre. Esta meditación en la palabra de Dios, a través de Jesucristo, es una fuente de poder energética del Espíritu Santo, sumado a la práctica de la comunión en oración: “Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos” (Romanos 8.26 al 27 – RVR1909). La paz interior y serenidad, sin turbación física, mental o moral, se logra con la meditación, oración y reflexión espiritual en Cristo. Porque la persona se enfoca en Jesucristo, como fuente de vida abundante para salvación y vida eterna, especialmente por la confianza, convicción y seguridad, de haber encontrado y saber que Cristo es a quien buscaba, para alcanzar el amor, esperanza y fe, especialmente la felicidad de ser parte del amor de Dios.


La salud físico – mental colectiva e individual es necesaria para una buena relación socio – emocional, con el resultado de un mejor control de la ansiedad y del estrés. Especialmente para prevenir ciertos niveles del desánimo y depresivos. El dolor social provocado por la pandemia, podría generar la aflicción y sentimiento de haber ofendido, primeramente a Dios y seguidamente al prójimo. Es un arrepentimiento y pesar de nuestras acciones, de la omisión del bien y de la práctica del mal. Por esta razón, siempre hemos afirmado que no basta con la dimensión de lo natural, es indispensable actuar y mirar la trascendencia hacia lo espiritual, tener muy en claro el compromiso con los principios, valores y virtudes de Jesucristo. Aquí es donde se hace indispensable la meditación, oración y reflexión, para una vida saludable, inclusive para comer el tipo correcto de alimentos y lograr una armonía sana en el organismo. Ejercitar la paciencia, se fortalece y robustece una firme salud emocional. El desarrollo y disciplina mental, la exploración en profundidad de la Biblia, con pensamiento analítico y sentido crítico, el lenguaje claro, conciso y sobre todo respetuoso.


El Internet se complementa a la radio y televisión, como medios poderosos de transmisión de valores, especialmente el evangelio de Jesucristo hasta lo último de la tierra. La combinación del auge del Internet con el desarrollo del calentamiento global en proceso, contribuyen al cumplimiento profético previo de la segunda venida de Jesucristo. La historia de la humanidad en los últimos aproximadamente seis mil años, se dividen en la Edad de la Agricultura y Ganadería, la Edad Industrial y de Telecomunicaciones, la Edad del Calentamiento Global y próximamente la Edad Definitiva del Reino Celestial. Debido a la influencia global de las actividades humanas en el cambio del clima, especialmente por su afectación al medio ambiente, algunos alegan su origen antropogénico, desde el punto de vista geológico y en el sentido de las actividades de influencia humana en detrimento de las capas terrestres del planeta. Esta afectación mundial sumada a la concordancia con el tiempo del fin, hacen urgente el clamar e invocar el nombre de Jesucristo como mediador ante Dios Padre, para rogar por su ayuda e intervención.


La humanidad culturalmente y socialmente hace del cristianismo un estereotipo o estigma repulsivo, así es como revolucionariamente luchan contra otros tipos de discriminación, pero discriminan a Jesucristo para evadir todo compromiso y responsabilidad ante Dios Padre. Previo a la pandemia COVID-19 o SARS-CoV-2 en el año 2019, se propagó la persecución a los cristianos con violencias consideradas a nivel de genocidio. También una oleada de contagios en las legislaciones de muchos países, con la aprobación de leyes que promueven comportamientos y conductas anticristianas, conocidas como la cultura e ideología de la muerte. Cuando se persigue a la iglesia cristiana se persigue a Jesús mismo, tal fue el caso de Saulo conocido posteriormente como Pablo:


“Y Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem. Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús á quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9.1 al 5 – RVR1909).

Se dice que sin finalizar la primera oleada del Coronavirus en el mundo, ya hay indicios de otras oleadas consecutivas de la pandemia. Posiblemente este virus COVID-19 va a ser más agresivo, esto implica mejorar tratamientos curativos y vacunas preventivas. Hay que esperar la evolución del mundo frente a este peligro sanitario, con las consecuencias económicas y psicosociales, en relación con el comportamiento y la conducta humana. La hipótesis o teoría es que Dios tiene el control de lo que sucede, porque la tendencia de las naciones es discriminar, excluir y marginar a Dios mediante las legislaciones y revoluciones culturales, llamadas libertarias y progresistas, confundidas muchas veces con la anarquía y libertinaje. Los acontecimientos mundiales constituyen un pronunciamiento de Dios, quien determinará su última palabra en el destino final del planeta, máxime porque según las Sagradas Escrituras estamos en el tiempo del fin. La evidencia que comprueba la validez de cualquier tesis, serán los hechos reales de los sucesos enfrentados por el planeta.


Hasta ahora los hechos demostrados por las corrientes gobernantes del mundo, es la falta de consagración, dedicación, reconocimiento y santificación a Jesucristo. De ninguna manera hay rendimiento de cuentas por el rumbo discriminatorio e intolerante hacia Jesucristo, especialmente la actitud despectiva a la sangre derramada por Cristo en su crucifixión: “¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Sabemos quién es el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10.29 al 31 – RVR1909).


Los principios y valores correctos arraigados en nuestro corazón y mente, desde la interioridad con fuerza y profundidad, se manifiestan y reflejan hacia lo externo con la coherencia de vivir una vida de integridad. Se logra la excelencia de vida consagrada a Dios. Esto produce la armonía, paz y santidad de bienestar y salud espiritual, con la trascendencia desde la dimensión natural a la dimensión espiritual. Se concluye que esta vida no es del todo vida, sino una transición temporal, limitada por espacio y tiempo, a la verdadera vida intemporal, la vida celestial y eterna. Por lo tanto, el objeto o propósito de la vida presente tiene relación con la meta de formar parte del séquito celestial. Lo que llaman elevarse por encima del plano animal, carnal, diabólico y terrenal: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3.14 al 16 – RVR1909). El ser humano se aferra y apega a lo terrenal, mientras tanto, Jesucristo es quien representa el conocimiento celestial: “El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es” (Juan 3.31 – RVR1909).


La humanidad desprecia al Hijo de Dios, se dice que de cada siete o casi ocho personas del mundo, solamente dos o a futuro tres se hacen llamar cristianos. Esto representa tan solo un veinticinco por ciento, o sea, la cuarta parte de la población mundial en la actualidad, proyectado hasta un treinta por ciento a futuro. La siguiente parábola de Jesús menciona ciertas proporciones entre creyentes y solo oyentes (el subrayado es nuestro): “Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas... Y los de junto al caminoY los de sobre la piedra... Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia” (Lucas 8.10 al 15 - RVR1909). Lo que pasa es que la tendencia del humano es trastornar los caminos rectos del Señor: “Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (Hechos 13.8 al 10 – RVR1909).


Inclusive se antepone la voz del mismo humano sin dar la gloria a Dios: “Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles. Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y espiró comido de gusanos” (Hechos 12.21 al 23 – RVR1909). Estas actitudes presentadas en individuos se generalizan en la sociedad mundial, basta con saber la información estadística de la persecución sufrida por los cristianos, a nivel de genocidio en todo el mundo actual. La dimensión espiritual y celestial requiere el empoderamiento en el Señor Jesucristo. La dimensión natural por sí misma, sin el poder de Dios de ninguna manera puede trascender finalmente a lo celestial. Solamente con el don de Dios podemos alcanzar perfección y santidad, con la debida coherencia en los principios y valores de Dios, en lo que se refiere a la vida como última instancia y de importancia suprema. La fuente que nos inspira y eleva es Jesucristo. La Biblia menciona lo siguiente: “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero” (Hechos 8.20 – RVR1909). Se dice que fuimos seres celestiales que venimos al mundo a vivir una experiencia humana, de manera que ya hay un conocimiento previo, donde ningún ser humano queda impune de cualquier indecisión y desobediencia. En este sentido no hay acepción de personas para con Dios. La Biblia dice:


“Porque no hay acepción de personas para con Dios. Porque todos lo que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados: Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados. Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo” (Romanos 2.11 al 16 – RVR1909).

Jesucristo es quien le da capacidad, fe y sentido a la vida del justo. La Biblia hace referencia del justo, en alusión al ejercicio de la fe y justicia con exactitud y precisión. La práctica eficiente de la justicia en el justo maximiza el poder del resultado de la oración: “Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. Elías era hombre sujeto á semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5.16 al 18 – RVR1909). La vida requiere un equilibrio con sabiduría, tener bien claro los principios y valores, con un compromiso y responsabilidad de practicar los mismos. La sabiduría consiste en el buen juicio y conocimiento profundo del temor a Dios: “Oirá el sabio, y aumentará el saber; Y el entendido adquirirá consejo; Para entender parábola y declaración; Palabras de sabios, y sus dichos oscuros. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1.5 al 7 – RVR1909).


En el caso de la fe está ligada a la consciencia de la invocación del nombre de Dios. La fe es certeza, confianza, convicción y seguridad en Dios. La fe es comprender y entender a Dios, con el efecto de una respiración de serenidad y tranquilidad, sin turbación física o moral, debido a la confianza y creencia en Dios. La fe se ejerce con el corazón y la mente, implica la actitud, emoción y sentimientos. La fe integra la personalidad con el carácter y temperamento. La intensidad de la fe tiene relación con la fuerza de unir o ligar a Dios, originalmente influenciada por la religión. En relación con invocar el nombre de Dios, se establece que su representación está en el nombre de Jesucristo, el nombre del Hijo de Dios que está por sobre todo nombre entre los seres humanos. En las últimas décadas la tendencia mundial en muchas naciones es legislar en contra de la fe y la invocación del nombre de Dios. Legislaciones en proceso en el mundo, referente al aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, entre otros, están pendientes por la conmoción de la pandemia del coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2. Hay que esperar el destino final del planeta, en lo económico y psicosocial, especialmente en el comportamiento y la conducta. Además de la expectativa futura de la llegada de nuevas cepas, pandemias y virus más contagiosos y letales. Posiblemente la nueva normalidad social sea el imprescindible e indispensable temor a Dios, congruente con la imperante moral y buenas costumbres.


El ser humano en su relación directa con Dios, tiene una conexión consciente del conocimiento de lo que hace y piensa, en función de la obediencia, respeto, reverencia y sumisión, más relacionados con el temor a Dios. La consciencia es un medio de cohesión de energía, enlace y fuerza de atracción del ser humano con su Creador: “Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida: De lo cual distrayéndose algunos, se apartaron á vanas pláticas; Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman” (1 Timoteo 1.5 al 7 – RVR1909). Otro término que también aplica en lo espiritual es la sinergia, o sea, la acción conjunta para el logro de un fin común y un mismo resultado, hay un mayor alcance de la influencia en la unión del trabajo en equipo. Jesucristo es nuestro núcleo central, donde se agregan y adhieren fuertemente sus discípulos para formar un todo. Jesucristo es el proveedor del agua viva donde todos bebemos y saciamos nuestra sed espiritual, con la confianza y seguridad en la fuente de vida abundante. Ahora podemos ver a Jesucristo con una visión clara y sin ningún tipo de distorsión. En nuestro Señor podemos ver reflejado nuestro propio ser:


“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15.1 al 11 – RVR1909).

La gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo, el amor en Cristo Jesús, el amor de Dios Padre y su fuerza y poder del Espíritu Santo sea con vuestra intención de espíritu. Amén. Escrito y recopilación con amor por un servidor, Frederick Alberto Mora Quesada en https://www.neobiblismo.org/