LOS TRES TIPOS DE CONOCIMIENTO



Basado en la Biblia Versión Reina - Valera
Revisión de 1960 (RVR60)

LOS TRES TIPOS DE CONOCIMIENTO


La vida posibilita la existencia de tres tipos de conocimiento, básico o elemental, intermedio y superior, a saber, en el mismo orden: natural, espiritual y celestial. En este análisis se espera afectar lo menos posible la susceptibilidad del lector, sin embargo, para identificar y reconocer el conocimiento de dimensión celestial, es necesario tener en claro en qué consiste el conocimiento natural y su contraparte el conocimiento espiritual. En el caso de lo natural, involucra el apego a lo carnal y al pecado; quien de nosotros que pretenda alcanzar salvación y vida eterna, a nivel celestial, podría sentir alusión y ofensa con el siguiente texto de la Biblia:


“y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),... y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición” (2 Pedro 2.7 al 12 – RVR60).

La condición de Lot en el conocimiento es muy diferente, en comparación con los moradores a su alrededor que no entienden lo espiritual, por causa de la incompatibilidad, menos pueden alcanzar o asimilar lo celestial. En la actualidad, ¿cuál conocimiento hace la diferencia y tiene sentido hacia lo celestial? La Biblia dice: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo...” (2 Pedro 2.20 – RVR60). La diferencia está en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, en el caso de Lot, ¿cuál es la clase o tipo de conocimiento? Lot practica un conocimiento por encima al de los moradores de su entorno, pero había un conocimiento superior al de Lot, que era el demostrado con la fe y justicia de Abraham.


Los moradores inmersos en la práctica de la injusticia y maldad, en el conocimiento natural, se apegan a lo terrenal, mientras que Lot es justo y por consiguiente con su justicia demuestra el conocimiento espiritual. Pero en el caso de Abraham por su fe, el conocimiento es superior, porque es celestial. Dios le dice: “Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26.4 al 5 – RVR60). La simiente hace referencia a Cristo: “... Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3.16 – RVR60).


El conocimiento espiritual se compone de los creyentes y de los practicantes. Muchas veces lo natural se camufla e infiltra entre los muchos llamados, por esta razón aunque los creyentes son espirituales, son pocos los practicantes de lo celestial, o sea, la simiente que es Cristo, la distinción del conocimiento entre Abraham y su sobrino Lot. Las personas del mundo arrastran su inclinación carnal en relación con lo natural, aunque se justifiquen con actos respaldados con legislación. Pero, ante Dios es injustificable e inválido: “¿Pues qué, si alguno de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…” (Romanos 3.3 al 4 – RVR60).


La transición intermedia de lo espiritual es determinante para estancarse y retroceder a lo natural o trascender a lo celestial. Esto significa que el ámbito o dimensión espiritual es un filtro para superar a lo celestial. En el caso de Lot y su familia, hay un apego por lo terrenal, ejemplarizado en el siguiente pasaje: “... el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17.31 al 32 – RVR60). Aunque son personas de suma espiritualidad, se les dice que escapen por su vida espiritual, mientras tanto, la esposa de Lot se apega a lo carnal o terrenal: “... Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas... Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19. 17 y 26 – RVR60).


El precedente de Lot es su mirada y búsqueda de su camino más cercano de las ciudades, en el sentido simbólico de apego a lo natural y terrenal: “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán... en la dirección de Zoar... Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Génesis 12.10 al 13 – RVR60). El destino final de su situación de convivencia y familiar es más cercano a lo natural y terrenal hacia la ciudad Sodoma (Génesis 19.29 al 38).


En el caso del conocimiento celestial, en referencia a la simiente en Cristo, la Biblia dice: “Si, pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios... Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” (Colosenses 3.1 al 5 – RVR60). Lo corporal del ser humano representa lo natural, pero el ser templo del Espíritu Santo es representación celestial. Un símbolo compara el templo con el cuerpo de vida, especialmente como un templo de vida espiritual: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Juan 2.21 – RVR60). Esto se cumple en los escogidos o predestinados a ser como Jesucristo, tanto en enseñanza y práctica, en ejemplo y modelo de vida espiritual.


Hay infinidad de pasajes donde se hace mención y una relación de los tres tipos de conocimiento. Por ejemplo, en los casos de quienes trascienden al conocimiento celestial: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga... Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo” (Salmos 82.1 y 6 – RVR60).


En el caso de quienes intermedian en el conocimiento de un nivel espiritual: “¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos” (Salmos 82.2 al 4 – RVR60).


En el caso de quienes se estancan en el conocimiento solo natural: “No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra... Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones” (Salmos 82.5 y 6 al 8 – RVR60).


El análisis realizado en la epístola a los Romanos, entre gracia, ley y pecado, tiene la siguiente interrogación y su correspondiente respuesta: “... ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Romanos 3.5 al 6 – RVR60). La expresión “hablo como hombre”, hace referencia a la parte humana, como género o ser humano, quien podría cuestionar debido a su propia naturaleza que adversa a la gracia de Dios. No obstante, como ser espiritual afirma que de ninguna manera Dios es injusto, sino que el mundo pecador tiene que reconocer su irresponsabilidad. El ejemplo de la educación y ley de tránsito es parte de la legislación natural, autónoma, independiente e infinita. Es hora de que el ser humano asuma su propia responsabilidad, por esta causa Dios le delegó la administración de este planeta y dejó leyes cosmológicas y naturales, para su propia subsistencia. Sin embargo, el ser humano pretende culpar a Dios de la maldad ocasionada por el mismo humano.


Participantes de lo espiritual y del mundo de las religiones


La intención es una determinación de la voluntad hacia un fin específico, según el grado o nivel de conocimiento, así influye la legislación natural, espiritual o celestial en la persona. Dios evalúa o valora la intención y propósito de acuerdo a la forma de ser en la conducción o comportamiento, ya sea entre la dimensión natural, espiritual y celestial. Hay una parábola del servidor infiel al respecto:


“Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12.47 al 48 – RVR60).

En este pasaje bíblico encontramos los tres grados o niveles en el plano dimensional de conocimiento. El que es solamente natural desconoce la voluntad de Dios, debido a la consecuencia de la ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia, ya sea por omisión o voluntariamente. Especialmente en ocasiones por la capacidad del libre albedrío o libertad de elección confundida con el libertinaje. La persona conocedora de la voluntad de Dios, pero sin preparación y sin hacer la voluntad de Dios, es el espiritual con la condición solamente de creyente sin ser practicante. Se confunde con religiosidad. A la persona con mucho conocimiento se le demanda mucha práctica, y entre estos espirituales por su demostración de creyentes practicantes, se le demanda más compromiso, rendimiento de cuentas y responsabilidad, según la práctica del grado o nivel de conocimiento. Estos son los que tienen la posibilidad de acceder al conocimiento celestial, porque son quienes se les han confiado un nivel superior, entonces más se le pide cuentas de su grado avanzado.


Según lo mencionado anteriormente, un análisis por partes, comparado con el caso de la legislación, según el tipo de conocimiento, Dios pesa en balanza la justicia de las intenciones del ser humano, especialmente los que se identifican o llaman espirituales practicantes y en realidad no son congruentes al ejemplo y modelo de Jesucristo. La Biblia dice lo siguiente: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus... Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16.2 y 25 – RVR60).


Jesucristo nunca en todo su evangelio discrimina, margina o rechaza a quienes son únicamente naturales, porque su llamado se dirige a los pecadores. Pero totalmente es intransigente en relación con el pecado, ya que ni es condescendiente ni es permisivo de la práctica del pecado. La Biblia aclara: “Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Marcos 2.16 al 17 – RVR60). Otro pasaje indica el propósito final del arrepentimiento: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9.13 – RVR60).


Los escribas y fariseos, murmuradores y querellosos, quienes censuran y hablan en contra de las acciones de Jesús, dominados por la avaricia y la envidia, los que con facilidad se quejan, crean altercado, debates, discordia, polémica y porfían con resistencia. Gente subversiva, capaz de alterar el orden público, destruir, revolver y trastornar el sentido moral, ensañados en matar a Jesús, por la rectitud y santidad de su enseñanza:


“Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27.20 al 25 – RVR60).

A estos, Jesucristo les denuncia su doble moral e hipocresía, llenos de toda intolerancia religiosa y opositores a la acción y operación del Espíritu Santo: “Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23.13 – RVR60).


Aunque los escribas y fariseos, también los saduceos, entre otros, eran participantes de lo espiritual y del mundo de las religiones, se oponen y resisten al conocimiento celestial promovido y transmitido por Jesús. Tiempo después Esteban los denuncia, previo a su muerte como mártir, con estas palabras:


“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis” (Hechos 7.51 al 53 – RVR60).

Lo mismo se presenta en la actualidad, el mundo espiritual y religioso, condenan con justa vehemencia al mundo natural, por cuestiones de gustos y preferencias contrarios a la palabra y voluntad de Dios. Sin embargo, los mismos espirituales no logran mantener su consagración, integridad y santidad, según el ejemplo y modelo de vida en Jesucristo. Por ejemplo, el mundo natural aboga por las legislaciones nacionales de la aprobación de causas a favor de la eutanasia, cannabis recreativo, el matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, entre otros. Mientras tanto en la contraparte espiritual, se presentan escándalos públicos acerca de la pederastia, del abuso deshonesto en contra de los niños.


Los supuestos creyentes cristianos se caracterizaron históricamente en crímenes, guerras, muertes y persecuciones donde se utiliza el nombre de Dios. Por ejemplo, la inquisición y las llamadas cruzadas o guerras religiosas y santas. Se recibió la ley del decálogo por disposición de ángeles, pero los mismos espirituales en su propia legislación se quedan sin entendimiento. Los espirituales se rebajan indignamente con las guerras al nivel de los carnales y naturales, a pesar de las condenas y críticas se hacen iguales, se camuflan, fusionan y mezclan terminando igual a los naturales. Prevalece la impunidad.


Pocos escogen ser como Jesucristo


Jesús emite su mensaje para todos, algunos lo reciben como personas espirituales y otros como personas naturales: “Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (Juan 6.64 – RVR60).


Están los que tienen el libre albedrío natural: “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6.65 al 66 – RVR60).


Están los que tienen el libre albedrío espiritual: “Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (Juan 6.67 al 69 – RVR60). Con la expresión ¿a quién iremos? se renuncia a la voluntad propia, para seguir a Jesús por voluntad espiritual como única opción.


¿Qué pasó con Judas Iscariote?


Fue llamado entre los doce discípulos (Mateo 10.1 y 4). Claudicó y traicionó a Jesús (Mateo 26.14 al 16; Marcos 14.10 al 11 y 43 al 46; Lucas 6.16).


Judas reconoce su pecado y la sangre inocente derramada por Jesús, pero a pesar de su arrepentimiento, se estanca y se queda solamente en el libre albedrío espiritual, de ninguna manera se posibilita en él la trascendencia al conocimiento de Jesús o celestial (Mateo 27.3 al 5 – RVR60).


Judas en la transición de su naturaleza humana a espiritual, no logra del todo despojarse o desprenderse de ser ladrón: “… porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12.4 al 6 – RVR60). Siendo espiritual tenía una doble moral y la aparente comunión, consagración, fidelidad y santidad, inclusive, toma indignamente la cena (Juan 13.21 y 26 al 27).


¿Cómo estar seguro de que Judas Iscariote disfrutó del libre albedrío espiritual pero no pudo trascender al libre albedrío de Jesús o celestial? Pedro mismo testifica acerca de Judas Iscariote: “… y era contado con nosotros, y tenía parte en este ministerio… de este ministerio y apostolado, de que cayó Judas por transgresión, para irse a su propio lugar…” (Hechos 1.15 al 26 – RVR60).


El libre albedrío espiritual se convierte o transforma en libre albedrío según Jesucristo, conocido como el libre albedrío de Jesús o celestial. Sucede cuando escala y trasciende al conocimiento celestial de los que son predestinados a ser como Jesús: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él… habiéndonos predestinado…” (Efesios 1.3 al 5 – RVR60).


En el caso de los pocos escogidos son los practicantes como Jesús: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado… Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6.28 al 29 y 38 – RVR60). Este libre albedrío de Jesús o celestial, es la renuncia de Jesús de hacer su propia voluntad, para hacer la voluntad de Dios el Padre Celestial que le envió. Jesús dice: “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3.21 – RVR60). Los verdaderos practicantes no tienen cualquier tipo de práctica, sino la enviada por Dios, según la misión a través de Jesucristo. El mundo de las religiones son todos los llamados inmersos en el libre albedrío espiritual, pero son pocos quienes escogen ser como Jesucristo.


Jesucristo tiene la preeminencia


Si hay un conocimiento natural y un conocimiento espiritual, ¿cómo identificar y reconocer el conocimiento celestial? Para saber la respuesta es necesario precisar con claridad la función del pecado. Es común la generalización del término pecado, pero el ejercicio del mismo varía según el tipo de conocimiento donde se aplique. Por ejemplo, se dice que un Estado incluye el gobierno, el pueblo y el territorio. Debido al aumento de población, los cambios de época, evolución industrial y tecnológica, nuevas generaciones y el paso del tiempo, en la actualidad se requieren nuevas regulaciones de convivencia, por ejemplo, ahora es imprescindible la educación y la ley vial para el tránsito peatonal y vehicular (conocimiento del ámbito natural). Esto significa que la infracción e irrespeto a las señales de tránsito y a las indicaciones de un semáforo es una especie de pecado ante la ley y la sociedad, con su respectivo castigo, consecuencia y justa retribución.


Pero, ¿cuál es la relación comparada de esta disposición con lo eclesial o eclesiástico, en lo perteneciente o relativo a la iglesia y ante Dios? Por ejemplo, cuando hay ingesta de licor en un conductor y la consecuencia de muerte de un inocente por causa de un accidente de tránsito vehicular, ¿es la paga de este pecado la misma ante el Estado, la iglesia y ante Dios? En cada tipo de conocimiento puede sufrir castigo por las consecuencias de su pecado. Por consiguiente, el pecado según la Biblia es infracción de la ley de Dios (1 Juan 3.4), toda injusticia es pecado (1 Juan 5.17) y el saber hacer lo bueno y no hacerlo (Santiago 4.17). Caso contrario las decisiones por libre albedrío y la gracia se vuelve en libertinaje: “… hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia…” (Judas 4 – RVR60).


Cuando el natural se introduce en el mundo de lo espiritual, escala a un grado mayor de conocimiento y adquiere cierto criterio para juzgar, especialmente adquiere la consciencia de considerar y reconocer las diferencias existentes entre lo natural y lo espiritual: “En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie” (1 Corintios 2.15 – RVR60). Claro está, el espiritual que es practicante y cumple a cabalidad con la accesibilidad al conocimiento celestial, como veremos a continuación:


La legislación es el conjunto de leyes sobre una materia determinada, tanto la legislación natural y la legislación espiritual están accesibles de todo ser humano sin discriminación o marginación alguna. ¿Por qué la legislación natural y espiritual se puede acceder con facilidad? Porque existe el avance científico, industrial, medios de comunicación y tecnológico que posibilita transmitir el conocimiento a todo el planeta. Por ejemplo, Internet, radio, y televisión. Hay abundante material académico, literatura y periodístico que educa e informa al ser humano. En el aspecto natural hay escuelas, institutos y universidades. En lo espiritual hay congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas con abundancia de autores, editores, escritores, evangelistas, líderes, misioneros, oradores, pensadores y predicadores. Además de gran cantidad de páginas web con la suficiente literatura digital, bibliotecas y locales de librerías con material impreso.


El tipo de conocimiento considerado como celestial, hace alusión al conocimiento que es por revelación del Espíritu Santo de Dios con la finalidad de comprender, obedecer y ser semejantes a Jesucristo en el diario vivir (1 Corintios 2.9 al 13). El espíritu del hombre que está en él es la intención de su propia mente, por esta razón se conoce a sí mismo hasta lo más secreto de su vida, pero el secreto del conocimiento celestial está en Cristo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR60).


Es indispensable y vital la transición de natural a espiritual, que habilita y posibilita la trascendencia al conocimiento celestial. Se reitera que el humano deja de ser solamente natural cuando empieza a ser morada del Espíritu Santo de Dios: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14.17 – RVR60). El Espíritu de Dios de ninguna manera es exclusivo de una sola congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, porque Jesucristo dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos... Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida” (Juan 3.31 al 34 – RVR60).


Lo que se da por medida es la fe, por esta razón hay tanta variedad de doctrinas y dogmas infinitos, que nunca terminan de surgir dentro del cristianismo, así, la gran cantidad de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones, que dicen cada una tener la verdad única y absoluta. Mientras que el practicante seguidor de Jesucristo ejerce y enseña, según el ejemplo y modelo, semejante a Jesús, quien trajo el mensaje del Padre Celestial. Observemos estas palabras claves:


“... vuestro culto racional... la renovación de vuestro entendimiento... no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno... así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia... conforme a la medida de la fe;... El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal...” (Romanos 12.1 al 10 – RVR60).

El problema es que quienes se estancan únicamente como creyentes, siguen siendo terrenales y cuestiones terrenales son las que transmite. Profundicemos la palabra de Dios al respecto, cualquier integrante o miembro creyente de una congregación, denominación, iglesia o religión, podría equivocadamente rivalizar hasta el odio por cuestiones de creencias. Esto lo hace terrenal, pero ninguno que practique la obra de Jesucristo, podría con sus acciones, gestos, hechos o palabras, negar a Cristo y tratarlo de anatema, o sea, decir mal contra otro para que sufra daño de maldición (1 Corintios 12.3 al 14). Ninguna organización eclesiástica o persona podría dividir el Espíritu Santo ni dividir a Cristo.


Lo que pasa es que algunos sin temor de Dios, privatizan a Cristo en un supuesto beneficio e interés particular y muy exclusivo de su agrupación, pero ante Dios todos son iguales dentro del fraccionamiento cristiano, porque el común o unidad está en Cristo, para salvación y vida eterna. La unción del Espíritu Santo mantiene a la persona firme en Cristo, especialmente en el conocimiento celestial enviado del Padre, donde Jesucristo tiene la preeminencia. El engaño es cuando se pretende anteponer doctrinas o dogmas de salvación y vida eterna, por encima de Cristo: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3.35 al 36 – RVR60).


Si existe una inteligencia emocional de concienciar en cada ser humano la mejor reacción afectiva y de sensibilidad, frente a las situaciones inesperadas que el entorno ofrece, con más justificación y sentido existe la inteligencia espiritual que nos lleva al conocimiento celestial. Desde la antigüedad el profeta Elías advierte a quienes titubean en el pensamiento: “Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (1 Reyes 18.21 – RVR60). ¿Qué pasa por la mente del pueblo al no responder palabra? ¿Existiría una doble moral?


La inteligencia es una facultad de comprender o percibir la relación de ideas, para darse cuenta, descubrir y hallar la explicación de lo que estaba escondido, ignorado u oculto. Es interesante la respuesta de Jesús cuando le preguntan si eran pocos los que se salvan: “Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13.23 al 24 – RVR60). La mención de que muchos procuran, son los muchos llamados, que están involucrados en el mundo espiritual, en la proliferación de creencias y prácticas ajenas a Jesucristo, quien es la verdadera puerta del conocimiento celestial: “... Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR60).


Toda doctrina o dogma, que desvía la atención de Cristo y le resta la preeminencia, está en función de quienes procuran entrar con diligencia, pero sin poder acceder a lo que verdaderamente tiene importancia para la salvación en Cristo: “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10.9 – RVR60). Mientras el ser humano tenga la capacidad de interpretar y opinar, surgirán doctrinas y dogmas siempre. Por este motivo corresponde a la legislación infinita o interminable del conocimiento espiritual.


Actualmente el conocimiento de orden natural ocupa la energía y mente de toda la humanidad, ya sea en lo científico, comercial, económico, financiero, militar, político, entre otros. Aún en el caso de los espectáculos artísticos, deportivos y musicales cautivan y entusiasman al mundo entero, muchas veces más que honrar y glorificar a Cristo con sus vidas. Pablo menciona lo siguiente: “... Todo aquel que lucha, de todo se abstiene;... no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9.24 al 27 – RVR60). El conocimiento que se queda solamente en lo natural, tiene su planificación y proyección de vida proyectada a este límite de existencia natural. Hasta los planes de jubilación son para este mundo material y terrenal. Mientras que el espiritual planifica su vida proyectada a la venidera después de esta vida, o sea, es semejante a vivir para servir, con el planeamiento y preparación para recibir una jubilación de vida eterna, después de esta muerte física, material o terrenal.


La dedicación y disposición exclusiva de esta vida, para recibir de recompensa los beneficios, bienes y servicios de este mundo es el camino ancho o la puerta ancha, a diferencia el objetivo, meta y propósito de lo celestial es el camino angosto o puerta angosta: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puesta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7.13 al 14 – RVR60). El espiritual está en una posición de expectativa de la realidad, o se encaja a lo natural o se desprende y libera hacia la verdad celestial mediante Jesucristo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,... que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (Efesios 1.3 y 8 – RVR60).


La construcción del concepto y origen de lo que se llama inteligencia emocional, en relación con la comprensión de nuestras emociones para conducirlas adecuadamente en la conducta y pensamiento, generador de una mejor respuesta de comportamiento reactivo al medio, de ninguna manera tiene procedencia humana, sino previamente es designio divino desde la creación. Observemos los siguientes indicios: “En el principio Creó Dios los cielos y la tierra... y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1.1 al 2 – RVR60). Desde un principio se hace mención de Dios y de su Espíritu, relacionado con energía y poder, la fuerza de la voluntad de Dios en la acción y efecto de la Creación.


Esto se demuestra cuando Dios dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1.26 al 27 – RVR60). Previo a la existencia del ser humano hay un modelo de referencia, de imagen y semejanza, que tiene que ver con los atributos y carácter de Dios: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Salmos 100.5 – RVR60). La voluntad de Dios se manifiesta en el inicio de lo existente: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4.11 – RVR60).


Estos valores son espirituales porque son intangibles, no se ven ni se tocan, pero se manifiestan y visualizan con la acción, acto, comportamiento y conducta del ser espiritual. Lo que pasa es que estos valores los pretende simular el conocimiento natural sin éxito, ya que son efectivos solo por el conocimiento espiritual en Dios. En el mundo natural prevalece la corrupción de los antivalores. Prueba de esto es que Jesucristo tuvo que venir a traer el mensaje de que el reino de Dios se había acercado, es decir, como Dios es amor (1 Juan 4.16), es Espíritu (Juan 4.24) y es luz (1 Juan 1.5), conocemos lo invisible y la certeza de los atributos de Dios, mediante la persona de Jesucristo, con su ejemplo de vida, como persona física que hizo visible los atributos y carácter de Dios, en su esencia y forma de ser. La persona de Cristo es la parte visible que nos hereda el ejemplo, modelo y testimonio de vida espiritual y celestial.


Los valores de Dios jamás son relativos en el sentido de ser variables, debido a las circunstancias o a la época; y tampoco son subjetivos, según el modo de pensar y sentir de cada persona. Esto porque los valores de Dios son universales y tienen un mismo significado en todas las culturas, sociedades y zonas geográficas del planeta. Por ejemplo, el amor de Dios, la fe de Dios, la justicia de Dios, la misericordia de Dios, es igual en cualquier parte del mundo espiritual. Es el ser humano natural que tiene una actitud de relativismo y subjetividad engañosa en los valores, para confundir y distorsionar la voluntad de Dios y convertir en libertinaje la gracia de Dios, la palabra transmitida por el Hijo de Dios en representación de Dios Padre, es común para toda la humanidad como una sola raza humana. La única división es étnica en el sentido de las costumbres por herencia cultural o nacional. Jesucristo es el medio, motivo y la razón de conocer la verdadera realidad. Es la única aspiración para el ser humano de recibir salvación y vida eterna.


Contraste notable entre lo natural y lo espiritual


¿Por qué tiene valor el entendimiento de diferenciar los tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial? Porque lo natural no puede asimilar, es decir, asemejar o equiparar con lo espiritual. Algunos por desconocimiento tratan de demostrar una semejanza y consideran que son iguales o equivalentes, similar a una amalgama entre lo natural y lo espiritual. En otras palabras, una unión a pesar de su sentido contrario, por ser distintas y opuestas. Entonces justifican que una persona aunque sea desobediente a Dios, inclusive que niega la existencia de Dios, igual puede ser espiritual. Observemos como la palabra de Dios establece la diferencia: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2.8 – RVR60).


En el mundo abundan las filosofías, pero ausentes de glorificar y honrar a Cristo con la exactitud y profundidad de su mensaje y práctica. Este mundo vive una apariencia pasajera: “... porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7.31 – RVR60). Los espirituales son conscientes de que Cristo es lo permanente, que aunque disfruten y vivan en este mundo natural, no pueden disfrutar de lo referente al pecado contrario a Cristo, porque lo real y verdadero de la vida es identificado y reconocido en Jesucristo:


“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;... derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,... Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo” (2 Corintios 10.3 al 7 – RVR60).

Precisamente por la razón de divulgar y promover a Jesucristo, tiene sentido y es válida la existencia de tantos grupos de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas. Porque en todos estos grupos, hay personas auténticas, genuinas y sinceras, verdaderos discípulos de Jesucristo, que reconocen la gloria y honra a Cristo con las enseñanzas, ejercicio y prácticas de su diario vivir, congruentes a la obediencia y palabra de Dios Padre como la autoridad máxima sobre todo lo existente.


Pero finalmente ¿en donde se ubican los que se levantan con argumentos y altivez contra el conocimiento celestial de Dios? Es claro en la Biblia y hay muchos pasajes que confirman la condición de quienes se quedan solo en lo natural, ajenos a la obediencia y práctica de la voluntad de Dios. También tiene sentido común entender que quienes buscan lo espiritual, están en los grupos de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas como medio para el fin, que es conocer a Cristo. Que el conocimiento de lo espiritual es necesario para posibilitar la trascendencia al conocimiento celestial. Pero no es de extrañar la mediocridad de quienes están a medias, sin desapegarse por completo de lo natural y sin trascender a lo celestial, porque están entre las mismas personas que aparentan espiritualidad. Por esta situación Jesucristo habla de calientes y fríos, como extremos definidos, pero los tibios aparentan ser lo que no son: “... He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente, ¡Ojala fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.14 al 16 – RVR60).


¿Por qué decimos que los tibios están entre los espirituales? Porque un sector de los espirituales son los indecisos, que se quedan solo como creyentes en lugar de llegar a ser practicantes. Estos son los que desde sus asientos, una banca o desde un púlpito se consideran más puros y santos que otros, solamente con la apariencia de vivir en una verdadera paz y en la santidad, sin embargo, blasfeman, condenan, enjuician y maldicen a personas asistentes asociados, comunitarios, feligreses, hermandad, integrantes, miembros de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas. Tratan de idólatras a los demás, cuando ellos mismos tienen otras prácticas como las siguientes:


“... avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3.1 al 5 – RVR60).

Nada de esto mencionado representa a Cristo, vendrían a ser anticristos o falsos cristianos. Pueden ser grandes conocedores o creyentes, pero no practicantes, semejantes son los demonios que creen, sin embargo, no practican la voluntad de Dios: “... También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2.19 – RVR60). Es cierto que el espiritual inicia con creer, este vendría a ser el primer paso, pero la práctica viene a ser cuando Jesucristo dice que el que fuere bautizado: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16.16 – RVR60). Jesucristo dijo claramente, el que fuere bautizado, de manera que se implica la demostración con el ejercicio y práctica, que se hace indispensable para lo espiritual, de manera factible y realizable, para trascender desde lo natural hasta alcanzar lo celestial.


Ser bautizado implica el llamamiento y nacer de nuevo, arrepentimiento, conversión, resarcimiento y santificación. Además de la consagración, los frutos de la conversión, la inmersión en el Señor Jesucristo, en su devoción y sufrimiento, el sello del Espíritu Santo y el fuego de prueba al justo. Un ejemplo del espiritual con la mediocridad, ausente de la inteligencia espiritual, está claramente definido por Jesucristo en la parábola del sembrador (Mateo 13.18 al 23). Esta situación descrita en la explicación de la parábola es muy similar a lo dicho por Jesús al respecto: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6.45 al 46 – RVR60). La obstrucción a la enseñanza de Cristo es a través de las doctrinas y dogmas comunes en congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, que le quitan la preeminencia a Jesucristo, no obstante, siempre habrá personas entre ellos que darán a Jesucristo la prioridad, gloria y honra que merece por la voluntad del Padre.


¿Cuál es el propósito del conocimiento celestial para beneficio de la humanidad? Para comprender la respuesta hay que tener claro la situación de un contraste notable entre lo natural y lo espiritual. La Escritura aclara al respecto lo siguiente:


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito... El que en él cree, no es condenado... Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas...” (Juan 3.16 al 21 – RVR60).

Otro pasaje explica que Jesucristo es la luz: “… Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12 – RVR60). Dios ama al mundo de seres humanos, prueba de esto es que ha enviado a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él, porque las obras del mundo han sido malas (Juan 15.18 al 19). El practicante es hijo de Dios, cuando sin aislarse de la sociedad, se guarda del mal (Juan 17.15 al 18), rechaza el ejercicio del pecado partícipe en la sociedad del mundo (1 Juan 2.15 al 17), porque el nacido de Dios con fe enfrenta la maldad, vence con el bien el mal (Romanos 12.17 al 21; Juan 5.4) y se preserva en consagración y santidad.


Algunos divulgan el concepto de lo material fusionado o mezclado a lo espiritual sin distinguir la diferencia, pero la Biblia dice lo siguiente: “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?” (1 Corintios 9.11 – RVR60). El Señor Jesucristo manifiesta lo siguiente: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.15 – RVR60). Además: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16.26 – RVR60). El término alma equivale a vida. Estas expresiones son ejemplos del desinterés del mundo natural en seguir el ejemplo y modelo de vida semejante a Jesucristo, quien dice: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adultera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.38 – RVR60).


Acerca de la incredulidad, indecisión, indiferencia e ignorancia, motivo del sentido opuesto entre lo natural y lo celestial, sumado al titubeo espiritual presente según la Biblia: “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Judas 22 al 23 – RVR60). El ser humano desde un principio, según el modelo de Adán y Eva, pretende vivir sin tomar en cuenta a Dios. Esta forma de vida cotidiana es conocida como solamente natural, mientras tanto, el ser humano interesado en conocer y practicar la voluntad de Dios, le llamamos espiritual. Quienes dudan entre los espirituales y sus vidas reflejan estar más apegadas a lo natural, son los indecisos o tibios, que se quedan solamente como creyentes, pero sin el ejercicio como practicantes. Porque quienes de forma genuina y verdadera de la práctica espiritual, se despegan terrenalmente de lo natural y trascienden al ejemplo y modelo de vida mediante Jesucristo con su conocimiento celestial, para salvación y vida eterna.


Jesucristo enseña la doctrina del Padre


Observemos en el siguiente análisis la diferencia entre conocimiento natural y conocimiento espiritual. Jesús dijo:


“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10.42 al 45 – RVR60).

La sabiduría de Dios es para entender la relación entre el conocimiento netamente natural y el definido como espiritual. Estos conocimientos autónomos, sin límites, tienen su fundamento en su propia legislación: la convivencia entre las civilizaciones y culturas o la descrita en el Antiguo Testamento con la ley de Dios, las acciones y consecuencias, la promoción y vivencia del amor de Dios, la fe, la justicia, la misericordia, la paz y santidad, el cumplimiento y obediencia a su alianza. El caos natural se ha vuelto un sepulcro, lo espiritual para purificación y lo celestial un impulso divino por causa de la vida eterna. En el caso de la sabiduría del ser humano, por sí sola ha sido insuficiente, en términos espirituales, cuando la persona se excluye así misma de la posibilidad de tomar en cuenta la sabiduría proveniente de Dios el Creador, el saber de procedencia de lo alto:


“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2.6 al 8 – RVR60).

Según el pasaje anterior, no se habría crucificado a Jesús sí hubieran entendido el mensaje de la sabiduría de Dios, pero el ser humano llevado por su propia sabiduría, con la influencia de intereses egoístas, mezquinos y particulares, luchas de poder, status social, compromisos políticos, militares, económicos o financieros, distorsiona el entendimiento y la idoneidad del juicio. Inclusive el mundo religioso en la dimensión o plano espiritual, tiene una dependencia recíproca en intereses y conveniencias con el mundo natural y político, a través de alianzas, convenios e inclusive encubrimientos.


Los mismos principales sacerdotes y fariseos testificaron lo siguiente:


“… se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día… Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia” (Mateo 27.62 al 66 – RVR60).

Estos principales sacerdotes y fariseos, profesaban conocer y enseñar de Dios, pero trataron al Señor Jesús como un engañador. Dieron de su propio dinero a la guardia, para rumorar el hurto del cuerpo por parte de los discípulos, dicho divulgado entre los judíos hasta hoy (Mateo 28.11 al 15). Estos mismos, recurrieron al falso testimonio para acusar y culpar injustamente a Jesús con engaño y mentira: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26.59 – RVR60).


Más adelante se dice lo siguiente: “Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes” (Marcos 15.9 al 10 – RVR60). Los doctos o líderes religiosos podrían ser muy catedráticos e informados, pero en el plano espiritual, tenían antivalores como la envidia. Su apego a esta envidia los ubica entre el conocimiento natural y el espiritual, pero no logran trascender al celestial, prueba de esto es que rechazan a Jesucristo como Salvador personal. El conocimiento celestial es por medio de la gracia de Dios, mediante la fe en el Señor Jesucristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2.6 – RVR60). Sin esta sabiduría, la creencia es forzada e impositiva con violencia, caso sucedido con las guerras religiosas del enojo, intolerancia, muerte y odio.


En el primer siglo existían grupos religiosos como los fariseos y los saduceos, quienes rechazan a Jesús. No comprendieron la relación entre la ley y su transformación a la gracia. En una ocasión Jesús se refiere a los maestros de la ley y los fariseos como personas que con sus hechos niegan lo que con sus labios confiesan: “… Mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23.2 al 3 – RVR60). Esto significa que son los creyentes pero sin ser practicantes, o sea, espirituales de carácter religioso, pero no celestiales predestinados a ser como Cristo, a quien niegan y rechazan, en su propio perjuicio y riesgo de salvación y vida eterna, porque aunque el conocimiento es poder, sin la práctica de Cristo son nada.


Jesucristo enseña la doctrina del Padre con la autoridad de Dios Hijo: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.28 al 29 – RVR60). En la época de Jesús los gobernadores representan el conocimiento natural, los sumos sacerdotes representan el conocimiento espiritual, Juan el Bautista junto con Jesús representan el conocimiento celestial.


Dios nos habla por medio de su Hijo y le delega su autoridad como enviado (Hebreos 1.1 al 2; Juan 3.16 al 18):


“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia” (Juan 7.16 al 18 – RVR60).

El Señor Jesús cuando le llega la hora de ser entregado, escarnecido y crucificado, ora intensamente en la intimidad con su Padre, con mucha aflicción y angustia, para ser fortalecido y poder soportar el momento esperado. En esta oración, su sudor es como grandes gotas de sangre derramadas en tierra, su corazón palpitante siente el consuelo de la presencia divina, no obstante, se acerca el acecho de sus verdugos y la traición. Sus ojos dulces, piadosos, llenos de amor y misericordia, observan la acción del ser humano, que le causaría un castigo inmerecido, a pesar de mostrar tanta bondad y compasión, al ayudar y sanar a los más necesitados.


Jesús conoce el corazón y la mente de cada persona (Mateo 9.3 al 4, 22.18; Lucas 5.22; Juan 2.23 al 25, 5.42), abriga la esperanza, de que en medio de la maldad de sus adversarios, surja un destello de luz, de amor genuino y fe verdadera, similar al amor entregado personalmente, sin reproche ni reservas, sino con todo su ejemplo. Y aún en la plenitud de su muerte, en el momento final, en la culmine del abandono, dolor y gran sufrimiento, por el desprecio e injusticia recibida, brotan en sus labios humanos, desde lo más profundo de su corazón, con el amor divino derramado en todo su ser, las siguientes palabras: “… Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen… En tus manos encomiendo mi espíritu…” (Lucas 23.34 y 46 – RVR60).


El conocimiento y la legislación infinita


La biblia demuestra e identifica las diferencias de conocimiento entre natural, espiritual y celestial. En cada uno de los tipos de conocimiento hay una legislación infinita. Por ejemplo, en el caso del mundo espiritual, el cristianismo contiene una gran diversidad de pensamiento y reflexión promovida por las diferentes comunidades de fe, congregaciones, iglesias o religiones. El evangelista menciona lo siguiente acerca de solamente tratar el tema de Jesús: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21.25 – RVR60).


A lo interno de cada conocimiento no hay un límite horizontal, en el sentido de que nunca se termina de formar conceptos y construcciones teóricas con su respectivo ejercicio o práctica. El conocimiento base es el natural, después de este conocimiento hay otro vertical, que escala y trasciende a lo espiritual. Algunas personas en el transcurso de su vida, desde su nacimiento hasta su muerte, deciden quedarse únicamente con lo natural, por ejemplo los ateos, mientras que otras personas añaden a su vida el interés y participación en lo espiritual, a través del mundo de las religiones, aunque la mayoría se quedan encasillados, con la aberración de la salvación y vida eterna por la legislación y méritos de su comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en lugar de mediante Jesucristo.


Por último, están las personas que al ser espirituales, superan su apego a lo carnal o natural, dejan de ser meramente terrenales, renuncian a sus dioses falsos como el amor al dinero y las luchas de poder, a su idolatría carnal como la avaricia y fornicación, a sus dioses falsos promovidos por el politeísmo cultural, político o social. Entonces opera y trascienden al conocimiento celestial, para actuar, conocer y ser como Jesucristo.


Así como existen estos tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial, existen tres tipos de libre albedrío que operan en cada tipo de conocimiento. El libre albedrío cumple una función, según el grado o plano dimensional de conocimiento de la condición o estado en donde se encuentra la persona.


Jesús de camino a Jerusalén enseña por las ciudades y aldeas, entonces alguien le pregunta si son pocos los que se salvan: “… Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13.22 al 24 – RVR60). Otras preguntas podrían ser: ¿por qué muchos procuran entrar y no podrán? y ¿tendrá alguna relación con el tema de predestinación por escogencia y elección por libre albedrío? Jesús dijo: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20.16, 22.14 – RVR60). La cantidad total de llamados son todos los creyentes y la parte menor que son los escogidos por gracia corresponde a los practicantes como Jesús, en otras palabras los que en realidad actúan y se comportan como Jesucristo.


Los primeros llamados fueron de Israel y el llamamiento postrero se trata del resto de población que no era de Israel, conocidos como gentiles. Hay un remanente escogido por gracia, los escogidos que han alcanzado: “… ha quedado un remanente escogido por gracia… ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;… su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles…” (Romanos 11.5 al 12 – RVR60).


Otro pasaje menciona que si Israel fuera como la arena del mar, tan solo el remanente será salvo (Romanos 9.27 al 29). Entonces, ¿cuál es la relación entre la predestinación por escogencia y la elección por el libre albedrío? Existen tres tipos de libre albedrío: el natural, el espiritual y el de Jesús o celestial. Los muchos llamados están entre el libre albedrío espiritual y los pocos escogidos en el libre albedrío de Jesús o celestial. Para comprender la diferencia entre cada uno, es necesario saber inicialmente que en el libre albedrío natural, la persona procura con su propio esfuerzo conseguir su deseo: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre…” (Romanos 9.16 – RVR60). La Biblia dice: “… a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne…” (Gálatas 5.13 – RVR60).


El libre albedrío natural es la voluntad y facultad del ser humano para decidir y actuar por su propia determinación, sus propios logros y méritos. En el caso del natural algunos casos se confunden con el libertinaje. La utilidad de este libre albedrío, se ha degenerado a tal grado que cada quien actúa como le parece, sin la responsabilidad de las consecuencias de sus acciones o actos. Se incurre en el libertinaje del desenfreno en la conducta y el comportamiento, el irrespeto general a los mandamientos de Dios, que es la pérdida de aplicación, estima y vivencia al reconocimiento de la ley de Dios y su justicia.


El libre albedrío espiritual se presenta en la transición del paso de incrédulo a creyente, manifestado entre las dimensiones de conocimiento natural y espiritual. El saber de la mano del hacer requieren ser éticamente congruentes, según los principios y valores: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo… Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente…” (Romanos 7.18 al 25 – RVR60). El hombre interior es la mente y su correspondiente pensamiento, de donde se generan las actitudes, carácter, conducta, personalidad y temperamento en lo afectivo y emocional. La evolución e influencia de todo esto, depende de la madurez en el conocimiento y pensamiento adquirido, según sea el conocimiento natural, espiritual y celestial. Las personas pueden estancarse en un solo conocimiento o trascender de un conocimiento a otro, desde lo básico y lo elemental, hasta lo intermedio o superior. El tope es llegar a la medida de Jesucristo: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.13 – RVR60). El conocimiento es infinito, en una constante legislación, tanto en el mundo natural y espiritual. Por ejemplo, en el mundo natural la creación o modificación a las leyes civiles, el avance de la ciencia, industria y tecnología.


El tipo de libre albedrío espiritual es el que desplaza su propia voluntad natural, o sea, humana, y la sustituye al ascender con el conocimiento espiritual, de manera que al final no depende de sí mismo, sino de la voluntad de Dios: “… sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9.16 – RVR60). Lo que pasa es que muchos procuran trascender de la condición natural a la espiritual, pero no pueden desapegarse por completo de su libre albedrío natural: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5.16 al 17 – RVR60).


En el siguiente caso se compara el libre albedrío natural y el espiritual, Jesús dijo: “… El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6.60 al 63 – RVR60). Jesús les preguntó a los doce discípulos en el pasaje Juan 6.67 al 69, si se querían ir también, o sea, abandonar el discipulado por su propia decisión o voluntad. Mientras tanto, la palabra de Dios indica: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12.21 – RVR60). En el caso de Judas se dejó vencer por Satanás, en el sentido de maldad, pecado y los antivalores: “Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce” (Juan 6.70 al 71 – RVR60). Se menciona el término “escogido” en el sentido de ser selectos en consagración y santidad.


El ser humano como morada del Espíritu Santo


El ser humano deja de ser solamente natural cuando empieza a ser morada del Espíritu Santo de Dios: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14.17 – RVR60). Esto significa que el ser humano mientras conserve su vieja naturaleza sin introducirse o traslaparse con el conocimiento espiritual, entonces no puede recibir el Espíritu, por consiguiente tampoco puede entender aquello que se ha de discernir espiritualmente. Se reitera la siguiente cita bíblica: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR60; Efesios 4.18).


La transición desde lo natural hacia lo espiritual requiere regeneración y renovación. La gracia es consecuencia del amor, bondad y misericordia de Dios en el nombre de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios…, y su amor… nos salvó,… por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3.4 al 6 – RVR60). Además: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2.4 al 5 – RVR60).


La gracia es el don de Dios que nos mueve para ejercer nuestro libre albedrío espiritual, consecuente del interés personal en accionar, conocer, obedecer y practicar las cuestiones espirituales y religiosas, para ser parte del conocimiento espiritual del reino de Dios. Jesucristo dijo a Nicodemo:


“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es, No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3.5 al 8 – RVR60).

Todo ser humano corporalmente para la subsistencia requiere indispensablemente del oxígeno, porque precisamente se compone del cuerpo y de la respiración del aire que es el espíritu de vida o soplo de vida: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2.7 – RVR60). La Escritura dice: “... Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente... Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal...” (1 Corintios 15.45 al 46 – RVR60). El alma viviente es sinónimo de vida corporal, sin embargo, el pasaje bíblico de uno de los párrafos anteriores menciona que estábamos muertos en pecado, o sea, muertos en vida.


Este mismo aire de vida es el espíritu de vida que la persona exhala cuando muere, ya que expulsa su último aire de los pulmones y estómago: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12.7 – RVR60). Esta condición es del ser humano y de todo animal viviente: “Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida” (Génesis 7.15 – RVR60); También se dice: “Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió” (Génesis 7.21 al 22 – RVR60). Ahora bien, si también los animales son almas vivientes, la diferencia entre el ser humano natural y el espiritual es la posibilidad de que el espiritual pueda llegar a ser templo del Espíritu Santo de Dios: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Juan 2.21 – RVR60). Además dice la Biblia: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (1 Corintios 316 – RVR60).


El libro de Job menciona el alma en alusión a la vida: “Que todo el tiempo que mi alma esté en mi, y haya hálito de Dios en mis narices” (Job 27.3 – RVR60). Además: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33.4 – RVR60). En el libro de Isaías se dice: “Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz...” (Isaías 2.22 – RVR60). Este espíritu de vida, respiración o aliento de vida, permite al ser humano vivir y desarrollar su conocimiento natural. Pero hay otro conocimiento que es producto únicamente del Espíritu Santo de Dios: “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20.21 al 22 – RVR60). La palabra de Dios dice lo siguiente de Jesucristo: “Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24.45 – RVR60).


El ser humano a nivel natural en su composición corporal y combinación con la respiración del oxígeno, por medio del aire, se suma su capacidad mental de razonamiento para vivir organizadamente en sociedad y evitar todo lo posible la anarquía civil. Así es como se legisla el conocimiento natural. En relación con la tierra dada a los hijos de los hombres, cuando alguien comete un acto corrupto e ilícito, se esconde u oculta, porque se considera digno de castigo por tal acción, reconoce y distingue el mal cometido:


“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2.14 al 16 – RVR60).

Tipos de libre albedrío


El escalamiento y trascendencia en el conocimiento es influenciado por el libre albedrío que comúnmente se generaliza, pero existen varios tipos demostrados en la Biblia. Así como hay diferencia en el conocimiento.


Un ejemplo de libre albedrío natural es la elección y ejercicio de una ocupación, oficio o carrera profesional, también un ejemplo de libre albedrío espiritual es la elección, participación activa o pasiva y pertenencia a una congregación, denominación, iglesia o religión (fraccionamiento cristiano). En la Biblia hay varios precedentes de esta situación: “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1 Corintios 1.12 – RVR60).


Este caso corresponde a un libre albedrío espiritual apegado a lo natural: “De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales,… porque aún sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3.1 al 4 – RVR60).


Hay otros precedentes, tal es el caso, registrado en Hechos de los apóstoles, de Simón, un practicante de las artes mágicas, quien oye el mensaje de salvación y se motiva a seguir a quienes predican la palabra de Dios, pero se queda solamente con el llamamiento, porque baja en inmersión a las aguas en la representación o símbolo del bautismo, pero sin estar verdaderamente arrepentido y convertido. Prueba de esta afirmación es la declaración de Pedro acerca del corazón de Simón sin santificación: caracteriza su corazón como no recto delante de Dios y en hiel de amargura y prisión de maldad (Hechos 8.12 al 23). También algunas personas a falta de los frutos del Espíritu Santo, se desviaron de la verdad, ya sea con profanas y vanas palabras, que de ninguna manera aprovechan, sino que perjudican a los oyentes, trastornando la fe de algunos. Por ejemplo, la Escritura menciona a Himeneo y Fileto, quienes decían y promovían acerca de la resurrección, que ya se había efectuado (2 Timoteo 2.14 al 18).


Jesús advierte acerca del conocimiento celestial frente al conocimiento espiritual: “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16.15 al 17 – RVR60). Mientras tanto se presentan comentarios, interpretaciones, opiniones y rumores, similar a doctrinas y dogmas promovidos por la diversidad de creencias:


“Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros; que algún profeta de los antiguos ha resucitado. El les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios” (Lucas 9.18 al 20 – RVR60).

El hacer valer una postura en defensa de cualquier enseñanza, sea a favor o en contra, algunos pretenden contender para no obedecer a la verdad (Romanos 2.8), inclusive con más razón quienes se oponen y predican a Cristo por contención (Filipenses 1.15 al 16). El siervo del Señor es necesario en forma respetuosa, contender ardientemente por la fe, en el sentido de preservar la sana doctrina, ya que se advierte de aquellos que quieren convertir en libertinaje la gracia de Dios (Judas 3 al 4). Pero esta sana doctrina atañe más a las cuestiones de comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de Jesucristo, como ser sobrio, serio, prudente, sano en la fe, en el amor y en la paciencia (Tito 2.1 y 2). La sana doctrina es Jesucristo mismo.


El dogmatismo es una definición de conceptos, por interpretación y opinión, tanto colectiva o individual, de quienes realizan el análisis de la doctrina. En relación con los dogmas eclesiásticos, son necesarios en la medida del fortalecimiento de la abstinencia y lucha contra el pecado, el amor, fe, hacer el bien a los demás, la misericordia de Dios, de la práctica de valores comunitarios y vivencia del reino de Dios. Hacer la justicia, obedecer el Decálogo, la ley de Cristo, saber y hacer lo bueno. Los votos de austeridad o pobreza, consagración y castidad como virtud opuesta al apetito carnal y pecaminoso, el dominio propio, santidad y vida ejemplar. La lucha contra el adulterio y la fornicación. Este fundamento o principios son prácticos en la cotidianidad, mientras otro tipo de dogma puede ser poco útil para la convivencia diaria, por ejemplo, las cuestiones escatológicas, fantasiosas e interpretaciones apocalípticas sin provecho para la vida diaria. Salvo lo inminente del calentamiento global y cambio de clima, con sus consecuencias mundiales en las pandemias globales, como el COVID-19 o SARS-CoV-2, que anuncian los tiempos del fin y anteceden al pronto cumplimiento de la segunda venida de Jesucristo.


Hay dogmas que son comunes entre el fraccionamiento cristiano, otros dogmas son muy diferentes, inclusive contradictorios. La complejidad está en la asociación de un cristiano a determinada iglesia y su adhesión a los dogmas particulares de la misma. Pedro dice de Pablo: “… según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3.15 al 16 – RVR60).


Según la Escritura no se ha dado a conocer el poder de Dios y la venida del Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas (1 Pedro 1.16 y 19). Los lectores de la Biblia interpretan cada texto con las diferentes opiniones, prueba de esto es la multitud de fraccionamiento dentro del cristianismo, sin embargo, la preeminencia la tiene Jesucristo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3.11 – RVR60). Además dice la Biblia: “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.24 – RVR60).


La salvación por medio de Jesucristo, de acuerdo con el buen sentido de la palabra, es el paradigma dentro del cristianismo. Es un ejemplo y modelo de la consecución de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. La desviación del paradigma se presenta mediante el fanatismo de lo absoluto, cuando se considera la salvación por la defensa de la interpretación, opinión de reglas eclesiásticas y dogmáticas, como única verdad y absoluta. Esto es la salvación por el producto de la división y fraccionamiento del cristianismo, diversos credos, ideologías, fundamentalismos extremos y radicales.


En realidad esta última posición es defender una falacia y utopía contraria a Cristo, por consiguiente, es una antítesis de la verdad cristiana, porque fomenta la enemistad, guerra, luchas de poder, miedo, odio, persecución, rencor, rivalidad y terror religioso, en detrimento del verdadero amor puro y justicia de Dios, mediante Jesucristo:


“… Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3.13 al 18 – RVR60).

Tener la conciencia y mente de Cristo


Lo celestial influye en la personalidad, del carácter y el temperamento, mejora las actitudes mentales y pensamiento en general, mediante principios, valores y virtudes, con el resultado de una mejor reacción en nuestras acciones o actos, conducta y comportamiento. Hay un cambio para bien en las cualidades, emociones y sentimientos. También en las habilidades, sensibilidad y voluntad, porque se toma en cuenta a Dios para la cotidianidad o diario vivir. Jesús dijo: “... Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos…, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...” (Mateo 11.25 y 29 – RVR60).


Hay un tipo de conocimiento que con palabras no se puede explicar, sino con las acciones y ejemplo de vida, el testimonio como prueba y justificación de la verdad, es una forma de entendimiento e inteligencia celestial (del cielo o paraíso), es poder de Dios:


“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es... De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (San Juan 3.5 al 12 – RVR60).

Lo nacido de la carne, carne es, en el sentido de que es naturaleza, mientras lo nacido del Espíritu es espiritual, es poder de Dios, así hay sabiduría humana y sabiduría de Dios:


“para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2.5 al 7 – RVR60).

Las personas siempre han buscado adorar algo o a alguien, lamentablemente muy pocos lo han hecho con el conocimiento del verdadero Dios (Hechos 17.22 al 23), otros en cambio habiendo conocido a Dios, no le glorificaron debidamente como a Dios Padre, sino que han honrado y dado culto a las criaturas antes que al Creador, a pesar de toda su creación y de todas las maravillas de Dios, han preferido adorar cualquier otra cosa (Romanos 1.21 al 25). Jesucristo dijo a la samaritana que ellos adoraban lo desconocido (Juan 4.22): “… Si conocieras el don de Dios…” (Juan 4.10 – RVR60). Esta es una situación muy generalizada en la actualidad, ya que la condición de la mayoría, quizás busca llenar un vacío sin importar lo que adora. Pablo entre todos los altares encontró en Atenas un altar al Dios no conocido (Hechos 17.23).


Este conocimiento de Jesucristo y su servicio, ayuda a trascender del conocimiento natural al espiritual. Inclusive la persona que se estanca apegado solo en lo natural, de ninguna manera puede percibir lo espiritual, porque para él es locura: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR60; Efesios 4.18).


También dice Santiago en un pasaje de su epístola:


“¿Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3.13 al 18 – RVR60).

La Biblia dice: “Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (Salmos 115.16 – RVR60). Jesucristo trae consigo el conocimiento de Dios: tanto espiritual como celestial: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos… Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida…” (Juan 3.31 al 36 – RVR60).


El conocimiento natural es aquel donde el ser humano tiene noción de su propia existencia (Salmos 16.7; Juan 1.9). El ser humano es innato desde su creación, en cuestionar, dudar e investigar. Su capacidad natural le posibilita analizar, pensar y reflexionar, para tomar sus propias decisiones, en algunos casos llamado libre albedrío o libertad de elección, aunque en muchos de estos casos se combina con el libertinaje, debido al abuso de exceder el límite en la libertad de elección. A partir de Jesús el libre albedrío se condiciona en el libre albedrío de Jesús, o sea, tener la mente de Jesucristo en la toma de decisiones, para que sean conforme a la voluntad de Dios.


El espíritu o intención del ser humano natural, determina su propia voluntad hacia un fin o meta, ya sea solo terrenal o incursionar en términos espirituales, para alcanzar lo celestial. La Biblia dice:


“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.12 al 16 – RVR60).

El espiritual cumple con su obligación como parte de sus deberes que atañen a la vida litúrgica y religiosa, con la espiritualidad correspondiente, es solamente parte de su compromiso y responsabilidad mínima: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17.10 – RVR60). Mientras que el celestial trasciende a un conocimiento elevado y superior, proveniente directamente del Padre mediante su Hijo Jesucristo, sin alteraciones, interferencias o perturbaciones humanas.


El conocimiento celestial es un tipo de conciencia e inteligencia que trasciende de lo espiritual a lo celestial. Se presenta un nuevo pensamiento consiente del plan y propósito del reino de los cielos: “… buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3.1 al 2 – RVR60). Este conocimiento celestial se basa en la adhesión y predestinación a ser como Jesucristo. Figurativamente es un gobierno del tercer cielo, porque es tener la conciencia y mente de Cristo. Se reitera: “… Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR60).


La conciencia celestial


Hay muchos pasajes en los cuales se demuestra que el ser humano se caracteriza como un ser pensante (Deuteronomio 30.19; Eclesiastés 7.29, 11.9; Isaías 1.19 al 20; Marcos 16.16; 1 Corintios 10.12; 1 Timoteo 2.4), puede experimentar tres tipos de realidades de conciencia. Existen tres grados o niveles en el plano dimensional de conocimiento: el natural, el espiritual y el celestial. Obsérvese el plano dimensional de conocimiento de forma alegórica, con una forma de cielo, gobierno, mundo o reino. Las Sagradas Escrituras mencionan: “Alabadle, cielos de los cielos…” (Salmos 148.4 – RVR60), el apóstol Pablo menciona las visiones y revelaciones del Señor, junto con el tercer cielo: “Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo,… fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre… que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12.1 al 4 – RVR60).


La búsqueda de Dios es el propósito de la existencia humana: la transformación y transcendencia de lo natural a lo espiritual, hasta llegar a la conciencia celestial. Sin este conocimiento se estanca el objeto y propósito final de la vida, como está escrito:


“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1.1 al 4 – RVR60).

Para comprender acerca de los tres tipos de conocimiento, se compara con la analogía de la resurrección: “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” (1 Corintios 15.46 al 48 – RVR60). Alegóricamente es igual en el conocimiento, se nace natural, o sea, terrenal, luego, según la medida de la fe, se posibilita escalar al conocimiento espiritual, con la finalidad de consolidarse a otro nivel del conocimiento celestial, al adherirse y revestirse de Cristo en su semejanza de vida.


El conocimiento celestial transciende de la misericordia a la máxima plenitud de la voluntad de Dios. Por lo tanto, la diferencia entre conocimiento natural y celestial, se distingue más claramente en la historia de la humanidad, a partir del ejemplo de vida de Jesucristo. Se registran sucesos de genocidios por guerras y masacres, llevados a cabo en el nombre del Señor Jesús, con la finalidad de imponer, extender geográficamente y hacer proselitismo de la religión. Por ejemplo, en el tiempo de la conquista de los europeos frente a los nativos de América, pero esta situación nunca representa el creer en su nombre, el asesinato, división, intolerancia, irrupción, muerte, odio, persecución, repudio, rivalidad religiosa y violencia, es contraproducente a la enseñanza de Jesús como ejemplo, modelo de vida cotidiana en amor, valores comunitarios y universales.


La verdadera trascendencia al paraíso, es trascender a la práctica del amor y justicia de Dios. Prevalece el respeto inalienable a la vida humana, la convivencia de reino de Dios entre nosotros, los derechos humanos de vida irrenunciables, irrevocables e intransferibles, la misericordia, paz y santidad. Predomina lo celestial, ante lo animal, carnal, diabólico, malo, pecaminoso y terrenal: “… cuyo dios es el vientre,… que sólo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…” (Filipenses 3.18 al 21 – RVR60). También la Biblia dice: “porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” (Santiago 3.15 – RVR60).


En Dios se vive el verdadero amor (Romanos 5.8.), de su procedencia (1 Juan 4.7), y le amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4.19). El amor a Dios es guardar sus mandamientos (1 Juan 5.3): “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4.8 – RVR60). En el caso de la ausencia en la comprensión del mensaje de Jesús, la vida humana queda sin trascendencia ante Dios (Colosenses 3.1 al 4), solamente terrenal y superficial: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso…” (1 Juan 4.20 – RVR60). Jesús dijo: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15.12 y 17 – RVR60).


La Biblia también dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6.16 al 19 – RVR60). Han muerto millones de inocentes, por causa de la apoteosis de quienes se han endiosado: altivos, arrogantes, engreídos, fatuos, soberbios, manifestado en los casos de las cruzadas, expansionismo imperial, guerras religiosas, conflictos étnicos ancestrales. Desde el principio de los tiempos se utiliza a Dios o la religión como pretexto para la violencia. También la dominación e invasión territorial para la explotación de los pueblos: “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune” (Proverbios 16.5 – RVR60). Por otra parte, se dice que en el 2019 la persecución a los cristianos se agravó a niveles de genocidio, previo a la llegada de la pandemia del COVID-19 o SARS CoV-2.


El ejercicio de la iglesia como un reino eclesiástico, fundado por Jesús, donde Pedro mismo estuvo entre los fundadores con los demás apóstoles, no consiste en un reino económico, financiero, físico, literal, lucrativo, material, militar, político, semejante a las monarquías o repúblicas:


“Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?... Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18.33 al 38 – RVR60).

El mundo natural sin una conversión


Las tres dimensiones de conocimiento: natural, espiritual y celestial, determinan y vinculan la trascendencia del ser humano en su dispensación por la gracia de Dios Padre. Jesucristo manifiesta lo siguiente:


“Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados” (Marcos 4.9 al 12 – RVR60).

Esto significa que el mundo natural sin una conversión no tiene aspiración al perdón de pecados. Porque Jesús explica según la parábola del sembrador, acerca de la semilla en buena tierra, que es equivalente a las personas con corazón bueno y recto al retener la palabra oída, y dar fruto con perseverancia (Lucas 8.15). Por otra parte, el que persevere hasta el fin será salvo, según la declaración misma de Jesús y la predicación del evangelio acerca del reino (Mateo 24.13 al 14 – RVR60).


La dispensa está relacionada con el apoyo, paz, protección, respaldo y seguridad recibida directamente de Dios, mediante su don gratuito que concede u otorga, para absolver, perdonar y redimir de la culpa. Es determinante y vinculante, porque según el grado de conocimiento, así es la capacidad de toda persona aceptar, asimilar y reconocer la responsabilidad de sus acciones realizadas libremente. A continuación estos ejemplos:


El conocimiento celestial, caso de Pablo:


“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento...” (Hechos 26.19 al 20 – RVR60).

El conocimiento natural, caso de Festo:


“Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles. Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura” (Hechos 26.23 al 25 – RVR60).

El conocimiento espiritual, caso de Agripa:


“Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26.26 al 28 – RVR60).

Así como en la parábola del sembrador, algunos se quedan en un círculo vicioso, o sea, en la explicación de un discurso sin poder aclarar, como patinar las ruedas del vehículo en un suelo resbaladizo, inmersos en el mundo espiritual y religioso sin trascender al conocimiento celestial de Jesucristo. Es comparado con un espejismo que desvirtúa la posibilidad de reconocer el verdadero oasis. El desierto es la vida donde el mundo es un espejismo de dinero, fama, placer, poder y riqueza, Jesucristo es el verdadero oasis de salvación y vida eterna en consagración, devoción, gratitud, santidad y voluntad de Dios. El espejismo es el camino ancho, el oasis es el camino angosto de la disciplina, razonamiento espiritual y práctico: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento. El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría…” (Proverbios 15.32 al 33 – RVR60).


La decisión de Jesús en este sentido fue abrigar todo el esfuerzo y valor suficiente para perseverar hasta el fin, en el propósito por el cual viene a este mundo por voluntad de su Padre. Jesucristo verdaderamente comprende el motivo de su vida y el plan de Dios para con él y con aquellos en torno a su persona. No se sale del objetivo principal de su venida, respecto a la obediencia y servicio a su Padre que observa desde las alturas en los cielos, ni se deja deslumbrar o influenciar con la distracción de cortinas de humo o por el ruido ensordecedor del mundo. Acata firmemente la misión encomendada, influye su conocimiento en la ignorancia predominante de su época, para beneficio de las generaciones posteriores hasta el día de hoy.


La Biblia dice:


“… ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Isaías 33.14 al 16 – RVR60).

Jesús afirma lo siguiente:


“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muerto y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23.27 al 28 – RVR60).

Lo externo es la persona y lo interno es la mente. Este enclaustramiento de fe ciega, es un aislamiento al mensaje de Dios, real y efectivo. La convicción, adherida fuertemente al cimiento de la razón, es la base de la equidad, justicia, rectitud y sinceridad. La autenticidad acompañada del sentido común a la hora de juzgar, produce un testimonio razonable y con acierto: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos” (Hebreos 11.1 al 2 – RVR60).


El conocimiento natural comparado


La sociedad actual se encuentra muy afanada con muchos quehaceres para obtener bienes y servicios, valora al ser humano en la medida de los bienes y servicios logrados, se ha convertido en una sociedad materialista. El conocimiento natural se basa en la propia facultad humana y las consideradas leyes naturales, necesarias para la subsistencia del ser humano. En el sentido figurado este tipo de conocimiento corresponde al gobierno del primer cielo o primer grado de conciencia. Por ejemplo, todo lo referente a las actividades económicas, empresariales, industriales y financieras, lo civil en la relación e intereses entre ciudadanos, el cuidado de la ecología o medio ambiente, los espectáculos artísticos, canto, culturales y deportivos, el intercambio comercial y laboral, lo militar, los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, lo político en el gobierno de las naciones, la salubridad, la seguridad pública, entre otros.


El mundo de los ajenos a Dios, rehúye un compromiso y la responsabilidad ante el Creador, esta vida natural de las personas, posibilita sobrevivir en el mundo físico, desde el nacimiento hasta la muerte sin depender de glorificar y honrar a Dios. Esto debido a las facultades propias e innatas del ser humano: antropológico, biológico, corporal, ecológico, fisiológico, genético, social y civil, su relación con otras ciencias, el arte, economía, filosofía y política. La persona sobrevive por méritos propios de la vida natural, sin necesidad de trascender al plano espiritual, sino con base en las oportunidades presentadas en la vida, como académica, empleo, ocupación habitual u oficio, salario, salud, profesión o trabajo.


Este conocimiento natural es inagotable y no tiene límites, tal es el caso del poder legislativo, que nunca se termina de legislar en cada periodo de gobierno establecido en cada país, permanentemente surgen nuevas necesidades propias de cada cultura y región, cambios, evolución y tecnología. Durante el tiempo se presentan situaciones en el diario vivir y en la convivencia con los demás, donde se requiere actualización o nueva regulación, según cada época y las leyes civiles requerida.


El ámbito espiritual y de las religiones, no se contempla en el conocimiento natural, sino que escala a otro nivel de conciencia, porque dentro del ámbito natural puede estar enclavado un sector de la población mundial, con la negación de la existencia de un Dios personal y Creador de lo natural, contrario al conocimiento para la adoración, alabanza y servicio al Dios verdadero. Este sector natural se fundamenta en las cuatro “i”, a saber: la incredulidad, indecisión, indiferencia y la ignorancia, en relación con el escepticismo de la conciencia sin fe y el materialismo, con duda respecto a la creencia religiosa y a la sustancia espiritual, sin la sensibilidad al desapego de lo superficial y terrenal.


El sentido del éxito de la vida es lograr alcanzar el conocimiento y temor de Dios con equilibrio y sentido común, sin caer en extremos relativistas: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12.13 – RVR60). Los últimos tiempos ya los estamos viviendo, la venida de Jesucristo cada vez está más cerca, a Daniel en el libro profético, mucho antes del primer siglo de la era cristiana se le dice: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12.4 – RVR60). Estamos en tiempos en que la ciencia ha aumentado, muchos corren de aquí para allá, a través de veloces aviones, barcos, trenes y vehículos, la competencia comercial, la globalización, el aumento del estrés y de la violencia, se requiere en estos momentos de una total coherencia y una sólida comunión con Dios en la unidad con su Espíritu Santo.


Hay casos donde la Biblia habla del mundo en alusión al pecado, se refiere al orden injusto establecido en nuestro planeta, costumbres del paganismo y politeísmo, la distribución injusta de la riqueza mundial, las estructuras socioeconómicas de deudas y usura, las políticas y sistemas de dominación perjudiciales del empobrecimiento para el ser humano, donde se impera la decadencia, la transgresión y la muerte (Juan 15.18 al 20; Santiago 4.4; 1 Juan 2.15 al 17, 3.3 al 13, 4.4 al 6, 5.4 al 5,17 al 19). El pecado esclaviza al hombre y lo condena, la Escritura dice que si el justo con dificultad se salva: ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1 Pedro 4.18; Juan 3.19, 8.34).


Muchos son llamados, y pocos escogidos


En cada conocimiento actúa un tipo de libre albedrío, por ejemplo, el natural decide cuál ocupación, oficio o profesión ejercer, ya sea por medio de capacitación académica o empírico, a través del aprendizaje autodidacta y de otras formas de estudio y preparación. Mientras tanto, el espiritual toma decisiones acerca de cuál comunidad espiritual o de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana va a creer, participar y seguir, con el sentido de pertenencia, ya sea pasivamente solo creyente o activamente como practicante. El libre albedrío celestial es el libre albedrío de los practicantes que deciden con firmeza ser como Jesucristo, en acciones, obra y práctica, según el ejemplo y modelo de Jesús.


Cada conocimiento tiene un radio de acción y alcance infinito, debido a su propia legislación, con la característica que tiene un desarrollo y movimiento interminable. Por el motivo o razón que en el caso del mundo o reino natural, se rige por todas las leyes de cada estado, nación o país, sus instructivos y reglamentos, tanto en lo ejecutivo, judicial y legislativo, además de lo científico, laboral y tecnológico, entre otros. En el caso de lo espiritual, existen tantas comunidades de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, según la cantidad de credos, creencias establecidas, reglamentos eclesiásticos, tradiciones, entre otros. Pero en el juicio final, en el rendimiento de cuentas ante Dios, cada persona responde por sus acciones o actos en forma individual y no por la colectividad. Aunque nadie queda exento o impune bajo su propia responsabilidad, por haber pertenecido a cierto grupo específico de congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en los grupos donde a Cristo no se le rinde la debida supremacía y el debido reconocimiento en adoración y alabanza.


Jesucristo dijo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 20.16 y 22.14 – RVR60). Ciertamente hubo época en donde había mucha restricción para acceder a las copias de la Biblia, no existía la imprenta o con su invención el costo de impresión era muy elevado, además en relación con las versiones se escaseaban las traducciones en otros idiomas. Esto ocasionaba una mayor ignorancia masiva en el conocimiento de la lectura directa de la palabra de Dios. Entre las desventajas y ventajas, según se analice y considere, era más fácil controlar la unidad de interpretación bíblica o la hermenéutica, mediante la homilía o sermón dado a conocer al pueblo, por parte de los ministros o magisterio. La enseñanza tenía un formato más centralizado: poder central y centro común. Sin embargo, la tendencia ha sido el fraccionamiento eclesiástico del cristianismo, debido a la gran diversidad de comentarios, interpretaciones y opiniones de tesis personal, realizada a la Biblia. Por consiguiente la consecución de seguidores para cada una de las propuestas. Históricamente predomina la costumbre, intolerancia religiosa, mitos, ritos y tradiciones, con la ignorancia en general.


El conocimiento natural influye una interacción hacia el conocimiento espiritual y religioso. También surgen las personas que son observadoras, analíticas y críticas, con sentido crítico, objetivo o científico. Por ejemplo, se creía en la Tierra como plana y alguno afirmó su redondez (Isaías 40.22), también la rotación del planeta o la traslación en torno al sol, entonces se le amenazó al proponente con ser quemado en la hoguera, por ser considerado un hereje sin retractar.


La ciencia ha contribuido de muchas formas a adquirir conocimiento, para mejorar la calidad de vida y la longevidad de la humanidad. La tecnología aporta el beneficio social en información y telecomunicaciones, la accesibilidad a extender por todo el mundo la formación académica e intelectual, en especial contribuye a cumplir el anuncio de llevar el evangelio hasta el último rincón del planeta. La educación formal es fundamental en el crecimiento y desarrollo de los llamados, por la oportunidad de la alfabetización. Quienes se conforman con conocer la lectura de la Biblia, sin practicar la misma se quedan como espirituales, mientras que los practicantes aplican el ejercicio de acciones permanentes, no solamente la celebración o rito ocasional, sino constantemente con perseverancia son obedientes siempre, con toda consagración y santidad.


Los muchos llamados podrían ser todos creyentes, en el caso de los pocos escogidos pueden ser los verdaderos practicantes, por ejemplo, se dice de la ley: “porque no son los oidores… los justos ante Dios, sino los hacedores… serán justificados” (Romanos 2.13 – RVR60). Un ejemplo se presenta en el tiempo del diluvio, donde Noe pregona, o sea, da el anuncio y avisa, sin embargo, la palabra dice: “… en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvas…” (1 Pedro 3.20 – RVR60). El profeta Elías en cierta ocasión invoca a Dios: “… Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal” (Romanos 10.2 al 4 – RVR60).


El llamado se presenta al Faraón en Egipto, donde no creyeron a Dios, menos practicaron su voluntad: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9.17 – RVR60). Los llamados están en todas partes de la tierra, es el anuncio del nombre de Dios hasta el último rincón del planeta.


La rigidez de fundamentar las creencias como enseñanza eclesiástica, es el drástico hermetismo para cambiar, corregir y rectificar lo erróneo durante el paso del tiempo. Por ejemplo, hubo época en la administración de la iglesia por medio de líderes de la jerarquía eclesiástica, donde de forma flexible se pudo escuchar las iniciativas de reforma de Martín Lutero con sus noventa y cinco tesis, en su lucha contra lo considerado como abusos y errores de la iglesia, sin embargo, la reacción fue de intimarle con autoridad y fuerza para que se retractara. Luego recibe una condena y excomunión, al final fracasa también por cierta actitud propia de intransigencia. La iglesia oficial en lugar de dialogar termina en una contrarreforma. Lutero desiste de la unidad y sin pretenderlo es el origen de un cristianismo fraccionado, entre bandos que inclusive se olvidan de la fe de Cristo y llegan a cruentas guerras y exterminio de creyentes. Prevalece la división, enemistad, intolerancia, las luchas de poder y odio. También entre occidente y oriente.


Todo este mundo espiritual y religioso, esté donde esté, o sea, en la congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, ya sea independiente o tradicional, centenaria o milenaria, sea cualquiera que sea, requieren trascender al conocimiento celestial de Cristo, para aspirar a rendir cuentas dignamente ante Dios Padre y Creador. Muchos se creen los grandes apologistas o defensores de sus propias creencias, pocos son practicantes a semejanza de Jesucristo como se analizará en profundidad a continuación.


Jesucristo transmite el conocimiento celestial


Jesucristo transmite el conocimiento celestial: “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra” (Juan 8.42 y 43 – RVR60).


En la época o tiempo de Jesús, con independencia de las creencias del judío, ya sea la creencia como doctor o intérprete de la ley, escriba, fariseo, integrante del sanedrín, sacerdote, saduceo o sumo sacerdote, a pesar de sus diferencias en las creencias, por ejemplo entre fariseos y saduceos en el tema de ángel, espíritu o resurrección (Mateo 22.23; Hechos 23.8), a la hora de creer en Jesucristo, se determina como incrédulo o creyente, en relación con la creencia en Jesús: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.31 y 32 – RVR60). En este caso incrédulo es quien no tiene fe y creencia en Jesús, quienes creen en él y perseveran firmes en su palabra, se vuelven verdaderos discípulos.


Aún los propios discípulos sufrieron crisis de incredulidad en su transición del conocimiento natural al espiritual: “... Llegó Jesús, estando las puestas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20.26 al 27 – RVR60). Además: “... y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16.14 – RVR60).


En la época de la actualidad, todo el fraccionamiento cristiano, llámese comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, es creyente en comparación con la creencia en Jesucristo, a pesar de las diferencias de credos o creencias, doctrinales, dogmáticas, reglamentarias o tradicionales. Los incrédulos son aquellos que solamente tienen el conocimiento natural y se resisten a trascender al conocimiento espiritual: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden...” (1 Corintios 1.18 – RVR60). El conocimiento natural se queda únicamente en sabiduría humana o del mundo según la carne: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne...” (1 Corintios 1.26 – RVR60). El conocimiento espiritual jamás se fundamenta en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios: “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2.4 y 5 – RVR60).


Todos los creyentes son los muchos llamados, pero hay una diferencia en el caso de los pocos escogidos, porque son los verdaderos practicantes del ejemplo y modelo de vida de Jesús, con el poder del Espíritu Santo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 22.14 – RVR60). Los llamados provienen tanto de judíos como de griegos (gentiles): “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.24 – RVR60). El vínculo común es Jesucristo, por lo tanto, en cada fracción del cristianismo, sea una comunidad, congregacional, denominacional, iglesia o religión cristiana antigua o reciente, de ninguna manera es poseedora exclusiva de la verdad única y absoluta, Porque la verdad misma es Jesucristo: “a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito. El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1.29 al 31 – RVR60).


El conocimiento natural hace presión para preservar su propia naturaleza contrario al sentido de Cristo: los más conservadores se aferran por cuestiones discriminatorias o raciales para mantener la circuncisión en la carne, como por obras tradicionalistas y no por la fe, obligando a circuncidarse, para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo según Gálatas 6.11 al 15. Además mantenían el rito de sacrificios de corderos, negando el único sacrificio de Cristo para perdón de pecados, mandando guardar la ley de sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones por el pecado, preservando de esta forma el sacerdocio literal y no el sacerdocio de Cristo, contrario a la fe en Jesús y opuesto al nuevo pacto:


“15.1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 15.2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión... 15.4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos... 15.5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés...” (Hechos 15.1 al 16.5).

Se convirtieron en falsos hermanos, introducidos a escondidas, para tratar de regresarlos a la esclavitud de antes (Gálatas 2.3 al 5; Tito 1.10), la comunidad de fe de Galacia o iglesia de los Gálatas, recibe la influencia por los más extremistas y fanáticos (Gálatas 3.1 al 5, 4.9). El espiritual le hace frente al natural para dar la preeminencia a la voluntad de Dios. El Salmo dice: “La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán” (Salmo 37.30 al 31 – RVR60). El nuevo pacto hace del justo y santo un templo del Espíritu de Dios (1 Corintios 3.16 al 17, 6.19), y la ley de Dios está en el corazón y la mente. La obediencia ya no es impositiva, por obligación, sino que nace por la gracia recibida de Dios (Romanos 5.17 al 21; 1 Corintios 1.4 al 7; 2 Corintios 1.12; Tito 2.11), porque se produce el amor, la disposición y voluntad para obedecer: “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3.7 – RVR60).


La corrupción de entendimiento


En el mundo natural, así como el cuerpo está muerto sin la respiración del oxígeno, que es el espíritu de vida, también en el sentido espiritualmente se está muerto con la ausencia de la fe y la práctica de la obra de Jesucristo: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 2.26 y 3.1 – RVR60). El debatir cuestiones de creencias es muy común en el conocimiento espiritual, es parte del libre albedrío espiritual y de la legislación del análisis de los temas, pero algunos se perjudican al considerarse muy entendidos en la materia y se quedan en la teoría, sin escalar a otro nivel práctico del conocimiento, basado en las enseñanzas de Jesús. El que se cree sabio en el conocimiento espiritual le es mejor ser humilde y manso para aprender, desarrollar la capacidad de escuchar, aunque aparente cierta ignorancia alcanza mayor grado de madurez y sabiduría espiritual: “Nadie se engañe a sí mismo, si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios...” (1 Corintios 3.18 al 23 – RVR60).


Ahora bien, sembramos en lo natural o sembramos en relación con lo celestial, son dos posibilidades de cosechar para la carne o en el Espíritu Santo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR60). Hay corrupción eclesiástica cuando algunos en aparente piedad la utilizan como pretexto para fuente de ganancia, además se convierte la actividad eclesiástica en un negocio personal o familiar, al final negocio lucrativo y propio debido al enriquecimiento y amor al dinero:


“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición, porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6.3 al 10 – RVR60).

Luego Pablo mismo dice acerca del conocimiento celestial: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1.11 al 24 – RVR60). Jesús mismo les abre el entendimiento, porque era necesario el cumplimiento de todo lo escrito acerca de él, sus padecimientos y su resurrección al tercer día (Lucas 24.44 al 46). Un sincero y auténtico conocimiento de la doctrina de Dios, es encomendarse a su dirección y guía del Espíritu, sin ningún tipo de demagogia, de los que llegan para servirse con sus ambiciones: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4.7 al 8 – RVR60; 2 Timoteo 1.14). Además dice la Escritura: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4.5 – RVR60).


Servir a Dios o al mundo terrenal


El conocimiento natural es perecedero con alcance para la vida presente: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6.19 – RVR60), mientras que en la experiencia de comprender y adquirir conciencia de lo celestial, posibilita dar la verdadera importancia a la preparación para rendir cuentas a Dios, en relación con la vida venidera: “sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6.20 – RVR60).


Según la referencia del párrafo anterior, se percibe la distinción de conocimiento en el siguiente pasaje bíblico: “Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle” (Lucas 9.7 al 9 – RVR60). En el caso de Jesucristo transmite un tipo de conocimiento celestial que algunos logran ser conscientes: “Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13.51 al 52 – RVR60).


El evangelio sea antiguo, de Jesucristo y para vida eterna, es un mismo evangelio, en el sentido de las buenas nuevas de salvación, o la buena noticia proveniente del Creador. Mientras que hay muchas clases de dogmas, originadas por las criaturas, como respuesta y reacción al evangelio de Dios. Además, el dogma surge por otros motivos y fundamentos de todo sistema científico, doctrinal o religioso. Por ejemplo, Jesús les reprocha a los discípulos acerca de su actitud o reacción de incredulidad: “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16.14 al 15 – RVR60). El evangelio se predica en todo el mundo, a todo ser humano de la creación, en diferentes entornos de las civilizaciones, culturas, etnias y sociedades, pero el destinatario final es el ser humano, quien esté donde esté ofrece resistencia al evangelio. La prueba es el pasaje anterior, donde los mismos discípulos instruidos por Jesús, eran incrédulos y duros de corazón, respecto a la resurrección del Señor.


El tiempo de Moisés presenta un tipo de doctrina a manera de teocracia, se mezclan las cuestiones de adoración, ceremonia, celebración, civil, docencia, espiritualidad, legal, política, religiosa, ritual y salubridad, englobadas en la dirección ejecutiva, judicial y legislativa. Similar a una constitución política y otras leyes de reglamentos, procedimientos e instrucciones. Es la institución de normas civiles, públicas, salubridad, tanto individual como colectiva, de educación, convivencia, laboral y respeto a la propiedad privada. En la época de Jesús en Judea se presenta cierta separación entre lo político y lo religioso:


“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados” (Lucas 3.1 al 3 – RVR60).

Jesús separa definitivamente el poderío político del poder religioso y espiritual. Por ejemplo, en el siguiente pasaje bíblico las autoridades religiosas envían además de los fariseos a los herodianos. La política está relacionada con las cuestiones de la administración y gobernación del Estado. La religión se enfoca en el interés primordial de lo espiritual, congruente a la voluntad de Dios, de ninguna manera existe para defender o representar los intereses particulares y terrenales de la corriente política, que son de competencia y función estatal. La Biblia dice:


“Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?... Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra… Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios…” (Marcos 11.27 al 12.17 – RVR60).

La doctrina directa de Dios es sana, sin corrupción ni daño, mientras que el poderío político por ser del mundo, es endeble y vulnerable a la corrupción: “… la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.4 – RVR60).


Algunos se estancan en la salvación por religiosidad. En este sentido, a pesar de las barreras dogmáticas y religiosas, influyentes en su época, Jesús no presentó su adhesión a la política o religión oficial del momento. El sector religioso oficial rechaza a Jesús:


“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron... Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho... Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba” (Marcos 15.1 al 5 – RVR60).

Jesucristo se abstuvo de ser nombrado rey por parte del pueblo, de vivir en los mejores palacios, de vestir las mejores ropas reales o de viajar en los mejores carruajes. Este ejemplo de Jesús y modelo de vida, contrasta con otra representación de la serpiente astuta como dios falso, que es la mala distribución de las riquezas:


“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lucas 4.5 al 8 – RVR60).

La serpiente conocida como serpiente antigua, diablo y Satanás, representa la adoración y servicio a los dioses falsos, entre ellos la adoración y servicio a las riquezas (en griego Mamón):


“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16.13 al 15 – RVR60).

El pasaje anterior menciona el caso de los fariseos como avaros, inclusive la misma avaricia es considerada en la Biblia como una idolatría: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3.5 al 6 – RVR60).


El afán de adquirir y atesorar riquezas se tenía por sublime y lo terrenal del apego a las inclinaciones o tendencias propensas a los placeres del mundo, contrario a la obediencia a Dios. La mayor rebeldía del ser humano ante Dios es similar a una egolatría y narcisismo, como culto y veneración así mismo, al dinero, fama, poder y riqueza. Este culto y fascinación a la personalidad, representa la entronización del mismo ser humano, como su propio dios, ante los habitantes del mundo, donde a algunos de sus dinastías, emperadores, faraones, gobernantes, jerarcas, líderes, poderosos, príncipes, pudientes, reyes y soberanos, son considerados como dioses y convertidos en asesinos, autoritarios, crueles, dictadores genocidas, injustos, sanguinarios y violentos, sin piedad alguna y sin temor a Dios. Ha prevalecido en la historia de la humanidad una cultura de impunidad, en los casos donde el pueblo respalda a sus líderes como a un dios falso, han seguido el camino de la muerte, aunque signifique estar en contra de la adoración y servicio a Dios.


La conexión con lo celestial mediante Jesucristo


Ninguna interpretación de la ley puede ir en contra del amor y de la vida. En el caso del amor al prójimo como a uno mismo, un intérprete de la ley le pregunta al Señor acerca de ¿quién es su prójimo? El Maestro con una parábola de ejemplo, le explica no solo quién es el prójimo, sino cómo ser cada uno el prójimo de todos los seres humanos a su alrededor, sin las malas discriminaciones culturales, étnicas, idiosincrásica, sociales y de otras índoles. En realidad la raza humana es una sola, no hay división racial sino una sola humanidad, el invento humano de la diferencia de razas en el ser humano, provoca la división y discriminación de unos contra los otros, hasta las guerras, muertes y odio.


El buen samaritano de la parábola representa el conocimiento celestial, donde estaba un hombre postrado en el camino, despojado y herido, por causa de ladrones dejándole casi muerto. Estos representan el conocimiento natural, anduvo por ahí un sacerdote, viéndole, pasó de largo, luego un levita quien hizo lo mismo de lejos, ambos eran instruidos en la ley, y estaban al servicio de la obra de Dios por ser de la tribu de Leví, eran los elegidos para el servicio y trabajo ministerial que representan el conocimiento espiritual.


Según esta parábola, el prójimo del hombre herido no es el sacerdote ni el levita, supuestos servidores de Dios y conocedores de la ley de misericordia, sino el samaritano, quien realmente usa la misericordia (Lucas 10.25 al 37). No basta con la letra o teoría del conocimiento, es necesaria la práctica; no es suficiente el creer tener la fe, también es necesario por las obras de la fe demostrar la eficacia de la misma, visualizar la fe por las obras de amor y misericordia (Santiago 2.14 al 18). Esto es semejante en nuestro tiempo, cuando se fundamentan dogmas o ideologías de determinada grupo de fe religiosa, con la intención de elevar o sobreestimar el concepto de espiritualidad en cada persona, pero se infunde la discriminación y muerte por el odio, persecución y rivalidad religiosa.


En la parábola del buen samaritano, posiblemente tanto el sacerdote como el levita, actuaron así, apegados a la misma ley, según la interpretación de algunos preceptos, creyeron correcto no acercarse al herido, por si, en caso de estar muerto, no caer en inmundicia al tocarlo, ya que temporalmente podrían quedar inmundos en caso de tocar a alguna persona fallecida (Números 19.11 al 16; Levítico 21.1 al 4; Ezequiel 44.25). Pero el samaritano, supera el privilegio poseído por el sacerdote y el levita, ve al herido y es movido a misericordia, lo socorre y cuida hasta sanar por completo. Jesús pregunta al intérprete de la ley: “… ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo” (Lucas 10.29 al 37 – RVR60). Está escrito en la Biblia: “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2.13 – RVR60).


Hay que vencer el mal con el bien. La ausencia de amor, fe, justicia y misericordia, provoca en algunos la consideración de ser más santos en comparación a los demás (Isaías 65.5; Hechos 10.28), prevalece la creencia de tener la absoluta y única verdad, pero en realidad se deposita la confianza en dogmas, normas y reglas más incoherentes e incongruentes al sentido celestial manifestado en las Escrituras. Jesucristo con su ejemplo, rompe con todos estos paradigmas, vino a dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor (Lucas 4.17 al 21). Lo demuestra cuando habla con una mujer samaritana, a pesar de que hay enemistad entre judíos y samaritanos (Juan 4.1 al 10; Esdras 4.1 al 10; Nehemías 4.1 al 2). Por lo tanto, es necesario trascender de lo natural a lo espiritual, y de lo espiritual a lo celestial, como un proceso y engranaje para llegar a la plenitud de Cristo, según su conocimiento.


La comprensión, entendimiento y la conexión con lo celestial mediante Jesucristo, es lo que verdaderamente trasciende para vida eterna, es decir, en la medida del análisis y profundidad en el conocimiento de Dios logramos entender lo siguiente:


El propósito de la creación junto con el ser humano, está en lo que Pablo llama la dispensación del misterio escondido en Dios, el Creador de todas las cosas. Dispensar tiene relación con dar, conceder u otorgar. Esto con el propósito de que las muchas formas de la sabiduría de Dios sean dadas a conocer entre los seres creados, por medio de la fe en Cristo Jesús (Efesios 3.9 al 12). Pablo afirma que este propósito de Dios y su gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos y manifestada con la venida del Salvador Jesucristo por el evangelio dado también a los gentiles (2 Timoteo 1.9 al 11). Entonces la finalidad de la creación del ser humano implica que ellos adquieran el conocimiento de Dios para alabanza de su gloria, a través del evangelio de Jesucristo dado inclusive a los gentiles. También para la administración de la gracia de Dios entre los humanos, siendo los gentiles coherederos y miembros del mismo cuerpo, copartícipes de la misma promesa (Efesios 3.1 al 8).


La nobleza en la forma de ser, personalidad y sentimientos


El reino de Dios es promovido por Jesucristo y anunciado por el profeta Juan el Bautista. Ambos no vistieron ropas reales, ni vivieron en palacios de reyes, ni viajaron en los mejores carruajes, sino que su nobleza estaba en la forma de ser, personalidad y los sentimientos elevados. Jesús dijo lo siguiente: “… Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído… y a los pobres es anunciado el evangelio… Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están” (Lucas 7.22 al 25 – RVR60).


Pedro, seguidor y discípulo de Jesús, instruido por su palabra, estaba aún sin comprender el sentido y significado del verdadero reino, lo imprescindible del cambio de actitud y de personalidad, reacciona con espada en la aprehensión: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco” (Juan 18.10 – RVR60). La Biblia también dice:


“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mateo 26.52 al 54 – RVR60).

En cierta ocasión Pedro rehúsa recibir el lavamiento de los pies por parte de Jesús: “... ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13.6 al 7 – RVR60). Pedro inició la evangelización o predicación a los gentiles, que no eran de la tribu de Judá, o sea, de los habitantes de Jerusalén y Judea, entonces él relata una manifestación de Dios o teofanía: “... Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10.28 – RVR60). Por ejemplo, entre los habitantes de Samaria, cuando Jesús le habla y pide agua a una mujer samaritana, ella se extraña porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí (Juan 4.9), porque Jesús rompe con los estereotipos de su época, tal es el caso a través de la mujer samaritana, inclusive sus discípulos se maravillan (Juan 4.27).


Los fariseos viendo la obra de Dios la rechazaron. Quienes analizaban la ley en tiempos de Jesús, los escribas versados e intérpretes de la ley, entre ellos los fariseos y saduceos, tuvieron a su alcance la ley y la profecía, pero no entendieron el argumento o plan propuesto por la palabra de Dios, en relación con la venida de Jesucristo como el Camino para la Salvación, quien dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5.20 – RVR60). En quienes no entendieron el plan de Dios, se cumple la moraleja de un epitafio con la leyenda: “aquí yace uno que no supo para que vivía”. Esto es similar a realizar el viaje de esta vida hacia lo desconocido, en completa ceguera, ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia de la espiritualidad, solamente apegado a lo carnal, natural o terrenal.


Los escribas y fariseos no lograban captar el amor de Dios, compasión, fe, justicia y misericordia, a pesar de ser estudiosos de las Escrituras, en aquella época integrada por la ley de Moisés, los profetas y los salmos (Lucas 24.44). No aprendieron a vivir la vida de acuerdo con Dios, el amor desinteresado e incondicional, a ser benevolentes, buscar el bien común y estimar a las personas con la fuerza de la voluntad. Tampoco entendían el amor a los enemigos, porque esperaban al Mesías como Libertador (Romanos 11.25 al 26), y no como el gran pacificador de sus adversarios (Mateo 5.38 al 48).


El justo vivirá por fe


El justo vivirá por fe, afirma las Sagradas Escrituras: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2.4 – RVR60). La arrogancia y el exceso de estimación propia, por méritos propios o bienes poseídos, es el vivir para sí mismo con cierta incredulidad contraria a la fe en Cristo, porque la persona considera que no requiere de la fe para poder subsistir, sino por su propio esfuerzo: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos,… para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.14 al 17 – RVR60). El apóstol Pablo a los filipenses menciona: “Porque para mí el vivir es Cristo…” (Filipenses 1.21 – RVR60).


En el caso de los saduceos no creían que existiera resurrección (Mateo 22.23; Marcos 12.18), a pesar de acceder a la misma fuente de información que los fariseos y otros grupos religiosos. Así los fariseos y saduceos tienen sus propias creencias o dogmas, supuestamente en adoración y servicio a Dios, pero rechazan a Jesús y el mensaje enviado de Dios. Por ejemplo, los fariseos y saduceos utilizan la misma fuente de doctrina en las Sagradas Escrituras, mientras tanto, en el dogma, unos a diferencia de otros, interpretan y opinan la existencia o no de ángeles, espíritu y resurrección: “Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas” (Hechos 23.8 – RVR60). En otro pasaje dice:


“Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron... Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés como le hablo Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis…” (Marcos 12.18 al 27 – RVR60).

Por lo general el dogma de la religión son sus fundamentos principales. La Biblia dice: “… La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1.26 al 27 – RVR60). La autoridad de la religión determina la obligatoriedad de creer y practicar el dogma. La cuestión es la siguiente: ¿a cuál autoridad según Cristo, es necesario acatar primeramente, en los dogmas espirituales y religiosos? Pedro y Juan dijeron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4.19 al 20 – RVR60). Además agrega Pedro y los apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29 – RVR60).


Esta verdad en Jesús es un equilibrio del bien común, donde algunos se desvían con egoísmo al acumulamiento de bienes materiales, donde se desvalora el ser humano como persona, se aferran a su propia verdad terrenal y no a la verdad del reino de Dios. En la actualidad estamos en tiempos en que la ingenuidad en el pueblo de Dios no se justifica, en el sentido de sencillez para ser engañado o de ser incauto, a la hora de dejarse rodar por las corrientes filosóficas del mundo, que aparentan piedad, pero en la realidad se distorsiona adrede el mensaje de Jesucristo. La capacidad de la sencillez es necesaria e imperativa, siempre y cuando sea en el sentido del abandono al lujo, opulencia, ostentación y las vanidades. Una vida en austeridad, caridad, humildad y solidaridad, es el punto de partida y límite demostrativo entre el llamado y el escogido, porque la abundancia de alguno representa escases en otro. Jesús dijo: “Mas ¡ay de vosotros, ricos! Porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!...” (Lucas 6.24 al 25 – RVR60).


La religión con la mejor intensión de invocar a Dios e influir en el pueblo


La religión trae consigo el surgimiento de los mitos, arquetipos y la aventura de un viaje al encuentro con la deidad. Por consiguiente, la energía, fuerza, y valentía hacia el conocimiento verdadero, con la superación de adversidades y obstáculos. Distorsionado en luchas de poder del gobierno humano para enriquecimiento, en lugar del dominio del temperamento, la modificación de la personalidad, la consolidación del carácter, para acercarnos al Dios verdadero y a una mejor convivencia entre seres humanos. La personalidad incluye los rasgos visuales de conducta o comportamiento, influenciada por la actitud, aptitud, carácter, emoción, hábito, pensamiento y sentimiento. La Biblia dice lo siguiente: “Quién es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta sus obras en sabia mansedumbre” (Santiago 3.13 – RVR60).


Surgen los héroes y villanos, las vidas ejemplares y subordinadas a la confianza en Dios, frente a los rebeldes por desobediencia, obstinados al seguir su propio camino o destino. Toda una conspiración y complot, con los miedos y temores que esto implica. Los héroes y villanos a su vez son figuras y representaciones entre el bien y el mal, porque son consejeros y guías hacia lo bueno o lo malo. La religión influye en el conflicto espiritual determinante del destino de cada persona y su temor a la muerte. El contraste entre luz y tinieblas, entre el conocimiento y la ignorancia.


La religión se vuelve una práctica o medio cultural determinante de intercesión, interpretación y tradición. El cielo se convierte en un elemento con una connotación del lugar considerado como la morada de Dios, de manera que muchas veces la mirada hacia lo alto, es la meta propuesta para la iluminación y salvación de los humanos. El cielo como el gobierno de Dios y la tierra como el lugar de los gobernados. La idea de ir al cielo es muy antigua, desde la torre de Babel se pretende una cercanía de esa torre para llegar hasta el cielo (Génesis 11.4).


La religión se inicia con las mejores intensiones de invocar a Dios e influir en el pueblo, pero no queda exenta de la maldad oculta: la avaricia, codicia, lucro, lujo, onerosidad, opulencia, vanidad y vanagloria, portador en quienes lideraron inicialmente la religión y se pervirtieron. Por esta razón, la mezcla de la religión con asesinato, blasfemia, fornicación, robo, sacerdocio sexual, saqueo, promiscuidad, sacrificios humanos y toda clase de dioses, idolatría e imágenes. El interés espiritual se vuelve en una agresión, engaño, corrupción, imposición, intimidación, irrupción, miedos, muertes, odios, pánico, persecución, poder y terror. Por consiguiente, es el propio ser humano quien conceptualiza, construye e imagina con desenfreno, a sus propios dioses falsos, en afrenta al Dios verdadero. Por ejemplo, se prefiere adorar al sol antes que a Dios:


“Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego;… No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día” (Deuteronomio 4.15 al 20 – RVR60).

El astro principal del sistema solar, en la eclíptica del solsticio y equinoccio, en los inicios de las estaciones del año, han impresionado desde la antigüedad al ser humano, al punto de ver al sol como objeto de adoración, incluso la influencia de la luna con su distancia hacia el planeta Tierra o los temblores relacionados con el cambio de clima en algunos lugares y zonas geográficas del hemisferio terrestre. El profeta Ezequiel escribe lo siguiente:


“Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente” (Ezequiel 8.15 al 16 – RVR60).

Grupos religiosos con un celo irracional


El conocimiento natural se manifiesta en aquellos gobernantes que no creyeron el mensaje de Jesús. El caso de los principales sacerdotes, saduceos y fariseos representan el conocimiento espiritual, pero Nicodemo y José de Arimatea mediante Jesucristo trascienden al conocimiento celestial, aunque sea como un tipo de religiosos anónimos.


El anonimato de Nicodemo se cumple cuando viene a Jesús de noche, para no ser visto abiertamente y para no descubrir su identidad: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3.1 al 2 – RVR60). Nicodemo se presenta ante Jesús y con su testimonio expone su concepto acerca de Jesús, a pesar de pertenecer al grupo de los fariseos y de ser principal entre los judíos, Jesús le dice: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo… Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (Juan 3.7 al 10 – RVR60).


Referente al anonimato de Nicodemo, la Biblia resalta que los principales sacerdotes y los fariseos pensaban que ninguno de ellos había creído en Jesús: “… ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?” (Juan 7.45 al 48 – RVR60), sin embargo, la Biblia destaca que Nicodemo era fariseo y vino a Jesús de noche: “Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos…” (Juan 7.50 al 52 – RVR60), “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche…” (Juan 19.39 – RVR60).


Los religiosos anónimos (RA), son las personas con secuelas de pertenecer a grupos partidarios del absolutismo, que creen ser los únicos y verdaderos, porque logran infundir desprecio, difamación, discriminación, odio y rivalidad hacia otras religiones. Se consideran los más santos entre los santos, inmaculados y sin pecado, pero en realidad están llenos de los siguientes antivalores: altivez, arrogancia, desamor, presunción, soberbia, orgullo y vanagloria. Desprecian las actitudes, porque para ellos la salvación personal y el galardón de la vida eterna, se fundamenta en su propio credo o dogmatismo de creencias particulares, restando importancia a los valores de Cristo.


En el caso de José de Arimatea, estos grupos infunden intimidación y miedo, a la pérdida de salvación fuera de su propio grupo, inclusive el temor a la discriminación, exclusión y represalias. Las personas que están muy afectadas quedan con un trauma psicológico, con la necesidad de terapia para superar la etapa traumática dentro de la religión, por consiguiente la reunión de apoyo neutral con otras personas que han sufrido situaciones similares. La Biblia dice: “… José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos…” (Juan 19.38 – RVR60).


Estos grupos religiosos tienen un celo irracional, con aparente libertad de Cristo, aunque al fin de cuentas hacen lo que les parece y les conviene, según sus propios intereses. El apóstol Pablo menciona: “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad? Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos” (Gálatas 4.16 al 17 – RVR60). La Biblia relata acerca de una vez en tiempos antiguos, por falta de rey en Israel, que cada uno hacía lo que bien le parecía (Jueces 17.6, 21.25), pero en el cristianismo el rey es Jesús, lo cual testifica Natanael cuando reconoce a Jesús como Hijo de Dios, Rey de Israel y Natanael era un verdadero israelita, en quien no hay engaño, según la declaración directamente de Jesús (Juan 1.47 al 49).


La autenticidad como la de Natanael, es solo demostrable a través de la práctica con los hechos del diario vivir. La teoría poco o nada sirve si no hay aplicación, por esta razón es Jesús el que llama a Natanael como verdadero, en quien no hay engaño. Los religiosos anónimos proceden de grupos sin congruencia, tanto en el discurso y en la práctica del amor, por la aversión a quienes consideran sus rivales religiosos por los diferentes dogmas: “… pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3.2 al 3 – RVR60).


Diferenciar entre la justicia y la maldad


Dios dice: “Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve” (Malaquías 3.18 – RVR60). Este pasaje bíblico es un ejemplo de la posibilidad de discernimiento, para diferenciar entre la justicia y la maldad, distinguir entre el que vive para servir a Dios y el que no lo hace. Luego la Biblia aclara acerca del mensaje celestial de Juan el Bautista: “… Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1.13 al 17 – RVR60). Se requiere la virtud de la prudencia para diferenciar entre lo justo y lo injusto, además de la conversión para cambiar, volver a la obediencia y la práctica de la justicia. Estas condiciones determinan la cualidad o circunstancia por la que el conocimiento natural necesita del conocimiento espiritual para la práctica de la justicia en el servicio a Dios.


Por ejemplo, mediante el sacerdocio y redención universal de Jesucristo, hay una separación visible entre quienes se quedaron únicamente como seres naturales y los que sirvieron a Dios como espirituales: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25.31 al 32 – RVR60).


Entonces, continuemos con la lectura:


“Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí… Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeño, a mí lo hicisteis… Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25.33 al 46 – RVR60).

El éxito del conocimiento natural se manifiesta en la grandeza de sus logros, del desarrollo y planificación de las gigantescas ciudades, de la acumulación de inmensas riquezas, de los grandes avances científicos y tecnológicos, de la sobresaliente capacidad y solidez económica, comercial y financiera. De la grandeza militar y territorial o del gran poderío político. Por el contrario el éxito del conocimiento espiritual se sustenta en el contribuir y tributar a Dios solidariamente, para beneficiar a los empobrecidos por el sistema de discriminación de cierta posición o status, donde se margina a quienes tienen condición social de inferioridad. En el mundo hay injustamente por causa del mismo ser humano, mucha gente muriendo diariamente de hambre y sed. El mundo natural ignora adrede la voluntad de Dios y actúa con indiferencia, por conveniencia de unos pocos e interés propio, impulsado por la avaricia, codicia, egoísmo, envidia, lucro, mezquindad, opulencia y vanidad. A pesar de quienes aprovechan, benefician y subsisten de toda la materia de extracción, existente en la misma creación natural, evaden agradecer a Dios el Creador, sin involucrarse en las prácticas espirituales o religiosas, sin compromiso moral de contribuir para ayudar a los más necesitados y a una distribución más justa de la riqueza mundial.


La vida presente y el conocimiento natural es circunstancial, espacial y temporal: “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Marcos 13.1 y 2 – RVR60). El conocimiento de Dios es la verdadera herencia que nos lleva a la vida eterna, no se trata de cualquier adoración, conocimiento, don, práctica o promesa: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” (Lucas 21.5 y 6 – RVR60). Más que la exaltación y grandeza en las edificaciones, está el bien común de las personas, para bienestar y salud.


El culto racional tiene relación con la honra, respeto y reverencia en la excelencia y superioridad de lo dedicado y sagrado a Dios, mediante una fe reflexiva, que se considera con atención y detenimiento, porque es una fe meditada, pensada con plena conciencia y con entendimiento, justicia, rectitud y verdad. El ser humano por su naturaleza tiende a contender, debatir y porfiar fervientemente y con vehemencia. El humano no está exento o inmune de esta situación, aún dentro del conocimiento espiritual, muchas veces se opone y resiste a la voluntad celestial de Dios.


La Biblia dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8.14 – RVR60). Por lo tanto, de entre el mundo con el conocimiento natural, muchos son los llamados acerca del conocimiento espiritual y pocos los escogidos con el conocimiento que es celestial, según la transmisión de enseñanza, ejemplo y modelo de Jesucristo. Hay una lucha entre lo natural y lo espiritual, porque lo natural presiona por camuflar y confundir, entrelazar y mezclar con lo espiritual: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros... porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8.9 y 13 – RVR60).


Proceso de renovación y restauración


Jesús dice en la palabra de Dios: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12.30 – RVR60). Por ejemplo, la historia de la humanidad, registra a muchos en la fe que por causa de la fidelidad y lealtad, sufrieron cautiverio, destierro, esclavitud, injustas represiones, muerte, pérdida de identidad, persecución, saqueo, ultraje y violencia. La fatal combinación de la cruz de Cristo y la espada, la evangelización y el expansionismo militar, el poderío religioso, el estado imperial, la pasión desenfrenada por adquirir la fama, honores, pleitesía, poder y riquezas. Esto es el camuflaje de lo natural infiltrado entre lo espiritual, pero sin ninguna aspiración o posibilidad de lo celestial, por ser sistemas anticristo.


Hay un proceso eficaz de renovación y restauración con la formación y transición entre el conocimiento natural y el espiritual. Hay una feroz tendencia a la desobediencia y rebeldía: “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová” (Salmos 25.7 – RVR60). Además: “... porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8.21 – RVR60). La Biblia dice: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7.29 – RVR60).


La rebeldía es generada en cada ser humano por su propia naturaleza humana de resistir a la voluntad de Dios, hasta que supere su condición y se sujete a Dios con el conocimiento espiritual. Cada persona tiene que asumir responsabilidad de su propia rebeldía, independiente del grado de maldad y pecado de sus progenitores en la concepción:


“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.1 al 5 – RVR60).

Este conocimiento espiritual es una renovación constante, porque la renovación continua del cristiano está en el corazón y la mente, como dice en el libro de Salmos: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (Salmos 51.10 al 12 – RVR60). La persona con el tiempo se envejece, pero su interior se renueva de día en día (2 Corintios 4.16). Esta renovación es en el espíritu de la mente, o sea, en la intención del pensamiento, se renueva la personalidad en la justicia y santidad (Efesios 4.22 al 24). Se presenta un proceso de renovación hasta el conocimiento pleno según Colosenses 3.10: amor, benignidad, compasión, consagración, gozo, humildad, mansedumbre, misericordia, paciencia, perdón y santidad, entre otros.


La renovación es un volver en forma permanente a un primer estado u origen de la relación con Dios: “Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5.21 – RVR60), para mantener y perseverar en el amor y la justicia de Dios. Desde un principio, el ser humano al ejecutar los estatutos y poner por obra las ordenanzas de Dios, les hacía habitar sobre la tierra con seguridad (Levíticos 25.18 al 19). Para no endurecer los corazones ni cerrar sus manos al hermano pobre, sino abrir la mano liberalmente, sin mezquindad de corazón, porque de esta forma se recibe bendición en lo que se hace y se emprende, porque es mandamiento de Dios ayudar al pobre y al menesteroso (Deuteronomio 15.7 al 11).


El cristiano siempre se renueva con integridad y rectitud, tanto en lo espiritual como en la solidaridad material. Los Salmos mencionan el caso de ejemplo del cuidado y renovación de Dios en la creación: “Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104.27 al 30 – RVR60). La Biblia menciona que Dios restaurará al ser humano su justicia (Job 33.26). En los Salmos se encuentran algunas súplicas para restauración: “Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos” (Salmos 80.3, 7 y 19 – RVR60). Además: “Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación…” (Salmos 85.4 – RVR60).


Hay una transición entre el natural y el espiritual, donde interviene el libre albedrío de la persona, porque según sea su nivel de conocimiento así será su camino a seguir, por su propia elección o determinación de ser o no ser como Jesucristo. Pero, ¿cuál es el conocimiento que finalmente trasciende ante Dios el Padre? Tanto para el rendimiento de cuentas como para la vida eterna, la Biblia manifiesta la diferencia entre el conocimiento celestial promovido por Jesucristo, quien es nuestra predestinación. Obsérvese en el texto a continuación las siguientes palabras claves:


“... Gracia y paz os sean multiplicadas, en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.1 al 4 – RVR60).

El pueblo es destruido por falta de conocimiento de Dios


Antes del diluvio, la inclinación natural del ser humano es propender a pensar, sentir y hacer el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5 – RVR60). Luego del diluvio cuando se establece el pueblo de Dios, resulta que con el tiempo es destruido y perece por falta del conocimiento de Dios:


“Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden... Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios... Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras” (Oseas 4.1 al 9 – RVR60).

Entonces, si hay una transición entre el natural y el espiritual, ¿por qué algunos se estancan como un tipo de círculo vicioso, sin lograr trascender al conocimiento celestial? Lo que pasa es que algunos aspiran y pretenden lo espiritual sin desapegarse completamente de su carnalidad natural. Después de la creación, cuando se establece lo ritual dentro del culto a Dios y como rito de perdón de las ofensas cometidas, se distorsiona el culto a tal grado que Dios dice: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados” (Amós 5.21 al 22 – RVR60). También dice:


“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1.11 al 12 – RVR60).

Se ofrecía para el sacrificio el animal ciego, cojo, enfermo o hurtado, profanando el nombre de Jehová Dios y su altar, habiendo Dios dicho: “No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová tu Dios” (Deuteronomio 17.1 – RVR60; Levítico 22.20). Su proceder fue deshonrar, menospreciar y hasta profanar el nombre de Dios, quien menciona lo siguiente: “… Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo?... y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? Dice Jehová” (Malaquías 1.6 al 14 – RVR60). Las manos de los infractores, llenas de crímenes y de maldad, no aceptan la corrección, presentan ofrendas indignamente y Dios les pide: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1.16 al 17 – RVR60).


Ahora bien, entre lo natural y lo celestial ¿cuál es el propósito de lo espiritual? El conocimiento espiritual es un intermedio determinante para el estancamiento en lo natural o la trascendencia a lo celestial. En el conocimiento espiritual abunda la legislación del conocimiento eclesiástico, pero algunos tienen el paradigma de fundamentar los dogmas absolutos como medio de salvación en lugar de Jesucristo, porque transmiten una rígida defensa de interpretaciones y opiniones, sobre cuestiones religiosas, más que una genuina vida, según el ejemplo y modelo de Jesucristo y la guía del Espíritu Santo (Hechos 5.32).


Solo en Jesucristo hay salvación y vida eterna


La vida no se toma a la ligera sino con reverencia a Dios el Creador, por esta razón el respeto a los demás es vital, como parte de la alabanza y adoración a Dios, quien envió a su Hijo para reconciliar, rehabilitar, reivindicar, rescatar y restaurar al ser humano.


El conocimiento celestial se demuestra con experiencia y práctica, no se queda solamente en la retórica de la palabrería de embellecer la expresión, con la finalidad de deleitar, conmover o persuadir a los oyentes, a veces basado solo en las apariencias del emisor, sin credibilidad y respaldo. No nos equivoquemos, el plan de Dios es en función del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo, la palabra divina se vuelve en la acción humana de Jesús, quien testifica de sí mismo lo siguiente: “¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo, el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (Marcos 12.10 al 11 – RVR60). A continuación un texto determinante: “… siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2.19 al 22 – RVR60).


La Sagrada Escritura se explica claro y presenta expresiones claves, por ejemplo, la ignorancia por falta de lectura de algunos pasajes escritos en la Biblia, porque quienes edifican el pueblo de Dios y posteriormente la iglesia, desechan a Jesucristo, el coordinador principal que ha venido a ser cabeza, nosotros vamos creciendo, edificados para ser un templo santo en el Señor y morada de Dios en el Espíritu. Esta palabra de Dios dice: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.11 al 12 – RVR60).


La Biblia cuestiona si a la segunda venida de Cristo, ¿encontrará fe en la tierra?: “… ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18.6 al 8 – RVR60). Este término de hacer justicia a sus escogidos, llama la atención la mención de la palabra escogidos. El apóstol Pedro en su primera epístola menciona:


“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,… edificados como casa espiritual… por medio de Jesucristo… Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 Pedro 2.4 al 8 – RVR60).

Jesucristo es desechado por los seres humanos, fue escogido y enviado de Dios, quienes lo rechazan y se resisten, con tropiezo en la palabra y desobediencia, se destinan a sí mismos, por su oposición a Cristo. Es el ser humano que se posibilita o se restringe por su libre elección el ser semejante en ejemplo y modelo de la vida de Jesucristo. Vamos a parafrasear lo dicho, Jesucristo es el elegido o escogido de Dios, sus seguidores por lo tanto serán quienes eligen o escogen ser como Cristo. El predestinado de Dios es Jesucristo, sus seguidores entonces serán los que se destinan por su elección ser semejantes en vida a Jesucristo, por el contrario quienes actúan como anticristianos o anticristos, son los que por su determinación deciden seguir su propio destino contrario a Cristo.


¿Cómo podemos relacionar los pasajes anteriores a nuestro mundo espiritual y religioso de todas las comunidades de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas? En el primer lugar, en respuesta a que si encontrará fe el Señor Jesucristo para su pronta y segunda venida, lamentablemente la fe estará enfocada en la diversa e infinita multitud de doctrinas y dogmas de los grupos congregacionales, denominacionales, eclesiásticos y religiosos. Por lo general, se apela y pretende en demostrar y justificar que se tiene la verdad absoluta y única. Esto sirve de cortina de humo, nublado o ruido como distractor, que desconcentra la atención y enfoque hacia la segunda venida de Jesucristo. Ejemplo de posiciones conflictivas al grado de muertes, persecuciones y torturas, por diferencias de creencias. Estas situaciones milenarias se han presentado hasta nuestros días.


Actualmente por medio de las palabras se desprestigia, denigra y difama, desde un altar o púlpito, a los supuestos adversarios en la fe. El centro de atención y exaltación es el humano mismo, por estímulo y excitación del ánimo, pasión o sentimiento, provocado por la oratoria y retórica de los adoctrinadores, en lugar de la enseñanza y vivencia del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo a través de los actos, acciones y hechos, fruto de la actitud, conducta y comportamiento.


La legislación espiritual al comentar, interpretar y opinar a través de la creación y documentación de doctrinas y dogmas es infinito, ineludible, inevitable, principalmente en la especialidad de condenar a los demás. La libertad que hemos recibido en Cristo en el nuevo pacto, implica practicar la justicia y obedecer la fiel voluntad de Dios (Salmos 119.172). La libertad en Cristo no es hacer lo que se quiera, sino ser libre del pecado por obedecer la palabra de Dios. Esta libertad se entrelaza con la justicia, porque la libertad responsabiliza al ser humano de sus actos, ya que no está sometido por el pecado, una vez libre interviene la justicia para hacer lo correspondiente al orden y a la rectitud. Dios para dar a cada persona la libertad de la esclavitud del pecado, justifica al ser humano por medio de la fe en la sangre de Jesucristo, justificando gratuitamente por su gracia, de manera que la gloria y la honra son para Dios, es el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3.21 al 26).


Jesucristo el árbol de la vida


Una alegoría es la representación de una idea abstracta a través de otra que tiene una relación real, es la expresión por medio de una figura literaria para transmitir el entendimiento de otra idea distinta. La Biblia presenta numerosas alegorías y simbologías.


La respuesta la encontramos desde el Edén: el árbol de la ciencia no estaba solo, sino junto al árbol de la vida: “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol…, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2.9 – RVR60). Esto representa un simbolismo y un significado, según la Santa Biblia: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida…” (Apocalipsis 22.14 – RVR60). El caso de Adán y Eva fue un asunto de las acciones: demostraron ser indignos, simbolismo a través de su desnudez o falta de las vestiduras: “Y lo sacó Jehová del huerto… Echó, pues, fuera al hombre…” (Génesis 3.23 al 24 – RVR60). Hubo una posición defensiva de justificación sin asumir responsabilidad.


También las vestiduras pueden ser vestiduras de arrepentimiento y perdón. Al principio no hay malicia, sino cuando entra la malicia se sienten desnudos, antes son inocentes. Una vez que comen, se dan cuenta de la realidad enfrentada y pasan a un estado consciente. Abren sus ojos del entendimiento, la conciencia ahora le habla al ser humano, es el conocido diálogo entre Dios y la persona. Hay una interacción entre lo natural, pasando por lo espiritual y finaliza en el conocimiento de Dios con lo celestial, cuando se completa todo el proceso establecido.


El verdadero significado de la salvación de los que lavan sus ropas, está asociado a la idea de unas vestiduras blancas junto con la dignidad: “… Y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7.13 al 14 – RVR60). Además se dice: “… y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre…” (Apocalipsis 3. 4 al 5 – RVR60).


La dignidad es correspondiente con el resultado de las acciones que hacen a la persona digna de respeto y de la promesa del galardón, en este caso de la vida eterna. Estas acciones tienen relación con la excelencia, honestidad, honor y pundonor, y todo lo relacionado con el buen comportamiento, las buenas costumbres y la sabiduría que es de lo alto: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3.17 al 18 – RVR60). Esta sabiduría es la propuesta y promovida por Jesucristo, predicada con su ejemplo y modelo de vida, mediante sus acciones, actitud y obra. El árbol de la vida sirve para sanidad: “… Estaba el árbol de la vida,… y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22.2 – RVR60). Jesús ofrece al vencedor comer del árbol de la vida (Apocalipsis 2.7), para mantener y mejorar el estado de salud y vida espiritual, como trascendencia a la vida eterna en estado incorruptible e inmortal (celestial).


El evangelio se transmite con un tipo de sensibilidad en el Señor Jesucristo, movido por la compasión y la ternura, que muchas veces no es correspondido por el ser humano. El auge de la plenitud de la fe en el justo, se da a partir de la inspiración de Dios, por efecto de su energía, fuerza, gracia y poder transmitida con su Espíritu, para devolver a Dios lo que es de Dios. Este vínculo entre corazón y el Espíritu de Dios, se asocia muchas veces al conocimiento y la mente, para dar a Dios a plenitud con justicia lo que le corresponde, de forma auténtica, genuina, sin hipocresía, ni falsa apariencia de devoción y virtud, sino con verdadero amor a Dios, especialmente porque es el Creador y dueño de todo lo existente.


Los pasajes anteriores también aplican en el nuevo pacto a los gentiles, debido a la promesa de la fe, donde se involucra al resto de las naciones. La muerte de Jesucristo en la cruz, establece la paz, respeto y solidaridad entre los pueblos. Jesús dijo: “… Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10.10 – RVR60). La vida en abundancia es ser lleno del Espíritu de Dios, con un corazón, espíritu nuevo y las leyes de Dios escritas en el corazón y la mente. La vida abundante en nuestro Señor Jesús, corresponde a una vida cercana y consagrada a Dios, nutrida y rebosante en el Espíritu: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26.18 – RVR60).


La práctica y vivencia en Jesucristo


Los dos puntos primordiales para el análisis respectivo, en comparación al ser humano, el único con inmortalidad es Jesucristo y para ascender al cielo y acceder o habitar en luz inaccesible, no se puede como ser humano corruptible y mortal. El ser humano antes de la transgresión de pecado, representado en Adán y Eva, fueron creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1.26 al 27, 5.1 y 9.6), luego de la muerte de Abel la procreación es a semejanza e imagen de Adán: “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas...” (Génesis 5.3 al 5 – RVR60), resulta que el postrer Adán, que es Jesucristo, es la imagen visible del Dios invisible (Colosenses 1.15), sus seguidores y servidores tienen que llegar a ser a imagen de Jesucristo: “... Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.28 al 29 – RVR60).


Por lo tanto, aclaramos que el mundo espiritual es importante y necesario, porque es un medio para dar paso entre lo natural y lo celestial a través del conocimiento de Jesucristo. Es vital la acción de congregarse para una plena comunión, ya sea en una comunidad, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10.24 al 25 – RVR60). En la reunión para las actividades, ceremonia, liturgia, el aprendizaje, docencia y enseñanza tiene que ser con la preeminencia de Jesucristo, en la práctica y vivencia. Esto significa congregados en su nombre: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18.20 – RVR60).


La Biblia dice: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante” (1 Corintios 15.45 – RVR60). La sensibilidad del desapego a lo carnal y terrenal, para que lo corporal sea morada del Espíritu Santo, hace que la persona natural deje de ser solamente natural y pueda trascender a lo celestial. La palabra de Dios confirma lo siguiente:


“... a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12.18 al 25 – RVR60).

El apóstol Pablo afirma que carne y sangre, en otras palabras, el ser humano con cuerpo corruptible, no puede heredar el reino de Dios (1 Corintios 15.50). En el caso de Enoc y los demás mencionados en Hebreos 11.1 al 12, murieron sin haber recibido las promesas (Hebreos 11.13 y 16 y 39 al 40). Job tenía la esperanza de la resurrección y de ver a Dios (Job 19.25 al 27). Esta es la promesa mencionada por Jesús cuando dijo acerca de bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.


Esto significa que quienes consideran su salvación mediante el proselitismo y su religión, antes que en Jesucristo, entonces viven una fe ciega, tal es el caso de los fariseos, en una condición de comodidad y confort religioso, que se sienten ofendidos porque son intolerantes al mensaje de Jesús: “… Toda planta que no plantó mi Padre Celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15.7 al 14 – RVR60). El paradigma de la salvación por las doctrinas y dogmas, con las que se sustituye a Jesucristo.


En el nuevo pacto Cristo manda a amar a los enemigos, bendecir a los que maldicen, a hacer el bien a los que aborrecen, y orar por los que ultrajan y persiguen (Mateo 5.43 al 44; Lucas 6.27 al 31). El apóstol Pablo dice que en cuanto dependa de uno, hay que tener paz con todas las personas (Romanos 12.18). Debemos aprender a olvidar con el perdonar, siendo humildes, mansos y prudentes, ya que el mandamiento es amarnos unos a otros como Jesús nos amó (Juan 15.12). Las enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias, homicidios, son parte de los frutos de la carne (Gálatas 5.20 al 21). De las cosas que aborrece Jehová, son las manos derramadoras de sangre inocente y el que enciende rencillas entre la hermandad (Proverbios 6.16 al 19).


Características de la trascendencia al conocimiento celestial


Entre las características para identificar la trascendencia al conocimiento celestial están las siguientes: el ser humano deja de ser solamente natural cuando pasa a ser morada del Espíritu Santo, su condición espiritual es ser practicante del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Esto significa que se reconoce a quienes han trascendido al conocimiento celestial, por medio de que son personas discípulas y discípulos del Señor Jesucristo. Dentro de cada congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en la colectividad de cada uno de estos grupos, hay individualmente discípulos de Jesucristo. Por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos en Antioquía (Hechos 11.26, 26.28). Posiblemente esta calificación proviene de los observadores externos al movimiento de Cristo, porque a lo interno su reconocimiento es por ser los discípulos de Jesucristo. La Biblia dice: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 20.16, 22.14 – RVR60).


Esto es como una bifurcación, donde el gran grupo de creyentes se divide en dos, los que se quedan solamente como creyentes y los que en realidad o verdaderamente son los practicantes. También como la dicotomía del conjunto dividido en dos subconjuntos, el de los simples adoradores y el de los verdaderos adoradores en espíritu y en verdad. Jesús dice: “... los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad...” (Juan 4.23 – RVR60). Por lo tanto, muchos son los llamados cristianos, y pocos los discípulos de Jesucristo. La Biblia dice: “El discípulo no es más que su maestro,... Bástale al discípulo ser como su maestro...” (Mateo 10.24 al 25 – RVR60). Por otra parte, también se menciona lo siguiente: “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” (Lucas 6.40 – RVR60). El grado más alto de jerarquía en el servicio a Dios es ser discípulo de Jesucristo, pero dentro del cristianismo algunos pretenden ser más o superiores a Jesucristo, quien dice lo siguiente: “... uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23.8 y 10 – RVR60). Además dice: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado...” (Mateo 28.18 al 20 – RVR60).


No basta con ser creyentes, sino con ser practicantes, apartados de costumbres y hábitos del ordenamiento establecido en el mundo, de los sistemas de dominación de injusticia y pecado. Es la dedicación a la voluntad de Dios, con justicia y rectitud, en medio de los sistemas de vida inmoral y de todo aquello contraproducente a la pureza o moralidad (2 Corintios 6.17 al 18). El Señor hace un reclamo cuando le llamamos Señor, pero no hacemos su voluntad (Lucas 6.46), será acaso la presunción de ser discípulos del Señor sin amor de Dios, consagración y santidad, en medio de adversidad, dificultad, enfermedad, hostilidad y sin la práctica de una moderación de abstinencia, austeridad, castidad, continencia, decencia, obediencia, sencillez, modestia y recato.


Vivimos en una sociedad permisible donde el desenfreno de la conducta, está sumida en la esclavitud del pecado; inclusive considerados creyentes obedecen la palabra a medias, o sea, parcialmente. La gracia se ha tergiversado casi por completo. El pueblo de Dios está llamado a obedecer y permanecer firme hasta el fin (Mateo 24.13). La obediencia y perseverancia van de la mano, si una falla la otra fracasa.


La persona nacida de Dios, no puede aislarse del mundo, en el sentido de evadir en la sociedad el ejercicio del amor de Dios y la misericordia al necesitado, es imprescindible hacer el bien a los demás y amar a todos a su alrededor, con el fin de proveer lo necesario, ya sea abrigo, acompañamiento, apoyo, asilo, protección, refugio. ¿Qué recompensa tendría aquel que solamente ama a quienes también lo aman? (Mateo 5.46; Lucas 6.32). Sin hacer equidad y justicia para cada necesitado, porque Dios mismo hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5.44 al 48). Se requiere en forma constante las buenas relaciones con los semejantes, especialmente en ayuda mutua y bien común, justicia de Dios y sincero amor.


El fruto es el creyente practicante, se alimentan con su ejemplo quienes están a su alrededor. La templanza quiere decir moderar cualquier tipo de apetito y sujetarlo a la razón. La constancia junto con el dominio propio, estabilidad y firmeza, previenen en la persona la altivez, el enojo y la ira, en la personalidad del carácter y temperamento: “… no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo…” (1 Pedro 4.12 al 13 – RVR60).


La iluminación de la sabiduría con la obediencia, resulta en mantener un buen comportamiento y conducta al cumplir con la voluntad de Dios, a pesar de lo difícil que sean las circunstancias, según el ejemplo de Cristo (Hebreos 5.7 al 9). La obediencia a Dios, es cumplir su voluntad, según nos enseña el mismo Señor Jesús, por quien recibimos la gracia, para la obediencia a la fe en todas las naciones y para testimonio de la luz de Dios en el diario vivir.


El contraste entre lo natural, espiritual y celestial tiene diferencia y oposición notable, según se trasciende de un conocimiento a otro. Los ojos naturales tienen una visión corta y limitada, con una perspectiva de apariencia o engañosa en la valoración de lo visible. El ser humano observa el mundo desde una dimensión plana, así en el caso de la distancia considera el mundo como una superficie plana, en su análisis y apreciación ve el hemisferio terrestre como un planeta plano. Se basa en su observación durante las migraciones, recorridos o traslados de una región a otra zona geográfica, ya sea por cuestiones administrativas, étnicas, laborales, lingüísticas y de subsistencia, entre otras.


La gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo, el amor en Cristo Jesús, el amor de Dios Padre y su fuerza y poder del Espíritu Santo sea con vuestra intención de espíritu. Amén. Escrito y recopilación con amor por un servidor, Frederick Alberto Mora Quesada en https://www.neobiblismo.org/