PSICOTEOLOGÍA: LOS TRES TIPOS DE CONOCIMIENTO
(TOMO 2)



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PSICOTEOLOGÍA: LOS TRES TIPOS DE CONOCIMIENTO
(TOMO 2)


Jesús emite su mensaje para todos, algunos lo reciben como personas espirituales y otros como personas naturales: “Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar” (Juan 6.64 – RVR1909).


Están los que tienen el libre albedrío natural: “Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre. Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él” (Juan 6.65 al 66 – RVR1909).


Están los que tienen el libre albedrío espiritual: “Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente” (Juan 6.67 al 69 – RVR1909). Con la expresión ¿a quién iremos? se renuncia a la voluntad propia, para seguir a Jesús por voluntad espiritual como única opción.


¿Qué pasó con Judas Iscariote?


Fue llamado entre los doce discípulos (Mateo 10.1 y 4).


Claudicó y traicionó a Jesús (Mateo 26.14 al 16; Marcos 14.10 al 11 y 43 al 46; Lucas 6.16).


Judas reconoce su pecado y la sangre inocente de Jesús, pero a pesar de su arrepentimiento se estancó y se quedó solamente en libre albedrío espiritual, de ninguna manera pudo trascender al conocimiento de Jesús o celestial (Mateo 27.3 al 5).


Judas en la transición de su naturaleza humana a espiritual, no logra del todo despojarse o desprenderse de ser ladrón: “... porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (Juan 12.4 al 6 – RVR60). Siendo espiritual tenía una doble moral con la apariencia de una consagración, fidelidad y santidad, que no son genuinas, inclusive, toma indignamente la comunión de la cena del Señor (Juan 13.21 y 26 al 27). No basta con alcanzar la vida espiritual sin un libre albedrío que sea celestial, específicamente el mismo libre albedrío de Jesucristo.


¿Cómo estar seguro de que Judas Iscariote disfrutó del libre albedrío espiritual, pero no pudo trascender al libre albedrío de Jesús o celestial? Pedro mismo testifica acerca de Judas Iscariote: “... El cuál era contado con nosotros, y tenía suerte en este ministerio... de este ministerio y apostolado, del cual cayó Judas por transgresión, para irse á su lugar...” (Hechos 1.15 al 26 – RVR1909).


El libre albedrío espiritual se convierte o transforma en el libre albedrío según Jesucristo, conocido como el libre albedrío de Jesús o celestial, cuando trasciende y escala al conocimiento celestial, de los que son predestinados a ser como Jesús: “Bendito el Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, el cual nos bendijo con toda bendición espiritual en lugares celestiales en Cristo: Según nos escogió en él... Habiéndonos predestinado...” (Efesios 1.3 al 5 – RVR1909).


Los pocos escogidos son los practicantes como Jesús: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado… Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió” (Juan 6.28 al 29 y 38 – RVR60). Este libre albedrío de Jesús o celestial, es la renuncia de Jesús de hacer su propia voluntad, para hacer la voluntad de Dios el Padre Celestial que le envió. Jesús dice: “Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios” (Juan 3.21 – RVR60). Los verdaderos practicantes no tienen cualquier tipo de práctica, sino la enviada por Dios, según la misión a través de Jesucristo. El mundo de las religiones son todos los llamados inmersos en el libre albedrío espiritual, pero son pocos quienes escogen ser como Jesucristo.


Los fariseos rechazan la obra de Dios promovida por Jesucristo. Quienes analizaban la ley en tiempos de Jesús, escribas (versados e intérpretes de la ley), entre ellos los fariseos y saduceos, tuvieron a su alcance la ley y la profecía, pero no entendieron el argumento o plan propuesto por la palabra de Dios, en relación con la venida de Jesucristo como el Camino para la Salvación, quien precisamente dijo: “Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5.20 – RVR1909). En quienes no entendieron el plan de Dios, se cumple la moraleja de un epitafio con la leyenda: “aquí yace uno que no supo para que vivía”. Esto es similar a realizar el viaje de esta vida hacia lo desconocido, en completa ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia.


Los escribas y fariseos no lograban captar el amor de Dios, compasión, fe, justicia y misericordia, a pesar de ser estudiosos de las Escrituras, en aquella época integrada por la ley de Moisés, los profetas y los salmos (Lucas 24.44). No aprendieron a vivir la vida de acuerdo con Dios, el amor desinteresado e incondicional, a ser benevolentes, buscar el bien común y estimar a las personas con la fuerza de la voluntad. Tampoco entendían el amor a los enemigos, porque esperaban al Mesías como Libertador (Romanos 11.25 al 26), y no como el gran pacificador de sus adversarios (Mateo 5.38 al 48).


El apóstol Pablo a los filipenses menciona: “Porque para mí el vivir es Cristo,...” (Filipenses 1.21 – RVR1909). Antes de Cristo, se consideraba a los paganos, como impuros o inmundos. Jesucristo con su primera venida promueve la fraternidad y hermandad, trae un cambio de mentalidad, por causa de la división existente entre seres humanos, hechos a la semejanza de Dios (Génesis 1.26 al 27, 5.1; Santiago 3.9), quien hizo al hombre recto pero ellos se desviaron (Eclesiastés 7.29). Además está escrito: “Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17.31 – RVR1909).


El ser humano desde su nacimiento posee la facultad libre de investigar, procurar y reflexionar el conocimiento, inclusive de toda ciencia, motivado por la búsqueda de una verdad. El objeto a alcanzar y descubrir es el conocimiento mismo. Este es infinito y se utiliza el cuestionar como una herramienta innata y vital del intelecto, para proponer los fundamentos, pruebas y razones de cualquier teoría, desde su origen hasta su transición a la praxis, conocido como la capacidad y potencia de conocer, para actuar, hacer y proceder. Se podría establecer muchas verdades humanas o una absoluta y única verdad de Dios. Por lo general las verdades del ser humano se limitan funcionalmente a la vida presente, mientras que la verdad de Dios está representada en Jesucristo para la eternidad. Juan dice que el que no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios (2 Juan 9).


¿Por qué sucede entonces en aquellos que son escribas y fariseos, intérpretes, promotores de la ley, en relación con su cumplimiento y enseñanza, siendo instructores, no obedecen, hurtan, adulteran y cometen sacrilegio? Se jactan de la ley y con infracción deshonran a Dios como dice Romanos 2.17 al 24. Porque no basta el conocimiento con deseo de obedecer la ley, sino la disertación y la retórica con respaldo del ejemplo, práctica, testimonio y vivencia. Es mediante la gracia y el poder de Dios, el logro, eficacia y eficiencia de la obediencia. Así el Espíritu Santo es dado a quienes obedecen (Hechos 5.32). Dios por su buena voluntad produce el querer como el hacer (Filipenses 2.12 al 13), es quien enseña (Juan 6.44 al 45), da su don y gracia (Juan 1.12 al 13; Santiago 1.17), para su servicio con amor, fidelidad, gratitud y temor. Este último, no es al castigo, sino esencialmente un temor de aborrecer el mal (Proverbios 8.13), su temor es enseñanza de sabiduría (Proverbios 15.33), y quien le pide a Dios, recibe su sabiduría abundantemente y sin reproche (Santiago 1.5). Jesús dijo: “Santifícalos en tu verdad: tu palabra es verdad” (Juan 17.17 – RVR1909).


Además dice: “... Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6 – RVR1909). El camino, la verdad y la vida es el modelo de principios y valores comunitarios, que son demostrados y representados en Jesucristo, con su ejemplo de vida, en la amabilidad, amor, ánimo, ayuda, bondad, compartir, compasión, discipulado, enseñanza, equidad, fe, fidelidad, fraternidad, generosidad, igualdad, justicia, libertad, misericordia, pacificación, santidad, solidaridad, ternura, tolerancia, entre otros valores y virtudes vitales para vivir en armonía con los demás. Los valores comunitarios mostrados por Jesús, nos lleva al Padre, con el ejercicio y práctica de la perfección del amor de Dios en nuestras vidas, según el ejemplo de vida en Jesucristo. Dejar de ser renuente al cambio de vida en Cristo Jesús:


“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2.3 al 6 – RVR60).

La expresión andar como Jesús anduvo, es participar de una forma de vida promovida en la comunidad de fe, establecida por Jesús como modelo y ejemplo de vida, con la difusión y práctica de sus enseñanzas, parábolas y valores comunitarios (el subrayado es nuestro):


“Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos. Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:


Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.


Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.


Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.


Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.


Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.


Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.


Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.


Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5.1 al 10 – RVR1909).


El mundo natural está representado por la cizaña y el mundo espiritual lo representa el trigo, en la parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13.24 al 30). Está determinado dar a Dios cuentas de sí (Romanos 14.12): el amor excesivo de sí mismo o egolatría, hace del humano un ser amoral, falto de sentido moral, sin responsabilidad de dar cuentas de sus acciones y consecuencias, ni respeto por los preceptos morales, principios y valores, por esta razón son pocos los escogidos, de entre todos los llamados que aparentan piedad pero incumplen su eficacia, inclusive falsos ministros de la palabra.


Hay una transición entre el conocimiento natural y el espiritual, donde interviene el libre albedrío de la persona, porque según sea su nivel de conocimiento así será su camino a seguir, por su propia determinación o elección. Pero, ¿cuál es el conocimiento que finalmente trasciende ante Dios el Padre? Tanto para el rendimiento de cuentas como para la vida eterna, la Biblia manifiesta la diferencia entre el conocimiento celestial promovido por Jesucristo, quien es y representa nuestra predestinación. Obsérvese las siguientes palabras claves en el texto a continuación. Los valores del reino de Dios, moldean nuestra personalidad, para ser participantes de la naturaleza divina, como la esencia espiritual y el espíritu de justicia:


“SIMON Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, á los que habéis alcanzado fe igualmente preciosa con nosotros en la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia” (2 Pedro 1.1 al 4 – RVR1909).

Los designios de la carne son enemistad ante Dios, porque no se sujetan ni tampoco pueden y en esta condición del pensamiento, propósito y voluntad tampoco se puede agradar a Dios. El conocimiento natural tiene una legislación infinita dentro de su propio rango de acción, pero desconoce el conocimiento celestial, porque son niveles de conocimiento incompatibles e inconciliables. Por ejemplo, en el pasaje de la Creación, Caín representa el conocimiento natural y su relación con lo carnal, Abel representa el conocimiento celestial y su relación con Dios. Ambos ejercen un conocimiento espiritual para rendir adoración a Dios, lo que pasa es que Caín en lugar de trascender y escalar de conocimiento, se queda apegado a la carnalidad de lo natural: “Y habló Caín á su hermano Abel: y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y le mató” (Génesis 4.8 – RVR1909). Esta limitación en el tipo de conocimiento celestial es propia de toda persona que vive solamente con la inclinación a lo carnal, en alusión al pecado. Así dijo Dios a los profetas Samuel e Isaías: “Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón” (1 Samuel 16.7 – RVR1909).


La salvación es por medio de Jesucristo, porque en el primer pacto se sacrificaban corderos, y esa sangre era derramada entre el pueblo, como símbolo de perdón de pecados. El propósito de ese holocausto era un símbolo o prototipo de Cristo, por ejemplo, Juan el Bautista llama a Jesús como el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1.29), y es la sangre de Cristo en el nuevo pacto que limpia nuestras conciencias de obras muertas para servir a Dios (Hebreos 9.14 al 15), es así como Cristo ganó la iglesia por su sangre (Hechos 20.28), ya que la sangre preciosa del Señor Jesucristo nos limpia de todo pecado y redime nuestras vidas (Efesios 2.13; 1 Pedro 1.19; 1 Juan 1.7; Apocalipsis 7.14). Esto es para salvación de este mundo y recibir vida eterna en el venidero.


El sacrificio ya lo hizo Cristo con su ejemplo y verdadero amor, ahora nos corresponde la dedicación y entrega de nuestras vidas, en amor puro, bondad, caridad, compasión, fraternidad, humildad, justicia, misericordia, nobleza, paz, servicio, solidaridad y otros, necesarios para ayudar al bien común, bienestar y la inclusión espiritual. Reiteradamente se ha mencionado que la palabra de Dios afirma:


“... Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz” (Santiago 3.13 al 18 – RVR1909).

La savia del árbol de la vida (representativo de Jesús), como energía y elemento vivificador, corresponde al verdadero interés y primordial del bien común. Ayudar al necesitado, educación, justicia, oportunidad, valorar el respeto a la vida como inalienable y sagrada, contribuir en eliminar la desigualdad social y la discriminación étnica, intolerancia y odio, extremismo, fanatismo, partidismo, radicalismo, luchas de poder religioso, por pretexto y provecho económico, político y militar. Porque es la práctica del amor, bondad, caridad, compartir, compasión, fraternidad, generosidad, misericordia, solidaridad, entre otros, demuestran el verdadero amor de Dios en Jesucristo, con la paz y santidad sin la que nadie verá al Señor.


CAPÍTULO 8: EL CONOCIMIENTO NATURAL


La vida posibilita la existencia de los tres tipos de conocimiento existente, el básico o elemental, el intermedio y el superior, a saber, en el mismo orden: natural, espiritual y celestial. En este análisis se espera afectar lo menos posible la susceptibilidad del lector, sin embargo, para identificar y reconocer el conocimiento que corresponde a la dimensión celestial, es necesario tener en claro en qué consiste el conocimiento natural y su contraparte el conocimiento espiritual. En el caso de lo natural, involucra el apego a lo carnal y al pecado; quién de nosotros que pretenda alcanzar salvación y vida eterna, a nivel celestial, podría sentir alusión y ofensa con el siguiente texto de la Biblia:


“y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),... y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición” (2 Pedro 2.7 al 12 – RVR60).

La condición de Lot en el conocimiento es muy diferente, en comparación con los moradores a su alrededor que no entienden lo espiritual, por causa de la incompatibilidad, menos pueden alcanzar o asimilar lo celestial. En la actualidad, ¿cuál conocimiento hace la diferencia y tiene sentido hacia lo celestial? La Biblia dice: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo...” (2 Pedro 2.20 – RVR60). La diferencia está en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Entonces, en el caso de Lot, ¿cuál es la clase o tipo de conocimiento? Lot practica un conocimiento por encima al de los moradores de su entorno, pero había un conocimiento superior al de Lot, que era el demostrado con la fe y justicia de Abraham.


Los moradores inmersos en la práctica de la injusticia y maldad, en el conocimiento natural, se apegan a lo terrenal, mientras que Lot es justo y por consiguiente con su justicia demuestra el conocimiento espiritual. Pero en el caso de Abraham por su fe, el conocimiento es superior, porque es celestial. Dios le dice: “Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes” (Génesis 26.4 al 5 – RVR60). La simiente hace referencia a Cristo: “... Y a tu simiente, la cual es Cristo” (Gálatas 3.16 – RVR60).


El conocimiento espiritual se compone de los creyentes y de los practicantes. Muchas veces lo natural se camufla e infiltra entre los muchos llamados, por esta razón aunque los creyentes son espirituales, son pocos los practicantes de lo celestial, o sea, la simiente que es Cristo, la distinción del conocimiento entre Abraham y su sobrino Lot. Las personas del mundo arrastran su inclinación carnal en relación con lo natural, aunque se justifiquen con actos respaldados con legislación. Pero, ante Dios es injustificable e inválido: “¿Pues qué, si alguno de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…” (Romanos 3.3 al 4 – RVR60).


La transición intermedia de lo espiritual es determinante para estancarse y retroceder a lo natural o trascender a lo celestial. Esto significa que el ámbito o dimensión espiritual es un filtro para superar a lo celestial. En el caso de Lot y su familia, hay un apego por lo terrenal, ejemplarizado en el siguiente pasaje: “... el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17.31 al 32 – RVR60). Aunque son personas de suma espiritualidad, se les dice que escapen por su vida espiritual, mientras tanto, la esposa de Lot se apega a lo carnal o terrenal: “... Escapa por tu vida; no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas... Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal” (Génesis 19. 17 y 26 – RVR60).


El precedente de Lot es su mirada y búsqueda de su camino más cercano de las ciudades, en el sentido simbólico de apego a lo natural y terrenal: “Y alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán... en la dirección de Zoar... Abram acampó en la tierra de Canaán, en tanto que Lot habitó en las ciudades de la llanura, y fue poniendo sus tiendas hasta Sodoma. Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Jehová en gran manera” (Génesis 12.10 al 13 – RVR60). El destino final de su situación de convivencia y familiar es más cercano a lo natural y terrenal hacia la ciudad Sodoma (Génesis 19.29 al 38).


En el caso del conocimiento celestial, en referencia a la simiente en Cristo, la Biblia dice: “Si, pues habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios... Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros…” (Colosenses 3.1 al 5 – RVR60). Lo corporal del ser humano representa lo natural, pero el ser templo del Espíritu Santo es representación celestial. Un símbolo compara el templo con el cuerpo de vida, especialmente como un templo de vida espiritual: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Juan 2.21 – RVR60). Esto se cumple en los escogidos o predestinados a ser como Jesucristo, tanto en enseñanza y práctica, en ejemplo y modelo de vida espiritual.


Hay infinidad de pasajes donde se hace mención y una relación de los tres tipos de conocimiento. Por ejemplo, en los casos de quienes trascienden al conocimiento celestial: “Dios está en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga... Yo dije: Vosotros sois dioses, y todos vosotros hijos del Altísimo” (Salmos 82.1 y 6 – RVR60).


En el caso de quienes intermedian en el conocimiento de un nivel espiritual: “¿Hasta cuándo juzgaréis injustamente, y aceptaréis las personas de los impíos? Defended al débil y al huérfano; haced justicia al afligido y al menesteroso. Librad al afligido y al necesitado; libradlo de mano de los impíos” (Salmos 82.2 al 4 – RVR60).


En el caso de quienes se estancan en el conocimiento solo natural: “No saben, no entienden, andan en tinieblas; tiemblan todos los cimientos de la tierra... Pero como hombres moriréis, y como cualquiera de los príncipes caeréis. Levántate, oh Dios, juzga la tierra; porque tú heredarás todas las naciones” (Salmos 82.5 y 6 al 8 – RVR60).


El análisis realizado en la epístola a los Romanos, entre gracia, ley y pecado, tiene la siguiente interrogación y su correspondiente respuesta: “... ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre.) En ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?” (Romanos 3.5 al 6 – RVR60). La expresión “hablo como hombre”, hace referencia a la parte humana, como ser humano, quien podría cuestionar debido a su propia naturaleza que adversa a la gracia de Dios. No obstante, como ser espiritual afirma que de ninguna manera Dios es injusto, sino que el mundo pecador tiene que reconocer su irresponsabilidad. El ejemplo de la educación y ley de tránsito es parte de la legislación natural, autónoma, independiente e infinita. Es hora de que el ser humano asuma su propia responsabilidad, por esta causa Dios le delegó la administración de este planeta y dejó leyes cosmológicas y naturales, para su propia subsistencia. Sin embargo, el ser humano pretende culpar a Dios de la maldad ocasionada por el mismo humano.


8.1) CONTRASTE NOTABLE ENTRE LO NATURAL Y LO ESPIRITUAL


¿Por qué tiene valor el entendimiento de diferenciar los tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial? Porque lo natural no puede asimilar, es decir, asemejar o equiparar con lo espiritual. Algunos por desconocimiento tratan de demostrar una semejanza y consideran que son iguales o equivalentes, similar a una amalgama entre lo natural y lo espiritual. En otras palabras, una unión a pesar de su sentido contrario, por ser distintas y opuestas. Entonces justifican que una persona aunque sea desobediente a Dios, inclusive que niega la existencia de Dios, igual puede ser espiritual. Observemos como la palabra de Dios establece la diferencia: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2.8 – RVR60).


En el mundo abundan las filosofías, pero ausentes de glorificar y honrar a Cristo con la exactitud y profundidad de su mensaje y práctica. Este mundo vive una apariencia pasajera: “... porque la apariencia de este mundo se pasa” (1 Corintios 7.31 – RVR60). Los espirituales son conscientes de que Cristo es lo permanente, que aunque disfruten y vivan en este mundo natural, no pueden disfrutar de lo referente al pecado contrario a Cristo, porque lo real y verdadero de la vida es identificado y reconocido en Jesucristo:


“Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne;... derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo,... Miráis las cosas según la apariencia. Si alguno está persuadido en sí mismo que es de Cristo, esto también piense por sí mismo, que como él es de Cristo, así también nosotros somos de Cristo” (2 Corintios 10.3 al 7 – RVR60).

Precisamente por la razón de divulgar y promover a Jesucristo, tiene sentido y es válida la existencia de tantos grupos de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas. Porque en todos estos grupos, hay personas auténticas, genuinas y sinceras, verdaderos discípulos de Jesucristo, que reconocen la gloria y honra a Cristo con las enseñanzas, ejercicio y prácticas de su diario vivir, congruentes a la obediencia y palabra de Dios Padre como la autoridad máxima sobre todo lo existente.


Pero finalmente ¿en donde se ubican los que se levantan con argumentos y altivez contra el conocimiento celestial de Dios? Es claro en la Biblia y hay muchos pasajes que confirman la condición de quienes se quedan solo en lo natural, ajenos a la obediencia y práctica de la voluntad de Dios. También tiene sentido común entender que quienes buscan lo espiritual, están en los grupos de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas como medio para el fin, que es conocer a Cristo. Que el conocimiento de lo espiritual es necesario para posibilitar la trascendencia al conocimiento celestial. Pero no es de extrañar la mediocridad de quienes están a medias, sin desapegarse por completo de lo natural y sin trascender a lo celestial, porque están entre las mismas personas que aparentan espiritualidad. Por esta situación Jesucristo habla de calientes y fríos, como extremos definidos, pero los tibios aparentan ser lo que no son: “... He aquí el Amén, el testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios, dice esto: Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente, ¡Ojala fueses frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.14 al 16 – RVR60).


¿Por qué decimos que los tibios están entre los espirituales? Porque un sector de los espirituales son los indecisos, que se quedan solo como creyentes en lugar de llegar a ser practicantes. Estos son los que desde sus asientos, una banca o desde un púlpito se consideran más puros y santos que otros, solamente con la apariencia de vivir en una verdadera paz y en la santidad, sin embargo, blasfeman, condenan, enjuician y maldicen a personas asistentes asociados, comunitarios, feligreses, hermandad, integrantes, miembros de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas. Tratan de idólatras a los demás, cuando ellos mismos tienen otras prácticas como las siguientes:


“... avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita” (2 Timoteo 3.1 al 5 – RVR60).

Nada de esto mencionado representa a Cristo, vendrían a ser anticristos o falsos cristianos. Pueden ser grandes conocedores o creyentes, pero no practicantes, semejantes son los demonios que creen, sin embargo, no practican la voluntad de Dios: “... También los demonios creen, y tiemblan” (Santiago 2.19 – RVR60). Es cierto que el espiritual inicia con creer, este vendría a ser el primer paso, pero la práctica viene a ser cuando Jesucristo dice que el que fuere bautizado: “El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16.16 – RVR60). Jesucristo dijo claramente, el que fuere bautizado, de manera que se implica la demostración con el ejercicio y práctica, que se hace indispensable para lo espiritual, de manera factible y realizable, para trascender desde lo natural hasta alcanzar lo celestial.


Ser bautizado implica el llamamiento y nacer de nuevo, arrepentimiento, conversión, resarcimiento y santificación. Además de la consagración, los frutos de la conversión, la inmersión en el Señor Jesucristo, en su devoción y sufrimiento, el sello del Espíritu Santo y el fuego de prueba al justo. Un ejemplo del espiritual con la mediocridad, ausente de la inteligencia espiritual, está claramente definido por Jesucristo en la parábola del sembrador (Mateo 13.18 al 23). Esta situación descrita en la explicación de la parábola es muy similar a lo dicho por Jesús al respecto: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca. ¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6.45 al 46 – RVR60). La obstrucción a la enseñanza de Cristo es a través de las doctrinas y dogmas comunes en congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, que le quitan la preeminencia a Jesucristo, no obstante, siempre habrá personas entre ellos que darán a Jesucristo la prioridad, gloria y honra que merece por la voluntad del Padre.


¿Cuál es el propósito del conocimiento celestial para beneficio de la humanidad? Para comprender la respuesta hay que tener claro la situación de un contraste notable entre lo natural y lo espiritual. La Escritura aclara al respecto lo siguiente:


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito... El que en él cree, no es condenado... Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas...” (Juan 3.16 al 21 – RVR60).

Otro pasaje explica que Jesucristo es la luz: “… Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12 – RVR60). Dios ama al mundo de seres humanos, prueba de esto es que ha enviado a su Hijo para que el mundo sea salvo por medio de él, porque las obras del mundo han sido malas (Juan 15.18 al 19). El practicante es hijo de Dios, cuando sin aislarse de la sociedad, se guarda del mal (Juan 17.15 al 18), rechaza el ejercicio del pecado partícipe en la sociedad del mundo (1 Juan 2.15 al 17), porque el nacido de Dios con fe enfrenta la maldad, vence con el bien el mal (Romanos 12.17 al 21; Juan 5.4) y se preserva en consagración y santidad.


Algunos divulgan el concepto de lo material fusionado o mezclado a lo espiritual sin distinguir la diferencia, pero la Biblia dice lo siguiente: “Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?” (1 Corintios 9.11 – RVR60). El Señor Jesucristo manifiesta lo siguiente: “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.15 – RVR60). Además: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16.26 – RVR60). El término alma equivale a vida. Estas expresiones son ejemplos del desinterés del mundo natural en seguir el ejemplo y modelo de vida semejante a Jesucristo, quien dice: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adultera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.38 – RVR60).


Acerca de la incredulidad, indecisión, indiferencia e ignorancia, motivo del sentido opuesto entre lo natural y lo celestial, sumado al titubeo espiritual presente según la Biblia: “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Judas 22 al 23 – RVR60). El ser humano desde un principio, según el modelo de Adán y Eva, pretende vivir sin tomar en cuenta a Dios. Esta forma de vida cotidiana es conocida como solamente natural, mientras tanto, el ser humano interesado en conocer y practicar la voluntad de Dios, le llamamos espiritual. Quienes dudan entre los espirituales y sus vidas reflejan estar más apegadas a lo natural, son los indecisos o tibios, que se quedan solamente como creyentes, pero sin el ejercicio como practicantes. Porque quienes de forma genuina y verdadera de la práctica espiritual, se despegan terrenalmente de lo natural y trascienden al ejemplo y modelo de vida mediante Jesucristo con su conocimiento celestial, para salvación y vida eterna.


8.2) EL MUNDO NATURAL SIN UNA CONVERSIÓN


Las tres dimensiones de conocimiento: natural, espiritual y celestial, determinan y vinculan la trascendencia del ser humano en su dispensación por la gracia de Dios Padre. Jesucristo manifiesta lo siguiente:


“Entonces les dijo: El que tiene oídos para oír, oiga. Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado saber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por parábolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdonados los pecados” (Marcos 4.9 al 12 – RVR60).

Esto significa que el mundo natural sin una conversión no tiene aspiración al perdón de pecados. Porque Jesús explica según la parábola del sembrador, acerca de la semilla en buena tierra, que es equivalente a las personas con corazón bueno y recto al retener la palabra oída, y dar fruto con perseverancia (Lucas 8.15). Por otra parte, el que persevere hasta el fin será salvo, según la declaración misma de Jesús y la predicación del evangelio acerca del reino (Mateo 24.13 al 14 – RVR60).


La dispensa está relacionada con el apoyo, paz, protección, respaldo y seguridad recibida directamente de Dios, mediante su don gratuito que concede u otorga, para absolver, perdonar y redimir de la culpa. Es determinante y vinculante, porque según el grado de conocimiento, así es la capacidad de toda persona aceptar, asimilar y reconocer la responsabilidad de sus acciones realizadas libremente. A continuación estos ejemplos:


El conocimiento celestial, caso de Pablo:


“Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial, sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalén, y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento...” (Hechos 26.19 al 20 – RVR60).

El conocimiento natural, caso de Festo:


“Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a los gentiles. Diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco. Mas él dijo: No estoy loco, excelentísimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura” (Hechos 26.23 al 25 – RVR60).

El conocimiento espiritual, caso de Agripa:


“Pues el rey sabe estas cosas, delante de quien también hablo con toda confianza. Porque no pienso que ignora nada de esto; pues no se ha hecho esto en algún rincón. ¿Crees, oh rey Agripa, a los profetas? Yo sé que crees. Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano” (Hechos 26.26 al 28 – RVR60).

Así como en la parábola del sembrador, algunos se quedan en un círculo vicioso, o sea, en la explicación de un discurso sin poder aclarar, como patinar las ruedas del vehículo en un suelo resbaladizo, inmersos en el mundo espiritual y religioso sin trascender al conocimiento celestial de Jesucristo. Es comparado con un espejismo que desvirtúa la posibilidad de reconocer el verdadero oasis. El desierto es la vida donde el mundo es un espejismo de dinero, fama, placer, poder y riqueza, Jesucristo es el verdadero oasis de salvación y vida eterna en consagración, devoción, gratitud, santidad y voluntad de Dios. El espejismo es el camino ancho, el oasis es el camino angosto de la disciplina, razonamiento espiritual y práctico: “El que tiene en poco la disciplina menosprecia su alma; mas el que escucha la corrección tiene entendimiento. El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría…” (Proverbios 15.32 al 33 – RVR60).


La decisión de Jesús en este sentido fue abrigar todo el esfuerzo y valor suficiente para perseverar hasta el fin, en el propósito por el cual viene a este mundo por voluntad de su Padre. Jesucristo verdaderamente comprende el motivo de su vida y el plan de Dios para con él y con aquellos en torno a su persona. No se sale del objetivo principal de su venida, respecto a la obediencia y servicio a su Padre que observa desde las alturas en los cielos, ni se deja deslumbrar o influenciar con la distracción de cortinas de humo o por el ruido ensordecedor del mundo. Acata firmemente la misión encomendada, influye su conocimiento en la ignorancia predominante de su época, para beneficio de las generaciones posteriores hasta el día de hoy.


La Biblia dice:


“… ¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién de nosotros habitará con las llamas eternas? El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oír propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas; fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras” (Isaías 33.14 al 16 – RVR60).

Jesús afirma lo siguiente:


“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muerto y de toda inmundicia. Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía e iniquidad” (Mateo 23.27 al 28 – RVR60).

8.3) MUCHOS SON LLAMADOS, Y POCOS ESCOGIDOS


En cada conocimiento actúa un tipo de libre albedrío, por ejemplo, el natural decide cuál ocupación, oficio o profesión ejercer, ya sea por medio de capacitación académica o empírico, a través del aprendizaje autodidacta y de otras formas de estudio y preparación. Mientras tanto, el espiritual toma decisiones acerca de cuál comunidad espiritual o de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana va a creer, participar y seguir, con el sentido de pertenencia, ya sea pasivamente solo creyente o activamente como practicante. El libre albedrío celestial es el libre albedrío de los practicantes que deciden con firmeza ser como Jesucristo, en acciones, obra y práctica, según el ejemplo y modelo de Jesús. Otros casos se presentan con los profetas, por ejemplo, el profeta Isaías y su llamamiento a Israel: “También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo” (Romanos 9.27). Jesús dijo: “No temáis, manada pequeña” (Lucas 12.32).


Cada conocimiento tiene un radio de acción y alcance infinito, debido a su propia legislación, con la característica que tiene un desarrollo y movimiento interminable. Por el motivo o razón que en el caso del mundo o reino natural, se rige por todas las leyes de cada estado, nación o país, sus instructivos y reglamentos, tanto en lo ejecutivo, judicial y legislativo, además de lo científico, laboral y tecnológico, entre otros. En el caso de lo espiritual, existen tantas comunidades de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, según la cantidad de credos, creencias establecidas, reglamentos eclesiásticos, tradiciones, entre otros. Pero en el juicio final, en el rendimiento de cuentas ante Dios, cada persona responde por sus acciones o actos en forma individual y no por la colectividad. Aunque nadie queda exento o impune bajo su propia responsabilidad, por haber pertenecido a cierto grupo específico de congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en los grupos donde a Cristo no se le rinde la debida supremacía y el debido reconocimiento en adoración y alabanza.


Jesucristo dijo: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos” (Mateo 20.16 y 22.14 – RVR60). Ciertamente hubo época en donde había mucha restricción para acceder a las copias de la Biblia, no existía la imprenta o con su invención el costo de impresión era muy elevado, además en relación con las versiones se escaseaban las traducciones en otros idiomas. Esto ocasionaba una mayor ignorancia masiva en el conocimiento de la lectura directa de la palabra de Dios. Entre las desventajas y ventajas, según se analice y considere, era más fácil controlar la unidad de interpretación bíblica o la hermenéutica, mediante la homilía o sermón dado a conocer al pueblo, por parte de los ministros o magisterio. La enseñanza tenía un formato más centralizado: poder central y centro común. Sin embargo, la tendencia ha sido el fraccionamiento eclesiástico del cristianismo, debido a la gran diversidad de comentarios, interpretaciones y opiniones de tesis personal, realizada a la Biblia. Por consiguiente la consecución de seguidores para cada una de las propuestas. Históricamente predomina la costumbre, intolerancia religiosa, mitos, ritos y tradiciones, con la ignorancia en general.


El conocimiento natural influye una interacción hacia el conocimiento espiritual y religioso. También surgen las personas que son observadoras, analíticas y críticas, con sentido crítico, objetivo o científico. Por ejemplo, se creía en la Tierra como plana y alguno afirmó su redondez (Isaías 40.22), también la rotación del planeta o la traslación en torno al sol, entonces se le amenazó al proponente con ser quemado en la hoguera, por ser considerado un hereje sin retractar.


La ciencia ha contribuido de muchas formas a adquirir conocimiento, para mejorar la calidad de vida y la longevidad de la humanidad. La tecnología aporta el beneficio social en información y telecomunicaciones, la accesibilidad a extender por todo el mundo la formación académica e intelectual, en especial contribuye a cumplir el anuncio de llevar el evangelio hasta el último rincón del planeta. La educación formal es fundamental en el crecimiento y desarrollo de los llamados, por la oportunidad de la alfabetización. Quienes se conforman con conocer la lectura de la Biblia, sin practicar la misma se quedan como espirituales, mientras que los practicantes aplican el ejercicio de acciones permanentes, no solamente la celebración o rito ocasional, sino constantemente con perseverancia son obedientes siempre, con toda consagración y santidad.


Los muchos llamados podrían ser todos creyentes, en el caso de los pocos escogidos pueden ser los verdaderos practicantes, por ejemplo, se dice de la ley: “porque no son los oidores… los justos ante Dios, sino los hacedores… serán justificados” (Romanos 2.13 – RVR60). Un ejemplo se presenta en el tiempo del diluvio, donde Noe pregona, o sea, da el anuncio y avisa, sin embargo, la palabra dice: “… en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvas…” (1 Pedro 3.20 – RVR60). El profeta Elías en cierta ocasión invoca a Dios: “… Señor, a tus profetas han dado muerte, y tus altares han derribado; y sólo yo he quedado, y procuran matarme? Pero ¿qué le dice la divina respuesta? Me he reservado siete mil hombres, que no han doblado la rodilla delante de Baal” (Romanos 10.2 al 4 – RVR60).


El llamado se presenta al Faraón en Egipto, donde no creyeron a Dios, menos practicaron su voluntad: “Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9.17 – RVR60). Los llamados están en todas partes de la tierra, es el anuncio del nombre de Dios hasta el último rincón del planeta.


La rigidez de fundamentar las creencias como enseñanza eclesiástica, es el drástico hermetismo para cambiar, corregir y rectificar lo erróneo durante el paso del tiempo. Por ejemplo, hubo época en la administración de la iglesia por medio de líderes de la jerarquía eclesiástica, donde de forma flexible se pudo escuchar las iniciativas de reforma de Martín Lutero con sus noventa y cinco tesis, en su lucha contra lo considerado como abusos y errores de la iglesia, sin embargo, la reacción fue de intimarle con autoridad y fuerza para que se retractara. Luego recibe una condena y excomunión, al final fracasa también por cierta actitud propia de intransigencia. La iglesia oficial en lugar de dialogar termina en una contrarreforma. Lutero desiste de la unidad y sin pretenderlo es el origen de un cristianismo fraccionado, entre bandos que inclusive se olvidan de la fe de Cristo y llegan a cruentas guerras y exterminio de creyentes. Prevalece la división, enemistad, intolerancia, las luchas de poder y odio. También entre occidente y oriente.


Todo este mundo espiritual y religioso, esté donde esté, o sea, en la congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, ya sea independiente o tradicional, centenaria o milenaria, sea cualquiera que sea, requieren trascender al conocimiento celestial de Cristo, para aspirar a rendir cuentas dignamente ante Dios Padre y Creador. Muchos se creen los grandes apologistas o defensores de sus propias creencias, pocos son practicantes a semejanza de Jesucristo como se analizará en profundidad a continuación.


8.4) EL CONOCIMIENTO Y LA LEGISLACIÓN INFINITA


La biblia demuestra e identifica las diferencias de conocimiento entre natural, espiritual y celestial. En cada uno de los tipos de conocimiento hay una legislación infinita. Por ejemplo, en el caso del mundo espiritual, el cristianismo contiene una gran diversidad de pensamiento y reflexión promovida por las diferentes comunidades de fe, congregaciones, iglesias o religiones. El evangelista menciona lo siguiente acerca de solamente tratar el tema de Jesús: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21.25 – RVR60).


A lo interno de cada conocimiento no hay un límite horizontal, en el sentido de que nunca se termina de formar conceptos y construcciones teóricas con su respectivo ejercicio o práctica. El conocimiento base es el natural, después de este conocimiento hay otro vertical, que escala y trasciende a lo espiritual. Algunas personas en el transcurso de su vida, desde su nacimiento hasta su muerte, deciden quedarse únicamente con lo natural, por ejemplo los ateos, mientras que otras personas añaden a su vida el interés y participación en lo espiritual, a través del mundo de las religiones, aunque la mayoría se quedan encasillados, con la aberración de la salvación y vida eterna por la legislación y méritos de su comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en lugar de mediante Jesucristo.


Por último, están las personas que al ser espirituales, superan su apego a lo carnal o natural, dejan de ser meramente terrenales, renuncian a sus dioses falsos como el amor al dinero y las luchas de poder, a su idolatría carnal como la avaricia y fornicación, a sus dioses falsos promovidos por el politeísmo cultural, político o social. Entonces opera y trascienden al conocimiento celestial, para actuar, conocer y ser como Jesucristo.


Así como existen estos tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial, existen tres tipos de libre albedrío que operan en cada tipo de conocimiento. El libre albedrío cumple una función, según el grado o plano dimensional de conocimiento de la condición o estado en donde se encuentra la persona.


Jesús de camino a Jerusalén enseña por las ciudades y aldeas, entonces alguien le pregunta si son pocos los que se salvan: “… Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13.22 al 24 – RVR60). Otras preguntas podrían ser: ¿por qué muchos procuran entrar y no podrán? y ¿tendrá alguna relación con el tema de predestinación por escogencia y elección por libre albedrío? Jesús dijo: “Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos” (Mateo 20.16, 22.14 – RVR60). La cantidad total de llamados son todos los creyentes y la parte menor que son los escogidos por gracia corresponde a los practicantes como Jesús, en otras palabras los que en realidad actúan y se comportan como Jesucristo.


Los primeros llamados fueron de Israel y el llamamiento postrero se trata del resto de población que no era de Israel, conocidos como gentiles. Hay un remanente escogido por gracia, los escogidos que han alcanzado: “… ha quedado un remanente escogido por gracia… ¿Qué pues? Lo que buscaba Israel, no lo ha alcanzado; pero los escogidos sí lo han alcanzado, y los demás fueron endurecidos;… su transgresión es la riqueza del mundo, y su defección la riqueza de los gentiles…” (Romanos 11.5 al 12 – RVR60).


Otro pasaje menciona que si Israel fuera como la arena del mar, tan solo el remanente será salvo (Romanos 9.27 al 29). Entonces, ¿cuál es la relación entre la predestinación por escogencia y la elección por el libre albedrío? Existen tres tipos de libre albedrío: el natural, el espiritual y el de Jesús o celestial. Los muchos llamados están entre el libre albedrío espiritual y los pocos escogidos en el libre albedrío de Jesús o celestial. Para comprender la diferencia entre cada uno, es necesario saber inicialmente que en el libre albedrío natural, la persona procura con su propio esfuerzo conseguir su deseo: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre…” (Romanos 9.16 – RVR60). La Biblia dice: “… a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne…” (Gálatas 5.13 – RVR60).


El hombre interior es la mente y su correspondiente pensamiento, de donde se generan las actitudes, carácter, conducta, personalidad y temperamento en lo afectivo y emocional. La evolución e influencia de todo esto, depende de la madurez en el conocimiento y pensamiento adquirido, según sea el conocimiento natural, espiritual y celestial. Las personas pueden estancarse en un solo conocimiento o trascender de un conocimiento a otro, desde lo básico y lo elemental, hasta lo intermedio o superior. El tope es llegar a la medida de Jesucristo: “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4.13 – RVR60). El conocimiento es infinito, en una constante legislación, tanto en el mundo natural y espiritual. Por ejemplo, en el mundo natural la creación o modificación a las leyes civiles, el avance de la ciencia, industria y tecnología.


En el siguiente caso se compara el libre albedrío natural y el espiritual, Jesús dijo: “… El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6.60 al 63 – RVR60). Jesús les preguntó a los doce discípulos en el pasaje Juan 6.67 al 69, si se querían ir también, o sea, abandonar el discipulado por su propia decisión o voluntad. Mientras tanto, la palabra de Dios indica: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12.21 – RVR60). En el caso de Judas se dejó vencer por Satanás, en el sentido de maldad, pecado y los antivalores: “Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce” (Juan 6.70 al 71 – RVR60). Se menciona el término “escogido” en el sentido de ser selectos en consagración y santidad.


8.5) TIPOS DE LIBRE ALBEDRÍO


El escalamiento y trascendencia en el conocimiento es influenciado por el libre albedrío que comúnmente se generaliza, pero existen varios tipos demostrados en la Biblia. Así como hay diferencia en el conocimiento.


Un ejemplo de libre albedrío natural es la elección y ejercicio de una ocupación, oficio o carrera profesional, también un ejemplo de libre albedrío espiritual es la elección, participación activa o pasiva y pertenencia a una congregación, denominación, iglesia o religión (fraccionamiento cristiano). En la Biblia hay varios precedentes de esta situación: “Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo” (1 Corintios 1.12 – RVR60).


Este caso corresponde a un libre albedrío espiritual apegado a lo natural:


“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales,… porque aún sois carnales, pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” (1 Corintios 3.1 al 4 – RVR60).

El hacer valer una postura en defensa de cualquier enseñanza, sea a favor o en contra, algunos pretenden contender para no obedecer a la verdad (Romanos 2.8), inclusive con más razón quienes se oponen y predican a Cristo por contención (Filipenses 1.15 al 16). Aunque no debe ser costumbre el contender (1 Corintios 11.16; Filipenses 2.3; 1 Timoteo 6.4 al 5), el siervo del Señor es necesario en forma respetuosa, contender ardientemente por la fe, en el sentido de preservar la sana doctrina, ya que se advierte de aquellos que quieren convertir en libertinaje la gracia de Dios (Judas 3 al 4). Pero esta sana doctrina atañe más a las cuestiones de comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de Jesucristo, como ser sobrio, serio, prudente, sano en la fe, en el amor y en la paciencia (Tito 2.1 y 2). La sana doctrina es Jesucristo mismo.


El dogmatismo con proselitismo, es una definición de conceptos, por interpretación y opinión, tanto colectiva o individual, de quienes realizan el análisis de la doctrina. En relación con los dogmas eclesiásticos, son necesarios en la medida del fortalecimiento de la abstinencia y lucha contra el pecado, el amor, fe, hacer el bien a los demás, la misericordia de Dios, de la práctica de valores comunitarios y vivencia del reino de Dios. Hacer la justicia, obedecer el Decálogo, la ley de Cristo, saber y hacer lo bueno. Los votos de austeridad o pobreza, consagración y castidad como virtud opuesta al apetito carnal y pecaminoso, el dominio propio, santidad y vida ejemplar. La lucha contra el adulterio y la fornicación. Este fundamento o principios son prácticos en la cotidianidad, mientras otro tipo de dogma puede ser poco útil para la convivencia diaria, por ejemplo, las cuestiones escatológicas, fantasiosas e interpretaciones apocalípticas sin provecho para la vida diaria. Salvo lo inminente del calentamiento global y cambio de clima, con sus consecuencias mundiales en las pandemias globales, como el COVID-19 o SARS-CoV-2, que anuncian los tiempos del fin y anteceden al pronto cumplimiento de la segunda venida de Jesucristo.


Hay dogmas que son comunes entre el fraccionamiento cristiano, otros dogmas son muy diferentes, inclusive contradictorios. La complejidad está en la asociación de un cristiano a determinada iglesia y su adhesión a los dogmas particulares de la misma. Pedro dice de Pablo: “… según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3.15 al 16 – RVR60).


Según la Escritura no se ha dado a conocer el poder de Dios y la venida del Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas (1 Pedro 1.16 y 19). Los lectores de la Biblia interpretan cada texto con las diferentes opiniones, prueba de esto es la multitud de fraccionamiento dentro del cristianismo, sin embargo, la preeminencia la tiene Jesucristo: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo” (1 Corintios 3.11 – RVR60). Además dice la Biblia: “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.24 – RVR60).


La salvación por medio de Jesucristo, de acuerdo con el buen sentido de la palabra, es el paradigma dentro del cristianismo. Es un ejemplo y modelo de la consecución de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. La desviación del paradigma se presenta mediante el fanatismo de lo absoluto, cuando se considera la salvación por la defensa de la interpretación, opinión de reglas eclesiásticas y dogmáticas, como única verdad y absoluta. Esto es la salvación por el producto de la división y fraccionamiento del cristianismo, diversos credos, ideologías, fundamentalismos extremos y radicales.


En realidad esta última posición es defender una falacia y utopía contraria a Cristo, por consiguiente, es una antítesis de la verdad cristiana, porque fomenta la enemistad, guerra, luchas de poder, miedo, odio, persecución, rencor, rivalidad y terror religioso, en detrimento del verdadero amor puro y justicia de Dios, mediante Jesucristo:


“… Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3.13 al 18 – RVR60).

La gracia de Dios nos fue dada en Cristo Jesús, enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia (1 Corintios 1.4 al 5), no conforme a nuestras propias obras, sino según el propósito de Dios, mediante la obra de Jesucristo quitó la muerte y sacó a luz la vida (2 Timoteo 1.9 al 10):


“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1.7 al 10).

El libre albedrío natural es la voluntad y facultad del ser humano para decidir y actuar por su propia determinación, sus propios logros y méritos. En el caso del natural algunos casos se confunden con el libertinaje. La utilidad de este libre albedrío, se ha degenerado a tal grado que cada quien actúa como le parece, sin la responsabilidad de las consecuencias de sus acciones, se incurre en el libertinaje del desenfreno en la conducta y el irrespeto general a los mandamientos de Dios, que es la pérdida de reconocimiento, estima y aplicación a la ley de Dios y su justicia. El libre albedrío espiritual se presenta en la transición del paso de incrédulo a creyente, entre las dimensiones de conocimiento natural y espiritual. El saber y el hacer requieren ser éticamente congruentes, según los principios y valores:


“Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo” Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente” (Romanos 7.18 al 25).

El tipo de libre albedrío espiritual es el que desplaza su propia voluntad natural, o sea, humana, y la sustituye por el conocimiento espiritual, de manera que al final no depende de sí mismo, sino de la voluntad de Dios: “sino de Dios que tiene misericordia” (Romanos 9.16). Lo que pasa es que muchos procuran trascender de la condición natural a la espiritual, pero no pueden desapegarse por completo de su libre albedrío natural: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis” (Gálatas 5.16 al 17).


La gracia es el don de Dios que nos mueve para ejercer nuestro libre albedrío espiritual, consecuente del interés personal en accionar, conocer, obedecer y practicar las cuestiones espirituales y religiosas, para ser parte del conocimiento espiritual del reino de Dios.


8.6) EL CONOCIMIENTO NATURAL COMPARADO


La sociedad actual se encuentra muy afanada con muchos quehaceres para obtener bienes y servicios, valora al ser humano en la medida de los bienes y servicios logrados, se ha convertido en una sociedad materialista. El conocimiento natural se basa en la propia facultad humana y las consideradas leyes naturales, necesarias para la subsistencia del ser humano. En el sentido figurado este tipo de conocimiento corresponde al gobierno del primer cielo o primer grado de conciencia. Por ejemplo, todo lo referente a las actividades económicas, empresariales, industriales y financieras, lo civil en la relación e intereses entre ciudadanos, el cuidado de la ecología o medio ambiente, los espectáculos artísticos, canto, culturales y deportivos, el intercambio comercial y laboral, lo militar, los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, lo político en el gobierno de las naciones, la salubridad, la seguridad pública, entre otros.


El mundo de los ajenos a Dios, rehúye un compromiso y la responsabilidad ante el Creador, esta vida natural de las personas, posibilita sobrevivir en el mundo físico, desde el nacimiento hasta la muerte sin depender de glorificar y honrar a Dios. Esto debido a las facultades propias e innatas del ser humano: antropológico, biológico, corporal, ecológico, fisiológico, genético, social y civil, su relación con otras ciencias, el arte, economía, filosofía y política. La persona sobrevive por méritos propios de la vida natural, sin necesidad de trascender al plano espiritual, sino con base en las oportunidades presentadas en la vida, como académica, empleo, ocupación habitual u oficio, salario, salud, profesión o trabajo.


Este conocimiento natural es inagotable y no tiene límites, tal es el caso del poder legislativo, que nunca se termina de legislar en cada periodo de gobierno establecido en cada país, permanentemente surgen nuevas necesidades propias de cada cultura y región, cambios, evolución y tecnología. Durante el tiempo se presentan situaciones en el diario vivir y en la convivencia con los demás, donde se requiere actualización o nueva regulación, según cada época y las leyes civiles requerida.


El ámbito espiritual y de las religiones, no se contempla en el conocimiento natural, sino que escala a otro nivel de conciencia, porque dentro del ámbito natural puede estar enclavado un sector de la población mundial, con la negación de la existencia de un Dios personal y Creador de lo natural, contrario al conocimiento para la adoración, alabanza y servicio al Dios verdadero. Este sector natural se fundamenta en las cuatro “i”, a saber: la incredulidad, indecisión, indiferencia y la ignorancia, en relación con el escepticismo de la conciencia sin fe y el materialismo, con duda respecto a la creencia religiosa y a la sustancia espiritual, sin la sensibilidad al desapego de lo superficial y terrenal.


El sentido del éxito de la vida es lograr alcanzar el conocimiento y temor de Dios con equilibrio y sentido común, sin caer en extremos relativistas: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre” (Eclesiastés 12.13 – RVR60). Los últimos tiempos ya los estamos viviendo, la venida de Jesucristo cada vez está más cerca, a Daniel en el libro profético, mucho antes del primer siglo de la era cristiana se le dice: “Pero tú, Daniel, cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin. Muchos correrán de aquí para allá, y la ciencia se aumentará” (Daniel 12.4 – RVR60). Estamos en tiempos en que la ciencia ha aumentado, muchos corren de aquí para allá, a través de veloces aviones, barcos, trenes y vehículos, la competencia comercial, la globalización, el aumento del estrés y de la violencia, se requiere en estos momentos de una total coherencia y una sólida comunión con Dios en la unidad con su Espíritu Santo.


Hay casos donde la Biblia habla del mundo en alusión al pecado, se refiere al orden injusto establecido en nuestro planeta, costumbres del paganismo y politeísmo, la distribución injusta de la riqueza mundial, las estructuras socioeconómicas de deudas y usura, las políticas y sistemas de dominación perjudiciales del empobrecimiento para el ser humano, donde se impera la decadencia, la transgresión y la muerte (Juan 15.18 al 20; Santiago 4.4; 1 Juan 2.15 al 17, 3.3 al 13, 4.4 al 6, 5.4 al 5,17 al 19). El pecado esclaviza al hombre y lo condena, la Escritura dice que si el justo con dificultad se salva: ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1 Pedro 4.18; Juan 3.19, 8.34).


Todo ser humano corporalmente para subsistir requiere del oxígeno, porque precisamente se compone del cuerpo y de la respiración del aire que es el espíritu de vida o soplo de vida: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2.7). La Escritura dice: “Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente” Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal” (1 Corintios 15.45 al 46). El alma viviente es sinónimo de vida, sin embargo, el pasaje bíblico de uno de los párrafos anteriores menciona que estábamos muertos en pecado.


Entonces, ¿Cómo se legisla el conocimiento natural para mantener un orden civil o social, evitar la anarquía y el caos? ¿Cómo da testimonio su conciencia, y le acusa o defiende su propio razonamiento?


En relación con la expresión “Lo de César”, corresponde a una separación del poder político manifestado en la sociedad. Se hace alusión a la hacienda pública con sus bienes y tributos necesarios para cada nación, en el cumplimiento de sus fines y funciones. Además hace alusión al poder judicial, en la administración de justicia, para velar por el fiel cumplimiento de las leyes civiles y la aprensión y castigo a quien comete el delito. Por otra parte, se hace alusión al poder ejecutivo, en el sentido de quienes gobiernan la administración del estado, nación o país. Como ciudadanos existe una sujeción a las autoridades civiles, porque al final de cuentas, para mantener el orden, evitar la anarquía civil y el caos, son puestos por Dios y se les debe obediencia, siempre y cuando, no sea en deslealtad, insubordinación o rebeldía contra la voluntad de Dios (1 Pedro 2.13 al 14, 3.22; 1 Timoteo 2.2; Hechos 7.10, 10.35; Génesis 41.34). Porque Dios Padre es la autoridad superior sobre todo lo existente (1 Corintios 15.24 al 28).


En la Escritura se insta a la sujeción a los gobernantes y autoridades, en obediencia y disposición a toda buena obra (Tito 3.1), claro está, condicionado a la conservación de los atributos y principios de Dios. Debemos someternos al poder judicial, como autoridades superiores, porque son de parte y establecidas por Dios, si nos oponemos a estas autoridades, incurrimos en rebeldía y acarreo de condenación (Romanos 13.1 al 2).


Si todos somos buenos ciudadanos, respetuosos de las leyes, de las autoridades de seguridad pública y de la administración judicial, saldrá beneficiada toda la población en general, debido al servicio prestado por esta autoridades al bien de la sociedad, pero si hacemos lo malo los tenemos en contra, porque no en vano andan armados, es conveniente estar sujetos a ellos, no solo por el castigo sino por causa de la conciencia:


“Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo” (Romanos 12.3 al 6).

La labor constante y permanente las veinticuatro horas los siete días de la semana, por parte del ministerio de seguridad pública o policía encargada de mantener el orden público y la seguridad ciudadana, los constituye en servidores de Dios con su desempeño continuo, por esta razón la importancia de los impuestos para el financiamiento. La responsabilidad y cumplimiento en el pago de los tributos públicos, también es mencionado por la Biblia: “Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto...” (Romanos 13.7). Acerca del tributo, Jesús responde a una consulta:


“¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Lucas 20.22 al 25).

El no cumplir con la obligación de tributar y su recaudación efectiva, acarrea el déficit fiscal, que ocasiona mucho daño, porque gracias a esta contribución, se hace una mejor distribución de beneficios, que contribuye a reducir la desigualdad, proporcionando para todos educación, salud, seguridad, urbanismo y vivienda, entre otros. No se trata de que el pueblo esté exento de la justicia tributaria, sino que tenga derecho a salarios y trabajos dignos para sufragar sus compromisos. Observamos con esto que es necesario que haya un equilibrio en todas las áreas, que no le sobre a alguno lo que a otro le falta, ni tampoco se dé el enriquecimiento ilícito, en la medida de hacer conciencia en este sentido, viviremos mejor en comunidad, amor, equidad, justicia, paz y solidaridad.


Además la Biblia recomienda someternos a las autoridades, porque son de parte de Dios y han sido establecidas por él para bien de la sociedad (Romanos 13.1 al 5). Lo que se propone no es pensar en una relación entre amos y siervos, sino entre servidores de Dios, que promulgan y promueven el amor al prójimo entre unos y otros, los principios, el respeto y valores, ya en última instancia se infunde el castigo y temor al que hace lo malo.


La palabra de Dios dispone que debamos obedecer las leyes de la tierra, siempre y cuando no se opongan a la voluntad suprema de Dios, entre ellas está el pagar los impuestos. Así manda las Sagradas Escrituras, en diversos versículos (Mateo 5.15 al 22, 17.24 al 27; 1 Pedro 2.13; Romanos 13.7). Es nuestro deber tributar al estado o gobierno local, bienes inmuebles, renta y venta, ya que evadir los impuestos es faltar a la verdad, así como Jesucristo dijo que le diéramos a Cesar lo que es de Cesar (Mateo 22.19 al 21). Jesucristo mismo tributó por no dar motivo a vituperio, él ordenó a Pedro echar el anzuelo en el mar y el primer pez que mordió el anzuelo tenía en su boca una moneda y con eso pagó por él y por Pedro (Mateo 17.24 al 27). Los tributos los utiliza el gobierno para los programas y el desarrollo. La palabra nos amonesta acerca de este deber (Romanos 13.6 al 7). Si observamos extorsión del derecho y de la justicia, sobre el alto vigila otro más alto, y uno más alto está sobre ellos (Eclesiastés 5.8), hay un monitoreo divino de los actos y un rendimiento de cuentas por estas acciones.


El mercado comercial y financiero siempre ha existido desde que el ser humano se organizó, los trueques e intercambios de productos, son un claro ejemplo, inclusive entre los mismos discípulos había uno llamado Judas, que se encargaba de custodiar el dinero para realizar las compras que requerían, de esta forma financiaban los gastos y otras necesidades, por lo tanto Jesús no estuvo en contra del sistema comercial y del dinero, tan necesario en el desarrollo de una sociedad, sino en el enriquecimiento y acaparamiento en favor de unos y perjuicio de otros, en deterioro del bien social. En cada nación hay sistemas y políticas monetarias y el cambio de moneda internacional. La moneda tenía respaldo por la cantidad de lingotes de oro atesorado en el banco central en cada país, en la actualidad influye mucho el balance comercial y otros.


Las leyes para un orden social las ha permitido Dios para legislación del conocimiento natural, pero también aquellos que se interesan por el conocimiento espiritual, trascienden de conocimiento en busca de la legislación, obediencia y voluntad de Dios. Juan el Bautista predicaba:


“Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto se corta y se echa en el fuego. Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exijáis más de los que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario” (Lucas 3.9 al 14).

Juan el Bautista enseña al pueblo el compartir y la solidaridad, desde vestimenta hasta alimentos. A los trabajadores públicos les muestra el camino sin corrupción, sin perjudicar y sin privilegios excesivos o abusivos, al decir que estén conformes con el salario. Al final de cuentas también los que menos tienen son igualmente conciudadanos de los que más tienen. La Escritura dice: “Hermanos míos amados, oíd: ¿No ha elegido Dios a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman?” (Santiago 2.5).


8.7) LA CORRUPCIÓN DE ENTENDIMIENTO


En el mundo natural, así como el cuerpo está muerto sin la respiración del oxígeno, que es el espíritu de vida, también en el sentido espiritualmente se está muerto con la ausencia de la fe y la práctica de la obra de Jesucristo: “Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta. Hermanos míos, no os hagáis maestros muchos de vosotros, sabiendo que recibiremos mayor condenación” (Santiago 2.26 y 3.1 – RVR60). El debatir cuestiones de creencias es muy común en el conocimiento espiritual, es parte del libre albedrío espiritual y de la legislación del análisis de los temas, pero algunos se perjudican al considerarse muy entendidos en la materia y se quedan en la teoría, sin escalar a otro nivel práctico del conocimiento, basado en las enseñanzas de Jesús. El que se cree sabio en el conocimiento espiritual le es mejor ser humilde y manso para aprender, desarrollar la capacidad de escuchar, aunque aparente cierta ignorancia alcanza mayor grado de madurez y sabiduría espiritual: “Nadie se engañe a sí mismo, si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para que llegue a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios...” (1 Corintios 3.18 al 23 – RVR60).


Ahora bien, sembramos en lo natural o sembramos en relación con lo celestial, son dos posibilidades de cosechar para la carne o en el Espíritu Santo: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR60). Hay corrupción eclesiástica cuando algunos en aparente piedad la utilizan como pretexto para fuente de ganancia, además se convierte la actividad eclesiástica en un negocio personal o familiar, al final negocio lucrativo y propio debido al enriquecimiento y amor al dinero:


“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales. Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición, porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6.3 al 10 – RVR60).

Luego Pablo mismo dice acerca del conocimiento celestial: “Mas os hago saber, hermanos, que el evangelio anunciado por mí, no es según hombre; pues yo ni lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo” (Gálatas 1.11 al 24 – RVR60). Jesús mismo les abre el entendimiento, porque era necesario el cumplimiento de todo lo escrito acerca de él, sus padecimientos y su resurrección al tercer día (Lucas 24.44 al 46). Un sincero y auténtico conocimiento de la doctrina de Dios, es encomendarse a su dirección y guía del Espíritu, sin ningún tipo de demagogia, de los que llegan para servirse con sus ambiciones: “Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo” (1 Tesalonicenses 4.7 al 8 – RVR60; 2 Timoteo 1.14). Además dice la Escritura: “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” (Santiago 4.5 – RVR60).


8.8) SERVIR A DIOS O AL MUNDO TERRENAL


El conocimiento natural es perecedero con alcance para la vida presente: “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan” (Mateo 6.19 – RVR60), mientras que en la experiencia de comprender y adquirir conciencia de lo celestial, posibilita dar la verdadera importancia a la preparación para rendir cuentas a Dios, en relación con la vida venidera: “sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan” (Mateo 6.20 – RVR60).


Según la referencia del párrafo anterior, se percibe la distinción de conocimiento en el siguiente pasaje bíblico:


“Herodes el tetrarca oyó de todas las cosas que hacía Jesús; y estaba perplejo, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos; otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado. Y dijo Herodes: A Juan yo le hice decapitar; ¿quién, pues, es éste, de quien oigo tales cosas? Y procuraba verle” (Lucas 9.7 al 9 – RVR60).

En el caso de Jesucristo transmite un tipo de conocimiento celestial que algunos logran ser conscientes: “Jesús les dijo: ¿Habéis entendido todas estas cosas? Ellos respondieron: Sí, Señor. El les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante a un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas” (Mateo 13.51 al 52 – RVR60).


El evangelio sea antiguo, de Jesucristo y para vida eterna, es un mismo evangelio, en el sentido de las buenas nuevas de salvación, o la buena noticia proveniente del Creador. Mientras que hay muchas clases de dogmas, originadas por las criaturas, como respuesta y reacción al evangelio de Dios. Además, el dogma surge por otros motivos y fundamentos de todo sistema científico, doctrinal o religioso. Por ejemplo, Jesús les reprocha a los discípulos acerca de su actitud o reacción de incredulidad: “Finalmente se apareció a los once mismos, estando ellos sentados a la mesa, y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16.14 al 15 – RVR60). El evangelio se predica en todo el mundo, a todo ser humano de la creación, en diferentes entornos de las civilizaciones, culturas, etnias y sociedades, pero el destinatario final es el ser humano, quien esté donde esté ofrece resistencia al evangelio. La prueba es el pasaje anterior, donde los mismos discípulos instruidos por Jesús, eran incrédulos y duros de corazón, respecto a la resurrección del Señor.


El tiempo de Moisés presenta un tipo de doctrina a manera de teocracia, se mezclan las cuestiones de adoración, ceremonia, celebración, civil, docencia, espiritualidad, legal, política, religiosa, ritual y salubridad, englobadas en la dirección ejecutiva, judicial y legislativa. Similar a una constitución política y otras leyes de reglamentos, procedimientos e instrucciones. Es la institución de normas civiles, públicas, salubridad, tanto individual como colectiva, de educación, convivencia, laboral y respeto a la propiedad privada. En la época de Jesús en Judea se presenta cierta separación entre lo político y lo religioso:


“En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, y siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y él fue por toda la región contigua al Jordán, predicando el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados” (Lucas 3.1 al 3 – RVR60).

Jesús separa definitivamente el poderío político del poder religioso y espiritual. Por ejemplo, en el siguiente pasaje bíblico las autoridades religiosas envían además de los fariseos a los herodianos. La política está relacionada con las cuestiones de la administración y gobernación del Estado. La religión se enfoca en el interés primordial de lo espiritual, congruente a la voluntad de Dios, de ninguna manera existe para defender o representar los intereses particulares y terrenales de la corriente política, que son de competencia y función estatal. La Biblia dice:


“Volvieron entonces a Jerusalén; y andando él por el templo, vinieron a él los principales sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le dijeron: ¿Con qué autoridad haces estas cosas, y quién te dio autoridad para hacer estas cosas?... Y le enviaron algunos de los fariseos y de los herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra… Respondiendo Jesús, les dijo: Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios…” (Marcos 11.27 al 12.17 – RVR60).

La doctrina directa de Dios es sana, sin corrupción ni daño, mientras que el poderío político por ser del mundo, es endeble y vulnerable a la corrupción: “… la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1.4 – RVR60).


Algunos se estancan en la salvación por religiosidad. En este sentido, a pesar de las barreras dogmáticas y religiosas, influyentes en su época, Jesús no presentó su adhesión a la política o religión oficial del momento. El sector religioso oficial rechaza a Jesús:


“Muy de mañana, habiendo tenido consejo los principales sacerdotes con los ancianos, con los escribas y con todo el concilio, llevaron a Jesús atado, y le entregaron... Pilato le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. Y los principales sacerdotes le acusaban mucho... Mas Jesús ni aun con eso respondió; de modo que Pilato se maravillaba” (Marcos 15.1 al 5 – RVR60).

Jesucristo se abstuvo de ser nombrado rey por parte del pueblo, de vivir en los mejores palacios, de vestir las mejores ropas reales o de viajar en los mejores carruajes. Este ejemplo de Jesús y modelo de vida, contrasta con otra representación de la serpiente astuta como dios falso, que es la mala distribución de las riquezas:


“Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lucas 4.5 al 8 – RVR60).

La serpiente conocida como serpiente antigua, diablo y Satanás, representa la adoración y servicio a los dioses falsos, entre ellos la adoración y servicio a las riquezas (en griego Mamón):


“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones; porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” (Lucas 16.13 al 15 – RVR60).

El pasaje anterior menciona el caso de los fariseos como avaros, inclusive la misma avaricia es considerada en la Biblia como una idolatría: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: Fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia” (Colosenses 3.5 al 6 – RVR60).


El afán de adquirir y atesorar riquezas se tenía por sublime y lo terrenal del apego a las inclinaciones o tendencias propensas a los placeres del mundo, contrario a la obediencia a Dios. La mayor rebeldía del ser humano ante Dios es similar a una egolatría y narcisismo, como culto y veneración así mismo, al dinero, fama, poder y riqueza. Este culto y fascinación a la personalidad, representa la entronización del mismo ser humano, como su propio dios, ante los habitantes del mundo, donde a algunos de sus dinastías, emperadores, faraones, gobernantes, jerarcas, líderes, poderosos, príncipes, pudientes, reyes y soberanos, son considerados como dioses y convertidos en asesinos, autoritarios, crueles, dictadores genocidas, injustos, sanguinarios y violentos, sin piedad alguna y sin temor a Dios. Ha prevalecido en la historia de la humanidad una cultura de impunidad, en los casos donde el pueblo respalda a sus líderes como a un dios falso, han seguido el camino de la muerte, aunque signifique estar en contra de la adoración y servicio a Dios.


8.9) EL PUEBLO ES DESTRUIDO POR FALTA DE CONOCIMIENTO DE DIOS


Antes del diluvio, la inclinación natural del ser humano es propender a pensar, sentir y hacer el mal: “Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6.5 – RVR60). Luego del diluvio cuando se establece el pueblo de Dios, resulta que con el tiempo es destruido y perece por falta del conocimiento de Dios:


“Oíd palabra de Jehová, hijos de Israel, porque Jehová contiende con los moradores de la tierra; porque no hay verdad, ni misericordia, ni conocimiento de Dios en la tierra. Perjurar, mentir, matar, hurtar y adulterar prevalecen, y homicidio tras homicidio se suceden... Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios... Del pecado de mi pueblo comen, y en su maldad levantan su alma. Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras” (Oseas 4.1 al 9 – RVR60).

Entonces, si hay una transición entre el natural y el espiritual, ¿por qué algunos se estancan como un tipo de círculo vicioso, sin lograr trascender al conocimiento celestial? Lo que pasa es que algunos aspiran y pretenden lo espiritual sin desapegarse completamente de su carnalidad natural. Después de la creación, cuando se establece lo ritual dentro del culto a Dios y como rito de perdón de las ofensas cometidas, se distorsiona el culto a tal grado que Dios dice: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. Y si me ofreciereis vuestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré, ni miraré a las ofrendas de paz de vuestros animales engordados” (Amós 5.21 al 22 – RVR60). También dice:


“¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios?” (Isaías 1.11 al 12 – RVR60).

Se ofrecía para el sacrificio el animal ciego, cojo, enfermo o hurtado, profanando el nombre de Jehová Dios y su altar, habiendo Dios dicho: “No ofrecerás en sacrificio a Jehová tu Dios, buey o cordero en el cual haya falta o alguna cosa mala, pues es abominación a Jehová tu Dios” (Deuteronomio 17.1 – RVR60; Levítico 22.20). Su proceder fue deshonrar, menospreciar y hasta profanar el nombre de Dios, quien menciona lo siguiente: “… Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo?... y trajisteis lo hurtado, o cojo, o enfermo, y presentasteis ofrenda. ¿Aceptaré yo eso de vuestra mano? Dice Jehová” (Malaquías 1.6 al 14 – RVR60). Las manos de los infractores, llenas de crímenes y de maldad, no aceptan la corrección, presentan ofrendas indignamente y Dios les pide: “Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (Isaías 1.16 al 17 – RVR60).


Ahora bien, entre lo natural y lo celestial ¿cuál es el propósito de lo espiritual? El conocimiento espiritual es un intermedio determinante para el estancamiento en lo natural o la trascendencia a lo celestial. En el conocimiento espiritual abunda la legislación del conocimiento eclesiástico, pero algunos tienen el paradigma de fundamentar los dogmas absolutos como medio de salvación en lugar de Jesucristo, porque transmiten una rígida defensa de interpretaciones y opiniones, sobre cuestiones religiosas, más que una genuina vida, según el ejemplo y modelo de Jesucristo y la guía del Espíritu Santo (Hechos 5.32).


8.10) LA DISYUNTIVA MORAL


Jesucristo es y representa el amor de Dios Padre. Si hay un conocimiento natural y un conocimiento espiritual, ¿cómo identificar y reconocer el conocimiento celestial? Para saber la respuesta es necesario precisar con claridad la función del pecado. Es común la generalización del término pecado, pero el ejercicio del mismo varía según el tipo de conocimiento donde se aplique. Por ejemplo, se dice que un Estado incluye el gobierno, el pueblo y el territorio. Debido al aumento de población, los cambios de época, evolución industrial y tecnológica, nuevas generaciones y el paso del tiempo, en la actualidad se requieren nuevas regulaciones de convivencia, por ejemplo, ahora es imprescindible la educación y la ley vial para el tránsito vehicular (conocimiento natural). Esto significa que la infracción e irrespeto a las señales de tránsito y a las indicaciones de un semáforo es una especie de pecado ante la ley y la sociedad, con su respectivo castigo, consecuencia y justa retribución. ¿Pero, cuál es la relación de esta disposición ante lo eclesiástico, en lo perteneciente o relativo a la iglesia (conocimiento espiritual) y ante Dios (conocimiento celestial)?


Otro ejemplo, cuando hay ingesta de licor en un conductor y la consecuencia de muerte de un inocente por causa de un accidente de tránsito vehicular, ¿es la paga de este pecado la misma ante el Estado, la iglesia y ante Dios? En cada tipo de conocimiento puede sufrir castigo por las consecuencias de su pecado. Por consiguiente, el pecado es infracción de la ley (1 Juan 3.4), toda injusticia es pecado (1 Juan 5.17) y el saber hacer lo bueno y no hacerlo (Santiago 4.17), de lo contrario las decisiones por libre albedrío y la gracia se vuelve en libertinaje: “… hombres impíos, que convierten en libertinaje la gracia…” (Judas 4 – RVR60).


Cuando el natural se introduce en el mundo de lo espiritual, escala a un grado superior de conocimiento y adquiere cierto criterio para juzgar, en el sentido de creer y opinar, especialmente al considerar las relaciones existentes entre lo natural y lo espiritual, o sea, juzga lo natural pero no es juzgado por nadie natural: “En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie” (1 Corintios 2.15 – RVR60). Claro está, el espiritual que es practicante, porque cumple a cabalidad inclusive con el conocimiento celestial, porque el conocimiento espiritual es juzgado por un conocimiento superior, que es el conocimiento celestial, como veremos a continuación:


La legislación es el conjunto de leyes sobre una materia determinada, tanto la legislación natural y la legislación espiritual están accesibles de todo ser humano sin discriminación o marginación alguna:


“Porque no hay acepción de personas para con Dios. Porque todos lo que sin ley pecaron, sin ley también perecerán; y todos los que en la ley pecaron, por la ley serán juzgados: Porque no los oidores de la ley son justos para con Dios, mas los hacedores de la ley serán justificados. Porque los Gentiles que no tienen ley, naturalmente haciendo lo que es de la ley, los tales, aunque no tengan ley, ellos son ley á sí mismos: Mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio juntamente sus conciencias, y acusándose y también excusándose sus pensamientos unos con otros; En el día que juzgará el Señor lo encubierto de los hombres, conforme á mi evangelio, por Jesucristo” (Romanos 2.11 al 16 – RVR1909).

Esta expresión “secretos de los hombres”, es clave para identificar y reconocer el conocimiento celestial, como se explicará gradualmente más adelante. ¿Por qué la legislación natural y espiritual se puede acceder con apertura? Porque existe el avance científico, industrial, medios de comunicación y tecnológico que posibilita transmitir el conocimiento a todo el planeta. Por ejemplo, la radio, Internet y televisión. Hay abundante material académico, literatura y periodístico que educa e informa al ser humano. En lo natural hay escuelas, institutos y universidades. En lo espiritual hay congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones con abundancia de autores, líderes, oradores, pensadores, predicadores y suficiente literatura. Mientras tanto el conocimiento celestial se transmite diferente y por medio del Espíritu Santo, comparemos el pasaje mencionado anteriormente de Romanos con las siguientes palabras de Jesucristo:


“Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas. Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian Porque si amáis a los que os aman, ¿qué merito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Y si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen los mismo. Y si prestáis a aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores prestan a los pecadores, para recibir otro tanto. Amad, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno para con los ingratos y malos. Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. No juzguéis, y no seréis juzgados, no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir” (Lucas 24 al 38 – RVR60).

Esto es prueba de que el conocimiento celestial es a otro nivel, muy superior a la vida supuestamente espiritual, porque hay quienes son solamente creyentes y están los que verdaderamente son practicantes espirituales, donde Jesús dice a vosotros los que oís. No se trata de camuflar y mezclar lo natural dentro de lo espiritual ni viceversa. Por ejemplo, dar de lo que sobra en altruismo o filantropía, porque esto podría realizar hasta un ateo que niega la existencia de Dios. Ni tampoco cumplir los preceptos de las congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas por obligación en lugar del amor a Dios y al prójimo:


“Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser” Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor” (1 Corintios 13.1 al 13).

Esto también es prueba de que el conocimiento celestial es a otro nivel, muy superior a la vida supuestamente espiritual, porque hay quienes son solamente creyentes y están los que en realidad son practicantes. La práctica del conocimiento celestial es auténtica y genuina delante de la relación personal con Dios, sin apariencias y sin cautivar, ni encasillar en proselitismo congregacional, denominacional, eclesiástico o religioso. Jesucristo dijo:


“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos” Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres” y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público. Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres” y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan” y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público” (Mateo 6.1 al 6 y 16 al 18).

Este tipo de conocimiento secreto, además de las obras propias de cada persona por lo cual dará cuentas a Dios, también hace alusión al conocimiento que es por revelación del Espíritu Santo de Dios para comprender, obedecer y ser semejantes a Jesucristo en el diario vivir. La Biblia dice:


“Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1 Corintios 2.9 al 13).

El espíritu del hombre que está en él es su propia mente, por esta razón conoce a sí mismo hasta lo más secreto de su vida, pero el secreto del conocimiento celestial está en Cristo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16).


Entonces, en relación con el conocimiento natural, el espíritu del mundo equivale a una intención de actuar en sentido contrario a la voluntad de Dios, porque es una especie de mentalidad colectiva en la sociedad, influenciada por la tendencia al afán de pecar, a la inclinación al mal, ambición, ausencia de amor de Dios, codicia, corrupción, enriquecimiento desenfrenado en detrimento de otros, falta de temor de Dios, vanidad y práctica del vicio, entre otros. El creyente espiritual recibe el llamado en su mente individual a luchar contra estas situaciones descritas anteriormente, pero no basta ni es suficiente el paso del arrepentimiento, sino que se requiere igualmente la conversión y santificación. El espiritual juzga con criterio todas estas acciones pecaminosas, sin embargo, Jesucristo le indica que no juzgue en el sentido de que no condene. La Escritura posteriormente aclara: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10.11 al 12). La posibilidad de ser espiritual es solamente un intermedio para trascender al conocimiento celestial, o sea, llegar a practicar y ser como Jesucristo es alcanzar a tener la mente de Cristo. Por lo tanto, el pecado cometido dentro del conocimiento natural y dentro del conocimiento espiritual tiene posibilidades de ser perdonado, pero es imperdonable el desechar, desestimar, excluir y rechazar la trascendencia al conocimiento celestial de ser como Jesucristo, porque es blasfemar contra la obra del Espíritu Santo y la pérdida del carácter, sello o señal de consagración y santificación.


Ya se había explicado el caso de Judas Iscariote, que aunque es un discípulo espiritual, no logra desapegarse de lo natural, porque es ladrón, luego claudica contra Jesús sin lograr trascender al conocimiento celestial (Hechos 1.15 al 26). Otro ejemplo lo testifica Pablo: “manteniendo la fe y buena conciencia, desechando la cual naufragaron en cuanto a la fe algunos, de los cuales son Himeneo y Alejandro, a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar” (1 Timoteo 1.19 al 20). La consecuencia de este tipo de blasfemia es que la persona sigue a la deriva enceguecida por su propio pensamiento carnal (simbolizado en Satanás), de manera que por esta causa su efecto o consecuencia es vivir en error sin poder trascender al conocimiento celestial. Prueba de esto es que tiempo después se menciona a Himeneo que se mantiene en la misma situación: “Mas evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos” (2 Timoteo 2.16 al 18). En Hechos de los Apóstoles se menciona el caso de Ananías y Safira: “Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y sustrajeses del precio de la heredad?” (Hechos 5.1 al 11).


¿Cómo juzgaría Dios al mundo? Pablo dice lo siguiente:


“Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor. Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios” (1 Corintios 4.3 al 5).

Los seres humanos son contenciosos (Romanos 2.6 al 11), al resistir la autoridad de Dios y caer en rebeldía, no obstante, se espera una resurrección de los justos, y la transformación de los que estén vivos en la misma justicia. Pero, ¿qué dictamina a una persona como digna de esperar la venida de Cristo? o ¿cuál fallo resuelve o sentencia a alguien como digna del arrebatamiento de los de Cristo en su segunda venida? (1 Tesalonicenses 4.16 al 17). Esto lo establece el juicio previo que empieza por la casa de Dios:


“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio” (1 Pedro 4.17 al 19).

Cada hija e hijo de Dios demuestra con la vida, su causa justa, por ejemplo, el caso de Job, perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1.1, 6 al 8, 2.1 al 3, 38.1 al 7). La persona que es justo en vida presenta pruebas de ser un practicante de la justicia. Es primeramente en el pueblo de Dios, donde se determina quién es digno de ser levantado, para el encuentro con Cristo en su venida. En el transcurso de su diario vivir presenta los atestados de su justicia y práctica del bien. En cada participación de la comunión del cuerpo y la sangre de Cristo, mediante la cena del Señor, se presenta como un justo que anda en el camino de justicia. La vida misma del cristiano es una carta, conocida y leída (2 Corintios 3.2), por su fidelidad, justicia y santidad.


El justo tiene confianza plena en el día del juicio (1 Juan 4.17), de ser excluido de la condenación (Juan 5.24). El Señor conoce lo oculto y las intenciones del corazón, y cada uno recibiría su alabanza de Dios (Mateo 12.35 al 37; 1 Corintios 4.5). El juicio lo realiza el Señor (1 Corintios 4.3 al 4), porque ha sido dado al Hijo (Juan 5.22), por medio de la palabra (Juan 12.48). Quienes practican la verdad vienen a Jesús, para manifestar sus obras que son de Dios (Juan 3.17 al 21), hay un proceso durante su vida, que dictamina su inocencia y derecho de morar con el Señor. Está establecido a los hombres, que mueran una vez y después el juicio (Hebreos 9.27), según sus obras (Apocalipsis 20.12), quienes no fueron creyentes practicantes y no están escritos en el libro de la vida (Hebreos 10.26 al 27; Apocalipsis 20.15), será como un horno (Malaquías 4.1). Es el castigo del lago de fuego y azufre, por consiguiente la muerte segunda (Apocalipsis 21.7 al 8).


La ausencia de Jesucristo en nuestra mente y vida cotidiana es precisamente la imposibilidad de trascender al conocimiento celestial, porque no aceptar, ni querer y negar la obra de Cristo como Hijo es la blasfemia contra la obra de Espíritu Santo: “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (Mateo 1.18 al 20). Otro pasaje explica: “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1.34 al 35).


La intrascendencia al conocimiento celestial se presenta en algunos que dividen la obra del Espíritu Santo manifestado en Cristo, de manera que no logran trascender al conocimiento de Jesucristo, tal es el caso de algunos escribas, fariseos, intérpretes de la ley y saduceos, entre otros de su época que niegan, rechazan, resisten y separan la obra de Jesús, alegando que sus acciones eran por Beelzebú, príncipe de los demonios:


“Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae. Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo permanecerá su reino? ya que decís que por Beelzebú echo yo fuera los demonios” Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros” El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Lucas 11.17 al 23).

Esta es la blasfemia contra el Espíritu Santo:


“Y habiéndolos llamado, les decía en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?” De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera que sean; pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tienen jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno. Porque ellos habían dicho: Tiene espíritu inmundo” (Marcos 3.22 al 30).

Rechazaron a Jesucristo que es la salvación y vida eterna, igualmente hoy en día, la persona aunque se considere creyente, pero rehúsa la enseñanza, práctica y vivencia de Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida, se excluye así mismo de trascender al conocimiento del Hijo enviado por el Padre, frustrando la obra del Espíritu Santo de Dios. En el pasaje mencionado Jesús conocía sus pensamientos y les decía en parábolas, porque en este caso la “imposibilidad de Satanás echar fuera a Satanás”, se refiere al mal de la mente carnal dividida con los malos pensamientos, donde la liberación es posible solo a través de la libertad del conocimiento de la mente de Cristo.


Si existe una inteligencia emocional de concienciar en el ser humano la mejor reacción afectiva y de sensibilidad, frente a las situaciones inesperadas que el entorno ofrece, con más justificación y sentido existe la inteligencia espiritual que nos lleva al conocimiento celestial. Desde la antigüedad el profeta Elías advierte a quienes titubean entre dos pensamientos: “Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra” (1 Reyes 18.21). ¿Qué pasa por la mente del pueblo al no responder palabra? ¿Existiría una doble moral? Jesucristo dijo que muchos son los llamados y pocos los escogidos. Los llamados son todos los creyentes, los escogidos son los practicantes. Es distinguir en lo que se queda solo en teoría y lo que efectivamente es llevado a la práctica. Esto significa que la persona en su ejercicio espiritual enfrenta un proceso de desapego a lo natural y terrenal. Lo espiritual es un intermedio entre un extremo natural y entre el otro extremo de trascender a lo celestial. Es una situación de purificación en medio de estos dos extremos, una especie de filtro para posibilitar la trascendencia de conocimiento. Por ejemplo, una semejanza la encontramos en el siguiente pasaje bíblico: “Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal;” A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida,” (Deuteronomio 30.15 y 19). La mención de este texto es para notar el contraste entre los extremos.


La revelación de Dios es por excelencia la manifestación de la verdad secreta u oculta, para que cumplamos su palabra (Deuteronomio 29.29). Dios revela lo profundo y escondido (Daniel 2.22), mediante su Espíritu (1 Corintios 2.9 al 11), este es el conocimiento celestial, y trae a su memoria al ser humano, con fines de auxilio, ayuda, y bendición: “Y se acordó Dios de Noé” (Génesis 8.1). “Dios se acordó de Abraham” (Génesis 19.29). “Y se acordó Dios de Raquel, y la oyó Dios, y le concedió hijos” (Génesis 30.22). Dios mantiene su puerta abierta a Israel en la esclavitud de Egipto a través del pacto:


“Aconteció que después de muchos días murió el rey de Egipto, y los hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y subió a Dios el clamor de ellos con motivo de su servidumbre. Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios” (Éxodo 2.23 al 25, 6.5 al 8).

Así la comunicación con Dios es mediante la humillación e invocación, oración, búsqueda, conversión y santidad. Dios dice: “entonces yo oiré desde los cielos Ahora estarán abiertos mis ojos y atentos mis oídos a la oración” (2 Crónicas 7.14 al 15). La dignidad y santidad humana como creación, depende de su semejanza en la santidad procedente de Dios Padre. Entre otros atributos y carácter de Dios están: amor, bondad, fidelidad, justicia, misericordia, paciencia, sabiduría, santidad y verdad. Jesucristo fue enviado por el Padre para mostrarse como ejemplo y transmitir estos atributos entre los valores del reino de Dios: “Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.23 al 24).


Estos valores son espirituales porque son intangibles, no se ven ni se tocan, pero se manifiestan y visualizan con la acción, acto, comportamiento y conducta del ser espiritual. Lo que pasa es que estos valores los pretende simular el conocimiento natural sin éxito, ya que son efectivos por el conocimiento espiritual en Dios. En el mundo natural prevalece la corrupción de los antivalores. Prueba de esto es que Jesucristo tuvo que venir a traer el mensaje de que el reino de Dios se había acercado, es decir, como Dios es amor (1 Juan 4.16), es Espíritu (ya citado) y es luz (1 Juan 1.5), conocemos lo invisible y la certeza de los atributos de Dios, mediante la persona de Jesucristo, con su ejemplo de vida, como persona física que hizo visible los atributos y carácter de Dios, en su esencia y forma de ser, el yo soy el que soy: “Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros” (éxodo 3.14). Acerca de la persona de Cristo la Biblia dice:


“Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo” (1 Pedro 1.10 al 12).

Por lo que vemos, esta expresión del Espíritu Santo enviado del cielo es el conocimiento celestial que nos enseña, guía y redarguye, con energía, poder y voluntad de Dios. Los fariseos obedecían la ley impositivamente por obligación, mientras que el don de la gracia es por amor, benevolencia, bondad, compasión y misericordia. Estos fariseos por celos, envidia, insolencia y maldad, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle. También los intérpretes de la ley, según dijo Jesús: “porque cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar, pero vosotros ni aun con un dedo las tocáis desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo; sí, os digo que será demandada de esta generación” (Lucas 11.44 al 52). En esto consiste la gracia: Cristo se presenta con su vida en la tierra y transmite el amor y bondad de su Padre a través del ejemplo (Juan 14.10 al 12): “Y amarás al Señor tu Dios” Y” Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12.28 al 34). Jesús les dice: De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22.34 al 40).


La gracia es un don de Dios en Cristo Jesús: “esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús” (2 Timoteo 2.1). Este esfuerzo en la gracia implica la misericordia y demostrar con hechos o realidades el verdadero amor de Dios (1 Juan 3.17 al 18, 4.20 al 21). Esto redunda en un mejor ordenamiento en la convivencia diaria de los seres humanos y de respeto a la vida, caridad, descanso laboral, dignidad, respeto a la propiedad privada, solidaridad y valores. Jesús con su trayectoria se incorpora en pos del propósito de su Padre (Lucas 2.49), con su vida, cumple a cabalidad la obra encomendada por su Padre y con su labor en lo espiritual, refleja el espíritu de los mandamientos de Dios en ánimo, balance, conocimiento, equidad, esfuerzo, experiencia, justicia, obra, valor, vigor, virtud y vivencia (Mateo 23.23; Lucas 11.42). Por esta causa, el modelo, norma o regla es Cristo, para acceder al conocimiento auténtico o genuino de la voluntad y los valores del reino de Dios, que se ha acercado y está entre nosotros.


Recibir a Jesús es aceptar y admitir su mensaje, se universaliza y hace extensivo a todos los seres humanos creyentes en su nombre y practicantes: “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1.11 al 13). El creer hace referencia a practicar sus enseñanzas y a ser semejante en su vida, no basta con el saber, sino con el ser y el hacer, en otras palabras el ejercicio o la aplicación del saber. Esta praxis en Cristo es con el entendimiento: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12.2), Ejemplo de seguir a Cristo: “Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5.4 al 5).


Cuando el ser humano verdaderamente oye la voz de Dios, a través de su palabra, pasa a un estado de conciencia y alcanza a entender ciertos aspectos espirituales, religiosos y teológicos ignorados, comprende lo de suma importancia y prioridad. Toma un rumbo en donde la persona es consciente del propósito de la existencia, entra a su vida el evangelio, la gracia y el poder de Dios. La Escritura confirma: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia que es idolatría” (Colosenses 3.5 al 6). Cuando se llega a ser templo del Espíritu Santo no hay cabida para estas maldades y pecados. La misma palabra de Dios advierte: “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4). También agrega: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2.15 al 17 – RVR60). Y sentencia: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8).


La palabra de Dios siempre es oportuna, nunca se vuelve obsoleta, de manera que es un conocimiento útil para todos los tiempos, es viva y eficaz, que discierne los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4.12). Es por medio del Espíritu de Dios que se recibe palabras de poder, como la palabra de sabiduría y la palabra de ciencia (1 Corintios 12.8), porque es Dios quien da la sabiduría a los sabios y la ciencia a los entendidos (Daniel 2.21). La palabra de ciencia es un conocimiento que Dios le da al ser humano, que contiene las demostraciones de la revelación del Espíritu Santo, para dar conciencia y razonamiento útil en beneficio de la vida (Números 24.16; Proverbios 2.10, 19.2; Daniel 5.12; 1 Corintios 1.5, 12.8). La palabra de sabiduría es dada por revelación del Espíritu Santo, ya que consiste en un conocimiento profundo que permite un buen juicio para saber conducirse (1 Corintios 12.8; Santiago 3.17).


El relato de la creación muestra cómo Dios desde el principio ordena el mundo físico y establece las leyes cósmicas (Génesis 1.1 al 25). En el huerto del Edén ubica al ser humano con instrucciones de administrar todo lo creado, con límite o regulación en los árboles (Génesis 1.26 al 28, 2.15 al 17, 3.23 al 24). Un árbol representa el generador del oxígeno o espíritu de vida, porque mediante este oxígeno en la atmósfera, se mantiene y conserva la vida terrestre, además de otros elementos esenciales y vitales como el agua. Así, en el caso de la vida espiritual, Adán y Eva, en representación del ser humano, definen la prioridad entre el árbol de la ciencia y el árbol de la vida, entre el libre albedrío humano o natural y el libre albedrío espiritual y de Jesucristo. El árbol de la vida es una alegoría, representación o símbolo de Jesucristo. El árbol de la ciencia son los valores y antivalores con los que el ser humano tiene que lidiar por el resto de su vida, debido a su desobediencia delante de Dios. Luego Abel asume los valores, como el amor, fe y justicia, entre otros, y Caín por el contrario demuestra los antivalores, como desamor, injusticia e inmisericorde.


La elección adversa de Adán y Eva lleva a la humanidad a desembocar trágicamente en el politeísmo, debido a la subversión, especialmente en el sentido moral, alejado de la voluntad de Dios, como consecuencia, al ser humano no se le permite disfrutar del árbol de la vida: “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre” (Génesis 3.22 al 24). Primero tiene que sufrir un castigo, como consecuencia de sus propias acciones y su temeridad ante Dios. Cuando el ser humano pretende ser como Dios, entra en un egocentrismo e idolatría de sí mismo, incompatible con el árbol de la vida y su fruto, ambos representativos de Jesucristo. Se presenta en la historia de la humanidad un politeísmo, en relación con los dioses falsos al cambiar o sustituir según su conveniencia al verdadero Dios, en las diferentes formas de conceptuar a Dios, en el fraccionamiento continuo de la religión y en las guerras proselitistas posteriores.


Antes del diluvio, en tiempos cuando la generación se ha corrompido, personas como Enoc y Noé caminan con Dios, ejercen su voluntad y son personas justas, perfectas en su época con la gracia de Dios ante sus ojos (Génesis 5.22, 6.8 al 9). La conducta y las relaciones entre seres humanos, son reguladas con leyes procedentes de su Creador. Posterior al diluvio, el mensaje de Dios, también se transmite oralmente entre generaciones y se destaca Abraham por su obediencia a Dios al oír su voz, guardar su precepto, sus mandamientos, sus estatutos y sus leyes (Génesis 26.5). Anteriormente al profeta Moisés, se transmitían los mandamientos en forma verbal (Génesis 4.26, 5.22 al 24, 6.9, 13.4, 14.18 al 20, 26.5), de padres a hijos, aunque la ley no estuviera por escrito, existía el pecado, reinando la muerte en el transcurso desde Adán hasta Moisés, sin embargo, no fue como la transgresión de Adán, quien recibió un mandamiento directo de Dios (Romanos 5.13 al 14). El pecado entró a este mundo y todo ser humano sin excepción, arrastra las consecuencias del mismo, mediante la muerte, como paga del pecado, siendo necesarios la redención de Cristo, su ejemplo y modelo de vida.


Jesucristo con el ejemplo práctico de vida, nos muestra como en la condición de ser humano es factible, el cumplimiento a cabalidad de la voluntad de Dios, para integridad moral y espiritual: “Porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2.21 al 24). Prevalece el perdón y la misericordia de Dios:


“Pues como vosotros también en otro tiempo erais desobedientes a Dios, pero ahora habéis alcanzado misericordia por la desobediencia de ellos, así también éstos ahora han sido desobedientes, para que por la misericordia concedida a vosotros, ellos también alcancen misericordia. Porque Dios sujeto a todos en desobediencia, para tener misericordia de todos” (Romanos 11.30 al 32).

La gracia posibilita una ley moral o comunitaria funcional y práctica, donde se refleja lo interno de la persona (similar a un espejo), congruente entre el pensamiento y el proceder. Esta congruencia entre gracia y ley, no es como la transgresión: “el don no fue como la transgresión; pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro” (Romanos 5.15 al 21). Inclusive la promesa hecha a Abraham y a su simiente (Cristo), porque en Cristo Jesús la bendición de Abraham llega a los gentiles (Gálatas 3.14 al 16).


La libertad en Cristo nos hace libres de la esclavitud y el poder del pecado; y por ende de la condenación eterna, así que si Jesucristo nos liberta seremos verdaderamente libres (Juan 8.36). Cristo nos libertó con su muerte en la cruz del calvario y así pagó el precio por nuestros pecados, ahora somos siervos de la justicia y de Dios, teniendo por fruto la santificación y como fin la vida eterna (Romanos 6.17 al 22). Cuando estábamos en el pecado éramos esclavos del pecado, pero ahora somos libres porque a libertad hemos sido llamados (Gálatas 5.13). Salir de la ignorancia y permanecer en la palabra de Dios, contribuye con hacernos libres, porque al conocer la verdad nos liberta (Juan 8.32). La libertad en Cristo incluye ser libres de complejos de inferioridad o superioridad, aversión, discriminación, estereotipos, mitos y prejuicios.


Esta afirmación de lo natural se hereda de Adán: “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, Porque así como en Adán todos mueren” (1 Corintios 15.21 al 22). El asunto de los indecisos o tibios dentro de lo espiritual, sin lograr trascender al conocimiento celestial tiene también su confirmación bíblica: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios, para vergüenza vuestra lo digo” (1 Corintios 15.33 al 34). En el caso del conocimiento celestial para salvación y vida eterna, la Biblia dice: “también por un hombre la resurrección de los muertos también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15.21 al 22). Es en Cristo Jesús que recibimos en vida el conocimiento y práctica que nos lleva a lo celestial: “El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15.47 al 49). El mundo por sí mismo, en su condición humana no puede recibir la resurrección de los muertos para vida eterna: “Pero esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, ni la corrupción hereda la incorrupción” (1 Corintios 15.50). Nuestra mentalidad en esta vida, es vinculante para la recompensa en la venidera, después de la muerte física o material o el cuerpo transformado a la segunda venida de Cristo.


A los que insisten en la creencia de lo material o natural, como igual a lo espiritual, Jesucristo fue entregado por causa de las transgresiones (Romanos 4.25), desobediencias, impunidades, indiferencias y rebeliones. La Santa Biblia es inspirada y escrita en el pasado; pero hay un enlace con su interpretación en el presente, porque en cada época se agregan nuevos elementos de juicio para mejorar la comprensión de las Sagradas Escrituras. Por ejemplo, la Biblia dice: “He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados” (1 Corintios 15.51). Otro ejemplo: “Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido” (1 Corintios 13.9 al 12). La respuesta es la siguiente, porque la Biblia se explica por sí misma: “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho” Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida” (1 Corintios 20 y 23). La resurrección de los muertos y la transformación tiene relación con los que son de Cristo, porque el mundo evasivo e indiferente al compromiso, reconocimiento y responsabilidad de la preeminencia de Jesucristo se excluye así mismo.


Los razonamientos analizados se hacen a través de demostraciones textuales apoyadas en la Biblia, sin perder el sentido original, para sustentar el testimonio acreditado en la palabra de Dios. Aunque es inevitable la diversidad y evolución de los idiomas a través del tiempo y su relación con las traducciones de la Biblia en cada versión. Se analiza un enfoque especial de la realidad bíblico - social, en relación con los valores comunitarios: amor de Dios, compasión, fe, justicia, misericordia, paz, santidad, virtud y los elementos necesarios para la convivencia y la búsqueda de una mejor calidad de vida personal y social, de acuerdo con la preeminencia en Cristo, su ejemplo y modelo de vida. De lo contrario, Jesús nos advierte que nadie nos engañe, porque se levantarían falsos Cristos y falsos profetas (Mateo 24.4, 24), en otra ocasión dice que creamos en él como dice la Escritura (Juan 7.37), que no puede ser quebrantada (Juan 10.35). El apóstol Pedro llama a la profecía de las Sagradas Escrituras, la palabra profética más segura (2 Pedro 1.19 al 21), a la cual hacemos bien en estar atentos, dice él, como a una antorcha en lugar oscuro. Es como una luz guía del pueblo en la oscuridad, porque ninguna profecía escrita es de particular interpretación (1 Corintios 14.32), es Jehová mismo quien declara lo que hace y es revelado a sus siervos los profetas de las Sagradas Escrituras (Amos 3.7). Esto porque hay quienes en el mundo espiritual son falsos, ya sea en doctrinas, dogmas, enseñanzas o predicaciones, donde desvían la atención en lugar de Jesucristo y eliminan su preeminencia, máxime cuando les es indiferente fusionar y mezclar lo carnal o natural con lo espiritual, sin importar la obra, propósito y sacrificio de Cristo en su primera venida.


Hasta aquí se ha descrito la existencia de tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial. El libre albedrío es diferente en cada tipo de conocimiento, por ejemplo, la elección de una ocupación, oficio, profesión o trabajo en general, corresponde al libre albedrío natural, pero la escogencia de una congregación, denominación, iglesia o religión, pertenece al libre albedrío espiritual. Por esta razón cada tipo de conocimiento tiene su propia legislación que a la vez tiene la propiedad de ser infinita. Prueba de esto es la existencia de tantos grupos, organizaciones y tradiciones eclesiásticas, con sus respectivas costumbres, creencias, doctrinas, dogmas y tradiciones. La libertad de elección es propia del conocimiento donde se ejerce, aunque algunos la confunden con el libertinaje. Hay una clase de libre albedrío muy especial, porque es el libre albedrío de Jesucristo, quien renuncia a su propia voluntad para hacer la voluntad del Padre.


Este libre albedrío de Jesucristo aplica en el conocimiento celestial y se cumple cuando hay un verdadero bautismo de inmersión en el Señor Jesús, en su consagración, devoción, ejemplo de vida, fidelidad, perseverancia, santidad, sufrimiento y testimonio. Lo que pasa es que hay un solo bautismo comprendido por un proceso de doctrina de bautismos, a saber, nacer de nuevo con la limpieza producida por la palabra de Dios Padre, por medio del arrepentimiento, conversión y santificación, originalmente predicado por Juan el Bautista. El bautismo en agua, ya sea aspersión, infusión o inmersión, según la legislación espiritual propia de cada comunidad de fe eclesiástica, es solo una representación simbólica de la muerte y resurrección de Cristo, que en dicha legislación, el procedimiento genera conflicto y debate infinito. Esto es solo un desvío y distracción de la verdadera atención en Cristo. Otro bautismo es en Espíritu Santo y fuego.


El bautismo de inmersión en el Señor Jesús es (aquí hay secreto), el amor derramado por Jesús sobre la humanidad. Lo único que excede a todo conocimiento, es el amor de Cristo, podemos ser plenamente capaces de comprender y entender todas sus dimensiones, para ser llenos de toda la plenitud de Dios (Efesios 3.14 al 21).


Por cientos o miles de años la legislación espiritual se debate entre la existencia del libre albedrío o de la predestinación. Esto es otra distracción que desvirtúa o tergiversa la razón de ser que es Cristo, o sea, Jesucristo tiene preexistencia y fue predestinado, entonces la predestinación es Jesucristo y los predestinados son los que asumen el libre albedrío de Jesús para vivir según su ejemplo y modelo de vida cotidiana, haciendo la voluntad de Dios Padre.


A continuación un resumen desde las tres perspectivas de los evangelios:


Mateo 26.36 al 46. Cuando Jesús ora en Getsemaní, comienza a entristecerse y a angustiarse en gran manera, hasta la muerte, ora tres veces al Padre para pasar aquella copa, aunque pide prevalecer la voluntad de su Padre. Luego llega la hora y es entregado en manos de pecadores.


Marcos 14.32 al 42. Jesús llega a Getsemaní y comienza a entristecerse y a angustiarse, dice estar muy triste hasta la muerte, entonces se postra en tierra y ora a Dios. Dice Abba Padre, todas las cosas son posibles para Dios, solicita apartar esa copa, pero conforme con la voluntad de su Padre. Ora tres veces diciendo las mismas palabras. Finalmente es entregado en manos de pecadores.


Lucas 22.39 al 46. Jesús va como solía al monte de los Olivos y se aparta de sus discípulos, se pone de rodillas y ora al Padre, solicita pasar aquella copa, aunque la prioridad es hacer prevalecer la voluntad del Padre. Se le aparece un ángel del cielo para fortalecerlo. Al estar en agonía, su oración es más intensa con sudores como grandes gotas de sangre, que caen en la tierra.


En el caso de la purificación con agua, dice la Biblia: “Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efesios 5.25 al 26 y Hebreos 10.19 al 22). Cristo efectuó la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo (Hebreos 1.3), a través de su sangre nos limpia nuestras conciencias de obras muertas, para servir a Dios (Hebreos 9.14; 1 Juan 1.7). El bautismo en agua sirve para testimonio de nuestra aspiración de una buena conciencia hacia Dios, porque este bautismo no quita las inmundicias de la carne (1 Pedro 3.21). La limpieza consciente viene por la palabra de Dios (Juan 13.10 al 11, 15.3; Hechos 10.15, 28, 34 al 36, 43 al 44, 11.1, 9, 14 al 18) y mediante la fe la purificación de nuestros corazones (Hechos 15.8 al 9). Por la fe en Cristo, somos bautizados y revestidos en él (Gálatas 3.26 al 27), para vivir conforme a la voluntad de Dios (1 Pedro 2.21 al 24, 4.1 al 2).


¿Por qué según el conocimiento celestial Jesucristo tiene la preeminencia? Porque sus seguidores y servidores cumplen primeramente su ejemplo y modelo de vida en las acciones cotidianas con un corazón puro. Hay un texto acerca del amor verdadero, con tres características para autenticar su identidad y con la mención en su contexto de ciertas variables claves para reconocer el desamor, como aborrecimiento, enemistad, odio y rivalidad. Las tres cualidades de este amor genuino son las siguientes: nacido de corazón limpio, de buena conciencia y de fe no fingida. Según el contexto del texto en mención, las variables del desamor en torno al amor auténtico están: diferente doctrina, fábulas y genealogías interminables, disputas en lugar de la edificación de Dios, desviarse y apartarse a vana palabrería. Textualmente se dice: “queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1 Timoteo 1.1 al 7). Algunos en lugar de dar la preeminencia a Cristo y demostrar consagración, dignidad, paz, respeto, reverencia y santidad, sustituyen el amor de Jesucristo por la defensa de doctrinas y dogmas divisorios, donde se fomenta un fraccionamiento cristiano plagado de agresión, condena, imposición y violencia. Consideran demostrar piedad de amor y respeto con la blasfemia, con la presunción de ser eruditos y doctos, ofenden de forma cruel y despiadada, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman, se cumple como dice la Biblia en el pasaje mencionado anteriormente.


El camino de la espiritualidad ha sido demarcado por Jesucristo mismo: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5.8). El grado o nivel de calidad espiritual para ser considerado de limpio corazón, de ninguna manera es la prédica oportunista de quienes denigran y desprestigian a los integrantes de otras congregaciones, denominaciones, iglesias o religiones, con las condenas y pretexto del tema de la idolatría, aparentan y presumen ser más conocedores, iluminados y santos, según doctrinas y dogmas y no según Cristo.


Observemos la relación entre el conocimiento natural y el espiritual, la Biblia dice:


“No obstante, de la misma manera también estos soñadores mancillan la carne, rechazan la autoridad y blasfeman de las potestades superiores. Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda. Pero éstos blasfeman de cuantas cosas no conocen; y en las que por naturaleza conocen, se corrompen como animales irracionales” (Judas 8 al 10 y 2 Pedro 2.10 al 12).

Hay una marcada diferencia y separación entre el conocimiento natural y el espiritual, pero cuando el espiritual se vuelve solo teoría sin la debida práctica, en lugar de trascender a lo celestial se apega más a lo natural, inclusive sus propios filósofos, líderes, pastores, predicadores o profetas:


“Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero” (2 Pedro 2.19 al 22).

Las personas de una congregación, denominación, iglesia o religión, ya sea colectiva, individual o de forma institucionalizada, que proceden a infundir condena, juicio, odio y rivalidad, contra otras personas del mundo natural o por motivos de proselitismo contra otras congregaciones, denominaciones, iglesias o religiones, aunque pretendan ser espirituales y religiosos, de ninguna manera han entendido la verdadera espiritualidad según Cristo, desconocen por completo la enseñanza y mensaje del conocimiento celestial mediante Jesucristo, quien pregunta: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?” (Mateo 12.33 al 37).


Jesucristo es el Camino, porque representa el Amor, Compasión, Fraternidad, Fe, Justicia, Misericordia, Paz y Santidad. En el cristianismo puro, real y verdadero se trata de obedecer plenamente a Jesucristo como líder espiritual y religioso. Los grupos de líderes religiosos cristianos independientes o colegiados, tienen que mantener un rumbo con dirección fiel y sumisa al Señor Jesucristo. Por ejemplo, el fundamento y magisterio es necesario, la sucesión apostólica y profética, es una guía para el pueblo de Dios por el sendero de la vida, para tratar de mantener una dirección y rumbo estable. Desde la antigüedad fueron ejemplos, Enoc, Noé, Abraham y Moisés. Este ejemplo de Moisés documentado en las Sagradas Escrituras es clave para la comprensión de la preeminencia de Cristo:


“Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo”, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos 3.22 al 26).

En la actualidad es requerimiento ante todo, disponer con fidelidad y perseverancia el conocimiento y mirada puestos en Jesús. La gloria, honra y el reconocimiento sean para Dios Padre y su Hijo amado Jesucristo, a quien el Padre designa para dar salvación y vida eterna a los practicantes (amor, compasión, fraternidad, fe, justicia, misericordia, paz y santidad) de entre los creyentes llamados de todo el planeta.


Todo ser humano es creación de Dios y un potencial hijo e hija obediente de Dios, de lo contrario un hijo e hija rebelde y desobediente. La subordinación sobre todo es a Jesucristo: “Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Lucas 9.49 al 50).


El mundo de los prosélitos es cuando la búsqueda de Dios, se vuelve figurativamente en una caza de partidarios, el propósito de Dios se desplaza o pierde importancia, porque la suplanta la parcialidad y unión de quienes pretenden lograr el fin de separar al recién convertido del común cristiano, para aumentar su propio grupo de fanatismo de creencias, por beneficio e intereses propios. Jesús como autoridad establecida, advierte lo siguiente del proselitismo: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros” (Mateo 23.15). Hay un celo exagerado y abusivo de fraccionar el cristianismo. Hay constantes fundaciones de iglesias particulares, por mera charla, elocuencia, locuacidad u oratoria, pero sin el respaldo y la unidad del Espíritu Santo de Dios: “Estos son los que causan divisiones; los sensuales, que no tienen al Espíritu” (Judas 19). Los que se impresionan más por prédicas conmovedoras que por la vida ejemplar y modelo de vida de Jesucristo. La palabra de Dios llama culto racional el presentar el cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, que no se conforma, sino que se renueva en el entendimiento, para comprobar la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12.1 al 2). Hemos reiteradamente confirmado que el fraccionamiento cristiano es válido en la medida de una estrategia permitida por Dios para llevar el evangelio de Jesucristo. La función de toda congregación, denominación, iglesia o religión cristiana es dar la preeminencia a Jesucristo y transmitir su ejemplo, enseñanzas y modelo de vida.


Pablo hace una comparación al decir que un poco de levadura leuda toda la masa (Gálatas 5.7 al 12). Esto se relaciona, en su simbolismo, la levadura con la maldad y malicia, por otra parte, los panes sin levadura son la sinceridad y verdad, el vivir diariamente, consciente de la autenticidad de la palabra de Dios y diferenciar de la falsa: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois;” ni con la levadura de malicia y de maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5.6 al 8).


Jesús dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. Este es el pan que descendió del cielo” (Juan 6.56 al 58). Jesús es el pan verdadero, también hace ver a las personas como ese pan con o sin levadura, quienes tienen levadura, están con la palabra alterada en sus corazones, refiriéndose a la doctrina y proselitismo de los fariseos y saduceos (Mateo 16.6 al 12). Al igual la levadura representa pecado y nosotros debemos estar separados de esa vieja levadura, en donde Cristo nos ha redimido de los pecados pasados, por medio de la fe en su sangre, a través de la gracia y de manifestar en este tiempo la justicia de Dios (Romanos 3.24 al 26).


La Biblia presenta numerosas alegorías y simbologías. El candelabro de siete lámparas (éxodo 25.31 al 40), representa la ley y la profecía, la iluminación universal del Espíritu de Dios. El Apocalipsis dice: “estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Apocalipsis 5.6). El profeta anuncia: “He aquí un candelabro todo de oro y sus siete lámparas y siete tubos para las lámparas Estos siete son los ojos de Jehová, que recorren toda la tierra” (Zacarías 4.2 y 10). El profeta Isaías anuncia:


“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová” juzgará con justicia a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura” (Isaías 11.1 al 5).

La expresión de herir la tierra con la vara de su boca y matar al impío con el espíritu de sus labios, algunos lo asumieron literalmente en guerras religiosas y matar a sus semejantes del bando contrario. El análisis de un texto implica tomar en cuenta el aspecto cultural, figuras literarias, género literario, geográfico e histórico. El pasaje alude, en sentido figurado, a la vara de su boca y el espíritu de sus labios. En su tiempo Jesús deja al descubierto con su mensaje la maldad de las personas y las injusticias. Este pasaje tiene expresiones universales, juzgar con justicia a los pobres y argumentar con equidad por los mansos de la tierra. Jesús con su vida, vino a hacer visible el amor, juicio justo, misericordia, piedad y demás valores y virtudes del Padre invisible (Juan 1.18, 14.7 al 11; Colosenses 1.15; 2 Corintios 4.4 al 6; Hebreos 1.3), dando ejemplo como humano de capacidad para obedecer al Padre (Juan 13.15; Filipenses 2.8; Hebreos 5.7 al 10; 1 Pedro 2.21), quien dice: “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones” (Isaías 42.1). La práctica cristiana, hace visible el ejemplo de vida, modelo y testimonio de Jesucristo. Herir la tierra y matar al impío, alude a eliminar de nuestras vidas el apego a lo terrenal, bienes materiales y a la impiedad del desprecio al necesitado y en desgracia, con el amor y respeto por el bien, la vida humana, por lo sagrado y santo.


La vida no se toma a la ligera sino con reverencia a Dios el Creador, por esta razón el respeto a los demás es vital, como parte de la alabanza y adoración a Dios, quien envió a su Hijo para reconciliar, rehabilitar, reivindicar, rescatar y restaurar al ser humano. Jesús dijo que nadie había visto al Padre, refiriéndose a los humanos, porque se exceptuaba a él mismo (Juan 6.46), y a los ángeles que están con Dios (Mateo 18.10), además, otro pasaje dice: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Juan 1.18). A través de Jesucristo y por tener él a Dios Padre en su corazón, es que hace visible delante de nosotros, al Padre en su forma de ser (Juan 14.7 al 10), o sea, la gloria de Dios Padre revelada en su Hijo Jesucristo, en cuanto a amor, gracia, misericordia, paz, propósito, unidad y verdad (2 Juan 3). Jesucristo es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1.15; 2 Corintios 4.4), porque Dios Padre es invisible (1 Timoteo 1.17), pero Jesucristo por su obra le dio a conocer, ya que siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a su Padre, como por aferrarse (Filipenses 2.5 al 6), manifestándose en carne (Juan 1.1 y 14), y posteriormente recibido arriba en gloria (1 Timoteo 3.16).


Dios Hijo en forma humana, semejante a los hombres, se humilla en obediencia hasta la muerte, por lo cual Dios Padre lo exalta y le da un nombre sobre todo nombre (Filipenses 2.7 al 11), por lo tanto Dios Padre enaltece a su Hijo (Hebreos 1.4 al 9), más que al resto de ángeles, porque le da un lugar a su diestra (Hechos 2.32 al 36; Hebreos 1.13; Apocalipsis 3.21). Esteban lleno del Espíritu Santo, viendo en dirección al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su diestra (Hechos 7.55 al 56). Está al lado del Padre desde antes (Génesis 1.26, 11.7), desde el inicio en la creación está junto al Padre (Juan 1.2 al 3; 1 Juan 1.1 al 3), luego de su primera venida, regresa al Padre, al lado suyo, con aquella gloria que tenía desde antes que la creación estuviera terminada (Juan 17.1 al 8).


El Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo, por lo cual debemos de confesar que Jesús es el Hijo de Dios (1 Juan 4.14 al 15). Y sabemos que verdaderamente Cristo es el Salvador del mundo (Juan 4.42) y verdadero Hijo de Dios (Marcos 15.39). Por esta razón se le llama Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros (Mateo 1.23). Porque el Padre envió a su Hijo unigénito, para que el mundo sea salvo por él (Juan 3.16 al 18).


La Escritura dice que si es por gracia no es por obras y si es por obras no es por gracia (Romanos 11.6). Las obras aquí referidas, son las obras de la ley, ceremonias, circuncisión, lapidación y ritos. La justificación de Dios es por su misericordia y no por las obras de justicia que el ser humano hubiera hecho (Tito 3.5), es decir, es necesario presentar el cuerpo en sacrificio vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12.1), con buenas obras por sus frutos (Tito 2.14, 3.8 y 14), o sea, las obras de Jesús, en lugar de las expiaciones, holocaustos, ofrendas y sacrificios por el pecado (Hebreos 10.1 al 10). La Escritura afirma que la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma (Santiago 2.17 al 18 y 26). También menciona en forma recíproca, al ser humano como justificado por las obras, y no solamente por la fe (Santiago 2.24), porque los practicantes vienen a Jesús, para manifestar sus obras que son de Dios (Juan 3.17 al 21). Así hoy en día muchos son tibios (Apocalipsis 3.15 al 16), y no según Jesucristo y sin el crecimiento que da Dios:


“todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios” (Colosenses 2.17 al 19).

Pero si se pretende la justificación, donde se pierde el respeto a la fidelidad hacia Dios, con algunas prácticas sin valor alguno contra los apetitos del pecado (Colosenses 2.20 al 23), porque se peca reincidente, por la creencia de pedir perdón al confesar de corazón y de labios el pecado (1 Juan 1.9) o considerar a Jesús como abogado ante el Padre (1 Juan 2.1), por el argumento de que interesa solo el corazón y no lo externo (2 Corintios 5.12). En estas situaciones sucedería como en el ritual antiguo abolido por Cristo, en donde en forma similar al pasado, se peca constantemente, justificado en ciertas creencias que le exoneran o perdonan de la culpa. Por ejemplo, el requisito de la condición de ser digno para participar de la cena del Señor (1 Corintios 11.27 al 34), y reiteradamente pedir perdón para estar en paz, como un rito o costumbre previa a la celebración: “Todo aquel que permanece en él, no peca; Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” (1 Juan 3.5 al 9). Jesús hace énfasis en la sanidad interna de las personas al decirles: “No peques más” (Juan 5.14).


Jesucristo también dijo: “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.31 al 32). El término verdadero en todos estos pasajes mencionados está vinculado al amor efectivo, genuino, real y sincero. Jesús dice: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13.35). Además: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor” Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15.8 al 12). Y se confirma: “Esto os mando: Que os améis unos a otros” (Juan 15.17). Finalmente dice Jesús:


“el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre” (Juan 16.27 al 28). “Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Y les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer aún, para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17.25 al 26).

La Escritura dice que sigamos la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12.14). Es necesario mantener una conciencia limpia y pura delante de Dios, para estar sujetos no por el castigo sino por causa de la conciencia (Romanos 2.13 al 15, 9.1, 13.5; 1 Corintios 4.4, 8.7, 8.12; Juan 8.9; 1 Timoteo 3.9, 4.2; Hechos. 23.1, 24.16). Vivimos en una sociedad permisible donde el desenfreno de la conducta, está sumida en la esclavitud del pecado; inclusive considerados creyentes obedecen la palabra parcialmente. La palabra gracia se ha tergiversado casi por completo. El pueblo de Dios está llamado a obedecer y permanecer firme hasta el fin (Mateo 24.13). La obediencia y perseverancia van de la mano, si una falla la otra fracasa. Todos los días nos aseamos y nos alimentamos; así es la vida espiritual, tanto la obediencia como la perseverancia no pueden descuidarse, para seguir el consejo de mantener firme la profesión de la fe sin fluctuar (Hebreos 10.23): “No seáis, pues, partícipes con ellos. Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor” (Efesios 5.7 al 10).


En reiteradas ocasiones hemos mencionado la existencia de tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial. La Biblia completa, desde el principio hasta el fin, menciona claves donde funcionan como llave para abrir la comprensión de la palabra de Dios. El entendimiento es con profundidad y no se queda solamente en lo superficial. La Biblia aparte de lo literal tiene alegoría, analogía y simbología. Por ejemplo, con responsabilidad hay que asumir y ser a imagen de Jesucristo para seguir su ejemplo como discípulas y discípulos del Señor. La práctica es de los principios, valores y virtudes del evangelio y reino de Dios.


El Señor Jesucristo, tanto como humano e Hijo de Dios, hizo el bien en forma incansable, dejó el ejemplo de amor, dedicación, piedad y servicio a la obra de Dios, en medio de la pobreza y la necesidad extrema. De igual forma sus seguidores, como humanos e hijos de Dios, es necesario que sirvan a la sociedad en general, con las obras de Jesús en beneficencia de los más necesitados, su docencia, su evangelización, su impulso a la salud y llamado a vivir como un reino de Dios entre las personas (Lucas 17.20 al 21). Esto hace de Jesús el Maestro por excelencia, quien es digno de seguir sobre sus pasos con el ejemplo. Algunos dan énfasis y prioridad a juicios condenatorios de doctrinas y dogmas de interpretación y opinión particular, pasando por encima de la autoridad de Jesucristo, con la parcialidad de favorecer inclusive la impiedad, contrario al amor de Dios, compasión, dedicación, devoción, fe, fraternidad, justicia, misericordia, paz, piedad, respeto y santidad.


La comunidad de fe en el primer siglo de la era cristiana, ejerció un júbilo, en el sentido de la alegría intensa y permanente de la manifestación de piedad y solidaridad. Hay un gozo perpetuo, con admiración, afecto y sentimiento jubiloso por la confianza y esperanza depositada en Dios. Se recibe las bendiciones necesarias y suficientes para subsistir, especialmente al compartir equitativamente y con justicia con quienes están a su alrededor. La Escritura menciona a los creyentes como practicantes, al estar juntos, eran de un corazón y un alma, tenían todas las cosas en común, ninguno era avariento o egoísta con sus posesiones, sino que compartían según la necesidad de cada uno, así que no había entre ellos ningún necesitado. También abundaban en la gracia, perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comiendo juntos con alegría, sencillez de corazón (Hechos 2.42 al 47, 4.32 al 35). Predominaba la vida en el Espíritu Santo de Dios, así es indispensable en la actualidad compartir de las bendiciones de los bienes y servicios con los demás.


Por esta razón es importante y necesaria la acción eclesiástica, en términos de contribuir económicamente y financiera para el bien común. Por medio de la ofrenda voluntaria para ayudar a los santos pobres, según como proponga cada uno en su corazón, porque Dios ama al dador alegre, como está escrito acerca de que repartió, dio a los pobres, su justicia permanece para siempre (Romanos 15.26; 2 Corintios 9.5 al 15). En 1 Corintios 16.1 al 3, leemos acerca de una colecta en las iglesias apartada por sus integrantes, la cual posteriormente el apóstol Pablo la recogía para hacerla llegar como donativo a los santos de Jerusalén. Así en la actualidad las contribuciones, donaciones, ofrenda voluntaria para los santos pobres, se complementan para ayudar a los necesitados, tanto dentro como fuera de la comunidad eclesiástica. También hay ofrendas de abarrotes, ropa limpia y en buen estado para repartir.


Acerca del contraste entre el conocimiento natural, espiritual y celestial, Jesús no ruega solo por sus discípulos, sino también por los creyentes en él por la palabra de ellos (Juan 17.20), y le ora al Padre pidiendo guardar en su nombre a los suyos (Juan 17.11 y 24). Para aquellos que nunca se arrepienten ni se convierten a Dios, tienen muchas razones para ser juzgados y condenados en el día del juicio, ya que tanto en el primer pacto como en el nuevo pacto, toda desobediencia y rebelión recibe justa paga de retribución (Hebreos 2.2 al 3). El pecado se infiltró desde el principio en el ser humano, en el huerto del Edén, desde ahí ha estado presente en la vida humana. Esto le ha traído consecuencias a la humanidad, cuyo desenlace final es la muerte, pues la paga del pecado es muerte (Romanos 6.23). Recordemos que el creyente necesariamente tiene que ser practicante. Por lo tanto, el proceso de creyente a practicante requiere lo siguiente: llamamiento, arrepentimiento, conversión y santificación.


Una analogía o comparación la encontramos en el llamamiento del profeta Isaías: “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quien irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí” (Isaías 6.8). Dios Padre establece un plan mediante el amor, predestina la adopción como hijos suyos, por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad (Efesios 1.5). El Salmo mencionado en los Hechos refiere a Jesús como engendrado de Dios (Salmos 2.7; Hebreos 1.5, 5.5): “Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa, la cual Dios ha cumplido, resucitando a Jesús; como está escrito también en el salmo segundo: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy” (Hechos 13.32 al 33). Jesucristo es engendrado pero hay una preexistencia suya ante el Padre, antes de ser enviado como ser humano. Así, Dios predestina a muchas personas para una determinada misión: “Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué” (Jeremías 1.5), por ejemplo Juan el Bautista: “porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lucas 1.15). Fuimos escogidos antes de la fundación del mundo, para que seamos santos, predestinados conforme a su propósito (Efesios 1.4 y 11).


Los seres humanos espirituales son como luminares en medio de las tinieblas, estén donde estén, en su entorno hay corrupción. La persona como espiritual no está exenta o inmune de ser absorbida por la densa oscuridad, hasta apagarse. Se reconoce pecador pero sin practicar el pecado, sino en una lucha continua contra el pecado. La vocación de mantener la calidad de vida espiritual frente a su entorno, es preservar los principios y valores a pesar de la adversidad. La predestinación del ser humano es su separación del destino natural al destino celestial para vida eterna (Romanos 8.28 al 33, 9.11 al 18; Efesios 1.3 al 12, 2.10; 2 Tesalonicenses 2.13).


La espiritualidad es un logro consecuente de las acciones, por medio de la libertad de decisión espiritual o libre albedrío espiritual, o sea, una facultad de propia determinación. El espiritual es candidato a trascender y salir del ámbito espiritual al celestial (Filipenses 2.12 al 16).


Esto es similar a lo mencionado por Daniel, acerca de los entendidos, donde resplandecerán y comprenderán (Daniel 12.3 y 10), llegando a ser luminares y resplandecientes en el mundo (Filipenses 2.15), luz en el Señor andando como hijos de luz (Efesios 5.8; 1 Tesalonicenses 5.5), a través del testimonio de la conducta.


Las Sagradas Escrituras mencionan la predestinación en muchos de sus pasajes (Jeremías 1.5, 9 al 10; 1 Corintios 1.9; Gálatas 1.15; Efesios 3.9 al 11; 1 Pedro 1.2, 2.9), se aclara que ciertamente existe la predestinación como parte del plan de Dios. Pero sin dejar de lado la consagración y la santificación, pues la Escritura dice que primero tuvieron que creer, para ser sellados (Efesios 1.13), y el apóstol afirma que primero se creé y luego se confiesa (Romanos 10.9 al 17), y todo aquel que creyere en Jesús (Romanos 10.11). Además no todos obedecen al evangelio (Romanos 10.16). Esto significa que es importante considerar otros aspectos, porque en la consagración hay dedicación de la persona para Dios, hay actitudes según lo que se profese, hay un sentido de ofrecimiento de vida en servicio, culto racional a Dios y conciencia al actuar. La santificación es que una persona se reivindica de su vida pasada, se regenera, rehabilita, reclama y defiende su derecho de elección, recupera el honor que le pertenece como hijo incorporado a Dios. Jesucristo es la predestinación, por consiguiente sus seguidores son los predestinados, por su propia libertad o libre elección de cada persona de elegir ser semejantes y vivir como Jesucristo.


En relación con otros contrastes entre el conocimiento natural, espiritual y celestial, Jesús dice:


“No os afanéis por vuestra vida Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye. Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” (Lucas 12.22 al 23 y 30 al 34). Además: “los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad” Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6.33).

Aceptar a Cristo significa negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirle (Mateo 16.24), de lo contrario no se es digno de él (Mateo 10.38). No podríamos imaginar a Jesús sin la cruz (sufrimiento). Aceptar a Cristo es algo más que decirlo, es entregarse a él, dejar el pecado del mundo, entrar por la puerta estrecha y andar por el camino angosto como él anduvo (1 Juan 2.6). El cristianismo auténtico es una experiencia consiente de la voluntad de Dios, se manifiesta en los seguidores practicantes de Jesucristo a través de sus enseñanzas y prácticas transmitidas por medio de los evangelios. Su vida abundante de salvación pretende traer alivio al ser humano de la miseria, ofreciéndole calidad de vida en sus días de existencia y vida eterna después de su muerte, cuando llegue el tiempo de recibir la recompensa, por demostrar una vida ejemplar semejante al Maestro. Estos son todas las personas que han creído y se han convertido a Jesucristo como su salvador personal, ejerciendo su ejemplo y enseñanzas, de manera que siguen los pasos de Jesús, aún en el padecimiento (1 Pedro 2.21 al 23, 4.16).


Por lo tanto, el cristianismo es algo recíproco, ya que la persona está en Cristo, pero también Cristo está en la persona, sus frutos son el resultado o la evidencia de un verdadero arrepentimiento, conversión y santificación. La Escritura dice que por sus frutos los conoceréis (Mateo 7.16). Los frutos del Espíritu son: benignidad, bondad, caridad, fe, gozo, mansedumbre, paz, templanza y tolerancia (Gálatas 5.22 al 23, 2 Pedro 1.5 al 8). El fruto mismo es el creyente practicante, se alimentan con su ejemplo quienes están a su alrededor. La templanza quiere decir moderar cualquier tipo de apetito y sujetarlo a la razón. La constancia, dominio propio, estabilidad y firmeza, previenen en la persona la altivez, el enojo y la ira, en el carácter, personalidad y temperamento: “no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo” (1 Pedro 4.12 al 13). Para perseverar hay que ser valiente y buscar la verdad de Jesucristo como testigo fiel y verdadero (Apocalipsis 3.14). Para ser un fiel y verdadero testigo de Cristo, es indispensable poseer la perseverancia y el valor en él.


Jesús manifiesta que serían sus testigos, hasta lo último de la tierra (Hechos 1.8). El testigo es quien adquiere el conocimiento directamente, por ejemplo, Pablo fue uno de sus testigos delante de todos los hombres (Hechos 22.14 al 15). Esteban fue otro fiel testigo de Cristo hasta en el momento de su muerte (Hechos 22.20). Jesucristo en el Apocalipsis, a través del mensaje a Pérgamo, resalta a aquellos que retienen su nombre y no niegan su fe, ni a pesar de que fue muerto uno de sus testigos fieles, llamado Antipas (Apocalipsis 2.13). Indica Jesús que quien le niegue delante de los hombres, también él le negará ante el Padre que está en los cielos (Mateo 10.33). El testimonio es como una lumbrera que da luz en las tinieblas, es una forma de corresponder con gratitud y reflejar la obra del Señor en nuestras vidas (Hechos 1.8; Efesios 5.8 al 17; 1 Pedro 3.14 al 16; Apocalipsis 12.17). Desde la antigüedad el testimonio ha sido el poner por obra la voluntad de Dios, para hacer prevalecer la justicia en nuestras vidas y sea visto por todos como un ejemplo, de generación en generación (Deuteronomio 6.24 al 25). Es resplandecer como luminares en el mundo (Filipenses 2.15), es creer con el corazón para justicia y confesar con la boca para salvación (Romanos 10.10). Es ser luz del mundo (Mateo 5.14), para alumbrar a todo aquel que está alrededor, de manera que vean la obra de Dios en nosotros y glorifiquen al Padre que está en los cielos (Mateo 5.16).


El mismo poder de Dios para actuar en nosotros, da testimonio de que somos hijos de Dios (Romanos 8.16). El testimonio se manifiesta al predicar la palabra con acciones prudentes, en la cautela, con los hechos, humildad, mansedumbre, paciencia y sabiduría. Además, practicando lo honesto, justo, puro y verdadero, entre otros (Filipenses 4.8 al 9). El mensaje es llevado a todas partes, para que otros sean salvos y constituidas personas justas (Hechos 5.29, 32; Romanos 1.5, 5.19, 15.18, 16.19; 1 Pedro 1.22). La iluminación y obediencia es mantener un buen comportamiento y cumplir con la voluntad de Dios, a pesar de lo difícil que sean las circunstancias, según el ejemplo de Cristo (Hebreos 5.7 al 9). La obediencia a Dios, es cumplir su voluntad, según nos enseña el mismo Señor Jesús, por quien recibimos la gracia, para la obediencia a la fe en todas las naciones y para testimonio de la luz de Dios en el diario vivir (cotidianidad). El testimonio es la demostración de la vivencia en forma ejemplar, es la justificación y prueba, del cumplimiento y ejercicio, por ejemplo, la práctica de los valores comunitarios. Pablo fue un testigo de Cristo, se muestra como ejemplo de vida, según las enseñanzas de Jesús y su demostración de valores en su diario vivir:


“Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a pequeños y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron” (Hechos 26.21 al 23). “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida” (2 Timoteo 4.7 al 8).

Pablo mismo relata su testimonio:


“En trabajos más abundante; en azotes sin número; en cárceles más; en peligros de muerte muchas veces. De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2 Corintios 11.23 al 28).

La descripción de estos peligros muestra la adversidad contra Pablo, incluso, sufre naufragio por una tormenta (Hechos 27.13 al 44), a pesar de todos los obstáculos sufridos por Pablo como siervo de Dios, recibe el poder para soportar las aflicciones, padecimientos y persecuciones por causa del evangelio, por ejemplo en Antioquía, en Iconio y en Listra lo libra el Señor (2 Timoteo 3.11). En cierta ocasión Dios dice a su pueblo: “He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción” (Isaías 48.10).


El conocimiento natural requiere una transición a lo espiritual para posibilitar su trascendencia a lo celestial. Este mundo natural por sí solo se extraña que la razón de ser de la vida sea Jesucristo y omite darle la gloria y honra. Mientras el mundo cristiano utiliza íconos e iconografía cristiana en todas sus ilustraciones, literatura, representaciones y vitrales, relacionados con todo lo que atañe a Cristo, el mundo natural prefiere entregarse a la idolatría ajena a Dios. La Biblia dice:


“Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado, para no vivir el tiempo que resta en la carne, conforme a las concupiscencias de los hombres, sino conforme a la voluntad de Dios. Basta ya el tiempo pasado para haber hecho lo que agrada a los gentiles, andando en lascivias, concupiscencias, embriagueces, orgías, disipación y abominables idolatrías. A éstos les parece cosa extraña que vosotros no corráis con ellos en el mismo desenfreno de disolución, y os ultrajan” (1 Pedro 4.1 al 5).

El término ultrajar está relacionado con desacreditar, desestimar, despreciar, difamar, humillar, injuriar e insultar. Esto se espera del mundo opuesto a Cristo, lo grave del asunto es cuando entre las mismas fracciones del cristianismo, ya sea de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, se ultrajan entre sí con críticas destructivas, para aparentar más consagración y fidelidad, con la finalidad de lograr mantener un grupo cautivo de creyentes subyugados a su propia verdad absoluta y única, especialmente en el tema de las imágenes a las que condenan y juzgan como idolatría, sin saber discernir entre las diferentes manifestaciones de Dios. La palabra de Dios explica: “Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie” (Hebreos 9.8). El velo establecía separación entre la primera parte, llamada el Lugar Santo, en donde estaba el candelabro, la mesa y los panes de la proposición, y tras el velo el Lugar Santísimo que tenía un incensario de oro y el arca del pacto, con una urna que contenía maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto (Hebreos 9.2 al 5), todo representativo de Jesucristo, en el mismo orden: la luz del mundo (Juan 8.12, 9.5), el pan sin levadura, que es la palabra sin alterar (1 Corintios 5.7 al 8), la puerta (Juan 10.9), olor fragante que agrada a Dios (2 Corintios 2.15), el pan de vida que descendió del cielo (Juan 6.30 al 59), el buen pastor (Juan 10.11 al 16; Hebreos 13.20; 1 Pedro 2.25), la lealtad y obediencia a los mandamientos de Dios (Hebreos 10.9).


El arca del pacto o del testimonio tenía un propiciatorio con dos querubines en sus dos extremos:


“Y harás un propiciatorio de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro” Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel” (éxodo 25.16 al 22).

Esto de ninguna manera fue idolatría, sin embargo, en la actualidad hay muchas distracciones de creencias que apartan y desvían la atención central de Jesucristo, sustituyendo la salvación mediante doctrinas y dogmas de interpretación y opinión propia, en lugar del ejemplo, mensaje, modelo, obra, sacrificio y vida de Cristo.


La idolatría, es todo aquello que ocupe el lugar de Dios (Éxodo 20.3 al 5; Deuteronomio 4.15 al 18; Isaías 44.9 al 11). La fornicación es otra forma de idolatría, ya que es una inclinación desenfrenada, excesiva y vehemente, por la unión sexual fuera del matrimonio, que atenta contra la integridad del propio cuerpo (1 Corintios 6.19). En muchos sistemas de adoración a dioses falsos, en sus ritos se incluyó la fornicación carnal como parte del acto de adoración a sus ídolos (éxodo 34.15 al 16; Números 25.1 al 3), los mismos hijos del sacerdote Elí en el pueblo de Israel, cometieron actos ilícitos con las mujeres del pueblo (1 Samuel 2.22). Esta relación entre fornicación e idolatría dio motivo para que la fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, sean también idolatría (Colosenses 3.5). De manera que la misma avaricia es idolatría, está ligada a la codicia y la envidia. Es el apetito desmedido de las riquezas, como el amar el dinero sin saciarse del mismo (Eclesiastés 5.10), por ejemplo, los avaros no heredarán el reino de Dios (1 Corintios 6.10; Efesios 5.5; 1 Timoteo 6.9 al 10).


Lugares como Atenas en tiempos de Pablo estaba entregada a la idolatría (Hechos 17.16), similar en Corinto, ya que los griegos estaban saturados de idolatría y de sacrificio, viandas y presentes, los cuales ofrecían en sus celebraciones. Otras de las advertencias al respecto se encuentran en Apocalipsis (Apocalipsis 2.14 y 20), dirigida a Pérgamo y a Tiatira, iglesias de Asia. En el caso de la iglesia en Tiatira, donde hay adversidad contra Dios por medio de una mujer llamada Jezabel, se dice supuestamente ser profetisa, pero enseña e induce a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos (Apocalipsis 2.18 al 23). El nombre de esta mujer es comparado con el de una mujer, hija de Et-baal rey de los sidonios, tomada por Acab rey de Israel, inducido a servir y adorar al dios falso Baal, hasta hacer un templo y altar en Samaria, y una imagen de la diosa Asera, para provocar la ira del Dios verdadero de Israel (1 Reyes 16.29 al 33). Acab actúa incitado por su mujer Jesabel (1 Reyes 21.25 al 26), quien mata a los profetas de Dios (1 Reyes 18.4 y 13), y ofrece una fuerte oposición a la palabra de Dios. La práctica de ofrecer a los ídolos proviene de los pueblos paganos, esto es abominable delante de Dios, los gentiles sacrificaban animales a sus dioses y le sacrificaban niños (Levítico 18.21). Algunas veces los israelitas incurrieron en esta práctica, por ejemplo el rey Acaz ofreció a su hijo, ya que lo hizo pasar por el fuego según las abominaciones de las gentes, además sacrificó y quemó incienso en los lugares altos a otros dioses (2 R. 16.3 al 4). Lo mismo hizo Manasés, pasó a su hijo por fuego y adoró todo el ejército del cielo y construyó altares para dioses ajenos (2 Reyes 21.5 al 6). El rey Salomón cayó en esta transgresión, él edificó altar a los dioses de las gentes incluyendo a Moloc (1 Reyes 11.4 al 8).


En el caso del conocimiento natural el ser humano descarta la vida espiritual de hijo de Dios, por su infidelidad a la fe del Dios verdadero, es hijo de desobediencia e injusticia, con su idolatría, cuando ejercen la adoración y servicio a los dioses falsos, plantan árboles en honor a la diosa Asera: “La justicia, la justicia seguirás, para que vivas y heredes la tierra que Jehová tu Dios te da. No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar de Jehová tu Dios” (Deuteronomio 16.20 al 22). “Derribarás sus altares, y quebraréis sus estatuas, y cortaréis sus imágenes de Asera. Porque no te has de inclinar a ningún otro dios” (Éxodo 34.13 al 14). Hasta el mismo árbol, culturalmente, fue considerado como un dios, en la creencia de algunas personas. Jesucristo comparó su cuerpo como templo (Juan 2.16 al 22), y en la palabra encontramos lo siguiente: “¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” (2 Corintios 6.16). Este pasaje hace alusión a una declaración del profeta Ezequiel: “Y pondré mi santuario entre ellos para siempre. Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo” (Ezequiel 37.26 al 27). En forma de analogía, así como Jesús ingresó al lugar santísimo, también entra en nuestras vidas para que lo recibamos y aceptemos con todo el corazón (Apocalipsis 3.20). Esto significa que el cuerpo humano, es constituido en templo para morada de Dios en Espíritu (Efesios 2.22), casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo (1 Pedro 2.4 al 5), la cual casa somos nosotros (Hebreos 3.1 al 6), tanto individualmente, como en iglesia (1 Timoteo 3.15). Por este motivo, para el paso entre el conocimiento natural al conocimiento celestial, es requisito el intermedio del conocimiento espiritual, que por medio de la congregación, denominación, iglesia y religión cristiana, se transmite la comunión, evangelización y el discipulado de las enseñanzas y prácticas de Jesucristo.


La interpretación y opinión divulgada entre las comunidades de fe, a saber, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, tiene influencia entendida bajo los conceptos paulinos, o de la escuela paulina, donde influyen los sucesos entorno a la vida de Pablo, las causas de su forma de pensar dentro de la comunidad de fe y su ministerio. Se reitera acerca de Pablo su gran capacidad e inspiración para escribir muchas de sus cartas: “Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición” (2 Pedro 3.15 al 16). Un ejemplo, de un pasaje de Pablo, que algunos han convertido en controversial:


“Mas esto digo por vía de concesión, no por mandamiento. Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene su propio don de Dios, uno a la verdad de un modo, y otro de otro. Digo, pues a los solteros y a las viudas, que bueno les fuera quedarse como yo; pero si no tienen el don en el caso de la continencia, cásense, pues mejor es casarse que estarse quemando” (1 Corintios 7.6 al 9).

Pasajes como este, han contribuido a establecer reformas, inclusive normativas o reglamentarias eclesiásticas. El término reformar se relaciona con ajustar, arreglar, construir, corregir, dar nueva forma y rehacer. En el cristianismo la reforma es moderada, sin exceder el orden delimitado por Dios mediante su palabra. La Biblia tiene textos difíciles de entender, que algunos analistas o intérpretes realzan excesivamente como fundamentales entre sus doctrinas, para establecer una característica diferenciadora que los identifique y distinga en relación con la interpretación de otros grupos eclesiásticos.


Hay que tomar en cuenta que la legislación espiritual de las congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, son infinitas, en algunos casos incongruentes o hasta contradictorios. Por ejemplo, el conflicto, debate y polémica de la creencia de la vida eterna en el cielo o en la Tierra. Algunos tratan de justificar que Enoc fue elevado al cielo con las afirmaciones del caso de Enoc llevado por Dios (Génesis 5.24), quien vivió 365 años cuando fue llevado a otra parte (traspuesto), para que no lo mataran por causa de que él caminaba haciendo la voluntad del Creador, a través del testimonio de haber agradado a Dios (Génesis 5.22 al 23).


La trasposición del caso de Enoc es semejante a la del profeta Elías (2 Reyes 2.16), donde se alega su estancia en el cielo (2 Reyes 2.11). Pero subió al primer cielo, las Escrituras mencionan el término cielos en plural (Nehemías 9.6; Salmos 148.4), por ejemplo, el apóstol Pablo menciona acerca del tercer cielo (2 Corintios 12.2). Elías no fue llevado en visión, sino en un torbellino, él simplemente fue trasladado de Samaria a Judá, porque tiempo después le llegó una carta a Joram rey de Judá, enviada por el profeta Elías (2 Crónicas 21.12), cronológicamente esto sucede posteriormente después de ser alzado en el torbellino, ya Jehová había intentado alzarlo en un torbellino antes (2 Reyes 2.1), el Espíritu de Jehová le llevaba en esa forma a cualquier parte (1 Reyes 18.12; 2 Reyes 2.16). También es traspuesto Felipe el diácono y evangelista, para ser llevado a Azoto (Hechos 8.39 al 40).


CAPÍTULO 9: EL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL


Además del llamamiento, el conocimiento espiritual integra el arrepentimiento, la conversión y la santificación. Este requisito está relacionado con un nuevo nacimiento en las acciones o actos, actitudes, carácter, conducta, consagración, comportamiento, cualidades, emociones, personalidad, sensibilidad, sentimientos, temperamento, valores, virtudes y voluntad, que toman en cuenta a Dios para la cotidianidad o diario vivir. Jesús dijo: “Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente” (Lucas 13.1 al 5). Por lo tanto, ya no hay diferencia entre griego (gentil) y judío (Romanos 10.11 al 13), porque somos uno en Cristo Jesús, linaje de Abraham y herederos según la promesa (Gálatas 3.26 al 29). Aquí es donde entra en función el conocimiento celestial: “Donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos” (Colosenses 3.11), por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo (1 Corintios 12.13). Con esto se da a entender que Jesús es nuestra paz, entre gentiles y judíos, sin embargo, a pesar de la paz propuesta por Cristo al morir en la cruz, entre ambos, al hacer un solo pueblo, Pedro tuvo la confrontación de quienes le reclamaban por haber comido y entrado en casa de los llamados incircuncisos (Hechos 11.1 al 3).


El conocimiento espiritual le hace frente al conocimiento natural para dar la preeminencia a la voluntad de Dios. El Salmo dice: “La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán” (Salmo 37.30 al 31). El nuevo pacto presenta al justo y santo como templo del Espíritu de Dios (1 Corintios 3.16 al 17, 6.19), y la ley de Dios está en el corazón y la mente. La obediencia ya no es impositiva, por obligación, sino que nace por la gracia recibida de Dios (Romanos 5.17 al 21; 1 Corintios 1.4 al 7; 2 Corintios 1.12; Tito 2.11), porque se produce el amor, la disposición y voluntad para obedecer: “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3.7).


En tiempos de Jesús existían las tendencias según la escuela o grupos de discipulado: “Y los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunaban; y vinieron, y le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?” (Marcos 2.18). Existían diferencias a nivel de conocimiento y de prácticas:


“Y todos se admiraban de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos: Haced que os penetren bien en los oídos estas palabras; porque acontecerá que el Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres. Mas ellos no entendían estas palabras, pues les estaban veladas para que no las entendiesen; y temían preguntarle sobre esas palabras. Entonces entraron en discusión sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 9.43 al 46).

Históricamente entre el mundo espiritual y religioso, de las congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, han pretendido ser mayores o mejores en comparación a cada grupo y se dicen ser los verdaderos, pero infunden enemistad, odio, y repulsión hacia los demás creyentes, contrario a lo que representa el amor y servicio de Cristo. Lo que pasa es que la persona natural es carnal con celos, contiendas y disensiones, esto le ocasiona incapacidad para lo espiritual, hasta superar su naturaleza carnal y llegar a la madurez y la medida de la plenitud de Cristo.


Lo mismo sucede en el colectivo de cada fracción dentro del fraccionamiento cristiano, sea congregación, denominación, iglesia o religión, sin embargo, entre sus integrantes siempre habrá la posibilidad de trascender al conocimiento celestial, aquellos que siendo genuinos y sinceros espirituales y llegan a ser en vida semejantes a Jesucristo: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.29).


Por esta razón algunos sumidos en la ignorancia de la naturaleza, aunque crean ser espirituales, no saben lo que dicen ni lo que hacen, porque critican y condenan a otros creyentes de grupos diferentes, pero emanan e influyen odio y muerte carnal que contamina a los demás:


“Estos son fuente sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error” (2 Pedro 2.17 y 18).

Las Sagradas Escrituras declaran:


“Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6.2 al 5).

Para entender mejor el tema del conocimiento celestial, están las siguientes expresiones: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15.4), “todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo” (Colosenses 2.17), “habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales” (Hebreos 8.4 al 5) y “lo cual es símbolo para el tiempo presente” (Hebreos 9.9). Hay una importancia entre el simbolismo literal y su significado con lo celestial, para comprender su cumplimiento en Cristo (Hebreos 12.22 al 29) y hacer prevalecer la preeminencia en todo por medio de Jesucristo.


Así como en el primer pacto, fueron purificadas las figuras de las cosas celestiales y había un santuario, figura del verdadero, Cristo entró en el cielo mismo para presentarse por nosotros ante Dios, haciendo un solo sacrificio de sí mismo, para quitar de en medio el pecado (Hebreos 9.23 al 26, 10.12 y 19 al 20). Y según el modelo tomado de Cristo, de igual forma se requiere llevar una vida diaria en sacrificio vivo, con nuestros hechos, agradables delante de Dios, con la presentación de nuestros cuerpos, santos y en culto racional (Romanos 12.1). Textualmente dice la palabra: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios” (Hebreos 13.15 al 16). El culto racional tiene relación con el respeto y reverencia en la excelencia y superioridad de lo sagrado y dedicado a Dios, mediante una fe reflexiva, que se considera con atención y detenimiento, porque es una fe meditada, pensada a conciencia y con entendimiento, justicia, rectitud y verdad. El ser humano por naturaleza tiende a contender, debatir y porfiar fervientemente y con vehemencia. El humano no está exento o inmune de esta situación, aún dentro del conocimiento espiritual:


“Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron. El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos? Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo, el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron. Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar?” (Marcos 9.14 al 19).

La fe de ninguna manera es ciega o incrédula, sino creyente con certeza, convicción y seguridad (Hebreos 11.1 al 2 y 6). El mundo espiritual y religioso, sea congregación, denominación, iglesia o religión, se debate por cuestiones de creencias, pero muchas veces deja de lado los valores del reino de Dios y los frutos del Espíritu Santo, como el amor de Dios, fe, justicia, misericordia, paz y santidad:


“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25).

En esto consiste el conocimiento celestial, en ser morada del Espíritu Santo de Dios y vivir el reino de Dios entre nosotros: “Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es” (Lucas 9.49 al 50). El significado de la expresión echar fuera demonios lo encontramos en la siguiente explicación de Jesús:


“Mas si por el dedo de Dios echo yo fuera los demonios, ciertamente el reino de Dios ha llegado a vosotros” El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Lucas 11.20 y 23). “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo, porque por el fruto se conoce el árbol” (Mateo 12.28 y 33).

En el nuevo pacto somos sellados con el Espíritu Santo en nuestros corazones, como señal del pacto o las arras (2 Corintios 1.21 al 22; Efesios 1.13 al 14), el cual ha dado Dios a los que obedecen (Hechos 5.32): “El Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16.13), en el nuevo pacto siempre hay muerte o paga del pecado (Romanos 6.23), entonces espiritualmente se muere, porque se apaga y contrista al Espíritu Santo, con el cual se fue sellado (Efesios 4.30; 1 Tesalonicenses 5.19), la persona pierde el deseo o voluntad sobrenatural de amar, obedecer y servir a Dios, con fidelidad y perseverancia hasta el fin, para demostración de ser un verdadero hijo o hija de Dios. Ninguna condenación hay para los que en verdad andan conforme al Espíritu, la debilidad del ser humano, es fortalecida por el poder del Espíritu Santo, gracias a la obra de Cristo Jesús en beneficio nuestro (Romanos 8.1 al 10).


En el mundo natural las concupiscencias son los apetitos desordenados de placeres deshonestos contrarios a Dios, las cuales practican las personas que, ya sea, desconocen su voluntad o la desacatan por falta de interés, respeto o reverencia a la consagración y santidad. Es la corrupción en el mundo a causa de los deseos asociados a la concupiscencia (2 Pedro 1.4), dejarse llevar por el pecado y obedecerlo en este apetito deshonesto (Romanos 6.12; Tito 3.3; 1 Pedro 4.1 al 5). Este conocimiento natural se rige por su propia decisión o determinación a través del libre albedrío, algunas veces degenerado en el libertinaje. Por cientos o miles de años, el mundo espiritual se ha debatido entre la existencia del libre albedrío o entre la existencia de la predestinación. Este mismo conflicto y polémica por cuestiones de creencias, es prueba de que el mismo conocimiento espiritual o religioso se rige también por el libre albedrío, al igual que el mundo natural. Según sea su creencia, así es el camino que decide seguir. Entonces ¿cuál es la parte de predestinación mencionado en la Biblia? La predestinación es Jesucristo, o sea, somos y seremos como Jesucristo. Aquí es donde se introduce el conocimiento celestial para ser predestinados como Jesucristo, porque no todas las personas deciden ser y vivir semejantes a nuestro Señor Jesucristo. De manera que existe el libre albedrío natural, el libre albedrío espiritual y el libre albedrío de Jesús, que fue su predestinación.


Jesucristo no vino al mundo a hacer su propia voluntad, sino la del Padre (Juan 5.30, 6.38, 7.16 al 18), aún en la condición de humano permanece fiel, para establecer un precedente de ejemplo (1 Pedro 2.21 al 23). Pasa de Dios Hijo a Hijo de Dios, porque con su padecimiento aprende la obediencia como Hijo, alcanza perfección y llega a ser autor de eterna salvación para los obedientes (Hebreos 1.5 al 13, 5.5 al 10; Salmos 2.7, 45.6 al 7; Zacarías 3.2):


“vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras” (Tito 2.12 al 14).

Además, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2.20). Al estar en agonía ora más intensamente y su sudor es como grandes gotas de sangre, a pesar de esta situación prevalece en su vida la voluntad del Padre (Lucas 22.40 al 44) y la fidelidad.


Jesucristo en su primera venida a la tierra a habitar entre nosotros, lo hizo en carne, como se dice en el evangelio (Juan 1.14), esto significa que el vino en la condición de humano, nacido de mujer (Gálatas 4.4 al 5), desde niño crecía no solo en estatura, sino en sabiduría y en gracia para con Dios y los hombres (Lucas 2.40 y 52). Antes de ser entregado, oraba intensamente, y en su agonía su sudor era como grandes gotas de sangre (Lucas 22.39 al 44). Cuando murió fue traspasado con una lanza en el costado, y al instante salió sangre y agua (Juan 19.33 al 34), sin embargo, hubo quienes negaron esta condición de Cristo, y eran contrarios a él (1 Juan 4.1 al 3).


Se infiltraron en la iglesia, pero salieron de la misma, para que se manifestara que no eran parte de la iglesia, por su incapacidad para dejar el pecado y su forma de esclavitud. No reconocieron que Jesucristo como humano, de carne y hueso, terminó con el pecado, dejándonos ejemplo de amor genuino y pacificación, para hacer la voluntad del Padre antes que la propia. Estos son aquellos que en el pasado, defendían la circuncisión en la carne y los ritos, como camino fácil para pretender ser hijos de Dios, sin abstenerse del pecado. Está escrito “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18.20).


Cristo demostró una real vocación de servicio; en el caso del obrero ministerial es necesaria su conducción como Jesús, el permanecer en Jesús implica andar como él anduvo (1 Juan 2.6). Si Dios crea un sistema de trabajo, los grupos ministeriales, requieren estar sujetos al sistema y mantener la estructura, liderar conforme con la voluntad de Dios. En el concilio donde participa el fariseo Gamaliel (Hechos 5.34 al 39), se mencionan algunos hombres levantados a liderar por cuenta propia, con un desenlace lamentable, otros lo hacen de parte de Dios, quienes se mantienen fieles a las directrices y mandamientos de Dios, a pesar de las dificultades, peligros y persecuciones.


Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12.30). Por ejemplo, la historia de la humanidad, registra a muchos inocentes que por causa de la fe, sufrieron cautiverio, destierro, esclavitud, injustas represiones, muerte, pérdida de identidad, persecución, saqueo, ultraje y violencia. La fatal combinación de la cruz de Cristo y la espada, la evangelización y el expansionismo militar, el poder religioso y el estado imperial, la pasión desenfrenada por adquirir fama, honores, pleitesía, poder y riquezas. Esto es el camuflaje de lo natural infiltrado entre lo espiritual, pero sin ninguna aspiración o posibilidad de lo celestial, por ser contrarios a Cristo.


El mundo de los prosélitos es una ambición sin límites, pero a la vez es una barrera como cortina de humo o estática y ruido, que imposibilita comprender y ver el verdadero camino y misión de Jesús. Está escrito: “No por fuerza no como teniendo señorío” (1 Pedro 5.2 al 3). Ya desde la antigüedad se anunciaba en las Santas Escrituras: “No con ejercito, ni con fuerza, sino con mi Espíritu” (Zacarías 4.6). Se contrastan las consecuentes luchas de poder, dogmas de opresión, fanatismos religiosos, extremismo fundamentalista, radicalismo, odio y muerte.


En el conocimiento natural, cuando una persona aparentemente está destinada a vivir una vida ajena a la voluntad de Dios, porque en ella no hay señal alguna de querer obedecer los mandamientos de Dios, sin embargo, en relación con el conocimiento espiritual, cuando le llega la voz de Dios, el llamamiento es irresistible, a través de la luz transmitida a la mente, ilumina su entendimiento y posibilita la libertad de elegir el servicio a Dios de corazón. Aparece el conocimiento celestial cuando Dios interviene, porque hay un pacto directo con la persona, esta última se sujeta a las disposiciones, a través de la ayuda recibida por el Espíritu Santo, dándole poder para vencer. Es la introducción de un sistema redentor, de los pecados del ser humano y obtención de su perdón, mediante la gracia del nuevo pacto, por medio de nuestro Señor Jesucristo.


En resumen, el pacto entre Dios y la persona, consiste cuando esta última se sujeta a los mandamientos de Dios, a cambio recibe poder para vencer el mal, a través de la ayuda ofrecida por Dios mediante su Espíritu Santo. Cuando aparentemente alguno está destinado a una vida ajena a su obediencia, pero le llega la voz de Dios, entonces el llamamiento se vuelve irresistible, la luz divina del conocimiento llega a su mente y se ilumina su entendimiento, se genera la libertad electiva del servicio a Dios a conciencia y de corazón. Dios posibilita la gracia del nuevo pacto, como un sistema de perdón y redención del pecado, por medio de la fe en Jesucristo.


Este proceso del conocimiento espiritual es comparado con un Bautismo de llenura en la palabra de Dios, es un aprendizaje y demostración de obediencia. El creyente experimenta a plenitud este proceso durante toda su vida cristiana, comparable con el proceso de una vasija al adquirir forma, poco a poco, moldeada por su creador y diseñador. Este proceso se inicia con el llamamiento, el arrepentimiento y la conversión hasta llegar a la santificación; conforme se incrementa el discernimiento del bien y del mal, se abandonan todos los vicios nocivos, especialmente al tomar conciencia, como resultado de la combinación de comportamiento y entendimiento. La persona empieza a demostrar la sabiduría adquirida por medio de acciones liberadoras, o sea, congruente a la libertad en Cristo, por consiguiente, renuncia a sus malos hábitos y costumbres para mejorar su calidad de vida. Luego, con la declaración pública (ante testigos), por medio del acto consciente y voluntario testifica su convincente decisión de seguir al Señor Jesucristo por medio de la consagración, santidad y unción.


El proceso de la vasija no termina al finalizar su formación, luego se deposita en un horno de fuego para su acabado final y continúa con su vida útil en el tiempo estimado de utilidad. El ser humano es formado como un vaso para honra y Dios es el alfarero (Romanos 9.20 al 21). El proceso continúa, una vez demostrada la capacidad de cumplir con la justicia, poseer el poder de resistir las pruebas y sufrimientos purificadores para la condición del cristiano en sus actitudes, carácter, emociones, estado anímico, sensibilidad, sentimientos, personalidad, temperamento y voluntad.


Este es el fuego purificador para el justo (Isaías 33.14 al 16), en forma constante y disciplinada se obtiene cambios; alcanza cierto grado de madurez y enfrenta la transición de la inexperiencia en la palabra de justicia y la madurez, por el uso de los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5.13 al 14). Esto lo hace ser espiritual, porque su mente pasa a tener la mente de Cristo; de lo contrario, la persona no percibe ni puede entender las cosas del Espíritu de Dios, porque se han de discernir espiritualmente (1 Corintios 2.14 al 16), o sea, por el uso o práctica de los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal. Entonces, por el mismo proceso el creyente modifica su conducta, como un verdadero templo del Espíritu Santo, cuida sus pasos para no ser partícipe de actos desagradables ante Dios (Salmos 1.1 al 2). De acuerdo con la comparación de la vasija, cuando es apta para ser usada, se deposita en ella el aceite de la unción, en este caso son los dones, operaciones y ministerios por medio del Espíritu Santo. El cristiano sigue en crecimiento hasta alcanzar la medida de la estatura de la plenitud de Cristo, la unidad de la fe, el conocimiento de Jesucristo (Efesios 4.13) y la práctica completa del evangelio, mediante el conocimiento celestial.


No obstante, lamentablemente también hay vasos de deshonra: personas que no cumplen a cabalidad el proceso de formación. La persona sin frutos de arrepentimiento, conversión y santificación no es apta para testificar públicamente, porque por sus frutos contrarios a la práctica de Jesucristo se da a conocer (Mateo 7.15 al 20, 12.33 al 37; Juan 15.1 al 8). No es suficiente solamente el arrepentimiento, sino que se complementa e integra con la conversión y la santificación.


Aceptar a Jesucristo como el centro de la vida fomenta la cultura de amor de Dios, calidad de vida, paz y santidad. El vínculo de su ejemplo, está en la praxis de la fe, justicia, misericordia y el respeto a la integridad, tanto físico y espiritual en toda la comunidad internacional. En el caso del amor, este se fortalece con la experiencia aprendida de la vida misma, visible en el rostro de nuestro prójimo, al hacer el bien sin dejar a nadie en inferior condición social ni marginal. La Biblia dice: “orad por nosotros, para que la palabra del Señor corra y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (2 Tesalonicenses 3.1 al 2). Hay casos que la Biblia habla del mundo en alusión al pecado, se refiere al orden injusto establecido en nuestro planeta, estructuras socioeconómicas, distribución injusta de la riqueza, políticas, costumbres, sistemas de dominación perjudiciales para el ser humano, donde impera la decadencia, la transgresión y la muerte (Juan 15.18 al 20; Santiago 4.4; 1 Juan 2.15 al 17, 3.3 al 13, 4.4 al 6, 5.4 al 5,17 al 19). El pecado esclaviza al hombre y lo condena, la Escritura dice que si el justo con dificultad se salva: ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador? (1 Pedro 4.18; Juan 3.19, 8.34).


El ser humano desde el principio empezó a invocar el nombre de Jehová (Génesis 4.26). En el caso de Noé caminó con Dios y halló gracia ante los ojos de Jehová, ya que fue justo y perfecto en sus generaciones (Génesis 6.8 al 9). Dios quiso que se acordaran y se volvieran a él, todos los confines de la tierra y todas las familias de las naciones a adorar delante de él (Salmos 22.27, 86.9, 96.9; Apocalipsis 15.4).


El ejecutar los estatutos y poner por obra las ordenanzas de Dios les hacía habitar sobre la tierra con seguridad (Levíticos 25.18 al 19). Para no endurecer los corazones ni cerrar sus manos al hermano pobre, sino abrir la mano liberalmente, sin mezquindad de corazón, porque de esta forma se recibe bendición en todo emprendimiento, debido al mandamiento de Dios de ayudar al pobre y al menesteroso (Deuteronomio 15.7 al 11). En la época de los reyes en Israel, David administra justicia y equidad a todo su pueblo (2 Samuel 8.15). Luego a su hijo Salomón, Dios le insta a andar en integridad de corazón y en equidad, sin adorar y servir a dioses ajenos (1 Reyes 9.4 al 9; Proverbios 1.1 al 3, 2.9 al 10).


El origen de la religión data desde Abel cuando muere por causa de la justicia, pero antes de morir ofrece a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanza testimonio de ser justo (Hebreos 11.4). Enoc se conduce en el camino de justicia (Génesis 5.22), a riesgo de amenaza de muerte y Dios lo lleva a otro lugar, es traspuesto para salvar su vida de la persecución (Hebreos 11.5). Surgen creencias y prácticas, porque quienes hacían la voluntad de Dios, como hijos de Dios, en relación con la obediencia, se mezclan con las hijas de los hombres paganos (Génesis 6.1 al 7), sin embargo, Noé se preserva recto y justo ante Dios (Génesis 6.8 al 9), y halla gracia ante los ojos de Dios.


9.1) PARTICIPANTES DE LO ESPIRITUAL Y DEL MUNDO DE LAS RELIGIONES


La intención es una determinación de la voluntad hacia un fin específico, según el grado o nivel de conocimiento, así influye la legislación natural, espiritual o celestial en la persona. Dios evalúa o valora la intención y propósito de acuerdo a la forma de ser en la conducción o comportamiento, ya sea entre la dimensión natural, espiritual y celestial. Hay una parábola del servidor infiel al respecto:


“Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes. Mas el que sin conocerla hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco; porque a todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; y al que mucho se le haya confiado, más se le pedirá” (Lucas 12.47 al 48 – RVR60).

En este pasaje bíblico encontramos los tres grados o niveles en el plano dimensional de conocimiento. El que es solamente natural desconoce la voluntad de Dios, debido a la consecuencia de la ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia, ya sea por omisión o voluntariamente. Especialmente en ocasiones por la capacidad del libre albedrío o libertad de elección confundida con el libertinaje. La persona conocedora de la voluntad de Dios, pero sin preparación y sin hacer la voluntad de Dios, es el espiritual con la condición solamente de creyente sin ser practicante. Se confunde con religiosidad. A la persona con mucho conocimiento se le demanda mucha práctica, y entre estos espirituales por su demostración de creyentes practicantes, se le demanda más compromiso, rendimiento de cuentas y responsabilidad, según la práctica del grado o nivel de conocimiento. Estos son los que tienen la posibilidad de acceder al conocimiento celestial, porque son quienes se les han confiado un nivel superior, entonces más se le pide cuentas de su grado avanzado.


Según lo mencionado anteriormente, un análisis por partes, comparado con el caso de la legislación, según el tipo de conocimiento, Dios pesa en balanza la justicia de las intenciones del ser humano, especialmente los que se identifican o llaman espirituales practicantes y en realidad no son congruentes al ejemplo y modelo de Jesucristo. La Biblia dice lo siguiente: “Todos los caminos del hombre son limpios en su propia opinión; pero Jehová pesa los espíritus... Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16.2 y 25 – RVR60).


Jesucristo nunca en todo su evangelio discrimina, margina o rechaza a quienes son únicamente naturales, porque su llamado se dirige a los pecadores. Pero totalmente es intransigente en relación con el pecado, ya que ni es condescendiente ni es permisivo de la práctica del pecado. La Biblia aclara: “Y los escribas y los fariseos, viéndole comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: ¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” (Marcos 2.16 al 17 – RVR60). Otro pasaje indica el propósito final del arrepentimiento: “Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9.13 – RVR60).


Los escribas y fariseos, murmuradores y querellosos, quienes censuran y hablan en contra de las acciones de Jesús, dominados por la avaricia y la envidia, los que con facilidad se quejan, crean altercado, debates, discordia, polémica y porfían con resistencia. Gente subversiva, capaz de alterar el orden público, destruir, revolver y trastornar el sentido moral, ensañados en matar a Jesús, por la rectitud y santidad de su enseñanza:


“Pero los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto. Y respondiendo el gobernador, les dijo: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado! Y el gobernador les dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban aún más, diciendo: ¡Sea crucificado! Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros. Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre sea sobre nosotros, y sobre nuestros hijos” (Mateo 27.20 al 25 – RVR60).

A estos, Jesucristo les denuncia su hipocresía, llenos de toda intolerancia religiosa y opositores a la acción y operación del Espíritu Santo (Mateo 23.13 – RVR60). Aunque los escribas y fariseos, también los saduceos, entre otros, eran participantes de lo espiritual y del mundo de las religiones, se oponen y resisten al conocimiento celestial promovido y transmitido por Jesús. Tiempo después Esteban los denuncia, previo a su muerte como mártir, con estas palabras:


“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores; vosotros que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis” (Hechos 7.51 al 53 – RVR60).

Lo mismo se presenta en la actualidad, el mundo espiritual y religioso, condenan con justa vehemencia al mundo natural, por cuestiones de gustos y preferencias que son contrarios a la palabra y voluntad de Dios. Sin embargo, los mismos espirituales no logran mantener su consagración, integridad y santidad, según el ejemplo y modelo de vida en Jesucristo. Por ejemplo, el mundo natural aboga por las legislaciones nacionales de la aprobación de causas a favor de la eutanasia, cannabis recreativo, el suicidio asistido, la unión genérica de igualdad civil, entre otros. Mientras tanto en la contraparte espiritual, se presentan casos de los escándalos públicos acerca del abuso deshonesto en contra de los niños con la pederastia, de solteros impositivos que pretenden servir a Dios en el ministerio, con la prohibición de poder casarse y que no tienen corporal y mentalmente el don y virtud propios de la abstinencia total en castidad y continencia sexual.


Los supuestos creyentes cristianos se caracterizaron históricamente por algunos crímenes, guerras, muertes y persecuciones, donde se utiliza el nombre de Dios en vano. Por ejemplo, la inquisición y las llamadas cruzadas o guerras religiosas y santas. Se recibió la ley del decálogo por disposición de ángeles, pero los mismos espirituales en su propia legislación se quedan sin la comprensión y el entendimiento. Los espirituales se rebajan indignamente a la finitud terrenal de las guerras al nivel de los carnales y naturales, a pesar de las condenas y críticas se hacen iguales, se camuflan, fusionan y mezclan terminando igual a los naturales. Prevalece la impunidad en sus actos.


9.2) LA RELIGIÓN CON LA MEJOR INTENSIÓN DE INVOCAR A DIOS E INFLUIR EN EL PUEBLO


La religión trae consigo el surgimiento de los mitos, arquetipos y la aventura de un viaje al encuentro con la deidad. Por consiguiente, la energía, fuerza, y valentía hacia el conocimiento verdadero, con la superación de adversidades y obstáculos. Distorsionado en luchas de poder del gobierno humano para enriquecimiento, en lugar del dominio del temperamento, la modificación de la personalidad, la consolidación del carácter, para acercarnos al Dios verdadero y a una mejor convivencia entre seres humanos. La personalidad incluye los rasgos visuales de conducta o comportamiento, influenciada por la actitud, aptitud, carácter, emoción, hábito, pensamiento y sentimiento.


Surgen los héroes y villanos, las vidas ejemplares y subordinadas a la confianza en Dios, frente a los rebeldes por desobediencia, obstinados al seguir su propio camino o destino. Toda una conspiración y complot, con los miedos y temores que esto implica. Los héroes y villanos a su vez son figuras y representaciones entre el bien y el mal, porque son consejeros y guías hacia lo bueno o lo malo. La religión influye en el conflicto espiritual determinante del destino de cada persona y su temor a la muerte. El contraste entre luz y tinieblas, entre el conocimiento y la ignorancia.


La religión se vuelve una práctica o medio cultural determinante de intercesión, interpretación y tradición. El cielo se convierte en un elemento con una connotación del lugar considerado como la morada de Dios, de manera que muchas veces la mirada hacia lo alto, es la meta propuesta para la iluminación y salvación de los humanos. El cielo como el gobierno de Dios y la tierra como el lugar de los gobernados. La idea de ir al cielo es muy antigua, desde la torre de Babel se pretende una cercanía de esa torre para llegar hasta el cielo (Génesis 11.4).


La religión se inicia con las mejores intensiones de invocar a Dios e influir en el pueblo, pero no queda exenta de la maldad oculta: la avaricia, codicia, lucro, lujo, onerosidad, opulencia, vanidad y vanagloria, portador en quienes lideraron inicialmente la religión y se pervirtieron. Por esta razón, la mezcla de la religión con asesinato, blasfemia, fornicación, robo, sacerdocio sexual, saqueo, promiscuidad, sacrificios humanos y toda clase de dioses, idolatría e imágenes. El interés espiritual se vuelve en una agresión, engaño, corrupción, imposición, intimidación, irrupción, miedos, muertes, odios, pánico, persecución, poder y terror. Por consiguiente, es el propio ser humano quien conceptualiza, construye e imagina con desenfreno, a sus propios dioses falsos, en afrenta al Dios verdadero. Por ejemplo, se prefiere adorar al sol antes que a Dios:


“Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego;… No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos. Pero a vosotros Jehová os tomó, y os ha sacado del horno de hierro, de Egipto, para que seáis el pueblo de su heredad como en este día” (Deuteronomio 4.15 al 20 – RVR60).

El astro principal del sistema solar, en la eclíptica del solsticio y equinoccio, en los inicios de las estaciones del año, han impresionado desde la antigüedad al ser humano, al punto de ver al sol como objeto de adoración, incluso la influencia de la luna con su distancia hacia el planeta Tierra o los temblores relacionados con el cambio de clima en algunos lugares y zonas geográficas del hemisferio terrestre. El profeta Ezequiel escribe lo siguiente:


“Luego me dijo: ¿No ves, hijo de hombre? Vuélvete aún, verás abominaciones mayores que estas. Y me llevó al atrio de adentro de la casa de Jehová; y he aquí junto a la entrada del templo de Jehová, entre la entrada y el altar, como veinticinco varones, sus espaldas vueltas al templo de Jehová y sus rostros hacia el oriente, y adoraban al sol, postrándose hacia el oriente” (Ezequiel 8.15 al 16 – RVR60).

Estos son ejemplos cuando no se asume las consecuencias de la irresponsabilidad. Su negación aún está presente al día de hoy, en perjuicio de lo natural y en detrimento del propio ser humano. Es un atentado a extinguir la vida física, intelectual y moral, por cauterización de la conciencia y aplacamiento de la crítica moral y espiritual. Jesús dijo: “Había un hombre rico que tenía un mayordomo, y éste fue acusado ante él como disipador de sus bienes. Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo?” (Lucas 16.1 al 2). Por su infidelidad en la mayordomía de la administración del planeta, se presenta el diluvio en el tiempo de Noé. Actualmente se está llegando a su límite de habitación.


El término reino tiene varios matices importantes, comprendidos como condición, dominio, estado, gobierno, plan o proyecto, tanto en el sentido material como inmaterial, ya sea en el presente o en la escatología de los tiempos finales y posteriores en la vida eterna. También según la energía, fenómenos, física, leyes y materia que la rigen y su evolución con el tiempo. Por otra parte, las cuestiones de conciencia, conocimiento, espiritualidad, del intelecto y psíquicas. Por lo general, el concepto reino se asocia a los altos mandos, para regir desde un nivel superior el resto de su composición, es decir, hay un techo de habitación, influencia, morada o refugio, protector de resguardo al reino y sus elementos dependientes que lo componen.


Desde el punto de vista bíblico, se compara reino con el cielo. Los tres grandes grupos en el plano natural, con características comunes, están los reinos animal, mineral y vegetal. Todos se integran dentro o bajo la cobertura espacial atmosférica del globo terráqueo. Este vendría a ser el primer cielo o reino natural, donde su gobierno es terrenal. En este reino aunque no se tome en cuenta al verdadero Dios (ateísmo o politeísmo), subsiste por leyes naturales que rigen la vida, establecidas desde un principio por el Creador, para que pueda existir la naturaleza con autonomía e independencia, en el paso del tiempo y de las generaciones.


El primer cielo o reino natural, contiene los aspectos biogeográficos, biológicos, ecológicos, fisiológicos y genéticos, pero debido al ser humano y su convivencia en sociedad, se inserta el aspecto social de la sociología y su interdependencia a la economía. El desarrollo cultural, étnico y geopolítico. Su influencia e intervención de las relaciones comerciales, financieras, industriales, militares, políticas y territoriales. La relación con la antropología, arqueología, geología, cosmografía, metrología, neurología, oceanografía, paleontografía, paleontología y psicología.


El relato de la creación menciona a Adán y Eva, que aunque no se menciona sus edades, posiblemente oscilan entre la juventud y adultos jóvenes. Siendo los primeros humanos, no tuvieron el proceso de infancia o niñez, porque fueron creados con la apariencia de varios años de existencia en el momento de su creación. Así los árboles, el petróleo, entre otros componentes de la naturaleza, pueden aparentar muchos miles de años o hasta millones de años y tener solo alrededor de unos seis mil años de existencia, en la fosilización de la era del ser humano actual. Esto no contradice la capacidad evolutiva, propia de la naturaleza o la fosilización de la existencia.


Por ser los primeros humanos, Caín trata sexualmente con una pariente y multiplica su descendencia: “Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. Y conoció Caín a su mujer, la cual concibió y dio a luz” (Génesis 4.16 al 17). La población crece y surgen conductas como la poligamia: “Y Lamec tomó para sí dos mujeres; el nombre de la una fue Ada, y el nombre de la otra, Zila” (Génesis 4.18 al 22), la orden era unirse a una sola persona, según Génesis 2.24.


El ser humano en su búsqueda de Dios se vuelve un ser adorador y religioso, pero amar verdaderamente a Dios y aborrecer por completo la práctica del pecado y el mal, es una experiencia sobrenatural. Esto requiere conciencia, devoción, energía, fuerza, piedad milagrosa y voluntad, porque involucra un compromiso y pacto con Dios, mediante la vivencia de los valores comunitarios o del reino de Dios, que ayudan a fortalecer la relación personal con Dios, nuestro prójimo y el hábitat donde coexistimos.


9.3) GRUPOS RELIGIOSOS CON UN CELO IRRACIONAL


El conocimiento natural se manifiesta en aquellos gobernantes que no creyeron el mensaje de Jesús. El caso de los principales sacerdotes, saduceos y fariseos representan el conocimiento espiritual, pero Nicodemo y José de Arimatea mediante Jesucristo trascienden al conocimiento celestial, aunque sea como un tipo de religiosos anónimos.


El anonimato de Nicodemo se cumple cuando viene a Jesús de noche, para no ser visto abiertamente y para no descubrir su identidad: “Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él” (Juan 3.1 al 2 – RVR60). Nicodemo se presenta ante Jesús y con su testimonio expone su concepto acerca de Jesús, a pesar de pertenecer al grupo de los fariseos y de ser principal entre los judíos, Jesús le dice: “No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo… Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?” (Juan 3.7 al 10 – RVR60).


Referente al anonimato de Nicodemo, la Biblia resalta que los principales sacerdotes y los fariseos pensaban que ninguno de ellos había creído en Jesús: “… ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?” (Juan 7.45 al 48 – RVR60), sin embargo, la Biblia destaca que Nicodemo era fariseo y vino a Jesús de noche: “Les dijo Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos…” (Juan 7.50 al 52 – RVR60), “También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche…” (Juan 19.39 – RVR60).


Los religiosos anónimos (RA), son las personas con secuelas de pertenecer a grupos partidarios del absolutismo, que creen ser los únicos y verdaderos, porque logran infundir desprecio, difamación, discriminación, odio y rivalidad hacia otras religiones. Se consideran los más santos entre los santos, inmaculados y sin pecado, pero en realidad están llenos de los siguientes antivalores: altivez, arrogancia, desamor, presunción, soberbia, orgullo y vanagloria. Desprecian las actitudes, porque para ellos la salvación personal y el galardón de la vida eterna, se fundamenta en su propio credo o dogmatismo de creencias particulares, restando importancia a los valores de Cristo.


En el caso de José de Arimatea, estos grupos infunden intimidación y miedo, a la pérdida de salvación fuera de su propio grupo, inclusive el temor a la discriminación, exclusión y represalias. Las personas que están muy afectadas quedan con un trauma psicológico, con la necesidad de terapia para superar la etapa traumática dentro de la religión, por consiguiente la reunión de apoyo neutral con otras personas que han sufrido situaciones similares. La Biblia dice: “… José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos…” (Juan 19.38 – RVR60).


Estos grupos religiosos tienen un celo irracional, con aparente libertad de Cristo, aunque al fin de cuentas hacen lo que les parece y les conviene, según sus propios intereses. El apóstol Pablo menciona: “¿Me he hecho, pues, vuestro enemigo, por deciros la verdad? Tienen celo por vosotros, pero no para bien, sino que quieren apartaros de nosotros para que vosotros tengáis celo por ellos” (Gálatas 4.16 al 17 – RVR60). La Biblia relata acerca de una vez en tiempos antiguos, por falta de rey en Israel, que cada uno hacía lo que bien le parecía (Jueces 17.6, 21.25), pero en el cristianismo el rey es Jesús, lo cual testifica Natanael cuando reconoce a Jesús como Hijo de Dios, Rey de Israel y Natanael era un verdadero israelita, en quien no hay engaño, según la declaración directamente de Jesús (Juan 1.47 al 49).


La autenticidad como la de Natanael, es solo demostrable a través de la práctica con los hechos del diario vivir. La teoría poco o nada sirve si no hay aplicación, por esta razón es Jesús el que llama a Natanael como verdadero, en quien no hay engaño. Los religiosos anónimos proceden de grupos sin congruencia, tanto en el discurso y en la práctica del amor, por la aversión a quienes consideran sus rivales religiosos por los diferentes dogmas: “… pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” (1 Corintios 3.2 al 3 – RVR60).


9.4) LA NOBLEZA EN LA FORMA DE SER, PERSONALIDAD Y SENTIMIENTOS


El reino de Dios es promovido por Jesucristo y anunciado por el profeta Juan el Bautista. Ambos no vistieron ropas reales, ni vivieron en palacios de reyes, ni viajaron en los mejores carruajes, sino que su nobleza estaba en la forma de ser, personalidad y los sentimientos elevados. Jesús dijo lo siguiente: “… Id, haced saber a Juan lo que habéis visto y oído… y a los pobres es anunciado el evangelio… Mas ¿qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que tienen vestidura preciosa y viven en deleites, en los palacios de los reyes están” (Lucas 7.22 al 25 – RVR60).


Pedro, seguidor y discípulo de Jesús, instruido por su palabra, estaba aún sin comprender el sentido y significado del verdadero reino, lo imprescindible del cambio de actitud y de personalidad, reacciona con espada en la aprehensión: “Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco” (Juan 18.10 – RVR60). La Biblia también dice:


“Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” (Mateo 26.52 al 54 – RVR60).

En cierta ocasión Pedro rehúsa recibir el lavamiento de los pies por parte de Jesús: “... ¿tú me lavas los pies? Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después” (Juan 13.6 al 7 – RVR60). Pedro inició la evangelización o predicación a los gentiles, que no eran de la tribu de Judá, o sea, de los habitantes de Jerusalén y Judea, entonces él relata una manifestación de Dios o teofanía: “... Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10.28 – RVR60). Por ejemplo, entre los habitantes de Samaria, cuando Jesús le habla y pide agua a una mujer samaritana, ella se extraña porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí (Juan 4.9), porque Jesús rompe con los estereotipos de su época, tal es el caso a través de la mujer samaritana, inclusive sus discípulos se maravillan (Juan 4.27).


Los fariseos viendo la obra de Dios la rechazaron. Quienes analizaban la ley en tiempos de Jesús, los escribas versados e intérpretes de la ley, entre ellos los fariseos y saduceos, tuvieron a su alcance la ley y la profecía, pero no entendieron el argumento o plan propuesto por la palabra de Dios, en relación con la venida de Jesucristo como el Camino para la Salvación, quien dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5.20 – RVR60). En quienes no entendieron el plan de Dios, se cumple la moraleja de un epitafio con la leyenda: “aquí yace uno que no supo para que vivía”. Esto es similar a realizar el viaje de esta vida hacia lo desconocido, en completa ceguera, ignorancia, incredulidad, indecisión e indiferencia de la espiritualidad, solamente apegado a lo carnal, natural o terrenal.


9.5) EL JUSTO VIVIRÁ POR FE


El justo vivirá por fe, afirma las Sagradas Escrituras: “He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá” (Habacuc 2.4 – RVR60). La arrogancia y el exceso de estimación propia, por méritos propios o bienes poseídos, es el vivir para sí mismo con cierta incredulidad contraria a la fe en Cristo, porque la persona considera que no requiere de la fe para poder subsistir, sino por su propio esfuerzo: “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos,… para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos… De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5.14 al 17 – RVR60).


En el caso de los saduceos no creían que existiera resurrección (Mateo 22.23; Marcos 12.18), a pesar de acceder a la misma fuente de información que los fariseos y otros grupos religiosos. Así los fariseos y saduceos tienen sus propias creencias o dogmas, supuestamente en adoración y servicio a Dios, pero rechazan a Jesús y el mensaje enviado de Dios. Por ejemplo, los fariseos y saduceos utilizan la misma fuente de doctrina en las Sagradas Escrituras, mientras tanto, en el dogma, unos a diferencia de otros, interpretan y opinan la existencia o no de ángeles, espíritu y resurrección: “Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; pero los fariseos afirman estas cosas” (Hechos 23.8 – RVR60). En otro pasaje dice:


“Entonces vinieron a él los saduceos, que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron... Entonces respondiendo Jesús, les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios? Porque cuando resuciten de los muertos, ni se casarán ni se darán en casamiento, sino serán como los ángeles que están en los cielos. Pero respecto a que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés como le hablo Dios en la zarza, diciendo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos; así que vosotros mucho erráis…” (Marcos 12.18 al 27 – RVR60).

Por lo general el dogma de la religión son sus fundamentos principales. La Biblia dice: “… La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1.26 al 27 – RVR60). La autoridad de la religión determina la obligatoriedad de creer y practicar el dogma. La cuestión es la siguiente: ¿a cuál autoridad según Cristo, es necesario acatar primeramente, en los dogmas espirituales y religiosos? Pedro y Juan dijeron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4.19 al 20 – RVR60). Además agrega Pedro y los apóstoles: “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hechos 5.29 – RVR60).


Esta verdad en Jesús es un equilibrio del bien común, donde algunos se desvían con egoísmo al acumulamiento de bienes materiales, donde se desvalora el ser humano como persona, se aferran a su propia verdad terrenal y no a la verdad del reino de Dios. En la actualidad estamos en tiempos en que la ingenuidad en el pueblo de Dios no se justifica, en el sentido de sencillez para ser engañado o de ser incauto, a la hora de dejarse rodar por las corrientes filosóficas del mundo, que aparentan piedad, pero en la realidad se distorsiona adrede el mensaje de Jesucristo. La capacidad de la sencillez es necesaria e imperativa, siempre y cuando sea en el sentido del abandono al lujo, opulencia, ostentación y las vanidades. Una vida en austeridad, caridad, humildad y solidaridad, es el punto de partida y límite demostrativo entre el llamado y el escogido, porque la abundancia de alguno representa escases en otro.


9.6) DIFERENCIAR ENTRE LA JUSTICIA Y LA MALDAD


Dios dice: “Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve” (Malaquías 3.18 – RVR60). Este pasaje bíblico es un ejemplo de la posibilidad de discernimiento, para diferenciar entre la justicia y la maldad, distinguir entre el que vive para servir a Dios y el que no lo hace. Luego la Biblia aclara acerca del mensaje celestial de Juan el Bautista: “… Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Lucas 1.13 al 17 – RVR60). Se requiere la virtud de la prudencia para diferenciar entre lo justo y lo injusto, además de la conversión para cambiar, volver a la obediencia y la práctica de la justicia. Estas condiciones determinan la cualidad o circunstancia por la que el conocimiento natural necesita del conocimiento espiritual para la práctica de la justicia en el servicio a Dios.


Por ejemplo, mediante el sacerdocio y redención universal de Jesucristo, hay una separación visible entre quienes se quedaron únicamente como seres naturales y los que sirvieron a Dios como espirituales: “Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mateo 25.31 al 32 – RVR60).


Entonces, continuemos con la lectura:


“Y pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí… Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeño, a mí lo hicisteis… Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles… De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25.33 al 46 – RVR60).

El éxito del conocimiento natural se manifiesta en la grandeza de sus logros, del desarrollo y planificación de las gigantescas ciudades, de la acumulación de inmensas riquezas, de los grandes avances científicos y tecnológicos, de la sobresaliente capacidad y solidez económica, comercial y financiera. De la grandeza militar y territorial o del gran poderío político. Por el contrario el éxito del conocimiento espiritual se sustenta en el contribuir y tributar a Dios solidariamente, para beneficiar a los empobrecidos por el sistema de discriminación de cierta posición o status, donde se margina a quienes tienen condición social de inferioridad. En el mundo hay injustamente por causa del mismo ser humano, mucha gente muriendo diariamente de hambre y sed. El mundo natural ignora adrede la voluntad de Dios y actúa con indiferencia, por conveniencia de unos pocos e interés propio, impulsado por la avaricia, codicia, egoísmo, envidia, lucro, mezquindad, opulencia y vanidad. A pesar de quienes aprovechan, benefician y subsisten de toda la materia de extracción, existente en la misma creación natural, evaden agradecer a Dios el Creador, sin involucrarse en las prácticas espirituales o religiosas, sin compromiso moral de contribuir para ayudar a los más necesitados y a una distribución más justa de la riqueza mundial.


La vida presente y el conocimiento natural es circunstancial, espacial y temporal: “Saliendo Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. Jesús, respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra, que no sea derribada” (Marcos 13.1 y 2 – RVR60). El conocimiento de Dios es la verdadera herencia que nos lleva a la vida eterna, no se trata de cualquier adoración, conocimiento, don, práctica o promesa: “Y a unos que hablaban de que el templo estaba adornado de hermosas piedras y ofrendas votivas, dijo: En cuanto a estas cosas que veis, días vendrán en que no quedará piedra sobre piedra, que no sea destruida” (Lucas 21.5 y 6 – RVR60). Más que la exaltación y grandeza en las edificaciones, está el bien común de las personas, para bienestar y salud.


El culto racional tiene relación con la honra, respeto y reverencia en la excelencia y superioridad de lo dedicado y sagrado a Dios, mediante una fe reflexiva, que se considera con atención y detenimiento, porque es una fe meditada, pensada con plena conciencia y con entendimiento, justicia, rectitud y verdad. El ser humano por su naturaleza tiende a contender, debatir y porfiar fervientemente y con vehemencia. El humano no está exento o inmune de esta situación, aún dentro del conocimiento espiritual, muchas veces se opone y resiste a la voluntad celestial de Dios.


La Biblia dice: “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8.14 – RVR60). Por lo tanto, de entre el mundo con el conocimiento natural, muchos son los llamados acerca del conocimiento espiritual y pocos los escogidos con el conocimiento que es celestial, según la transmisión de enseñanza, ejemplo y modelo de Jesucristo. Hay una lucha entre lo natural y lo espiritual, porque lo natural presiona por camuflar y confundir, entrelazar y mezclar con lo espiritual: “Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros... porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8.9 y 13 – RVR60).


9.7) PROCESO DE RENOVACIÓN Y RESTAURACIÓN


Jesús dice en la palabra de Dios: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12.30 – RVR60). Por ejemplo, la historia de la humanidad, registra a muchos en la fe que por causa de la fidelidad y lealtad, sufrieron cautiverio, destierro, esclavitud, injustas represiones, muerte, pérdida de identidad, persecución, saqueo, ultraje y violencia. La fatal combinación de la cruz de Cristo y la espada, la evangelización y el expansionismo militar, el poderío religioso, el estado imperial, la pasión desenfrenada por adquirir la fama, honores, pleitesía, poder y riquezas. Esto es el camuflaje de lo natural infiltrado entre lo espiritual, pero sin ninguna aspiración o posibilidad de lo celestial, por ser sistemas anticristo. Mucha de esta desobediencia y rebeldía es transmitida de padres a hijos, especialmente con el ejemplo: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22.6).


Hay un proceso eficaz de renovación y restauración con la formación y transición entre el conocimiento natural y el espiritual. Hay una feroz tendencia a la desobediencia y rebeldía: “De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad, oh Jehová” (Salmos 25.7 – RVR60). Además: “... porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud...” (Génesis 8.21 – RVR60). La Biblia dice: “He aquí, solamente esto he hallado: que Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones” (Eclesiastés 7.29 – RVR60).


La rebeldía es generada en cada ser humano por su propia naturaleza humana de resistir a la voluntad de Dios, hasta que supere su condición y se sujete a Dios con el conocimiento espiritual. Cada persona tiene que asumir responsabilidad de su propia rebeldía, independiente del grado de maldad y pecado de sus progenitores en la concepción:


“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos; para que seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.1 al 5 – RVR60).

Este conocimiento espiritual es una renovación constante, porque la renovación continua del cristiano está en el corazón y la mente, como dice en el libro de Salmos: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente” (Salmos 51.10 al 12 – RVR60). La persona con el tiempo se envejece, pero su interior se renueva de día en día (2 Corintios 4.16). Esta renovación es en el espíritu de la mente, o sea, en la intención del pensamiento, se renueva la personalidad en la justicia y santidad (Efesios 4.22 al 24). Se presenta un proceso de renovación hasta el conocimiento pleno según Colosenses 3.10, en el amor, benignidad, compasión, consagración, gozo, humildad, mansedumbre, misericordia, paciencia, perdón y santidad, entre otros.


La renovación es un volver en forma permanente a un primer estado u origen de la relación con Dios: “Vuélvenos, oh Jehová, a ti, y nos volveremos; renueva nuestros días como al principio” (Lamentaciones 5.21 – RVR60), para mantener y perseverar en el amor y la justicia de Dios. Desde un principio, el ser humano al ejecutar los estatutos y poner por obra las ordenanzas de Dios, les hacía habitar sobre la tierra con seguridad (Levíticos 25.18 al 19). Para no endurecer los corazones ni cerrar sus manos al hermano pobre, sino abrir la mano liberalmente, sin mezquindad de corazón, porque de esta forma se recibe bendición en lo que se hace y se emprende, porque es mandamiento de Dios ayudar al pobre y al menesteroso (Deuteronomio 15.7 al 11). El cristiano siempre se renueva con integridad y rectitud, tanto en lo espiritual como en la solidaridad material:


“Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma” (Santiago 2.15 al 17).

Los Salmos mencionan el caso de ejemplo del cuidado y renovación de Dios en la creación: “Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Salmos 104.27 al 30 – RVR60). La Biblia menciona que Dios restaurará al ser humano su justicia (Job 33.26). En los Salmos se encuentran algunas súplicas para restauración: “Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos” (Salmos 80.3, 7 y 19 – RVR60). Además: “Restáuranos, oh Dios de nuestra salvación…” (Salmos 85.4 – RVR60).


9.8) LA DECLARACIÓN, DEDICACIÓN Y RECONOCIMIENTO A JESUCRISTO


La declaración, dedicación y reconocimiento, además de conceptos teóricos indispensables entre los seguidores de Jesucristo, son válidos en la medida de su aplicación o puesta en práctica, para identificar y ser en la realidad discípulos de Jesucristo. Estos conceptos aunque tienen un significado aparentemente básico, requieren de cierta complejidad para ser demostrados en el diario vivir. Primeramente, creer en Jesucristo es confesar con la expresión o palabras sin avergonzar: “Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia; mas con la boca se hace confesión para salud. Porque la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado” (Romanos 10.9 al 11 – RVR1909).


Mencionar de boca el nombre de Jesucristo, requiere en la persona una congruencia de su propio comportamiento, comparado con el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Aquí está la complejidad, y para algunos no les importa excluir a Jesucristo de sus vidas, para rehuir al compromiso y responsabilidad de sus propios actos. Cuando una persona habla de Jesucristo, implica en esta persona, cierta autoridad de dominio y respaldo en la materia temática, tanto de la enseñanza como de la vivencia de Jesucristo. Esto se podría considerar como el conocimiento de causa, cuando se sabe con certeza el motivo y razón, justificativo de las acciones cristianas. Por lo tanto, es necesaria la experiencia, un apoyo práctico de la vivencia de ejercer la enseñanza y mensaje de Jesús. En el caso de hacerse llamar cristiano, tiene sentido el dominio de la materia educativa y formativa impartida por Jesucristo, sus discípulos aprendieron de Jesús durante tres años y seis meses, semejante a una escuela donde Jesucristo es el consejero, guía, maestro o mentor, con las advertencias suficientes para el comportamiento y conducta de la vida.


Para esclarecer se realiza un análisis desmenuzado del concepto de declaración a Jesucristo: el fraccionamiento cristiano histórico, representa una ruptura conceptual, en la opinión, relación y significado que se tiene de Cristo. La división congregacional, denominacional, eclesiástica y religiosa, ha creado un innumerable fraccionamiento de conceptos, creencias, dogmas y reglas, que son infalibles y supremas a lo interno de cada grupo u organización. Esta supremacía de creencias consuelan a los creyentes, como poseedores del medio para salvación y vida eterna, aunque involuntario o voluntario, consciente o inconsciente, con estos credos o creencias sustituyen el verdadero enfoque en Cristo. Las divisiones se gestan y nacen inicialmente como órdenes religiosas, monásticas y congregaciones religiosas, con la virtud a través de reglas de vida morales y prácticas, contrastada con el poder religioso terrenal. También los llamados reformadores y la contrarreforma, defensores de sus respectivas doctrinas, fundamentos, puntos de fe o tesis.


Hay personas acostumbradas con la presunción de un énfasis de cristianismo sin Cristo, porque divagan en una inmensidad de temas variados, sin conversar o mencionar el nombre de Jesucristo, o de sus enseñanzas, evangelio y mensaje directo. Estas personas se hacen llamar cristianos pero se avergüenzan de su mención. Jesucristo dijo: “Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará también de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles” (Marcos 8.38 – RVR1909). La persona considerada discípulo de Jesucristo, que externa públicamente ante otras personas oyentes o testigos, el criterio, discernimiento u opinión personal acerca de su creencia en Jesucristo, hace constar además de lo que se piensa de Jesucristo, su absoluta devoción en forma exclusiva, su afiliación y seguimiento a la comunidad, escuela y doctrina de Jesucristo. Se puede observar a continuación los muchos elementos aglutinados adecuadamente para una organización eclesiástica eficiente y multitudinaria. Es importante diferenciar entre el grupo comunitario de fe y discipulado establecido por Jesús, contrastado con la institucionalidad eclesiástica surgida posteriormente, debido a la necesidad de regulación, administrativa, animadora, archivística, caritativa, comunicativa, congregacional, constructiva, controladora, coordinadora, costumbres, crecimiento, creencias, diaconado, diplomacia, dirección, documental, dogmática, económica, episcopal, evaluación, evangelística, feligresía, financiera, imperial, jurídica, jurisprudencia, laboral, magisterial, militante, ministerial, monástica, operacional, orden litúrgico, organizacional, planificación, predicadora, presupuestaria, recaudación, reglamentaria, religiosa, ritual, sacerdotal, salarial, supervisión, tradicional y voluntariado.


Todas estas actividades presentan una iglesia estable y sólida en términos de organización, pero se vuelve un sistema exorbitante, excesivamente grande y robusto, donde se pierde de vista a Jesucristo como el centro del organismo eclesiástico, especialmente la pérdida de la declaración, dedicación y reconocimiento de la autoridad y exclusividad de Cristo. Ciertamente se requiere el reconocimiento de que fuimos pecadores, porque Jesucristo siempre dijo: “Ve y no peque más”. Es necesario reconocer la obra salvadora de Jesús, al morir en la cruz para perdón de nuestros pecados, pero que Jesucristo sea reconocido como el único salvador personal y quien solamente nos ofrece el medio para vida eterna. La historia del ordenamiento, organización y regulación demuestra el surgimiento de declaraciones, dedicaciones y reconocimientos contrarios a Cristo, pero considerados verdaderos y procedentes de Dios, aunque se hayan establecido como mentiras camufladas de verdad. Por ejemplo, todo lo que reemplaza o sustituye a Cristo con la religión, a través de la adoración, advocación, alabanza, arrodillamiento, consagración, creencia, culto, devoción, invocación, liturgia, oraciones, plegarias, reglamentación, ritos, santificación, signos, súplicas y veneración: “No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino como á los que la conocéis, y que ninguna mentira es de la verdad. ¿Quién es mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este tal es anticristo, que niega al Padre y al Hijo. Cualquiera que niega al Hijo, este tal tampoco tiene al Padre. Cualquiera que confiesa al Hijo tiene también al Padre” (1 Juan 2.21 al 23 - RVR1909).


Negar a Cristo, es negar el primer lugar o supremacía de Cristo en todo, es despreciar su única mediación, es creer y practicar otros medios alternativos para llegar al Padre en lugar de Cristo, es depositar la confianza y fe en amuletos, artilugios, fetiches, personas o seres angelicales, es la divinización de las dignidades eclesiásticas, sus acuerdos, credos, creencias, documentos, dogmas, ideas o hasta ideologías, establecidas como iguales o superiores a Cristo o en su representación. Existe una apologética y endiosamiento en defensa a lo eclesiástico, como sumo medio de salvación y vida eterna, aunque sean decretos establecidos por la iglesia, con un desenfoque del principal que es Cristo. La Biblia dice: “Profésanse conocer á Dios; mas con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados para toda buena obra” (Tito 1.16 – RVR1909). Se profesa conocer a Dios, pero con los hechos se vive en desobediencia, así es negar la obra de Cristo, se hace vana la muerte y resurrección de Jesucristo, porque el ser humano continúa habituado al pecado, justificado en que somos pecadores, se considera basto y suficiente la asistencia a la iglesia, para cumplir con las normas, preceptos y reglas eclesiásticas, aunque se viva en pecado: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por el pecado, Sino una horrenda esperanza de juicio, y hervor de fuego que ha de devorar á los adversarios” (Hebreos 10.26 al 27 – RVR1909).


Esta clase de pecado se refiere al reiterativo, aquel pecado repetido, porque se vuelve a practicar con frecuencia. Así en lo eclesiástico se crearon instrumentos para mantener al feligrés en comunión con la iglesia, aunque transgreda la palabra de Dios, puede ejercer la opción de la penitencia durante la vida, o la posibilidad de la indulgencia en el transcurso de la muerte. Además como última instancia o recurso podría purgar sus pecados, para recibir salvación y vida eterna. Así de fácil, sin necesidad del sacrificio y derramamiento de la sangre de Cristo: “¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10.29 – RVR1909). Históricamente se ha mezclado a conveniencia la intensidad de luz con la oscuridad, para resurgir un tipo de contraste de tinieblas, gris claro como la neblina o la niebla, de gran confusión e ignorancia, donde de ninguna manera se reconoce la autoridad de Jesucristo: “… A que dejéis, cuanto á la pasada manera de vivir; el viejo hombre que está viciado conforme á los deseos de error; Y a renovarnos en el espíritu de vuestra mente, Y vestir el nuevo hombre que es criado conforme á Dios en justicia y en santidad de verdad” (Efesios 4.18 al 24 – RVR1909).


9.9) LA CONCIENCIACIÓN DE LA CONCIENCIA


Existe la posibilidad de gozo perpetuo y una paz interior en cada persona, pero los sucesos en torno a la pandemia de virus mundial, alteran una angustia, ansiedad, depresión, estrés, frustración y preocupación generalizada, a falta de una vacuna preventiva o la ausencia de claridad en el tratamiento curativo adecuado. La incertidumbre acerca del futuro carcome la estabilidad anímica, emocional y sentimental en las personas, inclusive a nivel psicosomático, con afectación corporal de origen emocional. En la actualidad se lucha por una pronta y urgente convalecencia a nivel mundial, aunque al parecer el virus denominado coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19, llegó para quedarse con la posibilidad de volver a circular por el mundo. Esto es lo que llaman nuevas oleadas mundiales de pandemia en busca de personas vulnerables, especialmente quienes tienen mayores factores de riesgo. La observación generalizada de las personas es que la extensión mundial por el coronavirus, sus consecuencias en la economía, educación, salubridad, laboral, turismo y social, nunca se había visto en la historia de la humanidad, salvo casos pasados focalizados en ámbitos regionales.


Debido a la agresividad de este virus, su rápido contagio, esparcimiento o propagación mundial, su gravedad letal, los casos de incubación, portación y contagio asintomático, el aislamiento social, distanciamiento por salud y la complejidad en la atención de los pacientes, agravado por el descalabro económico social y desempleo, se considera que la actitud, mentalidad y pensamiento humano, tiene un antes y un después de este tipo de virus. La humanidad se regirá por la nueva formalidad de ser y vivir, que incide directamente en la norma de comportamiento y conducta. El mundo no será el mismo, porque queda un trauma social por la experiencia o impresión emocional sufrida, más la posible paranoia social, debido al delirio psíquico del surgimiento de futuras oleadas de este virus o de otros nuevos de mayor mortalidad, peligro y resistencia. Esta situación del coronavirus globalizado, deja un estigma psicosocial sumado al acontecimiento presente del calentamiento global. La Biblia dice:


“Porque tengo por cierto que lo que en este tiempo se padece, no es de comparar con la gloria venidera que en nosotros ha de ser manifestada. Porque el continuo anhelar de las criaturas espera la manifestación de los hijos de Dios. Porque las criaturas sujetas fueron á vanidad, no de grado, mas por causa del que las sujetó con esperanza, Que también las mismas criaturas serán libradas de la servidumbre de corrupción en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que todas las criaturas gimen á una, y á una están de parto hasta ahora. Y no sólo ellas, mas también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, es á saber, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿á qué esperarlo? Empero si lo que no vemos esperamos, por paciencia esperamos” (Romanos 8.18 al 25 – RVR1909).

Esta clase de gemir se caracteriza por ser una expresión auditiva, distinguida con una pronunciación enfatizada en lástima de dolor y sufrimiento. Es un lamento o quejido de un sentimiento interior de gran aflicción. El planeta en sí y toda la humanidad están como en situación de labores de parto, posiblemente en el período final del alumbramiento. Para ser criaturas en condición de hijos celestiales, que con espera y paciencia se obtenga salvación y liberación, con un cambio de naturaleza corporal corruptible a la de hijos de Dios incorruptibles. La concienciación es la acción efectiva de concienciar, o sea, emerger en la persona la consciencia en una determinada realidad, donde la persona se vuelve consciente de un asunto, problema o situación específica, para aumentar su valor de comprensión y entendimiento sobre el mismo. La humanidad y el planeta en general gime a una, porque observa o presiente lo dicho por Jesucristo: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.12 al 14 – RVR1909).


El amor o caridad de muchos se enfriará o resfriará, por haberse multiplicado la maldad. La Biblia dice: “Tened también vosotros paciencia; confirmad vuestros corazones: porque la venida del Señor se acerca. Hermanos, no os quejéis unos contra otros, porque no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. Hermanos míos, tomad por ejemplo de aflicción y de paciencia, á los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados á los que sufren. Habéis oído la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y piadoso” (Santiago 5.8 al 11 – RVR1909). La combinación del coronavirus y la enfermedad COVID-19 con el calentamiento global, en su conjunto forman un acontecimiento mundial nunca antes visto, sin precedentes sino del último tiempo, previo a esta situación globalizante, la sociedad estaba convulsionada revolucionariamente en trastornar con inmoralidad y libertinaje, la normalidad del orden de la vida colectiva y legal. Especialmente con las acechanzas de la cultura e ideología de la muerte en el pensamiento humano. Se cumple el siguiente pasaje bíblico: “Sabiendo primero esto, que en los postrimeros días vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, Y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? porque desde el día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como desde el principio de la creación” (2 Pedro 3.3 al 4 – RVR1909).


La enfermedad COVID-19 es solamente un aviso y muestra del caos mundial, que podría ser de mayor desastre, el que se provocaría con el calentamiento global de cierta cantidad de grados superiores a los actuales. En el pasaje anterior la burla acerca de la segunda venida de Jesucristo por parte de escépticos e incrédulos, que ignoran voluntariamente a conveniencia, para amordazar su conciencia de manera que no reciban un conocimiento cierto, completo y verdadero, ni la suficiente justificación racional para creer a Jesucristo, se reitera con la burla acerca de la resurrección de los muertos: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos. Y así como oyeron de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Te oiremos acerca de esto otra vez” (Hechos 17.30 al 32 – RVR1909). La forma adecuada de enfrentar el futuro y afrontar la dificultad, peligro y muerte, es la concientización y disciplina, la preparación en Dios Padre, con respeto y reverencia a su voluntad, su enseñanza y mensaje mediante Jesucristo. Se insiste enfáticamente que Jesucristo no es ninguna religión, por consiguiente ninguna religión es nuestro Señor Jesucristo.


En Lamentaciones encontramos lo siguiente: “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi parte es Jehová, dijo mi alma; por tanto en él esperaré. Bueno es Jehová á los que en él esperan, al alma que le buscare. Bueno es esperar callando en la salud de Jehová” (Lamentaciones 3.22 al 26 – RVR1909). Es oportuno clamar a Dios en todo momento, solicitar fortaleza en oración y la concienciación del Espíritu Santo en nuestras vidas. Pedir a Dios que los recuperados del coronavirus y enfermedad COVID-19, de ninguna manera queden con algún daño pulmonar de consecuencias posteriores a corto, mediano o largo plazo. Tampoco en ningún otro órgano vital queden repercusiones o secuelas. Que Dios nos ilumine para una mejor preparación del tiempo del fin, que podamos reconocer las señales de los tiempos en Cristo Jesús. Dios nos libre en estas épocas de las manifestaciones con marchas a favor de la discriminación y exclusión de Jesucristo en la vida social, donde se promueve eliminar a Jesucristo de toda institución pública, de las universidades y de la educación en general, en países que se hacen llamar cristianos. Semejante a nivel de naciones de regímenes ateos, inclusive de grupos que quemaron Biblias en señal de protesta. La Biblia dice: “Y vi otro ángel volar por en medio del cielo, que tenía el evangelio eterno para predicarlo á los que moran en la tierra, y á toda nación y tribu y lengua y pueblo, Diciendo en alta voz: Temed á Dios, y dadle honra; porque la hora de su juicio es venida; y adorad á aquel que ha hecho el cielo y la tierra y el mar y las fuentes de las aguas” (Apocalipsis 14.6 al 7 – RVR1909).


La muerte ronda por las calles y ciudades de este mundo, donde el planeta por completo está vinculado como una sola ciudad o civilización humana. Esta muerte que ronda es invisible, oculta y silenciosa, por ser microscópica, para identificar el foco de microbios en una superficie, se requiere la invención de un tipo de rociador de reacción química que la cambie de color. Dios nos puede ayudar con su energía, fuerza y poder de su Espíritu. La concienciación de la conciencia colectiva o individual es por medio del Espíritu Santo. ¿Qué ocurre en estos tiempos del fin? Jesucristo en relación con la energía, fuerza y poder del Espíritu Santo dice lo siguiente: “Y cuando él viniere redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio: De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí; Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo es juzgado” (Juan 16.8 al 11 – RVR1909). Hace alrededor de dos mil años no creyeron en Jesucristo, al día de hoy la sociedad mundial en general se avergüenza, niega y rechaza a Jesucristo. Muchos llamados cristianos siguen su propia religión cultural y social, pocos son los auténticos discípulos de Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida. No se trata de generalizar, pero es necesario para la sociedad recapacitar y reconocer, la práctica y seguimiento a Jesucristo histórico conforme a las Escrituras: “Mas cuando vinieron á Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. Y el que lo vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis. Porque estas cosas fueron hechas para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantaréis de él. Y también otra Escritura dice: Mirarán al que traspasaron” (Juan 19.33 al 37 – RVR1909).


La Escritura Sagrada ya había anunciado y profetizado a Jesucristo histórico:


“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto: y como que escondimos de él el rostro, fué menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino: mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca” (Isaías 53.3 al 7 – RVR1909).

El principal anuncio profético de Cristo fue comparado o relacionado con el cordero de pascua: “No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiad pues la vieja levadura, para que seáis nueva masa, como sois sin levadura: porque nuestra pascua, que es Cristo, fué sacrificada por nosotros. Así que hagamos fiesta, no en la vieja levadura, ni en la levadura de malicia y de maldad, sino en ázimos de sinceridad y de verdad” (1 Corintios 5.6 al 8 – RVR1909). Este pasaje indica que nuestra pascua es Cristo, así que celebremos a Cristo en nuestras vidas sin malicia ni maldad, sino con sinceridad y verdad. Así dice la palabra de Dios:


“Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo. Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación: Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata; Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios. Habiendo purificado vuestra almas en la obediencia de la verdad, por el Espíritu, en caridad hermanable sin fingimiento, amaos unos á otros entrañablemente de corazón puro: Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios, que vive y permanece para siempre” (1 Pedro 1.16 al 23 – RVR1909).

9.10) BUSCANDO LA LIBERTAD EN JESUCRISTO EN LOS ÚLTIMOS TIEMPOS


En estos tiempos de pandemia vivimos la Época del Imperativo Moral que apunta urgentemente hacia una “Cristocracia”, en el sentido de la autoridad, control o sistema de Cristo en nuestras vidas, especialmente en relación con los principios del reino de los cielos o reino de Dios entre nosotros. Esto representa la transformación social a los principios, valores y virtudes de Jesucristo, quien representa el amor y justicia divina. Ninguno se equivoque, porque según la determinación de Dios Padre el centro de todo lo creado es Jesucristo. Dios ostenta el atributo y la autoridad de Creador y Supremo, aunque culturalmente algunos traten de negar su existencia y potestad, especialmente cuando se niegan los méritos de su Hijo. La verdadera apología o defensa es la que se hace para alabanza, exaltación y honra de Jesucristo. La sociedad por lo general vive solamente como habituada a este mundo, sin dar importancia a la vida venidera, acerca de la vida eterna para el servicio a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo.


Hemos abandonado la verdadera libertad de amistad, confianza e intimidad con Jesucristo, pero ahora con la nueva normalidad social, prevalece el amor y el bien común promovido por Cristo. Su ejemplo y modelo de vida, demuestran que el Señor es nuestra gloria y digno de toda honra. Lo mejor que le puede pasar a un ser humano en este mundo, es llegar a ser amigo de Jesucristo, en su relación íntima y personal: “Este es mi mandamiento: Que os améis los unos á los otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias” (Juan 15.12 al 15 – RVR1909).


La amistad sí existe con Jesucristo, así como Abraham se hizo amigo de Dios: “¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe” (Santiago 2.20 al 24 – RVR1909). Abraham es probado en su auténtica amistad con Dios, su confianza y seguridad en el amor y fe a Dios es confirmada. La fe se actúa y de ninguna manera es ciega, se piensa y se reflexiona, se perfecciona en Abraham mediante su demostración por las obras resultantes de la fe. Pero esta amistad de la fe de Abraham nunca será la misma amistad del mundo. La Biblia dice: “Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios” (Santiago 4.4- RVR1909). Según este análisis, ¿cuál es la relación actual de amistad, entre la sociedad mundial con Jesucristo? Máxime cuando Jesucristo mismo dice que él era desde antes de Abraham, por lo tanto, hace mención de su preexistencia: “Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8.58 – RVR1909). ¿Cuál es la observación del mundo contemporáneo a Jesucristo? La Biblia dice: “Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen?” (Marcos 1.27 – RVR1909).


Entonces, ¿cuál es la relación actual del mundo con Jesucristo? Queda demostrado con la evidencia de la enfermedad COVID-19, que la dirección conductual del mundo entero, tiene que replantear su relación con el Señor de Gloria y Honra. Los últimos años presentaron una diversidad de movimientos sociales, que la pandemia del virus COVID-19 fuerza a la moderación y sosiego. Ahora estamos en el movimiento dirigido por Dios el Creador y dueño de todo lo existente, porque la preeminencia actual es volver la mirada hacia su Hijo, a quien Dios establece como el heredero de todo: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las gentes, Y por posesión tuya los términos de la tierra” (Salmos 2.7 al 8 – RVR1909). El Apocalipsis o Revelación dice lo siguiente: “… El Cordero que fué inmolado es digno de tomar el poder y riquezas y sabiduría, y fortaleza y honra y gloria y alabanza” (Apocalipsis 5.12 – RVR1909). Después de la legalización en varios países del aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, llegó la pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19. Por ejemplo, Dios en su palabra prohíbe la fornicación: “Honroso es en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; mas á los fornicarios y á los adúlteros juzgará Dios” (Hebreos 13.4 – RVR1909). La sociedad civil con su legislación ha deslucido y eliminado el atractivo del matrimonio, ahora la unión que antes se consideraba fuera del matrimonio, se ha legalizado e igualado al matrimonio, de tal manera que se formalizó la fornicación dando oficialidad y respaldo legal como matrimonio de igualdad civil. Lo mismo en el caso de la legalización del aborto.


Las llamadas conquistas o derechos sociales de los últimos años, donde se promueve que cada quien haga lo que quiera con su cuerpo, contrastan con lo espiritual, sin compromiso y responsabilidad ante Dios, de lo contrario estarían acorde con su palabra y voluntad. El mundo está muy confundido y desorientado ante Dios. El mal ejemplo de una legislación nacional lo sigue consecutivamente otras naciones. Semejante al mal ejemplo de algunas personas, lo siguen otros como sistemas de modas: “Y no haréis rasguños en vuestra carne por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna: Yo Jehová” (Levítico 19.28 – RVR1909). Las corrientes del mundo están inmersas en ausencia de criticidad y desinformación, sin censura a las acciones y conductas impropias, indignas e infames, contrarias a la santidad suprema de Dios. La humanidad ha desafiado y retado a Dios, pero ha tenido que hincar su rodilla ante la pandemia que nos tiene sitiados, porque este virus nos ha cercado y cerrado todas las salidas. Esto requiere un análisis y pensamiento de fondo en profundidad, con un replanteamiento sobre nuevas bases del adoctrinamiento directo y original de Jesucristo. ¿Por qué socialmente se deshonra a Jesucristo y estamos al límite del tiempo de su segunda venida? Porque la humanidad ha sido probada reiteradamente en el transcurso de su historia, en espera de un auténtico y genuino arrepentimiento, conversión y resarcimiento, pero los humanos siguen sin un cambio consciente y verdadero. La pandemia COVID-19 o SARS-CoV-2 es una llamada de atención, para que el ser humano despierte del sueño de desobediencia, reaccione con rectificación de su conducta y reivindicación de su vida. Además que logre comprender y entender a plenitud su propósito esencial y vital, en su dimensión natural, espiritual y celestial en el hábitat del planeta, con la responsabilidad debida ante Dios. El mensaje recibido desde el medio ambiente, no es transmitido por la naturaleza creada, sino que es un aviso y advertencia directamente del Creador.


Dios no quiere la muerte espiritual del que muere en pecado: “Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertíos pues, y viviréis” (Ezequiel 18.32 – RVR1909). Ahora, Dios ha pasado por alto la actitud pecaminosa del mundo, en espera de una transformación de la forma o manera de ser: “Empero Dios, habiendo disimulado los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia á todos los hombres en todos los lugares que se arrepientan: Por cuanto ha establecido un día, en el cual ha de juzgar al mundo con justicia, por aquel varón al cual determinó; dando fe á todos con haberle levantado de los muertos” (Hechos 17.30 al 31 – RVR1909). Se deshonra a Jesucristo cuando se desestima su ejemplo y lucha contra el pecado: “Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca” (1 Pedro 2.21 al 22 – RVR1909). Jesucristo ha demostrado como humano la obediencia incondicional a Dios Padre: “El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; Y consumado, vino á ser causa de eterna salud á todos los que le obedecen” (Hebreos 5.7 al 9 – RVR1909).


Jesucristo nos liberta del pecado, por consiguiente de la muerte espiritual: “¿Qué fruto, pues, teníais de aquellas cosas de las cuales ahora os avergonzáis? porque el fin de ellas es muerte. Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6.21 al 23 – RVR1909). Esto significa que el ser humano en la dimensión natural, la práctica del pecado le impide trascender a la espiritual, porque por el pecado es muerto sin accesibilidad en términos espirituales:


“Y de ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados, En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia: Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás. Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó, Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos” (Efesios 2.1 al 5 – RVR1909).

Por esta razón el que es solo natural, no entiende ni puede entender lo espiritual: “Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR1909). Lo que pasa es que glorificar y honrar a Jesucristo se hace sin practicar el pecado, porque la dimensión natural está apegada a lo terrenal, pero escalar a lo espiritual requiere alabanza, adoración, consagración, dedicación, exaltación, glorificación, honra, pacificación, reconocimiento y santificación: “Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios” (Romanos 8.5 al 8 – RVR1909). Jesucristo con su muerte en la crucifixión vence tanto al pecado como a la muerte (Hebreos 2.9 al 11 – RVR1909).


Jesucristo fue claro al decir a las personas que no pecaran más: “Oyendo, pues, ellos, redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros: y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Y enderezándose Jesús, y no viendo á nadie más que á la mujer, díjole: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te ha condenado? Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno: vete, y no peques más. Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.9 al 12 – RVR1909). También dice la Biblia: “Después le halló Jesús en el templo, y díjole: He aquí, has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. El se fué, y dió aviso á los Judíos, que Jesús era el que le había sanado” (Juan 5.14 al 15 – RVR1909). Quien no comprende y entiende el fondo en profundidad de la enseñanza, mensaje y palabra de Dios, entonces ignora las Sagradas Escrituras y el poder de Dios. Porque el Padre es Dios de vivos y no de muertos, algunos habituados a esto, nacen, crecen, procrean y mueren sin ningún interés ni instrucción en realizar la lectura de la Biblia:


“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las Escrituras, y el poder de Dios. Porque en la resurrección, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres marido; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. Y de la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os es dicho por Dios, que dice: Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Y oyendo esto las gentes, estaban atónitas de su doctrina. Entonces los Fariseos, oyendo que había cerrado la boca á los Saduceos, se juntaron á una” (Mateo 22.29 al 34 – RVR1909).

Así que el ser humano practicante del pecado, ya no tiene más excusa, frente a la demostración de Jesucristo como humano, en carne y sangre: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es á saber, al diablo, Y librar á los que por el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos á servidumbre” (Hebreos 2.14 al 15 – RVR1909). La evasión, indiferencia, negación y rechazo a Jesucristo, por medio de la práctica del pecado, es aborrecimiento, o sea, aversión, odio y repugnancia hacia Jesucristo y su Padre: “Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado, mas ahora no tienen excusa de su pecado. El que me aborrece, también á mi Padre aborrece” (Juan 15.22 al 23 – RVR1909). Así algunos cambian lo malo y lo hacen pasar por bueno, como está escrito: “¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5.20 – RVR1909). La auténtica y verdadera libertad es la que ofrece Jesucristo, el mundo se desboca en defensa por el libertinaje del desenfreno de la conducta, en el borde del despeñadero de la cultura de la muerte, en el precipicio de los tiempos del fin: “He aquí el día de Jehová viene, crudo, y de saña y ardor de ira, para tornar la tierra en soledad, y raer de ella sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no derramarán su lumbre; y el sol se oscurecerá en naciendo, y la luna no echará su resplandor. Y visitaré la maldad sobre el mundo, y sobre los impíos su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes” (Isaías 13.9 al 11 – RVR1909; Mateo 24.29 al 30; Apocalipsis 6.12 al 17).


9.11) VOLVER AL SENTIDO COMÚN Y COMUNITARIO DE JESUCRISTO


Jesucristo transmite su enseñanza en parábolas, con un mensaje en el formato de contenido figurado, mediante la literatura de los evangelios con las analogías y comparaciones necesarias se deduce las verdades importantes de la vida cotidiana. Por ejemplo, Jesús dijo: “Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada” (Mateo 15.13 – RVR1909). Se compara a las personas con las plantas y la consecuencia de no ser cultivado por el Padre celestial. Hay un simbolismo y un significado correspondiente, la expresión de plantar podría significar una relación directa y personal en el trato entre el ser humano y Dios Padre, además congruente al significado de cultivar, hay una posibilidad de ejercitar la inteligencia espiritual para que se perfeccione.


La Biblia explica: “Y nosotros hemos recibido, no el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado; Lo cual también hablamos, no con doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu, acomodando lo espiritual á lo espiritual. Mas el hombre animal no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son locura: y no las puede entender, porque se han de examinar espiritualmente” (1 Corintios 2.12 al 14 – RVR1909). Una es la intención del mundo según el intelecto de la sabiduría humana, otra es la transformación espiritual a través del conocimiento celestial trasmitido por Jesucristo, enviado directo de Dios Padre: “Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.25 – RVR1909).


Aclaremos este simbolismo, en cierta ocasión le preguntan al Maestro acerca del motivo del mensaje en parábolas: “Quien tiene oídos para oir, oiga. Entonces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? Y él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos; mas á ellos no es concedido. Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. Por eso les hablo por parábolas; porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden” (Mateo 13.9 al 13 – RVR1909). Las personas que comprenden las ideas transmitidas por Jesús, logran saber su significado. La acción de comprender implica tener la idea clara del mensaje recibido, con la capacidad de identificar lo que el mensaje representa. Por esta razón algunos oyentes se ofenden del mensaje de Jesús: “Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariseos oyendo esta palabra se ofendieron?” (Mateo 15.12 – RVR1909). Los fariseos comprenden el mensaje y se ofenden, o sea, interpretan el mensaje adecuadamente, de manera que el significado del mensaje es comprensible porque queda claro. Lo que pasa es que los fariseos comprenden pero de ninguna manera entienden. La acción de comprender y entender es muy similar, inclusive son sinónimos, sin embargo, entender tiene un grado avanzado o superior a comprender, porque entender está relacionado con obedecer: “Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2.18 – RVR1909). Comprender la teoría de la fe requiere entender las obras de Jesucristo demostrado con el ejemplo y práctica.


Los fariseos desaprobaron las obras de Jesucristo, comprendían el mensaje pero nunca lo obedecían: “Entonces habló Jesús á las gentes y á sus discípulos, Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos: Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardad lo y haced lo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen” (Mateo 23.1 al 3 – RVR1909). Los escribas y fariseos comprenden que existen, pero nunca entienden que existen para amar y servir a Jesucristo. Se cumple la moraleja del epitafio que dice: “Aquí yace uno que no supo para que vivía”. Entender el sentido común de la vida, es entender a Jesucristo. Moisés entiende la ley y la profecía en Jesucristo: “Y enviará á Jesucristo, que os fué antes anunciado: Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo. Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare. Y será, que cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo” (Hechos 3.20 al 23 – RVR1909). Volvemos a la parábola de la planta que no es plantada por Dios Padre Celestial, entonces es desarraigada, o sea, no basta con ser oyente, sino que se requiere ser un eficiente y fiel escucha de Jesucristo, para obedecer decididamente el mensaje de la voluntad de Dios Padre, porque Jesucristo además de Hijo, es el mensajero principal de Dios Padre y es el jefe del Séquito Celestial de los seres celestiales que son decididos a obedecer fieles y leales por siempre a Dios Padre, en cualquier circunstancia de la existencia dentro del espacio y tiempo de Dios.


¿Quiénes entienden o se quedan sin entendimiento entre las gentes y los discípulos de Jesucristo? Es un asunto de cada persona, la posibilidad de alcanzar la capacidad de crear y hacer auto conciencia, según el interés de cada quien en conocer el sentido común de Jesucristo, cuya causa atenuante se reduce en la decisión o determinación en firme al obedecer a Dios, demostrado por cada persona con los atestados de vivencia cotidiana, las acciones, actos, comportamiento y conducta, según el ejemplo y modelo de vida en Cristo:


“Porque no somos como muchos, mercaderes falsos de la palabra de Dios: antes con sinceridad, como de Dios, delante de Dios, hablamos en Cristo. ¿Comenzamos otra vez á alabarnos á nosotros mismos? ¿ó tenemos necesidad, como algunos, de letras de recomendación para vosotros, ó de recomendación de vosotros? Nuestras letras sois vosotros, escritas en nuestros corazones, sabidas y leídas de todos los hombres; Siendo manifiesto que sois letra de Cristo administrada de nosotros, escrita no con tinta, mas con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón” (2 Corintios 2.17 al 3.3 – RVR1909).

Para continuar con la simbología y su significado, todo ser humano sin excepción nace con la característica y cualidad corporal y fisiológica, de tres componentes o dispositivos biológicos y genéticos que regulan el funcionamiento de ciertos procesos orgánicos, a saber, un cronómetro interno de vida, un chip de temperamento vivencial y una brújula de orientación o sentido de la vida. Todo esto atañe a un análisis vinculado a lo científico y a la medicina, para mitigar las enfermedades y preservar la salud, esto afecta en el comportamiento y conducta de la persona, en su decadencia o en la superación, tanto en el aspecto natural, espiritual y celestial. Así como una embarcación naufraga o pierde su rumbo debido a la corriente, marejada o viento. Pero en el orden establecido para los terrenales, primero es lo natural, luego lo espiritual y por último lo celestial, aunque corresponde a un ciclo originado desde lo celestial, con los ángeles indecisos cuando se presenta la caída de los ángeles. Lo natural está asociado al cronómetro interno de vida, lo espiritual al chip de temperamento vivencial y lo celestial a la brújula de orientación o sentido de la vida. Aunque estos componentes o dispositivos biológicos y genéticos se traen de nacimiento, en forma innata, se conservan activos y funcionales, según las oportunidades, particularidades y vivencias de cada ser humano. Inclusive podría afectar la zona geográfica terrestre, las costumbres, creencias, cultura, doctrinas, economía, educación, entretenimiento, filosofías, información, mitos, modas, religión, tecnología, telecomunicaciones y tradiciones.


Algunos en su propia creencia, prefieren definir la muerte como consecuencia del pecado y como un accidente espontáneo y sorpresivo inevitable de la vida, a manera de un temporizador de vida donde el tiempo está definido y establecido desde el inicio del nacimiento. El entendimiento de un cronómetro tiene la activación del tiempo inicial pero indefinido, porque la finalización del tiempo no se establece desde el inicio, sino que se requiere una nueva acción para detener el tiempo, en este caso es solamente Dios Padre quien tiene el control en sus manos, del cronómetro interno de vida de cada persona. Por ejemplo, Jesucristo en mención de ciertos acontecimientos dice que únicamente lo sabe Dios Padre en su sola potestad, así es el momento de la muerte de cada persona: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. Empero de aquel día y de la hora, nadie sabe; ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. Mirad, velad y orad: porque no sabéis cuándo será el tiempo” (Marcos 13.31 al 33 – RVR1909). Se espera el tiempo del fin como acontecimiento determinante de la segunda venida de Jesucristo, pero la realidad es que el tiempo del fin hace alusión a una situación global, mientras que la muerte es el tiempo del fin para cada persona en un sentido de individual en lugar de colectivo. Paralelamente el pasaje mencionado anteriormente indicaba lo sucedido en la destrucción de Jerusalén y del Templo, alrededor del año 70 después de Jesucristo, debido a las diferencias discutidas por los especialistas en relación con el conteo del año cero o inicio real de la primera década de la era cristiana.


El sentido común y comunitario de Jesucristo tiene su fundamento con base en la habilidad del compartir en el bien común, asociado a la cooperación, equidad, justicia, servicio voluntario, solidaridad y subsidiariedad, por ejemplo, los bancos de distribución de alimentos y las brigadas o misiones de auxilio médico debido a las emergencias sanitarias. Este compartir en la actualidad se explica con lo que llaman el empoderamiento de la resiliencia, o sea, asumir con flexibilidad situaciones difíciles y sobreponerse con superación y trabajo a las mismas, a través de resistir sin ruptura de la honestidad y honradez. Esta situación se presenta especialmente cuando la persona se encuentra en la condición de desfavorecido, en el caso de escasos recursos económicos o laborales, que le perjudican por causa de una mala distribución equitativa y justa de la riqueza. Un factor influyente es el desempleo o desocupación laboral sin remuneración ganancial o salarial.


Jesucristo comparte su conocimiento, enseñanza y mensaje para provocar el amor de Dios, compasión, humildad, justicia, mansedumbre, misericordia, paz y santidad. Este sentido común y comunitario promovido y propuesto con la guía de Jesucristo, mediante la autoridad de Dios, la influencia del Espíritu Santo y el conocimiento celestial transmitido por Jesucristo, se menciona desde el primer siglo de la era cristiana:


“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. Y toda persona tenía temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes; Y vendían las posesiones, y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno había menester. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón, Alabando á Dios, y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día á la iglesia los que habían de ser salvos” (Hechos 2.42 al 47 – RVR1909).

El factor de comunión y unidad manifestado por la comunidad de fe del primer siglo de la era cristiana, tiene su legado, cimiento y trascendencia en la enseñanza y mensaje de Jesucristo:


“Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma: y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseía; mas todas las cosas les eran comunes. Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos. Que ningún necesitado había entre ellos: porque todos los que poseían heredades ó casas, vendiéndolas, traían el precio de lo vendido, Y lo ponían á los pies de los apóstoles; y era repartido á cada uno según que había menester” (Hechos 4.32 al 35 – RVR1909).

En este sentido común y comunitario transmitido por Jesucristo, entra en función el componente o dispositivo biológico y genético del temperamento. El mismo lo comparamos figuradamente con un chip de temperamento vivencial, para hacer prevalecer el carácter, personalidad y temple necesarios, con el esfuerzo y fortaleza de la perseverancia constante y firmeza hasta el fin. El temperamento se trae estable y permanente de nacimiento, sin posibilidad de modificar o variar, solamente con la ayuda de Dios Padre mediante su Hijo Jesucristo se podría cambiar, inclusive algunas personas conservan igual su temperamento desde que nacen hasta que mueren. La palabra menciona los frutos del Espíritu Santo, indispensables en la espiritualidad para trascender a lo celestial: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, Mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5.22 al 23 – RVR1909). La rigidez de la ley del temperamento no prevalecerá contra la influencia e intervención del Espíritu de Dios Padre. Este cambio de temperamento requiere una conversión o reversión de pensamiento, de terrenal a celestial, para semejar a la mente de Cristo: “Empero el espiritual juzga todas las cosas; mas él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿quién le instruyó? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.15 al 16 – RVR1909).


La brújula de orientación o sentido de la vida es la guía de Jesucristo que tiene la persona, para no perder el norte, ni perder el rumbo, para no desviarse del Camino de Jesucristo. Esta brújula es Jesucristo mismo, o sea, la brújula más que espiritual, es celestial, porque el enfoque está centralizado en Jesucristo. Todo ser humano tiene la oportunidad de esta brújula de orientación o sentido de la vida, lo que pasa es que hay muchos distractores y ruido que alteran este enfoque y hay pérdida del rumbo y salida del camino. ¿Qué pasa con aquellos que nunca han escuchado de la existencia de Jesucristo? Ningún ser humano desde la existencia histórica de la humanidad terrenal, puede alegar desconocimiento y tratar de justificar lo injustificable, porque el origen de la indecisión de cada ser viene desde la caída de los ángeles. El ejemplo y modelo de vida es Jesucristo, en su primera venida a este mundo, Jesucristo ya tenía preexistencia. Así también preexistía todo ser humano, porque en la historia de la humanidad encontramos quienes sin salirse del camino de Dios, hacen su voluntad y agradan a su Creador. El propósito de la existencia del ser humano, es dar una segunda oportunidad a todos los seres celestiales indecisos en aquella rebelión contra el Creador, por parte de los ángeles que cayeron. Además de los caídos estaban los que se mantuvieron fieles y leales a Dios, pero entre los indecisos están los seres humanos. Ejemplos, como Abel decidido a obedecer a Dios, en el caso de Caín quien decide seguir al adversario y el mal. Otro ejemplo es Enoc: “De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y á todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas 1.14 al 15 – RVR1909).


El conocedor desde el origen de los tiempos entiende el anuncio profético acerca de Jesucristo, quien es el Enviado, Mesías y Salvador: “Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida: Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.13 al 15 – RVR1909). Algunos podrían extrañar nuestra afirmación en otra ocasión, de que el adversario y rebelde ángel caído, líder de otros ángeles que también cayeron y fueron arrastrados, tuvo su segunda oportunidad de rectificar su yerro, que fue una equivocación más por descuido, por arrogancia y enaltecimiento, además de la ambición de aspirar un lugar superior sin respetar la autoridad de Dios Padre, contrario a lo demostrado por la obediencia, subordinación y sujeción de Jesucristo. Pero este ángel caído tuvo su segunda oportunidad en el Edén, cuando pudo dialogar con Adán y Eva e inducirlos hacia el bien, o sea, la decisión firme de hacer la voluntad de Dios. Lamentablemente, en forma obstinada, persiste en inducir al error, a la confusión, engaño y mentira. Adán y Eva hacen uso de su facultad de analizar, cuestionar e investigar, pero se dejan llevar por su duda e indecisión al obedecer a Dios, ejercen su capacidad de la toma de decisión.


El árbol de la ciencia del bien y del mal, a manera de figura literaria o simbología, representa también las opciones de elección, a las que tuvo alcance Adán y Eva, no obstante, hay otro árbol de la vida que representa a Jesucristo, como esa brújula de orientación o sentido de la vida, para no perder el norte, el rumbo o el camino de Cristo, para salvación y vida eterna. Este mundo ofrece mucha distracción y ruido, la mayor bendición y prosperidad, es estar algún día con nuestro Señor Jesucristo en la vida eterna. Lo realmente sobrenatural de la vida actual es el amor incondicional hacia Jesucristo, ese amor que nos atrae y mueve para estar con el Señor, nuestro Salvador. Que el día de nuestra muerte corporal o fisiológica, sea un cerrar y abrir de ojos para subir con cuerpo transformado, como los ángeles decididos, al encuentro con la segunda venida de Jesucristo, acompañado de aquellos ángeles que se mantuvieron fieles y leales a la causa de Dios Padre, el Creador. Y así estemos con nuestro Señor por siempre y para siempre, antes y después, principio y fin: “Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿ó quién fué su consejero? ¿O quién le dió á él primero, para que le sea pagado? Porque de él, y por él, y en él, son todas las cosas. A él sea gloria por siglos. Amén” (Romanos 11.34 al 36 – RVR1909).


CAPÍTULO 10: EL CONOCIMIENTO CELESTIAL


En relación con las tres dimensiones de conocimiento: natural, espiritual y celestial, la comprensión y conexión con lo celestial mediante Jesucristo, es lo que verdaderamente trasciende para vida eterna, es decir, en la medida del análisis y profundidad en el conocimiento de Dios logramos entender lo siguiente:


El propósito de la creación del ser humano, está en lo que Pablo llama la dispensación del misterio escondido en Dios, el Creador de todas las cosas. Esto con el propósito de que las muchas formas de la sabiduría de Dios sean dadas a conocer entre los seres creados, por medio de la fe en Cristo Jesús (Efesios 3.9 al 12). Pablo afirma que este propósito de Dios y su gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos y manifestada con la venida del Salvador Jesucristo por el evangelio dado también a los gentiles (2 Timoteo 1.9 al 11). Entonces la finalidad de la creación del ser humano implica que ellos adquieran el conocimiento de Dios para alabanza de su gloria, a través del evangelio de Jesucristo dado inclusive a los gentiles. También para la administración de la gracia de Dios entre los seres humanos, siendo los gentiles coherederos y miembros del mismo cuerpo, copartícipes de la misma promesa (Efesios 3.1 al 8).


La dispensación de Dios durante todos los tiempos inicia desde la creación. En el huerto del Edén como Creador le concede la vida al ser humano, le distribuye labores para que cuide y labre el huerto, además encomienda a Adán los animales para darles sus nombres. Le encarga al ser humano la responsabilidad de administrar la naturaleza, al decirle que llene la tierra, la sojuzgue y señoree. Hay una administración general de Dios sobre la creación y el ser humano, porque le da mandamiento a la humanidad, determina sus consecuencias en el caso de actuar con rebeldía a su voluntad, establece un límite de existencia y un juicio final.


El pecado del ser humano no fue una improvisación, sino parte del plan de Dios para su dispensación, porque luego se le absuelve de su falta por medio de Cristo, liberándolo de su culpa y obligación de cumplir con la ley de los ritos, de la circuncisión y de la sentencia de muerte a ser apedreado por transgresión (lapidación).


La redención del ser humano es por medio de Cristo, porque hizo un único sacrificio derramando su propia sangre en la cruz, previsto desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los últimos tiempos. Esta solemnidad requiere en el ser humano, una conducta de temor en respeto y reverencia todo el tiempo de su peregrinación por este mundo (1 Pedro 1.17 al 20). Dios nos escoge en Cristo antes de la fundación del mundo, para ser santos y sin mancha delante de él, para alabanza de la gloria de su gracia. Por medio de la redención por la sangre de Jesucristo y el perdón de pecados, nos da a conocer el misterio de su voluntad, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, por el evangelio de la salvación y del reino de Dios, para creer en él y ser sellados con el Espíritu Santo (Efesios 1.3 al 14).


Esta dispensación final es la participación del reino de Dios prometido para los que obedecen, pero el misterio se descubre y sale a la luz, cuando se aprende a vivir la vida en Dios, a partir de la iglesia misma como pequeño reino de Dios sobre la tierra. El conocimiento pleno de esta dispensación está en mantener el sentido original de la iglesia del primer siglo, cuya característica destaca en la entrega y servicio por los demás, promoviendo valores de equidad y justicia, extendiéndolas a todos los gentiles, perseverando unánimes, estando juntos y teniendo en común todas las cosas, compartiendo según la necesidad de cada uno, partiendo el pan y comiendo juntos con alegría y sencillez, alabando a Dios como en un solo corazón, teniendo todas las cosas en común, viviendo realmente en comunidad (Hechos 2.44 al 47, 4.32 al 35) y reino de Dios entre nosotros.


Podríamos citar el ejemplo de la circuncisión en la carne como señal de pertenencia a Dios, y que recibió Abram (padre enaltecido), cuyo nombre fue cambiado por Abraham (padre de una multitud), según la promesa que sería padre de muchedumbre de gentes (Génesis 17.1 al 14). Recibió entonces la promesa del pacto entre Dios, Abraham y su descendencia, por pacto perpetuo, para que fuera Dios de él y de su descendencia, por siempre:


“Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aún incircunciso; para que fuese padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia; y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado” (Romanos 4.11 al 12).

Esta promesa se alcanza aún en nuestros días, porque su cumplimiento llegó a su plenitud cuando la circuncisión sufrió la transición de lo literal a lo espiritual, la bendición llega a todas las naciones (Génesis 12.3; Gálatas 3.6 al 9), ya que en su simiente, que es Cristo, son benditas todas las naciones (Génesis 22.15 al 18 y 26; Hechos 3.22 al 26), lo que también se le confirmó a Isaac (Génesis 26.3 al 4). Algunos símbolos del primer pacto luego fueron transformados en el nuevo pacto. Ahora estamos bajo el régimen nuevo del Espíritu. La Alianza o Pacto Espiritual se establece mediante la justicia de la fe:


“Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa. Pues la ley produce ira; pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión. Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros, por lo cual también su fe le fue contada por justicia. Y no solamente con respecto a él se escribió que le fue contada, sino también con respecto a nosotros a quienes ha de ser contada, esto es, a los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro” (Romanos 4.13 al 24).

Lo externo es la persona y lo interno es la mente. Este enclaustramiento de fe ciega, es un aislamiento al mensaje de Dios, real y efectivo. La convicción, adherida fuertemente al cimiento de la razón, es la base de la equidad, justicia, rectitud y sinceridad. La autenticidad acompañada del sentido común a la hora de juzgar, produce un testimonio razonable y con acierto.


Enclaustramiento religioso es el encierro o aislamiento mental en prejuicios. Es el juicio y opinión antes de tener un verdadero conocimiento. Se manifiesta en las ideas preconcebidas y discriminatorias que cohíben la libertad. La fe se actúa, piensa y reflexiona. Fe y razón se complementan, es la adhesión del entendimiento y comprensión a una verdad de Dios, revelada mediante su gracia y llevada a la práctica. La fe estriba mediante el conocimiento, en ser libre de los prejuicios religiosos y sociales, para respetar y hacer el bien a todos sin discriminación, sin intereses egoístas, mezquinos y oportunistas, de beneficio propio y en detrimento de los demás. Algunos utilizan la estrategia de desacreditar otras interpretaciones y grupos, para ganar adeptos a su propio grupo de seguidores. Esto no es tener reunión o comunión aparente en el nombre de Jesucristo, es mera conveniencia proselitista y un celo por ganar y convertir personas a su doctrina o religión particular.


Hay otros precedentes, tal es el caso, registrado en Hechos de los apóstoles, de Simón, un practicante de las artes mágicas, quien oye el mensaje de salvación y se motiva a seguir a quienes predican la palabra de Dios, pero se queda solamente con el llamamiento, porque baja a las aguas en el bautismo sin estar verdaderamente arrepentido y convertido. Prueba de esta afirmación es la declaración de Pedro acerca del corazón de Simón sin santificación: caracteriza su corazón como no recto delante de Dios y en hiel de amargura y prisión de maldad (Hechos 8.12 al 23). También algunas personas a falta de los frutos del Espíritu Santo, se desviaron de la verdad, ya sea con profanas y vanas palabras, que no aprovechan sino que perjudican a los oyentes, trastornando la fe de algunos. Por ejemplo, la Escritura menciona a Himeneo y Fileto quienes decían acerca de la resurrección que ya se había efectuado (2 Timoteo 2.14 al 18).


Jesús advierte acerca del conocimiento celestial frente al conocimiento espiritual: “El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16.15 al 17 – RVR60). Mientras tanto se presentan comentarios, interpretaciones, opiniones y rumores, similar a doctrinas y dogmas promovidos por la diversidad de creencias:


“Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Ellos respondieron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros; que algún profeta de los antiguos ha resucitado. El les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios” (Lucas 9.18 al 20).

El conocimiento natural y espiritual versus el conocimiento celestial:


Existe el dogma proveniente de la doctrina y tradición. El dogma por sí mismo es ineludible e inevitable, porque es parte de la interpretación y opinión generada por cada punto de vista o lentes con que mire cada persona. Entre la tradición están las doctrinas y costumbres que se conservan con el pasar del tiempo, algunas de ellas fueron censuradas drásticamente por Jesús, porque invalidaban el mandamiento del amor de Dios (Marcos 7.6 al 9).


También existe el dogma de la sociedad y el dogma filosófico. Hay costumbres arraigadas a la sociedad, con la posibilidad de invalidar la palabra de Dios en algún aspecto. Es importante a la hora de analizar y respetar los mandamientos de Dios, no poner la mirada en criterios particulares, basados en deducciones y supuestos terrenales, en lugar del fundamento de Dios mediante Jesucristo, la palabra dice: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (Colosenses 2.8), y “En conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres” (Colosenses 2.22). Jesús dijo:


“¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?” Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición” Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres” (Mateo 15.3 al 9), “Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres” Les decía también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición” invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que habéis transmitido. Y muchas cosas hacéis semejantes a estas” (Marcos 7.8 al 13).

Hay aspectos legalizados a nivel de la sociedad en conflicto eclesiástico, espiritual o evangelístico. Por ejemplo, el abuso en la adicción a las bebidas alcohólicas o al fumado de tabaco, socialmente legal, pero a la vez dañino y perjudicial para la salud, o sea, censurado espiritualmente. Inclusive el exceso de alimentos como la ingesta abusiva de carnes rojas y procesadas: “Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna” (1 Corintios 6.12).


Otro ejemplo, el dogma social no resalta la importancia, práctica y significado de la cena del Señor, instituida por Jesucristo como uno de los fundamentos más sagrados del evangelio, sino a través de la iglesia, se da el lugar y obediencia merecida:


“Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga” (1 Corintios 11.26) y “No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios; no podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios. ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él? Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” (1 Corintios 10.21 al 24).

El ser enriquecido en el evangelio de Cristo, con abundancia en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud y amor (2 Corintios 8.7), produce como resultado la generosidad de compartir los bienes materiales con los más necesitados, como don o gracia recibida de Dios. Suplir las necesidades espirituales y materiales del carente de lo básico para la subsistencia, abunda en muchas acciones de gratitud a Dios, y glorificación a Dios por la obediencia al evangelio de Cristo, los valores del reino de Dios y por la generosidad en beneficio de todos (2 Corintios 9.8 al 14). En armonía, ayuda, comunión y solidaridad, se comparten los bienes espirituales y materiales (Romanos 15.27), según el ejemplo de las iglesias de la región de Macedonia y Acaya (Romanos 15.25 al 26; 2 Corintios 8.1 al 4).


La razón del ser, está en función de asumir conscientemente a Cristo como el centro de la vida, con una firme adhesión, convicción, devoción y excelencia a la consagración y santidad. Algunas personas existen solo en espera del envejecimiento, otras afanadas al logro de bienes y servicios, para ser valorados por sus posesiones, también hay quienes viven en confusión y desorden en espera de la felicidad. Hay una insatisfacción infinita y lo que llaman un vacío existencial. Un conformismo de acumulación de dinero, fama, poder, popularidad y riqueza, sin dar importancia a Dios y su palabra en su Hijo Jesucristo, como fuente de vida en plenitud.


La crisis y realidad mundial confrontan al ser humano con un vacío existencial de hambre insaciable de conocimiento del mensaje cristocéntrico, para alimento espiritual y una comunión fraternal. La Cena del Señor es comer el cuerpo y beber la sangre de Jesucristo, es la reverencia solemne de la comunión en obediencia, según se digiere y procesa la alimentación espiritual, mediante la explicación e interpretación de la exégesis, homilía, hermenéutica o sermón. La persona para reflexionar el mensaje de Cristo, requiere espiritualmente de nutrientes esenciales en el discernimiento del bien y del mal.


El secreto del sentido de éxito de la vida está en recibir a Jesucristo como el verdadero alimento de Dios. El salmista dice que es dulce al paladar la palabra de Dios (Salmos 119.103). El alimento divino es un manjar delicioso para quienes obedecen y Dios es quien posibilita el entendimiento. Una mesa servida con comidas variadas enriquece la cena, así es el mensaje de Dios como manjares deliciosos y nutritivos para la conciencia y el intelecto. El gusto o sabor del manjar está en el condimento, o sea, la sal y especias, dan el sazonador y el buen sabor a la comida, en el sentido espiritual, es el entendimiento, conocimiento razonado y comprendido. Jesús dijo: “Vosotros sois la sal de la tierra;” (Mateo 5.13). Además: “Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los otros” (Marcos 9.50).


La paz es un ingrediente sustancial. Así, degustar el sabor agradable de cada alimento, es fuente de placer al paladar, semejante es para la mente, el ampliar el conocimiento y lograr la sensibilidad de la compasión, justicia, paz y ternura, entre otros valores. La gran diversidad de pensamiento genera riqueza de sabiduría, por consiguiente la oportunidad para vivir a plenitud el conocimiento de modo certero y consciente. Otros alimentos indigestan por su nocividad.


El conocedor de la palabra de Dios tiene que asumir responsabilidad cuando altera el mensaje. El alimento se desazona por el contenido de ingredientes nocivos utilizados por quienes preparan, sirven o se sirven de la mesa con alguna intención perversa, contraria a lo que Cristo representa. El propósito es el servicio con la referencia de Cristo, de ninguna manera servirse con egoísmo para lucrar y vivir en lujos, opulencia y vanidad diferente a Cristo. Se requiere un estudio bíblico imparcial, objetivo y recto, sin sesgos del cristianismo religioso fraccionado.


Dios provee el alimento al alcance de todos, sin acepción de personas, ni discriminación. El ser humano es el cocinero que varía la receta en conformidad con su intención. La comida está servida, algunas nutren el cuerpo y lo fortalece, otras enferman a la comunidad mundial, porque corresponde a un alimento alterado, especialmente con el fundamentalismo, extremismo radical, fanatismo hostil, legalismo religioso exacerbado, lucro religioso, ultra conservadurismo religioso e impío:


“Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (Hebreos 6.4 al 6).

El pueblo de Dios tiene como guía a Jesucristo, porque enseña el camino y establece un precedente en la tierra, de donde se conserva la base o fundamento en la edificación de la doctrina eclesiástica, al ser Jesucristo la principal piedra (Efesios 2.17 al 22). El Señor Jesús es ejemplo del amor de Dios, esperanza, fe, justicia, misericordia, paz y santidad, al hacer el bien, en el servicio a Dios y al prójimo (Lucas 4.16 al 21). Este es el camino celestial mostrado por Jesucristo con el ejemplo, enseñanza y práctica vivencial.


El evangelio como buena nueva es muy antiguo, porque Dios establece sus verdades evidentes desde un principio, manifiestas en cada elemento de la creación y anunciadas públicamente por los profetas. En el Antiguo Testamento el profeta Isaías anuncia lo siguiente: “¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!” (Isaías 52.7). También el profeta Nahum anuncia: “He aquí sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz” (Nahum 1.15). Pero desde el tiempo de los profetas no todos practicaron el evangelio: “Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.16 al 17). El evangelio antiguo instaba a la práctica de la confianza, justicia y paciencia en Dios el Creador, las buenas nuevas de salvación de su compasión y misericordia:


“tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” (Santiago 5.10 al 11).

Noé anunció el evangelio de la justicia como pregonero: “y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos” (2 Pedro 2.5). No le creyeron a Noé, pero la buena nueva de salvación se mantiene:


“Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor. Porque esto me será como en los días de Noé, cuando juré que nunca más las aguas de Noé pasarían sobre la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti, ni te reñiré” (Isaías 54.7 al 9).

En los profetas reposaba el Espíritu de Dios al profetizar y anunciar el evangelio: “y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas; porque eres Dios clemente y misericordioso” (Nehemías 9.30 al 31). Un sello es señal de autoridad, como se dice en el libro de Ester: “Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado” (Ester 8.8). Cuanto más si se trata del sello del Espíritu Santo (2 Corintios 1.22; Efesios 1.13, 4.30). Ya desde el evangelio antiguo Dios llenaba de su Espíritu a algunas personas, para cumplir funciones especiales y específicas cotidianas: “Habló Jehová a Moisés, diciendo: Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte” (Éxodo 31.1 al 3).


Jesús vino a cumplir las buenas nuevas de salvación para nuestras vidas, con el anuncio del reino de Dios y el evangelio del servicio a la humanidad, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo (Mateo 9.35 al 36; Marcos 1.14 al 15). En Jesús se cumple el jubileo representado por el año agradable del Señor, anunciado por el profeta Isaías, para dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos y libertad a los oprimidos (Lucas 4.16 al 21). Jesucristo transmite la promesa del Espíritu Santo: “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre” (Juan 14.16). El Padre lo enviaría en su nombre: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14.26). Una de las funciones del Espíritu Santo es la de guiar: “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad” (Juan 16.13).


10.1) EL SER HUMANO COMO MORADA DEL ESPÍRITU SANTO


El ser humano deja de ser solamente natural cuando empieza a ser morada del Espíritu Santo de Dios: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14.17 – RVR60). Esto significa que el ser humano mientras conserve su vieja naturaleza sin introducirse o traslaparse con el conocimiento espiritual, entonces no puede recibir el Espíritu, por consiguiente tampoco puede entender aquello que se ha de discernir espiritualmente. Se reitera la siguiente cita bíblica: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR60; Efesios 4.18).


La transición desde lo natural hacia lo espiritual requiere regeneración y renovación. La gracia es consecuencia del amor, bondad y misericordia de Dios en el nombre de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios…, y su amor… nos salvó,… por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador” (Tito 3.4 al 6 – RVR60). Además: “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2.4 al 5 – RVR60).


Todo ser humano corporalmente para la subsistencia requiere indispensablemente del oxígeno, porque precisamente se compone del cuerpo y de la respiración del aire que es el espíritu de vida o soplo de vida: “Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Génesis 2.7 – RVR60). La Escritura dice: “... Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente... Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal...” (1 Corintios 15.45 al 46 – RVR60). El alma viviente es sinónimo de vida corporal, sin embargo, el pasaje bíblico de uno de los párrafos anteriores menciona que estábamos muertos en pecado, o sea, muertos en vida.


Este mismo aire de vida es el espíritu de vida que la persona exhala cuando muere, ya que expulsa su último aire de los pulmones y estómago: “y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio” (Eclesiastés 12.7 – RVR60). Esta condición es del ser humano y de todo animal viviente: “Vinieron, pues, con Noé al arca, de dos en dos de toda carne en que había espíritu de vida” (Génesis 7.15 – RVR60); También se dice: “Y murió toda carne que se mueve sobre la tierra, así de aves como de ganado y de bestias, y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, y todo hombre. Todo lo que tenía aliento de espíritu de vida en sus narices, todo lo que había en la tierra, murió” (Génesis 7.21 al 22 – RVR60). Ahora bien, si también los animales son almas vivientes, la diferencia entre el ser humano natural y el espiritual es la posibilidad de que el espiritual pueda llegar a ser templo del Espíritu Santo de Dios: “Mas él hablaba del templo de su cuerpo” (Juan 2.21 – RVR60). Además dice la Biblia: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros” (1 Corintios 316 – RVR60).


El libro de Job menciona el alma en alusión a la vida: “Que todo el tiempo que mi alma esté en mi, y haya hálito de Dios en mis narices” (Job 27.3 – RVR60). Además: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 33.4 – RVR60). En el libro de Isaías se dice: “Dejaos del hombre, cuyo aliento está en su nariz...” (Isaías 2.22 – RVR60). Este espíritu de vida, respiración o aliento de vida, permite al ser humano vivir y desarrollar su conocimiento natural. Pero hay otro conocimiento que es producto únicamente del Espíritu Santo de Dios: “Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20.21 al 22 – RVR60). La palabra de Dios dice lo siguiente de Jesucristo: “Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras” (Lucas 24.45 – RVR60).


El ser humano a nivel natural en su composición corporal y combinación con la respiración del oxígeno, por medio del aire, se suma su capacidad mental de razonamiento para vivir organizadamente en sociedad y evitar todo lo posible la anarquía civil. Así es como se legisla el conocimiento natural. En relación con la tierra dada a los hijos de los hombres, cuando alguien comete un acto corrupto e ilícito, se esconde u oculta, porque se considera digno de castigo por tal acción, reconoce y distingue el mal cometido:


“Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio” (Romanos 2.14 al 16 – RVR60).

10.2) LA CONEXIÓN CON LO CELESTIAL MEDIANTE JESUCRISTO


Ninguna interpretación de la ley puede ir en contra del amor y de la vida. En el caso del amor al prójimo como a uno mismo, un intérprete de la ley le pregunta al Señor acerca de ¿quién es su prójimo? El Maestro con una parábola de ejemplo, le explica no solo quién es el prójimo, sino cómo ser cada uno el prójimo de todos los seres humanos a su alrededor, sin las malas discriminaciones culturales, étnicas, idiosincrásica, sociales y de otras índoles. En realidad la raza humana es una sola, no hay división racial sino una sola humanidad, el invento humano de la diferencia de razas en el ser humano, provoca la división y discriminación de unos contra los otros, hasta las guerras, muertes y odio.


El buen samaritano de la parábola representa el conocimiento celestial, donde estaba un hombre postrado en el camino, despojado y herido, por causa de ladrones dejándole casi muerto. Estos representan el conocimiento natural, anduvo por ahí un sacerdote, viéndole, pasó de largo, luego un levita quien hizo lo mismo de lejos, ambos eran instruidos en la ley, y estaban al servicio de la obra de Dios por ser de la tribu de Leví, eran los elegidos para el servicio y trabajo ministerial que representan el conocimiento espiritual.


Según esta parábola, el prójimo del hombre herido no es el sacerdote ni el levita, supuestos servidores de Dios y conocedores de la ley de misericordia, sino el samaritano, quien realmente usa la misericordia (Lucas 10.25 al 37). No basta con la letra o teoría del conocimiento, es necesaria la práctica; no es suficiente el creer tener la fe, también es necesario por las obras de la fe demostrar la eficacia de la misma, visualizar la fe por las obras de amor y misericordia (Santiago 2.14 al 18). Esto es semejante en nuestro tiempo, cuando se fundamentan dogmas o ideologías de determinada grupo de fe religiosa, con la intención de elevar o sobreestimar el concepto de espiritualidad en cada persona, pero se infunde la discriminación y muerte por el odio, persecución y rivalidad religiosa.


En la parábola del buen samaritano, posiblemente tanto el sacerdote como el levita, actuaron así, apegados a la misma ley, según la interpretación de algunos preceptos, creyeron correcto no acercarse al herido, por si, en caso de estar muerto, no caer en inmundicia al tocarlo, ya que temporalmente podrían quedar inmundos en caso de tocar a alguna persona fallecida (Números 19.11 al 16; Levítico 21.1 al 4; Ezequiel 44.25). Pero el samaritano, supera el privilegio poseído por el sacerdote y el levita, ve al herido y es movido a misericordia, lo socorre y cuida hasta sanar por completo. Jesús pregunta al intérprete de la ley: “… ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Vé, y haz tú lo mismo” (Lucas 10.29 al 37 – RVR60). Está escrito en la Biblia: “Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio” (Santiago 2.13 – RVR60).


Hay que vencer el mal con el bien. La ausencia de amor, fe, justicia y misericordia, provoca en algunos la consideración de ser más santos en comparación a los demás (Isaías 65.5; Hechos 10.28), prevalece la creencia de tener la absoluta y única verdad, pero en realidad se deposita la confianza en dogmas, normas y reglas más incoherentes e incongruentes al sentido celestial manifestado en las Escrituras. Jesucristo con su ejemplo, rompe con todos estos paradigmas, vino a dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, a pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos y a predicar el año agradable del Señor (Lucas 4.17 al 21). Lo demuestra cuando habla con una mujer samaritana, a pesar de que hay enemistad entre judíos y samaritanos (Juan 4.1 al 10; Esdras 4.1 al 10; Nehemías 4.1 al 2). Por lo tanto, es necesario trascender de lo natural a lo espiritual, y de lo espiritual a lo celestial, como un proceso y engranaje para llegar a la plenitud de Cristo, según su conocimiento.


La comprensión, entendimiento y la conexión con lo celestial mediante Jesucristo, es lo que verdaderamente trasciende para vida eterna, es decir, en la medida del análisis y profundidad en el conocimiento de Dios logramos entender lo siguiente:


El propósito de la creación junto con el ser humano, está en lo que Pablo llama la dispensación del misterio escondido en Dios, el Creador de todas las cosas. Dispensar tiene relación con dar, conceder u otorgar. Esto con el propósito de que las muchas formas de la sabiduría de Dios sean dadas a conocer entre los seres creados, por medio de la fe en Cristo Jesús (Efesios 3.9 al 12). Pablo afirma que este propósito de Dios y su gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos y manifestada con la venida del Salvador Jesucristo por el evangelio dado también a los gentiles (2 Timoteo 1.9 al 11). Entonces la finalidad de la creación del ser humano implica que ellos adquieran el conocimiento de Dios para alabanza de su gloria, a través del evangelio de Jesucristo dado inclusive a los gentiles. También para la administración de la gracia de Dios entre los humanos, siendo los gentiles coherederos y miembros del mismo cuerpo, copartícipes de la misma promesa (Efesios 3.1 al 8).


10.3) JESUCRISTO ENSEÑA LA DOCTRINA DEL PADRE


Observemos en el siguiente análisis la diferencia entre conocimiento natural y conocimiento espiritual. Jesús dijo:


“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10.42 al 45 – RVR60).

La sabiduría de Dios es para entender la relación entre el conocimiento netamente natural y el definido como espiritual. Estos conocimientos autónomos, sin límites, tienen su fundamento en su propia legislación: la convivencia entre las civilizaciones y culturas o la descrita en el Antiguo Testamento con la ley de Dios, las acciones y consecuencias, la promoción y vivencia del amor de Dios, la fe, la justicia, la misericordia, la paz y santidad, el cumplimiento y obediencia a su alianza. El caos natural se ha vuelto un sepulcro, lo espiritual para purificación y lo celestial un impulso divino por causa de la vida eterna. En el caso de la sabiduría del ser humano, por sí sola ha sido insuficiente, en términos espirituales, cuando la persona se excluye así misma de la posibilidad de tomar en cuenta la sabiduría proveniente de Dios el Creador, el saber de procedencia de lo alto:


“Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria” (1 Corintios 2.6 al 8 – RVR60).

Según el pasaje anterior, no se habría crucificado a Jesús sí hubieran entendido el mensaje de la sabiduría de Dios, pero el ser humano llevado por su propia sabiduría, con la influencia de intereses egoístas, mezquinos y particulares, luchas de poder, status social, compromisos políticos, militares, económicos o financieros, distorsiona el entendimiento y la idoneidad del juicio. Inclusive el mundo religioso en la dimensión o plano espiritual, tiene una dependencia recíproca en intereses y conveniencias con el mundo natural y político, a través de alianzas, convenios e inclusive encubrimientos.


Los mismos principales sacerdotes y fariseos testificaron lo siguiente:


“… se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el tercer día… Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia” (Mateo 27.62 al 66 – RVR60).

Estos principales sacerdotes y fariseos, profesaban conocer y enseñar de Dios, pero trataron al Señor Jesús como un engañador. Dieron de su propio dinero a la guardia, para rumorar el hurto del cuerpo por parte de los discípulos, dicho divulgado entre los judíos hasta hoy (Mateo 28.11 al 15). Estos mismos, recurrieron al falso testimonio para acusar y culpar injustamente a Jesús con engaño y mentira: “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte” (Mateo 26.59 – RVR60).


Más adelante se dice lo siguiente: “Y Pilato les respondió diciendo: ¿Queréis que os suelte al Rey de los judíos? Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes” (Marcos 15.9 al 10 – RVR60). Los doctos o líderes religiosos podrían ser muy catedráticos e informados, pero en el plano espiritual, tenían antivalores como la envidia. Su apego a esta envidia los ubica entre el conocimiento natural y el espiritual, pero no logran trascender al celestial, prueba de esto es que rechazan a Jesucristo como Salvador personal. El conocimiento celestial es por medio de la gracia de Dios, mediante la fe en el Señor Jesucristo: “y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2.6 – RVR60). Sin esta sabiduría, la creencia es forzada e impositiva con violencia, caso sucedido con las guerras religiosas del enojo, intolerancia, muerte y odio.


En el primer siglo existían grupos religiosos como los fariseos y los saduceos, quienes rechazan a Jesús. No comprendieron la relación entre la ley y su transformación a la gracia. En una ocasión Jesús se refiere a los maestros de la ley y los fariseos como personas que con sus hechos niegan lo que con sus labios confiesan: “… Mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen” (Mateo 23.2 al 3 – RVR60). Esto significa que son los creyentes pero sin ser practicantes, o sea, espirituales de carácter religioso, pero no celestiales predestinados a ser como Cristo, a quien niegan y rechazan, en su propio perjuicio y riesgo de salvación y vida eterna, porque aunque el conocimiento es poder, sin la práctica de Cristo son nada.


Jesucristo enseña la doctrina del Padre con la autoridad de Dios Hijo: “Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Mateo 7.28 al 29 – RVR60). En la época de Jesús los gobernadores representan el conocimiento natural, los sumos sacerdotes representan el conocimiento espiritual, Juan el Bautista junto con Jesús representan el conocimiento celestial.


Dios nos habla por medio de su Hijo y le delega su autoridad como enviado (Hebreos 1.1 al 2; Juan 3.16 al 18):


“Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia” (Juan 7.16 al 18 – RVR60).

10.4) JESUCRISTO TRANSMITE EL CONOCIMIENTO CELESTIAL


Jesucristo transmite el conocimiento celestial: “Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais; porque yo de Dios he salido, y he venido; pues no he venido de mí mismo, sino que él me envió. ¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra” (Juan 8.42 y 43 – RVR60).


En la época o tiempo de Jesús, con independencia de las creencias del judío, ya sea la creencia como doctor o intérprete de la ley, escriba, fariseo, integrante del sanedrín, sacerdote, saduceo o sumo sacerdote, a pesar de sus diferencias en las creencias, por ejemplo entre fariseos y saduceos en el tema de ángel, espíritu o resurrección (Mateo 22.23; Hechos 23.8), a la hora de creer en Jesucristo, se determina como incrédulo o creyente, en relación con la creencia en Jesús: “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8.31 y 32 – RVR60). En este caso incrédulo es quien no tiene fe y creencia en Jesús, quienes creen en él y perseveran firmes en su palabra, se vuelven verdaderos discípulos.


Aún los propios discípulos sufrieron crisis de incredulidad en su transición del conocimiento natural al espiritual: “... Llegó Jesús, estando las puestas cerradas, y se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20.26 al 27 – RVR60). Además: “... y les reprochó su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que le habían visto resucitado” (Marcos 16.14 – RVR60).


En la época de la actualidad, todo el fraccionamiento cristiano, llámese comunidad de fe, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, es creyente en comparación con la creencia en Jesucristo, a pesar de las diferencias de credos o creencias, doctrinales, dogmáticas, reglamentarias o tradicionales. Los incrédulos son aquellos que solamente tienen el conocimiento natural y se resisten a trascender al conocimiento espiritual: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden...” (1 Corintios 1.18 – RVR60). El conocimiento natural se queda únicamente en sabiduría humana o del mundo según la carne: “Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne...” (1 Corintios 1.26 – RVR60). El conocimiento espiritual jamás se fundamenta en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios: “y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2.4 y 5 – RVR60).


Todos los creyentes son los muchos llamados, pero hay una diferencia en el caso de los pocos escogidos, porque son los verdaderos practicantes del ejemplo y modelo de vida de Jesús, con el poder del Espíritu Santo. Los llamados provienen tanto de judíos como de griegos (gentiles): “mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” (1 Corintios 1.24 – RVR60). El vínculo común es Jesucristo, por lo tanto, en cada fracción del cristianismo, sea una comunidad, congregacional, denominacional, iglesia o religión cristiana antigua o reciente, de ninguna manera es poseedora exclusiva de la verdad única y absoluta, Porque la verdad misma es Jesucristo: “a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito. El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Corintios 1.29 al 31 – RVR60).


El conocimiento natural hace presión para preservar su propia naturaleza contrario al sentido de Cristo: los más conservadores se aferran por cuestiones discriminatorias o raciales para mantener la circuncisión en la carne, como por obras tradicionalistas y no por la fe, obligando a circuncidarse, para no padecer persecución a causa de la cruz de Cristo según Gálatas 6.11 al 15. Además mantenían el rito de sacrificios de corderos, negando el único sacrificio de Cristo para perdón de pecados, mandando guardar la ley de sacrificios y ofrendas, holocaustos y expiaciones por el pecado, preservando de esta forma el sacerdocio literal y no el sacerdocio de Cristo, contrario a la fe en Jesús y opuesto al nuevo pacto:


“15.1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos. 15.2 Como Pablo y Bernabé tuviesen una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que subiesen Pablo y Bernabé a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos, para tratar esta cuestión... 15.4 Y llegados a Jerusalén, fueron recibidos... 15.5 Pero algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Es necesario circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés...” (Hechos 15.1 al 16.5).

Se convirtieron en falsos hermanos, introducidos a escondidas, para tratar de regresarlos a la esclavitud de antes (Gálatas 2.3 al 5; Tito 1.10), la comunidad de fe de Galacia o iglesia de los Gálatas, recibe la influencia por los más extremistas y fanáticos (Gálatas 3.1 al 5, 4.9). El espiritual le hace frente al natural para dar la preeminencia a la voluntad de Dios. El Salmo dice: “La boca del justo habla sabiduría, y su lengua habla justicia. La ley de su Dios está en su corazón; por tanto, sus pies no resbalarán” (Salmo 37.30 al 31 – RVR60). El nuevo pacto hace del justo y santo un templo del Espíritu de Dios (1 Corintios 3.16 al 17, 6.19), y la ley de Dios está en el corazón y la mente. La obediencia ya no es impositiva, por obligación, sino que nace por la gracia recibida de Dios (Romanos 5.17 al 21; 1 Corintios 1.4 al 7; 2 Corintios 1.12; Tito 2.11), porque se produce el amor, la disposición y voluntad para obedecer: “para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” (Tito 3.7 – RVR60).


10.5) TENER LA CONCIENCIA Y MENTE DE CRISTO


Lo celestial influye en la personalidad, del carácter y el temperamento, mejora las actitudes mentales y pensamiento en general, mediante principios, valores y virtudes, con el resultado de una mejor reacción en nuestras acciones o actos, conducta y comportamiento. Hay un cambio para bien en las cualidades, emociones y sentimientos. También en las habilidades, sensibilidad y voluntad, porque se toma en cuenta a Dios para la cotidianidad o diario vivir. Jesús dijo: “... Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos…, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón...” (Mateo 11.25 y 29 – RVR60).


Hay un tipo de conocimiento que con palabras no se puede explicar, sino con las acciones y ejemplo de vida, el testimonio como prueba y justificación de la verdad, es una forma de entendimiento e inteligencia celestial (del cielo o paraíso), es poder de Dios:


“... De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?” (San Juan 3.5 al 12 – RVR60).

Lo nacido de la carne, carne es, en el sentido de que es naturaleza, mientras lo nacido del Espíritu es espiritual, es poder de Dios, así hay sabiduría humana y sabiduría de Dios:


“para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios… Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Corintios 2.5 al 7 – RVR60).

Las personas siempre han buscado adorar algo o a alguien, lamentablemente muy pocos lo han hecho con el conocimiento del verdadero Dios (Hechos 17.22 al 23), otros en cambio habiendo conocido a Dios, no le glorificaron debidamente como a Dios Padre, sino que han honrado y dado culto a las criaturas antes que al Creador, a pesar de toda su creación y de todas las maravillas de Dios, han preferido adorar cualquier otra cosa (Romanos 1.21 al 25). Jesucristo dijo a la samaritana que ellos adoraban lo desconocido (Juan 4.22): “… Si conocieras el don de Dios…” (Juan 4.10 – RVR60). Esta es una situación muy generalizada en la actualidad, ya que la condición de la mayoría, quizás busca llenar un vacío sin importar lo que adora. Pablo entre todos los altares encontró en Atenas un altar al Dios no conocido (Hechos 17.23).


Este conocimiento de Jesucristo y su servicio, ayuda a trascender del conocimiento natural al espiritual. Inclusive la persona que se estanca apegado solo en lo natural, de ninguna manera puede percibir lo espiritual, porque para él es locura: “Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2.14 – RVR60; Efesios 4.18).


La Biblia dice: “Los cielos son los cielos de Jehová; y ha dado la tierra a los hijos de los hombres” (Salmos 115.16 – RVR60). Jesucristo trae consigo el conocimiento de Dios: tanto espiritual como celestial: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos… Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida…” (Juan 3.31 al 36 – RVR60).


El conocimiento natural es aquel donde el ser humano tiene noción de su propia existencia (Salmos 16.7; Juan 1.9). El ser humano es innato desde su creación, en cuestionar, dudar e investigar. Su capacidad natural le posibilita analizar, pensar y reflexionar, para tomar sus propias decisiones, en algunos casos llamado libre albedrío o libertad de elección, aunque en muchos de estos casos se combina con el libertinaje, debido al abuso de exceder el límite en la libertad de elección. A partir de Jesús el libre albedrío se condiciona en el libre albedrío de Jesús, o sea, tener la mente de Jesucristo en la toma de decisiones, para que sean conforme a la voluntad de Dios.


El espíritu o intención del ser humano natural, determina su propia voluntad hacia un fin o meta, ya sea solo terrenal o incursionar en términos espirituales, para alcanzar lo celestial. La Biblia dice:


“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.12 al 16 – RVR60).

El espiritual cumple con su obligación como parte de sus deberes que atañen a la vida litúrgica y religiosa, con la espiritualidad correspondiente, es solamente parte de su compromiso y responsabilidad mínima: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” (Lucas 17.10 – RVR60). Mientras que el celestial trasciende a un conocimiento elevado y superior, proveniente directamente del Padre mediante su Hijo Jesucristo, sin alteraciones, interferencias o perturbaciones humanas.


El conocimiento celestial es un tipo de conciencia e inteligencia que trasciende de lo espiritual a lo celestial. Se presenta un nuevo pensamiento consiente del plan y propósito del reino de los cielos: “… buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra” (Colosenses 3.1 al 2 – RVR60). Este conocimiento celestial se basa en la adhesión y predestinación a ser como Jesucristo. Figurativamente es un gobierno del tercer cielo, porque es tener la conciencia y mente de Cristo. Se reitera: “… Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR60).


10.6) LA CONCIENCIA CELESTIAL


Hay muchos pasajes en los cuales se demuestra que el ser humano se caracteriza como un ser pensante (Deuteronomio 30.19; Eclesiastés 7.29, 11.9; Isaías 1.19 al 20; Marcos 16.16; 1 Corintios 10.12; 1 Timoteo 2.4), puede experimentar tres tipos de realidades de conciencia. Existen tres grados o niveles en el plano dimensional de conocimiento: el natural, el espiritual y el celestial. Obsérvese el plano dimensional de conocimiento de forma alegórica, con una forma de cielo, gobierno, mundo o reino. Las Sagradas Escrituras mencionan: “Alabadle, cielos de los cielos…” (Salmos 148.4 – RVR60), el apóstol Pablo menciona las visiones y revelaciones del Señor, junto con el tercer cielo: “Ciertamente no me conviene gloriarme; pero vendré a las visiones y a las revelaciones del Señor. Conozco a un hombre en Cristo,… fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre… que fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar” (2 Corintios 12.1 al 4 – RVR60).


La búsqueda de Dios es el propósito de la existencia humana: la transformación y transcendencia de lo natural a lo espiritual, hasta llegar a la conciencia celestial. Sin este conocimiento se estanca el objeto y propósito final de la vida, como está escrito: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1.1 al 4 – RVR60).


Para comprender acerca de los tres tipos de conocimiento, se compara con la analogía de la resurrección: “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales” (1 Corintios 15.46 al 48 – RVR60). Alegóricamente es igual en el conocimiento, se nace natural, o sea, terrenal, luego, según la medida de la fe, se posibilita escalar al conocimiento espiritual, con la finalidad de consolidarse a otro nivel del conocimiento celestial, al adherirse y revestirse de Cristo en su semejanza de vida.


El conocimiento celestial transciende de la misericordia a la máxima plenitud de la voluntad de Dios. Por lo tanto, la diferencia entre conocimiento natural y celestial, se distingue más claramente en la historia de la humanidad, a partir del ejemplo de vida de Jesucristo. Se registran sucesos de genocidios por guerras y masacres, llevados a cabo en el nombre del Señor Jesús, con la finalidad de imponer, extender geográficamente y hacer proselitismo de la religión. Por ejemplo, en el tiempo de la conquista de los europeos frente a los nativos de América, pero esta situación nunca representa el creer en su nombre, el asesinato, división, intolerancia, irrupción, muerte, odio, persecución, repudio, rivalidad religiosa y violencia, es contraproducente a la enseñanza de Jesús como ejemplo, modelo de vida cotidiana en amor, valores comunitarios y universales.


La verdadera trascendencia al paraíso, es trascender a la práctica del amor y justicia de Dios. Prevalece el respeto inalienable a la vida humana, la convivencia de reino de Dios entre nosotros, los derechos humanos de vida irrenunciables, irrevocables e intransferibles, la misericordia, paz y santidad. Predomina lo celestial, ante lo animal, carnal, diabólico, malo, pecaminoso y terrenal: “… cuyo dios es el vientre,… que sólo piensan en lo terrenal. Mas nuestra ciudadanía está en los cielos…” (Filipenses 3.18 al 21 – RVR60). También la Biblia dice: “porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” (Santiago 3.15 – RVR60).


En Dios se vive el verdadero amor (Romanos 5.8.), de su procedencia (1 Juan 4.7), y le amamos porque él nos amó primero (1 Juan 4.19). El amor a Dios es guardar sus mandamientos (1 Juan 5.3): “El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor” (1 Juan 4.8 – RVR60). En el caso de la ausencia en la comprensión del mensaje de Jesús, la vida humana queda sin trascendencia ante Dios (Colosenses 3.1 al 4), solamente terrenal y superficial: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso…” (1 Juan 4.20 – RVR60). Jesús dijo: “Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado” (Juan 15.12 y 17 – RVR60).


La Biblia también dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6.16 al 19 – RVR60). Han muerto millones de inocentes, por causa de la apoteosis de quienes se han endiosado: altivos, arrogantes, engreídos, fatuos, soberbios, manifestado en los casos de las cruzadas, expansionismo imperial, guerras religiosas, conflictos étnicos ancestrales. Desde el principio de los tiempos se utiliza a Dios o la religión como pretexto para la violencia. También la dominación e invasión territorial para la explotación de los pueblos: “Abominación es a Jehová todo altivo de corazón; ciertamente no quedará impune” (Proverbios 16.5 – RVR60). Por otra parte, se dice que en el 2019 la persecución a los cristianos se agravó a niveles de genocidio, previo a la llegada de la pandemia del COVID-19 o SARS CoV-2.


El ejercicio de la iglesia como un reino eclesiástico, fundado por Jesús, donde Pedro mismo estuvo entre los fundadores con los demás apóstoles, no consiste en un reino económico, financiero, físico, literal, lucrativo, material, militar, político, semejante a las monarquías o repúblicas:


“Entonces Pilato volvió a entrar en el pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los judíos?... Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí. Le dijo entonces Pilato: ¿Luego, eres tú rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy rey. Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio a la verdad. Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz” (Juan 18.33 al 38 – RVR60).

10.7) CARACTERÍSTICAS DE LA TRASCENDENCIA AL CONOCIMIENTO CELESTIAL


Entre las características para identificar la trascendencia al conocimiento celestial están las siguientes: cuando el ser humano pasa a ser morada del Espíritu Santo, su condición espiritual es ser practicante del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Esto significa que se reconoce a quienes han trascendido al conocimiento celestial, por medio de que son personas discípulas y discípulos del Señor Jesucristo. Dentro de cada congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, en la colectividad de cada uno de estos grupos, hay individualmente auténticos discípulos del maestro y mentor Jesucristo. Por primera vez los discípulos fueron llamados cristianos en Antioquía (Hechos 11.26, 26.28). Posiblemente esta calificación proviene de los observadores externos al movimiento de Cristo, porque a lo interno su reconocimiento es por ser los discípulos de Jesucristo.


Hay una bifurcación, donde el gran grupo de creyentes se divide en dos, los que se quedan solamente como creyentes y los que en realidad o verdaderamente son los practicantes. También como la dicotomía del conjunto dividido en dos subconjuntos, el de los falsos adoradores y el de los verdaderos adoradores en espíritu y en verdad. Jesús dice: “... los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad...” (Juan 4.23 – RVR60). Por lo tanto, muchos son los llamados cristianos, y pocos los discípulos de Jesucristo. La Biblia dice: “El discípulo no es más que su maestro,... Bástale al discípulo ser como su maestro...” (Mateo 10.24 al 25 – RVR60). Por otra parte, también se menciona lo siguiente: “El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro” (Lucas 6.40 – RVR60). El grado más alto de jerarquía en el servicio a Dios es ser discípulo de Jesucristo, pero dentro del cristianismo algunos pretenden ser más o superiores a Jesucristo, quien dice lo siguiente: “... uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos” (Mateo 23.8 y 10 – RVR60). Además dice: “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado...” (Mateo 28.18 al 20 – RVR60).


No basta con ser creyentes, sino con ser practicantes, apartados de costumbres y hábitos del ordenamiento establecido en el mundo, de los sistemas de dominación de injusticia y pecado. Es la dedicación a la voluntad de Dios, con justicia y rectitud, en medio de los sistemas de vida inmoral y de todo aquello contraproducente a la pureza o moralidad (2 Corintios 6.17 al 18). El Señor hace un reclamo cuando le llamamos Señor, pero no hacemos su voluntad (Lucas 6.46), será acaso la presunción de ser discípulos del Señor sin amor de Dios, consagración y santidad, en medio de adversidad, dificultad, enfermedad, hostilidad y sin la práctica de una moderación de abstinencia, austeridad, castidad, continencia, decencia, obediencia, sencillez, modestia y recato.


La persona nacida de Dios, no puede aislarse del mundo, en el sentido de evadir en la sociedad el ejercicio del amor de Dios y la misericordia al necesitado, es imprescindible hacer el bien a los demás y amar a todos a su alrededor, con el fin de proveer lo necesario, ya sea abrigo, acompañamiento, apoyo, asilo, protección, refugio. ¿Qué recompensa tendría aquel que solamente ama a quienes también lo aman? (Mateo 5.46; Lucas 6.32). Sin hacer equidad y justicia para cada necesitado, porque Dios mismo hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos (Mateo 5.44 al 48). Se requiere en forma constante las buenas relaciones con los semejantes, especialmente en ayuda mutua y bien común, justicia de Dios y sincero amor.


El fruto es el creyente practicante, se alimentan con su ejemplo quienes están a su alrededor. La templanza quiere decir moderar cualquier tipo de apetito y sujetarlo a la razón. La constancia junto con el dominio propio, estabilidad y firmeza, previenen en la persona la altivez, el enojo y la ira, en la personalidad del carácter y temperamento: “… no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo…” (1 Pedro 4.12 al 13 – RVR60).


La iluminación de la sabiduría con la obediencia, resulta en mantener un buen comportamiento y conducta al cumplir con la voluntad de Dios, a pesar de lo difícil que sean las circunstancias, según el ejemplo de Cristo (Hebreos 5.7 al 9). La obediencia a Dios, es cumplir su voluntad, según nos enseña el mismo Señor Jesús, por quien recibimos la gracia, para la obediencia a la fe en todas las naciones y para testimonio de la luz de Dios en el diario vivir.


El contraste entre lo natural, espiritual y celestial tiene diferencia y oposición notable, según se trasciende de un conocimiento a otro. Los ojos naturales tienen una visión corta y limitada, con una perspectiva de apariencia o engañosa en la valoración de lo visible. El ser humano observa el mundo desde una dimensión plana, así en el caso de la distancia considera el mundo como una superficie plana, en su análisis y apreciación ve el hemisferio terrestre como un planeta plano. Se basa en su observación durante las migraciones, recorridos o traslados de una región a otra zona geográfica, ya sea por cuestiones administrativas, étnicas, laborales, lingüísticas y de subsistencia, entre otras.


10.8) JESUCRISTO TIENE LA PREEMINENCIA


El tipo de conocimiento considerado como celestial, hace alusión al conocimiento que es por revelación del Espíritu Santo de Dios con la finalidad de comprender, obedecer y ser semejantes a Jesucristo en el diario vivir (1 Corintios 2.9 al 13). El espíritu del hombre que está en él es la intención de su propia mente, por esta razón se conoce a sí mismo hasta lo más secreto de su vida, pero el secreto del conocimiento celestial está en Cristo: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo” (1 Corintios 2.16 – RVR60).


Es indispensable y vital la transición de natural a espiritual, mediante Jesucristo, que habilita y posibilita la trascendencia al conocimiento celestial. Se reitera que el humano deja de ser solamente natural cuando empieza a ser morada del Espíritu Santo de Dios: “el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14.17 – RVR60). El Espíritu de Dios de ninguna manera es exclusivo de una sola congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, porque Jesucristo dijo: “El que de arriba viene, es sobre todos; el que es de la tierra, es terrenal, y cosas terrenales habla; el que viene del cielo, es sobre todos... Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; pues Dios no da el Espíritu por medida” (Juan 3.31 al 34 – RVR60).


Lo que se da por medida es la fe, por esta razón hay tanta variedad de doctrinas y dogmas infinitos, que nunca terminan de surgir dentro del cristianismo, así, la gran cantidad de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones, que dicen cada una tener la verdad única y absoluta. Mientras que el practicante seguidor de Jesucristo ejerce y enseña, según el ejemplo y modelo, semejante a Jesús, quien trajo el mensaje del Padre Celestial. Observemos estas palabras claves:


“... vuestro culto racional... la renovación de vuestro entendimiento... no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno... así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que teniendo diferentes dones, según la gracia... conforme a la medida de la fe;... El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno. Amaos los unos a los otros con amor fraternal...” (Romanos 12.1 al 10 – RVR60).

El problema es que quienes se estancan únicamente como creyentes, siguen siendo terrenales y argumentos terrenales son las que se transmite. Profundicemos la palabra de Dios al respecto, cualquier integrante o miembro creyente de una congregación, denominación, iglesia o religión, podría equivocadamente rivalizar hasta el odio por cuestiones de creencias. Esto lo hace terrenal, pero ninguno que practique la obra de Jesucristo, podría con sus acciones, gestos, hechos o palabras, negar a Cristo y tratarlo de anatema, o sea, decir mal contra otro para que sufra daño de maldición:


“Por tanto, os hago saber que nadie que hable por El Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo. Ahora bien, hay diversidad de dones pero el Espíritu es el mismo” pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1 Corintios 12.3 al 14 – RVR60).

Ninguna organización eclesiástica o persona podría dividir el Espíritu Santo ni dividir a Cristo. Lo que pasa es que algunos sin temor de Dios, privatizan a Cristo en un supuesto beneficio e interés particular y muy exclusivo de su agrupación, pero ante Dios todos son iguales dentro del fraccionamiento cristiano, porque el común o unidad está en Cristo, para salvación y vida eterna, de lo contrario se vive en engaño como dice la Biblia:


“Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados” (1 Juan 2.25 al 28).

La unción del Espíritu Santo mantiene a la persona firme en Cristo, especialmente en el conocimiento celestial enviado del Padre, donde Jesucristo tiene la preeminencia. El engaño es cuando se pretende anteponer doctrinas o dogmas de salvación y vida eterna, por encima de Cristo: “El Padre ama al Hijo, y todas las cosas ha entregado en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3.35 al 36 – RVR60).


La inteligencia es una facultad de comprender o percibir la relación de ideas, para darse cuenta, descubrir y hallar la explicación de lo que estaba escondido, ignorado u oculto. Es interesante la respuesta de Jesús cuando le preguntan si eran pocos los que se salvan: “Y alguien le dijo: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán” (Lucas 13.23 al 24 – RVR60). La mención de que muchos procuran, son los muchos llamados, que están involucrados en el mundo espiritual, en la proliferación de creencias y prácticas ajenas a Jesucristo, quien es la verdadera puerta del conocimiento celestial: “... Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR60).


Toda doctrina o dogma, que desvía la atención de Cristo y le resta la preeminencia, está en función de quienes procuran entrar con diligencia, pero sin poder acceder a lo que verdaderamente tiene importancia para la salvación en Cristo: “Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos” (Juan 10.9 – RVR60). Mientras el ser humano tenga la capacidad de interpretar y opinar, surgirán doctrinas y dogmas siempre. Por este motivo corresponde a la legislación infinita o interminable del conocimiento espiritual.


Actualmente el conocimiento de orden natural ocupa la energía y mente de toda la humanidad, ya sea en lo científico, comercial, económico, financiero, militar, político, entre otros. Aún en el caso de los espectáculos artísticos, deportivos y musicales cautivan y entusiasman al mundo entero, muchas veces más que honrar y glorificar a Cristo con sus vidas. Pablo menciona lo siguiente: “... Todo aquel que lucha, de todo se abstiene;... no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9.24 al 27 – RVR60). El conocimiento que se queda solamente en lo natural, tiene su planificación y proyección de vida proyectada a este límite de existencia natural. Hasta los planes de jubilación son para este mundo material y terrenal. Mientras que el espiritual planifica su vida proyectada a la venidera después de esta vida, o sea, es semejante a vivir para servir, con el planeamiento y preparación para recibir una jubilación de vida eterna, después de esta muerte física, material o terrenal.


La dedicación y disposición exclusiva de esta vida, para recibir de recompensa los beneficios, bienes y servicios de este mundo es el camino ancho o la puerta ancha, a diferencia el objetivo, meta y propósito de lo celestial es el camino angosto o puerta angosta: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puesta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7.13 al 14 – RVR60). El espiritual está en una posición de expectativa de la realidad, o se encaja a lo natural o se desprende y libera hacia la verdad celestial mediante Jesucristo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo,... que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia” (Efesios 1.3 y 8 – RVR60).


La construcción del concepto y origen de lo que se llama inteligencia emocional, en relación con la comprensión de nuestras emociones para conducirlas adecuadamente en la conducta y pensamiento, generador de una mejor respuesta de comportamiento reactivo al medio, de ninguna manera tiene procedencia humana, sino previamente es designio divino desde la creación. Observemos los siguientes indicios: “En el principio Creó Dios los cielos y la tierra... y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1.1 al 2 – RVR60). Desde un principio se hace mención de Dios y de su Espíritu, relacionado con energía y poder, la fuerza de la voluntad de Dios en la acción y efecto de la Creación.


Esto se demuestra cuando Dios dice: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza... Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1.26 al 27 – RVR60). Previo a la existencia del ser humano hay un modelo de referencia, de imagen y semejanza, que tiene que ver con los atributos y carácter de Dios: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones” (Salmos 100.5 – RVR60). La voluntad de Dios se manifiesta en el inicio de lo existente: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4.11 – RVR60).


La persona de Cristo es la parte visible que nos hereda el ejemplo, modelo y testimonio de vida espiritual y celestial. Los valores de Dios jamás son relativos en el sentido de ser variables, debido a las circunstancias o a la época; y tampoco son subjetivos, según el modo de pensar y sentir de cada persona. Esto porque los valores de Dios son universales y tienen un mismo significado en todas las culturas, sociedades y zonas geográficas del planeta. Por ejemplo, el amor de Dios, la fe de Dios, la justicia de Dios, la misericordia de Dios, es igual en cualquier parte del mundo espiritual. Es el ser humano natural que tiene una actitud de relativismo y subjetividad engañosa en los valores, para confundir y distorsionar la voluntad de Dios y convertir en libertinaje la gracia de Dios. La palabra transmitida por el Hijo de Dios en representación de Dios Padre, es común para toda la humanidad como una sola raza humana. La única división es étnica en el sentido de las costumbres por herencia cultural o nacional. Jesucristo es el medio, motivo y la razón de conocer la verdadera realidad. Es la única aspiración para el ser humano de recibir salvación y vida eterna. Por este motivo tanto asesinato, delincuencia, criminalidad, guerras, muerte, odio, rivalidad y demás antivalores imperantes en el mundo natural. Por el contrario, en relación con los valores comunitarios y del reino de Dios, del conocimiento espiritual necesario para dejar lo natural y trascender al conocimiento celestial.


10.9) SOLO EN JESUCRISTO HAY SALVACIÓN Y VIDA ETERNA


El conocimiento celestial se demuestra con experiencia y práctica, no se queda solamente en la retórica de la palabrería de embellecer la expresión, con la finalidad de deleitar, conmover o persuadir a los oyentes, a veces basado solo en las apariencias del emisor, sin credibilidad y respaldo. No nos equivoquemos, el plan de Dios es en función del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo, la palabra divina se vuelve en la acción humana de Jesús, quien testifica de sí mismo lo siguiente: “¿Ni aun esta escritura habéis leído: La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo, el Señor ha hecho esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos?” (Marcos 12.10 al 11 – RVR60). A continuación un texto determinante: “… siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2.19 al 22 – RVR60).


La Sagrada Escritura se explica claro y presenta expresiones claves, por ejemplo, la ignorancia por falta de lectura de algunos pasajes escritos en la Biblia, porque quienes edifican el pueblo de Dios y posteriormente la iglesia, desechan a Jesucristo, el coordinador principal que ha venido a ser cabeza, nosotros vamos creciendo, edificados para ser un templo santo en el Señor y morada de Dios en el Espíritu. Esta palabra de Dios dice: “Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.11 al 12 – RVR60).


La Biblia cuestiona si a la segunda venida de Cristo, ¿encontrará fe en la tierra?: “… ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18.6 al 8 – RVR60). Este término de hacer justicia a sus escogidos, llama la atención la mención de la palabra escogidos. El apóstol Pedro en su primera epístola menciona:


“Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa,… edificados como casa espiritual… por medio de Jesucristo… Ha venido a ser la cabeza del ángulo; y piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 Pedro 2.4 al 8 – RVR60).

Jesucristo es desechado por los seres humanos, fue escogido y enviado de Dios, quienes lo rechazan y se resisten, con tropiezo en la palabra y desobediencia, se destinan a sí mismos, por su oposición a Cristo. Es el ser humano que se posibilita o se restringe por su libre elección el ser semejante en ejemplo y modelo de la vida de Jesucristo. Vamos a parafrasear lo dicho, Jesucristo es el elegido o escogido de Dios, sus seguidores por lo tanto serán quienes eligen o escogen ser como Cristo. El predestinado de Dios es Jesucristo, sus seguidores entonces serán los que se destinan por su elección ser semejantes en vida a Jesucristo, por el contrario quienes actúan como anticristianos o anticristos, son los que por su determinación deciden seguir su propio destino contrario a Cristo.


¿Cómo podemos relacionar los pasajes anteriores a nuestro mundo espiritual y religioso de todas las comunidades de fe, congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas? En el primer lugar, en respuesta a que si encontrará fe el Señor Jesucristo para su pronta y segunda venida, lamentablemente la fe estará enfocada en la diversa e infinita multitud de doctrinas y dogmas de los grupos congregacionales, denominacionales, eclesiásticos y religiosos. Por lo general, se apela y pretende en demostrar y justificar que se tiene la verdad absoluta y única. Esto sirve de cortina de humo, nublado o ruido como distractor, que desconcentra la atención y enfoque hacia la segunda venida de Jesucristo. Ejemplo de posiciones conflictivas al grado de muertes, persecuciones y torturas, por diferencias de creencias. Estas situaciones milenarias se han presentado hasta nuestros días.


Actualmente por medio de las palabras se desprestigia, denigra y difama, desde un altar o púlpito, a los supuestos adversarios en la fe. El centro de atención y exaltación es el humano mismo, por estímulo y excitación del ánimo, pasión o sentimiento, provocado por la oratoria y retórica de los adoctrinadores, en lugar de la enseñanza y vivencia del ejemplo y modelo de vida de Jesucristo a través de los actos, acciones y hechos, fruto de la actitud, conducta y comportamiento.


La legislación espiritual al comentar, interpretar y opinar a través de la creación y documentación de doctrinas y dogmas es infinito, ineludible, inevitable, principalmente en la especialidad de condenar a los demás. La libertad que hemos recibido en Cristo en el nuevo pacto, implica practicar la justicia y obedecer la fiel voluntad de Dios (Salmos 119.172). La libertad en Cristo no es hacer lo que se quiera, sino ser libre del pecado por obedecer la palabra de Dios. Esta libertad se entrelaza con la justicia, porque la libertad responsabiliza al ser humano de sus actos, ya que no está sometido por el pecado, una vez libre interviene la justicia para hacer lo correspondiente al orden y a la rectitud. Dios para dar a cada persona la libertad de la esclavitud del pecado, justifica al ser humano por medio de la fe en la sangre de Jesucristo, justificando gratuitamente por su gracia, de manera que la gloria y la honra son para Dios, es el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús (Romanos 3.21 al 26).


10.10) JESUCRISTO EL ÁRBOL DE LA VIDA


Una alegoría es la representación de una idea abstracta a través de otra que tiene una relación real, es la expresión por medio de una figura literaria para transmitir el entendimiento de otra idea distinta. La Biblia presenta numerosas alegorías y simbologías.


La respuesta la encontramos desde el Edén: el árbol de la ciencia no estaba solo, sino junto al árbol de la vida: “Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol…, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Génesis 2.9 – RVR60). Esto representa un simbolismo y un significado, según la Santa Biblia: “Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida…” (Apocalipsis 22.14 – RVR60). El caso de Adán y Eva fue un asunto de las acciones: demostraron ser indignos, simbolismo a través de su desnudez o falta de las vestiduras: “Y lo sacó Jehová del huerto… Echó, pues, fuera al hombre…” (Génesis 3.23 al 24 – RVR60). Hubo una posición defensiva de justificación sin asumir responsabilidad.


También las vestiduras pueden ser vestiduras de arrepentimiento y perdón. Al principio no hay malicia, sino cuando entra la malicia se sienten desnudos, antes son inocentes. Una vez que comen, se dan cuenta de la realidad enfrentada y pasan a un estado consciente. Abren sus ojos del entendimiento, la conciencia ahora le habla al ser humano, es el conocido diálogo entre Dios y la persona. Hay una interacción entre lo natural, pasando por lo espiritual y finaliza en el conocimiento de Dios con lo celestial, cuando se completa todo el proceso establecido.


El verdadero significado de la salvación de los que lavan sus ropas, está asociado a la idea de unas vestiduras blancas junto con la dignidad: “… Y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apocalipsis 7.13 al 14 – RVR60). Además se dice: “… y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre…” (Apocalipsis 3. 4 al 5 – RVR60).


La dignidad es correspondiente con el resultado de las acciones que hacen a la persona digna de respeto y de la promesa del galardón, en este caso de la vida eterna. Estas acciones tienen relación con la excelencia, honestidad, honor y pundonor, y todo lo relacionado con el buen comportamiento, las buenas costumbres y la sabiduría que es de lo alto: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3.17 al 18 – RVR60). Esta sabiduría es la propuesta y promovida por Jesucristo, predicada con su ejemplo y modelo de vida, mediante sus acciones, actitud y obra. El árbol de la vida sirve para sanidad: “… Estaba el árbol de la vida,… y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones” (Apocalipsis 22.2 – RVR60). Jesús ofrece al vencedor comer del árbol de la vida (Apocalipsis 2.7), para mantener y mejorar el estado de salud y vida espiritual, como trascendencia a la vida eterna en estado incorruptible e inmortal (celestial).


El evangelio se transmite con un tipo de sensibilidad en el Señor Jesucristo, movido por la compasión y la ternura, que muchas veces no es correspondido por el ser humano. El auge de la plenitud de la fe en el justo, se da a partir de la inspiración de Dios, por efecto de su energía, fuerza, gracia y poder transmitida con su Espíritu, para devolver a Dios lo que es de Dios. Este vínculo entre corazón y el Espíritu de Dios, se asocia muchas veces al conocimiento y la mente, para dar a Dios a plenitud con justicia lo que le corresponde, de forma auténtica, genuina, sin hipocresía, ni falsa apariencia de devoción y virtud, sino con verdadero amor a Dios, especialmente porque es el Creador y dueño de todo lo existente.


Los pasajes anteriores también aplican en el nuevo pacto a los gentiles, debido a la promesa de la fe, donde se involucra al resto de las naciones. La muerte de Jesucristo en la cruz, establece la paz, respeto y solidaridad entre los pueblos. Jesús dijo: “… Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10.10 – RVR60). La vida en abundancia es ser lleno del Espíritu de Dios, con un corazón, espíritu nuevo y las leyes de Dios escritas en el corazón y la mente. La vida abundante en nuestro Señor Jesús, corresponde a una vida cercana y consagrada a Dios, nutrida y rebosante en el Espíritu: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados” (Hechos 26.18 – RVR60).


10.11) LA PRÁCTICA Y VIVENCIA EN JESUCRISTO


Los dos puntos primordiales para el análisis respectivo, en comparación al ser humano, el único con inmortalidad es Jesucristo para ascender al cielo y acceder o habitar en luz inaccesible, ya que no se puede como ser humano corruptible y mortal. El ser humano antes de la transgresión de pecado, representado en Adán y Eva, fueron creados a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1.26 al 27, 5.1 y 9.6), sin embargo, la procreación es a semejanza e imagen de Adán: “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamó su nombre Set. Y fueron los días de Adán después que engendró a Set, ochocientos años, y engendró hijos e hijas...” (Génesis 5.3 al 5 – RVR60), resulta que el postrer Adán, que es Jesucristo, es la imagen visible del Dios invisible (Colosenses 1.15), sus seguidores y servidores tienen que llegar a ser a imagen de Jesucristo: “... Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.28 al 29 – RVR60).


Por lo tanto, aclaramos que el mundo espiritual es importante y necesario, porque es un medio para dar paso entre lo natural y lo celestial a través del conocimiento de Jesucristo. Es vital la acción de congregarse para una plena comunión, ya sea en una comunidad, congregación, denominación, iglesia o religión cristiana: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca” (Hebreos 10.24 al 25 – RVR60). En la reunión para las actividades, ceremonia, liturgia, el aprendizaje, docencia y enseñanza tiene que ser con la preeminencia de Jesucristo, en la práctica de la vivencia cotidiana. Esto significa congregados en su nombre: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18.20 – RVR60).


La Biblia dice: “Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante” (1 Corintios 15.45 – RVR60). La sensibilidad del desapego a lo carnal y terrenal, para que lo corporal sea morada del Espíritu Santo, hace que la persona natural deje de ser solamente natural y pueda trascender a lo celestial. La palabra de Dios confirma lo siguiente:


“... a la congregación de los primogénitos que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus de los justos hechos perfectos, a Jesús el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que la de Abel. Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos” (Hebreos 12.18 al 25 – RVR60).

El apóstol Pablo afirma que carne y sangre, en otras palabras, el ser humano con cuerpo corruptible, no puede heredar el reino de Dios (1 Corintios 15.50). En el caso de Enoc y los demás mencionados en Hebreos 11.1 al 12, murieron sin haber recibido las promesas (Hebreos 11.13 y 16 y 39 al 40). Job tenía la esperanza de la resurrección y de ver a Dios (Job 19.25 al 27). Esta es la promesa mencionada por Jesús cuando dijo acerca de bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.


Esto significa que quienes consideran su salvación mediante el proselitismo y su religión, antes que en Jesucristo, entonces viven una fe ciega, tal es el caso de los fariseos, en una condición de comodidad y confort religioso, que se sienten ofendidos porque son intolerantes al mensaje de Jesús: “… Toda planta que no plantó mi Padre Celestial, será desarraigada. Dejadlos; son ciegos guías de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo” (Mateo 15.7 al 14 – RVR60), o sea, algunos supuestamente en nombre de Dios y por aparente evangelización, incurren en infundir desamor y odio religioso, al punto de los asesinatos y guerras de índole religioso. El paradigma de la salvación por las doctrinas y dogmas, con las que se sustituye a Jesucristo.


En el nuevo pacto Cristo manda a amar a los enemigos, bendecir a los que maldicen, a hacer el bien a los que aborrecen, y orar por los que ultrajan y persiguen (Mateo 5.43 al 44; Lucas 6.27 al 31). El apóstol Pablo dice que en cuanto dependa de uno, hay que tener paz con todas las personas (Romanos 12.18). Debemos aprender a perdonar, siendo humildes, mansos y prudentes, ya que el mandamiento es amarnos unos a otros como Jesús nos amó (Juan 15.12). Las enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, envidias, homicidios, son parte de los frutos de la carne (Gálatas 5.20 al 21). Los hermanos de José por envidia intentan matarlo (Génesis 37.20 al 22), y lo echaron en una cisterna, posteriormente lo vendieron por veinte piezas de plata (Génesis 37.24 al 28). Coré y otros descendientes de Rubén, se levantaron contra Moisés y Aarón en el desierto (Números 16.1 al 4, 30 al 33). Absalón por venganza mató a su hermano Amnón (2 Samuel 13.28 al 29). En el antiguo pacto era permitido el ojo por ojo y diente por diente, sin embargo, Jesús dice que no hay que resistir al que es malo, ni al que hiere, ni al que quiere poner a pleito, ni al que quita, ni al que obliga (Mateo 5.38 al 40). De las cosas que aborrece Jehová, son las manos derramadoras de sangre inocente y el que enciende rencillas entre hermanos (Proverbios 6.16 al 19). Se requiere la acción de la esperanza y pacificación, mediante la paz personal, quietud, serenidad y tranquilidad.


CAPÍTULO 11: EL ACOMPAÑAMIENTO CELESTIAL


El acompañamiento celestial fortalece y refuerza en cada persona, la confianza, esperanza, fe y seguridad en Jesucristo, quien es la mayor riqueza que podría experimentar un ser humano: “A los cuales quiso Dios hacer notorias las riquezas de la gloria de este misterio entre los Gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria: El cual nosotros anunciamos, amonestando á todo hombre, y enseñando en toda sabiduría, para que presentemos á todo hombre perfecto en Cristo Jesús: En lo cual aun trabajo, combatiendo según la operación de él, la cual obra en mí poderosamente” (Colosenses 1.27 al 29 – RVR1909). Jesucristo afirma este acompañamiento por siempre: “Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén” (Mateo 28.20 – RVR1909). La sabiduría de Jesucristo corresponde a un conocimiento celestial en profundidad, a tal grado y nivel que su transmisión requiere el Espíritu Santo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos; Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conocéis; porque está con vosotros, y será en vosotros” (Juan 14.15 al 17 – RVR1909).


Este empoderamiento en el Espíritu Santo, la cual obra mediante la operación de Jesucristo con toda sabiduría poderosamente, de ninguna manera se adquiere con dinero como hace mención Simón el que ejerció las artes mágicas: “Y como vió Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, Diciendo: Dadme también á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero” (Hechos 8.18 al 20 – RVR1909). La verdadera riqueza espiriritual consiste en el empoderamiento en el conocimiento y sabiduría de Jesucristo a través del Espíritu Santo, que no se compra con dinero, sino que se empodera con el hacer la voluntad de Dios Padre. Todo este proceso es el acompañamiento celestial:


“Dícele Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada. El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habéis oído, no es mía, sino del Padre que me envió. Estas cosas os he hablado estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho” (Juan 14.22 al 26 – RVR1909).

Se dice acerca de los seres humanos que unos nacen para ser líderes y otros nacen para ser seguidores. Esta afirmación es cierta en la medida de que el líder es Jesucristo y los seguidores son aquellos que siguen a Jesucristo. También se dice que un líder ve más allá, Jesucristo sobre todo ser humano que haya existido en la historia de la humanidad, tiene la exclusividad y ventaja de recibir y transmitir un conocimiento celestial directamente de Dios Padre. Esto hace a Jesucristo el líder absoluto, único y verdadero. El Señor Jesucristo dice en la Escritura:


“Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, pero claramente os anunciaré del Padre. Aquel día pediréis en mi nombre: y no os digo, que yo rogaré al Padre por vosotros; Pues el mismo Padre os ama, porque vosotros me amasteis, y habéis creído que yo salí de Dios. Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. Dícenle sus discípulos: He aquí, ahora hablas claramente, y ningún proverbio dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios” (Juan 16.25 al 30 – RVR1909).

Jesucristo es la explicación de por qué el ser humano aprende directamente de Dios Padre. La autoridad y potestad delegada por Dios para transmitir el conocimiento celestial está en Jesucristo:


“Respondió entonces Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre: porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo á los que quiere da vida. Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo; Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió” (Juan 5.19 al 23 – RVR1909).

El acompañamiento celestial ofrece al ser humano un aprendizaje continuo para mejorar continuamente como persona. Jesucristo como Prototipo es el perfecto ejemplo y modelo de vida en sus atributos, características, cualidades, principios, valores y virtudes: “Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13.15 – RVR1909). También los seguidores de Jesucristo son llamados a mostrarse como ejemplos de comportamiento y conducta: “Mostrándote en todo por ejemplo de buenas obras; en doctrina haciendo ver integridad, gravedad, Palabra sana, e irreprensible; que el adversario se avergüence, no teniendo mal ninguno que decir de vosotros” (Tito 2.7 al 8 – RVR1909). Si en Jesucristo encontramos un Prototipo único, en sus seguidores vemos un estereotipo en el buen sentido de la palabra: “Y conversaron todo un año allí con la iglesia, y enseñaron á mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía” (Hechos 11.26 – RVR1909). Esta diferenciación social de llamar cristianos a los seguidores de Cristo, es una observación de terceras personas que en Antioquía llama con esta denominación o nombre de cristianos, a manera de un estereotipo, sin embargo, a lo interno de la comunidad de fe se hacen llamar discípulos de Jesucristo, por su ejemplo y testimonio de vida que los diferencia.


Este tipo de estereotipo de los cristianos presenta un equilibrio de actitud pasional, entre lo anímico, emocional y sentimental, con la realidad de su estilo o forma de vida, por esta razón Pablo en su defensa les llama el Camino: “Esto empero te confieso, que conforme á aquel Camino que llaman herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas; Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos, la cual también ellos esperan. Y por esto, procuro yo tener siempre conciencia sin remordimiento acerca de Dios y acerca de los hombres” (Hechos 24.14 al 16 – RVR1909). Los discípulos de Jesucristo son el Camino, porque siguen a Jesucristo el Camino: “Mas el que guarda su palabra, la caridad de Dios está verdaderamente perfecta en él: por esto sabemos que estamos en él. El que dice que está en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2.5 al 6 – RVR1909). El término estereotipo no tiene nada de despectivo ni peyorativo, al contrario es dejar una imagen o impresión fuerte o sólida, en el concepto de los demás: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Corintios 11.1 – RVR1909). También se dice: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad los que así anduvieren como nos tenéis por ejemplo” (Filipenses 3.17 – RVR1909).


El ejemplo y modelo siempre es con referencia en Jesucristo, la sinergia o acción conjunta para un fin común está entre Jesucristo y cada persona individualmente, manifestada en un caminar o vivir una forma de vida. En este caminar se conjugan los elementos de lo afectivo, cognitivo y conductual, porque es fundamental el conocimiento o información que recibimos, nuestra actitud al momento de procesar los datos, enseñanza o mensaje, manifestado en nuestras emociones y sentimientos, y finalmente reflejado en nuestros actos o acciones cotidianas, tal es el caso de los discípulos de Jesucristo: “Llegó entonces á Efeso un Judío, llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras. Este era instruído en el camino del Señor; y ferviente de espíritu, hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñando solamente en el bautismo de Juan. Y comenzó á hablar confiadamente en la sinagoga: al cual como oyeron Priscila y Aquila, le tomaron, y le declararon más particularmente el camino de Dios” (Hechos 18.24 al 26 – RVR1909).


El pasaje anterior menciona la capacidad de elocuencia, empoderamiento en las Escrituras, instrucción en el camino del Señor, fervor y diligencia en la enseñanza y oratoria. Esta capacidad requiere el estudio e investigación en profundidad de la palabra de Dios, con pensamiento analítico y sentido crítico. El control y dominio de la dimensión emocional se expresa en la relación social con los demás, los valores intrínsecos arraigados profundamente tienen una coherencia de integridad de adentro hacia lo externo, demostrados visiblemente en la vida cotidiana. A esto le llamamos una vida de integridad consciente, en armonía y congruencia con los principios, valores y virtudes. La interioridad del amor y servicio, fluye significativamente en ayudar a quienes están a su alrededor, porque con el bien común y recíproco se posibilita el compromiso y responsabilidad social ante Dios. Tener el pensamiento claro del rumbo a seguir, el respeto a la autoridad y voluntad de Dios, nos proyecta de esta vida terrenal a la promesa de vida eterna, en la dimensión del ámbito celestial. Para comprender el entorno es necesario comprenderse a sí mismo desde adentro hacia afuera, porque para amar al prójimo se requiere primeramente amarse a sí mismo.


Una espiritualidad elevada se refiere a estar por encima de la dimensión o plano natural, para trascender hacia lo celestial. La naturaleza humana por sí misma tiene imposibilidad de trascender, sino es por medio del don del Espíritu Santo. A manera de una analogía en el caminar, se requiere muchas veces de la protección atmosférica de un paraguas o una sombrilla, ya sea para la lluvia o para el sol. Así como se despliega un paraguas para la protección corporal, el Espíritu nos cubre y protege para la renovación en nuestra dimensión espiritual: “Que os dé, conforme á las riquezas de su gloria, el ser corroborados con potencia en el hombre interior por su Espíritu. Que habite Cristo por la fe en vuestros corazones; para que, arraigados y fundados en amor, Podáis bien comprender con todos los santos cuál sea la anchura y la longura y la profundidad y la altura, Y conocer el amor de Cristo, que excede á todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efesios 3.16 al 19 – RVR1909).


La vida en última instancia es la vida celestial, a través de una comprensión profunda del propósito de Jesucristo, nos aclara el compromiso y entendimiento que tenemos con el poder de ayuda que nos brinda nuestro Señor: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4.18 – RVR1909). De igual manera nos consolidamos con la constante y permanente reiteración de nuestro compromiso con Dios. Jesucristo puede cambiar y llevar la naturaleza humana a una dirección espiritual y de trascendencia celestial, es realmente la fuente de vida abundante que nos eleva e inspira a lo intemporal, o sea, a lo que no es meramente temporal de este mundo. Porque se recibe el conocimiento necesario para un enfoque, fortaleza y renovación personal; por medio de las Escrituras se recibe un sistema de valores para meditación y reflexión frecuente. Así mejorar constante y permanentemente como persona, para poder luchar en el Camino del Señor por la salvación y vida eterna, de manera que la persona sea librada de la adversidad y maldad: “Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial: al cual sea gloria por los siglos de los siglos. Amén” (2 Timoteo 4.18 – RVR1909).


11.1) LA RESPONSABILIDAD DE LOS DEBERES Y OBLIGACIONES ANTE DIOS


La responsabilidad de los deberes y obligaciones ante Dios tiene un orden jerárquico y supremo, en relación con el orden y la diversidad de grados establecidos en este orden, desde lo natural hasta lo celestial, sin superioridad en su línea, es Jesucristo el principal después del Padre, de manera que únicamente el Padre es superior en esencia:


“Dios, habiendo hablado muchas veces y en muchas maneras en otro tiempo á los padres por los profetas, En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas” (Hebreos 1.1 al 3 – RVR1909).

Hemos mencionado en otra ocasión el significado de la expresión: “Y la tierra estaba desordenada y vacía”. Entonces: ¿Qué representa “… y las tinieblas estaban sobre la haz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía…” (Génesis 1.2 – RVR1909).


La existencia está determinada en tres dimensiones: natural, espiritual y celestial: “Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre, es de la tierra, terreno: el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. Cual el terreno, tales también los terrenos; y cual el celestial, tales también los celestiales. Y como trajimos la imagen del terreno, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15.46 al 49 – RVR1909). La tierra desordenada y vacía, es un simbolismo de la ausencia o falta de respeto a la autoridad establecida por Dios, situación presentada con los ángeles caídos, además entre los seres humanos, aquellos que son incrédulos, inmersos en las tinieblas, figura de confusión, desconocimiento y máxima ignorancia. En el caso de Jesucristo, siempre será representación de la Luz: “Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida” (Juan 8.12 – RVR1909).


El origen de la existencia se inicia con la energía, fuerza y poder del Amor de Dios Padre, que es el mover del Espíritu de Dios, demostrado cuando se acompaña por primera vez con su propio Hijo, a quien establece como el primero y principio, tanto de la Creación como de la Resurrección: “Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten: Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado. Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos” (Colosenses 1.17 al 20 – RVR1909). Luego en el fin del orden, cuando termine todo sistema corrupto, reinará la incorrupción por completo, entonces el Hijo entregará el reino a Dios Padre y se cumplirá lo siguiente: “Porque así como en Adam todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. Mas cada uno en su orden: Cristo las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad… Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.22 al 24 y 28 – RVR1909).


El Hijo aprueba o da por bueno cada segmento de la creación del Padre: “Y vió Dios que la luz era buena…” (Génesis 1.4 – RVR1909, 1.10, 1.12, 1.18, 1.21, 1.25, 1.31), sin embargo, el Hijo se arrepiente del comportamiento y conducta del ser humano, al ver la práctica de maldad entre las personas: “Y vió Jehová que la malicia de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y arrepintióse Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y pesóle en su corazón. Y dijo Jehová: Raeré los hombres que he criado de sobre la faz de la tierra, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo: porque me arrepiento de haberlos hecho. Empero Noé halló gracia en los ojos de Jehová” (Génesis 6.5 al 8 – RVR1909). Recordemos que el Hijo es el ejemplo supremo de fidelidad y lealtad a la voluntad del Padre. Jesucristo tiene la primacía en la dignidad íntegra, es lo más sublime que esta humanidad en su historia ha logrado presenciar. Así en la época de Noe la maldad en el planeta es purificada con agua mediante el diluvio, posteriormente el Hijo escucha a Abraham, cuando él intercede por los justos de las ciudades de Gomorra y Sodoma, antes de recibir con fuego, el castigo más severo. Esta fue una lección de ejemplo y escarmiento, de manera que la humanidad aprenda y evite el mismo camino, para que asuma su responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios. No obstante, la historia de la humanidad demuestra una incompetencia para administrar y gobernar la creación, impera la anarquía, confusión, desconcierto y desorden:


“Y los varones se levantaron de allí, y miraron hacia Sodoma: y Abraham iba con ellos acompañándolos. Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo á Abraham lo que voy á hacer, Habiendo de ser Abraham en una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las gentes de la tierra? Porque yo lo he conocido, sé que mandará á sus hijos y á su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él. Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor de Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, Descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, saberlo he. Y apartáronse de allí los varones, y fueron hacia Sodoma: mas Abraham estaba aún delante de Jehová. Y acercóse Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá hay cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré á todo este lugar por amor de ellos” (Génesis 18.16 al 26 – RVR1909).

Dios Padre ha establecido a Jesucristo como el Juez, para realizar el juicio a las naciones, para que todos honren al Hijo como honran al Padre:


“… De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna; y no vendrá á condenación, mas pasó de muerte á vida. De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios: y los que oyeren vivirán. Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió también al Hijo que tuviese vida en sí mismo: Y también le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. No os maravilléis de esto; porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; Y los que hicieron bien, saldrán á resurrección de vida; mas los que hicieron mal, á resurrección de condenación. No puedo yo de mí mismo hacer nada: como oigo, juzgo: y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre” (Juan 5.22 al 30 – RVR1909).

El sentido común de convivencia humana para mantener el orden, es la existencia de la normalización del comportamiento y conducta. Aunque aparentemente la dirección y regulación de Dios, al posibilitar en el Edén toda clase de árboles para alimentación, además del árbol del conocimiento de la ciencia del bien y del mal, pareciera que ofrece al ser humano el libre albedrío de elección, porque podría escoger si come del árbol de la ciencia. Esta libertad de ninguna manera es un libertinaje de desenfreno, porque tampoco implica que el ser humano realice lo que quiera indiscriminadamente, o sea, sin diferenciar o distinguir su responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios. La voluntad de Dios es clara al decir: “Mas del árbol de ciencia del bien y del mal no comerás de él; porque el día que de él comieres, morirás” (Génesis 2.17 – RVR1909). El verdadero poder de decisión está en hacer prioritariamente la voluntad de Dios, el verdadero libre albedrío es el libre albedrío de Jesucristo, que consisten en negar su propia voluntad y hacer la voluntad del Padre, asumir el compromiso y responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios.


Este compromiso y responsabilidad de los deberes u obligaciones ante Dios, depende del grado de amor o caridad que se tenga a Dios, a uno mismo y a quienes están a nuestro alrededor. ¿Cómo explicar el amor real que no se quede en lo abstracto? La confianza plena en los planes y propósitos de Dios, la resignación a su voluntad, la esperanza y paciencia puesta en lo conocido como el tiempo de Dios, la lucha decidida por obedecer fiel y leal a Dios, la entrega completa a la dedicación y servicio a Dios, la adhesión, adoración, apego, aprecio, devoción, estima, pasión, predilección o preferencia a Dios: “Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos” (Marcos 12.30 al 31 – RVR1909). Se dice que la cantidad de población mundial se acerca alrededor de los ocho mil millones de personas, además se considera que solamente entre dos o tres personas de cada ocho, se hacen llamar cristianos, pero es una minoría muy escasa los verdaderos practicantes como discípulos de Jesucristo, o sea, los seguidores que cumplen a cabalidad con el evangelio.


11.2) EL CONOCIMIENTO ACTITUDINAL Y EL DESARROLLO PERSONAL


El conocimiento actitudinal es básico para lograr el equilibrio personal, por consiguiente un balance social entre las interrelaciones de los diversos sectores sociales. La armonía y estabilidad personal se refleja en la relación social con los demás. Los patrones de comportamiento y conducta tienen un estándar definido por la palabra de Dios, la cual no cambia sino que permanece para siempre, como un modelo o referencia de vida: “Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón: El precepto de Jehová, puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová, limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos” (Salmos 19.8 al 9 – RVR1909). El aprendizaje, enseñanza y práctica de la creencia de las actitudes, normas, principios, valores y virtudes, tiene la preponderancia en el designio de la voluntad de Dios. De esto depende el desarrollo y proceder de cada persona, según el saber del conocimiento de la palabra de Dios. La fuente original o primaria de conocimiento es la que procede directamente de Dios, porque es quien verdaderamente conoce y hace, tanto para formación como información mediante su Hijo Jesucristo: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mateo 24.35 – RVR1909). Por esta razón se cumple el sentido de la vida en la existencia del Ser de Dios: “Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3.14 – RVR1909).


En relación con el conocimiento actitudinal podemos analizar, comentar y opinar acerca del siguiente pasaje: “Así dijo Jehová: No aprendáis el camino de las gentes, ni de las señales del cielo tengáis temor, aunque las gentes las teman” (Jeremías 10.2 – RVR1909). La actitud principal es prestar atención e interés preeminentemente a las directrices y recomendaciones de Dios. Las gentes trazan sus propios caminos y tienen sus propios temores, guiados y llevados por su propia imaginación, mientras tanto Dios es el poseedor de la validez del argumento, evidencia, disertación y fundamento acertado. El ser humano muchas veces se basa en su propia dialéctica e intuición, máxime por su conciencia de lo apropiado, conveniente y oportuno según su experiencia del pasado. Pero el panorama amplio del conocimiento acerca el presente y el futuro le corresponde solamente a Dios, siendo el ser humano limitado en este aspecto. Dios dice en su palabra: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar” (2 Crónicas 7.13 al 15 – RVR1909).


El conocimiento actitudinal es humillarse en la invocación, oración y búsqueda de la presencia de Dios, con la finalidad de la conversión de los malos caminos, con un verdadero arrepentimiento de corrección y resarcimiento, para caminar con fidelidad y lealtad en el camino del Señor. Esto es desaprender el camino de las gentes, es el distanciamiento social de la corrupción, maldad y perversión, para moderadamente vivir con cautela y precaución en consagración, humildad, mansedumbre, paz y santidad, especialmente en este tiempo del fin y de acuerdo con la Edad del Calentamiento Global. La teoría del conocimiento en el Neobiblismo, se compone de tres dimensiones o escalas superpuestas, el conocimiento base o básico es el natural, indispensable para la subsistencia en el ámbito material del mundo o terrenal. El siguiente nivel de conocimiento es para aquellos que trascienden a lo espiritual. El común o la generalidad de la gente es vivir inmersos en lo natural, de manera que trascienden a lo espiritual quienes muestran interés del aprendizaje, participación y práctica de lo espiritual. Este conocimiento espiritual corresponde a una transición para trascender al conocimiento celestial, representado en el conocimiento transmitido por Jesucristo. Aquí interviene el libre albedrío de Jesucristo, que es cuando el ser humano decide determinadamente seguir y ser como Jesucristo, según su ejemplo y modelo de vida.


Las capacidades actitudinales para el desarrollo personal se manifiesta desde el conocimiento natural, se fortalece, refuerza y sensibiliza con el conocimiento espiritual, y finalmente se perfecciona con el conocimiento celestial, tal es el caso de la actitud de Jesucristo ante el mundo y ante la vida cotidiana. Este proceso de conocimiento actitudinal crece y desarrolla durante toda la vida del ser humano, desde la niñez hasta su longevidad, según su capacidad y oportunidad de conciencia en esta materia. Aunque el mayor aprendizaje actitudinal es por la interacción y motivación social, es inevitable cierta predisposición y sesgo biológico, por ejemplo cierta caracterización natural de alegría, amargura o tristeza propia en la persona, o la actitud innata de extraversión e introversión en la personalidad. Sin embargo, aunque cada persona tiene su propio estilo de vida, gustos y preferencias, muchas veces predomina cierta influencia según el grado temperamental de cada uno. En este sentido la ventaja de la actitud de Jesucristo en nuestras vidas, es la asimilación, crecimiento y desarrollo personal, en fusión o unión a la naturaleza temperamental de Jesucristo, con dependencia a los factores afectivos, constitutivos y emocionales, según la esencia y substancia en Cristo. La Biblia dice lo siguiente:


“Gracia y paz os sea multiplicada en el conocimiento de Dios, y de nuestro Señor Jesús. Como todas las cosas que pertenecen á la vida y á la piedad nos sean dadas de su divina potencia, por el conocimiento de aquel que nos ha llamado por su gloria y virtud: Por las cuales nos son dadas preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas fueseis hechos participantes de la naturaleza divina, habiendo huído de la corrupción que está en el mundo por concupiscencia. Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, mostrad en vuestra fe virtud, y en la virtud ciencia; en la ciencia templanza, y en la templanza paciencia, y en la paciencia temor de Dios; Y en el temor de Dios, amor fraternal, y en el amor fraternal caridad. Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo” (2 Pedro 1.2 al 8 – RVR1909).

El desarrollo personal requiere la adaptación y preparación de la humanidad para hacer frente a los nuevos cambios presentados por la globalización y transculturación. Además de las crisis mundiales de toda índole y las anarquías sociales contrarias al agrado y voluntad de Dios. El tiempo de meditación y reflexión en la actualidad es oportuno, para hacer conciencia del rumbo que lleva el ser humano. Una vida eficaz y eficiente en el amor y servicio a Dios, se cumple mediante el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto, es necesaria la claridad y transparencia en la comunicación de la palabra de Dios, en la comunión y el flujo vertical de la comprensión y entendimiento entre lo celestial y el llamado individual a cada persona, tanto en cualquier ambiente o entorno cultural, geográfico y social. Cada individuo tiene sus propias características y cualidades que lo diferencian del resto, así es el resultado de su actitud, carácter y personalidad. El ser humano influencia a otros o es influenciado por sus semejantes, muchas veces trata de impresionar o es muy impresionable. Tal es el caso de la divulgación y proliferación de las costumbres y modas, según las aspiraciones, conveniencias, gustos, intereses y preferencias de cada uno. La idea es que la persona entregue sus capacidades, ego, hábitos personales, motivaciones y temperamento a los pies de Jesucristo como Guía, Maestro y Mentor.


Pero Jesucristo es el ejemplo y modelo de vida para estandarizar los principios, valores y virtudes comunes entre los seres humanos, sin distinción académica, cultural, étnica, geográfica, intelectual, nacional o social. Se dice acerca de la importancia inevitable de la aceptación, comprensión y participación, para insertar al individuo en los grupos sociales, como una necesidad imprescindible de la interacción social y las interrelaciones constantes y permanentes con otros individuos. También según el propio estilo de vida de cada persona, inclusive el status social de vida y las posibilidades económicas, financieras y presupuestales, de educación, subsistencia y trabajo. Por consiguiente todo esto afecta el comportamiento y conducta del ser humano. La vida no consiste en hacer lo que se quiera sin límites o restricción, debido a que nadie es dueño absoluto de lo corporal a manera de un libertinaje, de desenfreno en el comportamiento y la conducta. Esto es lo que ahora se llama los límites funcionales, personales y saludables, que implica el distanciamiento físico, basado en la cortesía mutua y respeto recíproco, siempre en el temor a Dios. Porque es esencial e indispensable, sin excepción, tomar en cuenta a Dios en todas las acciones y actividades del ser humano.


Esto implica la armonía en el trato amable, cordial y gentil con las demás personas, la equidad y justicia en la relación con el prójimo, la oportunidad y hasta privilegio de la posibilidad de colaborar, compartir, comprender, entender y solidarizarse con quienes están a nuestro alrededor, con una actitud optimista y positiva proyectada al bien común, la coherencia y consistencia de ser fiel y del sentimiento de lealtad a los principios, valores y virtudes de Jesucristo. Afianzar el vínculo con Dios a través de la honestidad, honradez y personalidad intachable, la rectitud en el proceder, el reconocimiento de las propias debilidades, defectos y limitaciones para corregir y perfeccionar en el conocimiento de Dios. Mejorar como persona representa el logro de adquirir, conservar y mantener un equilibrio en la psique, en relación con la mente y el pensamiento, en lo actitudinal, emocional y sentimental. Además se manifiesta en nuestro fondo y forma de externar nuestros comentarios y opiniones, según las creencias y expectativas, en este caso la conciencia y el control van de la mano, para un bienestar integral de la persona, por consiguiente de la colectividad, según el aporte en la medida de lo posible de cada individuo.


Hay una memoria genética que controla, perpetúa y protege el equilibrio de la existencia humana, relacionado con lo biológico y psicológico. La memoria genética tiene relación con la memoria energética, que tiene su origen para cada ser humano de manera individual, y data desde el comienzo de la creación del séquito celestial y la rebelión de los ángeles caídos. Esta memoria procede con los ángeles indecisos al obedecer a Dios, que nacen en este mundo y dan propósito a la existencia de la humanidad, ya sea al continuar con la indecisión durante la vida de humano o al tomar una decisión con determinación antes de finalizar su período de vida correspondiente. Esto encausa la intencionalidad, objetivos, orientación, metas, motivaciones y propósito del rumbo de cada persona. Lo que llaman la conciencia moral en la intuición del bien, al apropiar e interiorizar en profundidad los pensamientos con un cambio de actitud, emociones y sentimientos íntimos, adheridos y enlazados fuertemente en el corazón y la mente: “Hijo mío, no te olvides de mi ley; Y tu corazón guarde mis mandamientos: Porque largura de días, y años de vida Y paz te aumentarán. Misericordia y verdad no te desamparen; Atalas á tu cuello, Escríbelas en la tabla de tu corazón” (Proverbios 3.1 al 3 – RVR1909).


El individuo entre más conozca a Dios como Ser Supremo, más consciente será de las razones del propósito de la existencia y el sentido de la vida, tanto en lo decisivo como en lo vital para la preparación de esta vida, en relación con la salvación y vida eterna. Las luchas de poder político y social, el deseo desenfrenado y vehemente por el derroche, despilfarro, enriquecimiento, lucro, lujo, opulencia, usura, vanagloria y vanidad, trae consigo la confusión, desconcierto y desorden del equilibrio de la armonía de convivencia en sociedad. Por otra parte, los abusos, excesos, libertinajes, lujurias y pecado en general, contribuye con el desequilibrio cotidiano de la vida. También la corrupción, injusticia e impunidad de la práctica de la maldad en el mundo, las acciones delictivas y los actos impunidos, debido a la falta generalizada de temor a Dios y de sometimiento a su voluntad divina. El predominio de la ignorancia, indecisión, indiferencia, indignidad, indisciplina e inmadurez, entre otros factores internos que influyen negativamente en la persona, en su armonía y relación con Dios. La sociedad con sentido en Dios Padre, se construye comunitariamente en el aprendizaje de las ideas y sabiduría de Jesucristo, quien fue enviado por el Padre para transmitir la enseñanza y mensaje para una mejor convivencia entre seres humanos.


En el individuo como es un ser integral, se involucra su conciencia, comprensión y entendimiento, pero también su carácter y personalidad. Por esta razón se insiste que la mayor evidencia de comportamiento y conducta congruente con la voluntad de Dios, es la capacidad de la persona de consagrar y santificar sus actitudes, características, cualidades, destrezas, emociones, habilidades y sentimientos, con el compromiso responsablemente al amor, obediencia y servicio a Dios. Que sea a través de Jesucristo el Hijo de Dios, que se conecten los individuos como un todo o una unidad, tanto espiritual y en lo social. El ser humano en su análisis y estudio del comportamiento y la conducta, establece ciertos códigos y normas morales, acerca de las acciones humanas, costumbres y hábitos relacionadas con el bien y el mal. La ética se define y determina con el análisis, meditación y reflexión del establecimiento de normas de la conducta y comportamiento de la persona en sociedad. Según cada época de la historia se agregan nuevos elementos de la forma de ser y pensamiento humano, artísticos, biológicos, deportivos, científicos, comerciales, culturales, ecológicos, económicos, educativos, financieros, intelectuales, laborales, legislativos, políticos, sociales, tecnológicos y teológicos.


Esto implica una normalización conscientemente establecida para el bienestar colectivo, aunque cada individuo tiene sus propias normas por costumbre, cultura y tradición, muchas veces según su propia disciplina, educación, higiene, respeto y responsabilidad personal, fomentada desde su crianza y niñez, transmitida por sus cuidadores, encargados o progenitores. La acción y reacción, causa y efecto, que posibilita el análisis y estudio de la ética y sus consecuencias, su definición y determinación, pretenden establecer ciertos principios, valores y virtudes humanas para una mejor convivencia. Sin embargo, el ingrediente principal, en la conceptualización, normalización y practicidad de lo correcto e incorrecto, de saber diferenciar entre el bien y el mal, es el amor, confianza y temor a Dios en todas las acciones, actividades y actos del ser humano. En este sentido es inválido alegar el desconocimiento en Jesucristo, enviado de Dios Padre, o alegar la ausencia o falta de lectura o incomprensión en su palabra, alegar la ceguera por obstinación, porfía, terquedad o testarudez en contra de la voluntad de Dios. ¿Quiénes son los que encubren u ocultan a Jesucristo ante la sociedad en general? ¿Quiénes se avergüenzan o indignan en glorificar, honrar, mencionar y reconocer a Jesucristo ante la sociedad?


La ética cristiana de ninguna manera es la ética de la religión, sino que son los principios, valores y virtudes de Jesucristo, de manera que no basta con conocerse bien así mismo, sino que es indispensable conocer a Jesucristo, independiente e indiferente de la cultura, sociedad o zona geográfica perteneciente. Jesucristo es el propósito y razón del ser de la humanidad, en un presente apegado a esta vida terrenal, pero consciente de la salvación y vida eterna en lo porvenir, después de esta vida en el mundo y las promesas de la eternidad. Según la comunicación y plan establecido por Dios Padre, este plan requiere un mayor conocimiento de Dios, para entender y comprender eficientemente a plenitud lo concerniente a su finalidad, intención, propósito y proyecto en beneficio del ser humano. En este caso el individuo necesita el mejoramiento personal de saber escuchar, especialmente el sentido fidedigno de la palabra de Dios, sin el orgullo, prepotencia o soberbia, que altera o cambia la esencia original del mensaje de Dios, en la comprensión y entendimiento de la persona. Una buena intención y sinceridad es saludable, porque posibilita una sanidad suficiente y congruente con la sana doctrina que es Jesucristo mismo, de manera que se consolide y fusione una iluminación del conocimiento en la persona con la luz del mensaje de Jesucristo.


11.3) LAS ACTITUDES Y EL CARÁCTER


Las actitudes se relacionan con el carácter, en el sentido de actuar con una disposición anímica de buen juicio y madurez, ecuanimidad, equilibrio, prudencia y sensatez, influenciada por la combinación de conocimiento y experiencia, frente a las circunstancias y vicisitudes, ya sean adversas o favorables de la vida cotidiana. Jesucristo dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11.29 – RVR1909). Además en las actitudes podría afectar negativamente, la realidad de las cargas acumuladas de adversidad enfrentadas en el momento, y la desesperación de una solución sin resolver. Por ejemplo, como síntomas del acoso y hostigamiento escolar o laboral, se presenta la alteración del ánimo en forma extrema y la consecuente provocación de cólera, despecho, enojo, resentimiento y venganza. También las actitudes reciben influencia de los propios preconceptos o prejuicios, en relación con la concepción de afecto, aprecio y consideración de la valoración de sí mismo, por ejemplo, una autoestima baja.


La experiencia de vida o experticia, sumado al conocimiento, principios y valores, posibilita como consecuencia el ser educado y culto, en el saber actuar, comportarse y vivir, para afinar, desarrollar y perfeccionar las facultades del intelecto, moralidad y sentimiento. La persona adquiere una distinción, prestigio y reconocimiento en la forma de ser, además del dominio y superación en el afecto y la sensibilidad, con la finalidad de dejar la mejor imagen e impresión de conducta y comportamiento, y sirve como señal de ejemplo y testimonio de modelo de vida en la convivencia con los demás, a partir de la intención y reacción de sus emociones, sentimientos y vivencias: “Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse: Porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios. Por lo cual, dejando toda inmundicia y superfluidad de malicia, recibid con mansedumbre la palabra ingerida, la cual puede hacer salvas vuestras almas. Mas sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos á vosotros mismos” (Santiago 1.19 al 22 – RVR1909).


Hay una variada clasificación de los tipos de actitudes, pero por lo general se espera una postura de la actitud erguida y con la frente en alto, sin ceder o rebajar a una actitud impulsiva, instintiva y perjudicial, sin conciencia, ni reflexión. La actitud es tomar una posición frente a cualquier obstáculo o situación de manera enérgica, fuerte, optimista, segura y valiente. Así como hay amor y su ausencia en el desamor, hay antivalores y valores, la antítesis de las actitudes son su escases, de manera que se podría decir que a una persona le falta actitud. Sin embargo, debido a la cantidad de tipos de actitudes, preferimos agrupar en las convenientes e inconvenientes, beneficiosas o perjudiciales, negativas o positivas, por consiguiente en buenas o malas. En resumen, las actitudes son como una medida para identificar la acción o reacción de la persona, según su propio catálogo de creencias y valores mentales, afectadas por un estímulo o motivación, y como resultado genera una emoción o sentimiento en un sentido específico. La Biblia dice: “Mas el fruto del Espíritu es: caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza: contra tales cosas no hay ley. Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.22 al 25 – RVR1909).


También intervienen factores hereditarios como lo biológico o genético, por ejemplo, el comúnmente berrinche propio de algunos infantes, en su coraje o enojo particular que los caracteriza desde su nacimiento. Afecta también la interacción con el aprendizaje, hábitat, medio ambiente y los hábitos frecuentes acostumbrados, valga la redundancia, por ejemplo, la meditación, oración y reflexión diaria en el mensaje de Jesucristo. Por esta razón se afirma una relación entre actitud y carácter, debido a su capacidad de modificación con el espacio y el tiempo, conforme el avance de la edad en la persona, su aprendizaje y experiencia de vida, especialmente si su proyección y visualización de la vida está puesta en Dios: “Mas los que esperan á Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán” (Isaías 40.31 – RVR1909). La Biblia dice: “Buscad a Jehová todos los humildes de la tierra, que pusisteis en obra su juicio; buscad justicia, buscad mansedumbre: quizás seréis guardados en el día del enojo de Jehová” (Sofonías 2.3 – RVR1909).


Las actitudes y el carácter coinciden de forma sincronizada e integralmente, en relación con la consagración y santidad, cuando la enseñanza o mensaje de Jesucristo permea y toma el control de nuestro temperamento, para mejorar nuestra personalidad gobernada por Jesucristo: “Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra” (Mateo 5.39 – RVR1909). El temperamento es la medida de reaccionar y ser, en el caso de Jesucristo es amor, luz y servicio. No se trata de cualquier luz, sino la luz de Dios, o sea, la luz del quinto elemento, correspondiente a la luz divina de la creación del agua, aire, fuego y tierra. Esta luz corresponde al primer día de creación: “Y dijo Dios: Sea la luz: y fué la luz” (Génesis 1.3 – RVR1909), por consiguiente es la luz de la iluminación de Dios, diferente a la luz generada por el sol creado en el cuarto día de la creación:


“Y dijo Dios: Sean lumbreras en la expansión de los cielos para apartar el día y la noche: y sean por señales, y para las estaciones, y para días y años; Y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra: y fué así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche: hizo también las estrellas. Y púsolas Dios en la expansión de los cielos, para alumbrar sobre la tierra, Y para señorear en el día y en la noche, y para apartar la luz y las tinieblas: y vió Dios que era bueno. Y fué la tarde y la mañana el día cuarto” (Génesis 1.14 al 19 – RVR1909).

La diferenciación entre la luz de la dirección e iluminación de Dios con la lumbrera del Sol, nos sirve de comparación para comprender la diferencia, entre el órgano del corazón y su dureza en el temperamento. La Biblia dice: “Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién residirá en el monte de tu santidad? El que anda en integridad, y obra justicia, Y habla verdad en su corazón. El que no detrae con su lengua, Ni hace mal á su prójimo, Ni contra su prójimo acoge oprobio alguno” (Salmos 15.1 al 3 – RVR1909). Otro pasaje dice: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón: Pruébame y reconoce mis pensamientos: Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno” (Salmos 139.23 al 24 – RVR1909). El corazón representa tanto las actitudes, como las emociones y sentimientos. La dureza del temperamento es el centro motriz determinante del grado de flexibilidad, para ceder anímicamente con facilidad o dificultad la dirección e iluminación de Dios, en las mismas actitudes, emociones y sentimientos. Esto es comparable con el corazón de piedra cuando prevalece la obstinación o terquedad, a pesar de la facultad o posibilidad de dictaminar con el razonamiento. Aquí es donde se acciona la fe de y en Jesucristo para tomar control del temperamento, porque solamente Dios puede cambiar la dureza del corazón, mediante el perdón en Cristo: “Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.31 al 32 – RVR1909).


Muchas personas aparentan ser amables, bondadosas, comprensivas, generosas, humildes, sencillas, solidarias, hasta desenmascarar su verdadero carácter y sus auténticas actitudes, emociones, intenciones, planes, propósitos y sentimientos ocultos: “… Así ha dicho Jehová: He aquí que yo dispongo mal contra vosotros, y trazo contra vosotros designios: conviértase ahora cada uno de su mal camino, y mejorad vuestros caminos y vuestras obras. Y dijeron: Es por demás: porque en pos de nuestras imaginaciones hemos de ir, y hemos de hacer cada uno el pensamiento de su malvado corazón” (Jeremías 18.11 al 12 – RVR1909). El carácter está relacionado con lo característico de la persona que le permite una identidad propia, reconocida especialmente por su comportamiento y expresión, de manera que se comprueba ser la misma persona que dice ser: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado: que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; que á su tiempo segaremos, si no hubiéremos desmayado” (Gálatas 6.7 al 9 – RVR1909). Lamentablemente desde reyes hasta el pueblo se endurecieron a la voz de Dios:


“De veinte y un años era Sedecías cuando comenzó á reinar, y once años reinó en Jerusalem. E hizo lo malo en ojos de Jehová su Dios, y no se humilló delante de Jeremías profeta, que le hablaba de parte de Jehová. Rebelóse asimismo contra Nabucodonosor, al cual había jurado por Dios; y endureció su cerviz, y obstinó su corazón, para no volverse á Jehová el Dios de Israel. Y también todos los príncipes de los sacerdotes, y el pueblo, aumentaron la prevaricación, siguiendo todas las abominaciones de las gentes, y contaminando la casa de Jehová, la cual él había santificado en Jerusalem. Y Jehová el Dios de sus padres envió á ellos por mano de sus mensajeros, levantándose de mañana y enviando: porque él tenía misericordia de su pueblo, y de su habitación. Mas ellos hacían escarnio de los mensajeros de Dios, y menospreciaban sus palabras, burlándose de sus profetas, hasta que subió el furor de Jehová contra su pueblo, y que no hubo remedio” (2 Crónicas 36.11 al 16 – RVR1909).

Por la obstinación y rebeldía del ser humano, Dios es Amor en su misericordia, pero también Fuego Consumidor del pecado e injusticia, porque el ser humano tiene que asumir su propia responsabilidad, esto implica sus actitudes, carácter, emociones, sentimientos y personalidad en general:


“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon que desecharon al que hablaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháramos al que habla de los cielos. La voz del cual entonces conmovió la tierra; mas ahora ha denunciado, diciendo: Aun una vez, y yo conmoveré no solamente la tierra, mas aun el cielo. Y esta palabra, Aun una vez, declara la mudanza de las cosas movibles, como de cosas hechas, para que queden las cosas que son firmes. Así que, tomando el reino inmóvil, retengamos la gracia por la cual vamos á Dios agradándole con temor y reverencia; Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (Hebreos 12.25 al 29 – RVR1909).

11.4) LAS EMOCIONES Y SENTIMIENTOS


La Biblia contiene textos claves o llaves para abrir la comprensión y el entendimiento, por ejemplo: “Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24.16 – RVR1909). En reiteradas menciones hemos confirmado acerca de la transmisión de la simiente del bien y del mal en cada ser humano, como aprendido e influenciado por ciertos factores externos a cada persona. La Biblia dice: “Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos… éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá” (Ezequiel 18.14 y 17 – RVR1909). La maldad de ninguna manera procede, previamente al nacimiento de un humano, ni se trae desde su nacimiento, sino la Biblia manifiesta el inicio del mal desde la juventud: “…porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud…” (Génesis 8.21 – RVR1909); juventud entendida desde la pubertad en su transición entre la niñez y la condición de adulto joven.


En esta etapa mayormente se manifiesta la aptitud, ya sea por disposición natural o adquirida, para ejercer diversas tareas en la vida. Aunque muchas veces en lugar de idoneidad se aprenden malas costumbres y el vicio de las corrientes sociales. El hecho de la existencia de maldad en los padres en el momento de la concepción: “He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51.5 – RVR1909), jamás representa el engendrar o procrear la maldad en el cigoto, embrión o feto, todo lo contrario, cada ser humano en gestación es posesión de Dios y digno de formación a plenitud de sus órganos, riñones y corazón, con su significado y simbolismo, conductual, espiritual y psicofisiológico o de psicología fisiológica, mi embrión vieron tus ojos, ¿el embrión ve los ojos de Dios o los ojos de Dios ven al embrión? (Salmos 139.13 al 17).


Un recién nacido ni sabe ni tiene bien o mal, sino conforme crece y se desenvuelve con su entorno, adquiere la influencia en un sentido u otro, según su propia responsabilidad al asumir las consecuencias de sus acciones, decisiones y reacciones, conforme a su concientización. De forma innata, o sea, connatural el ser humano es portador de la duda e indecisión congénita al obedecer a Dios. Esto es propio de la naturaleza del humano desde su nacimiento, pero la duda e indecisión es neutra, en el sentido de intermedia entre el bien y el mal. El bien es caliente, el mal es frío, en la duda e indecisión hay tibieza: “Yo conozco tus obras, que ni eres frío, ni caliente. ¡Ojalá fueses frío, ó caliente! Mas porque eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca” (Apocalipsis 3.15 al 16 – RVR1909). Esta expulsión se presenta en quienes camuflan la mentira en apariencia de verdad, en la inducción de tener por cierto lo que no es, y la indiferencia en ver lo verdadero. A esto le llamamos el temperamento con la patología de la duda e indecisión al obedecer a Dios. La Biblia lo representa en la dureza de corazón o el corazón duro de piedra: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17.9 al 10 – RVR1909). Jesucristo es ejemplo y modelo para seguir su camino y hacer sus obras, en reconocimiento de la decisión de obedecer a Dios Padre. La inclinación y tendencia por naturaleza del ser humano en la práctica del mal, es en relación con la edad y su medio donde convive, pero a partir de su discernimiento del bien y del mal, la toma de decisiones y sus hechos.


Los riñones figuradamente se comparan con la pasión de las actitudes, emociones y sentimientos. Es una vehemencia, movida con eficacia, ímpetu y fuerza, capaz de perturbar el estado de ánimo y de nublar la reflexión, inclusive trastornar la buena disposición y orden de las ideas razonadas, por consiguiente alterar el dominio de la voluntad. Lo que popularmente se conoce como actuar con el hígado, vendría a ser actuar con los riñones, hasta perder la paz y la tranquilidad, por ejemplo, los celos, envidia, odio, rencor, resentimiento y venganza. Inclusive cometer injusticias donde no hay marcha atrás, una vez llegado el reconocimiento y reflexión de lo actuado o dicho. Aquí es cuando se requieren las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo en nosotros, porque ya nuestro Señor Salvador hizo un solo sacrificio, con todo su corazón y riñones para mostrar un Camino de ejemplo y modelo de vida cotidiana. Esto incluye amor, bondad, compasión, dignificación, generosidad, misericordia, respeto, solidaridad y tolerancia. El corazón también representa la conexión del pensamiento en las actitudes, emociones y sentimientos. Es la parte conocida como psicofisiología y psicología fisiológica, en ambos sentidos, al parecer también llamada neurociencia cognitiva, relacionada con el comportamiento y la conducta corporal, según la relación con el cerebro del individuo.


En otro apartado entre los artículos de fe del Neobiblismo la hemos llamado La Psicoteología por su relación con el cerebro del individuo y su manifestación colectiva en lo social, con su componente de espiritualidad en la búsqueda del auxilio o favor de Dios, ya que el ser humano también por lo general y por naturaleza tiende a ser religioso. La Psicoteología está entre los escritos más interesantes del Neobiblismo, por la innovación del conocimiento celestial transmitido solo por Jesucristo, según la determinación de Dios Padre de establecer a su Hijo como el centro de la ley y la profecía, útil para el diario vivir o vida cotidiana, por ejemplo, en lo que atañe a las actitudes, emociones y sentimientos necesarios para la salvación y vida eterna, según el ejemplo de vida en Jesucristo.


El fraccionamiento cristiano incurre en las actitudes, emociones y sentimientos ajenos a la mente y pensamiento de Cristo. La cognición tiene un significado relacionado con el conocer y por consiguiente su efecto, con la ayuda de la percepción y del paradigma propio de cada persona. Es una sensación de conocimiento interno, cuyo resultado está basado en la impresión obtenida mediante los sentidos y el ejemplo y modelo asumido por cada quien, en nuestro caso tomamos como medida, parámetro y referencia a Jesucristo. Si alguno es un cristiano que considera como meras o simples las actitudes, emociones y sentimientos de Jesucristo, sin importancia de ejemplo y modelo de vida cotidiana, necesaria para la salvación y vida eterna, porque valora solamente las creencias que le han inculcado, entonces está confundido, desorientado y equivocado al respecto, ignora las Sagradas Escrituras y el Poder de Dios. Es un cristiano guiado por su temperamento duro y entenebrecido, sumido en interminables listas de creencias vanas, sin sentido para la vida en Cristo, largas confesiones de fe y dogmas, que se quedan solamente en ordenanzas de fe congregacionales, denominacionales y eclesiásticas, que nunca logran cambiar el carácter del creyente, menos la personalidad en forma integral, las personas se quedan estacionadas y estancadas, muy distantes de lo que es ser verdaderos discípulos de Jesucristo.


El que lee, lea entre líneas y profundice la palabra de Dios. Se codicia y se envidia pero lo del mundo, en lugar de una codicia y envidia de hacer fielmente la obediencia y voluntad de Dios, con toda la confianza y seguridad, según el ejemplo y modelo de Jesucristo. Nuestra atención y amor está más distraído y entregado a lo eclesiástico, en la competencia y lucha en el fraccionamiento cristiano, que en Jesucristo mismo. Somos realmente verdaderos religiosos más que discípulos de Jesucristo:


“Hasta que todos lleguemos á la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, á un varón perfecto, á la medida de la edad de la plenitud de Cristo: Que ya no seamos niños fluctuantes, y llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que, para engañar, emplean con astucia los artificios del error: Antes siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todas cosas en aquel que es la cabeza, á saber, Cristo; Del cual, todo el cuerpo compuesto y bien ligado entre sí por todas las junturas de su alimento, que recibe según la operación, cada miembro conforme á su medida toma aumento de cuerpo edificándose en amor. Esto pues digo, y requiero en el Señor, que no andéis más como los otros Gentiles, que andan en la vanidad de su sentido... Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; Ni deis lugar al diablo. El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. Toda amargura, y enojó, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdónandoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo” (Efesios 4.13 al 32 – RVR1909).

11.5) CAMBIO DE MENTALIDAD Y SENSIBILIDAD ESPIRITUAL


En relación con las capacidades o habilidades cognitivas, se involucran procesos de información y mentales acerca del conocimiento. Hemos afirmado la existencia de tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial. Cada uno de estos engloba todos los demás conocimientos existentes afines a su dimensión correspondiente. En nuestro caso el análisis, estudio e investigación es sobre el énfasis de la atención y concentración de la actividad mental enfocada en Jesucristo. En su primera venida Jesús dijo: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros. Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo: para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14.1 al 3 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo promete volver otra vez. En el caso de su segunda venida está la señal de la Edad del Calentamiento Global:


“El Dios de dioses, Jehová, ha hablado, Y convocado la tierra desde el nacimiento del sol hasta donde se pone. De Sión, perfección de hermosura, Ha Dios resplandecido. Vendrá nuestro Dios, y no callará: Fuego consumirá delante de él, Y en derredor suyo habrá tempestad grande. Convocará á los cielos de arriba, Y á la tierra, para juzgar á su pueblo. Juntadme mis santos; Los que hicieron conmigo pacto con sacrificio. Y denunciarán los cielos su justicia; Porque Dios es el juez (Selah)” (Salmos 50.1 al 6 – RVR1909).

Se dice que la señal del calentamiento global llegó para quedarse y no hay marcha atrás. La expresión “Fuego consumirá delante de él” mencionada en el pasaje anterior de los Salmos, también se dice en el profeta Joel: “Delante de él consumirá fuego, tras de él abrasará llama; como el huerto de Edén será la tierra delante de él, y detrás de él como desierto asolado; ni tampoco habrá quien de él escape. Su parecer, como parecer de caballos; y como gente de á caballo correrán. Como estruendo de carros saltarán sobre las cumbres de los montes; como sonido de llama de fuego que consume hojarascas, como fuerte pueblo aparejado para la batalla” (Joel 2.3 al 5 – RVR1909). También el profeta Isaías realiza una mención similar: “Y la luz de la luna será como la luz del sol, y la luz del sol siete veces mayor, como la luz de siete días, el día que soldará Jehová la quebradura de su pueblo, y curará la llaga de su herida. He aquí que el nombre de Jehová viene de lejos: su rostro encendido, y grave de sufrir; sus labios llenos de ira, y su lengua como fuego que consume” (Isaías 30.26 al 27 – RVR1909).


Por lo tanto, conscientes de la presencia del calentamiento global como señal de los tiempos finales, la pregunta es la siguiente: ¿Cuál es la clave para el cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual? Pero ¿qué o quién determina esta clave? La clave es la preparación para la segunda venida de Jesucristo. De manera que es la condición de conocimiento que uno tiene sobre el cambio, disposición y mejora, requeridos para recibir a Jesucristo en su segunda venida. Lo que determina es el nivel necesario de preparación preventiva, para la espera o esperanza en la promesa de la segunda venida de Jesucristo. Es un estado de consciencia y ánimo de ser y tener la condición personal suficiente, para encontrarse con el Señor en su segunda venida. Es la certeza y seguridad de la posibilidad de alcanzar y lograr la participación de recibir la transformación corporal, para tener vida eterna con el Señor Jesucristo en su venida. La confianza y convicción de haber realizado o rectificado lo necesario para estar preparado, en el momento adecuado, oportuno y presente, en relación con la segunda venida del Señor Jesucristo. Es imprescindible una excelente forma o manera de ser, en todo lo relacionado a la actitud, carácter y personalidad en general, comparado con el ejemplo y modelo de vida en profundidad en Jesucristo. Además del predominio de una intención optimista y positiva con la mirada puesta en Jesús, como el Maestro y Mentor de nuestras vidas.


El mayor bien inmaterial y material ofrecido por Dios Padre para beneficio del ser humano, es la posibilidad de gozar la recompensa de estar corporalmente transformados al lado de su Hijo Jesucristo, a partir de su encuentro en la segunda venida del Señor. Este cumplimiento de cuerpo incorruptible para la vida eterna, es la culmine o clímax, de la relación espiritual con Jesucristo en el corazón y la mente de cada uno en la vida presente. Por esta razón cuando muere una persona en la paz de Cristo, se refiere a su condición del ánimo con sosiego y tranquilidad, mayormente del temperamento pacífico moldeado por Jesucristo, preparado con anticipación durante el trayecto de su vida cotidiana, para morir en cualquier momento con la paz y santidad, sin la cual nadie verá al Señor. Precisamente a estos principios, valores y virtudes heredados por Jesucristo, la mayor de todas es el amor y caridad que son representados por la Persona y la Personalidad de Jesucristo. Esto significa que ante todo Jesucristo es primero: “Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si alguno edificare sobre este fundamento oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca; La obra de cada uno será manifestada: porque el día la declarará; porque por el fuego será manifestada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego hará la prueba” (1 Corintios 3.11 al 13 – RVR1909).


Por cierto, según mencionamos acerca del calentamiento global, el pasaje mencionado anteriormente se reitera nuevamente la mención del fuego, pero el tema que nos atañe en este análisis es el amor y caridad representados por Jesucristo: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo caridad, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe. Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo caridad, nada soy. Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve” (1 Corintios 13.1 al 3 – RVR1909). Ahora realicemos una dinámica de parafrasear el pasaje anterior y cambiar la palabra amor o caridad por el nombre de Jesucristo:


1) Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo A JESUCRISTO, vengo á ser como metal que resuena, ó címbalo que retiñe.


2) Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia; y si tuviese toda la fe, de tal manera que traspasase los montes, y no tengo A JESUCRISTO, nada soy.


3) Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo A JESUCRISTO, de nada me sirve.


La dinámica anterior es muy interesante para comprender y entender, la explicación de por qué a pesar de repartir todas las posesiones para dar de comer a los empobrecidos, si se hace sin el amor y la caridad, de nada nos sirve. En realidad el amor y la caridad es lo mismo que dar todo lo que tienes para alimentar al más desposeído y necesitado.


¿Cómo comprender y entender toda esta dinámica? Jesús fue notable por su actividad y energía a favor de los más necesitados, entre los empobrecidos, enfermos y los sufridores por la falta del alimento, tanto espiritual como material, sin embargo, habla en contra de quienes no toman en cuenta a Dios en la vida cotidiana, de quienes se afanan y llenan de ansiedad y preocupación, debido a la desconfianza a Dios Padre. Lo mismo de quienes en el otro extremo se aferran al enriquecimiento, ya sea por acumulamiento, ambición, avaricia, codicia, envidia, lucro, opulencia, ostentación y vanidad. Lo que pasa es que según parafraseamos, en este caso el pasaje menciona el amor y caridad en referencia a Jesucristo: “Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo caridad, de nada me sirve” (1 Corintios 13.3 – RVR1909). El sentido de este mensaje es el siguiente: Y si repartiese toda mi hacienda para dar de comer á pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo A JESUCRISTO, de nada me sirve. Esto es semejante a la sociedad que se avergüenza, descarta y desecha a Jesucristo en sus vidas. Aquella sociedad que discrimina y excluye a Jesucristo en su cotidianidad. Uno de nuestros lemas es el siguiente: Mejorar la actitud y la personalidad según el ejemplo y modelo de Jesucristo, nos hace sus discípulos. ¡Enamórate de Jesucristo con toda la pasión! ¡Sin ánimo de lucro ni proselitismo! El cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual, es tener a Jesucristo presente en toda circunstancia, lugar y momento, esto implica en todo el espacio y tiempo que abarca nuestras vidas. Significa esto que el propósito y sentido de la vida es vivir en, para y por Jesucristo. Así es, por esto hay que leer en profundidad la palabra de Dios.


El ejemplo y modelo de Jesucristo en la sensibilidad espiritual, incluye la amabilidad, apacibilidad, bondad, compasión, dadivosidad, fraternidad, generosidad, misericordia, solidaridad, ternura, entre otros, además del amor y caridad. Hay un pasaje que describe a Jesucristo en todos estos principios, valores y virtudes: “La caridad es sufrida, es benigna; la caridad no tiene envidia, la caridad no hace sinrazón, no se ensancha; No es injuriosa, no busca lo suyo, no se irrita, no piensa el mal; No se huelga de la injusticia, mas se huelga de la verdad; Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13.4 al 7 – RVR1909). Se insiste que el ejemplo y modelo rechazado por el mundo y la sociedad en general, es el de Jesucristo. En la historia de la humanidad han surgido decenas o cientos de filosofías y teorías, muchas de ellas o sus fundadores, gestores o promotores han prevalecido, especialmente se han vuelto famosas y reconocidas a nivel histórico y mundial. Pero al final se discrimina y excluye a Jesucristo, a quien el mundo no le da el debido reconocimiento, ni por respeto a la voluntad de Dios Padre.


¿Hasta qué grado, nivel o punto la humanidad está preparada para la segunda venida de Jesucristo? El distanciamiento por salud social a nivel mundial podría ser la antesala, de adquirir consciencia del respeto y temor a Dios en sociedad, además del reconocimiento del acercamiento al tiempo del fin y la pronta y más evidente e inminente segunda venida de Jesucristo. También reconocer la magnitud social de la discriminación y exclusión que se hace a Jesucristo y a la voluntad de Dios Padre. Esto inevitablemente requiere un cambio de mentalidad y sensibilidad espiritual, volvernos a Dios por la posibilidad de futuras pandemias aún más contagiosas y graves, que atentan un desastre mundial, reforzado por la evolución y mutación de enfermedades afectadas por el calentamiento global. Este volverse a Dios por parte de la sociedad, sería muestra de mansedumbre y humildad para pedir auxilio, ayuda y clemencia en tiempos de crisis mundial.


11.6) TRASCENDENTALISMO CELESTIAL Y LA COMBINACIÓN DE INTUICIÓN - RAZÓN


El trascendentalismo celestial es el amor, caridad y dadivosidad de Dios Padre mediante su Hijo Jesucristo: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo, para que condene al mundo, mas para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3.16 al 17 – RVR1909). Se identifica el amor y la caridad en la persona y personalidad de Jesucristo. Esto aclara que el amor y la caridad dejan de ser abstractos, para ser concretos y se hacen tangibles con el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. Es posible precisar sin dejar ningún tipo de duda, los hechos, obra y vivencia histórica de Jesucristo, negar su evidente legado y trayectoria de vida, es renunciar al trascendentalismo celestial y su combinación de intuición – razón. Tener una percepción clara e inmediata del amor y caridad de Jesucristo, como si se tuviera a la vista, es también razonable, según el argumento justificador de la primera venida de Jesucristo, el motivo de su muerte y resurrección. El amor de Dios, a quien ningún ser humano en su condición o naturaleza puede ver, se hace visible mediante Jesucristo.


El estado natural de la humanidad le imposibilita el trascendentalismo celestial, aunque el ser humano se jacte grandemente por su propia sindéresis, o sea, su capacidad natural para juzgar rectamente. Pero en este aparente juzgar con rectitud hay una invisibilidad de Jesucristo, del amor y caridad que representa y trasciende. En otras palabras, en la limitación humana del conocimiento natural, de ninguna manera aplica el trascendentalismo celestial, sino es por medio de una condición espiritual en el ser humano. En reiteradas ocasiones hemos afirmado la necesidad imprescindible de la etapa de transición de la espiritualidad, como dimensión intermedia entre lo natural y lo celestial. La persona espiritual trasciende a lo celestial cuando supera sus propias construcciones de conceptos y creencias religiosas, que nublan u ofuscan visualizar con plenitud a Cristo, especialmente debido al fraccionamiento cristiano. La multitud de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones cristianas, afirman poseer la doctrina o enseñanza sana, defienden ser dueños de la verdad absoluta y original, se encasillan en el pensamiento de que son los apologistas de sus iglesias y religiones. Además cada asociación, grupo u organización alega ser la iglesia única y verdadera sobre las demás.


El trascendentalismo celestial defiende que la prioridad, por encima de todo lo relacionado con lo eclesiástico es Jesucristo. En todo el mundo cristiano, sin distinción de las costumbres, creencias, reglas y tradiciones, la postura del trascendentalismo celestial, es que solamente Jesucristo es el principal y por quien se recibe la salvación y vida eterna. La preeminencia son los méritos de Jesucristo en todo, con base en su amor y caridad, que tanto la ética, intenciones, motivos y vida práctica están enfocados en Jesucristo. El conocimiento espiritual en el ámbito de su respectiva dimensión, incluye todos los conjuntos eclesiásticos formales e informales, sean improvisados u organizados, en clandestinidad, legalizados o reconocidos. Esto de acuerdo a la clasificación de iglesias antiguas, asociadas, autónomas, confederadas, confesionales, conservadoras, federadas, fundamentalistas, independientes, liberales, modernas, postmodernas, primitivas, reveladas o tradicionales. Toda esta agrupación de personas con sus conceptos, costumbres, doctrinas, dogmas, enseñanzas, instrucciones, liturgia, mensajes, normas, protocolos, recomendaciones, ritos y reglamentos, conforman lo que llamamos el conocimiento espiritual. Dentro de este tipo de conocimiento se presenta la posibilidad de trascender al conocimiento celestial. Por ejemplo, sin importar la afiliación congregacional, denominacional, eclesiástica o religiosa a la que se pertenece, se puede cumplir con el trascendentalismo celestial. Esto significa que en todos los grupos cristianos, hay personas sinceras en la obediencia fiel y leal al Señor Jesucristo, para la gloria y honra de Dios Padre.


Estas personas en la integración y participación de sus propias agrupaciones, como feligreses o miembros permanentes, tienen a Jesucristo en su prioridad de adoración, alabanza y servicio, es el centro de su atención, concentración y enfoque de sus respectivas vidas cotidianas. Para estas personas, Jesucristo es el Maestro y Mentor en su continuo aprendizaje, es la fuente de la enseñanza y mensaje, el ejemplo y modelo de vida, es quien les inspira los principios, valores y virtudes del diario vivir. A pesar de la diversidad de listas de credos, puntos o temas de fe establecidos en cada una de sus organizaciones, estas personas son practicantes y seguidoras de Jesucristo como sus discípulos genuinos, tienen la preeminencia en el Señor y el respeto a su supremacía. Jesucristo es su camino, verdad y vida, lo consideran como el único mediador entre Dios Padre y cada una de estas personas, que solamente a través de Jesucristo reciben la salvación y la vida eterna. Estas personas sienten que Jesucristo es quien les impulsa a la consagración, paz y santidad. También encuentran en Jesucristo el motivo para el ejercicio del amor, fe, justicia y misericordia. Estas personas son conscientes que en el Señor reciben el perdón de pecados, por su sangre la redención, limpieza y purificación. Por lo tanto, tienen a Jesucristo como la razón de ser de sus existencias, el propósito y sentido de sus vidas. En primer lugar en Jesucristo es que tienen puesta su comprensión, entendimiento y pensamiento. Estas personas se dejan moldear su temperamento mediante Jesucristo, dedican sus actitudes, carácter y personalidad al Señor Jesucristo, disponen todas sus aptitudes, destrezas, emociones, habilidades, hábitos, intelecto y sentimientos al servicio de nuestro Señor Jesucristo.


Hay acciones religiosas o sociales, donde se aparenta hacer una obra de Dios, pero en realidad se niega o rechaza la aceptación, autoridad o reconocimiento a Jesucristo: “Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, trasfigurándose en apóstoles de Cristo. Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz. Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras” (2 Corintios 11.13 al 15 – RVR1909). El camuflaje y disfraz tiene relación con disimular o una simulación para presentar una apariencia falsa, encubrir con astucia la intención, evadir con desatención el conocimiento exacto, desfigurar, encubrir u ocultar lo real, para restar importancia o aparentar desconocimiento e ignorancia. También es hacer distinto o mezclar un conocimiento para que no se conozca como es realmente. Lo más grave es hacer una representación consciente o inconsciente con fingimiento o imitación fraudulenta de lo que no es en realidad. En el caso del pasaje es sustituir la figura o representación de Jesucristo con actos o actividades aparentemente de Dios, pero que se discrimina, excluye, margina u omite la dedicación y reconocimiento del nombre de Jesucristo: “Por lo cual Dios también le ensalzó á lo sumo, y dióle un nombre que es sobre todo nombre; Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y de los que en la tierra, y de los que debajo de la tierra; Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, á la gloria de Dios Padre” (Filipenses 2.9 al 11 – RVR1909).


El trascendentalismo celestial es recurrir a la fuente directa de lo establecido por Dios Padre. Jesucristo cuando dice que gloria no recibe, se refiere a la sociedad en general que vive sin tomar en cuenta su nombre y palabra, a manera de una discriminación y exclusión hacia su persona: “Escudriñad las Escrituras, porque á vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí. Y no queréis venir á mí, para que tengáis vida. Gloria de los hombres no recibo. Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros. Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquél recibiréis. ¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene?” (Juan 5.39 al 44 – RVR1909). El análisis y argumentación acerca de la importancia y relevancia de Jesucristo para nuestra vida en sociedad, conforme a la prudencia y la razón, impone el respeto y reverencia a la determinación de Dios Padre, en lo que atañe a su plan y voluntad. Las personas tienen que atender a las razones y obrar con buen sentido la aceptación del propósito de Jesucristo. Se requiere una ecuanimidad razonable, para tener un ánimo constante y permanente, además de una imparcialidad serena a la hora de ejercer un buen juicio crítico. Precisamente ser críticos en la opinión sobre la ausencia de Jesucristo, nos posibilita juzgar la importancia, necesidad y valor que tiene Cristo, para el rumbo que lleva la sociedad en este mundo, según la evidencia de su ejemplo y modelo de vida relatado como hechos históricos en los evangelios.


11.7) LA VIRTUD: LOS PRINCIPIOS Y VALORES EN EL TRANSCURSO DE LA VIDA


La virtud es Jesucristo mismo, porque el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo representa la virtud en su persona, así como lo dispuso Dios Padre: “… para que anunciéis las virtudes de aquel que os ha llamado de las tinieblas á su luz admirable” (1 Pedro 2.9 – RVR1909). Se dice que la virtud es el poder o potestad de actuar con rectitud, además de la fuerza necesaria para provocar inevitablemente un efecto que es eficaz y eficiente, en la conservación o restablecimiento del bienestar integral de paz, serenidad espiritual, sosiego corporal y mental. La virtud es la disponibilidad habitual y voluntaria de actuar conforme a los principios y valores, específicos para la convivencia cotidiana entre seres humanos y que son de gran valor y vigor. Por ejemplo, el amor y servicio a Dios, es fuente que genera el amor y servicio a los demás, porque es consecuente y congruente, en el trato hacia Dios y hacia los que está alrededor. Así Jesucristo es la virtud como guía y referencia.


La sociedad en general asume como propios la autoría, definición y legislación de los principios y valores, pero en realidad el Autor de estos principios y valores es Dios Padre, el Creador de todo lo existente, manifestado mediante su Hijo. Se advierte que el siguiente análisis es fuerte, porque las Sagradas Escrituras dicen: “No os engañeis: Dios no puede ser burlado; que todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR1909).


Para iniciar hay un pasaje mencionado por Jesucristo, donde se entremezcla conceptualmente y se resume con acierto la realidad eclesiástica de toda su historia, tanto antigua, colonial, medieval y primitiva, como contemporánea. El común histórico es el credo religioso y el conjunto de integrantes que lo profesan. La vida histórica de la iglesia ha lidiado paralelamente con la sociedad civil no confesional. El pasaje es algo extenso, pero su transcripción es fundamental, para captar integralmente la idea transmitida por el texto y la interpretación que hacemos en el contexto actual. El pasaje inicia con el texto a continuación: “Entrad por la puerta estrecha: porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva á perdición, y muchos son los que entran por ella. Porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva á la vida, y pocos son los que la hallan” (Mateo 7.13 al 14 – RVR1909). En este pasaje Jesucristo nos invita a entrar por la puerta estrecha, pero resulta que él mismo es la puerta como en otra ocasión manifiesta: “Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo…” (Juan 10.9 – RVR1909).


Somos parte del mundo, y vivimos en un mismo planeta, donde no podemos vivir aislados de una sociedad corrupta y descompuesta en todos sus ámbitos, justificada con el pretexto del status social y la supervivencia, la sociedad se ha descarrilado de la verdad de Cristo, se ha desviado del camino y desbocado con ceguera, guiando a las masas humanas cegadas hacia el precipicio, por ejemplo, mediante la dominación histórica, el expansionismo ideológico y territorial, la explotación y robo de la riqueza local o nativa de los pueblos, las guerras genocidas y masacres humanas. El equivalente a la trata de personas, al lucro y la usura en perjuicio de los más desposeídos. Los principios y valores que llevan a la vida eterna son los de Jesucristo, por este motivo ante Dios el Padre, solo Jesucristo basta y sobra, es el camino, la verdad y la vida. Las prácticas injustas del mismo ser humano ocasiona la generación de ocupaciones deshonestas, por falta de una distribución de la riqueza de forma más equitativa y las oportunidades de fuentes de trabajos dignos y honrados.


A continuación con el pasaje en análisis se dice: “Y guardaos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces” (Mateo 7.15 – RVR1909). El sistema eclesiástico y religioso, debido al crecimiento de la Iglesia y la imperante necesidad de regular sus actividades, implementa e impone reglas internas de la iglesia, basadas en creencias, dogmas, estatutos y toda la legislación eclesiástica. Esto es el fraccionamiento cristiano, llámese congregación, denominación, iglesia o religión, que han opacado a Jesucristo con sus propias listas de enseñanzas para alcanzar la salvación, enseñanzas basadas en meras interpretaciones y teorías, determinadas e identificadas para su propio grupo como únicas y verdaderas. Esto sucede a nivel grupal e institucional, porque la organización en sí sustituye la infalibilidad, preeminencia y supremacía de Jesucristo. Se deposita la confianza en un líder o jerarquía de líderes, quienes toman las decisiones y reemplazan el sentido de la vida de Jesucristo. Aún sus líderes tienen una gran oratoria y convencimiento para arrastrar e impresionar a las masas humanas, pero de ninguna manera reflejan o representan el ejemplo y modelo de vida de Jesucristo.


El interés de estos líderes es el crecimiento del volumen de miembros integrantes de su respectivo grupo eclesiástico, en lugar del servicio fiel a Cristo, es la oportunidad de ver cada Iglesia como un negocio familiar, personal o como fuente de trabajo y subsistencia asalariada, económica, financiera y presupuestaria. Esto refuerza la dependencia absoluta a las directrices eclesiásticas para alcanzar dicha salvación, según el orden, protocolo, reglamento y rito, de las listas de doctrinas y dogmas en cada organización y grupo de las Iglesias. Abundan las creencias que remplazan a Cristo en su importancia, prioridad y único medio de salvación para vida eterna, establecido por la voluntad de Dios Padre.


Aunque la Biblia dice acerca de Jesucristo: “Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4.12 – RVR1909). Se mantiene a los asistentes a las iglesias, congregados o feligreses de manera cautiva, con la creencia de que están en una organización indispensable y única para recibir la salvación y vida eterna. Se vuelven obreros ilegítimos, solamente por amor al dinero y sin vocación de fidelidad y servicio a Jesús, llegan a ser seudo-cristianos, pero de ninguna manera discípulos auténticos de Jesucristo. La misión particular, según la propia conveniencia e interés, es formar la Iglesia con la prioridad de la institucionalización, en el sentido de la actividad económica y de socialización, durante un tiempo establecido y específico de liturgia y de reunión, durante una o más veces por semana. Se omite la armonía y comunión como una forma de vida en comunidad de fe en el diario vivir, específicamente en el bien común y la ayuda solidaria al más necesitado todos los días de la semana, tanto en lo espiritual como en lo material. Basta analizar los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, para hacer conciencia de la acción de Jesucristo, su enseñanza, mensaje, parábolas, consolidado y respaldado en la práctica y vivencia de sus hechos a favor del más necesitado.


Si Jesucristo es nuestra referencia, es la razón de ser de todo lo existente de la creación, es la cabeza de la Iglesia, sea institucionalizada o sin ser institucional, es la medida o regla que nos une en una misma creencia, es la sana doctrina, es el maestro o mentor y nosotros el discipulado, es el estándar o vínculo común para todos, entonces, ¿por qué cada día se fundan y surgen nuevas iglesias locales denominacionales, con creencias muy diferentes entre sí? Seguidamente el pasaje en estudio menciona: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? Así, todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. No puede el buen árbol llevar malos frutos, ni el árbol maleado llevar frutos buenos. Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7.16 al 20 – RVR1909). Los frutos son el resultado o la evidencia de un verdadero arrepentimiento, conversión y resarcimiento. Se insta como requisito el ser una persona templo del Espíritu Santo, pues resulta que los frutos del Espíritu son los principios y valores de la caridad, gozo, paz, tolerancia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5.22 al 23).


La Biblia dice: “Porque si en vosotros hay estas cosas, y abundan, no os dejarán estar ociosos, ni estériles en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Mas el que no tiene estas cosas, es ciego, y tiene la vista muy corta, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1.8 al 9 – RVR1909). A esto se suma el amor, compasión, esperanza, fe, justicia, paciencia, misericordia y demás características o cualidades demostradas por Jesucristo. Por ejemplo, la Biblia dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14 – RVR1909). Cada una de estas palabras tiene un gran significado, y su aplicación es muy amplia en todas las áreas de nuestra vida, por ejemplo, templanza quiere decir constancia, estabilidad, firmeza y dominio propio, tiene que ver con la altivez, el enojo, y la ira, es decir el dominio del carácter y el control posible del temperamento, con la mediación de Jesucristo e intervención de Dios Padre: “Porque los que son de Cristo, han crucificado la carne con los afectos y concupiscencias. Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu” (Gálatas 5.24 al 25 – RVR1909).


¿Qué tiene que ver las virtudes, como los principios y valores, para la salvación y vida eterna? A esto le sumamos la idiosincrasia de la persona en su combinación de carácter y temperamento. En el caso del temperamento, el mismo es semejante a un chip biológico o circuito integrado biológico, que no cambia en todo el transcurso de la vida del ser humano, solamente por medio de la intervención de Dios para realizar un cambio, conocido como nacer de nuevo: “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo. Empero cierto estoy yo de vosotros, hermanos míos, que aun vosotros mismos estáis llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podáis amonestaros los unos á los otros” (Romanos 15.13 al 14 – RVR1909). El algoritmo viene a ser el arrepentimiento, conversión y resarcimiento de la vieja mentalidad del ser humano, reflejada en sus comportamientos y conductas a través del don del Espíritu Santo: “Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación para su conocimiento; Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál sea la esperanza de su vocación, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, Y cuál aquella supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos…” (Efesios 1.17 al 19 – RVR1909).


Las virtudes como los principios y valores, tienen influencia sobre las actitudes, características, convivencia, costumbres, cualidades, cultura, educación, emociones, habilidades, hábitos, prácticas y sentimientos, adecuados para el diario vivir y que en su conjunto aportan la calidad de la espiritualidad de la persona. Esto atañe a las acciones y obra de Jesucristo en su ejemplo y modelo, según su demostración y práctica durante su vida. El texto en análisis continúa con el siguiente pasaje: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad” (Mateo 7.21 al 23 – RVR1909).


Jesucristo representa una forma de vida, una relación de convivencia en armonía con Dios el Padre y con el prójimo, o sea, con las personas a nuestro alrededor. El ser humano al formar parte de un grupo eclesiástico o religioso, se rige por las creencias, doctrinas y dogmas establecidos en su respectiva organización, sea independiente o afiliada a una casa o sede matriz, sea una congregación o una denominación. Sin embargo, a pesar de estas circunstancias donde la persona se identifica como cristiano, es su compromiso primario ante Dios, el ser un discípulo de Jesucristo en la práctica del ejemplo y modelo de vida de Jesús, coherente y congruente a sus principios y valores con la cotidianidad, de lo contrario las personas se catalogan como hacedores de maldad desconocidas por Jesucristo.


Los principios y valores ayudan a la salud integral del ser humano, tanto corporal en el caso de lo físico, pero también en relación con la salud mental. Los principios y valores se integran como parte de lo espiritual, porque aunque son normas o reglas de convivencia, benefician en el individuo y en lo colectivo a la sociedad, para mantener moderadamente un orden y una regulación del comportamiento y conducta consigo mismo y con los demás. También el pensamiento optimista y positivo afecta lo corporal o físico, además atrae la salud mental e integral al cuerpo. La alimentación y nutrición estabiliza la integridad del ser humano, para un adecuado funcionamiento orgánico.


11.8) LA MEDITACIÓN, ORACIÓN Y REFLEXIÓN, COMO PREPARACIÓN PARA EL TIEMPO DEL FIN


Las personas muchas veces planean sus vidas en relación con el domicilio, estudio, familia, ocupación, trabajo, vacaciones, entre otros. En el caso de lo espiritual proyectado a lo celestial, la preparación para el tiempo del fin, es determinante en la misión del propósito y razón de ser de la persona en la vida presente, con la visión puesta en la condición futura deseada en la vida eterna. El tiempo del fin para una persona puede ser su duración de vida o longevidad, pero se podría cumplir con el fin del sistema mundial a la segunda venida de Jesucristo. Esto es indispensable para tener una coherencia adecuada, conveniente y correcta, en la espiritualidad correspondiente del ser humano, en armonía, conexión y sintonía, frente a la comunicación con Jesucristo como mediador ante Dios Padre.


La barrera psicológica afecta y altera la transmisión emisor – receptor, en la codificación y decodificación del mensaje entre la humanidad como creación y Dios como su Creador. Por ejemplo, el distractor y ruido provocado por las costumbres y construcciones culturales que distancian al ser humano de Dios. Algunos tienen la creencia de vivir por vivir, sin necesidad de consagración y santificación a Jesucristo, por consiguiente el pensamiento de que ser santo es imposible o una utopía irrealizable. Sus vidas tienen una visión limitada, sin provisión más allá de esta vida, sin anhelar la salvación y vida eterna. No creen en la acción divina inherente a la trayectoria de vida de la experiencia humana.


En la crisis actual de la pandemia, se muestra una diversidad de factores mentales en las personas, que les imposibilita la comprensión y entendimiento con claridad del conocimiento, idea y plan de Dios. En el caso de la bondad, generosidad y solidaridad se contrasta con la altivez, egoísmo y prepotencia, como barrera de espiritualidad en la comunicación con Dios. Las personas espirituales son sensibles y poco apegadas a lo material del beneficio propio, pero espléndidas en ayudar y compartir para el bien común. Estas personas son proactivas que también aplica en lo espiritual, tienen la capacidad de iniciativa de anticipar y reaccionar a los hechos, con compromiso, decisión y responsabilidad. Se considera la proactividad como la actitud de mejorar y superar constantemente, cuando se mide las consecuencias y se actúa con la disposición de enfrentar cualquier situación, para resolver y aportar soluciones eficientes. Hay una relación con encontrar el sentido a la vida activa en la colaboración, cooperación, solidaridad y voluntariedad. La barrera del ofuscamiento en la comunicación efectiva, se presenta cuando hay un incremento de incertidumbre y preocupación, debido a la confusión de las ideas por la oscuridad de la razón, con la consecuente desorientación, equivocación y turbación. Se manifiesta mayormente a través de la irresolución y perplejidad de la duda de lo que se debe hacer en una determinada situación.


Es fundamental en estos casos potencializar la capacidad de saber escuchar y hacer. A nivel colectivo se presenta lo socio – emocional, que integra lo físico – mental del individuo con otros individuos en el ámbito de la sociedad. Se involucra lo que llaman el aprendizaje, educación y mejora continua, en cada persona y en la sociedad en general. Aunque hay una autonomía e independencia en la comprensión, compromiso y responsabilidad del ser humano, cada persona tiene una interdependencia con los demás, de igualdad en la correspondencia y reciprocidad. Esto se demuestra con la situación de la pandemia del COVID-19, donde se utiliza el aislamiento, cubrebocas y distanciamiento para evitar esparcir el contagio entre personas. El coronavirus no discrimina a nadie y nos hace más iguales a todos los seres humanos como nunca antes visto. Lo socio – emocional nos ayuda a ser personas más colaborativas, cooperativas y serviciales, en nuestras interacciones cotidianas con otras personas, donde se requiere una mayor comunicación empática, para comprender las emociones ajenas y una auténtica identificación con los demás.


Nos renovamos y volvemos a Dios con decisión y obediencia, con la meditación cotidiana y piadosa de las Sagradas Escrituras, como alimento espiritual para nuestras vidas. Las mismas representan un sistema de principios y valores que nos centran, enfocan y ubican en Jesucristo, para salvación y vida eterna. Hay un arrepentimiento, conversión y resarcimiento, para volvernos al amor, fidelidad, lealtad y servicio a nuestro Señor. La naturaleza humana se cambia a espiritual mediante Cristo, para llevarnos al camino del conocimiento celestial, como enviado de Dios Padre. Esta meditación en la palabra de Dios, a través de Jesucristo, es una fuente de poder energética del Espíritu Santo, sumado a la práctica de la comunión en oración: “Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones, sabe cuál es el intento del Espíritu, porque conforme á la voluntad de Dios, demanda por los santos” (Romanos 8.26 al 27 – RVR1909). La paz interior y serenidad, sin turbación física, mental o moral, se logra con la meditación, oración y reflexión espiritual en Cristo. Porque la persona se enfoca en Jesucristo, como fuente de vida abundante para salvación y vida eterna, especialmente por la confianza, convicción y seguridad, de haber encontrado y saber que Cristo es a quien buscaba, para alcanzar el amor, esperanza y fe, especialmente la felicidad de ser parte del amor de Dios.


La salud físico – mental colectiva e individual es necesaria para una buena relación socio – emocional, con el resultado de un mejor control de la ansiedad y del estrés. Especialmente para prevenir ciertos niveles del desánimo y depresivos. El dolor social provocado por la pandemia, podría generar la aflicción y sentimiento de haber ofendido, primeramente a Dios y seguidamente al prójimo. Es un arrepentimiento y pesar de nuestras acciones, de la omisión del bien y de la práctica del mal. Por esta razón, siempre hemos afirmado que no basta con la dimensión de lo natural, es indispensable actuar y mirar la trascendencia hacia lo espiritual, tener muy en claro el compromiso con los principios, valores y virtudes de Jesucristo. Aquí es donde se hace indispensable la meditación, oración y reflexión, para una vida saludable, inclusive para comer el tipo correcto de alimentos y lograr una armonía sana en el organismo. Ejercitar la paciencia, se fortalece y robustece una firme salud emocional. El desarrollo y disciplina mental, la exploración en profundidad de la Biblia, con pensamiento analítico y sentido crítico, el lenguaje claro, conciso y sobre todo respetuoso.


El Internet se complementa a la radio y televisión, como medios poderosos de transmisión de valores, especialmente el evangelio de Jesucristo hasta lo último de la tierra. La combinación del auge del Internet con el desarrollo del calentamiento global en proceso, contribuyen al cumplimiento profético previo de la segunda venida de Jesucristo. La historia de la humanidad en los últimos aproximadamente seis mil años, se dividen en la Edad de la Agricultura y Ganadería, la Edad Industrial y de Telecomunicaciones, la Edad del Calentamiento Global y próximamente la Edad Definitiva del Reino Celestial. Debido a la influencia global de las actividades humanas en el cambio del clima, especialmente por su afectación al medio ambiente, algunos alegan su origen antropogénico, desde el punto de vista geológico y en el sentido de las actividades de influencia humana en detrimento de las capas terrestres del planeta. Esta afectación mundial sumada a la concordancia con el tiempo del fin, hacen urgente el clamar e invocar el nombre de Jesucristo como mediador ante Dios Padre, para rogar por su ayuda e intervención.


La humanidad culturalmente y socialmente hace del cristianismo un estereotipo o estigma repulsivo, así es como revolucionariamente luchan contra otros tipos de discriminación, pero discriminan a Jesucristo para evadir todo compromiso y responsabilidad ante Dios Padre. Previo a la pandemia COVID-19 o SARS-CoV-2 en el año 2019, se propagó la persecución a los cristianos con violencias consideradas a nivel de genocidio. También una oleada de contagios en las legislaciones de muchos países, con la aprobación de leyes que promueven comportamientos y conductas anticristianas, conocidas como la cultura e ideología de la muerte. Cuando se persigue a la iglesia cristiana se persigue a Jesús mismo, tal fue el caso de Saulo conocido posteriormente como Pablo:


“Y Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem. Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo; Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Y él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él dijo: Yo soy Jesús á quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hechos 9.1 al 5 – RVR1909).

Se dice que sin finalizar la primera oleada del coronavirus en el mundo, ya hay indicios de otras oleadas consecutivas de la pandemia. Posiblemente este virus de la enfermedad COVID-19 con sus mutaciones es más agresivo, con su evolución en cada variante, esto implica mejorar tratamientos curativos y vacunas preventivas. Hay que esperar el desenlace del mundo frente a este peligro sanitario, con las consecuencias económicas y psicosociales, en relación con el comportamiento, la conducta humana y el incremento de la criminalidad y el desempleo. La hipótesis o teoría es que Dios tiene el control de lo que sucede, porque la tendencia de las naciones es discriminar, excluir y marginar a Dios mediante las legislaciones y revoluciones culturales, llamadas libertarias y progresistas, confundidas muchas veces con la anarquía y libertinaje. Los acontecimientos mundiales constituyen un pronunciamiento de Dios, quien determinará su última palabra en el destino final del planeta, máxime porque según las Sagradas Escrituras estamos en el tiempo del fin. La evidencia que comprueba la validez de cualquier tesis, serán los hechos reales de los sucesos enfrentados por el planeta.


Hasta ahora los hechos demostrados por las corrientes gobernantes del mundo, es la falta de consagración, dedicación, reconocimiento y santificación a Jesucristo. De ninguna manera hay rendimiento de cuentas por el rumbo discriminatorio e intolerante hacia Jesucristo, especialmente la actitud despectiva a la sangre derramada por Cristo en su crucifixión: “¿Cuánto pensáis que será más digno de mayor castigo, el que hollare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del testamento, en la cual fué santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Sabemos quién es el que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará su pueblo. Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo” (Hebreos 10.29 al 31 – RVR1909).


Los principios y valores correctos arraigados en nuestro corazón y mente, desde la interioridad con fuerza y profundidad, se manifiestan y reflejan hacia lo externo con la coherencia de vivir una vida de integridad. Se logra la excelencia de vida consagrada a Dios. Esto produce la armonía, paz y santidad de bienestar y salud espiritual, con la trascendencia desde la dimensión natural a la dimensión espiritual. Se concluye que esta vida no es del todo vida, sino una transición temporal, limitada por espacio y tiempo, a la verdadera vida intemporal, la vida celestial y eterna. Por lo tanto, el objeto o propósito de la vida presente tiene relación con la meta de formar parte del séquito celestial. Lo que llaman elevarse por encima del plano animal, carnal, diabólico y terrenal: “Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3.14 al 16 – RVR1909). El ser humano se aferra y apega a lo terrenal, mientras tanto, Jesucristo es quien representa el conocimiento celestial: “El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es” (Juan 3.31 – RVR1909).


La humanidad desprecia al Hijo de Dios, se dice que de cada siete o casi ocho personas del mundo, solamente dos o a futuro tres se hacen llamar cristianos. Esto representa tan solo un veinticinco por ciento, o sea, la cuarta parte de la población mundial en la actualidad, proyectado hasta un treinta por ciento a futuro. La siguiente parábola de Jesús menciona ciertas proporciones entre creyentes y solo oyentes (el subrayado es nuestro): “Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas... Y los de junto al camino... Y los de sobre la piedra... Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia” (Lucas 8.10 al 15 - RVR1909). Lo que pasa es que la tendencia del humano es trastornar los caminos rectos del Señor: “Mas les resistía Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fe al procónsul. Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?” (Hechos 13.8 al 10 – RVR1909).


Inclusive se antepone la voz del mismo humano sin dar la gloria a Dios: “Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles. Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y espiró comido de gusanos” (Hechos 12.21 al 23 – RVR1909). Estas actitudes presentadas en individuos se generalizan en la sociedad mundial, basta con saber la información estadística de la persecución sufrida por los cristianos, a nivel de genocidio en todo el mundo actual. La dimensión espiritual y celestial requiere el empoderamiento en el Señor Jesucristo. La dimensión natural por sí misma, sin el poder de Dios de ninguna manera puede trascender finalmente a lo celestial. Solamente con el don de Dios podemos alcanzar perfección y santidad, con la debida coherencia en los principios y valores de Dios, en lo que se refiere a la vida como última instancia y de importancia suprema. La fuente que nos inspira y eleva es Jesucristo. La Biblia menciona lo siguiente: “Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero” (Hechos 8.20 – RVR1909). Se dice que fuimos seres celestiales que venimos al mundo a vivir una experiencia humana, de manera que ya hay un conocimiento previo, donde ningún ser humano queda impune de cualquier indecisión y desobediencia. En este sentido no hay acepción de personas para con Dios.


Jesucristo es quien le da capacidad, fe y sentido a la vida del justo. La Biblia hace referencia del justo, en alusión al ejercicio de la fe y justicia con exactitud y precisión. La práctica eficiente de la justicia en el justo maximiza el poder del resultado de la oración: “Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho. Elías era hombre sujeto á semejantes pasiones que nosotros, y rogó con oración que no lloviese, y no llovió sobre la tierra en tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dió lluvia, y la tierra produjo su fruto” (Santiago 5.16 al 18 – RVR1909). La vida requiere un equilibrio con sabiduría, tener bien claro los principios y valores, con un compromiso y responsabilidad de practicar los mismos. La sabiduría consiste en el buen juicio y conocimiento profundo del temor a Dios: “Oirá el sabio, y aumentará el saber; Y el entendido adquirirá consejo; Para entender parábola y declaración; Palabras de sabios, y sus dichos oscuros. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1.5 al 7 – RVR1909).


En el caso de la fe está ligada a la consciencia de la invocación del nombre de Dios. La fe es certeza, confianza, convicción y seguridad en Dios. La fe es comprender y entender a Dios, con el efecto de una respiración de serenidad y tranquilidad, sin turbación física o moral, debido a la confianza y creencia en Dios. La fe se ejerce con el corazón y la mente, implica la actitud, emoción y sentimientos. La fe integra la personalidad con el carácter y temperamento. La intensidad de la fe tiene relación con la fuerza de unir o ligar a Dios, originalmente influenciada por la religión. En relación con invocar el nombre de Dios, se establece que su representación está en el nombre de Jesucristo, el nombre del Hijo de Dios que está por sobre todo nombre entre los seres humanos. En las últimas décadas la tendencia mundial en muchas naciones es legislar en contra de la fe y la invocación del nombre de Dios. Legislaciones en proceso en el mundo, referente al aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio de igualdad civil, suicidio asistido, entre otros, están pendientes por la conmoción de la pandemia del coronavirus COVID-19 o SARS-CoV-2. Hay que esperar el destino final del planeta, en lo económico y psicosocial, especialmente en el comportamiento y la conducta. Además de la expectativa futura de la llegada de nuevas cepas, pandemias y virus más contagiosos y letales. Posiblemente la nueva normalidad social sea el imprescindible e indispensable temor a Dios, congruente con la imperante moral y buenas costumbres.


El ser humano en su relación directa con Dios, tiene una conexión consciente del conocimiento de lo que hace y piensa, en función de la obediencia, respeto, reverencia y sumisión, más relacionados con el temor a Dios. La consciencia es un medio de cohesión de energía, enlace y fuerza de atracción del ser humano con su Creador: “Pues el fin del mandamiento es la caridad nacida de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida: De lo cual distrayéndose algunos, se apartaron á vanas pláticas; Queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan, ni lo que afirman” (1 Timoteo 1.5 al 7 – RVR1909). Otro término que también aplica en lo espiritual es la sinergia, o sea, la acción conjunta para el logro de un fin común y un mismo resultado, hay un mayor alcance de la influencia en la unión del trabajo en equipo. Jesucristo es nuestro núcleo central, donde se agregan y adhieren fuertemente sus discípulos para formar un todo. Jesucristo es el proveedor del agua viva donde todos bebemos y saciamos nuestra sed espiritual, con la confianza y seguridad en la fuente de vida abundante. Ahora podemos ver a Jesucristo con una visión clara y sin ningún tipo de distorsión. En nuestro Señor podemos ver reflejado nuestro propio ser:


“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará: y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer. El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, pedid todo lo que quisiereis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. Como el Padre me amó, también yo os he amado: estad en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo también he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido” (Juan 15.1 al 11 – RVR1909).

La adoración es la alabanza, culto, obediencia y oración a Dios Padre y a su Hijo Jesucristo, con conciencia de lo que se hace, o sea, conocimiento interior y reflexivo para hacer el bien y evitar el mal (Mateo 6.13; 2 Corintios 13.7). En el acto de adoración que describe el salmista involucra arrodillarse y postrarse delante de Jehová nuestro Hacedor (Salmos 95.6). La oración es la comunicación directa del ser humano con Dios, hay poder en la oración y es eficaz, debe hacerse decentemente y con orden, porque se ora con el espíritu y con el entendimiento (1 Corintios 14.15 y 40). Se requiere orar al Padre en el nombre de su Hijo Jesús (Juan 14.13 al 14), crédulo de recibir la petición (Mateo 21.22). Es necesario orar siempre sin desmayar (Lucas 18.1), porque Dios oye al obediente y temeroso de su voluntad (Juan 9.31). El oye la oración sincera hecha con humillación (2 Crónicas 7.14; Santiago 4.8 al 10), que se acerca y le busca con fe (Hebreos 11.6), porque es importante el espíritu quebrantado, con el corazón contrito y humillado (Salmos 51.17). La obediencia es clave para ser escuchada (Proverbios 28.9), y el estar en paz con el prójimo (Mateo 5.23 al 24). Es necesaria la oración en comunidad (Hechos 12.12), rogar los unos por los otros (Santiago 5.16), orar por los miembros de la iglesia (Efesios 6.18), y por los seres humanos (1 Timoteo 2.1 al 3) en general.


Hay pasajes acerca de la oración de postrado y rodillas (Salmos 95.6). Conforme se pueda, se recomienda la oración en estas posiciones, siempre y cuando las condiciones del lugar lo permitan o no haya ningún impedimento, debido a capacidad física diferente. Es devoción realizar la oración de rodillas, como el profeta Daniel que se hincaba de rodillas tres veces al día, (Daniel 6.10) esta posición es una forma de humillación ante Dios. En la Biblia la expresión caer sobre el rostro significa postrarse (Números 14.5, 16.4; 2 Crónicas 7.3). Se debe doblar las rodillas en el nombre de Jesucristo (Isaías 45.23; Hechos 21.5; Romanos 14.11; Filipenses 2.10 al 11). Jesús nos dio el ejemplo cuando oró de rodillas ante el Padre (Lucas 22.41). El apóstol Pablo dejó precedente de orar en esta posición (Efesios 3.14).


CAPÍTULO 12: EL CORONAVIRUS SARS-COV-2 Y LA ENFERMEDAD COVID-19


La sabiduría bíblica es un conocimiento en profundidad en la Biblia, con la finalidad de influir un buen juicio en la administración y gobierno, tanto colectivo como individual, reflejado en las acciones y hechos personales o sociales. La sabiduría incluye el conocimiento e información que facilita el poder de controlar mejor el bienestar común, el cuidado del medio ambiente y el entorno en general donde se convive, conforme al comportamiento y la conducta del ser humano. Una regla aplicada en el estudio bíblico dice: “Un texto, fuera de contexto, es un pretexto”. Se trata de explicar el texto explícito por bloques, mayormente con el énfasis en la escritura literal, en el sentido exacto de las palabras. El contexto es el texto posterior y previo al texto analizado o texto central en cuestión, porque se analiza el texto continuo como una sola unidad temática. Algunos relacionan el contexto con la época y situación histórica - social cuando se escribe el texto.


También se considera como contexto la interpretación realizada por el lector, según su propia cultura, época y domicilio geográfico. Otras personas prefieren leer entre líneas o renglones, o sea, sobreentender para deducir y explicar el sentido, por ejemplo, el texto simbólico requiere de la interpretación, en relación con las figuras y sus significados. Toda la colección o conjunto de cartas y libros bíblicos, comprenden un mismo hilo conductor, con la coherencia y unidad de toda la Escritura Sagrada como un solo texto. En el caso del tema principal de la Biblia el hilo conductor es Jesucristo, el Mesías y Ungido prometido, tanto en relación con la ley y la profecía bíblica.


Hay quienes afirman la necesidad de comprender y entender el detrás del texto. El autor general es Dios, porque es su palabra, sin embargo, la misma no está exenta o no se exime de un ligero ingrediente de factor humano, debido al aporte propio de las ideas de quien dicta o escribe el texto. Además hay posibilidades de observaciones escritas posteriormente en los márgenes, agregados al texto original por parte de copistas, que copiaban los escritos antes de la invención de la imprenta. Si este fuera el caso, de ninguna manera se desautoriza la totalidad del contenido bíblico, porque dichas observaciones fueron para aclarar o mejorar la comprensión y entendimiento del texto. Al parecer un caso de estos es el siguiente pasaje: “Porque tres son los que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Verbo, y el Espíritu Santo: y estos tres son uno” (1 Juan 5.7 – RVR1909). Los especialistas tienen un debate acerca de la originalidad de este pasaje en los textos más antiguos. Esto no es motivo de escandalizarse, sino de tomar con calma y tranquilidad, pero en profundidad, el análisis, estudio e investigación de la palabra de Dios. Hay interpretación objetiva, sin parcializarse en el conocimiento individual o personal. También existe la posibilidad de una interpretación subjetiva, relacionada con un conocimiento interno de pensar o sentir del yo: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de particular interpretación; Porque la profecía no fué en los tiempos pasados traída por voluntad humana, sino los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados del Espíritu Santo” (2 Pedro 1.20 al 21 – RVR1909).


¿Cuál relación hay entre estos comentarios y el tema en cuestión? El tema de la sabiduría bíblica comparada con el coronavirus del COVID-19, podría tocar la sensibilidad de las personas, con base en pasajes bíblicos dispersos en toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis o Revelación. Este análisis requiere la mención de pasajes o versículos independientes de toda la Biblia, para justificar la causa o motivo del alegato, fundamentar citas bíblicas intercaladas de ejemplo y prueba.


Debido a la existencia de personas positivas en el coronavirus del COVID-19, pero que no presentan síntomas porque son asintomáticos, entonces se les ingresa en un confinamiento acondicionado especialmente. Este aislamiento social ha sido llamado “El Arca de Noé”. Esta relación tiene las siguientes cuatro semejanzas: la primer semejanza es que Noé se encierra con su familia en el arca para ser salvos: “Los cuales en otro tiempo fueron desobedientes, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es á saber, ocho personas fueron salvas por agua” (1 Pedro 3.20 – RVR1909).


La segunda semejanza es que el diluvio en tiempos de Noé fue un acontecimiento global en todo el mundo: “Estableceré mi pacto con vosotros, y no fenecerá ya más toda carne con aguas de diluvio; ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta será la señal del pacto que yo establezco entre mí y vosotros y toda alma viviente que está con vosotros, por siglos perpetuos: Mi arco pondré en las nubes, el cual será por señal de convenio entre mí y la tierra” (Génesis 9.11 al 13). Después del diluvio el siguiente suceso global es el coronavirus del COVID-19, porque se ha expandido a todos los continentes del mundo, con excepción de la Antártida.


La tercer semejanza tiene relación con la condición de maldad del ser humano en su nivel más alto: “Y corrompióse la tierra delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios la tierra, y he aquí que estaba corrompida; porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Y dijo Dios á Noé: El fin de toda carne ha venido delante de mí; porque la tierra está llena de violencia á causa de ellos; y he aquí que yo los destruiré con la tierra” (Génesis 6.11 al 13 – RVR1909). En la actualidad se ha corrompido la sociedad en el nivel nunca antes visto, porque el amor a Dios ha muerto en gran parte de la población mundial, se ha perdido el respeto y reverencia pública de obediencia a la voluntad de Dios. Inclusive su mayor símbolo natural de pacto con la humanidad, que es el arco formado en las nubes, como señal de convenio entre Dios y la tierra, se ha utilizado para fines de discriminación, negación y rechazo a la consagración, redención y santificación de Jesucristo.


En relación con la maldad y el amor de Dios o caridad, Jesucristo dijo que en los tiempos del fin, el amor o caridad de muchos se enfriará o resfriará: “Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. Mas el que perseverare hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.12 al 14 – RVR1909). Un resfriado implica un proceso inflamatorio de las vías respiratorias de la garganta y nariz, debido a la infección viral. El contagio, propagación o transmisión del coronavirus es mediante gotas de agua, mayor componente de la saliva. Resulta que hay una promesa de Dios acerca de que la humanidad no volverá a ser destruida con agua: “Cierto ellos ignoran voluntariamente, que los cielos fueron en el tiempo antiguo, y la tierra que por agua y en agua está asentada, por la palabra de Dios; Por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua: Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3.5 al 7 – RVR1909).


Parece ficción o novelesco relacionar las gotitas de saliva, transportadoras del coronavirus y COVID-19, con el tiempo del diluvio cuando fueron salvos por el arca de Noe, pero son pistas que nos dan una idea asociada a lo que está pasando, el mundo no será extinguido por agua sino que se menciona el fuego, más relacionado con el calentamiento global, cambio de clima y choque de todas las placas tectónicas a nivel mundial: “Y el séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una grande voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho es. Entonces fueron hechos relámpagos y voces y truenos; y hubo un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no fué jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra” (Apocalipsis 16.17 al 18 – RVR1909). En todo caso, la situación actual de pandemia, se resuelve a nivel mundial con un tratamiento curativo y una vacuna preventiva, pero la realidad vivida es como una pesadilla, donde hay una angustia y opresión respiratoria por causa de un mal sueño, con mucha preocupación extremadamente intensa. La mayor pesadilla es el incremento del calentamiento global, porque los líderes de este mundo en la administración y gobierno de las naciones principales, priorizan la industrialización masiva como fuentes de trabajo, en apoyo directo al sector laboral y la generación de mayor empleo, pero con la afectación del medio ambiente que perjudica por igual a todos los seres humanos.


El pasaje anterior del Apocalipsis menciona el aire; este contiene entre sus componentes principales el oxigeno. La consecuencia más grave del coronavirus y COVID-19 es la sofocación y agresividad en los pulmones, inclusive el paciente llega a requerir respiración asistida, la infección microbiana e inflamación manifestada entre otras por la neumonía. En reiteradas ocasiones hemos mencionado que la Biblia tiene figuras y simbología con significado interpretativo, en este caso el Apocalipsis o Revelación está dirigido al Imperio Romano en los primeros siglos de nuestra era cristiana. Otros prefieren hacer una interpretación escatológica en relación con el futuro, del último período de la vida humana. Ningún ser humano tiene la garantía absoluta de determinar, identificar y definir los textos como literales o simbólicos, en este sentido nadie tiene la infalibilidad, salvo los presuntuosos religiosos que se encasillan herméticamente en su propia creencia y opinión, ya sea en contra o a favor de cada tesis. Por ejemplo, la Biblia dice:


“Y al día siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotea á orar, cerca de la hora de sexta; Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer; pero mientras disponían, sobrevínole un éxtasis; Y vió el cielo abierto, y que descendía un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos era bajado á la tierra; En el cual había de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles, y aves del cielo. Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común é inmunda he comido jamás. Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el cielo. Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí, los hombres que habían sido enviados por Cornelio, que, preguntando por la casa de Simón, llegaron á la puerta” (Hechos 10.9 al 17 – RVR1909).

Algunos toman el pasaje anterior como literal, otros lo consideran simbólico. Las palabras de Pedro al respecto son las siguientes:


“Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus pies, adoró. Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate; yo mismo también soy hombre. Y hablando con él, entró, y halló á muchos que se habían juntado. Y les dijo: Vosotros sabéis que es abominable á un varón Judío juntarse ó llegarse á extranjero; mas me ha mostrado Dios que á ningún hombre llame común ó inmundo” (Hechos 10.25 al 28 – RVR1909).

En esta línea entre lo literal y simbólico, el aire podría representar el espíritu de vida indispensable en todo ser humano para vivir, por consiguiente nuestra total dependencia a Dios: “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fué el hombre en alma viviente” (Génesis 2.7 – RVR1909). Cada ser humano es responsable de sí mismo, de su dependencia y relación con Dios. El gran temblor de tierra y terremoto tan grande, podría representar las consecuencias del calentamiento global y cambio de clima.


El ser humano es responsable de sus propias acciones, inclusive la crisis, medidas higiénicas y restricción sanitaria que estamos viviendo. Las situaciones globales, como el diluvio en tiempos del arca de Noé, diluvio histórico del que se menciona y registra en muchas culturas antiguas de la humanidad, la pandemia global del coronavirus SARS-CoV-2, con la enfermedad COVID-19, es solamente una alarma o aviso de la gravedad incontrolable que podría pasar, con el posible incremento del calentamiento global. ¿Qué se podrá improvisar de última hora cuando globalmente el mundo se esté quemando? ¿Será esta la idea de enviar un grupo de humanos al planeta Marte para que la humanidad se preserve?


La cuarta semejanza es la actitud negativa de algunos líderes mundiales, por la falta de formalidad y seriedad de aceptar y enfrentar la pandemia del coronavirus y la enfermedad COVID-19. Lo mismo un ejemplo a manera de analogía o comparación del calentamiento global, es la estrategia de desentenderse o la indiferencia que hacen algunos líderes principales o presidentes, a la advertencia o llamado a acatar medidas de protección, semejante al caso omiso, hecho por el Faraón de Egipto en tiempos de Moisés:


“Y Faraón respondió: ¿Quién es Jehová, para que yo oiga su voz y deje ir á Israel? Yo no conozco á Jehová, ni tampoco dejaré ir á Israel. Y ellos dijeron: El Dios de los Hebreos nos ha encontrado: iremos, pues, ahora camino de tres días por el desierto, y sacrificaremos á Jehová nuestro Dios; porque no venga sobre nosotros con pestilencia ó con espada. Entonces el rey de Egipto les dijo: Moisés y Aarón, ¿por qué hacéis cesar al pueblo de su obra? idos á vuestros cargos. Dijo también Faraón: He aquí el pueblo de la tierra es ahora mucho, y vosotros les hacéis cesar de sus cargos. Y mandó Faraón aquel mismo día á los cuadrilleros del pueblo que le tenían á su cargo, y á sus gobernadores, diciendo: De aquí adelante no daréis paja al pueblo para hacer ladrillo, como ayer y antes de ayer; vayan ellos y recojan por sí mismos la paja: Y habéis de ponerles la tarea del ladrillo que hacían antes, y no les disminuiréis nada; porque están ociosos, y por eso levantan la voz diciendo: Vamos y sacrificaremos á nuestro Dios. Agrávese la servidumbre sobre ellos, para que se ocupen en ella, y no atiendan á palabras de mentira. Y saliendo los cuadrilleros del pueblo y sus gobernadores, hablaron al pueblo, diciendo: Así ha dicho Faraón: Yo no os doy paja. Id vosotros, y recoged paja donde la hallareis; que nada se disminuirá de vuestra tarea. Entonces el pueblo se derramó por toda la tierra de Egipto á coger rastrojo en lugar de paja. Y los cuadrilleros los apremiaban, diciendo: Acabad vuestra obra, la tarea del día en su día, como cuando se os daba paja. Y azotaban á los capataces de los hijos de Israel, que los cuadrilleros de Faraón habían puesto sobre ellos, diciendo: ¿Por qué no habéis cumplido vuestra tarea de ladrillo ni ayer ni hoy, como antes?” (Éxodo 5.2 al 14 – RVR1909).

En el caso del tipo de reacción del Faraón, Dios permitía que el Faraón endureciera su propio corazón, esto significa que el Faraón tenía su corazón agravado: “Y el corazón de Faraón se endureció, y no los escuchó; como Jehová lo había dicho. Entonces Jehová dijo á Moisés: El corazón de Faraón esta agravado, que no quiere dejar ir al pueblo” (Éxodo 7.13 al 14 – RVR1909). ¿Qué significa un corazón agravado en quien gobierna? El corazón agravado en un gobernante es oprimir arbitrariamente, con un gobierno, imposición y mandato tiránico, con un afecto y pasión que domina su ánimo de forma abusiva, en su autoridad, fuerza y poder: “Y dile: Jehová el Dios de los Hebreos me ha enviado á ti, diciendo: Deja ir á mi pueblo, para que me sirvan en el desierto; y he aquí que hasta ahora no has querido oir” (Éxodo 7.16 – RVR1909).


Por otra parte, el suceso del “heridor” que recorrió las calles o caminos de Egipto, en relación con la décima plaga, también tiene similitud con la actualidad, cuando las familias del pueblo de Israel fueron salvas, con la semejanza de un aislamiento social en sus respectivas casas: “Y Moisés convocó á todos los ancianos de Israel, y díjoles: Sacad, y tomaos corderos por vuestras familias, y sacrificad la pascua. Y tomad un manojo de hisopo, y mojadle en la sangre que estará en una jofaina, y untad el dintel y los dos postes con la sangre que estará en la jofaina; y ninguno de vosotros salga de las puertas de su casa hasta la mañana. Porque Jehová pasará hiriendo á los Egipcios; y como vera la sangre en el dintel y en los dos postes, pasará Jehová aquella puerta, y no dejará entrar al heridor en vuestras casas para herir” (Éxodo 12.21 al 23 – RVR1909). Al principio el Faraón de Egipto, le resta importancia al aviso de las plagas, igual ahora en el caso del calentamiento global y según el coronavirus del COVID-19, algunos presidentes endurecen sus corazones para creer a la advertencia: “¿Pues qué diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Mas á Moisés dice: Tendré misericordia del que tendré misericordia, y me compadeceré del que me compadeceré. Así que no es del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. Porque la Escritura dice de Faraón: Que para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi potencia, y que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Romanos 9.14 al 17 – RVR1909).


Semejante a la actualidad, Dios en el pasado establece un tipo de aislamiento para evitar alguna propagación de enfermedad: “Y Jehová habló á Moisés, diciendo: Manda á los hijos de Israel que echen del campo á todo leproso, y á todos los que padecen flujo de semen, y á todo contaminado sobre muerto: Así hombres como mujeres echaréis, fuera del campo los echaréis; porque no contaminen el campo de aquellos entre los cuales yo habito” (Números 5.1 al 3 – RVR1909). Esto es muy criticado por las personas que se oponen y resisten la Biblia como autoridad de Dios, alegando que es discriminación y marginación, sin considerar que la ciencia médica o la tecnología de la salud no estaba avanzada, ni existían los antibióticos para bacterias o los antivirales. Máxime cuando se trata de la menstruación de la mujer, lo que no valoran quienes critican, que es debido a un aislamiento social por medidas de higiene o distanciamiento por salud: “Y cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su carne, siete días estará apartada; y cualquiera que tocare en ella, será inmundo hasta la tarde. Y todo aquello sobre que ella se acostare mientras su separación, será inmundo: también todo aquello sobre que se sentare, será inmundo. Y cualquiera que tocare á su cama, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la tarde” (Levíticos 15.19 al 21 – RVR1909). Esta práctica de ninguna manera era para discriminar, marginar u ofender a la mujer, sino para protegerla de la falta de castidad o continencia de los hombres, durante los días de menstruación de la mujer: “Y no llegarás á la mujer en el apartamiento de su inmundicia, para descubrir su desnudez” (Levítico 18.19 – RVR1909).


Después de las plagas y de la salida del pueblo de Israel de Egipto, Moisés canta lo siguiente (porción de los primeros dos versículos): “Entonces cantó Moisés y los hijos de Israel este cántico á Jehová, y dijeron: Cantaré yo á Jehová, porque se ha magnificado grandemente, Echando en la mar al caballo y al que en él subía. Jehová es mi fortaleza, y mi canción, Y hame sido por salud: Este es mi Dios, y á éste engrandeceré; Dios de mi padre, y á éste ensalzaré” (Éxodo 15.1 al 2 – RVR1909).


Otro tema semejante de los que pueden resultar sensibles para los lectores, es relacionado con la alimentación. Cada persona come lo que quiera: “Porque uno cree que se ha de comer de todas cosas: otro que es débil, come legumbres” (Romanos 14.2 – RVR1909). Este es el conflicto sin fin entre quienes comen carne y los que son vegetarianos. Pero se recomienda que el animal que se come no haya muerto ahogado, como algunos que matan al animal con estiramiento del pescuezo, en lugar de desangrado: “Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: Que os abstengáis de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien” (Hechos 15.28 al 29 – RVR1909). En este pasaje también se menciona lo que llaman morcilla, que es sangre cocinada del animal. Además en tiempos antiguos sacrificaban animales a los dioses e ídolos falsos, entonces se recomienda comprar en la carnicería sin preguntar, acerca del motivo de la muerte del animal, ya sea sacrificado a un ídolo o ahogado:


“Todo me es lícito, mas no todo conviene: todo me es lícito, mas no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro. De todo lo que se vende en la carnicería, comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia; Porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. Y si algún infiel os llama, y queréis ir, de todo lo que se os pone delante comed, sin preguntar nada por causa de la conciencia. Mas si alguien os dijere: Esto fué sacrificado á los ídolos: no lo comáis, por causa de aquel que lo declaró, y por causa de la conciencia: porque del Señor es la tierra y lo que la hinche. La conciencia, digo, no tuya, sino del otro. Pues ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?” (1 Corintios 10.23 al 29 – RVR1909).

El punto es el siguiente, hay recomendaciones de salubridad por parte de Dios, porque conoce todos los daños y perjuicios de salud que podría enfrentar el ser humano, por esta razón menciona la prohibición de comer animal ahogado y sangre cocida o cocinada de animal. Pero en tiempos del arca de Noé menciona a los animales limpios o comestibles y a los animales inmundos o de otras funciones en la cadena alimenticia del mismo animal. También en funciones con el hábitat natural o medio ambiente. La Biblia dice al respecto:


“Y Jehová dijo á Noé: Entra tú y toda tu casa en el arca porque á ti he visto justo delante de mí en esta generación. De todo animal limpio te tomarás de siete en siete, macho y su hembra; mas de los animales que no son limpios, dos, macho y su hembra. También de las aves de los cielos de siete en siete, macho y hembra; para guardar en vida la casta sobre la faz de toda la tierra. Porque pasados aún siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré toda sustancia que hice de sobre la faz de la tierra. E hizo Noé conforme á todo lo que le mandó Jehová” (Génesis 7.1 al 5 – RVR1909).

Hay diferencias entre los animales, algunos tienen más bacterias o parásitos entre su organismo, por esta razón hay carnes que tienen que estar muy bien cocidas o cocinadas, por ejemplo, la larva de un gusano intestinal conocida como triquinosis, en animales como el jabalí procedente de la caza en selvas o zonas boscosas. También hay malas referencias del hígado de cerdo domesticado, por causa de cierto virus. Además del resto de su cuerpo mal cocido o mal cocinado. Debido a las hambrunas de las poblaciones mundiales, se ha recurrido a la alimentación de animales silvestres o de otra índole avícola o marítima, pero de ninguna manera se comprende la alimentación por cuestiones de afrodisíaco, para estimular el apetito sexual, como se pretende con las aletas de tiburón y el desecho del resto del cuerpo de tiburón arrojado en los mismos mares y océanos. Tampoco se comprende la alimentación de animales salvajes o silvestres, por la costumbre o tradición de ostentación y alarde de opulencia de platillos costosos y exquisitos. Solamente porque se consideran comidas exóticas o extravagantes. Presumir que se digiere animales de fauna silvestre, solamente por apariencia y capacidad de pago, no tiene sentido porque es insalubre, con daño permanente a la salud. Al parecer es un asunto cultural, pero lo mismo aplica en animales domésticos como el gato y el perro.


La Biblia recomienda como guía o referencia todo el capítulo 11 de Levítico: “Y habló Jehová á Moisés y á Aarón, diciéndoles: Hablad á los hijos de Israel, diciendo: Estos son los animales que comeréis de todos los animales que están sobre la tierra… Esta es la ley de los animales, y de las aves, y de todo ser viviente que se mueve en las aguas, y de todo animal que anda arrastrando sobre la tierra; Para hacer diferencia entre inmundo y limpio, y entre los animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer” (Levítico 11.1 al 47 – RVR1909). Lo mismo se explica en Deuteronomio 14.3 al 21. Debido a que estos pasajes son muy extensos solamente mencionamos sus citas bíblicas, tanto en Levítico capítulo 11 como de Deuteronomio capítulo 14, se encuentran las listas completas, de los animales comestibles y de los animales destinados para otras funciones.


12.1) EL CORONAVIRUS Y COVID-19 ES UNA ESCALABILIDAD DE LO NATURAL A LO ESPIRITUAL


La enfermedad COVID-19 es una escalabilidad de lo normal del sistema social natural, a la nueva normalización de la moderación del sistema de vida espiritual. El antiguo sistema social normalizado de convivencia, manifiesta un impasse por crisis de confusión ideológica y social, previamente al surgimiento de la pandemia COVID-19, que tanto nos golpea como una sola humanidad, sin ningún tipo de discriminación. Este tipo de virus existe en la naturaleza, pero ocurre lo que llaman un salto entre especies, de contagio entre su huésped original hacia el ser humano. Todo este proceso es natural. En reiteradas lecturas hemos aseverado la existencia de tres dimensiones: natural, espiritual y celestial. Por fin, todo el planeta tiene que convivir con normas comunes, por ejemplo, el aislamiento y distanciamiento físico – social. Inclusive la misma comunicación mediante plataformas sociales requiere mesura, sin el atrevimiento de las personas de agraviar y ofender a los demás, por lo menos o por mínimo temor a Dios, porque nadie está exento del contagio de esta enfermedad y todos necesitamos de Dios para preservar la salud.


Este comedimiento de comentarios respetuosos en redes sociales, provee los buenos modales, compostura en la actitud y la cortesía. Ahora la peligrosidad de infección del virus, impone respeto y reverencia ante Dios, contra la altivez, jactancia y prepotencia del ser humano, en sus pretensiones de maltratar y ofender a su prójimo. El quedarse en casa también es una forma de cuidar, respetar y valorar a los demás, excepto la salida por causas impostergables y urgentes de subsistencia.


La tendencia social en la actualidad es la mejora individual de la actitud, emociones y sentimientos, para beneficio colectivo en el carácter y personalidad de la misma sociedad, sumado a la superación de las adversidades, dificultades, complicaciones, conflicto, pruebas de la vida y tropiezos, especialmente con el surgimiento de la pandemia. La persona que todavía con la situación actual, excluye a Dios de su vocabulario en tiempos de pandemia, tiene su corazón endurecido: “Antes exhortaos los unos á los otros cada día, entre tanto que se dice Hoy; porque ninguno de vosotros se endurezca con engaño de pecado: Porque participantes de Cristo somos hechos, con tal que conservemos firme hasta el fin el principio de nuestra confianza; Entre tanto que se dice: Si oyereis hoy su voz, No endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación. Porque algunos de los que habían salido de Egipto con Moisés, habiendo oído, provocaron, aunque no todos” (Hebreos 3.13 al 16 – RVR1909). Mientras hay vida busquemos hoy mismo la voluntad de Dios, dejemos de provocar a Dios con nuestras acciones y actos llenos de blasfemia con la gravedad de la injuria. Se dice que esta pandemia del coronavirus y COVID-19, ha arrodillado a todo el mundo ante Dios, este es el momento de ejercer nuestro poder de decisión con toda la firmeza y fuerza enfocada en Dios. La Biblia dice:


“Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor. Porque él es nuestro Dios; Nosotros el pueblo de su dehesa, y ovejas de su mano. Si hoy oyereis su voz, No endurezcáis vuestro corazón como en Meriba, Como el día de Masa en el desierto; Donde me tentaron vuestros padres, Probáronme, y vieron mi obra. Cuarenta años estuve disgustado con la nación, Y dije: Pueblo es que divaga de corazón, Y no han conocido mis caminos. Por tanto juré en mi furor Que no entrarían en mi reposo” (Salmos 95.6 al 11 – RVR1909).

El poder de decisión es una capacidad inherente al ser, de tal modo unido a su existencia sin la posibilidad de separar, con la finalidad de posibilitar la toma de elección o escogencia entre diferentes alternativas u opciones. El poder de decisión, está disponible para ser utilizado, pero cuando está inactivo o inerte, entonces es susceptible a la confusión y falta de certeza. Este poder de decisión coexiste con su contrapartida, que es la duda e indecisión a la causa, al ser consecuente y al deber de probidad, en el sentido del accionar o actuar el bien, bondad, honradez, integridad y rectitud de ánimo. Esta duda e indecisión está incorporada en el temperamento, máxime en relación con la obediencia a Dios. Las decisiones de ninguna manera son buenas o malas, sino el resultado de la decisión tiene sus consecuencias favorables o desfavorables, ya sea a corto, mediano o largo plazo. Todo ser humano tiene la voluntad natural de las decisiones cotidianas en su dimensión natural, para la subsistencia necesaria en la convivencia y el diario vivir, sin embargo, el poder de decisión tiene más relación con las decisiones de relevancia trascendental. Estas son las decisiones que atañen a la salvación del pecado y a la recompensa de la vida eterna.


Este poder de decisión que trasciende en el ser humano, tiene su precedente como resolución anterior en el caso del ángel caído, previo a la existencia de la humanidad. El ángel caído es el que arrastra a otros ángeles a su propia causa, pasa por una prueba como detonante o determinante de su decisión. El resultado es sufrir sus propias consecuencias. Los ángeles arrastrados son influenciables y se dejan doblegar ante el ángel caído, incumplen el principio, valor y principio del respeto, reverencia y sumisión al Creador, aunque Dios si es respetuoso de la decisión de cada una de sus creaciones o criaturas, pero cada quien es responsable de asumir sus propias consecuencias de sus decisiones. El proceso implicado reúne un orden establecido, entre la solvencia intrínseca de los principios, valores y virtudes arraigados, seguido del momento de la prueba para comprobar o verificar la consistencia o solidez de dicha solvencia intrínseca, para finalizar en el poder de decisión de la toma de elección o escogencia entre diferentes alternativas u opciones, con la preeminencia de la conservación y mantenimiento de los principios, valores y virtudes. El propósito de la creación es servir de prueba. La Biblia dice: “¿Qué es el hombre, para que lo engrandezcas, Y que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes?” (Job 7.17 al 18 – RVR1909).


La creación fue creada sin daño y sin imperfección, así como el Creador es Perfecto, pero toda criatura fue creada con la capacidad del poder de decisión. Nunca la creación tuvo defecto, sino que los ángeles hacen uso de su facultad y toman su propia decisión. La consecuencia o resultado de esta decisión es lo que calificamos o definimos como adversidad, rebeldía u oposición. También encontramos el resultado de los seres celestial, que según su poder de decisión se mantienen fieles y leales al Creador. La prueba es el detonante y motor del poder de decisión: “Jehová en el templo de su santidad: La silla de Jehová está en el cielo: Sus ojos ven, sus párpados examinan á los hijos de los hombres. Jehová prueba al justo; Empero al malo y al que ama la violencia, su alma aborrece. Sobre los malos lloverá lazos; Fuego y azufre, con vientos de torbellinos, será la porción del cáliz de ellos. Porque el justo Jehová ama la justicia: Al recto mirará su rostro” (Salmos 11.4 al 7 – RVR1909). La prueba hace evidente y patente lo auténtico, genuino y verdadero, porque muestra y sobresale lo mejor o peor de cada persona. Además se manifiesta en la firmeza o solidez de la actitud, carácter y personalidad.


El poder de decisión coexiste con el libre albedrío, ambos tienen relación con el término arbitrio o facultad de decidir o resolver para determinar una sentencia, con el debido conocimiento de causa. Esto se confunde muchas veces con el concepto y significado de la voluntad natural, que es la resolución de la intención personal, para elegir entre una o varias opciones. El libre albedrío está más relacionado con la justicia y el juez designado para resolver una duda, en términos espirituales y celestiales atañe a las cuestiones de salvación y vida eterna. Hasta aquí, hemos mencionado las expresiones libre albedrío, poder de decisión y voluntad natural, pero sumemos otras similares, la libertad de realizar las acciones o actuaciones con responsabilidad, y el libertinaje del desenfreno en la conducta. Así formamos una lista de palabras semejantes o que se relacionan entre sí, a saber, libertad, libertinaje, libre albedrío, poder de decisión y voluntad natural. El análisis se vuelve más complejo con la inclusión del texto de Salmos 58, donde surge la pregunta: ¿El ser humano nace o se hace malvado? Será acaso que hay personas predestinadas desde su nacimiento para la maldad. Nuestra posición y análisis en otras lecturas, se afirma que de ninguna manera se nace como portador del bien o del mal, o sea, nadie desde que nace es bueno o es malo, sin haber demostrado la toma de decisiones, por consiguiente el resultado de la consecuencia de su decisión. En Salmos 58 se menciona lo siguiente (el subrayado es nuestro):


“Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia? ¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres? Antes con el corazón obráis iniquidades: Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra. Enajenáronse los impíos desde la matriz; Descarriáronse desde el vientre, hablando mentira. Veneno tienen semejante al veneno de la serpiente: Son como áspide sordo que cierra su oído; Que no oye la voz de los que encantan, Por más hábil que el encantador sea. Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas: Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos. Corránse como aguas que se van de suyo: En entesando sus saetas, luego sean hechas pedazos. Pasen ellos como el caracol que se deslíe: Como el abortivo de mujer, no vean el sol. Antes que vuestras ollas sientan las espinas, Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad. Alegraráse el justo cuando viere la venganza: Sus pies lavará en la sangre del impío. Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay fruto para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra” (Salmos 58.1 al 11 – RVR1909).

En Salmos 58 abunda el uso de simbología. También en muchas ocasiones hemos afirmado la insistente práctica bíblica de utilizar figuras literarias, símbolos y significados, que son claves o llaves para abrir la comprensión y el entendimiento. En el caso de enajenar es aturdir e interrumpir la quietud con la alteración del uso de la razón o de los sentidos. Descarriar es apartar del camino o de la conducta conveniente del deber. En ambos casos el ejemplo muestra la influencia externa del engaño y mentira, que por consiguiente perjudica al afectado. Tanto la matriz como el vientre, integran la fuente materna, con todo el proceso generador principal de la formación, desde el cigoto hasta el embrión, que luego pasa a denominarse feto. En estas condiciones de cigoto, embrión y feto, de ninguna manera hay impiedad. Lo mismo en las etapas siguientes de neonato al recién nacido, del período de lactancia en los bebés, infancia y niñez, antes de la etapa prejuvenil. La impiedad surge desde la juventud (el subrayado es nuestro):


“Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca. Y edificó Noé un altar á Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar. Y percibió Jehová olor de suavidad; y dijo Jehová en su corazón: No tornaré más á maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud: ni volveré más á destruir todo viviente, como he hecho. Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano é invierno, y día y noche, no cesarán” (Génesis 8.19 al 22 – RVR1909).

La impiedad es la ausencia de amor y respeto a lo sagrado, además de la carencia de sentimiento hacia el que padece o sufre desgracia. Esto es más posible en la condición cercana a la juventud, porque el intento del corazón del humano tiende a la maldad. Algunos consideran la existencia de un pecado original, pero si fuera así sería la indecisión de los ángeles que no tomaron partido, o sea, aquellos que no fueron arrastrados por el ángel caído, ni se mantuvieron fieles y leales a su Creador, sino que dudaron y vacilaron en la firmeza de obediencia y sujeción a Dios. Este tipo de indecisión ante Dios se manifiesta de forma generalizada en toda la humanidad actual, evidente en el comportamiento y conducta de las personas, salvo la excepción de ciertas minorías decididas a seguir fieles y leales a Jesucristo, quienes renunciaron a su propio libre albedrío para aceptar y reconocer como suyos el libre albedrío de Jesucristo: “Y decía también á las gentes: Cuando veis la nube que sale del poniente, luego decís: Agua viene; y es así. Y cuando sopla el austro, decís: Habrá calor; y lo hay. ¡Hipócritas! Sabéis examinar la faz del cielo y de la tierra; ¿y cómo no reconocéis este tiempo?” (Lucas 12.54 al 56 - RVR1909).


Buscar, encontrar y observar, las explicaciones que ofrecen respuesta, a la causa, motivo, propósito o razón de esta pesadilla pandémica, es utilizar las herramientas o instrumentos espirituales de los anteojos y lupa de Jesucristo. Por cierto, en su misión y visión celestial, Jesucristo renuncia también a hacer su propia voluntad, para ejercer solamente la voluntad de Dios Padre: “Y saliendo, se fué, como solía, al monte de las Olivas; y sus discípulos también le siguieron. Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entréis en tentación. Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró, Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y le apareció un ángel del cielo confortándole. Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra” (Lucas 22.39 al 44 – RVR1909). Este es el libre albedrío de Jesucristo, renunciar a su propia determinación del albedrío para hacer solo la voluntad de Dios Padre. En el caso de la enseñanza y mensaje del evangelio transmitido directamente por Jesucristo, de ninguna manera es ideología, porque nunca fue las ideas propias de Jesucristo, sino que es la doctrina de instrucciones y procedimientos del Padre.


Este tipo de enseñanza se compone de principios, valores y virtudes demostrados por Jesucristo con el ejemplo y modelo de vida cotidiana. Jesucristo menciona lo siguiente: “Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. Es pues ésta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, porque no crean y se salven. Y los de sobre la piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan. Y la que cayó entre las espinas, éstos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados de los cuidados y de las riquezas y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. Mas la que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y llevan fruto en paciencia” (Lucas 8.10 al 15 - RVR1909). En el transcurso del año 2019 y principios del 2020, se degeneró en demasía la sociedad contra los principios, valores y virtudes de Jesucristo, inclusive se realizaron manifestaciones y marchas, donde se deshonran símbolos de Dios Padre, el apoyo a las ideologías de muerte, la quema o rompimiento de Biblias, con las exigencias de excluir a Dios y de repudiar a Jesucristo con la corrupción y depravación. Ahora el aislamiento social y el distanciamiento por salud, posibilita la moderación y respeto de estas aglomeraciones y tumultos irreverentes.


Jesucristo fue muy claro, sin preocupación por la susceptibilidad de quienes penden su salvación y vida eterna. En su mensaje y palabra con autoridad, nunca titubea en dar a conocer el camino, en hacer saber la verdad y mostrar lo que realmente es vida. Hoy, el coronavirus de la enfermedad COVID-19, llegó para quedarse. Dios ha impuesto su respeto y reverencia en todo el medio ambiente y la naturaleza en general. La restauración ecológica en el transcurso de esta pandemia, deja en evidencia y demuestra, que el mismo ser humano es el responsable del calentamiento global. Si el coronavirus del COVID-19, llega a ser una enfermedad común, estacionaria y permanente, tendremos que moderar nuestras vidas ante Dios por los próximos años. Así por ejemplo, el virus del VIH/SIDA, que en cuarenta años todavía está sin tratamiento curativo o vacuna preventiva, se aumenta la lista de enfermedades nuevas que incrementan el número de decesos por cada año. La sociedad en general de nuestros tiempos, que ha discriminado con su diario vivir y negado en su vocabulario, la dedicación, reconocimiento y santidad a nuestro Señor Jesucristo, entonces, tarde o temprano por la experiencia propia de las naciones, se comprueba y reafirma la existencia de los tiempos del fin. Por causa de la pandemia del coronavirus y COVID-19, se logra cautivar la atención mundial, para que surja un mayor interés hacia la vida espiritual y no tan solo apegada a lo pecaminoso y terrenal. Por medio del tiempo se logra confirmar si el ser humano con un cambio de normalización de vida, mejora el calentamiento global y cambio climático, para preservación del hábitat planetario, de lo contrario en lugar de una escalabilidad de lo normal del sistema social natural, a la nueva normalidad de la moderación del sistema de vida espiritual, vendrá la segunda venida de nuestro Señor Jesucristo como un acontecimiento final de la escalabilidad del sistema espiritual al sistema de vida celestial. Se activa el umbral de la alarma y advertencia de que estamos llegando al fin de los tiempos.


12.2) LA ENFERMEDAD COVID-19 Y EL MANEJO DE CONFLICTOS


El coronavirus SARS-CoV-2 y la enfermedad COVID-19 afectan la forma de vida e interacción social, por consiguiente la calidad y estilo de vida. Hay una controversia urgente y el inevitable manejo de conflictos entre la polaridad económica y de salubridad. La agresividad de este virus es su capacitad de camuflar y engañar con su estrategia asintomática, además del incremento de afectación con nuevos síntomas. Al parecer pueden surgir nuevos brotes desde lo interior de cada nación, al estilo del legendario “Caballo de Troya”, de forma camuflada, silenciosa y tomando por sorpresa a los habitantes. No existen fronteras ni muros que detengan la propagación del virus. Se dice que la nueva realidad mundial nos obliga a coexistir con el virus, además de la posibilidad de utilizar en cada temporada pandémica, los cubrebocas nasal de por vida. Se requiere una mayor conciencia de aprecio a la salud y la vida a nivel global, sumado a la creciente necesidad de bancos de alimentos gratuitos en todo el mundo. La nueva cultura global es la educación y fomento del compartir y donar. Ahora es más consecuente e imprescindible la práctica del altruismo y la filantropía para ayudar a los necesitados.


La pandemia global del coronavirus SARS-CoV-2 y enfermedad COVID-19, posiblemente se podría conservar por siempre como virus estacional, en el sentido de reaparecer cada año y provocar nuevas oleadas de circulación por el mundo, máxime con la migración laboral, turismo internacional y viajes por asuntos de negocios propios o trabajo asalariado, que son inevitables para la economía mundial. Además de los transportistas de alimentos, insumos, materias primas, mercancías y mobiliario en general, indispensables para la generación de comercio y empleo de cada nación.


El manejo de conflictos tiene relación con la capacidad de concertar o llegar a un acuerdo, donde se requiere la implementación de la administración, conducción y dirección en los desacuerdos entre personas. En el caso del manejo de conflictos a nivel social, implica una adaptación, ajuste o cambios, según las circunstancias, controversias y urgencias del momento, a través de las decisiones y medidas para bienestar y satisfacción del colectivo. Esto exige el control necesario frente a las amenazas del desempleo, catástrofes naturales, económicas de empobrecimiento, enfermedades sanitarias, escases alimentaria, falta de oportunidades educativas, seguridad ciudadana y social, entre otras que desafían el bienestar o vida de los involucrados. El mando encabezado para el manejo de conflictos, es la autoridad mediadora, poder convincente y expedito, o sea, pronto en la actuación y directriz consensuada entre sus integrantes. Prevalece el afecto, certeza, claridad, compromiso, comunicación, conciliación, condescendencia, confianza, cortesía, deferencia, diplomacia, equilibrio, experticia, formalidad, ingenio, integración, madurez, optimismo, persuasión, profesionalidad, razonabilidad, responsabilidad, seguridad, sensibilidad, seriedad y transparencia. También la flexibilidad, siempre y cuando sea sin temeridad. Además de una transmisión de la información confiable, creíble y veraz, búsqueda de la aptitud y compatibilidad de unir criterios. En un conflicto pueden intervenir las emociones, sentimientos y percepciones personales o entre personas, dentro de un grupo o entre grupos sociales, a lo interno de una nación o entre naciones.


El conflicto surge por la diferencia de análisis, opinión y pensamiento propio o en relación con los demás. Hay una diversidad de grados de conflictos y resoluciones según cada caso, pero en todos es indispensable su manejo con madurez y negociación, de la manera más efectiva y satisfactoria posible. El manejo de conflictos se hace indispensable para el diario vivir, porque la nueva normalidad de vida mundial, requiere el aislamiento y distanciamiento físico – social, de lo contrario si no hay un debido manejo de conflictos, estadísticamente el porcentaje de mortalidad oscila entre el cinco y el siete por ciento de la cantidad de contagios, excepto se cumpla responsablemente con las medidas sanitarias. ¿A cuál costo o precio de cantidad de vidas se pretende con el contagio colectivo provocado para la inmunidad de los habitantes? Aquí es donde se insiste en la importancia para los hábitos de la vida cotidiana, la disciplina de la personalidad, que abarcan el carácter y el temperamento. Se incluye las características de la idiosincrasia individual y social, para cumplir con las normas y protocolos sanitarios del aislamiento, distanciamiento y las buenas prácticas higiénicas. Además del sistema de principios, valores y virtudes determinantes para la calidad, estilo de vida saludable e interacción social sana. La influencia beneficiosa que se hace o se recibe, es bidireccional entre la colectividad, el individuo y viceversa.


La preparación para enfrentar las pandemias como la enfermedad COVID-19, incluye el área psicosocial en relación al comportamiento y la conducta, pero el componente psicológico del efecto de la pandemia, podría afectar en el individuo, la aflicción, angustia, ansiedad, claustrofobia, depresión, desánimo, desesperación, desmotivación, desmoralización, estrés, irritabilidad, miedo, temor, tensión, tristeza y violencia. La gobernabilidad del distanciamiento físico – social impone un crecimiento y fortalecimiento de la vida espiritual, la práctica del amor y el bien común: “Mas el que tuviere bienes de este mundo, y viere á su hermano tener necesidad, y le cerrare sus entrañas, ¿cómo está el amor de Dios en él? Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de obra y en verdad” (1 Juan 3.17 al 18 – RVR1909). Todo ser humano con ingresos fijos consolidados, puede compartir voluntariamente el tributo a Dios o diezmo solidario, para beneficio directo de quienes están a su alrededor, sin ningún tipo de ingreso de subsistencia. Este sistema posibilita un flujo directo de ayuda permanente entre el que tiene y el que no tiene nada, ya sean amistades, compañeros de estudio o trabajo, conocidos, familiares o vecinos. La nueva formalidad de vida con sus respectivos requisitos, que se han de ejecutar y observar responsablemente, posibilitan un aumento de la aceptación, amabilidad, austeridad, caridad, colaboración, compasión, consenso, cooperación, esperanza, generosidad, gratitud, humildad, modestia, misericordia, paciencia, pacificación, piedad, sencillez, solidaridad y voluntariedad.


Los valores comunitarios tienen su origen en Dios, como lo hemos demostrado bíblicamente en otras lecturas. La Biblia dice: “Hermanos míos, ¿qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará? Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras” (Santiago 2.14 al 18 – RVR1909). Hay un debate acerca de la causa u origen de la imperante necesidad social de control y respeto total. Los acontecimientos sociales previos a la pandemia, manifiestan una anarquía y descontrol social, donde se requería una intervención divina. El conflicto humano contra la pandemia, posibilita en la humanidad un despertar de acercamiento hacia Dios. El enfoque de la accesibilidad, atención, cohesión, motivación, sentimientos, esfuerzo y unión con Dios Padre a través de su Hijo. Es hora de volver la vista hacia la sabiduría de Jesucristo el designado de Dios para el bienestar humano:


“¿Quién es sabio y avisado entre vosotros? muestre por buena conversación sus obras en mansedumbre de sabiduría. Pero si tenéis envidia amarga y contención en vuestros corazones, no os gloriés, ni seáis mentirosos contra la verdad: Que esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrena, animal, diabólica. Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa. Mas la sabiduría que es de lo alto, primeramente es pura, después pacífica, modesta, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora, no fingida. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen paz” (Santiago 3.13 al 18 – RVR1909).

El surgimiento de tipos de cepas con diferentes resistencias, requerirán nuevos tratamientos curativos y vacunas preventivas. Máxime la posibilidad de nuevas cepas o mutaciones de mayor peligrosidad. El manejo de conflictos en la apertura de la normalidad o según se le llama la desescalada, trae el debate de la preservación de la vida, entre la prioridad en la economía para la adquisición alimentaria y de servicios vitales, o la salud para evitar la enfermedad. Además entre el estilo de vida social antigua o la nueva moderación de vida espiritual, sin aglomeraciones festivas y de entretenimiento multitudinario. Lo que no es urgentemente necesario e impostergable para la subsistencia. Aunque la curva de contagio se aplane o baje, la cantidad de personas expuestas al virus, es mínimo en comparación a la totalidad de la población en cada país. Esto significa que tarde o temprano, habrá personas que por primera vez se exponen al contagio, con la posibilidad de nuevas oleadas que circulen en la interacción entre personas. Se vuelve un círculo vicioso interminable, en un tiempo indefinido y de contagio exponencial. Toda esta situación conmueve el corazón del ser humano hacia la oración, reflexión y súplica, mientras que otros han incrementado el delinquir con maldad y violencia, en claro desafío e irreverencia ante Dios. En cierta ocasión en el pasado dijo Dios lo siguiente: “Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar” (2 Crónicas 7.13 al 15 – RVR1909).


Es común en la dimensión natural una reacción secular del mundo con omisión de lo espiritual, por ejemplo, las expresiones ¡saldremos adelante!, ¡todo pasa! Mientras tanto en la dimensión espiritual las mismas expresiones son las siguientes: ¡saldremos adelante si Dios quiere o si Dios lo permite!, ¡todo pasa si Dios quiere o si Dios lo permite! La Biblia dice: “... Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él. Mas no en todos hay esta ciencia: porque algunos con conciencia del ídolo hasta aquí, comen como sacrificado á ídolos; y su conciencia, siendo flaca, es contaminada” (1 Corintios 8.5 al 7 – RVR1909). Es un asunto de conciencia, el Coronavirus con el COVID-19, es consecuencia de nuestras acciones y decisiones, especialmente la exclusión de aceptación, dedicación y reconocimiento a Jesucristo, según los especialistas en escatología debido al tiempo del fin. Al respecto hay abundancia de intérpretes, tanto de la ley como de la profecía. En nuestro caso resumimos como acontecimiento global la Edad del Calentamiento Global, seguido de la segunda venida de Jesucristo. Algunos inclusive científicos prominentes e investigadores, alegan que el coronavirus y COVID-19, corresponde a un acontecimiento complementario y simultáneo de reacción y respuesta al mismo calentamiento global y cambio climático, porque se presenta una alteración vírica afectada e influenciada por el medio ambiente, como la propagación de las enfermedades de infección respiratoria.


Las siguientes palabras de Jesucristo se cumplen fielmente y finalmente mediante el Internet: “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24.14 – RVR1909). Ya tenemos el calentamiento global inevitable, en relación con el aumento de la industrialización para dar abasto a la creciente sobrepoblación, la afectación de los procesos naturales del agua, el deshielo en las regiones frías y periféricas glaciares, la falta de agua potable indispensables para el lavado necesario contra la pandemia COVID-19, las consecuencias de la afectación en el proceso planetario de polinización, el cambio climático, la contaminación ambiental, la deforestación y efecto invernadero. Ahora el auge del poder del Internet, como medio de subsistencia para el comercio en línea, educación virtual, gestiones y trámites bancarios, pago de servicios públicos, redes de comunicaciones, reuniones laborales, telemedicina y teletrabajo, televisión y videoconferencias. Toda esta importancia del Internet, sin importar el dispositivo utilizado, sean celulares, computación fija, portátil o tabletas, móviles, pantallas o satelitales, preparan el camino final iniciado por la radio y televisión tradicional, en la predicación de Jesucristo en todo el mundo, entonces vendrá el fin en su segunda venida y todo ojo le verá: “He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra se lamentarán sobre él. Así sea. Amén” (Apocalipsis 1.7 – RVR1909).


Mantenemos cierta cautela o reserva de interpretación, cuando algunos asocian una gran tribulación con una hambruna mundial: “Porque habrá entonces grande aflicción, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. Y si aquellos días no fuesen acortados, ninguna carne sería salva; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24.21 al 22 – RVR1909). La hambruna y otros acontecimientos mencionados por Jesucristo, los indica como principios de dolores: “Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad que no os turbéis; porque es menester que todo esto acontezca; mas aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. Y todas estas cosas, principio de dolores” (Mateo 24.6 al 8 – RVR1909). En nuestro caso según el contexto vivido o situación contemporánea, preferimos las siguientes expresiones: ¡saldremos adelante porque en Jesucristo confiamos!, ¡todo pasa porque en Jesucristo confiamos! Esta expresión está más acorde en alusión a la segunda venida de Jesucristo, para el cumplimiento de la trascendencia de la dimensión espiritual a la dimensión celestial. En este caso, referente al tiempo del fin, la segunda venida de Jesucristo es el acontecimiento identificado como el fin, o sea, cuando se dice el tiempo del fin se refiere al tiempo de la segunda venida de Jesucristo, quien viene a cambiar y solucionar el sistema de vida con la resurrección y transformación a cuerpo celestial: “Mas cuando venga lo que es perfecto, entonces lo que es en parte será quitado” (1 Corintios 13.10 – RVR1909).


Los tiempos actuales obligan una nueva comprensión de la Biblia en la Edad del Calentamiento Global, esta es la época que nos corresponde vivir, nuestro énfasis es Jesucristo como el centro de la ley y de la profecía. Evadir nuestro compromiso y responsabilidad con Cristo es tener un síndrome del avestruz, como figura alegórica de ignorar y actuar con indiferencia a las señales en torno a la segunda venida de Jesucristo. No debemos, en el buen sentido del “deber”, esconder la cabeza como se dice simbólicamente del avestruz, para invisibilidad de la acción y exclusión del enfoque de la fe en Jesucristo. Todo lo contrario, hay que incluir y visibilizar a Cristo en la sociedad civil. La mayor figura pública que ha visto nacer la historia de la humanidad es Jesucristo, como mensajero y representante de Dios Padre el Creador. Esconder, ocultar o rehuir nuestro compromiso y responsabilidad con Cristo, es negar al Salvador designado por Dios Padre, como el enviado, mensajero y vocero de su palabra divina, es excluir al Padre mismo que le da la autoridad a su Hijo. Las excusas o pretextos sobrenaturales de noticia mundial, de ninguna manera justifican los distractores o ruido para distorsionar nuestro deber hacia Jesucristo.


Toda la descripción en el párrafo anterior, tiene relación con la negación de los conflictos, donde se tiene absoluta dependencia a la intervención de ayuda de Dios, por consiguiente se requiere una habilidad espiritual, para el manejo de conflictos y enfrentar la crisis cotidiana, de la gravedad pandémica. La tendencia actual en la sociedad es desasociar la relación entre espiritualidad y religión. La religiosidad del fanatismo, odio y rivalidad religiosa, denigra y desprestigia la verdadera religión de amar al necesitado, ayudar y proveer para el huérfano, la viuda, el hacer el bien y el evitar el mal: “Si alguno piensa ser religioso entre vosotros, y no refrena su lengua, sino engañando su corazón, la religión del tal es vana. La religión pura y sin mácula delante de Dios y Padre es esta: Visitar los huérfanos y las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha de este mundo” (Santiago 1.26 al 27 – RVR1909). El manejo de conflictos entre lo espiritual, religioso y secular, establece a Cristo como iglesia en lugar de religión, o sea, Cristo es iglesia pero no es religión. La iglesia es la unidad de fe en Cristo, la iglesia tiene como vínculo común a Cristo, el bien común de la iglesia es Cristo. La iglesia sigue obediente a Cristo, los religiosos defienden y siguen fieles a su propia religión.


La iglesia que es cuerpo de Cristo, está inmersa en el fraccionamiento cristiano, en otras palabras, Cristo es el mismo para todas las comunidades de confesión cristiana, congregaciones, denominaciones, iglesias asociadas, iglesias clandestinas, estatales o legalizadas, iglesias formales e informales, iglesias institucionales, iglesias no tradicionales y tradicionales y religiones de credo cristiano. El ingrediente de la religión es humano, el ingrediente de la iglesia es Cristo. La religión se rige por sus propias normas y reglas, la iglesia se rige por los principios, valores y virtudes de Cristo. La doctrina de la religión la establecen sus líderes y concilios religiosos, la doctrina de Jesucristo es la palabra directa y voluntad de Dios Padre: “Sobre todo principado, y potestad, y potencia, y señorío, y todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, mas aun en el venidero: Y sometió todas las cosas debajo de sus pies, y diólo por cabeza sobre todas las cosas á la iglesia, La cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que hinche todas las cosas en todos” (Efesios 1.21 al 23 – RVR1909). Si existe un nivel más elevado de espiritualidad, el mismo es directamente la relación auténtica y personal con Jesucristo. La pandemia global del coronavirus SARS-CoV-2 con la enfermedad COVID-19, por causa del aislamiento domiciliar, vino a quitar la comunión y congregación de la religión a todo el mundo. Aunque algunos pretenden ejercer la religión sin Cristo, la iglesia se practica solamente a través de Cristo Jesús.


La iglesia de ninguna manera es el edificio terrenal, la iglesia es el conjunto de practicantes y seguidores del ejemplo y modelo de vida de Cristo: “… así como Cristo es cabeza de la iglesia; y él es el que da la salud al cuerpo. Así que, como la iglesia está sujeta á Cristo,... así como Cristo amó á la iglesia, y se entregó á sí mismo por ella, Para santificarla limpiándola en el lavacro del agua por la palabra, Para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha” (Efesios 5.23 al 27 – RVR1909). Los templos y edificaciones eclesiásticas quedaron cerrados, ya sea voluntariamente o por órdenes sanitarias, inclusive en algunos casos clausuradas por mandato estatal, gubernamental o municipal. Mientras tanto en los comunitarios, congregantes, creyentes, integrantes y feligreses se fortalece y refuerza el sentido común y propósito de la vida en Cristo. Rebajar a Jesucristo a nivel de la religión, es igualar su preeminencia y trascendencia a cualquier tipo de religión. Esto es contraproducente a lo determinado y establecido por Dios Padre, contrario a su designio y voluntad. Jesucristo es exclusivo y único para todo ser humano.


Una simbología es el uso del cubrebocas generalizado en la mayoría de naciones a nivel mundial, tiene una representación de figura alegórica ante Dios, simboliza el respeto y reverencia ante la voluntad de Dios, especialmente en la aceptación, dedicación y reconocimiento de Jesucristo como la autoridad delegada por Dios Padre. Es tiempo de reformular y repensar nuestro comportamiento y conducta ante la voluntad celestial. La Biblia dice que calle delante de él toda la tierra:


“Mas Jehová está en su santo templo: calle delante de él toda la tierra. Oración de Habacuc profeta, sobre Sigionoth. Oh Jehová, oído he tu palabra, y temí: Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia. Dios vendrá de Temán, Y el Santo del monte de Parán. (Selah.) Su gloria cubrió los cielos, Y la tierra se llenó de su alabanza. Y el resplandor fué como la luz; Rayos brillantes salían de su mano; Y allí estaba escondida su fortaleza. Delante de su rostro iba mortandad, Y á sus pies salían carbones encendidos. Paróse, y midió la tierra: Miró, é hizo temblar las gentes; Y los montes antiguos fueron desmenuzados, Los collados antiguos se humillaron á él. Sus caminos son eternos. He visto las tiendas de Cushán en aflicción; Las tiendas de la tierra de Madián temblaron. ¿Airóse Jehová contra los ríos? ¿Contra los ríos fué tu enojo? ¿Tu ira contra la mar, Cuando subiste sobre tus caballos, Y sobre tus carros de salud?” (Habacuc 2.20 al 3.8 – RVR1909).

CAPÍTULO 13: LA CONSPIRACIÓN CONTRA JESUCRISTO


El objetivo o propósito de Dios Padre en relación con toda la existencia, está en su Hijo Jesucristo a quien le rinde un agasajo y como obsequio todo lo que existe: “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él” (1 Corintios 8.6 – RVR60). Debido al existir de Jesucristo es la causa del origen de todo lo demás, inclusive del séquito celestial y el motivo por el cual nacen en este mundo los seres humanos:


“El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Colosenses 1.15 al 20 – RVR60).

Así el pasaje anterior explica, acerca del Hijo de Dios como el primero de todo lo creado. Por otra parte, el siguiente pasaje lo menciona como el Primogénito: “Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice: Adórenle todos los ángeles de Dios” (Hebreos 1.6 – RVR60). Jesucristo es el primer ser celestial, porque Dios Padre es invisible, pero su Hijo es el primer ser visible, con la esencia y sustancia de eternidad, quien es el motivo del resto de la creación existente, ya sea celestial o terrenal, visible e invisible, esto implica lo espacial, material y temporal, lo macro y lo micro, inclusive todo lo relacionado con la energía y el cosmos. El Hijo es anterior a la creación, porque todo depende y subsiste a partir del principio de la existencia del Hijo de Dios, quien tiene toda la plenitud y preeminencia de heredar lo que es suyo, ya que le pertenece como una dádiva o regalo del Padre. Esto provoca un rompimiento de la armonía y relación del séquito celestial, cuya ruptura requiere posteriormente la reconciliación, tanto de lo celestial como de lo terrenal.


Esta primera conspiración contra el Hijo de Dios a nivel celestial, se replica entre los humanos a nivel terrenal. La parábola de la viña arrendada a unos labradores menciona lo siguiente: “Volvió a enviar un tercer siervo; mas ellos también a éste echaron fuera, herido. Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? Enviaré a mi hijo amado; quizás cuando le vean a él, le tendrán respeto. Mas los labradores, al verle, discutían entre sí, diciendo: Este es el heredero; venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra” (Lucas 20.12 al 14 – RVR60). Según esta parábola se presenta una conspiración, luego de rechazar a los profetas enviados por Dios Padre, también desechan al Hijo de Dios. Los conspiradores se sienten aludidos y Jesús les dice: “Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos” (Mateo 21.43 al 45 – RVR60).


Por ejemplo, la Biblia menciona lo que es figura y sombra de lo celestial: “los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte” (Hebreos 8.5 – RVR60). También se dice: “Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios” (Hebreos 9.23 al 24 – RVR60).


La vida requiere una profunda evocación retrospectiva para traer a la memoria el recuerdo de nuestra indecisión de inocencia angelical. Nuestra primera experiencia de vida tiene su origen en el séquito celestial, pero la inocencia se presenta acompañada de la incertidumbre del momento, debido a la perplejidad provocada por la causa de la rebelión de los ángeles caídos. Esta situación origina el envío de los ángeles indecisos en forma de seres humanos para tomar una decisión y resolución definitiva. Venimos a este mundo figurativamente como ciegos, a pesar de tener la respuesta visible frente a nuestra mirada, en relación con los principios y valores demostrados por Jesucristo: “Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Pero el que no tiene estas cosas tiene la vista muy corta; es ciego, habiendo olvidado la purificación de sus antiguos pecados” (2 Pedro 1.8 al 9 – RVR60). El origen de la vida de ninguna manera es humano, sino que es celestial, la humanidad es solamente una transición para regresar a nuestra casa celestial, quienes tienen una preexistencia, así como Jesucristo preexistía en su primera venida con su nacimiento como humano.


En nuestro dormitar con escenas de sueños, algunas de las mismas corresponden a un proceso fisiológico natural de la biología y genética del ser humano, otras refieren a la activación de recuerdos pasados del principio y procedencia celestial, de nuestro génesis existencial y vivencial. Jesucristo dijo:


“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; tuyos eran, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado, proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste” (Juan 17.5 al 8 – RVR60).

El pasaje anterior menciona que Jesucristo ha manifestado el nombre de Dios Padre, a los seres humanos que del mundo le ha dado el Padre, pero dice que tuyos eran. Por lo tanto, nuestro origen de ninguna manera se inicia con lo terrenal, sino que es fuera de este mundo, porque nuestra existencia parte de la creación celestial de Dios, según la energía y poder de Dios Padre (el subrayado es nuestro):


“quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” (2 Timoteo 1.9 al 10 – RVR60).

La indecisión del pasado para nada es excusa de rehusar por negación u omisión a la responsabilidad, sino un reanudar a consciencia el destino original, mediante un despertar por la revelación de Dios:


“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios” (Filipenses 3.12 al 15 – RVR60).

Entonces, ¿de dónde procede la activación del llamamiento en cada persona?, sino de la inspiración de origen divino. Así dice Pedro en una de sus epístolas:


“Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Por esto, yo no dejaré de recordaros siempre estas cosas, aunque vosotros las sepáis, y estéis confirmados en la verdad presente. Pues tengo por justo, en tanto que estoy en este cuerpo, el despertaros con amonestación; sabiendo que en breve debo abandonar el cuerpo, como nuestro Señor Jesucristo me ha declarado. También yo procuraré con diligencia que después de mi partida vosotros podáis en todo momento tener memoria de estas cosas” (2 Pedro 1.11 al 15 – RVR60).

El Hijo es superior al séquito celestial, sin embargo, sufre una conspiración de los ángeles caídos. La superioridad está demostrada en el siguiente pasaje: “Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” (Hebreos 1.13 al 14 – RVR60). Pero el suceso de los enemigos conspiradores celestiales, se repite con una conspiración subversiva terrenal. Esta vez como enemigos aquellos que en su primera indecisión, ahora confirman su oposición a la fidelidad y lealtad a nuestro Señor:


“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo” (Hechos 2.32 al 36 – RVR60).

Pero se aproxima el cumplimiento del tiempo de la expresión: “hasta”, o sea, el fin o término. La Biblia tiene muchos símbolos que requieren la comprensión y entendimiento de su significado figurativo. Por ejemplo, el profeta Zacarías menciona a Jehová como muro de fuego en derredor, el sufrir las consecuencias de lesionar la obra de Dios como si se tocara a la niña de su propio ojo, el callar delante de Dios porque él se ha levantado de su santa morada:


“Y he aquí, salía aquel ángel que hablaba conmigo, y otro ángel le salió al encuentro, y le dijo: Corre, habla a este joven, diciendo: Sin muros será habitada Jerusalén, a causa de la multitud de hombres y de ganado en medio de ella. Yo seré para ella, dice Jehová, muro de fuego en derredor, y para gloria estaré en medio de ella. Eh, eh, huid de la tierra del norte, dice Jehová, pues por los cuatro vientos de los cielos os esparcí, dice Jehová. Oh Sion, la que moras con la hija de Babilonia, escápate. Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron; porque el que os toca, toca a la niña de su ojo. Porque he aquí yo alzo mi mano sobre ellos, y serán despojo a sus siervos, y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió. Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti. Y Jehová poseerá a Judá su heredad en la tierra santa, y escogerá aún a Jerusalén. Calle toda carne delante de Jehová; porque él se ha levantado de su santa morada” (Zacarías 2.3 al 13 – RVR60).

¿Qué significa toda esta simbología y cuál es su relación con la conspiración contra Jesucristo? La Biblia dice acerca de los enemigos de Cristo lo siguiente: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10.29 al 31 – RVR60). Jesucristo menciona un juicio a las naciones, además de una heredad del reino preparado desde la fundación del mundo:


“Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, y serán reunidas delante de él todas las naciones;… Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25.31 al 34 – RVR60).

Una de las claves es la mención de las naciones que realizan despojos, en otras palabras, aquellas naciones que quitan o privan a sus habitantes de su posesión más valiosa, en este caso otra clave es cuando se menciona el menosprecio a la sangre de Cristo de la santificación, con afrenta al Espíritu Santo. Esto significa que lo más preciado es Jesucristo mismo y lo que representa, ya sea para la consagración y santificación del ser humano. Ya no es un asunto de una nación o ciudad encerrada entre las murallas, sino la apertura en todo el planeta comparado con los cuatro puntos cardinales, sin fronteras o muros, sino esparcidos con escape de lo que simboliza Babilonia, aunque se menciona la huída de las tierras del norte. Jehová será un muro de fuego en derredor, esta alusión al fuego tiene relación con el calor y la temperatura, situación similar a la presentada con la Edad del Calentamiento Global. Dios es consciente de esta situación mundial y de las consecuencias del Cambio Climático, pero el ser humano como administrador del medio ambiente es responsable de su propia administración del hábitat donde convive. Además el Calentamiento Global es la señal más evidente y prominente de la Segunda Venida de Jesucristo. El año 2020 con el uso del cubre boca y nasal a nivel mundial, es un símbolo de callar ante Dios todo el Planeta Tierra y de ofrecer respeto y reverencia a la voluntad del Creador.


¿Qué representa el levantamiento del Señor en relación con su santa morada? Esto especialmente cuando se dijo que está sentado a la diestra del Padre, hasta que ponga a sus enemigos por estrado de sus pies, o sea, cuando se haga justicia con su segunda venida: “Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor” (1 Tesalonicenses 4.16 al 17 – RVR60). Representa al arcángel Miguel, principal y príncipe entre los ángeles, que se levantará en el tiempo del fin (Daniel 12.1 al 2).


El ofrecer respeto y reverencia a Dios y su correspondiente voluntad, tiene antecedentes o precedentes mostrados como ejemplo en las ciudades de Sodoma y de Gomorra:


“y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente,…, sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio” (2 Pedro 2.6 al 9 – RVR60).

La conducta de los habitantes de Sodoma y de Gomorra, corresponden a un claro desafío y rebeldía ante la consagración y santidad a nuestro Señor: “Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré” (Génesis 18.20 al 21 – RVR60). Así en la actualidad el mundo se encuentra desbocado en blasfemia y conspiración contra la obra del derramamiento de sangre y sacrificio de nuestro Señor Jesucristo, inmerso en las distracciones de toda índole en el tiempo del fin y ajenos al verdadero camino de salvación:


“Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot” (Lucas 17.28 al 32 – RVR60).

La palabra de Dios parece dura y fuerte pero se ajusta a la realidad. El ser humano ha sido irresponsable ante Dios y tiene que asumir las consecuencias. Jesús dice lo siguiente: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa os es dejada desierta; y os digo que no me veréis, hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor” (Lucas 13.34 al 35 – RVR60). La Edad del Calentamiento Global anuncia la proximidad al tiempo del fin, donde la segunda venida de Jesucristo está a las puertas, a un paso de su regreso:


“Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron hechos por la palabra de Dios los cielos, y también la tierra, que proviene del agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereció anegado en agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3.5 al 7 – RVR60).

El Calentamiento Global no tiene marcha atrás, es irreversible, la palabra de Dios se cumple al pie de la letra. Veremos como muchos gobiernos de las naciones han ejecutado y legislado una conspiración contra Jesucristo, para fomentar y promover el pecado y la transgresión ante la voluntad de Dios. El Calentamiento Global es el medio mundial para llamar la atención de sus habitantes, reconocer que las altas temperaturas y el calor requieren la intervención de un poder divino superior. La promesa de los cielos nuevos y nueva tierra es el retorno a la casa celestial, seremos como ángeles con cuerpo transformado, donde mora la justicia de Dios:


“Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” (2 Pedro 3.10 al 13 – RVR60).

Cuando la Biblia menciona a Jehová de los ejércitos, se refiere a los ejércitos celestiales, por ejemplo la referencia indicada en el Apocalipsis o Revelación: “Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Apocalipsis 19.13 al 14 – RVR60). Así se acompaña Jesucristo en su segunda venida: “y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1.7 al 8 – RVR60). El único arcángel conocido celestialmente como Miguel, lleva el nombre de Jesucristo entre los seres humanos, pero regresa de nuevo en su condición anterior de celestial, siempre encargado principal del séquito celestial: “quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1 Pedro 3.22 – RVR60). Por esta razón Jesucristo dijo: “Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 13.41 al 43 – RVR60).


Además dice lo siguiente: “Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mateo 16.26 al 27 – RVR60). También agrega: “Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro” (Mateo 24.30 al 31 – RVR60). Esta autoridad celestial de Jesucristo como el arcángel de Dios, también la encontramos en el siguiente pasaje del evangelio, cuando fue aprehendido: “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? …” (Mateo 26.53 al 56 – RVR60).


Ahora bien, que significa la expresión bíblica de que enviará a sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos… ¿Quiénes son elegidos o escogidos? Los elegidos o escogidos son las personas decididas a ser como Jesucristo, aunque de la gran cantidad de llamados, pocos eligen o escogen ser practicantes seguidores de Jesucristo. La Biblia dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8.29 – RVR60). Existe el destino y la antelación al destino, como modelo o prototipo de lo celestial repetido en lo terrenal. Si el Hijo de Dios fue el primero de la creación, el séquito celestial posterior, fue predestinado a ser semejantes al Hijo, hasta que se presenta la situación del ángel caído: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2.10 – RVR60). El previo del destino es representado por el séquito celestial:


“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1.3 al 5 – RVR60).

Sin embargo, el destino mismo corresponde a la vida del ser humano en este planeta Tierra. La predestinación tiene referencia al séquito celestial anterior a lo terrenal, o sea, lo que es previo a la humanidad. Desde un principio fuimos predestinados a ser como Jesucristo, hasta que se manifiesta las consecuencias de la capacidad de decisión en los ángeles caídos. La decisión de ninguna manera es buena o mala sino la consecuencia o efecto de su resultado. Ahora nos queda el conocimiento celestial que ha sido transmitido por Jesucristo mismo para todos los seres, algunos lo reciben como seres espirituales, otros lo rechazan limitados como seres apegados solo a lo natural, y sin ninguna posibilidad de trascender a lo celestial: “A algunos que dudan, convencedlos. A otros salvad, arrebatándolos del fuego; y de otros tened misericordia con temor, aborreciendo aun la ropa contaminada por su carne” (Judas 1.22 al 23 – RVR60).


13.1) TIPOS DE CONSCIENCIA


Así como hay tres tipos de conocimiento, por consiguiente también hay tres tipos de niveles ascendentes de consciencia, a saber, la consciencia natural, la consciencia espiritual y la consciencia celestial. La consciencia es considerada como el despertar, que trae a la memoria la responsabilidad olvidada, o el recapacitar para corregir una equivocación. Es la congruencia con las acciones reflexivas, o sea, su expresión y pensamiento es con reflexión. La consideración de su entorno y de sí mismo es con atención y detenimiento. El nivel de consciencia en el ser humano está intrínsecamente relacionado a su condición o estado, en relación con su tipo de conocimiento, ya sea natural, espiritual o celestial. Hay una interacción entre la neurociencia y la cognición, debido a la fuerza y vigor energético demostrado por la mente, en los procesos vinculados durante la adquisición de conocimiento. Pareciera una explicación compleja, pero en realidad un estudio especializado y específico del sistema nervioso, podría demostrar que el mismo es subyacente a lo subjetivo, o sea, yace debajo y supeditado al pensamiento del individuo. Se dice que las neuronas son células nerviosas encargadas de la recepción y transmisión de la información en el cerebro. Entonces el pensamiento es un procesamiento de energía del intelecto, que influye la parte corporal y tangible, representada por el sistema nervioso, que a su vez se manifiesta con las funciones del organismo y los procedimientos de actividades, comportamientos y conductas de la persona. La tendencia de lo natural es aferrarse o apegarse a lo terrenal, al mundo externo a la persona, mientras que el espiritual escala y trasciende a un nivel ascendente de consciencia.


La Biblia contiene muchas claves simbólicas que fungen como llaves en la iluminación del conocimiento, meditación, oración, principios, propósito, reflexión, sentido de identidad y valores, fundamentales para la capacidad de atención, concentración y enfoque, principalmente para volver a la memoria primaria y primigenia en el tiempo de la primera creación celestial. Por ejemplo, la Biblia dice lo siguiente:


“Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira. Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; Y tus pensamientos para con nosotros, No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, No pueden ser enumerados. Sacrificio y ofrenda no te agrada; Has abierto mis oídos; Holocausto y expiación no has demandado. Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón” (Salmos 40.4 al 8 – RVR60).

Se reitera a Jesucristo como ejemplo, modelo y prototipo. De ninguna manera Cristo vino a hacer su propia voluntad, sino la sumisión a la voluntad del Padre. El pensamiento de Jesucristo está sujeto a la disciplina y obediencia del pensamiento de su Padre, así es como su Hijo viene a transmitir el conocimiento y sabiduría, para una verdadera comprensión y entendimiento acerca del sentido de la existencia. Por lo tanto, Jesucristo mismo es el verdadero sentido y significado de la vida.


Hay una hipótesis o teoría en la investigación del conocimiento especulativo, acerca del argumento conspirativo contra Jesucristo, donde la historia de cada quien se reescribe o retroalimenta con información al futuro desde el pasado, es decir, se construye y crea consciencia colectiva e individual, cuando el ser humano en su dormir y sueños realiza una retrospectiva hacia el conocimiento pasado, en el tiempo donde formaba parte de los seres celestiales indecisos. Ahora en la existencia en forma de seres humanos, se despierta la consciencia cada vez que se utiliza la capacidad innata de tomar decisiones, pero con el conocimiento de causa del pasado y consciente del efecto futuro para salvación y vida eterna. Jesucristo dijo lo siguiente a los judíos, entre los mismos algunos eran practicantes fariseos: “Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo” (Juan 8.23 – RVR60). Ahora bien, analicemos un supuesto, si Jesucristo en la preexistencia encabezaba como el jefe del séquito celestial, conocido como el Arcángel Miguel, entonces, si los seres humanos son aquellos ángeles indecisos que vienen a este mundo a tomar una decisión, por qué motivo o razón se quedan sin reconocer a Jesucristo. ¿Cuál significado tiene la expresión vosotros sois de abajo? Mientras tanto, Jesucristo se declara como de arriba y establece una diferencia entre ser y no ser de este mundo.


Hemos insistido en el significado y la simbología bíblica, especialmente en la cantidad de pistas como llaves para la apertura de la comprensión y el entendimiento. En cierta ocasión Jesús dice: “Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo” (Lucas 10.18 – RVR60). La acción de ver claramente está representada por Jesucristo como el Oasis de Vida, mientras tanto, el contraste está en el ofrecimiento de Satanás como el Espejismo de la Vida, caído del cielo, en condición de desgracia, desunión, castigo imprevisto y repentino, sin anticipar o conjeturar lo que le había de suceder, impensado, sin esperarlo y sin prevenir. La pregunta es la siguiente: ¿Será que en el instante cuando Satanás cae de la gracia, tiene consciencia de lo que le espera como consecuencia de su acción? Para el ser humano hay una trascendencia de nivel entre la inmersión del espejismo de la vida y el oasis real y verdadero de la vida. El espejismo es un vivir en negación, sin admitir ni reconocer con claridad a Jesucristo. Por ejemplo, los fariseos se encuentran encasillados en un tipo de esclavitud y se excusan por ellos mismos, de la imposibilidad de practicar y seguir a Jesucristo.


Los fariseos integran una tendencia religiosa del judaísmo, con la rigurosa observancia y práctica de la ley de Moisés. Sin embargo, se oponen y rechazan a Jesús: “Le respondieron: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: Seréis libres? Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado” (Juan 8.33 al 34 – RVR60). El estado de vida de los fariseos es de abajo, apegado a un espejismo terrenal, Jesucristo es de arriba porque es el Oasis Celestial. El transitar de la vida es como un desierto, entre lo natural y lo espiritual, el cambio o paso de nivel es mediante lo que llamamos la objeción de consciencia de Jesucristo. Se combate, contradice y refuta la opinión y plan de quienes conspiran contra Jesús, a través de la razón moral propia de Jesucristo y la consecuente acción y conducta práctica en oposición al mundo externo:


“Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mí mismo, mi gloria nada es; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios. Pero vosotros no le conocéis; mas yo le conozco, y si dijere que no le conozco, sería mentiroso como vosotros; pero le conozco, y guardo su palabra. Abraham vuestro padre se gozó de que había de ver mi día; y lo vio, y se gozó. Entonces le dijeron los judíos: Aún no tienes cincuenta años, ¿y has visto a Abraham? Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8.54 al 58 – RVR60).

Volvemos a formular la pregunta anterior. ¿Será que en el instante cuando Satanás cae de la gracia, tiene consciencia de lo que le espera como consecuencia de su acción? Hagamos la siguiente analogía con Judas Iscariote:


“Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba” (Juan 13.1 al 3 – RVR60).

Se menciona la intención en el corazón de Judas de entregar o traicionar a Jesús, comparado con la acción del diablo, la cual está revestida de engaño y mentira. Esta afirmación se fundamenta en el siguiente pasaje: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó” (Mateo 27.3 al 5 – RVR60). Judas fue embaucado, o sea, engañado debido a su propio desconocimiento, ignorancia e ingenuidad. La artimaña fue lamentablemente mediante engaño y mentira, a través de confabulación, complot o conspiración: “Y buscaban a Jesús, y estando ellos en el templo, se preguntaban unos a otros: ¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta? Y los principales sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno supiese dónde estaba, lo manifestase, para que le prendiesen” (Juan 11.56 al 57 – RVR60). Otro pasaje demuestra lo siguiente: “Entonces los principales sacerdotes, los escribas, y los ancianos del pueblo se reunieron en el patio del sumo sacerdote llamado Caifás, y tuvieron consejo para prender con engaño a Jesús, y matarle” (Mateo 26.3 al 4 – RVR60).


La humanidad con sus excepciones vive solamente por vivir, inmersa en un mundo de fantasía, ficción, ilusión, imaginación, vanagloria y vanidad, acelerada, agitada, y convulsa en un espejismo de irrealidad del porvenir. Apegada, aterrizada y dominada especialmente por lo terrenal del materialismo y la superficialidad, regida mayormente por el amor al dinero. Su parámetro o referente de vida es lo contrario a Cristo, no obstante, Jesucristo amó hasta el fin a los suyos: “… como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Juan 13.1 – RVR60). ¿Y quiénes son los suyos? Acerca de los suyos se menciona lo siguiente:


“Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6.36 al 40 – RVR60).

Los suyos son los que permanecen y le siguen en pos de la verdad, que es Cristo. Aquellos que se oponen y que no son suyos se quedan sin entender el lenguaje de Jesucristo, ni escuchan su palabra: “¿Por qué no entendéis mi lenguaje? Porque no podéis escuchar mi palabra. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira” (Juan 8.43 al 44 – RVR60). Inicialmente el mal influye en su entorno y se manifiesta como el ángel caído, que arrastra a otros del séquito celestial. Esta misma maldad transmitida por el ser humano, influye en Judas Iscariote, sin embargo, al principio, precisamente el primer ángel caído, toma una decisión de su propia facultad y poder de decidir. La misma de ninguna manera es buena o mala, sino la consecuencia o resultado final que desencadena de la decisión original. En todo caso, en el instante cuando Satanás cae de la gracia, debido a que en ese momento no existe bien o mal, tampoco hay consciencia de lo que le espera como consecuencia de su acción. Reincide en hacer mal con plena intención en el Edén, cuando en lugar de resarcir el daño, provoca y tienta a Adán y Eva hasta generar la transgresión, en detrimento de su segunda oportunidad de encaminarse por el buen camino, especialmente mediante una buena guía y orientación a Eva.


En relación con Judas Iscariote, en primer lugar reconoce su situación: “Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos” (Mateo 27.3 – RVR60). Sin embargo, a pesar de su segunda oportunidad de arrepentimiento, opta por terminar con su vida sin conversión ni resarcimiento: “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó” (Mateo 27.5 – RVR60). ¿Cuál viene a ser la interpretación y significado de la analogía o comparación entre el suceso acontecido al ángel caído y la situación presentada a Judas Iscariote? La Escritura dice lo siguiente: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (1 Corintios 10.11 al 12 – RVR60). Lo que antes se escribió en las Sagradas Escrituras es para nuestra enseñanza, los sucesos pasados se establecen como ejemplo y por consiguiente, un eventual estudio y análisis con la finalidad de evitar repetir las mismas conductas o procedimientos.


El ángel en cuestión primeramente está firme, pareciera alardear, presumir o vanagloriarse, pero en su caso la caída es para apegarse a lo terrenal. Recordemos la insistencia de la simbología bíblica, con un significado específico como pistas para comprender y entender las Escrituras: “¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono, y en el monte del testimonio me sentaré, a los lados del norte; sobre las alturas de las nubes subiré, y seré semejante al Altísimo” (Isaías 14.12 al 14 – RVR60). Cuando el ángel caído dialoga con Eva le dice: “Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal” (Génesis 3.4 al 5 – RVR60).


El problema de ninguna manera es ser semejante al Altísimo, o sea a Dios Padre, en amor, fe, justicia, misericordia, paz y santidad, entre otros atributos. Tampoco adquirir o codiciar la sabiduría como conocimiento profundo del bien y del mal, ni anhelar o desear el buen juicio para administrar o gobernar las acciones conductuales de la vida. Entonces cuál es el significado de que sean abiertos sus ojos y ser como Dios, sabiendo el bien y el mal. Acerca de la ceguera espiritual o la vista espiritual, hay una anécdota o relato bíblico, acerca de Saulo de Tarso, quien fue conocido como Pablo. Analicemos el significado de su simbología:


“Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió” (Hechos 9.3 al 9 – RVR60).

Vamos a profundizar la palabra de Dios. ¿Qué significa la expresión: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón? El aguijón representa la dirección de Dios, por diversos medios, el principal Jesucristo y el Espíritu Santo. Por ejemplo, en el envejecimiento del profeta Samuel en el primer pacto de Dios con su pueblo, trae consigo el establecimiento de jueces, pero se desvía y pervierte la buena razón del juicio, o sea, la capacidad y facultad de la mente para comparar y juzgar: “Aconteció que habiendo Samuel envejecido, puso a sus hijos por jueces sobre Israel. Y el nombre de su hijo primogénito fue Joel, y el nombre del segundo, Abías; y eran jueces en Beerseba. Pero no anduvieron los hijos por los caminos de su padre, antes se volvieron tras la avaricia, dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho” (1 Samuel 8.1 al 3 – RVR60). Sobre la base de la avaricia, soborno y perversión del derecho, se fundamenta la sustitución de la guía de Dios por la determinación del reinado humano: “Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones” (1 Samuel 8.4 al 5 – RVR60). Hay un retroceso brusco en la administración y guía de Dios en el pueblo, en relación con la obra del Espíritu Santo, el desecho y la resistencia a la autoridad de Dios:


“Y dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos. Conforme a todas las obras que han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, dejándome a mí y sirviendo a dioses ajenos, así hacen también contigo. Ahora, pues, oye su voz; mas protesta solemnemente contra ellos, y muéstrales cómo les tratará el rey que reinará sobre ellos” (1 Samuel 8.7 al 9 – RVR60).

El profeta Samuel era un intermediario de comunicación y consulta a Dios. Las naciones estaban entregadas a la idolatría, prácticamente la población mundial era politeísta. El pueblo de Dios en realidad era un pequeño remanente en relación con el resto de las civilizaciones de la población del planeta, hasta que Dios llama a Abraham, conocido como el padre o patriarca de la fe. Pero que tiene que ver todo este análisis y simbología con el tema de la conspiración mundial contra Jesucristo. El establecimiento de forma solapada del nuevo orden mundial impulsado por una agenda de programación internacional. El gobierno predominante de la corrupción de la avaricia, soborno y perversión del derecho, especialmente en las nuevas generaciones y en el fomento a las niñas y niños de cada nación para degenerar su conducta, en la normalización de una vida que desagrada a Dios. Jesucristo tiene la preeminencia y supremacía establecida con el anuncio de su segunda venida, acontecimiento de fuerza y poder, que nada ni nadie puede vencer. En el nuevo pacto Jesucristo es la guía y referencia en la objeción de consciencia:


“El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece. Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre. Pero esto es para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Sin causa me aborrecieron. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí” (Juan 15.23 al 26 – RVR60).

La corriente de pensamiento mundial divulgada entre los seres humanos, es desestimar, excluir y retirar a Jesucristo de nuestras vidas, inclusive con imposición y violencia en los regímenes totalitarios. Además de la permisividad a nivel eclesiástico y la apertura a legislaciones conductuales confundidas, desviadas, equivocadas y turbadas. El predominio que se pretende es el apostatar de la fe y práctica en Jesús, es abandonar la educación y formación en la creencia en Jesucristo, en su doctrina y evangelio, en sus principios y valores. Proféticamente está escrito: “Echarán mano de un hombre siete mujeres en aquel tiempo, diciendo: Nosotras comeremos de nuestro pan, y nos vestiremos de nuestras ropas; solamente permítenos llevar tu nombre, quita nuestro oprobio” (Isaías 4.1 – RVR60). En la simbología bíblica se explica lo siguiente: “Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra” (Apocalipsis 17.18 – RVR60). Esto está sujeto a la interpretación, pero hay naciones que se hacen llamar históricamente cristianas, sin embargo, solamente llevan el nombre de Cristo, porque legislan a lo interno de cada nación, comportamientos, conductas y procederes contrarios a Cristo.


Estos reyes de la tierra, representan los gobiernos, que en la actualidad establecen guías o patrones de conducta, correlacionados con legislaciones permisivas de la legalidad del aborto, cannabis recreativo, eutanasia, matrimonio genérico, suicidio asistido, entre otras leyes infructuosas para el crecimiento y desarrollo espiritual, que son conspirativas contra la sangre de Cristo y que mancillan el derecho de Jesucristo sobre la humanidad, con su crucifixión, muerte y resurrección. Legislaciones que invalidan la obra de Jesucristo, su derramamiento de sangre y la obra del Espíritu Santo. Legislaciones que introducen una falsedad ideológica para corromper y pervertir las sociedades, en post del libertinaje de la carnalidad y pecado desenfrenado, que manchan el honor y la honra de Jesucristo: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10.29 al 31 – RVR60).


13.2) LA GNOSIS DE INTERPRETACIÓN HUMANA VERSUS LA INTERPRETACIÓN DE DIOS


La gnosis significa conocimiento, en el caso de la gnosis celestial es transmitida por el conocimiento de Jesucristo, ya que su origen es directamente celestial. En cierto momento se cumple la Escritura cuando Jesucristo mismo dice: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4.18 al 19 – RVR60). Por lo tanto, el conocimiento o gnosis celestial es perteneciente o propiamente exclusivo de Jesucristo, representado en la persona misma de Jesucristo. En este sentido, la iglesia primitiva enfrenta una confusión debido a su roce con la gnosis carnal y terrenal, presente en algunos de sus integrantes: “Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3.14 al 16). Jesucristo vino a devolver la vista y a libertar de la esclavitud del pecado. Pero algunos se empeñan y proponen invalidar la obra de Jesucristo contra la práctica del pecado. Inclusive el mayor desafío del siglo veintiuno es enfrentar las corrientes de pensamiento infiltradas en las legislaciones de los gobiernos, donde ni la pandemia del COVID-19 ha podido frenar sus propuestas de corromper las nuevas generaciones y la sociedad en general.


La justificación y legalización del pecado, invalida claramente la obra de Cristo con su sacrificio, muerte y resurrección. Algunas iglesias y universidades llamadas cristianas, han sido influenciadas en este sentido. La verdadera religión es apartarse de la práctica del mal y hacer decididamente el bien a los demás. La religión es consagración y santificación ante Dios el Padre y su Hijo Jesucristo, con la capacidad y el don del servicio de influir el bien. La ambición, avaricia, envidia y codicia, de ninguna manera tiene cabida en la religión auténtica y genuina. La pandemia actual ha demostrado lo imprescindible e indispensable de la confianza en la fe de y en Cristo, de la ayuda del bien común de unos con su prójimo, transmitida en sus enseñanzas y modelo de vida. ¿Qué tiene que ver las legislaciones de algunas naciones y la pandemia del coronavirus con la conspiración contra Jesucristo? Históricamente la manifestación del pecado en las naciones ha sido mediante la guerra. Pero, ¿por qué en la historia de la humanidad siempre han existido seres humanos opuestos deliberadamente contra lo que es Dios y contra su voluntad?


El rumbo de la vida en relación con la gnosis, específicamente la gnosis celestial enfrentada a la gnosis natural y terrenal, tiene mucha dependencia del desenvolvimiento histórico de la gnosis espiritual, especialmente en función de la verdadera patria celestial. Los administradores de la primera iglesia, precisamente desde el primer siglo, realizan diversos análisis, estudios e investigaciones críticas y objetivas en torno a lo sucedido con Cristo, los gobernantes y la población contemporánea al Señor Jesucristo (Mateo 27.21 al 25).


El pueblo se declara libre de tomar una decisión con la consecuente responsabilidad y resultado, inclusive con el atrevimiento de invocar que las consecuencias recaigan sobre sí mismos y sus descendientes. Lucas escribe lo siguiente:


“Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido” (Lucas 1.1 al 4 – RVR60).

La patria de Jesucristo no es terrenal sino que es celestial. La iglesia del primer siglo en su análisis posterior a los acontecimientos de Cristo, tiene un conflicto, controversia o polémica al respecto. Surge la gnosis acerca de la cristología angélica, en referencia a la preexistencia de Cristo, que viene de lo celestial como el Salvador de los ángeles indecisos, a su vez se identifica y reconoce en su preexistencia como el principal arcángel creado primero por el Padre. Jesucristo es el ejecutor de una gran comisión, porque tiene a su cargo restablecer la armonía y equilibrio de rescatar lo que parecía perdido de la patria celestial:


“Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (Hebreos 11.13 al 16 – RVR60).

¿Quiénes conspiran y rechazan a Jesucristo? Aquellos que se aferran a su nacionalismo como su única y verdadera patria terrenal, apegando su vida solamente a la vida presente, sin importar sus acciones y hechos en relación con la vida venidera, juicio final y rendimiento de cuentas a un Dios Creador. Conspiran y rechazan a Jesucristo, quienes se empeñan en aprobar legislaciones nacionales que rinden adoración y culto a la ideología de la muerte, sin importar el tener que responder ante el juicio final de Dios. La Biblia dice:


“Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató. Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Y él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra. Ahora, pues, maldito seas tú de la tierra, que abrió su boca para recibir de tu mano la sangre de tu hermano” (Génesis 4.8 al 11 - RVR60).

“La sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra”, le dice Dios a Caín. La sangre representa vida, por ejemplo, desde la concepción en la etapa de la vida prenatal, iniciada con la fecundación y gestación del ser humano, ya sea en el proceso de su formación como cigoto, embrión o feto, se comete ante Dios un homicidio con la irrupción del embarazo mediante el aborto. La mal llamada ciencia abortiva ha contribuido con interrumpir el embarazo de forma masiva a niveles de exterminio y genocidio de los que están por nacer. Cada año que pasa se eliminan millones de seres humanos por medio de los abortos provocados y voluntarios, sin ningún tipo de castigo a la impunidad mundial. Muchos se esconden clandestinamente para cometer el crimen y delito del aborto, pero de Dios nadie se esconde como el caso de Caín. Hay una absoluta indefensión de los que están sin nacer, porque en todo el mundo los matan por millones, semejante a una guerra discriminada contra los seres humanos prenatales, que están en condición de inferioridad o desfavorable, porque no pueden defender su derecho a la vida por sí mismos. Jesucristo dijo: “Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10.9 al 10 – RVR60).


La vida corporal es el primer paso para la existencia de una vida espiritual, con la posibilidad de trascendencia a una vida celestial. Por causa del aborto, la humanidad ha robado la vida de las nuevas generaciones sin nacer. Esto también es conspiración contra Jesucristo. Hay una gran defección de los mismos seres humanos, contra la vida de sus propios seres humanos, por consiguiente, los ángeles indecisos en forma humana, confabulan y conspiran contra los demás ángeles indecisos que están por venir a la tierra, negándoles la posibilidad de venir a tomar su propia decisión. No es de extrañar cuando los pro – abortistas se manifiestan dueños de hacer lo que quieran con su propio cuerpo. Sin embargo, ante Dios esto es una decisión al aborto, que solamente refuerza la indecisión de obedecer la voluntad de Dios, tal es el caso de los ángeles indecisos. Las mismas madres abortan a sus propias hijas e hijos, a la manera de un femicidio desenfrenado y supuestamente justificado legalmente en algunos países, donde muchas veces las mismas instituciones de la seguridad de la salud, que existen para defender la vida de las personas, utilizan sus instalaciones, equipo y personal profesional para realizar los abortos. Lo mismo en los casos de la eutanasia y suicidio asistido, como de otras legislaciones nacionales en ciertos países, que descartan y desechan tomar en cuenta la palabra y voluntad de Dios, para hacer prevalecer lo que llaman el libertinaje progresista.


Por otra parte, la confusión del engaño y mentira de hacer creer a los seres humanos de la existencia de un tercer tipo de órgano de procreación, diferente del femenino y masculino, al que llaman genérico, pero que de ninguna manera puede ser portable y transmisible genéticamente entre generaciones de seres humanos. A pesar del avance en la ciencia y la tecnología, no existe masculino que pueda cambiar a la capacidad y función del útero o matriz, como órgano reproductor femenino. Lo mismo que en el caso femenino, la posibilidad de cambiar al órgano reproductor de espermatozoides, la célula sexual masculina. Esto no es más que una gran confusión de engaño y mentira que se pretende inculcar y fomentar en las niñas y niños de las nuevas generaciones. Eva dijo lo siguiente:


“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí. Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.13 al 15 – RVR60).

Esta enemistad anunciada o profetizada, se refleja en la persecución contra la obra de Jesucristo en toda la sociedad mundial, inclusive ahora en países supuestamente cristianos, con las mencionadas legislaciones que excluyen a Dios de la vida de los ciudadanos.


Entonces, ¿cuáles son las formas de manifestar la persecución contra la obra de Jesucristo en toda la sociedad mundial? Esto se presenta como una cristofobia, o sea, una aversión hacia Jesucristo, al extremo del odio y repugnancia, tanto a Jesucristo como a su sangre derramada. Una muestra o prueba de esta cristofobia es la ausencia de la guía del Espíritu Santo en la sociedad en general, así el mundo se queda sin redargüir de pecado, justicia y juicio. Jesucristo menciona entre las funciones del Espíritu Santo la siguiente:


“Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. De pecado, por cuanto no creen en mí; de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más; y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado” (Juan 16.8 al 11 – RVR60). Analicemos el caso de Jesucristo frente a sus adversarios. Jesús les increpa o reprende con dureza y severidad: “Y a mí, porque digo la verdad, no me creéis. ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios” (Juan 8.45 al 47 – RVR60). Lo que pasa es que en cierta ocasión Jesús dijo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; A pregonar libertad a los cautivos, Y vista a los ciegos; A poner en libertad a los oprimidos; A predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4.18 al 19 – RVR60).

La Biblia tiene figuras simbólicas del pasado que resultan en enseñanza para el presente, de manera contemporánea al lector o inclusive de forma profética con anuncio del futuro: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús” (Romanos 15.4 al 5 – RVR60). Una de estas figuras simbólicas tiene relación con un sistema político y social llamado “anticristo”. Inclusive esta corriente de pensamiento afirmada en nuestros tiempos, especialmente manifestada en su mayor expresión por ciertas legislaciones, ya presentaba ciertos indicios o señales de surgimiento: “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo” (1 Juan 2.18 – RVR60). El concepto de anticristo de ninguna manera hace alusión a una sola persona, sino a muchos anticristos, porque está relacionado con el ser humano que ejerce ciertas prácticas habituales contrarias a Cristo, por esta razón es un sistema con una misma función, regido por el conjunto y disposición de normas, determinadas y establecidas para el fin o propósito, de invalidar a Jesucristo mismo. La sociedad niega desagradecidamente la autoridad, potestad y vigencia de Cristo, inclusive naciones llamadas cristianas han desvirtuado la legitimidad de Jesucristo en sus vidas cotidianas.


Se ha cambiado el sistema de Jesucristo, como ejemplo y modelo de vida, por el sistema anticristo contrario a la consagración y santidad de la unción de Jesucristo: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre” (1 Juan 2.22 al 23 – RVR60). Pero, ¿cuál es la clave o llave para abrir la comprensión y entendimiento acerca de este tema en cuestión? Hay un pasaje con el siguiente mensaje: “Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él” (1 Juan 2.27 – RVR60). La unción de Jesucristo permanece en sus seguidores, porque su intensidad e intimidad es una relación muy directa y personal entre el discípulo y Jesucristo. Esto significa que no hay barrera, ni muro, ni obstáculo que impida la visibilidad de Cristo, de manera que no habrá necesidad de que nadie os enseñe; siempre y cuando, se permanezca con la clara autenticidad y genuinidad, en la verdadera unción de Jesucristo: “Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5.7 al 9 – RVR60).


Por lo tanto, se cumple la Escritura: “Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1 Pedro 2.21 al 22 – RVR60). La sociedad con sus legislaciones pretende perpetuar el pecado en afrenta a Cristo e invalidar la obra redentora y salvífica. Esto es un acto anticristo, donde se rinde adoración y pleitesía a la carnalidad corporal y al pecado, porque a lo malo se le dice bueno y se le llama bueno a lo malo, como está escrito en el libro de Isaías: “¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5.20 – RVR60). La Biblia dice acerca de Jesucristo: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4.15 – RVR60). Jesucristo vino en carne pero se muestra como ejemplo de vivir en carne sin cometer pecado, aunque es el Hijo de Dios, viene en forma de ser humano, para demostrar que si se puede ser fiel y leal a Dios Padre en los principios y valores del discipulado de Cristo. Así está escrito el siguiente texto que resume muy bien este análisis, en relación con ser semejante a Jesucristo, contrario de vivir como un anticristo:


“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre. Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2.5 al 12 – RVR60).

Obsérvese como el ocuparse de la salvación requiere temor y temblor, esto significa con dignidad, respeto y reverencia. Especialmente la excelencia en la moralidad, en relación con la decencia, decoro, honestidad y honradez, manifestados en la conducta y comportamiento. Un fuerte sentimiento de pundonor para conservar el crédito de reputación de la persona, su honra y prestigio. La sociedad supuestamente legisla a favor de la mejora continua como personas, que se confunde con el supuesto de ser más humanos pero menos espirituales. Lo que pasa es que el mundo está muy confundido y desorientado. La Biblia dice: “Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jeremías 10.23 – RVR60). En esta presunción de legislar aparentes verdades, se descarta y discrimina la voluntad de Dios, inclusive algunos representantes legislativos, se oponen abiertamente y directamente contra Dios con toda clase de impunidad. Todo lo contrario, el salmo afirma lo siguiente: “Por Jehová son ordenados los pasos del hombre, Y él aprueba su camino” (Salmos 37.23 – RVR60). Otro pasaje indica: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos” (Jeremías 15.19 – RVR60).


Tarde o temprano prevalece la autoridad de Dios sobre la humanidad, así como lo dijo Jesucristo a Pilato: “Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene” (Juan 19.10 al 11 – RVR60). El pecado es una falta al deber ante Dios, en este sentido la sociedad trata de eliminar sus deberes de consagración, justicia, rectitud y santidad ante Dios. Ahora la moda es la defensa al derecho humano a la propensión y sensualidad a los placeres carnales. Esto nos arraiga más a lo terrenal y nos aleja de la espiritualidad, ya que la verdadera libertad a la que somos llamados es mediante Cristo: “Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros” (Gálatas 5.13 – RVR60).


Esta libertad es para ser libres en tener la mente de Cristo: “Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz. Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios” (Romanos 8.5 al 8 – RVR60). ¿Quiénes conspiran contra Jesucristo, invalidan y menosprecian la obra redentora y santificadora de su sangre derramada en la cruz? Los carnales que buscan legalizar el libertinaje en cada nación, para fomentar su modo de vida o manera de vivir en las nuevas generaciones, a través de las legislaciones que aprueben comportamientos y conductas permisivas del pecado. Se ignora a conveniencia y voluntariamente la palabra de Dios, las Escrituras son Sagradas y Santas a manera de una Constitución Universal de la Voluntad de Dios, Una Ley Fundamental de los Deberes y Derechos ante Dios. La misma es muy clara y contundente acerca de la carnalidad: “Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5.19 al 21 – RVR60).


Por último, los apetitos y deseos de la carne son insaciables, es un círculo vicioso del que no sale la persona de la condición terrenal. La libertad de la unción de Jesucristo por medio del Espíritu Santo, ofrece preparación para vivir en Cristo: “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo” (Filipenses 3.7 al 8 – RVR60). Este mundo es pasajero y temporal, mientras que Jesucristo es exclusivo, suficiente y único para recibir la salvación y la vida eterna, porque es una preparación para el día de la muerte de la persona: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia” (Filipenses 1.21 – RVR60). La Biblia advierte lo siguiente: “La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Romanos 13.12 al 14 – RVR60). Jesucristo afirma lo siguiente: “Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8.12 – RVR60).


Una vida sencilla en Jesucristo, en el sentido contrario de acumular lo prescindible, es decir, de ninguna manera el ser humano necesita atesorar objetos para disfrutar verdaderamente de una vida plena, porque la persona se apega, ata o esclaviza, en relación con los bienes superfluos. Ser libre es lograr una armonía en el equilibrio de la pureza y la sencillez en Cristo, especialmente para el propósito y el sentido de la vida al máximo. El potencial para la visualización espiritual y devocional se vuelve posible para el crecimiento y el desarrollo, porque el enfoque está dirigido en lo que trasciende, específicamente en lo que se refiere a la transición de este mundo a la vida venidera, aunque algunos se aferran al apego terrenal. A través de Jesucristo recibimos la vista para ver el horizonte espiritual, hasta alcanzar el conocimiento celestial. Meditar, pensar y reflexionar sobre Jesús, el Hijo de Dios, su ejemplo y su modelo de vida, abre las puertas del conocimiento, para que podamos ver más en la dirección del Padre Celestial. Sin embargo, la legislación humana pretende imponerse a la legislación de Dios, pero olvidaron todos estos legisladores llamados “los libertarios progresistas del mundo”, que Dios es quien impone su última palabra y voluntad al final de los tiempos. Cualquier celebración y sublimación del pecado, solamente es temporal y de ninguna manera va a prevalecer contra el Creador.


La historia de la desobediencia y rebeldía del ser humano es la misma al día de hoy. Está escrito lo siguiente:


“Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz. Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente” (Daniel 9.13 al 15 – RVR60).

Además, la Escritura agrega: “En tu inmunda lujuria padecerás, porque te limpié, y tú no te limpiaste de tu inmundicia; nunca más te limpiarás, hasta que yo sacie mi ira sobre ti. Yo Jehová he hablado; vendrá, y yo lo haré. No me volveré atrás, ni tendré misericordia, ni me arrepentiré; según tus caminos y tus obras te juzgarán, dice Jehová el Señor” (Ezequiel 24.13 al 14 – RVR60). ¿Por qué el ser humano evade su propia responsabilidad? La Biblia también aclara:


“Hasta hoy hacen como antes: ni temen a Jehová, ni guardan sus estatutos ni sus ordenanzas, ni hacen según la ley y los mandamientos que prescribió Jehová a los hijos de Jacob, al cual puso el nombre de Israel; con los cuales Jehová había hecho pacto, y les mandó diciendo: No temeréis a otros dioses, ni los adoraréis, ni les serviréis, ni les haréis sacrificios. Mas a Jehová, que os sacó de tierra de Egipto con grande poder y brazo extendido, a éste temeréis, y a éste adoraréis, y a éste haréis sacrificio. Los estatutos y derechos y ley y mandamientos que os dio por escrito, cuidaréis siempre de ponerlos por obra, y no temeréis a dioses ajenos. No olvidaréis el pacto que hice con vosotros, ni temeréis a dioses ajenos; mas temed a Jehová vuestro Dios, y él os librará de mano de todos vuestros enemigos. Pero ellos no escucharon; antes hicieron según su costumbre antigua. Así temieron a Jehová aquellas gentes, y al mismo tiempo sirvieron a sus ídolos; y también sus hijos y sus nietos, según como hicieron sus padres, así hacen hasta hoy” (2 Reyes 17.34 al 41).

Esta impunidad del ser humano jamás es para siempre. Las decisiones y oportunidades de la vida corresponden a la etapa de lo temporal, el propósito y misión atañe a lo preexistente vinculado a lo por venir. Tenemos como ejemplo el caso del profeta Jeremías: “Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1.4 al 5 – RVR60). Otro ejemplo es mencionado por Jesucristo al decir: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Juan 9.1 al 3 – RVR60). Un ángel indeciso en su preexistencia, su indecisión de ninguna manera se considera pecado, sino en la vida en este mundo viene a tomar la decisión respectiva, para que la obra de Dios, que es mediante Jesucristo se manifieste en la determinación de su decisión. Se cumple la siguiente Escritura: “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efesios 1.4 al 5 – RVR60). Esto es volver al origen de la vida eterna a la imagen de Dios Padre y con la semejanza de su santidad.


La energía es la esencia divina que posibilita toda la existencia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra…, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Génesis 1.1 al 2 – RVR60). El Espíritu es la Energía y Poder de Dios, por lo tanto, es imposible la comunión del pecado con el Espíritu Santo de Dios: “No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6.7 al 8 – RVR60). El rumbo de la humanidad requiere un alto en el camino para meditar, pensar y reflexionar acerca de la provocación de su destino: “Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 14.12 – RVR60). Este camino de muerte es el que la humanidad se ha impuesto a sí misma: “No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra, ni la impiedad librará al que la posee. Todo esto he visto, y he puesto mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace; hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo” (Eclesiastés 8.8 al 9 – RVR60). Jesucristo dijo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14.6).


CAPÍTULO 14: DEIDAD


El amor, la justicia y el temor de Dios Padre, siendo invisible, se manifiestan y hace visible a través de su Hijo, quien representa la misma sustancia o esencia del Padre: “Dios,… En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia… Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1.1 al 4 – RVR1909).


14.1) EL ÁNGEL DE DIOS O ÁNGEL DE YAHVÉ O JEHOVÁ


El libro de Éxodo menciona el Ángel con el nombre de Dios (el subrayado es nuestro): “He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él” (Éxodo 23.20 al 21 – RVR1909). Dios Padre permite recibir la alabanza, gloria y honra solamente a través de su Hijo, de ninguna manera hay otro Dios Padre diferente, ni dará la alabanza y gloria a otro Dios que no sea su propio Hijo, a quien ha escogido: “He aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio á las gentes… Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42.1 y 8 – RVR1909).


El profeta Oseas hace mención de la situación del pueblo y de cómo su patriarca Jacob realiza la hazaña de luchar con el ángel: “Pleito tiene Jehová con Judá para visitar á Jacob… En el vientre tomó por el calcañar á su hermano, y con su fortaleza venció al ángel… y prevaleció;… Tú pues, conviértete á tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre” (Oseas 12.3 al 7 – RVR1909). A Dios Padre nadie le puede ver, sin embargo, al Hijo en el caso de Jacob le ve cara a cara en su lucha con el ángel: “… porque has peleado con Dios… Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre?... Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel, porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma” (Génesis 32.28 al 30 – RVR1909).


También a Moisés se le presenta el ángel con el nombre de Dios: “… Y apareciósele el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró… Y viendo Jehová que iba á ver, llamóle Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí” (Éxodo 3.1 al 4 – RVR1909). Esto se explica en Hechos de los apóstoles: “Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sinaí, con fuego de llama de una zarza… A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza… Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte…” (Hechos 7.30, 35 y 38 – RVR1909).


Este ángel lleva el nombre de Dios porque en Éxodo dice: “Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara, como habla cualquiera á su compañero…” (Éxodo 33.11 – RVR1909). Así el Hijo lleva el nombre del Padre. El profeta Zacarías menciona lo siguiente: “Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias á aquel ángel que hablaba conmigo” (Zacarías 1.12 al 13 – RVR1909). El ángel de Jehová es único, es su propio Hijo y quien representa al Padre, tanto en el séquito celestial como entre los seres humanos, ya que podemos ver al Hijo, que habla con el ser humano cara a cara, pero al Padre nadie le puede ver y sobrevivir: “Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33.20 al 23 – RVR1909).


La Biblia dice: “A Dios nadie le vió jamás…” (Juan 1.18). Además se dice: “Ninguno vió jamás á Dios…” (1 Juan 4.12). La representación del Hijo está definida por un tiempo determinado: “Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad… el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.24 al 28 – RVR1909). La Biblia confirma la presencia del ángel de Jehová en la salida de Egipto y su representación en nombre del Padre: “Y El ángel de Jehová subió de Gilgal á Bochim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado á vuestros padres; y dije: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros” (Jueces 2.1 – RVR1909). Según otro pasaje bíblico el ángel de Dios es el ángel de Jehová que el ser humano puede ver sin morir:


“Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. Y extendiendo el ángel de Jehová el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de delante de él. Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto el ángel de Jehová cara á cara. Y Jehová le dijo: Paz á ti; no tengas temor, no morirás” (Jueces 6.20 al 23 – RVR1909).

La ventaja de la gran cantidad de libros de la Biblia, es la posibilidad de estudiar e investigar la palabra de Dios con profundidad del pensamiento, esto nos permite encontrar pistas y unir eslabones, para entrelazar un hilo conductor de la trama bíblica. Entonces, por consiguiente, es inevitable la mención textual de los versículos para encadenar un argumento, como dice las mismas Escrituras: “¿A quién se enseñará ciencia, ó á quién se hará entender doctrina? ¿A los quitados de la leche? ¿á los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá: … La palabra pues de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá…” (Isaías 28.9 al 13 – RVR1909).


Observemos algunos detalles acerca del tema analizado y presentado a los padres de Samsón: “A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido: mas concebirás y parirás un hijo” (Jueces 13.3 – RVR1909). El ángel de Jehová aparece a la madre de Samsón antes de quedar embarazada y ella describe algunas características acerca del ángel: “Y la mujer vino y contólo á su marido, diciendo: Un varón de Dios vino á mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre” (Jueces 13.6 – RVR1909).


Ahora veamos lo interesante acerca del nombre cuando Manoa, padre de Samsón, dialoga con el ángel: “Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?” (Jueces 13.17 al 18 – RVR1909). El nombre del ángel de Jehová es oculto, luego Manoa declara que ha visto a Dios:


“Y el ángel de Jehová no tornó á aparecer á Manoa ni á su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa á su mujer: Ciertamente moriremos, porque á Dios hemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto” (Jueces 13.21 al 23 – RVR1909).

El nombre oculto es el nombre de Dios Padre (YHVH, relacionado con existencia o ser), que es compartido con su Hijo, por esta razón Manoa y la mujer ven al ángel de Jehová como ver a Dios, pero es Dios el Hijo. Así está escrito en los Salmos acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: Vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la maldad: Por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de gozo sobre tus compañeros” (Salmos 45.6 al 7 – RVR1909). Dios es Padre debido a la existencia de su Hijo, así en cada época de espacio y tiempo su Hijo se manifiesta relacionado como el ángel de Jehová, o como el principal del séquito celestial, o sea, el arcángel Miguel, y como Jesucristo mesías y salvador.


Esto significa que a través del Hijo: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5.8 – RVR1909), es que se cumple que Dios sea Padre mediante la obediencia y sujeción de su Hijo ejemplar y modelo de vida. Tal es el caso del amor, justicia y temor de Dios. Así es que encontramos en Isaías: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Principe de paz” (Isaías 9.6 – RVR1909).


Desde el primer libro de la Biblia, el Génesis, se hace mención de lo que venimos tratando. Por ejemplo, el caso del ángel de Jehová y Agar, quien servía en la casa de Abraham: “Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre… Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered” (Génesis 16.10 al 14 – RVR1909). Otro ejemplo, es del ángel de Jehová y Abraham, en el caso de su hijo Isaac:


“Entonces el ángel de Jehová le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios… Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar…” (Génesis 22.11 al 18 – RVR1909).

Finalmente se hace mención del caso de Jacob:


“Y díjome el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás todos los machos que cubren á las ovejas listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. Yo soy el Dios de Beth-el, donde tú ungiste el título, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete á la tierra de tu naturaleza” (Génesis 31.11 al 13 – RVR1909).

14.2) EL SER DE LA DEIDAD


Los atributos o cualidades de Dios influyen en la forma o manera de ser de la persona y está relacionado con la esencia del ser en Cristo Jesús Señor nuestro. Esta esencia hace alusión a lo inherente, por ser inseparable, también a lo innato, porque es connatural, o sea, nacido con el mismo ser de forma intrínseca desde lo más interno. La Biblia dice: “¿Quién nos apartará del amor de Cristo? tribulación? ó angustia? ó persecución? ó hambre? ó desnudez? ó peligro? ó cuchillo? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo: Somos estimados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó” (Romanos 8.35 al 37 – RVR1909). Es una esencia inmanente por la inherencia al ser y por estar unida de modo inseparable a la existencia: “Por lo cual estoy cierto que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, Ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna criatura nos podrá apartar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8.38 al 39 – RVR1909).


Algunas personas con la iniciativa propia desde la niñez, descubren y observan en todo el transcurso de su vida, la imperante búsqueda y necesidad sobrenatural de amar y obedecer a Dios, aún perdura hasta en su longevidad. Esta relación la encontramos entre Dios Padre y su Hijo: “Y el niño crecía, y fortalecíase, y se henchía de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él… Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2.40 y 52 – RVR1909). En este caso Jesús aclara y menciona lo siguiente:


“Estas cosas habló Jesús, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique á ti; Como le has dado la potestad de toda carne, para que dé vida eterna á todos los que le diste. Esta empero es la vida eterna: que te conozcan el solo Dios verdadero, y á Jesucristo, al cual has enviado. Yo te he glorificado en la tierra: he acabado la obra que me diste que hiciese. Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese” (Juan 17.1 al 5 – RVR1909).

Dios antes de Moisés se manifiesta como Dios Omnipotente, pero después de Moisés se da a conocer con el nombre de Yahvé o Jehová: “Habló todavía Dios á Moisés, y díjole: Yo soy JEHOVÁ; Y aparecí á Abraham, á Isaac y á Jacob bajo el nombre de Dios Omnipotente, mas en mi nombre JEHOVÁ no me notifiqué á ellos” (Éxodo 6.2 al 3 – RVR1909). Por esta razón desde el libro de Génesis, el autor escribe el nombre Jehová, por ejemplo en el pasaje de Génesis 4.26, cuando a Set le nace un hijo por nombre de Enós, entonces las personas empiezan a invocar el nombre de Jehová. En realidad antes de Moisés Dios se da a conocer como Dios Omnipotente.


El nombre de Dios es un tetragrámaton representado con las siguientes letras: YHVH, que se asocia con el significado de Ser o hacer que exista: “Y dijo Moisés á Dios: He aquí que llego yo á los hijos de Israel, y les digo, El Dios de vuestros padres me ha enviado á vosotros; si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre? ¿qué les responderé? Y respondió Dios á Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás á los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado á vosotros” (Éxodo 3.13 al 14 – RVR1909). Para lograr su pronunciación fue necesario agregarle vocales, quedando Yahveh o la forma latinizada Jehovah, de donde provienen las trascripciones al castellano de Yahvé o Jehová: “Oh Jehová, Señor nuestro, ¡Cuán grande es tu nombre en toda la tierra, Que has puesto tu gloria sobre los cielos!” (Salmos 8.1 – RVR1909). Otro pasaje dice: “Y conozcan que tu nombre es JEHOVÁ; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra” (Salmos 83.18 – RVR1909). También dice: “Alabad, siervos de Jehová, Alabad el nombre de Jehová. Sea el nombre de Jehová bendito, Desde ahora y para siempre. Desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, Sea alabado el nombre de Jehová” (Salmos 113.1 al 3 – RVR1909). Y dice: “Oh Jehová, eterno es tu nombre; Tu memoria, oh Jehová para generación y generación” (Salmos 135.13 – RVR1909). Por cuestiones del idioma, la preferencia es utilizar como fuente las consonantes YHVH, para representar en castellano Yahvé del nombre de Dios Yahveh. También se presenta la transliteración de fuente JHWH y el resultado como Jehowah, aunque en el idioma inglés utilizan Yahweh del tetragrámaton YHWH.


En todo caso a Dios se le llama Señor (Génesis 15.2 y 8; Éxodo 23.17 y 34.23), y Padre: “Tú empero eres nuestro padre, si bien Abraham nos ignora, é Israel no nos conoce: tú, oh Jehová, eres nuestro padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre” (Isaías 63.16 – RVR1909) y “Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros” (Isaías 64.8 – RVR1909). Jesucristo lo confirma: “Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos; sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” (Lucas 11.2 – RVR1909). Dios Padre es el Ser Supremo, que no tiene superior en su orden (1 Crónicas 29.11 al 12). Es el Todopoderoso (Génesis 17.1), que existe por sí mismo como Dios Eterno (Génesis 21.33; Job 36.26), y es el Creador de todas las cosas que existen (Génesis 1.1; Hechos 17.24). Desde el principio de la creación Dios se ha manifestado como Padre, prueba de esto es que el evangelio de Lucas declara a Adán como hijo de Dios (Lucas 3.38). Este pueblo de hijos de Dios son los que se mezclaron con mujeres de los hombres que no clamaban a Dios (Génesis 6.1 al 5). Pero Noe halló gracia ante los ojos de Jehová y era varón justo, perfecto en sus generaciones que caminó con la voluntad de Dios (Génesis 6.8 al 9). En Job también se habla de hijos de Dios, quienes se presentan delante de Jehová (Job 2.1).


Se acostumbra en la Biblia acompañar el Nombre de Dios con alguna de las siguientes cualidades: Alto o Altísimo, Bandera o Estandarte, Justo o Justicia, Pacificador o Paz, Pastor, Proveedor, Sanador y Viviente (Génesis 14.18 al 20 y 22.13 al 14; Éxodo 15.26 y 17.15; Josué 3.10; Jueces 6.24; Salmos 23.1; Jeremías 23.6). Se le conoce como Jehová de los ejércitos y el Santo de Israel: “Porque tu marido es tu Hacedor; Jehová de los ejércitos es su nombre: y tu redentor, el Santo de Israel; Dios de toda la tierra será llamado” (Isaías 54.5 - RVR1909 y 1.4, 5.24; Oseas 12.6). Entre sus atributos están los siguientes: Celoso (Éxodo 34.14; Deuteronomio 6.14 al 15), Eterno (Deuteronomio 33.27), Inescrutable (Job. 5.8 al 9; Romanos 11.33), Inmutable (Hebreos 6.17 al 18), Invisible (Romanos 1.20; Colosenses 1.15; 1 Timoteo 1.17; Hebreos 11.27), Justo (Éxodo 9.27; Deuteronomio 32.3 al 4; 2 Crónicas 12.6; Esdras 9.15), Misericordioso (Éxodo 34.6; Deuteronomio 4.31; 2 Crónicas 30.9; Salmos 86.15 y 145.17; Jeremías 3.12), Omnipotente (Génesis 35.11 y 43.14; Salmos 91.1; Ezequiel 10.5), y Santo (Levíticos 11.44 al 45, 19.2 y 21.8; Josué 24.19; Isaías 5.16 y 43.15). Dios es Espíritu (Juan 4.24), sin embargo, para que la humanidad entienda mejor a Dios, se le han dado características físicas similares a las del ser humano, entre algunas están: ojos y oídos (Salmos 11.4 y 34.15), brazos, manos y rostro (Salmos 89.13 al 14 y 119.73).


El Padre posibilita en su Hijo de la plenitud de sus atributos y poder. En él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad y es cabeza de todo principado y potestad (Colosenses 2.9 al 10), porque el Hijo es la imagen del Dios invisible (Colosenses 1.15; 2 Corintios 4.4) y el primogénito de toda creación, por cuando agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1.15 al 19). Del Hijo recibimos su semejanza en la humanidad corporal, pero del Padre podríamos ser semejantes en su eternidad, mediante la promesa de salvación y vida eterna, porque el Padre es invisible (1 Timoteo 1.17), pero su Hijo le ha dado a conocer. Dios comparte la gloria con su Hijo, a quien exaltó cuando no quiso dar la gloria a nadie más sino a su propio Hijo. En el nombre de Jesús se dobla toda rodilla y toda lengua confiesa a Jesucristo como el Señor, para gloria de Dios Padre (Filipenses 2.9 al 11). Esto lo encontramos en el libro del profeta Isaías, donde se declara frente a los ídolos de Babilonia que no hay más Dios que él, no hay otro Dios y nada semejante a él (Isaías 45.20 al 23 y 46.9). En el contexto de los falsos dioses, Dios anunció su mensajero, su siervo en quien tiene contentamiento, puso sobre él su Espíritu para que trajera justicia a las naciones (Isaías 42.1 al 8), este es su Hijo Jesús a quien Dios glorificó (Hechos 3.13), porque había prometido que no le daría su gloria a nadie más que no sea su mensajero y siervo escogido, ni le daría su alabanza a esculturas: “Yo Jehová te he llamado en justicia, y te tendré por la mano; te guardaré y te pondré por alianza del pueblo, por luz de las gentes; Para que abras ojos de ciegos, para que saques de la cárcel á los presos, y de casas de prisión á los que están de asiento en tinieblas. Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42.6 al 8 – RVR1909).


Es así como en el evangelio de Juan encontramos que Cristo es glorificado por su Padre (Juan 8.54), o sea, glorificar es hacer digno de alabanza y honor. A su vez el Padre es glorificado en Jesucristo (Juan 13.31 al 32). Esto fue testificado cuando se oyó desde el cielo la voz del Padre confirmando la glorificación del nombre (Juan 12.28 al 30). Esta virtud de Cristo de exaltar al Padre y por el mérito de hacer la obra recibida por la encomienda de Dios, entonces su Padre también le glorifica al lado suyo (Juan 17.1 y 4 al 5). En el Apocalipsis se hace referencia del Señor Jesucristo como el que ha de venir Todopoderoso (Apocalipsis 1.8). También se dice que es digno de alabanza, fortaleza, gloria, honra, poder, riquezas y sabiduría, por los siglos de los siglos (Apocalipsis 5.12 al 13). Jesús prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mateo 28.20), esto es omnipresencia. Además el Hijo es engrandecido y exaltado por el Padre como Salvador (Hechos 5.31), de manera que siendo Dios Hijo llega a ser engrandecido como Dios Salvador (Tito 2.13). También está presente la omnisciencia en el Hijo de Dios, porque conoce los pensamientos de las personas (Mateo 12.25; Juan 2.24 al 25 y 16.30).


Hay una unicidad de Dios frente a los dioses. El Dios Creador es único frente a los dioses de los pueblos politeístas. En su sola potestad no tiene igual. Antes de él no fue formado otro ni después de él habrá otro igual, existía antes que hubiera día y lo que hace no hay quien lo estorbe (Isaías 43.10 al 13). En el cuarto día de la creación hizo el sol, la luna y las estrellas, de manera que es superior a los astros adorados mediante la idolatría y es más grande que todos los dioses imaginarios de las gentes y pueblos (Éxodo 18.11; Salmos 95.3 y 96.5). Es abominación servir a dioses ajenos e inclinarse ante ellos (Levítico 26.1), ya sea al sol, la luna, a todo el ejército del cielo (Deuteronomio 17.2 al 5) o a los signos del zodíaco (2 Reyes 23.5). El ser humano se olvidó de su Creador, se inclinó y rindió culto a las criaturas, a pesar de conocer a Dios, su eterno poder y deidad, claramente visibles desde la creación del mundo por medio de las cosas hechas (Romanos 1.20 al 25). Dios es único (Deuteronomio 6.4; Isaías 45.5 al 6; Santiago 2.19), porque absolutamente nada puede sustituir su preeminencia y supremacía, su grado supremo en superioridad jerárquica, por esta razón Jesús manifestó el mandamiento de amar a Dios en primer lugar, con todo el corazón, fuerzas, mente y vida (Marcos 12.28 al 34). La unicidad de Dios es frente a estos dioses paganos, por lo tanto, no hay más que un Dios: “… Porque aunque haya algunos que se llamen dioses, ó en el cielo, ó en la tierra (como hay muchos dioses y muchos señores), Nosotros empero no tenemos más de un Dios, el Padre, del cual son todas las cosas, y nosotros en él: y un Señor Jesucristo, por el cual son todas las cosas, y nosotros por él” (1 Corintios 8.4 al 6 - RVR1909).


Jesucristo representa el carácter del Padre, en la autoridad, energía, fuerza y poder. La pluralidad de Dios “Elohim” (Dioses) frente a su Hijo la encontramos desde el principio de la creación cuando Dios dijo: “… Hagamos al hombre á nuestra imagen, conforme á nuestra semejanza;…” (Génesis 1.26 – RVR1909). También está en el pasaje de la construcción de una ciudad con la torre de Babel cuando Jehová dijo: “… Ahora pues, descendamos, y confundamos allí sus lenguas,…” (Génesis 11.6 al 7 – RVR1909). Esta relación entre Padre e Hijo es un diteísmo claramente señalado en muchos pasajes de las Sagradas Escrituras. En la carta a los Hebreos nos dice lo siguiente del Hijo comparado con su Padre:


“El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia, y sustentando todas las cosas con la palabra de su potencia, habiendo hecho la purgación de nuestros pecados por sí mismo, se sentó á la diestra de la Majestad en las alturas, Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque ¿á cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, Hoy yo te he engendrado? Y otra vez: Yo seré á él Padre, Y él me será á mí hijo?” (Hebreos 1.3 al 5 – RVR1909).

El Hijo es superior a los ángeles porque Dios es su Padre. La explicación de esto se encuentra al inicio del evangelio de Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1.1 al 2 – RVR1909), que parafraseamos así: la Palabra o Verbo (que es el Hijo) es un Dios que está con Dios (el Padre), o sea el Hijo era en el principio con el Padre. Además se manifiesta: “Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad… A Dios nadie le vió jamás: el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le declaró” (Juan 1.14 y 18 – RVR1909).


Dios Hijo es el que fue manifestado en carne y recibido arriba en gloria: “Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido manifestado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido predicado á los Gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria” (1 Timoteo 3.16 – RVR1909). Otro pasaje en la carta a los Hebreos llama al Hijo como Dios y menciona que fue ungido por su Dios (el Padre): “Mas al hijo: Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo; Vara de equidad la vara de tu reino; Has amado la justicia, y aborrecido la maldad; Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que á tus compañeros” (Hebreos 1.8 al 9 – RVR1909). Este texto hace alusión a Salmos 45.6 al 7. Dios Padre ha exaltado a su Hijo Jesús con su diestra: “A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís” (Hechos 2.32 al 33 – RVR1909). Otro pasaje confirma: “El Dios de nuestros padres levantó á Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole de un madero. A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen” (Hechos 5.30 al 32 – RVR1909). Esteban lleno del Espíritu Santo, viendo en dirección al cielo, vio la gloria de Dios y a Jesús a su diestra: “Más él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesús que estaba a la diestra de Dios, Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios” (Hechos 7.55 al 56 – RVR1909).


Cristo Jesús antes de ser enviado por su Padre y estando en forma de Dios, no se aferró a mantenerse como Dios, sino que se despojó a sí mismo y vino como ser humano en carne. Luego Jesucristo volvió al cielo de Dios y se sentó a la diestra de su Padre hasta poner a sus enemigos por estrado de sus pies: “Jehová dijo á mi Señor: Siéntate a mi diestra, En tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmos 110.1 – RVR1909; Hechos 2.34 al 36; Colosenses 3.1; Hebreos 1.13, 8.1 y 10.12 al 13), así es como se sentó al lado del Padre en su trono (Apocalipsis 3.21). Antes de subir confesó que iba a su Dios y Padre: “… Subo a mi Padre y á vuestro Padre, a mi Dios y á vuestro Dios” (Juan 20.17 - RVR1909). Por lo tanto, el Hijo no es el mismo Dios con el Padre, sino que el Padre es Dios de su Hijo (Marcos 15.34; 1 Pedro 1.3; Apocalipsis 1.1 y 3.12). La unidad del Hijo y del Padre es en el mismo amor, carácter, propósito y sentido, porque hay una unanimidad de Dios con su Hijo. Jesús dijo que nadie había visto al Padre, salvo él mismo: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios. Así que, todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre” (Juan 6.45 al 46 – RVR1909) y los ángeles que están en el cielo (Mateo 18.10). Por medio del Hijo es que conocemos al Padre. A Dios nadie le vio jamás (Juan 1.18). A través de Jesús histórico con los hechos de su vida, por su demostración de tener a Dios Padre en su corazón, hace visible ante la humanidad al Padre, en su forma de ser:


“… ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera, creedme por las mismas obras. De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago también él las hará; y mayores que éstas hará; porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Juan 14.7 al 13 - RVR1909).

La unanimidad del Hijo con su Padre es en amor, gracia, misericordia, paz, propósito, unidad y verdad: “Sea con vosotros gracia, misericordia, y paz de Dios Padre, y del Señor Jesucristo, Hijo del Padre, en verdad y en amor” (2 Juan 3 – RVR1909). El Padre y el Hijo son de un mismo parecer:


“Yo y el Padre una cosa somos. Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle. Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreáis? Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije, Dioses sois? Si dijo, dioses, á aquellos á los cuales fué hecha palabra de Dios (y la Escritura no puede ser quebrantada); ¿A quien el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy? Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago, aunque á mí no creáis, creed á las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Juan 10.30 al 38 – RVR1909).

También nosotros es necesario que seamos unánimes con la esencia o ser divino (deidad), en sus características y cualidades, en perfecto amor y unidad: “Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo á ti vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como también nosotros” (Juan 17.11 – RVR1909). En resumen, tenemos el siguiente pasaje con la combinación de toda esta explicación:


“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. Para que todos sean una cosa; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. Y yo, la gloria que me diste les he dado; para que sean una cosa, como también nosotros somos una cosa. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa; que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como también á mí me has amado. Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén también conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde antes de la constitución del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, mas yo te he conocido; y éstos han conocido que tú me enviaste; Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestarélo aún; para que el amor con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos” (Juan 17.20 al 26 – RVR1909).

No obstante, hay diferencias entre el Hijo y el Padre, porque Dios es mayor que su Hijo. El Padre es la cabeza de Cristo (1 Corintios 11.3). Jesucristo admitió la potestad del Padre (Mateo 20.23 y 24.36; Hechos 1.7), confirma que su Padre es mayor que él: “Habéis oído cómo yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozaríais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo” (Juan 14.28 – RVR1909), inclusive el Hijo se sujetará al Padre, para que Dios Padre prevalezca sobre todo: “Porque todas las cosas sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice: Todas las cosas son sujetadas á él, claro está exceptuado aquel que sujetó á él todas las cosas. Mas luego que todas las cosas le fueren sujetas, entonces también el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.27 al 28 – RVR1909). Otra expresión del Hijo demuestra que está sujeto al Padre, por ejemplo: “…porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mí mismo, mas él me envió” (Juan 8.42 – RVR1909). Además cuando ora al Padre para que pase de él la copa, pero no conforme a su propia voluntad sino de acuerdo a la voluntad del Padre (Lucas 22.41 al 42), y hace lo agradable al Padre:


“Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho. Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo, lo que he oído de él, esto hablo en el mundo. Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. Díjoles pues, Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre” (Juan 8.25 al 29 – RVR1909).

Jesucristo es el Hijo de Dios o Dios Hijo. Jesús es el Hijo de Dios Padre (Juan 1.49) y Jesús mismo lo afirma (Lucas 22.70 al 71; Juan 10.36, 11.4 y 19.7). Y es el mediador entre Dios Padre y los seres humanos (1 Timoteo 2.5). Es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3.16 al 18), el Verbo que fue hecho carne, habitó entre nosotros y vimos su gloria como del unigénito del Padre (Juan 1.14). Fue profetizado (Génesis 49.10; Isaías 7.14) y cuando llegó el cumplimiento del tiempo, el Padre envió a su Hijo (Juan 8.42; Gálatas 4.4). Es el Mesías (Juan 4.25 al 26), reconocido como el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16.16). Hay una preexistencia y deidad del Hijo de Dios, por esta razón se cree en la preexistencia del Hijo de Dios (Juan 8.58). Fue creado por Dios el Padre y engendrado en la virgen María (Salmos 2.7; Hechos 13.33; Lucas 1.30 al 31; Hebreos 1.5 al 6 y 5.5). Este también es un ser con esencia divina en forma de Dios (Filipenses 2.5 al 6). El Padre constituyó al Hijo como heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo (Hebreos 1.1 al 2). Es el principio de la creación (Apocalipsis 3.14). Se hace alusión a él cuando Dios en el primer día hizo la luz (Génesis 1.3; 2 Corintios 4.6), ya que Juan lo relaciona con la luz (Juan 1.4 al 9, 3.19 al 21), y Jesús mismo se hace llamar la luz (Juan 8.12, 9.5, 12.35 y 46). Nótese en el primer capítulo de Génesis que la luz del sol, la luna y las estrellas fue creada hasta el día cuarto y no el primer día (Génesis 1.14 al 19).


El Hijo estaba con el Padre cuando se afirmó todos los términos de la tierra (Proverbios 30.4): “Aquel era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre que viene á este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él; y el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” (Juan 1.9 al 11 – RVR1909). En el principio el Hijo veía como bueno cada día de creación y el avance de la misma, especialmente el acabado de cada cosa creada (Génesis 1.4, 10, 12, 18, 21, 25 y 31). Jesús era la Palabra o que acompañaba al Padre ordenándolo todo, el libro de Proverbios lo personifica en la sabiduría (Proverbios 8.22 al 30). Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada se hubiera hecho (Juan 1.3), porque en él fueron creadas todas las cosas, todo fue creado por medio de él y para él, es antes de todas las cosas de la creación, y todas las cosas en él subsisten (Colosenses 1.16 al 18), porque el Padre amó al Hijo desde antes de la fundación del mundo (Juan 17.24).


El apóstol Pablo en el saludo de todas sus cartas menciona a Dios el Padre y al Señor Jesucristo por aparte, esto corrobora que de ninguna manera son el mismo (Romanos 1.1 al 7; 1 Corintios 1.1 al 9; 2 Corintios 1.1 al 3; Gálatas 1.1 al 5; Efesios 1.1 al 5; Filipenses 1.1 al 2; Colosenses 1.1 al 3; 1 Tesalonicenses 1.1 al 3; 2 Tesalonicenses 1.1 al 2, 12 y 2.16; 1 Timoteo 1.1 al 2; 2 Timoteo 1.1 al 2; Tito 1.1 al 4; Filemón 1.1 al 3). Tanto el Padre como el Hijo, cada uno tiene vida en sí mismo (Juan 5.26), sin embargo, así como se menciona el árbol de la vida en Génesis y en Apocalipsis, siempre hay dependencia en relación con la eternidad y existencia hacia el Padre, quien no tiene ni principio ni fin (Job 36.26; Salmos 90.2), a diferencia del Hijo quien fue el principio de la creación de Dios (Apocalipsis 3.14). El Padre es Espíritu (Juan 4.24), el espíritu no tiene carne ni huesos (Lucas 24.39). Jesús tanto en su preexistencia como en su vida sobre la tierra tuvo cuerpo, ya que existe cuerpo celestial y cuerpo terrenal (1 Corintios 15.39 al 40). Jesucristo vino a este mundo, tanto como persona y con aflicciones personales (1 Pedro 1.10 al 11), en carne humana (Juan 1.14; Hebreos 5.7; 1 Juan 4.2), y engendrado en la virgen María, de manera que María es madre de Dios Hijo y no del Padre. Jesucristo fue realmente enviado por el Padre (Juan 17.1 al 8), y cuando estuvo aquí en la tierra verdaderamente él hablaba y oraba con su Padre.


Otra diferencia es que el Padre no se arrepiente (Números 23.19; 1 Samuel 15.29), mientras que el Hijo se arrepiente de haber contribuido en la creación del ser humano (Génesis 6.1 al 8), debido a la maldad de los varones del pueblo de Dios que se mezclaron con las mujeres paganas de la tierra. También la Biblia habla de un Jehová que menciona el nombre de otro Jehová: “Y mostróme á Josué, el gran sacerdote, el cual estaba delante del ángel de Jehová; y Satán estaba á su mano derecha para serle adversario. Y dijo Jehová á Satán: Jehová te reprenda, oh Satán; Jehová, que ha escogido á Jerusalem, te reprenda…” (Zacarías 3.1 al 2 - RVR1909). Se menciona que Moisés habló cara a cara con Jehová (Éxodo 33.11; Números 12.5 al 8; Deuteronomio 34.10), pero a través de Jehová Hijo que era el mensajero y ángel de Jehová Padre (Hechos 7.30 y 35 al 38). Lo mismo sucedió con Abraham cuando le apareció Jehová Hijo con dos ángeles más, previo a la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra (Génesis 18.1 al 2, 16 al 33 y 19.1). En tiempo de Moisés los hombres vieron la gloria, la grandeza y aún oyeron la voz de en medio del fuego, y pudieron seguir vivos (Deuteronomio 5.24 al 27), sin embargo, ningún ser humano (1 Timoteo 6.16), ni el mismo Moisés podía ver el rostro de Jehová Padre:


“Y Jehová dijo á Moisés: También haré esto que has dicho, por cuanto has hallado gracia en mis ojos, y te he conocido por tu nombre. El entonces dijo: Ruégote que me muestres tu gloria. Y respondióle: Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente. Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me vera hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33.17 al 23 – RVR1909).