PSICOTEOLOGÍA: EL ORIGEN DE LOS PRINCIPIOS Y VALORES
(TOMO 3)
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La Biblia tiene muchos simbolismos: árbol de la vida, libro de vida, Jesús dijo: “… Yo soy el pan de vida…” (Juan 6.35 –
Los escribas y fariseos, en cierta ocasión trajeron a Jesús una mujer acusada de lo siguiente: “Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando; Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: tú pues, ¿qué dices?” (Juan 8.4 al 5 –
Jesús con su dedo escribe en tierra, su nivel de conocimiento celestial es superior, mientras que el nivel de conocimiento espiritual del ser humano, es raquítico cuando es incongruente entre la noción y la praxis. Jesús baja de nivel, para ayudar de la mano al ser humano a subir y trascender, su disciplina provee nutrición, respaldo y sustento espiritual al cumplimiento y ejercicio de los principios y valores.
Jesús inclinado al suelo escribía en tierra con el dedo, como dice la Escritura: “Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová” (Jeremías 22.29 –
Jesús en una ocasión dijo: “Andad pues, y aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio...” (Mateo 9.13 –
Jesús resalta la justicia, misericordia y fe, como lo más importante de la ley: “Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro” (Mateo 23.23 –
Era necesario un equilibrio entre el contenido de la letra de la ley y la intención, motivo o propósito pretendido con la práctica de la ley, a saber, promover el amor de Dios, fe, justicia y misericordia: “La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad” (Romanos 13.10 –
Dios dice: “Porque misericordia quise, y no sacrificio; y conocimiento de Dios más que holocaustos. Mas ellos, cual Adam, traspasaron el pacto: allí prevaricaron contra mí” (Oseas 6.6 al 7 –
“¿Con qué prevendré á Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, ó de diez mil arroyos de aceite? ¿daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios” (Miqueas 6.6 al 8 –\RVR1909 ).
Dios pide hacer justicia, practicar la misericordia y caminar en humildad y sencillez al hacer su voluntad. En cierta ocasión, Jesús trata como benditos a quienes han suplido lo necesario a los hambrientos, sedientos, forasteros, necesitados de vestido, enfermos o privados de libertad. Jesús dijo lo siguiente: “Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí” (Mateo 25.34 al 36 –
Los principios, valores y virtudes están establecidos desde el principio. Dios les ordena ser fecundos, multiplicarse y llenar la tierra: “Y los bendijo Dios; y díjoles Dios: Fructificad y multiplicad, y henchid la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra” (Génesis 1.28 –
Por ejemplo, hay varias citas bíblicas donde se menciona a Jesús como rey (Mateo 2.2; Juan 18.36 al 37; Apocalipsis 17.14, 19.16). El siguiente pasaje declara al Hijo de Dios como el Rey: “Respondió Natanael, y díjole: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel” (Juan 1.49 –
El principio del reino natural, en relación con los humanos, solo existe a través de Adán y Eva según el libro de Génesis: “Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes” (Génesis 3.20 –
Dios nos incorpora a su reino, con la práctica en la vida diaria del gozo, justicia y paz (Romanos 14.17). El reino de Dios es una forma de vida, de apoyo, auxilio y ayuda solidaria al necesitado, sea desempleado, enfermo o empobrecido, con las prácticas de bien común, sin discriminación a la mujer, distinción de color de piel, credo, etnia, idioma, nacionalidad o posición social. El financiamiento económico, financiero, monetario y presupuestario es lo que Dios ha establecido como el diezmo solidario, que veremos más adelante entre los principios, valores y virtudes. Se impera la armonía, la comprensión, el respeto, la sensibilidad y la valorización del ser humano (Lucas 10.8 al 9, 11.20, 16.16, 17.20 al 21; Hechos 1.3, 19.8). Dios reina sobre nosotros a través de su Espíritu. Es un reino de ayuda, bienestar, convivencia y solidaridad, con el fundamento del mensaje de Jesucristo, manifestado en una forma de vida sin lucro, opulencia y vanidad. Es un reino de amor, apoyo mutuo, caridad, compartir, esperanza, fe, fraternidad, justicia y paz, con los más necesitados y empobrecidos, por consecuencias del sistema de indiferencia e injusticia social.
Dios establece una alianza o pacto natural (la energía y fuerza de la naturaleza). El ser humano es el responsable de administrar en forma autónoma e independiente a la naturaleza, para la estabilidad, conservación y permanencia de la misma. Es el humano quien tiene que rendir cuentas de de toda la Creación, como un mayordomo encargado de la administración de todo el globo terráqueo, independiente de la zona geográfica o contexto geopolítico. Dios les da un mandato a Adán y Eva que es transmitido oralmente por generaciones. Luego se transmite por escrito en las diversas civilizaciones y culturas, su grave alteración es el adulterio del politeísmo. Cambiaron o mudaron la adoración y honra a Dios por los dioses falsos e imágenes de idolatría. En la epístola de los Romanos se menciona el cambio o mudanza (Romanos 1.25), porque al principio se transmite la creencia en un Creador, los seres humanos comenzaron a invocar y llamarse con el nombre de Jehová (Génesis 4.26). Dios establece en la naturaleza sus propias leyes de subsistencia desde un principio, algunas descubiertas o por descubrir a futuro a través de la ciencia. Por cierto, hay ciencias y leyes de orden astronómico, atmosférico, biofísico, cósmico, dinámica, evolutiva, física, gravitacional, magnética, mecánica cuántica, meteorológica, microscópica, molecular, nuclear, química, radiactiva, reproductiva y de temperatura. La diversidad biológica y ciencias afines: citología, ecología, embriología, etología, fisiología, genética, histología, microbiología, morfología, inclusive las cognoscitivas, neurológicas, psicológicas, entre otras.
Después de la primera alianza o pacto natural con Adán y Eva, Dios ratifica otra promesa con Noé y su familia: “Todavía serán todos los tiempos de la tierra; la sementera y la siega, y el frío y calor, verano é invierno, y día y noche, no cesarán” (Génesis 8.22 –
La causa del diluvio fue la abominación, incredulidad e indiferencia del mundo contemporáneo a Noé. Dios promete no volver a enviar un diluvio (Génesis 9.11 y 15), protege la vida humana contra los animales y los mismos hombres, para evitar su exterminio (Génesis 9.2), reciben la orden de ser fecundos, de multiplicarse y llenar la tierra (Génesis 9.1 y 7). Se permite la alimentación de la carne de animal, aunque se prohíbe comer sangre (Génesis 9.3 al 4). Antes, en la primera alianza o pacto la alimentación fue vegetariana (Génesis 1.29 al 30). En relación con proteger la vida humana para evitar su exterminio, es una de las pruebas de la existencia de Dios, de lo contrario el ser humano ya se habría destruido con una guerra atómica – nuclear. Sin embargo, hay que tener un especial cuidado e interés en la advertencia de la carta de Pedro, aunque sin hacer especulaciones pareciera una insinuación que comprendemos como posibilidad en la actualidad (2 Pedro 3.7, 10 y 12).
La Soberanía de Dios es no permitir la destrucción de la humanidad con una guerra termonuclear, pero también es Soberanía de Dios permitir que el ser humano tome su elección del libre albedrío, a través de los líderes mundiales que administran y gobiernan el mundo. Para evitar esta ambigüedad sea evitar o permitir la destrucción del mundo, Dios cuida de buenos y malos hasta el fin de los tiempos a la segunda venida de Jesucristo, donde si sucede el exterminio de todo lo malo, la muerte incluida (Salmos 37.27 al 28; Isaías 25.8; 1 Corintios 15.26; Apocalipsis 21.4 y 22.19 al 20).
La alianza o pacto espiritual se manifiesta inicialmente entre Dios y Abraham, luego se ratifica con Moisés. En el caso de Abraham, la Biblia dice: “Tú, eres oh Jehová, el Dios que escogiste á Abram, y lo sacaste de Ur de los Caldeos, y pusístele el nombre Abraham; Y hallaste fiel su corazón delante de ti, é hiciste con él alianza para darle la tierra del Cananeo, del Hetheo, y del Amorreheo, y del Pherezeo, y del Jebuseo, y del Gergeseo, para darla á su simiente: y cumpliste tu palabra, porque eres justo” (Nehemías 9.7 al 8 –
Luego a los judíos se les confía la palabra de Dios (Romanos 3.1 al 2): el mandamiento y la custodia de los libros de Moisés y de los profetas. Dios permitió extender el conocimiento de la ley para ser revelado a todas las generaciones como está escrito: “Las cosas secretas pertenecen á Jehová nuestro Dios: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos por siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley” (Deuteronomio 29.29 –
Los antepasados de Abraham servían a dioses extraños: “Y dijo Josué á todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente de esotra parte del río, es á saber, Tharé, padre de Abraham y de Nachôr; y servían á dioses extraños” (Josué 24.2 –
“Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras: muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces: también los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? ¿No fué justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció á su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe obró con sus obras, y que la fe fué perfecta por las obras? Y fué cumplida la Escritura que dice: Abraham creyó á Dios, y le fué imputado á justicia, y fué llamado amigo de Dios. Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fué justificada por obras, cuando recibió los mensajeros, y los echó fuera por otro camino? Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras es muerta” (Santiago 2.17 al 26 –\RVR1909 ).
El origen y contraste entre el conocimiento natural, espiritual y celestial se describe a continuación. Los seres celestiales fueron creados con la capacidad y facultad de tomar decisiones. La decisión por sí misma no es buena ni es mala, sino las consecuencias de su resultado. Surge una disconformidad en relación con la aceptación, identificación y reconocimiento de la autoridad del Hijo de Dios. El ángel caído es aquel que realiza un reclutamiento en contra de la posición establecida para el Hijo. ¿Por qué aparece de nuevo este ángel en el Edén? Tiene una segunda oportunidad de rectificar su camino al orientar a Adán y a Eva, caso contrario confirma su propio destino del mal. Todos pecaron, ya que además de Eva por consiguiente peca Adán. Así surge el mal, en su segunda oportunidad del ángel caído que causa y ocasiona la caída también de los seres humanos, por injerencia (intromisión e intrusión), conocedor de las consecuencias del resultado de su proceder.
La serpiente, además de engañar al inicio al ser humano, lo hace con el resto del mundo: “Y fué lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo y Satanás, el cual engaña á todo el mundo; fué arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12.9 –
“El que hace pecado, es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo. Cualquiera que es nacido de Dios, no hace pecado, porque su simiente está en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto son manifiestos los hijos de Dios, y los hijos del diablo: cualquiera que no hace justicia, y que no ama á su hermano, no es de Dios. Porque, este es el mensaje que habéis oído desde el principio: Que nos amemos unos á otros. No como Caín, que era del maligno, y mató á su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas” (1 Juan 3.8 al 12 –\RVR1909 ).
El ser humano toma el camino de Abel o de Caín, entre la justicia y la injusticia. La condición de Caín existe desde un principio, en la condición de todo aquel que vive sin temor a Dios y comete injusticia, prevalece en su vida la obra de la carne (Gálatas 5.19 al 21; Salmos 51.5, 58.3; Romanos 5.12, 6.23), del egocentrismo, egoísmo, egolatría y de la muerte. La justicia es un valor indispensable, como practicante de la adoración y servicio al Creador, de lo contrario se desconoce con los actos la obediencia y voluntad de Dios. Abel por la fe ofreció a Dios más excelente sacrificio que su hermano Caín y mostró ser justo (Hebreos 11.4), la fe es otro valor. Dios no se agradó de la personalidad de Caín, ni de su ofrenda: “Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante” (Génesis 4.5 –
La falta de ejercicio de los valores comunitarios, dejan vulnerable a la persona a cometer un antivalor, tal es el caso de Caín: “Mas no miró propicio á Caín y á la ofrenda suya. Y ensañóse Caín en gran manera, y decayó su semblante” (Génesis 4.7 –
“Ay de ellos! porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron en el error de Balaam por recompensa, y perecieron en la contradicción de Coré… De los cuales también profetizó Enoc, séptimo desde Adam, diciendo: He aquí, el Señor es venido con sus santos millares, A hacer juicio contra todos, y á convencer á todos los impíos de entre ellos tocante á todas sus obras de impiedad que han hecho impíamente, y á todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra él” (Judas 11 y 14 al 15 –\RVR1909 ).
El camino de Caín es el camino de injusticia, donde transita un supuesto profeta Balaam, con la presunción de maldecir al pueblo justo, cuya minoría o remanente del camino de Abel, es la que mantiene la justicia viva en un mundo de corrupción y lucro: “… los Ammonitas y Moabitas no debían entrar jamás en la congregación de Dios; Por cuanto no salieron á recibir á los hijos de Israel con pan y agua, antes alquilaron á Balaam contra ellos, para que los maldijera: mas nuestro Dios volvió la maldición en bendición” (Nehemías 13.1 al 2 –
“Y Samuel dijo: ¿Tiene Jehová tanto contentamiento con los holocaustos y víctimas, como en obedecer á las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios; y el prestar atención que el sebo de los carneros: Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos é idolatría el infringir. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey” (1 Samuel 15.22 al 23 –\RVR1909 ).
La adoración, culto y servicio, implica obedecer y prestar atención a Dios. Caín en lugar de una ofrenda de amor y gratitud, pretende recibir la alabanza y pleitesía, como vanagloria, sin glorificar y honrar verdaderamente. Dios le dice: “Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Génesis 4.7 –
El deseo inherente al ser humano con la tendencia al mal, se llama concupiscencia. Es un deseo natural caracterizado por el apetito desordenado de bienes terrenales y placeres deshonestos. Se podría comparar en analogía y a manera de símbolo, a la serpiente astuta del huerto del Edén, con la atracción y seducción de la concupiscencia. Y según Santiago nos dice, que Dios ni es tentado ni tampoco tienta a nadie: “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado de los malos, ni él tienta á alguno: Sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído, y cebado. Y la concupiscencia, después que ha concebido, pare el pecado: y el pecado, siendo cumplido, engendra muerte” (Santiago 1.13 al 15 –
La consecuencia del acto de Caín es el pecado y la muerte espiritual, nuevamente los seres humanos rinden adoración, culto y servicio al dios falso, representado en la serpiente astuta y sus dardos de malos pensamientos: “Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6.16 –
Nuevamente la palabra de Dios menciona los valores comunitarios, por ejemplo, amar misericordia y hacer justicia. El humillarse ante la voluntad de Dios, además de ofrecer acatamiento y sumisión, está relacionado con abatir el orgullo y tener humildad. La arrogancia y el exceso de estimación propia, reflejan la rebeldía del ser humano como un dios falso de sí mismo. Se constituye en un dios adversario ante su Dios Creador. La vida presenta muchos obstáculos y sufrimientos, con la finalidad de purificar y mejorar la personalidad. Precisamente uno de los cambios más difíciles para el ser humano, es cambiar la personalidad, a pesar de enfrentar todas las experiencias difíciles y malos momentos. El ser humano con el transcurrir de su vida, le cuesta llegar a ser mejor persona, salvo tenga conciencia y practique los valores. El Salmo dice: “Porque no quieres tú sacrificio, que yo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado: Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios” (Salmos 51.16 al 17 –
El espíritu quebrantado y el corazón contrito y humillado producen la purificación de la vida: las adversidades, dificultades y sufrimiento, purifican nuestro carácter, personalidad y temperamento. Nos ayuda a ser mejores personas, individual y colectivamente. La purificación es interior. El sufrimiento en la vida cotidiana, confirma, fortalece y madura a la persona, es parte de enfrentar las situaciones del mundo. La Sagrada Escritura dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (Hebreos 12.14 –
Los valores comunitarios, son indispensables para la capacidad de diferenciar o discernir entre el bien y el mal, por lo tanto, es necesario estar unidos espiritualmente y atender la palabra de Dios en el amor y temor. No sabemos el momento, donde dejaremos de respirar el aire de nuestra atmósfera, desaprovechando la oportunidad de la vida de hacer lo agradable ante Dios, como está escrito: “El hacer tu voluntad, Dios mío, hame agradado; Y tu ley está en medio de mis entrañas” (Salmos 40.8 –
Ciertamente se manda a las personas proveer para los suyos, mayormente a los de la casa (1 Timoteo 5.7 al 8), esta prioridad se explica porque el testimonio se inicia desde la casa y sirve como respaldo moral ante la sociedad en general. Además se recomienda hacer el bien a todos mayormente a los de la familia de la fe (Gálatas 6.10), esto porque se requiere proyectar el ejemplo hacia los demás desde la fe, para dar el ejemplo de convivencia en comunidad de fe, o sea, tener todas las cosas en común (Hechos 2.44 al 47, 4.32 al 35). Cuando se menciona mayormente, se da a entender que además de la práctica con todas las personas, claramente expresado al decir hacer el bien a todos, indiferente del credo religioso, se da prioridad para ejemplo a los necesitados entre la comunidad de fe, para socorrer a quienes tenemos más próximos. Pero si se pretende tener fe y no ayudamos a cualquier necesitado, sin discriminación, entonces no se ejerce la justicia como instrumentos de Dios, por consiguiente es una fe vana y sin obras, porque no mostramos la fe por las obras de Jesucristo (Santiago 2.14 al 18). El mayor obstáculo de prejuicio, para implementar la ayuda solidaria sin discriminación, es el proselitismo religioso con coerción, donde se condiciona la ayuda a cambio de aceptación religiosa, aquí no se cumple la justicia y misericordia de Dios, con equidad para todos los necesitados.
Jacob, nieto de Abraham, realiza un voto acerca del diezmo, mucho antes del sacerdocio levítico: “E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, Y si tornare en paz á casa de mi padre, Jehová será mi Dios, Y esta piedra que he puesto por título, será casa de Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo lo he de apartar para ti” (Génesis 28.20 al 22 –
“Vuestras palabras han prevalecido contra mí, dice Jehová. Y dijisteis: ¿Qué hemos hablado contra ti? Habéis dicho: Por demás es servir á Dios; ¿y qué aprovecha que guardemos su ley, y que andemos tristes delante de Jehová de los ejércitos? Decimos pues ahora, que bienaventurados los soberbios, y también que los que hacen impiedad son los prosperados: bien que tentaron á Dios, escaparon” (Malaquías 3.13 al 15 –\RVR1909 ).
Profundicemos el conocimiento establecido por Dios, a través de las Sagradas Escrituras que dicen lo siguiente: “Porque las cosas que antes fueron escritas, para nuestra enseñanza fueron escritas; para que por la paciencia, y por la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza” (Romanos 15.4 –
“Y HABLO Jehová á Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán de Jericó, diciendo: Manda á los hijos de Israel, que den á los Levitas de la posesión de su heredad ciudades en que habiten… Todas las ciudades que daréis á los Levitas serán cuarenta y ocho ciudades; ellas con sus ejidos. Y las ciudades que diereis de la heredad de los hijos de Israel, del que mucho tomaréis mucho, y del que poco tomaréis poco: cada uno dará de sus ciudades á los Levitas según la posesión que heredará” (Números 35.1 al 8 –\RVR1909 ; Josué 21.1 al 2 y 41).
El diezmo era una forma de contribución territorial, acerca de la décima parte de las cosechas agrícolas y ganado: “Y todas las décimas de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová son: es cosa consagrada á Jehová... Y toda décima de vacas ó de ovejas, de todo lo que pasa bajo la vara, la décima será consagrada á Jehová... Estos son los mandamientos que ordenó Jehová á Moisés, para los hijos de Israel, en el monte de Sinaí” (Levítico 27.30 al 34 –
El diezmo corresponde a la décima parte de los ingresos constantes y periódicos (frecuencia y regularidad según corresponda en cada caso), o sea, es un porcentaje, su aporte es un monto mayor equivalente en quienes más tienen, en comparación con quienes reciben menos ingresos. La tribu de Leví no tuvo posesión entre la repartición de los territorios, solo los lugares para habitación: “En aquel tiempo apartó Jehová la tribu de Leví, para que llevase el arca del pacto de Jehová, para que estuviese delante de Jehová para servirle, y para bendecir en su nombre, hasta hoy. Por lo cual Leví no tuvo parte ni heredad con sus hermanos: Jehová es su heredad, como Jehová tu Dios le dijo)” (Deuteronomio 10.8 al 9 – RVR1909; Josué 13.32 al 33).
Así, en las sociedades actuales hay partes de la población divididas en clases sociales, donde la clase baja son las más desposeídas y de menos oportunidades en la vida, en capacitación y preparación académica para las opciones laborales, en superación de estudio y profesionalización, en una mejor remuneración salarial, para una prosperidad en el sentido material de bienes y servicios básicos y necesarios. El diezmo solidario para ayudar a los más necesitados no se trata de un anacronismo, o sea, una utilización anticuada y fuera del tiempo vigente, porque Dios en su sola potestad y conocimiento futuro, debido al aumento del volumen de la población mundial, prevé y provee un mecanismo o sistema de bienestar social y de bien común, para un equilibrio, con la economía y el financiamiento necesario. La tribu de Leví al quedar por fuera de entre los terratenientes, subsistiría con la alimentación provista para el servicio a Dios:
“LOS sacerdotes Levitas, toda la tribu de Leví, no tendrán parte ni heredad con Israel; de las ofrendas encendidas á Jehová, y de la heredad de él comerán. No tendrán, pues, heredad entre sus hermanos: Jehová es su heredad, como él les ha dicho… Porque le ha escogido Jehová tu Dios de todas tus tribus, para que esté para ministrar al nombre de Jehová, él y sus hijos para siempre… Ministrará al nombre de Jehová su Dios, como todos sus hermanos los Levitas que estuvieren allí delante de Jehová. Porción como la porción de los otros comerán, además de sus patrimonios” (Deuteronomio 18.1 al 8 –\RVR1909 ).
Dios es la heredad, en el sentido de que nuestro Creador no va a desamparar al ser humano en lo necesario para la subsistencia. Los levitas recibirían el diezmo de parte de todas las demás tribus:
“Y Jehová dijo á Aarón: De la tierra de ellos no tendrás heredad, ni entre ellos tendrás parte: Yo soy tu parte y tu heredad en medio de los hijos de Israel. Y he aquí yo he dado á los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo del testimonio. Israel… Porque á los Levitas he dado por heredad los diezmos de los hijos de Israel, que ofrecerán á Jehová en ofrenda: por lo cual les he dicho: Entre los hijos de Israel no poseerán heredad” (Números 18.20 al 21 y 24 –\RVR1909 ).
En la sociedad actual le corresponde a quienes tienen ingresos estables, contribuir para el bien de aquellos en condición de empobrecimiento y de extrema pobreza. Esto requiere asumir responsabilidad por parte de quienes tienen lo suficiente y pueden compartir con los demás, para una distribución más justa y equitativa en la sociedad. Inclusive se cumplía que el mismo beneficiado con recibir el diezmo, tenía que ofrendar a Dios también la décima parte del diezmo:
“Y habló Jehová á Moisés, diciendo: Así hablarás á los Levitas, y les dirás: Cuando tomareis de los hijos de Israel los diezmos que os he dado de ellos por vuestra heredad, vosotros presentaréis de ellos en ofrenda mecida á Jehová el diezmo de los diezmos. Y se os contará vuestra ofrenda como grano de la era, y como acopio del lagar. Así ofreceréis también vosotros ofrenda á Jehová de todos vuestros diezmos que hubiereis recibido de los hijos de Israel; y daréis de ellos la ofrenda de Jehová á Aarón el sacerdote” (Números 18.25 al 28 –\RVR1909 ).
En otras palabras, en nuestro tiempo, los mismos pobres que reciben ayuda, tienen su deber solidario de compartir con los de extrema pobreza o miseria, para hacer surgir el nivel de bienestar en todos los niveles. La pobreza consiste en vivir con lo necesario para subsistir, pero la extrema pobreza o miseria está por debajo del límite de subsistencia. Ahora bien, con Jesús se aclara y actualiza el destinatario del diezmo solidario, con su representación, significado y simbología, porque actualmente no hay sacerdocio Levítico, sino que Jesucristo es el sacerdote mediante la tribu de Judá:
“Pues mudado el sacerdocio, necesario es que se haga también mudanza de la ley. Porque aquel del cual esto se dice, de otra tribu es, de la cual nadie asistió al altar. Porque notorio es que el Señor nuestro nació de la tribu de Judá, sobre cuya tribu nada habló Moisés tocante al sacerdocio. Y aun más manifiesto es, si á semejanza de Melchîsedec se levanta otro sacerdote, El cual no es hecho conforme á la ley del mandamiento carnal, sino según la virtud de vida indisoluble; Pues se da testimonio de él: Tú eres sacerdote para siempre, Según el orden de Melchîsedec” (Hebreos 7.12 al 17 –\RVR1909 ).
El diezmo solidario ahora se entrega directamente a Jesucristo, según el orden de Melquisedec. Resulta que en este orden media Abraham, mucho antes del legislador Moisés, o sea, Abraham representa no solo a las religiones identificadas con su legado, sino que en Melquisedec se involucra la justicia y el sacerdocio, anterior a la institución del sacerdocio levítico, como figura de solidaridad de un sacerdocio universal de justicia, paz y responsabilidad social y fraternal:
“Donde entró por nosotros como precursor Jesús, hecho Pontífice eternalmente según el orden de Melchîsedec. PORQUE este Melchîsedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, el cual salió á recibir á Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, Al cual asimismo dió Abraham los diezmos de todo, primeramente él se interpreta Rey de justicia; y luego también Rey de Salem, que es, Rey de paz; Sin padre, sin madre, sin linaje; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, mas hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre. Mirad pues cuán grande fué éste, al cual aun Abraham el patriarca dió diezmos de los despojos. Y ciertamente los que de los hijos de Leví toman el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es á saber, de sus hermanos aunque también hayan salido de los lomos de Abraham. Mas aquél cuya genealogía no es contada de ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin contradicción alguna, lo que es menos es bendecido de lo que es más. Y aquí ciertamente los hombres mortales toman los diezmos: mas allí, aquel del cual está dado testimonio que vive. Y, por decirlo así, en Abraham fué diezmado también Leví, que recibe los diezmos; Porque aun estaba en los lomos de su padre cuando Melchîsedec le salió al encuentro. Si pues la perfección era por el sacerdocio Levítico (porque debajo de él recibio el pueblo la ley) ¿qué necesidad había aún de que se levantase otro sacerdote según el orden de Melchîsedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón?” (Hebreos 6.20 al 7.11 –\RVR1909 ).
La función del diezmo era proveer del alimento necesario y costear las necesidades de los desposeídos y sin tierras, que aunque tenían derechos por ser también una tribu de Israel, sus oportunidades eran limitadas, restringido solo a un lugar de domicilio y un trabajo en el ministerio y servicio a Dios. Era un tipo de remuneración por sus labores, similar a un salario, pero sin poseer territorios como para vivir de ganancias, a manera de explotar la tierra, con las cosechas, intercambio o comercio, sino dependientes de la colecta del diezmo para sobrevivir. Así, comparado con nuestro tiempo, el aporte de las demás tribus vendría a ser en la actualidad semejante a una función de responsabilidad social de bien común. Los pobres en la sociedad, tendrían por lo menos lo necesario y suficiente para sobrevivir, sin caer en la extrema pobreza o miseria, aunque pobres siembre habrán (Juan 12.2 al 8).
El diezmo solidario es compartir de forma justa la décima parte, con los necesitados y devolver así, a Dios, una pequeña parte de todo lo recibido en el transcurso de esta vida. El pasaje de Juan 12.4 al 6 indica acerca de Judas Iscariote, siendo discípulo era ladrón de la misma bolsa del financiamiento o tesorería, para el ministerio de Jesús. En cierta ocasión, Dios dice que le han robado:
“¿Robará el hombre á Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? Los diezmos y las primicias. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí, y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3.8 al 10 –\RVR1909 ).
La casa de Dios ahora en Jesucristo es una casa universal: “Mas Salomón le edificó casa. Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano; como el profeta dice: El cielo es mi trono, Y la tierra es el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor; ¿O cuál es el lugar de mi reposo? ¿No hizo mi mano todas estas cosas?” (Hechos 7.47 al 50 –
Por esta razón Jesucristo dijo de manera literal que no quedaría piedra sobre piedra (Mateo 24.1 al 2; Marcos 13.1 al 2), en relación con la destrucción del templo físico acontecido según la historia alrededor del año setenta. Referente al hombre natural que desechó el mensaje de Jesús la Piedra Viva, reprobada por los seres humanos (1 Pedro 2.6 al 8), mientras que el espiritual surge como piedra viva espiritual, con la posibilidad de trascender a lo celestial. En relación con la espiritualidad demostrada con la solidaridad al prójimo necesitado, hay un procedimiento vigente para entregar a Dios los diezmos solidarios, siempre habrá pobres con necesidad, sean adultos mayores, amistades, compañeros de estudio, comunidad, conocidos del barrio o distrito, desempleados, discriminados, enfermos, extranjeros, familiares, huérfanos, indigencia en la calle, indocumentados, inmigrantes, madres solteras, marginados, peregrinos, privados de libertad, sin techo o habitantes de la calle, situación de adicción a las drogas, vecindad y viudas.
En todo el planeta cada contribuyente es responsable de que la ayuda llegue directamente a los más necesitados, próximos a su alrededor en el domicilio. Esto es vivir en fraternidad, justicia y solidaridad, es materializar la Cena del Señor o comidas fraternales al compartir y partir el pan con los hambrientos y necesitados. La comunión en lo espiritual con nuestro Señor que no vemos, se demuestra con hacer el bien a las personas visibles que están a nuestro alrededor. La Escritura nos orienta al respecto: “El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, éste, como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos, Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da á todos vida, y respiración, y todas las cosas” (Hechos 17.24 al 25 –
En el caso del financiamiento para la administración y organización de la comunidad de fe, congregacional o eclesiástica, existen las colectas especiales, contribuciones voluntarias, donativos específicos y ofrendas. Hay también ofrendas para ayudar a los pobres materiales de la comunidad de fe. Las brigadas de ayuda y voluntariado. Las actividades comerciales para recolectar ingresos y financiar el mantenimiento de las instalaciones, personal colaborador y ministerial. Después de la creación, cuando se establece lo ritual dentro del culto a Dios y como rito de perdón de las ofensas cometidas, se distorsiona el culto a tal grado que Dios dice: “Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me darán buen olor vuestras asambleas. Y si me ofreciereis holocaustos y vuestros presentes, no los recibiré; ni miraré á los pacíficos de vuestros engordados” (Amós 5.21 al 22 –
Por ejemplo, ya desde antaño, por medio de Dios se establecía ciertas diferencias opuestas entre sí: “Y enseñarán á mi pueblo á hacer diferencia entre lo santo y lo profano, y les enseñarán á discernir entre lo limpio y lo no limpio” (Ezequiel 44.23 –
“El mandamiento precedente, cierto se abroga por su flaqueza é inutilidad; Porque nada perfeccionó la ley; mas hízolo la introducción de mejor esperanza, por la cual nos acercamos á Dios… Mas ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, el cual ha sido formado sobre mejores promesas. Porque si aquel primero fuera sin falta, cierto no se hubiera procurado lugar de segundo” (Hebreos 7.18 al 19, 8.6 al 7 –\RVR1909 ).
Jesús mencionó que en la cátedra de Moisés se sentaban los escribas y fariseos y así enseñaban, pero que no hicieran conforme a sus obras, porque decían y no hacían (Mateo 23.1 al 3). Sin embargo, quienes condenaban de adulterio a una mujer, acusados por su conciencia, por no estar libres de pecado, se retiraron desde los de más edad, porque más veces infringieron los mandamientos, hasta los de menor edad, por tener menos infracciones, pero igual con cargos de conciencia o de culpa, ya sea por pecar en forma de ignorancia, indiferencia, omisión o voluntariamente. Los intérpretes de la ley y los fariseos se ufanaban con gran vanagloria de ser muy fieles a la ley, no obstante, Jesús conocía sus obras y lo oculto del corazón de cada uno. Se jactan de la ley y con infracción deshonran a Dios:
“He aquí, tú tienes el sobrenombre de Judío, y estás reposado en la ley, y te glorías en Dios, Y sabes su voluntad, y apruebas lo mejor, instruído por la ley; Y confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, Enseñador de los que no saben, maestro de niños, que tienes la forma de la ciencia y de la verdad en la ley: Tú pues, que enseñas á otro, ¿no te enseñas á ti mismo? ¿Tú, que predicas que no se ha de hurtar, hurtas? ¿Tú, que dices que no se ha de adulterar, adulteras? ¿Tú, que abominas los ídolos, cometes sacrilegio? ¿Tú, que te jactas de la ley, con infracción de la ley deshonras á Dios? Porque el nombre de Dios es blasfemado por causa de vosotros entre los Gentiles, como está escrito” (Romanos 2.17 al 24 –\RVR1909 ).
El profeta Isaías dice: “Y ahora ¿qué á mí aquí, dice Jehová, ya que mi pueblo sea llevado sin por qué? Y los que en él se enseñorean, lo hacen aullar, dice Jehová, y continuamente es blasfemado mi nombre todo el día” (Isaías 52.5 –
El libro de Génesis alude a una profecía mesiánica del anuncio de Cristo, su liberación y sus sufrimientos: “Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.15 –
Así como Dios libra a su pueblo de la aflicción en Egipto, envía a Moisés como gobernante y libertador, quien anuncia a Cristo como un profeta, a quien debían de escuchar (Hechos 7.34 al 37). Además la Escritura dice: “Y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la piedra espiritual que los seguía, y la piedra era Cristo” (1 Corintios 10.4 –
Al retomar el tema de la enemistad entre el conocimiento natural y el conocimiento espiritual, se requiere desmenuzar la profecía mesiánica del anuncio de Cristo, sus sufrimientos y su liberación: “Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida: Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Génesis 3.14 al 15 –
Como se dice, la serpiente en representación del mal o pecado del mundo, no funciona fuera del polvo, ya que se alimenta del ser humano: “… pues polvo eres, y al polvo serás tornado” (Génesis 3.19 –
Por siglos ha existido enemistad entre la serpiente y la mujer, una rivalidad y combate entre el pecado y el pueblo de Dios o la iglesia. Por ejemplo, el complot y confabulación e intriga contra Pablo por parte del gobierno imperial de Roma, y el poder religioso y sacerdotal imperante en Judea (Hechos 23.12 al 15, 24.1 al 5 y 22 al 27, 25.1 al 3). La herida en la cabeza de la serpiente, fue cuando Jesús mediante su vida santa y muerte en la cruz destruyó al diablo (Hebreos 2.14, 9.26). El pecado fue desactivado y quedó sin poder (Romanos 6.6):
“Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación: Sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana conversación, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro ó plata; Sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación: Ya ordenado de antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postrimeros tiempos por amor de vosotros, Que por él creéis á Dios, el cual le resucitó de los muertos, y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sea en Dios” (1 Pedro 1.17 al 21 –\RVR1909 ).
Por esta razón, la predestinación es Jesucristo; y la predestinación en nosotros es llegar a ser y vivir como Jesucristo. Los elegidos o escogidos son las personas que por sí mismas eligen o escogen ser como Jesucristo, reconocen la predestinación de Jesucristo que es renunciar a su propia voluntad para hacer la voluntad de Dios Padre. La serpiente provoca una herida en la parte posterior de la planta del pie (calcañar), en alusión a los cristianos perseguidos y muertos. Se cumple la enemistad entre la simiente de la serpiente y la simiente de la mujer que representa la iglesia de Cristo, fundada en la roca fuerte y solida que es Cristo, por la determinación de Dios Padre. Recordemos la persecución y muerte contra los cristianos en el imperio romano:
“Y adoraron al dragón que había dado la potestad á la bestia, y adoraron á la bestia, diciendo: ¿Quién es semejante á la bestia, y quién podrá lidiar con ella? Y le fué dada boca que hablaba grandes cosas y blasfemias: y le fué dada potencia de obrar cuarenta y dos meses. Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar su nombre, y su tabernáculo, y á los que moran en el cielo. Y le fué dado hacer guerra contra los santos, y vencerlos. También le fué dada potencia sobre toda tribu y pueblo y lengua y gente. Y todos los que moran en la tierra le adoraron, cuyos nombres no están escritos en el libro de la vida del Cordero, el cual fué muerto desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13.4 al 8 –\RVR1909 ).
Acerca de la inmolación o sacrificio de Cristo, Pablo menciona que el fin, tanto como motivo (propósito) y término (conclusión), de la ley es Cristo (Romanos 10.4), ¿pero de cual ley? En Gálatas nos hace una pregunta: “¿Pues de qué sirve la ley? Fué puesta por causa de las rebeliones, hasta que viniese la simiente á quien fué hecha la promesa, ordenada aquélla por los ángeles en la mano de un mediador” (Gálatas 3.19 –
“Así que, por eso es mediador del nuevo testamento, para que interviniendo muerte para la remisión de las rebeliones que había bajo del primer testamento, los que son llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, necesario es que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte es confirmado; de otra manera no es válido entre tanto que el testador vive. De donde vino que ni aun el primero fué consagrado sin sangre…” (Hebreos 9.15 al 22 –\RVR1909 ; Levíticos 17.11).
El propósito de los ritos incluidos en la ley, inclusive la circuncisión, era esperar el tiempo determinado: Jesucristo sería un solo sacrificio con su muerte y por la fe en su sangre habría redención (Gálatas 4.1 al 7). Quienes estaban en esclavitud bajo los rudimentos del mundo y sabiendo hacer lo bueno, infringían la voluntad de Dios, justificados en el hecho de presentar una expiación, holocausto, ofrenda, sacrificio por el pecado. Luego regresan a continuar una vida desordenada delante de Dios, pues bajo la ley están todos aquellos infractores constantes (Romanos 3.9 al 19 y 23; 1 Timoteo 1.8 al 10). Por lo tanto, los ritos fueron tutela o ayo (Gálatas 3.24), a cargo del amparo, defensa o protección del pueblo hasta la llegada de Cristo, mediante su redención (Romanos 3.19 al 26; 1 Corintios 15.3; 1 Timoteo 2.6; 1 Pedro 2.24, 3.18). Ahora Jesús es el Mediador del nuevo pacto (Efesios 5.8 y 11; Colosenses. 1.13; Hebreos 12.24; 1 Pedro 2.9 y 24):
“Porque lo que era imposible á la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando á su Hijo en semejanza de carne de pecado, y á causa del pecado, condenó al pecado en la carne; Para que la justicia de la ley fuese cumplida en nosotros, que no andamos conforme á la carne, mas conforme al espíritu. Porque los que viven conforme á la carne, de las cosas que son de la carne se ocupan; mas los que conforme al espíritu, de las cosas del espíritu. Porque la intención de la carne es muerte; mas la intención del espíritu, vida y paz: Por cuanto la intención de la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta á la ley de Dios, ni tampoco puede. Así que, los que están en la carne no pueden agradar á Dios” (Romanos 8.3 al 8 –\RVR1909 ).
En relación con el tema del conocimiento celestial, el evangelio transmite un tipo de sensibilidad de Jesucristo, movido por la compasión y la ternura, que muchas veces no es correspondido por el ser humano:
“Y envían á él algunos de los Fariseos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en alguna palabra. Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, sabemos que eres hombre de verdad, y que no te cuidas de nadie; porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿Daremos, ó no daremos? Entonces él, como entendía la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Traedme la moneda para que la vea. Y ellos se la trajeron y les dice: ¿Cúya es esta imagen y esta inscripción? Y ellos le dijeron: De César. Y respondiendo Jesús, les dijo: Dad lo que es de César á César; y lo que es de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello” (Marcos 12.13 al 17 –\RVR1909 ).
El profeta Ezequiel anuncia la promesa de Dios: “Y darles he un corazón, y espíritu nuevo daré en sus entrañas; y quitaré el corazón de piedra de su carne, y daréles corazón de carne; Para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis juicios y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea á ellos por Dios” (Ezequiel 11.19 al 20 –
“Porque reprendiéndolos dice: He aquí vienen días, dice el Señor, Y consumaré para con la casa de Israel y para con la casa de Judá un nuevo pacto; No como el pacto que hice con sus padres El día que los tomé por la mano para sacarlos de la tierra de Egipto: Porque ellos no permanecieron en mi pacto, Y yo los menosprecié, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que ordenaré á la casa de Israel Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en el alma de ellos, Y sobre el corazón de ellos las escribiré; Y seré á ellos por Dios, Y ellos me serán á mí por pueblo” (Hebreos 8.8 al 10 –\RVR1909 ; Jeremías 31.31 al 34).
Así la promesa de vivir la justicia por fe alcanza a todas las naciones gentiles:
“Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión, hecha con mano en la carne; Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros á los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación” (Efesios 2.11 al 14 –\RVR1909 ).
La Santa Escritura dice que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra (Isaías 59.2; Jeremías 17.9; Romanos 3.23, 7.4 al 6; Efesios 2.1), a fin de que no sirvamos más al pecado, pues no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6.6 al 14). Comparemos los siguientes pasajes: Primer pacto: “Y como acabó Moisés de escribir las palabras de esta ley en un libro hasta concluirse, Mandó Moisés á los Levitas que llevaban el arca del pacto de Jehová, diciendo: Tomad este libro de la ley, y ponedlo al lado del arca del pacto de Jehová vuestro Dios, y esté allí por testigo contra ti” (Deuteronomio 31.24 al 26 –
El santuario terrenal se componía del lugar santo y el lugar santísimo, uno al lado del otro, separados por un velo (Éxodo 26.30 al 33; Hebreos 9.2 al 3). El libro de la ley, fue puesto al lado del arca del pacto; este libro representa de manera simbólica el lugar santo, con referencia a la ley de sacrificios, y el arca del pacto representa el lugar santísimo, manifestado en los Mandamientos de Dios. Jesucristo al abolir los sacrificios nos posibilita acceder a obedecer con poder, porque abre un camino nuevo y vivo a través del velo (Hebreos 10.19 al 20): “Mas Jesús, habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu. Y he aquí, el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo: y la tierra tembló, y las piedras se hendieron” (Mateo 27.50 al 51 –
Ahora las tablas de piedra son representadas por el corazón y la mente (2 Corintios 3.2 al 3). También está escrito: “Y atestíguanos lo mismo el Espíritu Santo; que después que dijo: Y este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Daré mis leyes en sus corazones, Y en sus almas las escribiré: Añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados é iniquidades. Pues donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por pecado” (Hebreos 10.15 al 18 –
Para recapitular la siguiente reflexión y tesis: Hay tres tipos de conocimiento, el natural, el espiritual y el celestial. Cada tipo de conocimiento tiene su propia legislación, por esta razón en relación con el mundo natural, hay muchas naciones con sus diversas leyes, procedimientos y reglamentos. Tanto en lo administrativo, agrícola, artístico, comercial, cultural, deportivo, educativo, ejecutivo, empresarial, científico, civil, económico, financiero, gubernamental, industrial, judicial, legislativo, militar, pecuario, pesca, político, seguridad ciudadana y social, técnico, tecnológico y urbanístico. En el caso del mundo espiritual, también hay una legislación autónoma e independiente, por este motivo la existencia infinita de múltiples congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones. Todas tienen sus propias actividades, ceremonias, costumbres, credos o creencias, culto, doctrinas y dogmas, jerarquías, liturgia, normas, ordenanzas, organización eclesiástica, principios, ritos, reglamentos administrativos, financieros e internos, tradiciones y valores. Por lo general cada institución, organización o grupo considera poseer la verdad absoluta y única. Para trascender al conocimiento celestial, necesariamente hay que pasar por el conocimiento espiritual y experimentar la comunión de convivencia en alguna de estas agrupaciones, ya sea congregación, denominación, iglesia o religión, porque la iglesia de Jesucristo surge en un principio, pero luego se fragmenta en el cristianismo hasta nuestros días, según la siguiente explicación. Inclusive los mismos grupos que se consideran aconfesionales requieren de actividades de reunión para compartir, estudiar la palabra de Dios y tener comunión de asociación.
Las comunidades de fe del primer siglo de la era cristiana en la región del Este Mediterráneo, especialmente en las zonas de Antioquía, Galilea, Grecia y Judea, ciudades como Colosas, Corinto, Efeso, Filipos, Jerusalén y Tesalónica, documentadas en las cartas paulinas o de la escuela paulina. También la carta a la comunidad de Roma y las cartas personales a Timoteo y Tito, entre otras, sirve como guía para evaluar la problemática social que se presentaba en su momento. Dios ha establecido e implementado una estructura de conocimiento, según las necesidades diarias en adoctrinamiento, ayuda, consejería, denuncia de la injusticia, diaconía, evangelización, labor profética, mayordomía, obispado o supervisión de la obra, pastorales específicas, servicio, trabajo pastoral y valores comunitarios, con el paso del tiempo se han mantenido vigentes, por ser esenciales para la convivencia humana y espiritual, que son trascendentes y universales. La estructura propuesta en el nuevo pacto no es solo una organización, sino un organismo vivo, lleno de movimiento, con una doctrina viva y personas activas, en adoración, alabanza, obediencia y servicio a Dios por amor, con demostración también de amor al prójimo como a uno mismo.
Lucas, el evangelista e investigador de los hechos históricos, ordena por escrito los sucesos acontecidos en torno a Jesús (Lucas 1.1 al 4), con la referencia de los relatos de quienes al principio, son testigos de Cristo, para cumplir lo siguiente expresado por Lucas: “Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado” (Lucas 1.4 –
Los acuerdos de fe ejercidos y transmitidos por la comunidad de fe, emergida en el primer siglo, con la enseñanza y práctica de Jesucristo, con ánimo, armonía, principios de conciencia moral y voluntad, son una confesión de fe o profesión de fe a conciencia, convicción, meditación y reflexión: “Empero gracias á Dios, que aunque fuistes siervos del pecado, habéis obedecido de corazón á aquella forma de doctrina á la cual sois entregados; Y libertados del pecado, sois hechos siervos de la justicia” (Romanos 6.17 al 18 –
Sin embargo, la diversidad de iglesias en cada cultura y sociedad, no es una competencia de presumir la exclusión o inclusión delante de Dios. Porque hay formas de injusticia religiosa, debido a la fragmentación del cristianismo, según la interpretación individual, particular o privada, que inculcan odio y rivalidad con cierta fragancia a muerte, en lugar de la fragancia y olor grato de Cristo. Las religiones cristianas presentan su máximo esfuerzo por brindar un medio, herramientas y mecanismos para acercar al ser humano natural hacia Dios, no obstante, la única verdad absoluta es Jesucristo, quien nos posibilita el conocimiento celestial. El Hijo de Dios como nuestro intérprete oficial enviado de Dios y la demostración contundente de la demostración de Dios Padre.
Se abarcan temas de la existencia de una ley moral, vida y virtud comunitaria, los valores del reino, el evangelio, la ley de Cristo, el gozo perpetuo, el poder de la oración cotidiana, el hambre, sed y comprensión de la palabra de Dios, el trabajo ministerial y el testimonio de Pablo, el proceso de bautismos, la profundidad de la conversión, el compromiso y vida eclesiástica, la predicación y práctica del ejemplo o cena del Señor. ¿Por qué hay tanta diversidad de congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones dentro del cristianismo? El ser humano innato, o sea, connatural, porque se trae desde el nacimiento con la misma persona, tiene la capacidad de interpretar, investigar y opinar. Esto es propio del humano, en todas sus áreas de actuación y zonas de influencia, muchas veces afectado por sus gustos, intereses y preferencias personales. Pero la parte adquirida que en cierta forma interviene, está en su aprendizaje, educación y formación, ya sea, académica, autodidáctica, cultural, domiciliar, empírica, escolar, familiar, formal, informal, laboral, ocupacional, profesional, social, entre otras. Todo esto corresponde al conocimiento natural.
Algunas personas nacen, crecen, procrean (opcional) y mueren, sin desarrollar un interés en el conocimiento de la palabra de Dios, por ejemplo los ateos que niegan la existencia de Dios. Esto por su libre albedrío de la libertad de elección. Así algunos deciden cuál carrera académica, laboral o profesional, ocupación, oficio o trabajo seguir. Cuando la persona decide seguir, por su libre albedrío espiritual, una determinada congregación, denominación, iglesia o religión cristiana, según su gusto, interés y preferencia humana, se introduce en el conocimiento espiritual y en un proceso para desapegarse de lo natural y volverse más espiritual. El fin último desde su propia congregación, denominación, iglesia o religión, es trascender al conocimiento celestial transmitido por Jesucristo, con la ayuda del Espíritu Santo y que acerca a la persona a Dios Padre.
¿Donde entra en todo esto el tema bíblico de la predestinación? Resulta que la predestinación es Jesucristo y la persona predestinada es aquella semejante a Jesucristo en la forma de ser, practicar y vivencial de sus enseñanzas. Ahora bien, ¿en qué consiste la sana doctrina? En vivir la comunión y vida como Jesucristo, en otras palabras, el vínculo común del cristiano son los principios, valores y virtudes promovidos por Jesucristo. Entonces, ¿por qué hay tantas doctrinas y dogmas divergentes y originarios de tantas congregaciones, denominaciones, iglesias y religiones? No hay que escandalizarse, porque todas son válidas como se demostrará en este estudio más adelante, lo que pasa es que ninguna está exenta o inmune de la condición humana que adversa a la de Jesús. Algunos proliferan más las doctrinas y dogmas causados por interpretación y opinión, por consiguiente se desvirtúa la atención y concentración en Cristo, su ejemplo y modelo de vida. Esto requiere un análisis previo del origen de la iglesia de Jesucristo y su fraccionamiento con el transcurso del tiempo hasta nuestros días. Dios ha permitido este sistema de trabajo ministerial y misionero, para llevar su mensaje hasta lo último de la tierra, pero a pesar de las fracciones, posibilita el Espíritu Santo en cada grupo para el conocimiento celestial que nos acerca a Dios, mediante Jesucristo como el centro de nuestra atención. Esto pareciera complejo pero se explicará con respaldo y sustento bíblico, porque el rendimiento de cuentas ante Dios es individual en lugar de colectivo, o sea, cada quien da cuentas de sí mismo y no de otros. Cada quien es responsable ante Dios, independiente de la colectividad de su congregación, denominación, iglesia o religión.
Necesariamente antes de avanzar, hay que volver a mencionar los siguientes aspectos para identificar y reconocer la diferencia entre los tres tipos de conocimiento: natural, espiritual y celestial, además de sus correspondientes libres albedríos: natural, espiritual y de Jesucristo, quien es nuestra predestinación para aquellas personas practicantes espirituales, que llegan a ser semejantes a Jesucristo. En el conocimiento natural hay personas dominadas de corrupción e inmisericordes, porque es muy lamentable ver en el mundo la falta de los valores del reino de Dios, que son los principios y virtudes de amor de Dios, compasión, fe, justicia y misericordia. La Biblia dice: “La caridad no hace mal al prójimo: así que, el cumplimento de la ley es la caridad” (Romanos 13.10 –
El mundo sin trascender al conocimiento de Dios tiene una absoluta ausencia del conocimiento celestial, prevalece el impulso e instinto natural no reflexivo, ajeno a la voluntad de Dios y en algunos casos inducido por cuestiones de enemistad, odio, rencor, resentimiento, rivalidad y venganza. Hasta el mundo espiritual muchas veces no logra desapegarse de lo natural, por asuntos de cuestiones de diferencias en creencias religiosas, no llega a la verdadera espiritualidad, se traslapa con lo natural, pero no se aparta o separa en santidad. Inclusive a escala entre creyentes divididos por la fragmentación, se quedan como aspirantes o solo creyentes, pero no trascienden como verdaderos practicantes del conocimiento celestial, representado en Jesucristo. Por ejemplo, congregación, denominación, iglesia y religión, a veces en extremos opuestos por doctrinas y dogmas, con fanatismo, extremismo fundamentalista y radicalismo, pero carentes del auténtico conocimiento celestial promovido por nuestro Señor Jesucristo, sino conforme a la tendencia humana de rivalidad desde tiempos de Caín, quien mató a su hermano Abel como sucede hasta el día de hoy a través del odio religioso.
Cada tipo de conocimiento tiene una legislación ineludible, inevitable e infinita. En relación con el conocimiento espiritual hay una distinción entre creyentes y practicantes. Los creyentes están más apegados a lo natural, los practicantes más cercanos a lo celestial. Esto tiene relación con los tres tipos de libre albedrío existentes: el natural, espiritual y el de Jesucristo. Hay una analogía entre las cortinas de humo, estática y ruido, que funcionan como distracciones en la cotidianidad natural y espiritual, para la posibilidad de comprender, identificar y reconocer el conocimiento celestial transmitido por Jesucristo, como ejemplo y modelo de vida. En la legislación del conocimiento espiritual, toda organización eclesiástica, sea congregación, denominación, iglesia o religión realiza procesos internos de legislación, inclusive las independientes o las tradicionales, las colegiadas o las que están a cargo de una sola persona. Las que tienen cientos o miles de años, como las que tienen un solo día de existencia. Este tipo de legislación muchas veces difiere de la legislación de la sociedad en general, porque hay cierta autonomía e independencia entre lo natural y lo espiritual.
Por ejemplo, cuando una nación legisla la prohibición del matrimonio de los menores de dieciocho años (menores de edad) con los mayores de edad. En este caso las iglesias del país, tendrían que acatar y ajustarse a esta realidad en los derechos y obligaciones civiles, siempre y cuando, no sea contrario a las buenas costumbres y moral establecida por Dios. Mientras tanto, el conocimiento celestial se concentra y toca otros aspectos específicos de la cotidianidad, vinculantes a los principios y valores del reino de Dios, especialmente con referencia al ejemplo y modelo de vida de Jesucristo. En este caso el estándar ético es el Hijo de Dios. Es un volver a Jesús como el centro de la ley y de la profecía bíblica, es dar la preeminencia a Jesucristo y vivir semejantes a él en estos tiempos de la Edad del Calentamiento Global.
Aunque la lectura y estudio continuo de un libro, es como la inmersión en las profundidades de un océano de conocimiento y un vuelo lejano del pensamiento, a lo más interno de un mundo de conciencia y entendimiento, es de especial provecho y sustancioso para la vida cotidiana, la comprensión de los temas que fomentan la ética cristiana y su relación con la cristología.
Al relacionar el simbolismo del primer pacto con el nuevo, en la parábola de Jesús, refiriéndose al reino de los cielos, comparado con diez vírgenes, encontramos acerca del aceite puro como la unción del Espíritu (Salmos 89.20), significa las personas preparadas en espera del Señor, en forma constante y permanente (Mateo 25.1 al 13). Las lámparas representan la palabra (Salmos 119.105) y la unción del Espíritu posibilita percibir la comprensión y discernimiento. Jesús menciona que la lámpara del cuerpo es el ojo (Mateo 6.22 al 23), y si el ojo es bueno, todo el cuerpo está lleno de luz. Jesús insta a las personas a ser la luz del mundo, donde vean las buenas obras y glorifiquen al Padre de los cielos (Mateo 5.14 al 16).
Por lo tanto, las lámparas son las personas conservadoras de la palabra de Dios con la unción del Espíritu, son aquellos siervos vigilantes, con sus lomos ceñidos y sus lámparas encendidas, preparados, velando y esperando la venida del Señor (Lucas 12.35 al 40; Apocalipsis 2.5), en forma continua y permanente. Dios puso una luz para alumbrar el camino del ser humano, mencionado por el salmista al decir: “Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, Me conducirán al monte de tu santidad, Y á tus tabernáculos” (Salmos 43.3 –
Las Sagradas Escrituras pueden influir sabiduría necesaria para la salvación por la fe que es en Jesucristo, son inspiradas por Dios y útiles para redargüir, para corregir, para instruir en justicia (2 Timoteo 3.15 al 17; 2 Pedro 1.20 al 21), fue escrita para nuestra enseñanza (Romanos 15.4). La palabra de Dios es verdad (Juan 17.17). Jesucristo no enseñó como de parte suya, sino lo que el Padre le daba que hablase (Juan 12.49). Las palabras que habló Cristo son espíritu y son vida (Juan 6.63), la persona que cree en él como dice la Escritura (Hechos 18.28), tiene promesa de que en su interior fluya el Espíritu de Dios (Juan 7.38 al 39). El cielo y la tierra pasarán pero sus palabras no pasarán (Salmos 119.89 al 90; Mateo 24.35). La palabra siempre cumple su propósito en aquello para lo que es enviada (Isaías 55.10 al 11).
El apóstol Pablo le recomienda a Timoteo ocuparse en la enseñanza, exhortación y lectura (1 Timoteo 4.13). Jesús mismo dice que escudriñemos las Escrituras o sea que las averigüemos y examinemos en forma minuciosa lo que está escrito (Juan 5.39), él nos dio el ejemplo de dominar plenamente las Escrituras (Lucas 24.27), en la sinagoga se levantó a leer (Lucas 4.16). Así como fue abierto el entendimiento de los discípulos, para comprender las Escrituras (Lucas 24.45; Hechos 16.14), también recibimos la ayuda a través del Espíritu Santo para entender las mismas (Juan 14.26).
La palabra de Dios alumbrará el camino en nuestro diario vivir (Salmos 119.105), por esta causa es buena costumbre leer todos los días una porción de la Escritura. Este tipo de hábito mantiene los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal (Hebreos 5.14). En la Biblia encontramos varios ejemplos de personas que acostumbraban leer la Escritura, está el caso del etíope (Hechos 8.27 al 35), los hermanos de Berea que la escudriñaban cada día (Hechos 17.11), y Timoteo que desde niño sabía las Sagradas Escrituras (2 Timoteo 3.15).
En la aplicación de estatutos y juicios justos que Dios ha dado, al guardarlos y ponerlos por obra (Deuteronomio 4.5 al 8), está la inteligencia y la sabiduría, y es Jehová quien da directamente la sabiduría en la persona (Proverbios 2.6; Santiago 1.5). Hay palabra de consolación, edificación y exhortación dada por el Espíritu Santo para beneficio de la iglesia, ya que infunde sentimientos de paz, piedad y virtud, buscando cada uno agradar a su prójimo en lo que es bueno (Romanos 14.19, 15.2 al 5; 1 Timoteo 4.13; 2 Timoteo 3.16, 4.12). Bíblicamente el profetizar es para consolación, edificación y exhortación (1 Corintios 14.3). Es necesario seguir lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación (Romanos 14.19). Impulsar el ánimo y la edificación los unos a los otros (1 Tesalonicenses 5.11), con enseñanza edificante cuando se trata de exhortar con algunos mensajes, se debe hacer con mucho amor, cuidado y prudencia. Hay mensajes con el objetivo de consolar a la iglesia, cuando hay aflicción, angustia, ansiedad o persecución.
Dios hizo al hombre recto, más ellos buscaron muchas perversiones (Eclesiastés 7.29), por consiguiente el pecado deja al hombre en condición de muerte (Colosenses 2.13; 1 Pedro 2.24). En esta condición nadie puede justificarse delante de Dios (Job 25.4; Isaías 59.2; Jeremías 2.22), por lo tanto, Dios por amor preparó un Plan de Salvación (Juan 3.16), ya que Jesucristo vino a salvar lo perdido (Mateo 18.11). El pecado es la desobediencia a Dios, así como la acción de Adán y Eva, tuvo consecuencias al desobedecer el mandamiento de Dios. Por esta transgresión fueron expulsados del Edén al ser los primeros seres humanos existentes (Génesis 3.1 al 24), quedando el ser humano destituido de la gloria de Dios por cuanto todos pecaron (Romanos 3.23), peca Eva pero también incurre en pecado Adán, por consiguiente, siendo acusados los seres humanos de estar bajo pecado (Romanos 3.9). El pecado entró en el mundo por un hombre, y como consecuencia la muerte, así la muerte pasó a todos los humanos (Romanos 5.12). Desde el principio su tendencia es el pecado (Génesis 3.6, 6.5), entonces la paga del pecado es la muerte (Romanos 6.23).
Para la redención del pecador, Jesús nos rescató con su muerte en la cruz. Por la redención obtenemos el perdón de pecados (Efesios 1.7). Pagó un precio con su sangre y nos sacó de la esclavitud del pecado, llevándonos a la santidad, ya que nos redimió de toda iniquidad (Tito 2.14), a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu (Gálatas 3.13). Somos justificados mediante la redención que es en Cristo Jesús (Romanos 3.24 al 26). Dios nos libró de la potestad de las tinieblas, y nos trasladó al reino de su Hijo, en quien tenemos redención por su sangre (Colosenses 1.13 al 14; Apocalipsis 5.9 al 10), de manera que Cristo Jesús además de justificación, sabiduría y santificación, ha sido nuestra redención (1 Corintios 1.30). Además a través de Jesucristo recibimos la restauración.
Esta restauración consiste en que el pecador vuelva a la condición que tenía antes de haber pecado, con completa recuperación (Ezequiel 33.11 y 14 al 16). Restaurarse es el resultado de la conversión, es como entresacar lo precioso de lo vil (Jeremías 15.19), es restaurar la justicia en el ser humano (Job 33.26). Para la restauración es necesaria la intervención de la mansedumbre (Gálatas 6.1). En la parábola del hijo pródigo se da un ejemplo de volver en sí y restaurarse (Lucas 15.17 al 24). La persona afligida debe suplicar a Dios que la restaure (Salmos 80.3, 7 y 19, 85.4), con los siguientes pasos:
a) Levantarse con fe y surgir de la condición pecaminosa con la ayuda de Dios Padre.
b) Impulsarse a seguir adelante, fortalecido de la mano de Jesucristo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4.13 –
c) Desenvolverse y motivarse con el apoyo del propio esfuerzo en el ejercicio de los principios, valores y virtudes, que son el estándar de la normalización y las reglas regidas por Dios para la espiritualidad.
d) Apoyarse y mantenerse con la ayuda del Espíritu Santo, para permanecer y perseverar hasta el fin en la gracia, obediencia y santidad a Dios.
El primer paso es tener fe en Dios, sin la misma es imposible ser de su agrado (Hebreos 11.6), hasta alcanzar un conocimiento confiado, firme y seguro en lo que se espera, con la creencia y seguridad aún sin que se le haya visto, porque la fe es la certeza de lo esperado y la convicción de lo que no se ve (Hebreos 11.1), por lo tanto, es necesario andar por fe y no por vista (2 Corintios 5.7). Esta fe viene por el oír la palabra de Dios (Romanos 10.17).
Sin embargo, tener fe en Dios no es solo saber su existencia, sino creer a su voluntad y hacer como él manda, es creer a su juicio y a su recompensa, porque sin obras de obediencia a Dios y misericordia al prójimo, que son las obras de Jesucristo, entonces la fe sin obras es muerta (Santiago 2.14 al 26). Por la fe creemos en todo lo hecho por Dios y que alcanzaron buen testimonio los antiguos; porque no se pudo por las obras de la ley de Moisés ser plenamente justificado (Hechos 13.39), como la circuncisión, apedrear a los transgresores, hacer sacrificios, ofrendas, holocaustos y expiaciones por el pecado, sino mediante la fe en Dios (Habacuc 2.4; Romanos 1.17; Gálatas 3.1 al 5, 11; Efesios 2.8 al 9; Hebreos 11.2 al 40): “Porque en él la justicia de Dios se descubre de fe en fe; como está escrito: Mas el justo vivirá por la fe” (Romanos 1.17 –
La justificación no fue por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino que somos justificados por la gracia de Dios, debido a su misericordia, regeneración y renovación en el Espíritu Santo (Tito 3.4 al 7). Para la justificación es necesaria tanto la fe como la gracia en forma recíproca, ya que van de la mano. Somos justificados por la fe y es por medio de Jesucristo que tenemos entrada por la fe a la gracia, una vez justificados en su sangre, por él seremos salvos (Romanos 5.1 al 2 y 9).
El resultado de la gracia es la salvación, por medio de la fe que es don de Dios (Efesios 2.7 al 8). De manera que el poder que justifica es la gracia divina, mediante la fe que nos responsabiliza a hacer justicia a los demás, ya que primeramente actúa la misericordia de Dios, luego por la misericordia recibida se procura hacer misericordia, con buenas obras y útiles a los seres humanos para ayudar en los casos de necesidad (Tito 3.8 y 14).
La justificación no es consecuencia de obras propias, sino que las buenas obras son un resultado de la gracia y la fe que opera justicia y paz en la persona. Las obras evidentemente son las de Jesús. El conocimiento espiritual se basa en los dones, ministerios y operaciones de Dios, figurativamente correspondientes al gobierno del tercer cielo, en relación con lo espiritual desde lo Alto del lugar de habitación de Dios. Buscar a Dios es buscar la santidad: “Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57.15 –
Cuando nos allegamos a Dios, andamos en sus caminos porque le creemos, nos da potestad de ser llamados sus hijos (Juan 1.12). Un hijo de Dios con obediencia, sometimiento a su palabra y temor, llamado a ser santo porque Dios es santo (Isaías 6.3): “… SANTIDAD A JEHOVÁ” (Éxodo 28.36 –
La santificación de nuestro ser es necesaria para alcanzar la salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad (2 Tesalonicenses 2.13). Debemos ser santos como Dios es santo (Levítico 11.44, 19.2, 20.7 al 8; 1 Pedro 1.15 al 16), porque la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tesalonicenses 4.3). Somos llamados a ser santos para Dios, así como él nos da ejemplo, para estar apartados de las formas de vida de injusticia y maldad, ajenas a Dios (Levítico 20.26). Santo significa apartado como el siervo Job, apartado del mal y temeroso de Dios, esto lo hacía íntegro y perfecto delante de Dios (Job 1.1 y 8).
El apóstol Pablo se dirige a los miembros de la iglesia de Dios, como santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos (Romanos 1.7; 1 Corintios 1.2; 2 Corintios 1.1, 13.12; Efesios 1.1; Filipenses 1.1; Colosenses 1.2). Además la Biblia dice que el santo, sea santificado todavía (Apocalipsis 22.11), porque tenemos por fruto la santificación (Romanos 6.19 y 22). La palabra santo se relaciona con la perfección (2 Corintios 7.1), santificándonos en la verdad que es la palabra (Juan 17.17 y 19), alabando a Dios como santos (Salmos 148.14), porque Dios nos ha llamado a santificación (1 Tesalonicenses 4.7), ya que nosotros también tenemos que ser apartados del mal (Juan 17.15), perfeccionando la santificación en temor de Dios (2 Corintios 7.1).
Cristo con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados (Hebreos 10.14). Hay que luchar por la perfección (2 Corintios 13.11), así como la palabra de Dios dice que seamos perfectos, porque nuestro Padre es perfecto (Mateo 5.48). También Jesús oró por sus discípulos para que fueran perfectos en unidad (Juan 17.23). El mismo Jesucristo nos perfecciona (1 Pedro 5.10), entonces es necesario presentarnos perfectos en Cristo Jesús, a través de la amonestación, enseñanza y sabiduría (Colosenses 1.28), para estar completos, firmes y perfectos en todo lo que Dios quiere (Colosenses 4.12). Por medio de las Sagradas Escrituras podemos llegar a ser perfectos, enteramente preparados para toda buena obra (2 Timoteo 3.16 al 17), en la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo (Efesios 4.13). Dios pide perfección a los suyos (Deuteronomio 18.13; 1 Corintios 1.10; 2 Corintios 13.11; Filipenses 3.15 al 16; Colosenses 4.12), perfección y rectitud al habitar y permanecer en la tierra (Proverbios 2.21).
Dios insta al patriarca Abraham a ser perfecto delante de él (Génesis 17.1). El justo es similar a la luz de la aurora, en aumento hasta la perfección del día (Proverbios 4.18). El joven rico a pesar de guardar los mandamientos, Jesús le recuerda la posibilidad de ser perfecto al no apegarse a lo material como prioridad (Mateo 19.21). La paciencia en forma completa nos ayuda a ser cabales y perfectos (Santiago 1.4). Si alguno no ofende en palabras es perfecto (Santiago 3.2). El amor es el vínculo perfecto (Colosenses 3.14). Pablo refiere la perfección como algo alcanzable: “… yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante…” (Filipenses 3.12 al 16 –
En el caso de Jacob y Esaú desde antes de su nacimiento, Dios conoce el futuro de ambos y sus descendientes (Romanos 9.11 al 16), también utiliza a faraón según su propósito (Éxodo 7.3; Romanos 9.17). Aunque la Escritura menciona su deseo de la salvación para todos los hombres (1 Timoteo 2.4), sin acepción de personas (Juan 3.16 al 18; Hechos 10.34), muchos acontecimientos se forman previamente en el plan de Dios y otros suceden con su permiso. La Escritura dice que Dios por su beneplácito, o sea, aprobación y permiso, da a conocer el misterio de su voluntad, lo que se había propuesto en sí mismo para reunir en Cristo Jesús, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos: que recibiéramos la herencia en Cristo, según el propósito y designio de Dios, para ser sellados por el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de la herencia (Efesios 1.9 al 14).
La predestinación tiene que ir acompañada de consagración y santificación, porque los elegidos o escogidos, son los que eligen o escogen ser como Jesucristo. Aun en los que son predestinados, se cumple el proceso de ser primeramente llamado como escogido (Mateo 20.16, 22.14; Apocalipsis 3.20), en el sentido de que la persona decide. El Señor sabe quién va a creer en él y quién no va a creer (Juan 6.64), o sea, conoce la consecuencia del resultado de los que son indecisos. Hay algunos pasajes donde se demuestra claramente que Dios determina un solo sentido o camino, que es hacer su voluntad, sin embargo, el ser humano se toma la libertad de actuar con rebeldía y oposición, en sentido del libertinaje contrario a ese camino trazado por Dios (Génesis 4.7, 8.21; Deuteronomio 30.15 al 19; Josué 24.15; 2 Samuel 11.1 al 17; 1 Reyes 11.1 al 10, 18.21; 2 Reyes 17.33; Isaías 1.18 al 20), por esta razón manda al arrepentimiento (Lucas 24.47; Hechos 2.38, 3.19), dice que si el justo se retirare no agradará a su alma (Hebreos 10.38 al 39).
Además en la carta a los Romanos, Pablo menciona el tema en el capítulo 8, versículos 28 al 39: a quienes aman a Dios, conforme al propósito de él, son llamados. En el versículo 29 al 30, hace notorio su plan o proceso: los que antes conoció, también los predestinó, para que fuesen hechos conforme a la imagen de Cristo, porque él es el primogénito entre muchos hermanos. Y continúa diciendo acerca de los predestinados, los llama y los justifica, y a los que justifica también glorifica. Siendo la razón por la que Pablo menciona que nada nos puede separar del amor de Dios, en Cristo Jesús. Pero este llamamiento para muchos, en la realidad son pocos los que escogen ser como Jesucristo (Mateo 22.14). Aun los escogidos, requieren el esfuerzo por la salvación (Mateo 24.13), por ejemplo, el sufrir persecución (Mateo 5.10 al 12).
El nuevo entendimiento acerca de la vida espiritual, no se limita a realizar solamente actividades naturales de subsistencia: alimentación, descanso, domicilio, esparcimiento, estudio, familia, trabajo y vestido, sino que incorpora actividades eclesiásticas, acción espiritual, comunitaria y social, trabajo clerical, laico y ministerial, ayuno, consagración, contemplación, lectura y estudio bíblico, meditación, oración, práctica de los valores del reino de Dios, reflexión, santidad y vigilia, para la convivencia en armonía, bien común, conmiseración, paz y solidaridad. La vida es un equilibrio, se requiere integrar y satisfacer las necesidades biológicas, docentes, económicas, educativas, espirituales, fisiológicas, religiosas y sociales. Cultivar el intelecto, el carácter, la personalidad, la sociabilidad, la comunión, con los demás, uno mismo, el medio ambiente, con Dios el Padre a través de su Santo Espíritu y con su Hijo Jesucristo.
En vista de la necesidad de comunión del ser humano, tanto con Dios como con las demás personas, en beneficio de su relación personal y con el medio ambiente que le rodea, existen actividades que enriquecen espiritualmente y socialmente al creyente, hablamos del ayuno, convites de comidas fraternales y vigilias. En cada reunión de la comunidad de fe y en la actividad de culto se cumple con la comunión y congregación.
Dios es digno de suprema alabanza, entonces es bueno exaltar su misericordia (Salmos 106.1, 117.1 al 2, 145.3). Hay que aclamar alegremente a Jehová y cantarle con júbilo, venir ante su presencia con regocijo (Salmos 95.1 al 2, 100.1 al 5). Una de las características o cualidades principales que debe tener el hijo de Dios en su corazón y en su vida es el gozo del Espíritu de Dios. Al estar alegre una forma de demostrarlo es cantando alabanzas (Santiago 5.13), hay que darle la gloria y la honra a Dios Padre, pues es el creador de lo invisible y visible, y a su Hijo Jesucristo (Apocalipsis 4.11, 5.11 al 14). Hay que cantar con salmos, himnos inspirados y alabanzas reveladas (Efesios 5.19). También la alabanza a Dios es un elogio a él (Hebreos 13.15), y es el aprendizaje y obediencia a su palabra (Colosenses 3.16).
La adoración es la alabanza, culto, obediencia y oración a Dios Padre que está en el cielo y a su Hijo Jesucristo, con conciencia de lo que se hace, o sea, conocimiento interior y reflexivo para hacer el bien y evitar el mal. En el acto de adoración que describe el salmista involucra arrodillarse y postrarse delante de Jehová nuestro Hacedor (Salmos 95.6). Hay que orar a Dios para hacer lo bueno y evitar el mal (Mateo 6.13; 2 Corintios 13.7). La oración debe hacerse con orden, porque se ora con el espíritu y con el entendimiento (1 Corintios 14.15 y 40), la oración colectiva debe ser por una situación a la vez (Hechos 1.24, 4.24; Colosenses 4.2 al 4), cuando se ora todas las mentes deben estar unificadas en un mismo pensamiento. En cuanto a esto, la oración pública en la congregación se recomienda su dirección por una sola persona (2 Crónicas 6.12 al 13; 1 Corintios 14.16 al 17), porque la oración del grupo con diversidad de peticiones a la vez, no puede sobrepasar en tono por encima de quien dirige la oración (1 Corintios 14.23), se realiza la oración con la mente.
El nacer de nuevo es un proceso de acercamiento a Dios; es nacer del agua y del Espíritu, para dejar atrás la vida antigua (Juan 3.1 al 8); es un cambio de vida, de actuar, hablar y pensar, sin la vanidad de la mente (Efesios 4.17). Volver a nacer es renovar el espíritu o intención de la mente (Efesios 4.22 al 23), por el llamamiento, arrepentimiento, remordimiento, conversión, santificación y resarcimiento. Abandonar el sistema de injusticia y ser una nueva criatura (2 Corintios 5.17), con renuncia de la pasada manera de vivir, vestida del nuevo ser humano creado según Dios: en la justicia y santidad de la verdad (Efesios 4.24), renovada hasta el conocimiento pleno (Colosenses 3.9 al 10), para ser un portador de la luz, con la llama de fuego divino, amor de Dios genuino, de fe, gracia y con júbilo permanente. La Biblia dice: “… Nicodemo, príncipe de los Judíos. Este vino á Jesús de noche, y díjole: Rabbí, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él. Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3.1 al 8 –
El apóstol Pablo menciona en una de sus cartas el bautismo familiar: “Y también bauticé la familia de Estéfanas...” (1 Corintios 1.16 –
“Y os ruego, hermanos, (ya sabéis que la casa de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que se han dedicado al ministerio de los santos,) Que vosotros os sujetéis á los tales, y á todos los que ayudan y trabajan. Huélgome de la venida de Estéfanas y de Fortunato y de Achâico: porque éstos suplieron lo que á vosotros faltaba. Porque recrearon mi espíritu y el vuestro: reconoced pues á los tales. Las iglesias de Asia os saludan. Os saludan mucho en el Señor Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa” (1 Corintios 16.15 al 19 –\RVR1909 ).
La Biblia muestra varios ejemplos de bautismo familiar, por ejemplo, el caso de Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira: “… Y cuando fué bautizada, y su familia…” (Hechos 16.14 al 15 –
En varias ocasiones Pablo dirige sus saludos a través de sus cartas, con la mención de la expresión: “Asimismo á la iglesia de su casa…” (Romanos 16.5 –
Es en el hogar donde fundamentalmente y de suma importancia, se transmiten e inculcan los principios y valores cristianos a los jóvenes y niños. Es responsabilidad de cada familia velar por la conducta y proceder de sus hijos y dar cuentas de su crianza. Entonces, cuan necesario es la morada de Jesús en cada familia representada en la iglesia, como en cierta ocasión el Señor entró en casa de un varón llamado Zaqueo y dijo: “… Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación á esta casa...” (Lucas 19.8 al 9 –
La Biblia testifica de un varón llamado Cornelio, al cual declara como justo, temeroso de Dios y de buen testimonio (Hechos 10.22), además se menciona su piedad y temor de Dios con toda su casa y constante oración (Hechos 10.1 al 2). Así como Jesús es sacerdote en su pueblo (Hebreos 7.20 al 8.2), los padres de familia ejercen un sacerdocio en sus familias (1 Pedro 2.5 y 9), orando intensamente a Dios por sus hijos, clamando por las promesas y bendición familiar. En la antigüedad, un varón llamado Job, temeroso de Dios y apartado del mal (Job 1.1), rogaba e intercedía ante Dios por sus hijos y en esa época se levantaba de mañana, ofreciendo holocaustos conforme al número de todos ellos (Job 1.4 al 5), similar a una alegoría de un sacerdocio familiar. La Biblia dice: “Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo” (1 Pedro 2.5 –
El amor, ayuno, ejemplo, esfuerzo, instrucción, oración y testimonio de los padres de familia, es el medio para ofrecer como aporte de mediación en pro de sus hijos. Aún en los hijos hasta cierta edad, reciben santificación por medio de la conducta y vida cristiana de uno de sus padres, inclusive el cónyuge cuando no es creyente, es santificado por medio de su pareja cristiana (1 Corintios 7.14). La educación cristiana familiar, se imparte a sus miembros, por medio de sus dirigentes, en este caso, los padres de familia, cuando asumen la responsabilidad de la educación y comportamiento de sus hijos, como está escrito: “Instruye al niño en su carrera: Aun cuando fuere viejo no se apartará de ella” (Proverbios 22.6 –
Los temas como el afecto y cariño entre cónyuges y entre padres e hijos, aporte en las finanzas, autoestima, ayuda mutua, buenos sentimientos, compañerismo, compartir la felicidad en los buenos momentos y dar apoyo en las malas situaciones, comportamiento correcto, cooperación y solidaridad con sus familiares, desarrollo y fortalecimiento de principios y valores, disciplina y motivación al estudio y al trabajo, distribución de trabajo en los quehaceres del hogar, estimular los buenos hábitos y las sanas costumbres, gratitud de los hijos, incentivar la fuerza de voluntad y el amor, madurez en la forma de pensar, mantener la dignidad y reaccionar decentemente a las circunstancias, prosperidad y solidaridad espiritual y material en la familia, reconocer los puntos débiles y aportar soluciones, resaltar las virtudes, respeto, responsabilidad paternal, vencer el mal con el bien, entre otros temas que son necesarios para el crecimiento y desarrollo familiar y del hogar.
En relación con el proceso de prueba, Dios prueba a la persona para dar a cada uno según el fruto de sus acciones: “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? Yo Jehová, que escudriño el corazón, que pruebo los riñones, para dar á cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” (Jeremías 17.10 al 11 –
Pablo acerca del arrepentimiento para con Dios, de la fe en el Señor Jesucristo y del Espíritu Santo, testifica y empapado del conocimiento, absorbe la palabra de Dios, conserva toda humildad y sirve al Señor con todo ánimo y devoción, no rehúye de anunciar y enseñar, a pesar de las diversas prisiones, pruebas y tribulaciones, tanto por la que había pasado, como por las que le esperaba experimentar a futuro, de las cuales ya estaba advertido por el Espíritu Santo (el subrayado es nuestro):
“Y cuando vinieron á él, les dijo: Vosotros sabéis cómo, desde el primer día que entré en Asia, he estado con vosotros por todo el tiempo, Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los Judíos: Cómo nada que fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, Testificando á los Judíos y á los Gentiles arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo. Y ahora, he aquí, ligado yo en espíritu, voy á Jerusalem, sin saber lo que allá me ha de acontecer: Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que prisiones y tribulaciones me esperan” (Hechos 20.18 al 23 – RVR1909). (Hechos 20.18 al 23 –\RVR1909 ).
El bautismo de arrepentimiento y conversión se logra por medio de volver en sí y recapacitar, como en la parábola del hijo derrochador de sus bienes, perdidamente vive, pero recapacita y es recibido por su padre incondicional y misericordioso, porque este hijo volvió en sí para arrepentirse (Lucas 15.17 al 24). Hay un pesar de dolor por los pecados: “Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable...” (2 Corintios 7.10 –
El ser humano es el único responsable de su injusticia y pecado, pretende culpar a Dios, sin medir que sus propias acciones retribuyen su consecuencia. Todo lo contrario, Dios es paciente para que el ser humano se arrepienta: “¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, y paciencia, y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía á arrepentimiento?” (Romanos 2.4 –
Bien dijo el salmista: “Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: Ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando” (Salmos 23.5 –
Juan el Bautista predica el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados (Marcos 1.4), volver los corazones, traer la justicia y prudencia, preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor (Lucas 1.16 al 17). Fueron bautizados por él en el río Jordán con la confesión de sus pecados (Mateo 3.5 al 6), excepto algunos sin arrepentimiento, entre ellos fariseos y saduceos, que Juan no les permite la inmersión en agua y los llama ¡Generación de víboras! Los envía primeramente a hacer frutos dignos de arrepentimiento antes de aparentar ser hijos de obediencia. Les menciona, en forma de analogía, del árbol sin buenos frutos cortado y echado en el fuego (Mateo 3.7 al 10). La gente, entre ellos publicanos y soldados, preguntan ¿cuáles son las acciones a seguir por parte de cada persona? Según cada caso, para todos hay respuestas o soluciones, para demostrar los frutos dignos de arrepentimiento (Lucas 3.9 al 14), conversión y santificación.
Juan bautiza para arrepentimiento (Mateo 3.11), por ser en agua no es para producir arrepentimiento, porque es requisito previo el arrepentimiento y conversión. De lo contrario, para bautizarse en agua, Juan no hubiera exigido este requerimiento. Por lo tanto, Juan ejerce dos bautismos, uno a través de la predicación de la palabra generadora de arrepentimiento y el otro, es consecuente del primero, por medio del bautismo en inmersión en agua e inmersión en Jesús, se testifica públicamente del recibimiento de dicho arrepentimiento.
La conversión es llevar a la práctica, la vida y testimonio ejemplar, generado mediante un verdadero arrepentimiento. La predicación de Juan el Bautista es de arrepentimiento para perdón de los pecados (Marcos 1.4; Lucas 3.3), una vez logrado el efecto en quienes lo reciben y producto de esta predicación, se confirma públicamente con el bautismo de inmersión en agua, para testimonio en la comunidad como paso de obediencia. Cuando Juan es encarcelado, Jesús predica el evangelio del reino de Dios diciendo: “Mas después que Juan fué encarcelado, Jesús vino á Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al evangelio” (Marcos 1.14 al 15 –
También el apóstol Pedro insta al pueblo de Israel al arrepentimiento y conversión para borrado de sus pecados (Hechos 3.19), donde él mismo le llama bautismo predicado por Juan (Hechos 10.37) y presencia como los mismos gentiles reciben de Dios el arrepentimiento para vida (Hechos 11.18), con las palabras por las cuales se puede ser salvo (Hechos 11.14). Por otra parte, Pablo testifica como Juan predica el bautismo de arrepentimiento a todo el pueblo de Israel (Hechos 13.24), antes de la venida del ministerio de Jesús.
Para hacer efectivo el bautismo de arrepentimiento no basta con transmitir la predicación a la colectividad, se requiere, individualmente, de personas dispuestas a recibir el conocimiento de la palabra de Dios, para purificación de sus vidas. Por ejemplo, quienes estuvieron en el arca durante el diluvio, fue una figura de bautismo: “… esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, cuando se aparejaba el arca; en la cual pocas, es á saber, ocho personas fueron salvas por agua…” (1 Pedro 3.20 al 21 –
“Antes anuncié primeramente á los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y á los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen á Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento. Por causa de esto los Judíos, tomándome en el templo, tentaron matarme. Mas ayudado del auxilio de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio á pequeños y á grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir: Que Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y á los Gentiles” (Hechos 26.19 al 23 –\RVR1909 ).
El arrepentimiento inicia previo al bautismo en agua y continúa como un camino de perfección en el conocimiento. Constantemente se reconoce y renuncia a faltas cometidas por ignorancia u omisión, conforme llega la luz del conocimiento nuevo, se hace las obras dignas de arrepentimiento en forma continua y permanente, para una mejora constante o lucha por la perfección. Inclusive se ejerce un control sobre el temperamento genético (Proverbios 14.17 y 29, 15.18, 19.11, 29.22; Eclesiastés 7.9; Gálatas 5.16 al 26). Dios dice en su palabra:
“Por tanto, yo os juzgaré á cada uno según sus caminos, oh casa de Israel, dice el Señor Jehová. Convertíos, y volveos de todas vuestras iniquidades; y no os será la iniquidad causa de ruina. Echad de vosotros todas vuestras iniquidades con que habéis prevaricado, y haceos corazón nuevo y espíritu nuevo. ¿Y por qué moriréis, casa de Israel? Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová, convertíos pues, y viviréis” (Ezequiel 18.30 al 32 –\RVR1909 ).
Hay una relación entre los bautismos de inmersión en agua y de inmersión en Jesús o en su muerte. Cuando el candidato a bautismo camina en dirección a un río o pila bautismal, para ser bajado a las aguas, es similar a una marcha fúnebre donde hay testigos presentes. Pablo al referirse a la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, dice: “A fin de conocerle, y la virtud de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, en conformidad á su muerte” (Filipenses 3.10 –
En cierta ocasión, los escribas y fariseos piden una señal, Jesús menciona la señal del profeta Jonás dentro del vientre del gran pez por tres días y tres noches (Mateo 12.38 al 41; Lucas 11.32), también destaca el arrepentimiento de la ciudad de Nínive con el mensaje de Jonás, en cambio escribas y fariseos piden señal y no se convierten al mensaje de Jesús (Lucas 11.37 al 12.1). La señal de tres días y tres noches hace referencia a la muerte, sepultura y resurrección de Jesús (Mateo 16.21, 17.23, 20.19; Marcos 9.31, 10.34; Lucas 9.22, 18.33, 24.7 y 46; 1 Corintios 15.4). Pablo habla de ser bautizado en Cristo Jesús y en su muerte:
“¿O no sabéis que todos los que somos bautizados en Cristo Jesús, somos bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él á muerte por el bautismo; para que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. Porque si fuimos plantados juntamente en él á la semejanza de su muerte, así también lo seremos á la de su resurrección” (Romanos 6.3 al 5 –\RVR1909 ).
Por el bautismo somos sepultados y resucitados en su semejanza, se compara en su muerte de igual forma en su resurrección (Romanos 6.3 al 5; Colosenses 2.12).
La Escritura, cuando menciona al ángel del pacto, lo compara con fuego purificador, y como jabón de lavadores (Malaquías 3.1 al 2), este fue un anuncio de la primera venida del Señor Jesús. Juan el Bautista anuncia a Jesús como quien bautiza en Espíritu Santo y fuego, con su aventador en su mano (instrumento para echar al viento y limpiar los granos en las eras o aventar el fuego), para limpiar su era, recoger su trigo en el granero y quemar la paja en fuego (Mateo 3.11 al 12; Lucas 3.16 al 17). Hay dos tipos de fuegos: uno purificador y otro destructor.
En relación con el fuego purificador el Espíritu de Dios reposa en las personas (1 Pedro 4.12 al 14), entonces el creyente practicante da lugar al bien a los demás y aún a los enemigos, amontona sobre su cabeza ascuas de fuego (Romanos 12.20). Dios hace a sus ministros llama de fuego (Hebreos 1.7), al avivar el fuego del don de Dios (2 Timoteo 1.6) y la necesidad de ser afligidos para someter a prueba la fe, comparada con el oro es más preciosa y se prueba con fuego (1 Pedro 1.6 al 7).
Antes del bautismo del Espíritu Santo y fuego, para erradicar la maldad y el pecado en la colectividad humana, existió el exterminio físico de las personas, para eliminar la trasmisión del mal, motivo de guerras del Antiguo Testamento: “Empero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida; Antes del todo los destruirás… como Jehová tu Dios te ha mandado: Porque no os enseñen á hacer según todas sus abominaciones, que ellos hacen á sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios” (Deuteronomio 20.16 al 18 –
Lo que pasa es que muchas personas a pesar de conocer en algún momento de sus vidas, acerca de la existencia del verdadero Dios, prefieren continuar con sus abominaciones:
“Y comenzó á reinar Achâb hijo de Omri sobre Israel el año treinta y ocho de Asa rey de Judá. Y reinó Achâb hijo de Omri sobre Israel en Samaria veintidós años. Y Achâb hijo de Omri hizo lo malo á los ojos de Jehová sobre todos los que fueron antes de él; Porque le fué ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tomó por mujer á Jezabel hija de Ethbaal rey de los Sidonios, y fué y sirvió á Baal, y lo adoró. E hizo altar á Baal, en el templo de Baal que él edificó en Samaria. Hizo también Achâb un bosque; y añadió Achâb haciendo provocar á ira á Jehová” (1 Reyes 16.29 al 33 –\RVR1909 ).
Los profetas denuncian esta injusticia y sufren persecución. Por ejemplo, profetas como Elías y otros. En el caso del profeta Jeremías en su tiempo sufre afrenta, angustia, burlas, escarnio, murmuración y persecución por parte de sus adversarios. Estos pretenden prevalecer contra él y estar a la expectativa para presenciar si el profeta claudica. Entonces, Jeremías confirma cómo Dios prueba a los justos, ve el corazón y los pensamientos de quienes encomiendan su causa. En la situación más crítica de Jeremías no quiso hablar más de Dios, ni hablar en su nombre, no obstante, según Jeremías hay en su corazón como un fuego ardiente metido en sus huesos, el cual trata de sufrir y no puede (Jeremías 20.7 al 12). Este es el fuego purificador inevitable e irresistible, para hacer prevalecer el bien y para la santificación. Job dijo: “Mas él conoció mi camino: Probaráme, y saldré como oro. Mis pies tomaron su rastro; Guardé su camino, y no me aparté” (Job 23.10 al 11 –
Jesús dijo: “Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido?” (Lucas 12.49 –
“Entonces Achâb envió á todos los hijos de Israel, y juntó los profetas en el monte de Carmelo. Y acercándose Elías á todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. Y Elías tornó á decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos y cincuenta hombres. Dénsenos pues dos bueyes, y escójanse ellos el uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, mas no pongan fuego debajo; y yo aprestaré el otro buey, y pondrélo sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. Invocad luego vosotros en el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré en el nombre de Jehová: y el Dios que respondiere por fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho” (1 Reyes 18.20 al 24 –\RVR1909 ).
El Espíritu Santo es la señal de nuestra herencia para el día de liberación (2 Corintios 1.21 al 22; Efesios 1.13 al 14, 4.30). La Escritura menciona la analogía entre Jesús como una planta de uvas y de las personas que permanecen en Jesús como hojas con frutos de la planta. Algunas de estas hojas no permanecen unidas al tallo, entonces, se secan, caen y son recogidas para ser echadas en un fuego ardiente (Juan 15.6), por ejemplo, en tiempos de Lot al salir de la ciudad de Sodoma, llueve del cielo fuego y azufre, y destruye a todos (Lucas 17.28 al 30). Pedro dice como Dios libra al justo Lot, pero reserva a los injustos para ser castigados en el día del juicio (2 Pedro 2.6 al 10): “Mas los cielos que son ahora, y la tierra, son conservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio, y de la perdición de los hombres impíos” (2 Pedro 3.7 –
La exclusión de la promesa de vida eterna y del reino de Dios, sin galardón, es el castigo eterno: “Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad. Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos” (Lucas 13.27 al 28 –
En algunos casos la Biblia habla de carne en referencia al pecado opuesto al Espíritu Santo o poder de Dios entre los obedientes (Romanos 8.5 al 8; Gálatas 5.16 al 17). El énfasis está en el apetito desordenado de placeres deshonestos o concupiscencia, que al ser concebido da a luz el pecado (Santiago 1.14 al 15), bajos instintos, inclinación y propensión sin reflexión. Las obras del pecado están descritas en los Gálatas: se menciona al adulterio, borracheras, celos, contiendas, disensiones, enemistades, envidias, fornicación, hechicería, herejías, homicidios, idolatría, inmundicia, iras, lascivia, orgías, pleitos y cosas semejantes a estas (Gálatas 5.19 al 21).
En las Sagradas Escrituras se mencionan varias faltas, donde se asevera acerca de quienes hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios. Otra lista semejante la encontramos en Romanos, en donde se afirma que son dignos de muerte quienes tienen estas prácticas, entre las que están el aborrecimiento a Dios, altivez, avaricia, contienda, deslealtad, desobediencia a los padres, detracción, engaño, envidia, fornicación, homicidio, implacabilidad, injuria, injusticia, inmisericordia, invención de mal, maldad, malignidad, murmuración, necedad, perversidad, sin afecto natural y soberbia (Romanos 1.29 al 32; 1 Corintios 5.9 al 11, 6.9 al 11; Efesios 5.3 al 7; 2 Timoteo 3.2 al 5; 1 Juan 3.15; Apocalipsis 21.8 y 27, 22.15).
La carta a los Hebreos nos advierte de la severidad de Dios (Hebreos 6.4 al 6, 10.26 al 27 y 30 al 31, 12.28 al 29), porque con Dios no se juega, debido a que si nos descuidamos, somos tibios o mediocres quedamos excluidos de él (Apocalipsis 3.16), ya que hay faltas consideradas leves, pero se hacen hábito en el diario vivir de placer, poder y riqueza.
Continuará...